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miércoles, 5 de marzo de 2008

Cautivos y desarmados ante las elecciones


Los datos de la encuesta del Gremio de Editores sobre la lectura en España son desalentadores. Como lo es el nivel del debate político. Sin embargo, hay que votar el 9-M contra la alianza de los estúpidos y los malvados.

Antes de la cacería electoral, los cetreros de la política necesitan saber dónde está la corneja, si a la diestra o a la siniestra. Por eso encargan encuestas que, una vez interpretadas o proyectadas, permiten a los partidos augurar una victoria con las mismas garantías que da el vuelo del ave. Estos días, los editores hemos podido disponer también de nuestro muestreo, el que nos facilita la Federación de Gremios de Editores y que nos informa anualmente sobre la lectura en España, es decir, sobre la caída a plomo de la corneja, herida de muerte. Es una encuesta tan poco fiable como las de intención de voto, pero en un mundo de ciencia borrosa no veo por qué no puede tener una lectura de aproximación política.

Las conclusiones del informe son las de siempre: sólo leen libros de modo permanente 15 millones de españoles, y leen más las mujeres, los jóvenes, los universitarios, los que tienen empleo y los que viven en ciudades de más de un millón de habitantes. ¿Qué debe votar esta población lectora? No lo sabemos, pero una parte del voto debe de ser progresista, otra conservadora y otra abstencionista. Los 23 millones que no leen (el informe cubre un universo de 38 millones de españoles mayores de 10 años) son personas por encima de los 55 años, amas de casa, jubilados, parados, gentes con estudios primarios y que viven en poblaciones que no sobrepasan los 10.000 habitantes. ¿Qué votan? Tampoco lo sabemos, pero estas categorías coinciden con el perfil histórico de los votantes conservadores.

El informe permite, como los sondeos políticos, todo tipo de cábalas, eso sí, casi todas inútiles, porque la pregunta básica exige una respuesta unívoca. "¿Le gustan a usted los libros?" es como preguntar: "¿le gusta a usted pegar a su pareja?". Da mucha vergüenza decir la verdad. Sin embargo es seguro que algunos maltratan y otros leen. Al parecer, unos 13 millones de personas lo hacen (leer, digo) por puro entretenimiento, mientras que un millón y medio largo lee para mejorar su nivel cultural. De los 13 millones que leen por ocio, 11,5 leen novelas y cuentos y del millón y medio que leen para mejorarse, sólo ese medio lee ensayo.

Entre los 25 libros más leídos de 2007 no hay ni una sola novela de verdadera calidad literaria. La mayor lectura se concentra en un puñado de títulos, que son los más vendidos con diferencia: La catedral del mar, Los pilares de la tierra, El Código da Vinci, La sombra del viento, Ángeles y demonios, Harry Potter ("esa horrible porquería", que dijo Harold Bloom) y similares (El Quijote y la Biblia aparecen en la lista como el séptimo y el undécimo más leídos, pero todos sabemos que se trata de un sesgo estadístico, es decir, de una mentira vergonzante. Por la misma razón, pero en sentido contrario, no aparece Mortadelo y Filemón). Entre esos 25 libros no hay ningún livre de savoir, es decir, de filosofía, ciencia, historia o crítica.

Estos datos son compatibles con los que nos viene ofreciendo el Informe PISA: en matemáticas, ciencia y comprensión lectora, España ocupa el puesto 38 de 55 países auditados, por detrás de Polonia, Bulgaria o Grecia. Y, tras Malta y Portugal, es medalla de bronce en abandono escolar. Claro que el Informe PISA también podría estar manipulado, por lo que es recomendable desarrollar un trabajo de campo: les propongo que sigan los programas de concursos televisivos en los que se pone a prueba la formación cultural de algunos ciudadanos. Asómense ustedes, por ejemplo, al concurso llamado Pasapalabra. Se trata, para ganar un dinero, de decir las palabras que corresponden a definiciones que da el conductor del programa, desde la A a la Z. Si el concursante primero no la sabe dice "Pasapalabra" y cambia el turno al segundo. Pues bien, si dejamos de lado rarísimas excepciones, el régimen normal del concurso es así: el conductor dice, por ejemplo, "empieza por A: bebida espiritosa que se saca del vino"; respuesta: "aguardiente". Sigue el conductor pasado un turno: "empieza por B: dramaturgo español laureado con el Nobel en 1922"; respuesta: "Pasapalabra". Un turno después, "empieza por C: nombre de pila de la esposa de Sarkozy"; respuesta: "Carla". Un turno después: "empieza por D: reducción de la circulación fiduciaria"; respuesta: "Pasapalabra". Y así hasta la Z.

La frecuentación de las categorías vacías en el informe de los editores y la de las categorías llenas en el Informe PISA, implica pensar, un esfuerzo que, como advirtió Marc Bloch, repugna a la pereza espiritual de la mayoría de los hombres. Por eso, desde antiguo, una minoría avispada, consciente de la ventaja que le daba esa pereza, la condonó en nombre de la religión y la política y dedicó su vida a meter en la cabeza de los demás, muy a menudo por el eficaz procedimiento de rompérsela, que debían abandonar la funesta manía de pensar, porque ellos ya pensaban por todos. Así nacieron los políticos y los sacerdotes, esto es, los clérigos, que pensaron por los seglares y los profanos, esto es, los legos, que no advirtieron que la ignorancia es un mal.

Ahora los clérigos nos convocan a las urnas para la liturgia cuatrienal, pero cautivos y desarmados intelectualmente como estamos, ¿qué podemos hacer? Creen los clérigos que los legos somos analfabetos funcionales, y así nos tratan. Pero clérigos analfabetos los hay a docenas en los Parlamentos y en los Sínodos, en las Academias y en las Universidades. También nos suelen tomar por tontos, pero como establece la Segunda Ley Fundamental de la Estupidez, de Cipolla, "la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica suya"; es decir, que la estupidez está uniformemente distribuida según una proporción constante. Por eso se aplica por igual a los clérigos. Entre los ministros, diputados, jueces y prelados se encuentra el más exquisito porcentaje de individuos estúpidos cuya capacidad de hacer daño al prójimo es infinitamente mayor que la de los estúpidos legos.

Votemos lo que votemos, las elecciones generales del 9 de marzo alumbrarán una proporción constante de estúpidos entre los políticos de uno y otro signo. Eso no tiene remedio. Como no lo tiene su indigencia intelectual, que despliegan en declaraciones, debates y entrevistas. Cuando Zapatero o Rajoy son entrevistados, parecen malos estudiantes que acaban de memorizar los temas para capear el examen. Van a piñón fijo, sin salirse del guión para no desnortarse. No son capaces, al hilo de las preguntas, de hacer un quiebro al amparo de una cita literaria, una referencia científica, un dato económico ajeno a los que les han hecho memorizar. Como todos vimos en el primero de los debates, su discurso adopta las cuatro formas que, según Ferrater Mora, reviste la tontería: "la flagrante contradicción, la odiosa retórica, la terca incomprensión y la omnipresente trivialidad". Carentes de recursos, no cabe en ellos la facecia ingeniosa o el retruécano chocante. ¿Les han oído alguna vez citar a un clásico con solvencia? Quizá lo hagan en reuniones internacionales al desplegar su fabulosa capacidad para las lenguas y las culturas extranjeras.

Así están las cosas. Prendidas con los alfileres de nuestra venerable indigencia y de su fatal simpleza. Es comprensible que estemos tentados de pedir el finiquito. Pero nos equivocaríamos. Porque el 9 de marzo sí hay algo que podemos hacer los legos y que tiene todo el sentido: impedir que a los estúpidos se asocien los malvados, aquellos que, con engaños y zalemas, buscan un beneficio para sí a costa del perjuicio de muchos otros. Como Aznar, que nos llevó a la guerra sin nosotros quererlo; como Acebes, que no nos supo proteger del terrorismo islámico y quiso engañarnos endosándoselo a ETA; como Cañete, que culpa a los inmigrantes del colapso de la sanidad pública; como Rouco, que clama contra el matrimonio civil de los homosexuales pero calla ante sus sicarios pedófilos; como Rajoy, que se presenta sin vergüenza como el defensor de los "currantes"...

Esta vez, votemos contra. Aunque sólo sea por defender nuestra inteligencia insultada, para que no tengamos que decirnos nunca, como los labriegos de mi segunda patria, "Mexan enriba de nós e hai que dicir que chove" [Nos mean encima y hay que decir que llueve].

Gonzalo Pontón es editor.

Fuente:GONZALO PONTÓN 05/03/2008 TRIBUNA: LA CUARTA PÁGINA – el País

jueves, 28 de febrero de 2008

Manifiesto contra el voto xenófobo

La población que ha inmigrado en España en las últimas décadas lo ha hecho atendiendo, entre otras razones, a la fuerte demanda de mano de obra que nuestro mercado laboral ha planteado. Su inserción laboral ha corregido determinados desajustes y carencias que se producían en este mercado, y con ello ha permitido el mantenimiento de unos índices de crecimiento económico que han sido los mayores de nuestra historia reciente. Las aportaciones de la inmigración van mucho más allá de las económicas, pero éstas han de ser hoy afirmadas con claridad a la luz del debate que se está produciendo.

Esta inmigración ha sido recibida con unas políticas restrictivas que respondían a la idea de que aquí no necesitábamos inmigrantes, las mismas que rigen en toda Europa desde hace tres décadas. El resultado ha sido que la mayor parte de las personas no comunitarias establecidas en España no han podido inmigrar por un cauce legal y han pasado por largos períodos de situación administrativa irregular, períodos en los que han carecido de derechos y han sido fácilmente explotables en el terreno laboral. Nuestra sociedad no ha dado la bienvenida a unas personas de las que tanto beneficio ha sacado, y el trato que éstas han recibido no puede ser calificado de ningún modo como integrador.

Por otra parte, la ausencia de políticas de integración, que no aparecen en el ámbito del gobierno español hasta 2004, y la falta de adaptación de los servicios públicos al crecimiento demográfico que la inmigración ha supuesto (especialmente desde mediados de los noventa), han generado déficit de los que sólo las administraciones públicas son responsables. De tales déficit, las víctimas son tanto la población autóctona como la inmigrada.

Los planteamientos realizados en la presente campaña electoral por parte del PP, tales como el contrato de integración, la obligación de los inmigrantes a adaptarse a las costumbres españolas, o la vinculación entre inmigración y delincuencia, constituyen una nueva agresión contra unas personas que no han recibido un trato integrador y a las que se ha mantenido en situación de inferioridad de derechos en muchos aspectos. Tales propuestas culpabilizan a los inmigrantes de falta de integración y acentúan los prejuicios populares que también los culpabilizan de casi todos los males que afectan a nuestra sociedad: de las carencias de los servicios públicos, de los bajos salarios, de la delincuencia, etc.

La intencionalidad de estas propuestas responde a lo experimentado en los últimos 20 años en casi todos los países europeos: el mensaje xenófobo da votos. Muchos son los partidos conservadores que han ganado elecciones recurriendo a este mensaje. No importa el daño que se le hace a la sociedad, el quiebro que se produce en la cohesión social, los conflictos sociales que se incentivan. Todo vale para ganar las elecciones.

Quienes subscribimos este manifiesto queremos afirmar que no todo vale, y que quien recurre a incentivar la xenofobia para ganar unas elecciones debe pagar un precio por ello.

Es necesario que los votantes demos una lección a los partidos políticos, demostrándoles que el discurso xenófobo también puede servir para perder elecciones. Si bien en Europa hasta ahora siempre había sucedido lo contrario, el año 2008 comenzó con un cambio de signo: fue precisamente el discurso xenófobo lo que hizo perder las elecciones en el Estado alemán de Hesse al candidato conservador. El electorado alemán mostró, en esta ocasión, una madurez que se ha convertido en una lección para todos los europeos y que nos ha de guiar en España en las elecciones del 9 de marzo.

Frente al discurso xenófobo reivindicamos unas políticas relacionadas con la inmigración cuyos ejes sean el avance en las medidas antidiscriminatorias, la inversión en servicios públicos acorde con los incrementos de población producidos y la equiparación efectiva de derechos para todas las personas que residen en nuestro país. Emplazamos a todas las fuerzas políticas a concluir, de una vez por todas en la próxima legislatura, las reformas que sean necesarias para la concesión del derecho de voto a todas las personas mayores de edad con residencia estable en España.

El 9 de marzo la xenofobia ha de sufrir una derrota y hemos de encaminarnos hacia la construcción de una sociedad más integradora. Quienes han apostado por el discurso xenófobo para ganar las elecciones deben perderlas. Es mucho lo que está en juego, y es por ello por lo que convocamos, a cuantas personas se quieran sumar a esta iniciativa, a ser activas en la lucha contra el voto xenófobo.


Suscrito por:

Albert Recio Andreu. Universitat Autónoma de Barcelona
Alberto Hidalgo. Universidad de Oviedo
Alessandra Olivi. Universidad de Sevilla
Alfonso Dubois. Universidad del País Vasco
Alfredo Blanco Andray. Universidad Politécnica de Madrid
Ángel G. Chueca Sancho. Universidad de Zaragoza
Antolín Granados Martínez. Universidad de Granada
Antonia Olmos Alcaraz. Universidad de Granada
Antonio Izquierdo Escribano. Universidad de Coruña
Arantzazu López de Luzuriaga. Universidad Rey Juan Carlos
Artur Aparici Castillo. Universitat Jaume I
Asunción Cifuentes. Universidad de Burgos
Asunción Colás Turégano. Universitat de València
Beatriz Macías Gómez-Stern. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Beatriz Pérez Galán. Universidad de Granada
Carlos Arrabal Miguel. Universidad Politécnica de Madrid
Carlos Mario Gómez. Universidad de Alcalá de Henares
Carlos Morla Juarista. Universidad Politécnica de Madrid
Casimir Nalda Auxina. Universitat Politècnica de València
Claudia Pedone. Universitat Autónoma de Barcelona
Concepción Carrasco Carpio. Universidad de Alcalá de Henares
Dolores Juliano. Universitat de Barcelona
Eduardo Terrén. Universidad de Salamanca
Elena Ruiz Ruiz. Universidad de Valladolid
F. Javier García Castaño. Universidad de Granada
Félix Etxeberria Balerdi. Universidad del País Vasco
Fernando González Alonso. Universidad Pontificia de Salamanca
Francisco Fernández Buey. Universitat Pompeu Fabra
Gemma Santa Olalla Mariscal. Universidad de Burgos
Gregorio Aragón Rubio. Universidad Rey Juan Carlos
Héctor Silveira. Universitat de Lleida
Ignacio Nadal Perdomo. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Inma Antolínez Domínguez. Universidad de Granada
Inmaculada Cebrián. Universidad de Alcalá de Henares
Jaime Cervera Bravo. Universidad Politécnica de Madrid
Jaime Ferri Durá. Universidad Complutense de Madrid
Javier de Lucas. Universitat de València
Javier Esguevillas. Universidad Rey Juan Carlos
Javier Martínez Peinado. Universitat de Barcelona
Jesús Montoya Juárez. Universidad de Granada
Jesús Muñoz. Universidad de Burgos
Joaquim Sempere. Universitat de Barcelona
Joaquín Arango. Universidad Complutense de Madrid
Joaquín Seoane Pascual. Universidad Politécnica de Madrid
Jorgelina Barrera. Universidad de Barcelona
José A. Estévez Araújo. Universitat de Barcelona
José Alfredo Bravo Fernández. Universidad Politécnica de Madrid
José Antonio García Fernández. Universidad Complutense de Madrid
José Fernández Echeverría. Universidad de Granada
José Luis Ceresuela Soria. Universidad Politécnica Madrid
José Luis Martín Sanz. Universidad Europea de Madrid
José M. Iriondo. Universidad Rey Juan Carlos
José Manuel Palacios Alberti. Universidad Politécnica de Madrid
José Miguel Rodríguez. Universidad Autónoma de Madrid
Joseba Achotegui. Universitat de Barcelona
Josep Miquel Palaudarias. Universitat de Girona
Juan B. Martínez-Laborde. Universidad Politécnica de Madrid
Juan José Bueno Aguilar. Universidad de A Coruña
Laura Zúñiga Rodríguez. Universidad de Salamanca
Liliana Suárez Navaz. Universidad Autónoma de Madrid
Lorenzo Capellán de Toro. Universidad de Granada
Lourdes Gaitán Muñoz. Universidad Complutense de Madrid
Luis Giménez Benavides. Universidad Rey Juan Carlos
M. Rosa Terradellas. Universitat de Girona
Maite Alemany. Universitat de València
Marcelino de la Cruz Rot. Universidad Politécnica de Madrid
María Antonieta Delpino. Universidad de Salamanca
María Dolores Pérez Grande. Universidad de Salamanca
María Felicidad Bógalo Román. Universidad de Burgos
María García-Cano Torrico. Universidad de Granada
Maria Jesús González Fernández. Universidad Politécnica de Madrid
María Luisa Iglesias. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Maria Margarita Echeverri Buriticá. Universidad Complutense de Madrid
Maria Vega Asensio Herrero. Universidad del País Vasco
Martín Rodríguez Rojo. Universidad de Valladolid
Mayte Bejarano. Universidad de Castilla-La Mancha
Miguel A. Bernabé. Universidad Politécnica de Madrid
Miguel Ángel Ibáñez Ruiz. Universidad Politécnica de Madrid
Miguel Pajares. Universitat de Barcelona.
Miquel Izard. Universitat de Barcelona
Mónica Ortiz Cobo. Universidad de Granada
Natalia Moraes Mena. Universidad de Granada
Natividad Fernández Sola. Universidad de Zaragoza
Nieves González Delgado. Universidad de Burgos
Olga Jubany Baucells. Universitat de Barcelona
Paola Carolina Solís Rojas. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Patricia Laurenzo Copello. Universidad de Málaga
Patricia Onieva. Universidad Complutense de Madrid
Rafael Domínguez Martín. Universidad de Cantabria
Rafael Grasa Hernández. Universitat Autónoma de Barcelona.
Rafael Muñoz de Bustillo. Universidad de Salamanca
Rafaela Díaz Villalobos. Universidad de Extremadura
Ricard Zapata-Barrero. Universitat Pompeu Fabra
Rosalinda Sánchez Hípola. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Rubén Milla. Universidad Rey Juan Carlos
Rubén Pérez Rodríguez. Universidad de Granada
Rubén Torices Blanco. Universidad Rey Juan Carlos
Ruth Ferrero. Universidad Complutense de Madrid.
Ruth M. Mestre i Mestre. Universitat de València
Sandra Gil Araujo. Universidad de Granada
Sergio Barba-Romero. Universidad de Alcalá
Silvia Carrasco Pons. Universitat Autónoma de Barcelona
Teresa Alario. Universidad de Valladolid
Ubaldo Martínez Veiga. Universidad Nacional de Educación a Distancia
Virginia Martínez Lozano. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Virtudes Albertos Pérez. Universitat Politècnica de València
Xavier Pedrol Rovira. Universitat de Barcelona.
Xosé Manoel Núñez Seixas. Universidad de Santiago de Compostela

Se adhieren

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Fuente: http://espiritualidadypolitica.blogspot.com