Mostrando entradas con la etiqueta CRISIS FINANCIERA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CRISIS FINANCIERA. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de noviembre de 2011

Lo que revela y oculta la crisis financiera

por Alberto Rabilotta (*)

 
La rebatiña colonial regresa al galope. Después de Libia será Siria mediante una “intervención limitada” de Francia, Inglaterra y Turquía, según el periódico francés Le Canard Enchaîné (23 noviembre 2011), y otra vez con el apoyo de la armada canadiense que el primer ministro conservador de Ottawa, Stephen Harper, dejó en el Mediterráneo para apoyar cualquier intervención de países de la OTAN (CBC, 20 noviembre 2011). Y luego “irán por Irán”, como escribía Juan Gelman en Página/12 el pasado 13 de noviembre.

viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Cuál es el objetivo de esta crisis?

Una vez, viendo las noticias de televisión salió un activista que gritó: “el banco Goldman es quien manda en el mundo”, quedó como la excentricidad de un exaltado, pero al poco tiempo un amigo me dejó un libro del periodista Marc Roche, “El banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo” (2011).


No es un libro de historias conspirativas, sino de datos y de conversaciones con gente del mundo de las finanzas, mediante lo cual da muchas pistas. Después de leerlo he sacado una conclusión que me deja muy preocupado y sobre la que creo hay que dar la voz de alarma para saber qué está pasando y qué es eso de “la crisis”. Pero sobre todo saber cuál es el objetivo inmediato y saber cómo funcionan los hombres de negocios que dirigen la política internacional.

jueves, 11 de agosto de 2011

¿Por qué la crisis actual?



por VICENÇ NAVARRO
Cuando el presidente Richard Nixon decidió finalizar el Acuerdo de Bretton Woods, que había establecido el dólar como punto de referencia monetaria en el comercio internacional, se creó una enorme inestabilidad monetaria que impactó negativamente sobre el crecimiento económico mundial. La gran variablidad en el precio de las monedas dificultó el comercio internacional. Esta variabilidad afectó especialmente a los países que, como España, tenían una moneda débil (la peseta). Al empresario textil de Sabadell que exportaba sus productos, por ejemplo, a Alemania, le era difícil planificar su venta al mercado alemán porque no sabía cuál sería el valor del cambio del marco con la peseta a medio y largo plazo.

viernes, 7 de enero de 2011

Crisis neoliberal y sufrimiento humano



por Leonardo Boff (*)

El balance que hago de 2010 va a ser diferente. Pongo énfasis en un dato poco señalado en los análisis: el inmenso sufrimiento humano, la desestructuración subjetiva, especialmente de los asalariados, debido a la reorganización económico-financiera mundial.

Hace mucho que se operó la «gran transformación» (Polanyi), colocando la economía como el eje articulador de toda la vida social, subordinando la política y anulando la ética. Cuando la economía entra en crisis, como sucede actualmente, se sacrifica todo para salvarla. Se penaliza a toda la sociedad, como en Grecia, Irlanda, Portugal, España e incluso en Estados Unidos, en nombre del saneamiento de la economía. Lo que debería ser medio, se transforma en un fin en sí mismo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Las desigualdades matan

por Daniel Raventós 

No es frecuente que un hombre mate a cuatro personas por haber sido despedido y parece que estafado [1]. Se me pide una opinión y, como economista y sociólogo, apuntaré algunas cuestiones.



jueves, 9 de diciembre de 2010

¡La bolsa o la vida!



La iniciativa “Transforma España” y el Ibex 35 “ampliado”, con el Rey y ZP
por Jaime Pastor (*)


En las últimas semanas, aprovechando la alerta generada por la crisis de la “deuda soberana”, estamos viendo una ofensiva creciente de los grandes “lobbies” capitalistas, ejemplificada en la declaración y la propuesta impulsadas por la Fundación Everis, presentadas ante el Rey el pasado 16 de noviembre, y en la reunión este sábado 27 de noviembre de representantes de grandes empresas con Zapatero.


O mandamos a los banqueros a la cárcel o la economía no se recuperará


por Joseph Stiglitz (*)
Como no se han cansado de repetir el economista James Galbraith y el economista y penalista William Black, no podemos resolver la crisis económica a menos que metamos en la cárcel a los delincuentes que han cometido actos fraudulentos. Y el ganador del premio Nobel de economía George Akerlof ha demostrado que la negligencia en punto a castigar a los delincuentes de guante blanco, y a fortiori, el rescatarlos, crea incentivos para que se cometan más delitos económicos y se proceda a una ulterior destrucción de la economía en el futuro. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz acaba de expresar la misma idea. El pasado 20 de noviembre declaró lo que sigue a Yahoo's Daily Finance:


viernes, 30 de julio de 2010

Contra la dictadura del sector financiero



por Xavier Caño Tamayo (*)




Vendieron productos basura e hicieron estallar el sistema financiero internacional. Obligaron a los gobiernos a gastar billones de dólares y euros para salvarlos y ahora convierten en negocio especulativo la enorme deuda pública contraída para rescatarlos. Cortaron el crédito y paralizaron las economías. Son los bancos. Quienes provocaron la crisis quieren que la paguen trabajadores asalariados, pensionistas, trabajadores autónomos, pequeños empresarios... Y, como forzaron eliminar la banca pública, y sólo ellos prestan cuando quieren, ahora chantajean a los Estados: reformad los mercados de trabajo, privatizad las pensiones, reducid gasto social… o no compramos vuestra deuda pública. Éste es un lúcido resumen de lo que ha ocurrido y ocurre, según el economista Juan Torres.

Esta situación es pura y simplemente una dictadura. Una dictadura gangsteril perpetrada por el sector financiero. Dictadura solapada, maliciosa, disimulada, encubierta, camuflada, escondida, marrullera e hipócrita. Pero dictadura. Una dictadura que se pasa por el forro la voluntad ciudadana, extorsionando a quienes han sido elegidos por los ciudadanos y que gobiernan en beneficio del sector financiero, de la minoría privilegiada.

Esta dictadura sólo es posible con la complicidad necesaria de los políticos que elegimos y en los que delegamos el poder de la ciudadanía soberana. Por supuesto. Pero también por la deserción de los ciudadanos de su papel de ciudadanos.

La dictadura del sector financiero persiste porque los ciudadanos no les plantamos cara. Parece haber sólo quejas e ira. Y mucha confusión. Pero hay que reaccionar y practicar el consejo de Confucio: Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.

Hacer algo.

Y, como recomienda Federico Mayor Zaragoza, releer la Declaración Universal de los Derechos Humanos para convencernos de que vale la pena luchar por los grandes valores éticos que son los derechos humanos. Derechos humanos significan justicia, dignidad y libertad. Que es lo que ahora necesitamos por encima de todo.

En Amnistía Internacional dicen que ellos son como el agua sobre la piedra: referencia al antiquísimo cuento en el que un maestro muestra a su discípulo cómo la gota de agua que cae constante desde el brocal de un pozo sobre la base de piedra llega a horadarla. Cuestión de tiempo.

En 1961, Peter Benenson, sobrecogido por la noticia de que dos estudiantes portugueses fueran condenados a siete años de prisión por brindar por la libertad durante la dictadura de Salazar, escribió el artículo Los presos olvidados, en el que pedía a los lectores que escribiesen cartas a las autoridades portuguesas expresando su apoyo a esos estudiantes para conseguir su liberación. Así nació Amnistía Internacional, que, enviando cartas corteses a las autoridades, en medio siglo ha liberado a casi 60.000 presos de conciencia o encarcelados sin garantías judiciales. Y también que se conmuten muchas penas de muerte.

En Euskadi, región autónoma de España, la banda terrorista ETA asesinaba a mansalva los años 80 y había una densa complicidad colectiva por miedo. Un grupo reducido, Gesto por la Paz, decidió que cada vez que una persona fuera asesinada, ellos se concentrarían en la calle, silenciosos y sin pancartas. Este movimiento cada vez tuvo más seguidores y contribuyó a cambiar la actitud ciudadana frente a los asesinatos, enfrentándose a la violencia sin violencia, condición necesaria para empezar a abordar la falta de paz en la región. Algo así hicieron las madres y abuelas de mayo en Argentina contra la dictadura militar y hoy muchos “milicos” están en la cárcel.

Los ciudadanos debemos enfrentarnos a la dictadura financiera y a los gobiernos que la sirven. Sin ira, sin violencia; incesantemente, con inteligencia, tenacidad y, si es posible, con humor e imaginación. Llamando a las cosas por su nombre (que no es insultar). Mostrando que somos más que ellos, que la soberanía es nuestra. Y reivindicando.

¿Por qué no exigir que los bancos cumplan su función de conceder créditos? ¿Por qué no reivindicar que vuelva a haber banca pública? ¿Porque no exigir que se investigue, juzgue y castigue a los especuladores? ¿Por qué no reclamar que se recorten gastos superfluos, suntuarios o militares, pero nunca el gasto social ni el que mueve la economía real? ¿Por qué no recordar un día sí y otro también a los gobernantes que son lo que son gracias a nosotros?

Que los ciudadanos se enfrenten a la dictadura financiera no es fácil, pero es absolutamente necesario. O tenemos crisis para rato; es decir: injusticia y sufrimiento.

(*) Xavier Caño Tamayo es Periodista y escritor

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España. 

lunes, 4 de enero de 2010

Nada será como antes


por Carlos Taibo

De entre las ilusiones ópticas que se hacen valer en los últimos tiempos entre nosotros hay una que despunta: la que nos sugiere que, una vez dejadas atrás la crisis y la recesión en curso, mal que bien veremos reaparecer el escenario anterior a una y otra, esto es, el escenario de un crecimiento económico bonancible.

Semejante percepción ignora, claro, una de las consecuencias principales derivadas de la acumulación de crisis de orden dispar a la que asistimos. Y es que, junto a la crisis que hemos dado en etiquetar de financiera, hay, en la trastienda, otras mucho más graves. Una de ellas es, sin duda, el cambio climático que, cada vez más agudo y más fácil de percibir en sus diferentes manifestaciones, constituye una realidad que no parece llamada a tener efecto saludable alguno. Otra la configura el encarecimiento, inevitable en el medio y en el largo plazo, de la mayoría de las materias primas energéticas que empleamos. Y una tercera –por dejar las cosas ahí y esquivar una lista más larga– la proporciona el mantenido expolio de los recursos humanos y materiales de los países pobres, expolio en el que sigue asentándose buena parte de nuestra riqueza.

Aun cuando los efectos de la crisis financiera puedan quedar atrás –convengamos en que es difícil que, hablando en serio, tal cosa ocurra en plenitud–, se impone recordar que los de las demás no sólo pervivirán sino que, más aún, habrán experimentado una inquietante aceleración, con lo cual el escenario será visiblemente peor que el que se registraba antes de 2007. Si hay que tomarle el pulso a lo que tenemos entre manos, bastará con echar una ojeada a las estimaciones que instancias públicas y privadas realizan, con periódica regularidad, en lo que atañe a las sumas que será preciso destinar a la lucha contra el cambio climático: a medida que los meses van pasando, los recursos que será necesario invertir para restaurar precarios equilibrios son visiblemente mayores.

En esas condiciones, y volvamos al argumento principal, pensar que pronto recuperaremos el escenario propio de la bonanza anterior a 2007 es, sin más, equivocarse, y lo es –repitamos lo que antes adelantamos– incluso en el caso, improbable, de que la crisis financiera, por sí sola, no deje insorteables legados negativos. No está de más agregar algo –eso sí– en relación con la última de las crisis que antes sugerimos que se hallan en la trastienda. Tenemos por fuerza que preguntarnos si podemos seguir mirando el mundo desde nuestra eurocéntrica y personalísima percepción, en abierta y orgullosa ignorancia de los problemas de otros. O, por decirlo de otra manera, hora es de preguntarse si resulta razonable aplicar –como lo hemos hecho siempre– la lógica del sálvese quien pueda, aun a sabiendas de los efectos dramáticos que tiene sobre los países del sur. Sobran las razones para concluir, en cualquier caso, que muchos de los habitantes de estos últimos añorarían compartir con nosotros, siquiera fuera unas pocas horas, el peor de los momentos de esta crisis que a nuestros ojos presenta perfiles pavorosos.

Carlos Taibo, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, es profesor de Ciencia Política  en la UAM.

Público, 1 enero 2010

viernes, 13 de noviembre de 2009

Manifiesto contra el paro




por José Saramago

 


La gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo nos trae la angustiosa sensación de que hemos llegado al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación.

 
¿Qué hacemos nosotros, que presenciamos, impotentes, al avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales?
 
¿Podemos dejar la salida de la crisis en manos de los expertos? ¿No son ellos precisamente, los banqueros, los políticos de máximo nivel mundial, los directivos de las grandes multinacionales, los especuladores, con la complicidad de los medios de comunicación social, los que, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría, nos mandaban callar cuando, en los últimos treinta años, tímidamente protestábamos, diciendo que nosotros no sabíamos nada, y por eso nos ridiculizaba?
 
Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto- reformable y auto-regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.
 
¿Y ahora, cuando cada día aumenta el número de desempleados? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, del narcotráfico y otras actividades canallas?
 
¿Y los expedientes de crisis, hábilmente preparados para beneficio de los consejos de administración y en contra de los trabajadores?
 
¿Quién resuelve el problema de los desempleados, millones de víctimas de la llamada crisis, que por la avaricia, la maldad o la estupidez de los poderosos van a seguir desempleados, malviviendo temporalmente de míseros subsidios del Estado, mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de cantidades millonarias cubiertas por contratos blindados?
 
Decir “No al paro” es frenar el genocidio lento pero implacable al que el sistema condena a millones de personas. Sabemos que podemos salir de esta crisis, sabemos que no pedimos la luna. Y sabemos que tenemos voz para usarla. Frente a la soberbia del sistema, invoquemos nuestro derecho a la crítica y nuestra protesta. Ellos no lo saben todo. Se han equivocado. Nos han engañado. No toleremos ser sus víctimas.
 
(*) José Saramago es Premio Nobel de literatura
 
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España.  

lunes, 28 de septiembre de 2009

Servidumbre financiera y bienestar social


por Alejandro Nadal

La economía mundial está sometida al sector financiero. Una prueba: las transacciones diarias en los mercados de divisas son 110 veces superiores al valor de los bienes y servicios intercambiados en el comercio mundial. Es decir, los mercados de divisas responden a la especulación y no al comercio. Esto es un indicador de las masas de capital líquido que ahoga a la economía mundial.

Pero si la crisis global de 2008 marca la bancarrota de la globalización financiera, los gobiernos de los países ricos no parecen estar dispuestos a transformar la economía mundial en un espacio para el bienestar social. Mucha crisis y escándalo, pero el mundo sigue dominado por el sector financiero. En México, eso está claro con el paquete económico que el poder prepara contra el pueblo.

Hace poco, Noam Chomsky recogió un análisis de Barry Eichengreen (historiador del sistema monetario internacional) sobre las relaciones entre mundo financiero y democracia. Eichengreen sostiene que los controles de capital que acompañaron el sistema de Bretton Woods fueron el mecanismo empleado por los gobiernos para poder mantener el tipo de cambio y dotarse, al mismo tiempo, de suficiente margen de maniobra para aplicar políticas de bienestar social.

Los controles a los flujos de capital en la posguerra permitieron instrumentar políticas que, de otra forma, hubiera sido imposible poner en marcha. La política monetaria persiguió objetivos de crecimiento y pleno empleo, sin desestabilizar el tipo de cambio. En materia fiscal la inversión en bienestar social, con esquemas impositivos más progresivos, permitió reducir la desigualdad. Todo eso era posible porque los controles al capital le quitaban una restricción importante a la política macroeconómica.

En un rápido comentario, casi de paso, Chomsky señala que el corolario de este análisis es que la desaparición de los controles a la movilidad del capital debe entenderse como un ataque a la democracia. Su intuición es correcta. El vínculo entre los controles a la movilidad del capital, la democracia y el bienestar social sería directo. Las restricciones impuestas al capital financiero al finalizar la Segunda Guerra Mundial llevaban la cicatriz de la crisis de 1929 y la volatilidad de los años de entre guerras. Como lo explica Polanyi, de esa mezcla explosiva había surgido el fascismo. Los controles al capital reflejaron el ascenso del sindicalismo y de movimientos sociales de gran envergadura que hicieron posible los sistemas redistributivos de los años 1950-1970. Por cierto, Eichengreen (admirador de la globalización financiera) concluye que Polanyi nunca imaginó que la fortaleza de los mercados acabaría destruyendo los controles de capital.

Cuando se impuso la liberalización financiera, terminó cualquier semblanza de control democrático sobre la economía. Congresos y parlamentos se hicieron obsoletos. Los ministerios de hacienda y los bancos centrales se convierten en gigantescos establecimientos donde trabajan los empleados del capital financiero.

En un modelo de economía abierta la irrestricta movilidad del capital es un impedimento para la aplicación de políticas de bienestar social porque éstas son vistas como desestabilizadoras del tipo de cambio. Cualquier medida de política monetaria que reduzca las recompensas del capital financiero será castigada de inmediato. En ningún lado es más claro este dominio del capital sobre la política macroeconómica que en las finanzas públicas. En los países que abrazaron la globalización neoliberal, la política fiscal estuvo dominada por un objetivo básico: generar un superávit en el balance primario. Eso condujo durante décadas a una restricción criminal del gasto programable para desviar recursos hacia la esfera financiera.

Hace 2 mil años, Aristóteles describió un proceso de circulación monetaria que era la peor amenaza para el orden social. En la Política explicó que la moneda era un objeto ético-político. La medida de todas las cosas es la necesidad, pero no la necesidad de apropiarnos de ellas, sino la necesidad que tenemos los unos de los otros. Sin embargo, como esa medida no puede estar presente en las transacciones de todos los días, la moneda ofrece una medida operativa a los ciudadanos para realizar la justicia en las pruebas de la vida cotidiana. Pero Aristóteles advirtió que hay una forma de circulación monetaria que amenaza el orden social y terminaría por destruirlo. En esa circulación, el vínculo entre la moneda y la necesidad (como medida de todas las cosas) se rompe. Ese circuito monetario es el del préstamo con intereses. Aristóteles había lanzado la primera denuncia contra lo que sería el capital financiero. Debemos retomar su advertencia.

Un largo proceso histórico ha torcido las relaciones entre el espacio financiero y el de la democracia. Pero en la coyuntura actual estas dos dimensiones de la vida social vuelven a tocarse. Y deberíamos aprovechar el momento. No es fácil que el poder legislativo recupere el control que alguna vez tuvo sobre la oferta monetaria, las operaciones financieras y las finanzas públicas. Pero es urgente que lo haga, de lo contrario se viene una hecatombe que hará parecer a la crisis actual como un día de campo.

Alejandro Nadal es economista. Profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada. La Jornada, 23 septiembre 200

sábado, 23 de mayo de 2009

Resumen del libro El crash del 2010, de Santiago Niño Becerra

Por Cristóbal Cervantes, editor del blog Espiritualidad y Política

Nota previa: Este es un resumen personal de algunas de las principales ideas del libro El crash del 2010, escrito por Santiago Niño Becerra, editado por Los libros del lince. Niño Becerra es uno de los economistas más citados en el blog Espiritualidad y Política, y la razón es muy sencilla, hasta ahora es uno de los economistas que más ha acertado en sus previsiones sobre la crisis, por eso su libro es uno de los más vendidos en España en este momento. Recomendamos activamente su lectura para comprender el mundo que viene, pero queremos hacer dos precisiones. El profesor Niño Becerra expone en su libro que estamos en fase de precrisis y que la crisis de verdad comenzará a mediados del 2010, en nuestra modesta opinión la crisis puede llegar en cualquier momento entre junio de este año, el mes que viene, y el verano del año que viene. Por otro lado, el profesor ha escrito su libro con una neutralidad exquisita, puede ser duro leer sus proyecciones, pero el futuro no está escrito. En este blog hemos publicado cientos de artículos que hablan de otro mundo posible, este es el momento de experimentarlo, de plantar nuestras propias semillas de un modelo de sociedad alternativa, porque el mundo va a cambiar seguro, en nuestras manos está escribir el futuro.

Para terminar esperamos que el resumen genere debate y comentarios, que se difunda en la red y que todos y todas participemos en el debate, ha llegado el momento.


Resumen del libro El crash del 2010, de Santiago Niño Becerra

¿Qué va a pasar con la crisis?

Desde hace un tiempo, en concreto desde septiembre del 2007 y, sobre todo, desde septiembre del 2008, no paramos de recibir noticias de que las cosas no van bien, cada vez mayor desempleo, creciente número de empresas que cierran, bancos y cajas con problemas, bajada de la Bolsa, poder adquisitivo a la baja, casi imposible conseguir un crédito, grandes empresas y bancos que se tambalean, gobiernos que caen por culpa de la crisis, etc.

Esta situación está avanzando aceleradamente hasta conducirnos a una crisis de proporciones gigantescas que explotará, probablemente, a mediados del 2010. Desde los años 50 hemos vivido cada vez mejor, y desde el año 2000 el crecimiento económico mundial y español se ha disparado. Eso se ha acabado, a partir de ahora tenemos que mentalizarnos a vivir cada vez peor, no mejor. Será una crisis dura, de alrededor de 10 años, pero se superará, como todo, no será el fin del mundo, nunca lo es, pero las cosas, nuestras cosas, nunca volverán a ser como fueron. Las cosas serán hechas de otra manera. El modo de producción habrá cambiado.

El desencadenante de la crisis será probablemente un hecho que afecte gravemente a la capacidad de obtener recursos, como un tipo de desastre natural o provocado. Hasta ese momento la ciudadanía seguirá pensando en que hay salida a la crisis, será una sensación, la versión oficial.

En el año 2007 comenzó a gestarse una crisis sistémica, que se aceleró en septiembre del 2008, y que comenzará realmente dentro de unos meses. Una crisis sistémica es una crisis del sistema, el sistema económico que rige el mundo desde hace siglos, el sistema capitalista (lo que hemos conocido como países comunistas o soviéticos no era comunismo real, era capitalismo de estado). No será el fin del capitalismo, pero sí de este tipo de capitalismo.

En los últimos 2000 años ha habido 18 crisis sistémicas, la última en 1929, por lo que no es algo habitual. Esta crisis durará unos 10 años, como casi todas las crisis sistémicas que ha habido. Los años 2008 y 2009 son de precrisis, lo más duro de la crisis serán los años 2010, 2011 y 2012, a partir de ahí se estancará, para iniciar la recuperación lentamente a partir del 2015, aproximadamente, y salir del todo sobre 2018.

Este tipo de capitalismo que tenemos ahora surgió tras la Gran Crisis de 1929, de la que se salió 15 años después, después de la II Guerra Mundial. España llegó más tarde, en el año 59.

La institución familiar comenzó a perder importancia para potenciar al individuo. Comienza el imperio norteamericano como centro del sistema capitalista. Búsqueda del pleno empleo como forma de que todos puedan comprar de todo. Comienza el periodo de crecimiento económico más largo y estable de la historia. Hay que matizar que España no entró realmente en el sistema hasta 1959, desde 1812 nuestros gobernantes estaban entretenidos con un montón de cuartelazos, un golpe de Estado, una guerra civil, muchísimos muertos, mucha hambre, y poco más.

Estos últimos años han sido de bonanza, se nos decía que todo iba bien, años de crédito asegurado, de dinero barato, de deuda creciente, de consumo al alza, de boom inmobiliario, de empleo en aumento (de mala calidad), de beneficios pujantes, de lujosos automóviles, restaurantes atiborrados, de viajes exóticos, caprichos caros, de teléfonos móviles que se cambian cada pocos meses. Años de tipos de interés a la baja, de especulación inmobiliaria, de segundas residencias, de comprar sobre plano y vender sobre obra. Todo eso se va a acabar.

Ir a más es fácil, ir a peor, decrecer, empeorar el estándar de vida, es mucho más difícil. Esta crisis hará que el concepto de responsabilidad personal sea uno de los ejes fundamentales del nuevo sistema, las personas tienen que ser responsables, actuar con responsabilidad. Los apoyos exteriores a la persona, como los procedentes del Estado, serán casi inexistentes. Es muy probable que a lo sumo y a nivel individual, se instaure una especie de subsidio de subsistencia que garantice la supervivencia con unos mínimos, hoy inimaginables e inaceptables, y a fin de que sus perceptores se impliquen activamente en la búsqueda de alternativas, es decir, se responsabilicen de su propia existencia.

La crisis traerá también una nueva filosofía que habla del individuo como parte de un colectivo, no separado de la colectividad, como estableció el sistema capitalista. Un colectivo modelado por una productividad creciente, con una tendencia a usar más que a poseer, un colectivo cada vez más influido por la necesidad de comunicación en todos los ámbitos, también en el productivo.

El consumo de recursos insostenible actual cambiará con la crisis que traerá imposición de limitaciones al uso y consumo de recursos, bien a través del aumento de precios, bien a través de la restricción o denegación de su consumo, lo que llevará consigo la muerte de muchas actividades económicas que se revelarán ineficientes cuando se les impida el desperdicio, porque el desperdicio, como concepto, se va a acabar. La falta de disponibilidad energética (petróleo y gas) así como de la mayor parte de los recursos esenciales para la actividad económica, acelerarán políticas tendentes a la determinación de las necesidades esenciales. Por lo que muy probablemente se implante la regulación en el consumo, el racionamiento, de muchos bienes. El objetivo último será el ahorro de recursos. La idea de ilusión, en el sentido de querer algo sólo por desearlo, por capricho, se acabará.

Hay que tener en cuenta que la escasez de petróleo incide en numerosas actividades económicas, aparte de su función energética, es utilizado en plásticos, fibras textiles no naturales, gran número de componentes en medicamentos, lubricantes industriales, fluidos para circuitos hidráulicos, abonos y un largo etcétera.

La crisis va a imponer conceptos como utilidad, eficiencia, no desperdicio, aprovechamiento, aunque ello supongo cambiar cosas que hasta ahora eran impensables. A la vez, los conceptos colectivo, coordinación, colaboración, irán tomando cada vez más importancia, será el principio del fin del pensamiento en singular, en individual, para empezar a pensar a nivel grupal, no tanto en la perspectiva de el conjunto de todos hacen un todo, sino la suma de cada uno forma un colectivo. Es una nueva forma de entender el sistema, un cambio en el sistema.

Las políticas y actuaciones económicas estarán orientadas a la supervivencia, en una situación de escasez generalizada de recursos productivos como de capacidad de compra de la población, acabando con el concepto de seguridad. Los empleos fijos, indexación de salarios a la inflación, la responsabilidad social de las empresas, los contratos indefinidos, etc., ya no serán importantes, lo único importante será la supervivencia, por lo que el mantenimiento de la protección social, crediticia, laboral… entorpece las actuaciones para lograrla, aunque los políticos seguirán hablando de mantenimiento de la protección social, pero en realidad las políticas se centrarán en lo básico, y lo que ahora son servicios básicos gratuitos entrarán en crisis de recursos (sanidad, educación…). También por falta de recursos públicos el modelo de protección social (pensiones, subsidio por desempleo, etc.) empeorará de manera importante, así como su grado de cobertura que no será total, generalizándose además el pago por los servicios públicos recibidos, el llamado copago, que ya existe en varios países europeos. La nueva forma de hacer las cosas que traerá las crisis provocará que los gobiernos promulguen un gran número de normativas regulatorias que serán el embrión de una nueva estructura económica y social.

Las empresas que sobrevivirán en la crisis serán las muy grandes, gigantescas, o las muy pequeñas, locales. Las empresas pequeñas tienen la ventaja de la gran flexibilidad y adaptabilidad. Las muy grandes tienen el acceso a enormes recursos aunque a costa de ir realizando constantes recortes y en permanente reorganización. Se va a producir, se está produciendo, una oleada de absorciones empresariales que concentrarán el poder económico en las pocas y grandes empresas que sobrevivan, que tendrán un gran poder. Uno de los sectores que crecerá espectacularmente los próximos años, promovido también por este nuevo poder corporativo será la biotecnología y la genética, con el objetivo último de aumentar la utilidad, la eficiencia y la productividad.

Esta tendencia hará que disminuya la renta de las personas. De hecho, sólo las personas altamente especializadas en tareas verdaderamente útiles y de alto valor añadido y capaces de desarrollar una alta productividad tendrán en los próximos años garantizado el acceso a un empleo a tiempo completo. Se irá aceptando la idea de que un título no es garantía de empleo, ya que en realidad lo fundamental son los conocimientos (adquiridos de la forma que sea) orientados hacia lo útil, es decir, que sirvan para hacer cosas útiles y con eficiencia. La especialización y la profesionalización serán muy valoradas, al igual que los inventos o las creaciones orientadas a la eficiencia y la optimización de recursos. En un extorno como el descrito se exprimirán hasta el límite los recursos, incluido el factor trabajo, por lo que la sensación de “explotación” reaparecerá.

Esta situación descrita nos lleva a un problema nuevo y muy grave que traerá la crisis: el excedente laboral. Millones de trabajadores y trabajadoras de, sobre todo, media, baja o muy baja cualificación que en estos últimos años han desarrollado trabajos de muy bajo valor añadido y que, en gran medida, pero no de forma exclusiva, se halla personalizado en los millones de inmigrantes que hay en España. Serán trabajadores sin empleo y lo que es peor, sin prácticamente ninguna posibilidad de volver a conseguir un empleo en su vida. No serán considerados parados, ahora serán excedente laboral, trabajadores que el nuevo sistema no necesita. No es aventurado decir que esto provocará tensiones entre la población autóctona y la inmigrante debido a la escasez de recursos y empleos.

La tasa de paro alcanzará en el 2011 o 2012 a casi la tercera parte de la población activa española.

Esta crisis traerá también como consecuencia el agotamiento del espíritu de competición, algo básico en el capitalismo, y la razón ya la hemos dicho, si el objetivo último es la supervivencia, ¿contra quién competir?, el concepto de emprendedor desaparecerá, ¿qué riesgo tomar para hacer algo nuevo si el reto consiste en sobrevivir?.

Con el objetivo de que los ciudadanos no sean conscientes de la realidad, puede que las informaciones oficiales sean ocultadas o falseadas para dar optimismo a la población, el control público aumentará limitando la libertad de expresión (se puede hacer con la excusa de la lucha contra el terrorismo), lo que facilitará la censura en los temas considerados políticamente sensibles.

Pueden regularse también la conversión de ciertos barrios en lugares vigilados en los que aislar personas no necesarias, el excedente laboral que hemos citado, y catalogadas como potencialmente conflictivas y donde llevarán una existencia marginal. No es extraño que la mayoría de la población acepte estas políticas, ante las tensiones sociales que aumentarán (protestas sociales, tumultos y procesos reivindicativos), el espectacular auge de todo tipo de delincuencia, robos, secuestros, violencia en las calles, creación de guerrillas urbanas, etc.

Cuando comience la crisis se vivirá al día, y el que “cada palo que aguante su vela” será la ley. Lo necesario es lo único importante. Se implantará una economía de subsistencia, en la que los intercambios se reducirán a un nivel muy primario y cercano, y se recurrirá al trueque. Habrá una sensación generalizada de carencia y es probable que se legalice la marihuana, al igual que se hizo en 1933 cuando se legalizó el alcohol para sobrellevar “mejor” la crisis del 29. Incluso es probable que sea gratuito el acceso a múltiples canales de televisión para entretener a una población en gran medida desocupada.

La recuperación vendrá dentro de unos años, pero no como hasta ahora, el crédito fácil, dinero fácil, consumo fácil. Vendrá de una política basada en la recuperación de la eficiencia, es decir, de la productividad, y las ingentes cantidades de excedentes laborales serán mantenidos con un subsidio mínimo, como hemos dicho antes. La recuperación deberá sustentarse en una reestructuración de las relaciones productivas, en el desarrollo de nuevos recursos energéticos y materias primas, más los espectaculares avances en genética.

En este punto hay que decir que la mayor parte de actividades que han sido generadoras de riqueza hasta ahora no podrán seguir siendo las mismas que garanticen la supervivencia en un ambiente de carencias generalizadas. Las actividades que han vivido gracias al crédito fácil, el dinero barato y un endeudamiento galopante no tienen mucho futuro tras la crisis. Para concretar en España, hablamos de construcción, automóvil, turismo, hostelería y restauración, fundamentalmente, lo que afectará a su vez a los sectores económicos que dependen de ellos: aseguradoras de automóviles, suministradores de carburante, talleres de mantenimiento y reparación, concesionarios, empresas de construcción y venta de elementos para el hogar, mayoristas de elementos de hostelería, etc.

Por otro lado, las actividades vinculadas al aprovechamiento y a la optimización van a tener mucho futuro. Profesiones relacionadas con la rehabilitación de todo tipo de elementos, que hasta ahora eran desechados, así como el reciclaje de artículos que hoy son considerados desperdicio y desaprovechados, en general todo lo que conocemos como el sector R: reciclaje, reutilización, rehabilitación, etc.

Esto quiere decir que primará la idea de reutilización, el concepto de barato, de mercadillo, de útil, en definitiva, tanto porque los recursos disponibles van a ser escasos, como porque las rentas individuales medias van a sufrir un importante retroceso, a la vez que la capacidad de endeudamiento personal casi desaparecerá.

Lógicamente todos los trabajos relacionados con la logística van a ser esenciales, fundamentalmente porque una muy buena logística es la base de la mejora productiva.

En este tiempo que has leído este documento tal vez pienses que a España, al planeta ya ha llegado la crisis, pero no, nada más lejos de la realidad, lo peor, verdaderamente está por llegar. Si miras a tu alrededor verás muchas empresas en funcionamiento, los bares llenos, que camiones, trenes y autobuses siguen transportando mercancías y personas, que la mayor parte de los suministros llegan a las tiendas y a los supermercados, y que todo ello sucede con regularidad, señal de que aún no nos encontramos en crisis. La crisis cuando estalle, a mediados del 2010, será tremenda, paralizante, una auténtica caída a plomo, nada comparable a lo que has vivido.

sábado, 2 de mayo de 2009

Reflexiones acerca de la posible pandemia, por Cristóbal Cervantes

Cristóbal Cervantes es editor del blog Espiritualidad y Política

Reconozco que es pronto todavía para analizar a fondo la epidemia de Gripe A que ha provocado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya subido el nivel de alerta a 5, lo que según algunos expertos hace inevitable llegar a 6 que es el máximo nivel.

En mi opinión, desde el punto de vista de la OMS se tiene una visión muy distinta que la que se puede tener país por país. La OMS habla con un perspectiva planetaria, y esta gripe, a nivel planetario, puede provocar más de sesenta millones de muertos, según la prestigiosa revista The Lancet, eso sí, el 96% en los países pobres.

Por otro lado, hay otras cuestiones que me hacen reflexionar. Parece ser que el paciente cero se encontró en una zona donde la población tuvo una epidemia de gripe reciente que no se quiso investigar, según el periódico La Jornada de México, porque justo al lado tienen una explotación porcina enorme de una multinacional de EE.UU., por cierto, ya está denunciada como culpable de la gripe.

También me sorprende que la patente del famoso medicamento contra la gripe, el tamiflu, sea de una empresa cuyo directivo y accionista más famoso es Donald Runsfeld, anterior ministro de la guerra con Bush que se está beneficiando económicamente con la gripe, y por cierto, también Al Gore por un reciente acuerdo económico con Runsfeld, y las empresas multinacionales que fabrican estos medicamento estaban a punto de declararse en bancarrota, mientras ahora mismo no paran de subir en bolsa.

Son coincidencias que me hacen sospechar. pero sólo sospechar, como a otros, de que no se está diciendo toda la verdad, y me preocupa porque estas cosas no se sabe muy bien como empiezan, y menos como acaban.

Eso sin contar con que en esta época de crisis global y falta de credibilidad de la clase política en todo el mundo desarrollado, una pandemia es la excusa perfecta para que los cargos políticos se eternicen en el poder y puedan tomar las medidas que quieran porque la gente tendrá miedo, sólo miedo. Es la "doctrina del shock" de Naomi Klein.

Para terminar quiero decir que me sorprende la actuación siempre paternalista del gobierno de Zapatero. Tanto él como sus ministros, en este caso su ministra de sanidad, insisten en tratarnos como niños, en mi opinión, "no os preocupéis por la crisis, la gripe o lo que sea, que aquí estoy yo y el gobierno para solucionar todos los problemas". Comprendo que los españoles tendemos a votar "padres" como presidentes de gobierno por la influencia de 40 años de un "padre muy duro", ahora nos toca el "padre blando", pero la cuestión es que en mi opinión hay que llamar a la responsabilidad personal, cada persona debe hacerse responsable de sus propia vida, eso que en Estados Unidos se ve tan natural, aquí es imposible, por eso el gobierno de Usa ha editado varios documentos sobre lo que tiene que hacer la población y cada sector profesional ante una posible pandemia, y aquí no. En fin, son dos formas de entender la política.

Todo esto, insisto, son reflexiones apresuradas, quizá con poco fundamento, falta información, ver la evolución de los acontecimientos, veremos. Y tú, ¿qué opinas?.

miércoles, 8 de abril de 2009

La propuesta ecologista ante la crisis

Uno de los focos principales de “salida” de la crisis que nos proponen el Gobierno, los organismos internacionales y los medios de comunicación masivos es que el crédito vuelva a fluir. Que los bancos empiecen a dejar (y crear) dinero a mansalva de nuevo. Para ello el Gobierno está movilizando una ingente cantidad de recursos: 100.000 millones de euros en avales a la banca para que sea una fuente creíble de crédito, hasta 50.000 en liquidez directa a los bancos, comprándoles activos, apertura de nuevas líneas de crédito a empresas a través del ICO... En la Unión Europea, la estrategia es la misma, con la bajada de los tipos de interés, amén de importantísimas “inyecciones de capital” por parte del Banco Central Europeo.

Y se busca que el crédito vuelva a fluir para reactivar el consumo y, en definitiva, el crecimiento. Pero todos y todas sabemos que el crecimiento está inevitablemente asociado a un incremento del consumo de materia y energía y, por lo tanto, a un agravamiento de la crisis social y ambiental en la que vivimos. El problema es que el crecimiento es una premisa básica del capitalismo: si la economía no crece continuamente, el sistema en su conjunto no puede devolver las deudas sobre las que se sostiene, y colapsa. Por eso en la pasada cumbre del G-20 se hacían continuas llamadas a la importancia de recuperar el crecimiento. Por eso Zapatero y Solbes nos impelen continuamente a ello.

Sabemos que es imposible mantener el crecimiento continuo en un planeta limitado y que, por lo tanto, tenemos que transitar hacia otros sistemas económicos que no se basen en esquilmar su base natural.
Para ello, es fundamental que el movimiento ecologista aporte elementos de reflexión al resto de la sociedad. Es fundamental que empuje un cambio de enfoque. Que muestre que el debate no es si se moviliza o no el crédito. Movilizar el crédito, reactivar la economía, no es un bien en sí mismo. Debemos lograr que el debate social se centre en las oportunidades que tenemos a pesar de la crisis que vivimos. En un momento de parón de la maquinaria económica, podemos dirigir mejor su nueva dirección. La movilización ingente de recursos que se está produciendo desde las instancias públicas, debe servir para reorientar la economía hacia otro paradigma que no necesite el crecimiento.

Se trata de centrar los recursos colectivos no en mantener la misma industria automovilística, sino en posibilitar un sistema de movilidad sostenible; no la creación de empleo en la construcción, sino en revitalizar un mundo rural agroecológico; no en apostar por las energías renovables para mantener el crecimiento del consumo, sino para cambiar radicalmente nuestra matriz energética, reduciendo el consumo.

En definitiva, el movimiento ecologista tiene el desafío de proponer al resto de la sociedad que se adentre en la senda del decrecimiento del consumo de materia y energía, restableciendo el equilibrio entre los seres humanos y el medio, y subrayando la equidad entre los pueblos, teniendo en cuenta una premisa esencial para salir del actual atolladero: “menos para vivir mejor”.

El Ecologista nº 60, Marzo 2009

lunes, 16 de marzo de 2009

La arrogancia de Occidente

La crisis y la arrogancia de occidente
por Leonardo Boff

En todos los países se están buscando salidas para la crisis actual. Más que ante una crisis, estamos, a mi modo de ver, frente a un punto de mutación de paradigma, próximo a ocurrir. Pero está siendo aplazado e impedido por la arrogancia típica de Occidente. Occidente está perplejo: ¿cómo puede estar en el ojo de la crisis si posee el mejor saber, la mejor democracia, la mejor conciencia de los derechos, la mejor economía, la mejor técnica, el mejor cine, la mayor fuerza militar y la mejor religión?
Para la Biblia y para los griegos esta manera de pensar constituía el supremo pecado, pues las personas se situaban en el mismo pedestal de la divinidad. Pronto eran castigadas al destierro o condenadas a muerte. Llamaban a esta actitud hybris, que quiere decir, arrogancia y exceso. Oigamos a Paul Krugman, Nóbel de economía en 2008, en el New York Times del 3 de marzo: «Si quiere usted saber de dónde vino la crisis global, mire las cosas de esta manera: estamos viendo la venganza del exceso; así nos hemos empantanado en este caos y todavía estamos buscando una salida». ¿No se decía antes greed is good? ¿La ganancia en exceso es buena?
Presentemos otra cita del nada sospechoso Samuel P. Huntington en El choque de civilizaciones: «Es importante reconocer que la intervención en los asuntos de otras civilizaciones constituye probablemente la fuente más peligrosa de inestabilidad y de un posible conflicto global en un mundo multicivilizacional». Huntington explica que es la arrogancia la que mueve a estas intervenciones. Los occidentales pretenden saber todo mejor. Johan Galtung, noruego, uno de los más preeminentes mediadores de conflictos del mundo, trabajó durante tres años tratando de mediar en la guerra de Afganistán. Se retiró, decepcionado e irritado, denunciando: «la arrogancia occidental impide cualquier acuerdo; éste sólo es posible a condición de que los talibanes se sometan totalmente a los criterios occidentales».
Tal vez la forma más refinada de arrogancia fue y es vivida por el cristianismo, especialmente bajo el actual Pontífice. Ha rebajado a las otras Iglesias negándoles el título de Iglesias. Ha impugnado a las demás religiones como caminos hacia Dios.
Pero ha tenido antecesores más extremados: Alejandro VI (1492-1503) por la bula Inter Caetera dirigida a los reyes de España determinaba: «por la autoridad de Dios Omnipotente que nos ha sido concedida en san Pedro y como Vicario de Jesucristo os donamos, concedemos, entregamos y asignamos a perpetuidad con todos sus dominios, ciudades, fortalezas, lugares y villas, las islas y las tierras firmes halladas y por hallar». Nicolás V (1447-1455) por la bula Romanus Pontifex hacía lo mismo a los reyes de Portugal. Les concedía «plena y libre facultad para invadir, conquistar, combatir, vencer y someter a todos los sarracenos y paganos en cualquier parte que estuvieren y reducir a sus personas a servidumbre perpetua». ¿Se puede ir más lejos en exceso y en hybris? Se borró totalmente la memoria del Nazareno que predicaba el amor incondicional y que todos somos hermanos y hermanas.
La arrogancia de Occidente impide que los jefes de Estado, ante la actual crisis, se abran a la sabiduría de los pueblos y busquen una solución a partir de valores compartidos y de una visión integradora de los problemas de la Casa Común, herida ecológicamente. En los discursos de Barack Obama resuena la arrogancia típicamente estadounidense de que los EUA todavía van a liderar el mundo. Es un liderazgo montado sobre 700 bases militares repartidas por todo el planeta y provistas de armas de destrucción masiva capaces de diezmar a la especie humana y dejar tras de sí una Tierra devastada. Este liderazgo arrogante no lo queremos.

Fuente: Koinonia

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño (Genesio Darcí; Concordia, 1938). Fraile franciscano, estudió teología en el instituto de su orden en Petrópolis y en varias universidades, doctorándose en Munich (1972) bajo dirección de K. Rahner. Profesor de teología en el Instituto de Teología Franciscano de Petrópolis, dirigió la Revista eclesiástica brasileira. Boff es considerado uno de los mayores renovadores de la teología de la liberación latinoamericana, cuyo referente principal es la figura de Cristo como defensor de los pobres.
Su doctrina quedó expuesta principalmente en obras como Pasión de Cristo, pasión del mundo (1977), Las comunidades de base reinventan la Iglesia (1979) o La vida religiosa en el proceso de liberación (1979). Volvió a replantear sus tesis en 1987 con la publicación de Y la Iglesia se hizo pueblo. Sus problemas con la ortodoxia de la Iglesia católica fueron constantes y en 1991 abandonó la cátedra de teología de Petrópolis por discrepancias con el entonces cardenal Joseph Ratzinger (designado Papa en 2005 con el nombre de Benedicto XVI). También fue sustituido al frente de la revista Voces y en Roma se impuso censura previa a todos sus escritos.
En mayo de 1992 volvió a tener dificultades con la publicación de su libro América latina: de la conquista a la nueva evangelización y, finalmente, abandonó la editorial franciscana Voces. Un mes después, renunció al sacerdocio para luchar libremente por sus ideas. Con llegada del nuevo siglo, se convirtió en el máximo representante de la llamada “teología de la ecología”, una ampliación, a su juicio, de la “teología de la liberación”. En 2001 recibió el Premio Correcto Modo de Vida, galardón conocido como el Nobel Alternativo instituido en 1980 para premiar las tareas en beneficio de la humanidad que quedan fuera de los tradicionales premios de la Academia sueca.

sábado, 7 de marzo de 2009

Las élites ante la crisis

por SAMI NAÏR

el 07/03/2009

La crisis prosigue inexorable su camino, como un huracán que lo devasta todo a su paso: de las finanzas al crédito, del crédito a la economía y de la economía a lo social. Habría sido sorprendente que no afectase también a la ideología, los métodos y los conceptos forjados estos últimos treinta años para justificar el capitalismo globalizado. Esta crisis está demoliendo sin piedad los prejuicios, las normas, los valores de quienes creyeron inocentemente en la santa eternidad de ese sistema. Da la impresión de que los desconcertados responsables políticos gobiernan a ojo en todas partes. Están superados por la rapidez de la crisis, su profundidad, su complejidad, pero también están paralizados para actuar porque son prisioneros de los esquemas ideológicos dominantes, de conceptos que se han vuelto inoperantes, de los reflejos de autojustificación de la propia responsabilidad en la crisis.

Hay dos tipos de comportamientos. El de aquellos que simplemente no quieren medir las dimensiones de la crisis y prometen la felicidad para el día de mañana. Y el de aquellos otros, más conscientes, que quieren resolver los nuevos problemas con las soluciones del pasado: éstos se han quedado en 1929- 1933. Unos y otros corren el riesgo de llevarse un desengaño. Porque esta crisis es inmensa, anuncia de modo específico el fin del capitalismo, el del modelo anglosajón, o mejor aún, para ser más precisos, el modelo americano-británico. Las características principales de este sistema son conocidas: vínculo social basado en la competencia de todos contra todos, privatización de los bienes públicos, competencia comercial "libre y no falseada", mercantilización de las relaciones sociales, flexibilidad y precariedad del mercado laboral, inversiones especulativas a corto plazo con tasas de rendimiento elevadas. Trasfondo del cuadro: provecho máximo para una minoría, endeudamiento generalizado para la mayoría.

Ahora bien, durante todo el periodo en que imperó este modelo, hasta hoy, también se constituyó una vulgata conceptual que ha sido definida como "pensamiento único". Conocemos, sin embargo, sus líneas maestras: la idea, consustancial a la humanidad secularizada, de un mejor porvenir ha sido desechada por la ridícula ideología del "fin de la historia", el principio de competencia se ha convertido en el prêt-à-penser del conformismo triunfante. El hundimiento del pensamiento crítico, progresista, ante ese modelo de gestión del vínculo social, ha sido impresionante. Palabras como "nacionalización", "proteccionismo", a veces incluso "igualdad", podían convertirse en vergonzosas en boca de dirigentes de la izquierda oficial. De ahí que la derecha y una cierta izquierda se situaran en una misma línea, el blairismo, supuesta tercera vía entre capitalismo y socialismo, convirtiéndose en realidad en la síntesis entre el liberalismo ultraconservador de Margaret Thatcher y el socialismo de balneario de las nuevas élites pequeño burguesas. Es duro de admitir pero ésta es la realidad. La crisis actual implica en efecto una profunda puesta en duda de los conceptos del liberalismo anglo-sajón, hoy hegemónico en todo el mundo. No podemos decir, por ejemplo, que de ahora en adelante se tenga que "regular" y descartar que el Estado vuelva a convertirse en agente central dentro del sistema económico. Porque éste es quien debe equilibrar con su arbitrio, sus subvenciones, sus orientaciones, el juego de la competencia siempre desigual entre el capital y el trabajo. No podemos decir que se tenga que repartir dinero (no sólo a los bancos) y rechazar ideológicamente los déficit públicos que crecerán inevitablemente. No podemos pretender organizar en la OMC, en lugar de un mercado mundial incapaz de autorregularse, la competencia comercial, y no introducir mecanismos de protección en las fronteras de las grandes zonas de intercambio. Estados Unidos lo hará renegociando la NAFTA. El mercado chino está oxidado, y los de India y Japón también, pero Europa está abierta a todos los vientos. Habrá que revisar seriamente, aquí también, las relaciones entre el fundamentalismo librecambista y el proteccionismo.

Podríamos desgranar cien ejemplos más de nociones y conceptos que hay que revisar para afrontar esta crisis mundial. Pero ¿qué dicen las élites políticas? Aun cuando éstas favorecen de hecho el proteccionismo nacional y las nacionalizaciones, siguen defendiendo el librecambismo integral, el Estado débil y la disciplina abstracta de los presupuestos. Y focalizan la atención sobre medidas secundarias, como la lucha contra los "paraísos fiscales" o a favor de la "transparencia financiera", olvidando intencionadamente que éstas no son las causas sino las consecuencias de un sistema que las ha hecho posibles.

Traducción de Martí Sampons.
Fuente: El País http://www.elpais.com/articulo/internacional/elites/crisis/elpepuint/20090307elpepiint_8/Tes

lunes, 23 de febrero de 2009

Europa del Este, a punto de estallar

por Mike Whitney (*)

22/02/09


La Europa del Este está a punto de estallar. Si lo hiciera, se llevaría por delante a buena parte de la UE. Es una situación de emergencia, pero no tiene fácil remedio. El FMI no tiene recursos bastantes para un rescate de esas dimensiones, y la recesión se propaga harto más rápidamente de lo que logran organizarse los esfuerzos de rescate. Los ministros de finanzas y los jefes de los bancos centrales van de aquí para alá, tratando de extinguir un fuego tras otro. Sólo es cuestión de tiempo el que se vean completamente rebasados por los acontecimientos. Si se consiente la quiebra de un país, el efecto dominó podría terminar tumbando a la región entera y dar pie a espectaculares alteraciones del paisaje político. El auge del fascismo ya no es descartable.

El responsable de la sección de economía del diario británico The Telegraph, Edmund Conway, lo resume así:

“Una ‘segunda oleada’ de países caerán víctimas de la crisis económica y están ya abocados a un rescate por parte del FMI, según advirtió el presidente de esta institución en la pasada cumbre romana del G-7 (…) Pero, habida cuenta de que las economías de algunos países son enanas en relación con las dimensiones cobradas por su sector bancario y por sus obligaciones financieras, se teme que podrían desplomarse, víctimas de las crisis de balanza de pagos y monetaria, como le pasó a Islandia antes de recibir el auxilio de emergencia del FMI.”

El capital extranjero huye a velocidades alarmantes; cerca de dos tercios se han ido ya en cosa de meses. La deflación se ceba en los precios de los activos, bajándolos, lo que incrementa el desempleo y agrava la carga deudora de las instituciones financieras. Ocurre por doquiera. Las economías se han vaciado, el capital, evaporado. Ucrania bordea la bancarrota. Polonia, Letonia, Lituania y Hungría han ido deslizándose, grado a grado, hasta el sumidero de la depresión. Los países que siguieron a pies juntillas la dieta económica prescrita por Washington son los que más han sufrido. Apostaron a una prosperidad fundada en un crecimiento estimulado por la deuda y las exportaciones. El sueño ha quedado estrozado. No han desarrollado sus mercados de consumo interno, y la demanda es débil. El capital es escaso, y las empresas se ven forzadas a desapalancarse para evitar la quiebra deudora. Toda la Europa del Este emite de consuno un grito de socorro. Necesitan un salvavidas del FMI; de lo contrario, sus economías se van al garete.

El periodista económico del Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard, ha escrito una serie de artículos sobre la Europa del Este. En uno de ellos –“El fracaso en el rescate de la Europa del Este llevará a un desplome mundial”—, dice lo que sigue:

“El ministro de finanzas austriaco, Josef Pröll, hizo esfuerzos titánicos la semana pasada lograr un rescate de 150 mil millones de euros para el bloque ex-soviético. Y lo consiguió. Sus bancos prestaron 230 mil millones de euros a la región, el 70% del PIB austriaco.”

“Una tasa de morosidad del 10% significaría el colapso del sector financiero austriaco”, informaba el diario vienés Der Standard. Desgraciadamente, eso es lo que parece que va a ocurrir.

El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) dice que las deudas malas pasarán del 10% y aun podrían llegar al 20%.

Stephen Jen, jefe de la división de divisas de Morgan Stanley, dijo que la Europa del Este tomó prestados del resto del mundo 1,7 billones de dólares, el grueso de ellos en vencimientos a corto plazo. Tiene que devolver –o aplazar su vencimiento— 400 mil millones de dólares este año, lo que equivale a un tercio del PBI de la región. ¡Buena suerte! La ventana crediticia se cerró de golpe.

Casi todas las deudas del bloque del Este europeo tienen como acreedora a la Europa occidental, sobre todo a bancos austriacos, suecos, griegos, italianos y belgas. Además, los europeos cargan un asombroso 74% de la cartera de 4,9 billones de dólares de préstamos a los mercados emergentes. Están cinco veces más expuestos a estos últimos que los bancos norteamericanos o japoneses, y están un 50% más apalancados (según datos del FMI). [Ambrose Evand Pritchard, The Telegraph.]

Una crisis económica que está degenerando a toda velocidad en una crisis política. Ya han estallado revueltas y desórdenes en capitales de toda la Europa del Este. Haría bien el señor Geithner en prestar atención a eso. Crecen las perspectivas de subversión política. El malestar público podría bajar a las calles en cualquier momento. Los gobiernos deberían actuar rápida y resueltamente. Esos gobiernos necesitan divisas fuertes y garantías de sostén. Si no reciben ayuda, la hasta ahora contenida furia pública estallará en algo más letal.

Dice Ambrose Evans-Pritchard:

"Los bancos globales han registrado hasta ahora 2,2 billones de dólares de pérdidas, en estimaciones del FMI. Encima, los bancos de la UE están expuestos a la Europa del Este por un monto de 1,6 billones de dólares, lo que se ve cada vez más como la debacle subprime propiamente europea, y la deuda empresarial de la UE significa el 95% del PIB (sólo es del 50% en EEUU), una fuente de preocupaciones crecientes a medida que suben las tasas de morosidad.

“Es esencial que el apoyo público a través de un alivio de activos no se dé a una escala tal, que genere inquietudes de sobreendeudamiento o de problemas financieros. Lo que resulta particularmente importante en el actual contexto de crecientes déficit presupuestarios, aumentos de los niveles de la deuda pública y desafíos derivados de la emisión de obligaciones por fondos soberanos. “ (The Telegraph.)

Lo mismo ocurre, doquiera los bancos fusionaron sus ramas comercial y de inversión. La deuda se ha disparado hasta niveles insostenibles, desestabilizando al conjunto de la economía. Los bancos han estado operando como fondos hedge, ocultando sus actividades en contabilidades fuera de balance y maximizando su apalancamiento a través de instrumentos de deuda opacos. Ahora, la economía global se halla atrapada en el despeñadero de una burbuja especulativa colapsada. La Europa del Este ha sido duramente golpeada, pero no es sino el primero de los condenados a caer. Toda Europa ha sido infectada por el mismo virus originado en los EEUU. El New York Times del pasado lunes resumía de esta guisa la evolución de los acontecimientos en la Unión Europea:

“En los últimos meses del pasado año, Europa cayó más profundamente en recesión que los EEUU, de acuerdo con los datos publicados el viernes (…) La economía de los 16 países que comparten la moneda del euro cayó un 1,5% en el cuarto trimestre (lo que significa un desplome anual del 6%), de acuerdo con la oficina estadística de la UE. Eso es peor todavía que la caía del 1% en la economía de los EEUU en ese mismo período, comparado con el trimestre anterior. Los datos de hoy destruyen cualquier ilusión de que a la zona euro le vaya ligeramente mejor en este declive global”, dijo Jörg Radeke, un economista del londinense Center for Economics and Business Research. ["Europe Slump Deeper than Expected" ,New York Times.]

Los “liquidacionistas” querrían que los gobiernos se abstuvieran de inyectar fondos a las instituciones financieras y abandonar a éstas a su suerte. Es una locura darwiniana, equivalente a aguardar en la cocina de la casa la llegada de un infarto de miocardio en vez de correr al hospital para un tratamiento de urgencia. La economía global se está desacelerando al ritmo más rápido jamás registrado. Se ha evaporado ya el 40% de la riqueza global. El sistema bancario es insolvente, el desempleo se dispara, los ingresos fiscales caen, los mercados están en estado de shock, la vivienda se desploma, los déficits se disparan también y el índice de la confianza de los consumidores está en el punto más bajo de la historia. No es tiempo de ideologías a medio cocinar. La economía global está experimentando una masiva contracción sistémica que podría terminar fuera de todo control y hundirnos en otra guerra mundial. Es necesario que los dirigentes políticos entiendan la urgencia del momento y eviten la derrapada y consiguiente caída en la zanja.

(*) Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

Decrecimiento sostenibl


Decrecimiento sostenible

Joan Martínez Alier

La crisis económica actual ha puesto a John Maynard Keynes de moda porque existe capacidad industrial en las economías occidentales que no se aprovecha. Ante el aumento del desempleo, la receta adecuada es un mayor gasto público. Así habrá dinero para cambiar de automóvil y comprar el exceso de viviendas que deprime la industria de la construcción en Estados Unidos, en Reino Unido y en España. Keynes quería que la economía saliera de la crisis de 1929. Dijo explícitamente que lo que ocurriera a largo plazo, una vez la economía se recuperara de las dificultades, no le importaba. Fueron economistas posteriores como Harrod y Domar los que convirtieron el keynesianismo en una doctrina de crecimiento económico a largo plazo. Más tarde llegaron o resucitaron los neoliberales como Hayek, quienes aseguraron que el mercado sabía mucho más que el Estado. Ahora estamos escuchando a banqueros que piden que nacionalicen sus bancos, por favor. Estamos viendo la resurrección de Keynes (o su reencarnación en Krugman y Stiglitz). Pero podemos preguntarnos, ¿un Keynes de corto plazo, para salir de la crisis, o un Keynes también de largo plazo para seguir una senda virtuosa de crecimiento económico?

Es ahí donde entra la actual crítica de la Economía Ecológica. El crecimiento económico se ha basado en la energía del carbón, el petróleo y el gas natural. Parece aconsejable un keynesianismo verde que aumente la inversión pública en conservación de energía, en instalaciones fotovoltaicas, en transporte público urbano y rehabilitación de viviendas, en agricultura orgánica. Pero no lo parece continuar en la fe del crecimiento económico. En los países ricos debe darse un ligero decrecimiento económico que sea socialmente sostenible. Debemos entrar en una transición socio-ecológica. La economía ha de decrecer en términos de materiales y de consumo energético. Existe ya un acuerdo social en Europa para que las emisiones de dióxido de carbono se recorten un 20% con respecto a las de 1990, pero lo que no se había previsto es que, de hecho, al decrecer el PIB esas emisiones ya están disminuyendo.
Pero no sólo hay razones ecológicas para el decrecimiento. Hay psicólogos que han averiguado que la felicidad no aumenta con el aumento del PIB per cápita. Mejor dicho, sí que aumenta a niveles muy bajos, pero no después.

Ahora bien, el decrecimiento económico provoca dificultades sociales que hemos de afrontar para que la propuesta antes citada pueda ser socialmente aceptada. Si la productividad del trabajo (por ejemplo, el número de automóviles que un trabajador produce al año) crece el 2% anualmente pero la economía no hace lo propio, eso llevará a un aumento del desempleo. La respuesta ha de ser doble. Los aumentos de productividad no están bien medidos. Si hay sustitución de energía humana por energía de máquinas, ¿los precios de esta energía tienen en cuenta el agotamiento de recursos, las externalidades negativas? Sabemos que no es así. Además, hay que separar el derecho a recibir una remuneración del hecho de tener empleo asalariado. Esa separación ya existe en muchos casos (niños y jóvenes, pensionistas, personas que perciben el seguro de desempleo), pero debe ampliarse más. Hay que redefinir el significado de 'empleo' -teniendo en cuenta los servicios domésticos no remunerados y el sector del voluntariado- y hay que introducir o ampliar la cobertura de la Renta de Ciudadano o Renta Básica.

Cabe plantear otra objeción. ¿Quién pagará la montaña de créditos, las hipotecas y la deuda pública si la economía no crece? La respuesta debe ser que nadie. No podemos forzar a la economía a crecer al ritmo del interés compuesto con que se acumulan las deudas. El sistema financiero debe tener reglas distintas de las actuales. En Europa y Estados Unidos lo que es nuevo no es, pues, el keynesianismo, ni tan sólo el keynesianismo verde. Lo nuevo es el movimiento social por el decrecimiento sostenible. La crisis abre expectativas para nuevas instituciones y hábitos sociales. El objetivo en los países ricos debe ser vivir de forma óptima dejando de lado el imperativo del crecimiento económico.

Joan Martínez Alier es catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona

Las provincias, 21 febrero 2009

lunes, 24 de noviembre de 2008

¡Cerremos el casino financiero!

Propuestas de Attac para superar la crisis.

El Capitalismo Financiero se está cayendo a pedazos y estamos ante una crisis muy grave, con enormes consecuencias para el mundo. La fuerza de esta crisis es tan enorme que ha cogido por sorpresa a los responsables políticos, banqueros, intermediarios y economistas que, deslumbrados por los beneficios, no han querido ver el monstruo que estaban creando. Esta complacencia y su obsesión por la ganancia inmediata les ha hecho estar tan poco preparados para hacer frente a la crisis que, día tras día, están abrumados por cada nueva quiebra de un banco y por los desplomes masivos de las Bolsas de Valores.

Nuestros dirigentes están mostrando una escandalosa incompetencia para resolver la crisis porque se siguen aferrando al marco neoliberal, marco que ha demostrado ser tan devastador como inhumano. A diferencia de ellos, en ATTAC nos hemos estado preparando para esta situación durante 10 años y sobre la base de nuestros conocimientos sabemos que necesitamos acciones sistémicas para hacer frente a una crisis sistémica.

En estos momentos no se necesita una ligera regulación, como quieren algunos políticos hacernos pensar. Estamos siendo testigos de la mayor crisis financiera en la historia, lo que puede llevarnos a una gran depresión como la del período de entreguerras en la década de 1930, con un desempleo masivo y el aumento de las tensiones entre los Estados-nación por el control de las materias primas y los bienes de primera necesidad. En esta situación de emergencia, ATTAC, que reúne a académicos, economistas, sociólogos, periodistas, profesionales, trabajadores y activistas de toda Europa, propone las siguientes acciones para mitigar los efectos de la crisis y salir fortalecida de ella.

1. Cooperación internacional:
Esta crisis es una crisis global, por lo tanto, ningún Estado, ni siquiera los EE.UU., puede resolverla por sí solo. Los dirigentes del mundo deben sentarse juntos y diseñar una nueva arquitectura financiera y económica sobre la base de políticas democráticas que controlen los mercados financieros. La política tiene que estar de nuevo por encima de la economía y no al revés.

2. Mitigar los efectos de la crisis de acuerdo con el principio "el especulador paga":
Cuando los mercados financieros estaban en auge, los especuladores hicieron enormes beneficios. Ahora que los mercados se han estrellado, los encargados de formular políticas quieren repartir las pérdidas entre todos los contribuyentes con la esperanza de mantener el sistema vivo. Esto es inaceptable. En lugar de ello, nos proponemos crear en cada país un fondo de crisis alimentado por una única imposición extra sobre todos los ingresos de capital por encima de 50.000 euros y un 1% de impuesto extra sobre todos los beneficios de las empresas del sector financiero.

3. Control democrático sobre el Banco Central Europeo:
Desde su creación, el Banco Central Europeo (BCE) sólo se ha preocupado de la inflación, siguiendo el dogma neoliberal que ha demostrado ser tan dañino. Es hora de cambiar las políticas monetarias del BCE a favor de un crecimiento sostenible, del empleo y de la redistribución de la renta, bajo la estricta supervisión del Parlamento Europeo, nuestros representantes democráticos en Europa. El BCE debería establecer de inmediato los controles de capital en el continente con el fin de estabilizar todo el sistema económico y ayudar a establecer un ordenamiento impositivo común que evite el dumping fiscal, la evasión tributaria y la competencia existente entre los diferentes países en relación a los seguros de depósitos.

4. Fiscalidad para evitar la especulación:
Necesitamos urgentemente impuestos sobre todo tipo de transferencias financieras a fin de terminar con la especulación, de ralentizar la velocidad de circulación de los capitales en los mercados financieros y de poner fin al cortoplacismo. Esto incluye un marco multilateral de impuestos sobre todas las transacciones monetarias para desalentar las operaciones especulativas a corto plazo a través de las fronteras. El capital debe utilizarse para la financiación del comercio equitativo y sostenible, la inversión productiva y el consumo responsable y no para jugar en el "Gran Casino Mundial" que son los mercados financieros hoy en día. La implantación de esta tasa global sobre los movimientos de capital entre naciones (tasa Tobin) puede financiar la puesta en marcha de un New Deal ecológico a nivel mundial que dirija sus objetivos hacia el mantenimiento y la recuperación de los perecederos bienes naturales, cuya pérdida irreparable está ocasionando hambre y miseria por todo el planeta.

5. Cerrar los paraísos fiscales y centros off-shore:
¿Quién necesita centros de banca extraterritorial (OFCs) y paraísos fiscales? Sólo los individuos ricos y los inversionistas institucionales que quieren ocultar sus enormes ganancias y capitales de las autoridades fiscales, la mafia, los terroristas, los comerciantes de armas, los que negocian con seres humanos y otras fuerzas criminales que quieren blanquear dinero. No hay ningún argumento económico razonable en favor del mantenimiento de la situación de esos territorios privilegiados. Por lo tanto, su función delictiva debe ser completamente cerrada.

6. Creación de bancos públicos:
Después de la Segunda Guerra Mundial, en Europa, la orientación de la banca
pública sin fines de lucro hizo un buen trabajo. Durante las dos últimas décadas, estos bancos se han ido cada vez más fusionando y transformando en bancos comerciales e intermediarios de inversión con ánimo de lucro, cuyas acciones se negocian en los mercados de valores. Esta tendencia debe invertirse, y los bancos públicos sin ánimo de lucro deben ser fortalecidos y quedar exentos de la actual legislación europea en materia de competencia. El Tesoro Público debería poseer, al menos, algunos de los principales bancos para proporcionar financiación estable para un desarrollo sostenible y justo.

7. Paralización del proceso de ratificación del Tratado de Lisboa y reformulación de un nuevo marco constitucional para Europa, lejos del neoliberalismo y pensado para los ciudadanos, siguiendo los procesos democráticos establecidos por el sentido común. Elecciones a un Parlamento Constituyente, redacción de la Carta Magna, discusión y aprobación por los distintos Parlamentos Nacionales y referéndum europeo.

















Desde ATTAC hemos alertado durante los últimos diez años acerca de los peligros asociados al capitalismo financiero. Desde nuestra creación en 1998, justo después de la crisis financiera en Asia oriental, hemos tratado de explicar, sin cesar, a la sociedad en general y a nuestros políticos en particular que los mercados libres no son autorregulables y que las burbujas financieras, repetidas a lo largo de la Historia desde el siglo XVII, son extremadamente peligrosas para la sostenibilidad de nuestras economías debido a que los especuladores financieros sólo se mueven por los beneficios a corto plazo y no por proyectos a largo plazo que son los que crean puestos de trabajo y aumentan la riqueza material e intelectual del conjunto de la sociedad.


Durante todos estos años hemos denunciado el poder de los mercados financieros sobre la economía real y cómo este enfoque neoliberal nos llevaba irremediablemente hacia la catástrofe. Previendo el peligro, hemos insistido constantemente en la necesidad de más regulación y más control democrático de la actividad financiera, pero nadie de la élite dirigente ha estado dispuesto a escucharnos. Los responsables de la política y los economistas “ortodoxos” nos retrataron como alarmistas. Creían que no éramos capaces de aceptar las virtudes de la recién descubierta forma de capitalismo “perfecto” que se ha ido desarrollando en los últimos 30 años. Nos tomaron a todos por idiotas. Ahora, sin embargo, comprobamos que nosotros teníamos razón y que ellos estaban equivocados.

Octubre 2008
www.attac.es