martes, 16 de noviembre de 2010

EL MERCADO DESTRUYE LA BIODIVERSIDAD





¡No a las “soluciones” a la destrucción de la biodiversidad basadas en el mercado!

El movimiento internacional campesino « La Vía Campesina » está participando en la 10ª Conferencia de las Partes de la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB) en Nagoya, Japón, el 18 al 29 de octubre, 2010.

Hombres y mujeres representantes de comunidades campesinas de Asia, Europa y Norteamérica están aquí presentes para denunciar y rechazar la comercialización frenética de los recursos naturales del planeta. Hay soluciones viables a la crisis ambiental: Una diversidad de culturas humanas que sostienen la diversidad a través de la agricultura sustentable campesina y familiar y el control de la biodiversidad en manos de comunidades locales.

La Privatización de la naturaleza y la pérdida de biodiversidad van juntas

Aunque la ONU declaró al 2010 como “año internacional de biodiversidad”, la CDB no logró sus objetivos para frenar la destrucción de la biodiversidad. Esto no nos sorprende, dado a que la privatización y la comercialización de la biodiversidad están alcanzando nuevos niveles: a través de la economía de servicios de ecosistemas, empresas y sus gobiernos aliados proponen estrategias para dar valor de mercado a cada semilla, bosque, animal y a las prácticas de las comunidades campesinas. Esto hace posible que se les trate como objetos para inversión, comercio y especulación, en una de las peores violaciones de derechos humanos y ambientales.

Agricultores, sus prácticas y sus semillas, son reconocidos por haber desarrollado y renovado la biodiversidad durante milenios. Además, han mantenido la biodiversidad silvestre en comunidades que practican la agro-silvicultura, la pesca y el pastoreo. Sin embargo, en la medida que estos recursos se han privatizado y los campesinos han sido expulsados de sus territorios, se ha perdido la biodiversidad. Durante el último siglo, el 75% de la diversidad genética en la agricultura desapareció, un proceso directamente relacionado al desarrollo de la industria semillera y la disminución enorme de campesinos durante el mismo periodo. Para apropiarse de los recursos naturales y comercializarlos, la industria ha usado varios métodos que prohíben a los campesinos y comunidades locales reproducir la diversidad de semillas campesinas y continuar sus prácticas agrícolas.

El quitarle a las comunidades el control sobre los recursos naturales ha sido causa de destrucción ambiental y humana en todas partes: La agricultura industrial utiliza grandes cantidades de agua, pesticidas, herbicidas y fertilizantes. Las semillas industriales empobrecen los suelos, los cuales pierden su capacidad de capturar carbono mientras que el material orgánico es reemplazado por insumos sintéticos. Transporte, maquinaria e insumos de combustibles fósiles como fertilizantes contribuyen al cambio climático. En el proceso de la industrialización de la naturaleza, comunidades agrícolas pierden el acceso no sólo a las semillas y razas de ganado, sino que también a su territorio: tierra, agua y recursos costeros. Donde se pierden tierra y ecosistemas, se pierde también la soberanía alimentaria de innumerables comunidades las cuales son reemplazadas por pobreza y alimentos industriales sin nutrición. Nosotros campesinos y pequeños productores de alimentos estamos siendo expulsados de nuestras tierras a través de acaparamientos de tierras que producen más cultivos industriales, incluso agrocombustibles, para mercados globales. Nosotros, quienes hemos creado y mantenido la biodiversidad durante milenios, somos prohibidos de tener acceso a recursos en el nombre de “áreas protegidas”. Mientras tanto, empresas explotan la madera en desiertos de monocultivos de eucalipto o palma que falsamente son considerados como sustentables.

La diversidad de las comunidades campesinas e indígenas, así como sus sabidurías, tienen una gran importancia frente a la crisis actual. Estas sabidurías tradicionales se enriquecen continuamente a través de nuevas innovaciones y tecnologías que son controladas localmente, establecidas por sus usuarios y a disposición libre de la comunidad. No se deben privatizarse ni se debe ser prohibido su uso. Nosotros, hombres y mujeres campesinos y campesinas rechazamos ser instrumentalizados como los cuidadores de la biodiversidad en documentos y discursos oficiales, mientras que somos robados de nuestros recursos vitales – tierra, agua y biodiversidad, los cuales hemos creado durante milenios – a beneficio de unas cuantas empresas trasnacionales y con el apoyo de muchos gobiernos. Durante la CDB en Nagoya y las negociaciones sobre el clima del CMNUCC en Cancún, hemos venido a exigir el respeto de estos derechos fundamentales.

COP 10: El auge de la comercialización de la biodiversidad y el clima

Estamos enfrentando una crisis ambiental muy seria que incluye inundaciones, sequías, erosión de suelos, contaminación y pérdida de biodiversidad. Las instituciones internacionales que tratan por separado al clima, biodiversidad y otros temas ambientales están empezando a trabajar en conjunto. Sin embargo, esta es una oportunidad para que aquellos quienes buscan la comercialización de los recursos del planeta bajo pretextos de “biomasa”, “servicios ecosistémicos”, o “mercados de carbono” coordinen sus esfuerzos. En Nagoya la agenda de biodiversidad y cambio climático está siendo acercada la una a la otra, mientras que las soluciones de mercado presentadas a la Convención Climática de la ONU en Copenhague en 2009 se está siendo trasladadas a otras instituciones como la CDB.

Agrocombustibles, REDD y TEEB

Los agrocombustibles han aumentado la especulación sobre las tierras y no han hecho nada para reducir las emisiones de carbono. Los llamados agrocombustibles de “primera generación” están basados en monocultivos como maíz, caña de azúcar, palma o piñón, los cuales requieren enormes cantidades de tierra, agua e insumos químicos. Los agrocombustibles de “segunda generación” muchas veces están basados en pastos, árboles y algas genéticamente modificados, amenazando no sólo cultivos sino también todo material orgánico. No tienen más eficiencia energética y siguen siendo peligrosos, poniendo en riesgo nuestros alimentos y especies silvestres a través de la contaminación genética. Ambos requieren más energía para su producción que la energía que rinden. Cuando consideremos la destrucción de bosques necesaria para la creación de grandes superficies de estos cultivos, vemos que los agrocombustibles emiten grandes cantidades de carbono a la atmósfera. Con altos subsidios de ciertos gobiernos, los agrocombustibles son otro negocio “verde” muy lucrativo.

REDD (Reducción de Emisiones de Deforestación y Degradación) también está acelerando la comercialización del clima y la biodiversidad. A través de REDD, una industria contaminadora de Europa escapa su obligación de reducir sus emisiones a través de la compra de créditos de carbono de una selva lejana en Brasil, Indonesia y otros países del Sur. Con REDD no hay reducciones de emisiones y monocultivos de árboles amenazan la biodiversidad. Además, agricultores campesinos y pueblos indígenas son despojados de sus tierras y territorios, como ya ha sucedido con las “áreas protegidas” bajo la CDB. (Ve informe de Vía Campesina).

En Nagoya, la privatización y comercialización de la biodiversidad son promovidos agresivamente por parte de empresas y son facilitadas por muchos gobiernos. Programas como TEEBS, la Economía de Ecosistemas y Biodiversidad, están abriendo el camino para la mercantilización de cada elemento de la naturaleza – tierra, animales, semillas y agua – los cuales al mismo tiempo son las tierras y territorios de comunidades campesinas. La complejidad de de las plántulas, los ecosistemas, patrones climáticos, y la fertilidad de los suelos están siendo reducidos a lo que se le llama “servicios ecosistémicos”, para ser objetos de comercio de una manera parecida a los créditos de carbono. Estos enfoques no sólo tienen el apoyo de empresas y gobiernos, sino que también de la Plataforma Intergubernamental de Políticas Científicas sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES por sus siglas en inglés), una plataforma de científicos que ayuda a dar valor monetario a la biodiversidad.

Tecnologías nuevas y emergentes

La CDB está discutiendo nuevas tecnologías que todavía son poco conocidas o debatidas, pero que representan un esfuerzo para controlar y hacer nuevas mercancías de los organismos vivos. Estas incluyen la “biología sintética” y la “geoingeniería”. La biología sintética es un intento para crear vida que no ocurre en la naturaleza, a través de combinar sustancias químicas que reproducen un organismo nuevo, como por ejemplo una bacteria. Se argumenta que una tal bacteria podría producir energía basada en los carbohidratos de las plantas y por lo tanto reemplazar a los combustibles fósiles. Aparte de que estas tecnologías requieren de decenas de millones de dólares en investigación, son muy peligrosas, con consecuencias desconocidas e incontrolables para el medio ambiente.
La “geoingeniería” es otra tecnología que promete resolver la crisis climática a través de soluciones técnicas. En el nombre del cambio climático, se han propuesto proyectos para inyectar sulfatos a la estratosfera, reducir la luz del sol o colocar grandes cantidades de partículas de carbón sobre campos para secuestrar carbono de la atmósfera (“biochar”). Estos son proyectos inmanejables a gran escala, que destruyen tierras, mares y la atmósfera.
Actualmente no hay institución que vigile estas tecnologías. Bajo la presión de movimientos sociales y la sociedad civil, en el pasado la CDB ha reafirmado la moratoria sobre semillas estériles “Terminator” y sobre la fertilización oceánica, la cual buscaba echar miles de kilómetros cuadrados de partículas de hierro al mar para que supuestamente las algas microscópicas secuestren más carbono. Sin embargo, hay presión constante para levantar estas moratorias y poca voluntad para implementar otras sobre la geoingeniería y la biología sintética.

Soluciones verdaderas: Permitir a las comunidades locales proteger y restaurar la biodiversidad controlando sus tierras y territorios. ¡Alto a la apropiación privada de la vida!

La mercantilización de ecosistemas y biodiversidad se está llevando a cabo de forma agresiva con el objetivo de comerciar, invertir y crear nueva especulación sobre la vida. La Vía Campesina rechaza este enfoque. La biodiversidad está basada en la reproducción libre de los organismos vivos. No debe llegar a ser propiedad industrial que controle su reproducción y uso. Hoy en día, se pretenden varias formas de apropiación sobre todos los organismos, asi como sus partes, genes y rasgos. Además, se están promoviendo técnicas y sabidurías necesarias para reproducirlos como propiedad intelectual de la industria. Todas estas demandas de propiedad por parte de la industria son ilegítimas. Impiden a los campesinos y otras comunidades locales el mantener la biodiversidad a través de sus prácticas ecológicas y el cultivo de la naturaleza como bien común. La apropiación privada de tierras, agua y semillas pone en peligro severo el sustento de millones de familias, así como la soberanía alimentaria y la vida del planeta.

La industria se niega a proporcionar información sobre el origen de los recursos biológicos que están siendo utilizados para fabricar los productos que buscan comercializar. Así, tratan de evitar obtener permiso y clarificar los términos de uso de esos recursos con las comunidades locales y otras partes interesadas. Esto es una obligación que no sólo se trata de la propiedad intelectual, sino de cualquier comercialización tal como las líneas de cría de animales. El uso de recursos biológicos nunca se debe realizar sin un acuerdo de uso y cualquier posible compensación que pudieran exigir las comunidades locales. Variedades de plantas, razas animales y muchos ecosistemas no pueden existir sin las comunidades que los crearon y los conservan. El acceso y uso de los recursos biológicos siempre debe ser sujeto a derechos de uso colectivo, definidos por las mismas comunidades, y no por las demandas de propiedad privada. Por otra parte, la industria y políticas gubernamentales irresponsables tienen que ser sujetos a responder por los daños que han causado a la biodiversidad, el clima y el medio ambiente en general.

Las verdaderas soluciones a la crisis ambiental muy seria que está enfrentando el planeta no requieren de la propiedad privada ni tecnologías destructivas hacia los seres vivos. Rechazamos demandas de propiedad sobre nuestros bienes comunes – ya sean en forma de patentes, esquemas de protección de variedades de cultivos o la prohibición de nuestras diversas semillas a favor de las semillas homogéneas y uniformes de la industria. Desde la década de 1960, campesinos han criado más de 1.9 millones de variedades de cultivos, mientras mejoradores de plantas de la Revolución Verde sólo han liberado 8,000 cultivos industriales, en forma de alimentos no saludables. Con nuestras variedades de semillas, proporcionamos alimento saludable para el 70% de la población mundial, mientras mantenemos suelos y ecosistemas sanos. Las verdaderas soluciones a la pérdida de biodiversidad y la crisis ambiental tienen que incluir la implementación de la soberanía alimentaria: asegurando producción local de alimentos de una manera ecológica que mantenga ecosistemas silvestres y agrícolas. Para lograrlo, los gobiernos deben ejercer su derecho a controlar las importaciones de alimentos y las comunidades deben ejercer su derecho a controlar la producción local de alimentos. La soberanía alimentaria coloca los derechos de comunidades agrícolas e indígenas en el centro de la preservación de biodiversidad en lugar de las demandas de los mercados y corporaciones.

¡El intento agresivo por controlar y privatizar nuestros recursos naturales debe terminar! Nosotros, campesinos y campesinas del mundo, no necesitamos a Monsanto, DuPont, Bayer ni otras corporaciones trasnacionales para proporcionarnos con semillas. Durante miles de años hemos conservado, cultivado, adaptado e intercambiado nuestras semillas y creado una biodiversidad abundante. Hemos mantenido la biodiversidad silvestre a través de control local sobre ecosistemas forestales, marinos y de pradera. La contradicción fundamental entre la privatización y la preservación de la biodiversidad no se puede ser resuelta ofreciéndonos unos cuantos centavos de “reparto de beneficios”. Nosotros, los campesinos y campesinas de África, Europa, las Américas y Asia, categóricamente rechazamos este tipo de compensación. No negociaremos nuestra autonomía, nuestros recursos, nuestra salud y la del medio ambiente por unas promesas compensatorias, las cuales además sirven para legalizar la biopiratería. Para preservar la biodiversidad, comunidades agrícolas deben recuperar control sobre las tierras, los recursos naturales y sus territorios. Ecosistemas bajo el control de comunidades campesinas ecológicas son verdaderas áreas protegidas.
Los gobiernos deben resistir la presión de intereses corporativos que buscan seguir haciendo más ganancias a través de la biodiversidad. La retórica de preocupación sobre la pérdida de la biodiversidad sigue siendo vil demagogia hasta que haya un cambio significativo en el modelo de la industrialización de la naturaleza, el negocio del capitalismo verde. Lejos de la conservación de la biodiversidad, son una amenaza seria a la vida. Los gobiernos de la CDB tienen que defender el derecho de las comunidades agrícolas a la tierra y el agua. Y tienen que defender los Derechos de los Agricultores de conservar, re-sembrar e intercambiar sus semillas campesinas, como está escrito en el Tratado de Semillas de la ONU. El fortalecimiento de las comunidades agrícolas y los alimentos que producen es la estrategia para combatir la crisis climática, alimentaria y energética que fue recomendada por el IAASTD, un informe internacional elaborado por más de 400 científicos y el cual ha sido aprobado por 58 países. La CDB debe apoyar explícitamente el control comunitario de una amplia variedad de pequeños productores de alimentos en todo el mundo, que sostenga la biodiversidad, cultive el material orgánico en los suelos y utilice semillas campesinas que no requieren insumos de combustibles fósiles.

La destrucción de biodiversidad ha sido resultado de la destrucción de comunidades agrícolas que mantienen la biodiversidad agrícola y silvestre a través de sus prácticas agroecológicas, incluyendo bosques, llanos y humedales. La preservación de biodiversidad tiene que asegurar que muchas comunidades campesinas puedan seguir cultivando sus tierras. No son los intereses de corporaciones sino generaciones de jóvenes agricultores ecológicos quienes a protegerán la biodiversidad. Esto significa que agricultores jóvenes tienen que poder vivir y cultivar, lo que incluye el tener acceso a tierra, agua y semillas, sabidurías y control local total sobre territorios y ecosistemas.

En Nagoya, La Vía Campesina exige:
  • ¡Alto a la apropiación de biodiversidad por la industria! El control de comunidades locales sobre su territorio, recursos naturales, tierra y agua a través de la agricultura sustentable es la mejor manera de conservar la biodiversidad, como lo ha sido durante miles de años.
  • Rechazar políticas que aplican un valor de mercado a la biodiversidad, como las que promueven TEEBS y IPEBS. Políticas que favorecen el valor del mercado de servicios ecosistémicos destruirán la biodiversidad. No podemos permitir que se vuelvan otro negocio lucrativo. Rechazar otros mecanismos del mercado como REDD o REDD+.
  • Rechazar políticas que legitimen soluciones tecnológicas peligrosas e irresponsables. Mantener y reforzar la moratoria sobre la tecnología Terminator. Aplicar una moratoria sobre la biología sintética y la geoingeniería.
  • Rechazar patentes o demandas de certificación sobre organismos vivos, sus partes y sus derivados. Cancelar demandas existentes de propiedad privada.
  • Información obligatoria sobre el origen de recursos biológicos utilizados en cualquier comercialización, para garantizar el consentimiento de las comunidades. Acceso y uso de recursos biológicos, sabidurías y tecnologías tradicionales o innovadoras sólo con el consentimiento de pueblos indígenas y comunidades locales.
  • Rechazar agrocombustibles industriales; aplicar una moratoria sobre nuevas plantaciones de agrocombustibles. Impulsar una reducción sustancial del consumo de energía.
  • Fortalecer la soberanía de los campesinos en el control de recursos locales comunes y territorios, así manteniendo la biodiversidad a través de prácticas sustentables.
  • Fortalecer la soberanía alimentaria que protege la biodiversidad, alimenta y nutre a la mayoría del mundo, y es vital para responder a los desafíos de la destrucción de la biodiversidad y el cambio climático.