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miércoles, 16 de julio de 2014

Gaza

de Eduardo Galeano

Magistral texto de Eduardo Galeano, publicado en noviembre de 2012, tristísimamente vigente.


Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde queHamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. 

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Iraq para evitar que Iraq invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.



Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar conETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.


Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros?

¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

martes, 20 de noviembre de 2012

Las mentiras de Israel y el silencio del mundo

por Luisa Bustamante B.



El mundo observa con horror una nueva ofensiva destructora contra la franja de Gaza y la masacre del pueblo palestino. Los líderes mundiales contemplan con silencio cómplice los avances de esta escalada mientras la prensa difunde noticias bastante tergiversadas.
 
No se ve de parte de aquellos que tanto condenaron las muertes en la Libia de Khadafi, la misma reacción sobre las matanzas de un pueblo en un territorio que ha sido llamado “la cárcel a cielo abierto más grande del mundo”. Es más:  Barak Obama y sus acólitos han apoyado el “legítimo derecho de Israel a defenderse”.
 
Al respecto, es necesario puntualizar en qué consiste este derecho a la defensa y cuál es el peligro que corre este Estado frente a un pueblo que no tiene Estado, ni ejército, ni condiciones aceptables de subsistencia.
 
Primero: El estado de Israel tiene uno de los ejércitos mejor armado y poderoso del mundo. Posee una aviación altamente tecnologizada incluyendo aviones espías no tripulados que fotografían constantemente el pequeño territorio palestino y es dable pensar que también algunos otros. Cuenta con una fuerza naval significativa que ya se ha visto envuelta en otros incidentes internacionales. Además posee una alta tecnología defensiva como escudos antimisiles y tecnología de comunicación.
 
La “autoridad” Palestina, es decir el pueblo palestino vive arrinconado en la Franja de Gaza un territorio de 40 por 14 kilómetros lo que produce la densidad poblacional más alta del mundo. El 50% de la población es menor de edad, no posee ejército y su única posibilidad defensiva la constituyen milicianos equipados con morteros y cohetes anticuados. Cabe señalar que a diferencia de los misiles que son dirigidos y pueden programarse para dar en el blanco, los cohetes no tienen una dirección precisa, y por tanto, es difícil determinar una precisión.
 
Segundo: Este es el escenario donde se mueve el “legítimo derecho a defensa de Israel”. Hoy día se está bombardeando por tierra, aire y mar la franja y la población no tiene como huir o refugiarse. A los 16.000, reservistas que se movilizaron en un principio se sumaron miles más dando Netanyahu la aprobación de movilizar a 75.000 para avanzar a territorio palestino. También han estacionado los tristemente célebres blindados bulldozers que conocimos en la anterior operación llamada “Plomo fundido”, y que significó la destrucción de miles de casas. Estos blindados están provistos en su parte delantera de una gran pala de levantamiento y llevan en su parte posterior un gancho o especie de aguijón el cual entierran en la tierra y arrasan con su objetivo. Como si esto fuera poco están además acuartelado un cuerpo de paracaidistas para combatir en el interior del territorio casa por casa, y reservas tácticos, especialistas en guerra psicológica. Ayer Israel desplegó su sistema “Iron Dome” un verdadero escudo anti misiles. No se entiende por qué no lo utilizaron antes.
 
En este escenario pensar que no se atacará a civiles es una falsedad ya que cuando bombardean objetivos supuestamente terroristas, por la densidad poblacional es imposible que no afecte a víctimas civiles y a un alto número de niños y mujeres.

Tercero: La prensa por lo general reproduce las noticias de las grandes agencias internacionales de la información las cuales entregan una visión parcializada del “conflicto”. Hablan de un enfrentamiento como si ambas fuerzas fueran iguales en poderío. Denuncian 70 muertos pero no precisan que el 98% de los muertos son palestinos, civiles mujeres y niños. Por otra parte no han publicado la enorme protesta que hubo en New York, ni el vibrante discurso del presidente de Egipto, que le recordó a Israel que los árabes de hoy no son los mismos de ayer, haciendo alusión a la colaboración que les prestaba el dictador Mubarak.
 
Para concluir, es preciso tener presente que Israel no está sólo. Tiene todo el apoyo del imperio tanto en lo económico como en lo militar y tecnológico. Es el guardián de los intereses de Estados Unidos en Medio Oriente y sin el respaldo de éste difícilmente tendría la impunidad que ostenta. Sin embargo, la situación en el presente es distinta debido a los cambios que han tenido los países árabes de la región, lo cual podría generar una zona de conflicto mucho mayor. Desde luego, ya no contarán con la complicidad de Egipto, cuyo presidente les comunicó que su política no va a ser la de Mubarak.
 
Es indudable que no pararán hasta terminar con Palestina, quizá no esta vez, pero en sucesivas intervenciones. Su objetivo es una “limpieza étnica”, sin embargo no hay que perder de vista que el objetivo principal es Irán y el inmediato Siria con el propósito de ir extendiendo la influencia imperial en Asia lo cual hace prever que el objetivo final es aislar a China. No por nada Obama está hoy en Myanmar, ex Birmania.
 
Luisa Bustamante B.
Socióloga Universidad ARCIS
Magister © en Filosofía Universidad de Chile

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miércoles, 8 de febrero de 2012

En marcha la locura de una nueva guerra


por Benjamín Forcano (*)




Nuestros tiempos tienen que forzar las condiciones que hagan realidad las palabras de la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros los pueblos hemos resuelto evitar a las generaciones el horror de la guerra”. Pero no son los pueblos  sino unas élites descabelladas las que, una vez más, pretenden imponer  a la humanidad el desquiciamiento de una nueva  guerra.



domingo, 13 de noviembre de 2011

La historia nuclear de Israel

Tener o no tener armas nucleares es una cuestión de seguridad y no un privilegio europeo

por Joseph Massad


¿Cuántas veces hay que volver a contar esta historia? Es bien conocida en EE.UU., en Europa, en el mundo árabe, por cierto en todo el mundo. La prensa internacional ha estado informando al respecto desde finales de los años sesenta. Los detalles históricos también son bien conocidos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Irán: el refrito sobre las armas nucleares

Tripulantes del Enola Gay, el avión norteamericano desde el que el
Gobierno de Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica sobre
la población civil, en 1945.

por Ángel Guerra Cabrera



Después de crear grandes expectativas  sobre las “pruebas” que presentaría la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) respecto a la amenaza nuclear de Irán esta se aparece con un vulgar refrito de la constante campaña mediática contra ese país. ¿Hasta dónde van a llegar los dobles raseros en los organismos internacionales?  Es hilarante la pretensión de hacernos creer que el informe se apoya en datos suministrados por diez servicios secretos. ¡Qué desvergüenza! El guión es más o menos el de siempre, desde que utilizando los invaluables servicios desinformativos de la cadena de diarios Hearts, Estados Unidos iniciara su interminable ciclo bélico imperialista con la intervención de 1898 contra Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
 
El informe de la OIEA recuerda la infortunada comparecencia en el Consejo de Seguridad de la ONU del entonces secretario de Estado Collin Powell, vísperas de la agresión a Irak de 2003, cuando aseguró que Washington disponía de reportes de inteligencia que demostraban la posesión por Bagdad de las finalmente fantasmales armas de destrucción masiva. El documento actual hace una épica gala de prosa  cantinflesca, compuesta de medias verdades, especulaciones y afirmaciones yuxtapuestas y contradictorias. Cómo tienen que haber sudado sus redactores para producir semejante galimatías.
 
Pero nadie se sorprenda. Estados Unidos, animado por Israel, forzó la salida del egipcio Mohamed El Baradei de la dirección de la  OIEA porque se negaba a ser vocero de sus exigencias y puso en su lugar al complaciente japonés Yukika Amano con el propósito de que sirviera como instrumento a la campaña sionista-estadunidense para aislar, castigar económicamente y, de ser posible, lanzar una agresión contra el país persa. Amano pasó varios días en Washington antes que se conociera el informe. Probablemente llevara un borrador para ser enriquecido por las imaginativas plumas del lobby sionista y sus amigos del Departamento de Estado.
 
¿Enviará algún día Amano a Israel sus inspectores que no salen de Irán? ¿Cuándo redactará su informe sobre el ilegal programa nuclear del Estado hebreo, que no es siquiera firmante –como sí lo es Irán- del Tratado de No Proliferación Nuclear, y cuenta con no menos de 400 armas nucleares. Forzado por  la presión de una mayoría de estados miembros de la OIEA el nipón instó el año pasado a Israel a firmar el instrumento y a permitir la inspección de su programa atómico, lo que Tel Aviv, como era de esperar, rechazó enérgicamente. Claro, la nueva burla sionista al derecho internacional apenas fue noticia y Amano hizo mutis desde entonces para concentrarse en su encomienda principal de echar leña “científica” al fuego de la guerra propagandística antiiraní.
 
Hace por lo menos cinco años que el liderazgo israelí y sus socios neoconservadores en Washington vienen gestando una agresión militar contra Irán, proyecto al que han logrado arrastrar, consciente o inconscientemente, a parte de la elite estadunidense. No se diga a los políticos, siempre ávidos de los donativos sionistas para sus campañas electorales. El Pentágono hace tiempo puso a punto los planes de ataque contra Teherán como denunció el periodista Seymour Hersh en la revista New Yorker y en otros medios en varias ocasiones.
 
En las últimas semanas, vísperas de la publicación del informe de la OIEA se ha levantado de nuevo el caso y destapado la histeria por la supuesta bomba nuclear que Irán podría llegar a fabricar. Hace unos días el Nobel de la paz y presidente de Israel Shimon Peres declaró enfáticamente: “La posibilidad de un ataque militar contra Irán está ahora más cerca de ser aplicada que la aplicación de una opción diplomática”.  Al parecer Washington y Tel Aviv pretenden que el informe sirva, en primera instancia, para decidir una nueva ronda de sanciones muy duras contra Teherán pero solamente de sus aliados occidentales pues en esta ocasión no esperan contar con el apoyo de Rusia y China en el Consejo de Seguridad, además de que tendrían la oposición de Turquía, Brasil y Líbano. Pero las sanciones no son suficientes para doblegar a Irán, que insiste en que continuará su programa nuclear con fines pacíficos, como ha reiterado el presidente Mahmud Admanidejad, quien añadió que Irán no necesita del arma atómica para enfrentar a Estados Unidos.
 
Por lo pronto se anuncia la realización de las mayores maniobras militares conjuntas entre la superpotencia e Israel. ¿Casualidad?

viernes, 9 de septiembre de 2011

Palestina, hacia una gran victoria moral



por Ángel Guerra Cabrera

Se acerca la fecha en que Palestina recibirá en la Asamblea General (AG) de la ONU el reconocimiento que le corresponde como Estado independiente y soberano miembro de la organización con más de las dos terceras partes de los votos necesarios. No menos de 130 y probablemente entre 140 y 150 de los 193 países que la integran.

domingo, 7 de agosto de 2011

Una ventana a un futuro diferente

Manifestación en Tel Aviv el 30 de julio de 2011









por DAVID GROSSMAN 


El escritor israelí considera que el movimiento de protesta es una ocasión única para la refundación de un país que necesita como pocos la cohesión social.






El sábado 30 de julio por la tarde, mientras nos manifestábamos en Jerusalén, miré a mi alrededor y vi un río de gente que recorría las calles. Había miles de personas que llevaban años sin hacer oír sus voces, que habían abandonado toda esperanza de cambio, que se habían encerrado en sus problemas y su desesperación.
No les resultó fácil unirse a los jóvenes ruidosos provistos de altavoces. Quizá por la timidez propia de unas personas poco acostumbradas a levantar la voz, sobre todo en medio de un coro de gritos. A veces, tenía la impresión de que nos mirábamos asombrados e incrédulos, sin creernos del todo lo que salía de nuestras bocas. ¿De verdad éramos aquella turba, aquella muchedumbre indignada, que levantaba el puño como habíamos visto hacer en Túnez y Egipto, en Siria y Grecia? ¿Queríamos serlo? ¿Hablábamos en serio cuando gritábamos "¡revolución!"? ¿Qué ocurriría si lo conseguíamos y los lazos que mantenían unida nuestra frágil nación se deshacían? ¿Y si las protestas y las pasiones se transformaban en anarquía?
Sin embargo, después de un rato de desfilar, algo empezó a recorrer nuestras venas: el ritmo, la energía, el sentimiento de unidad. No una unidad que nos intimidase y nos aplastara, sino una unidad heterogénea, abigarrada, familiar e individual al mismo tiempo, una unidad que nos proporcionaba un fuerte sentimiento: aquí estamos, haciendo lo que es debido. Por fin.
Pero entonces llegó la desolación: ¿dónde estábamos hasta ahora? ¿Cómo hemos permitido todo esto?
¿Cómo pudimos resignarnos a que el Gobierno elegido por nosotros convirtiera nuestros sistemas de educación y de salud en un lujo? ¿Por qué no gritamos y protestamos cuando el Ministerio de Economía aplastó a los trabajadores sociales en huelga, y antes de ellos a los discapacitados, a los supervivientes del Holocausto, los ancianos y los jubilados? ¿Cómo es posible que durante años empujáramos a los pobres y los hambrientos a una vida de humillaciones sin fin, en comedores sociales y otras instituciones de beneficencia? ¿Cómo es posible que abandonásemos a los trabajadores extranjeros a merced de personas que les perseguían y les vendían como esclavos de todo tipo, incluso sexuales? ¿Por qué nos acostumbramos a la rapiña de las privatizaciones, que provocó la pérdida de la solidaridad, la responsabilidad, la ayuda mutua, el sentimiento de pertenecer a una misma nación?
Por supuesto, semejante apatía se debió a muchos motivos, pero, en mi opinión, la ocupación es el factor que más ha contribuido al fracaso de los sistemas de control y alerta en la sociedad israelí. Los sectores más enfermos y perversos de nuestra sociedad salieron a la superficie mientras nosotros, tal vez por temor a enfrentarnos a la realidad de nuestras vidas, nos dedicábamos con gran placer a todo tipo de cosas concebidas para embrutecer nuestros sentidos y ocultar esa realidad. De vez en cuando, cuando nos mirábamos en el espejo, algunos se sentían satisfechos por lo que veían y otros se estremecían, pero incluso estos últimos decían: bueno, qué se le va a hacer; suspiraban y le echaban la culpa a La Situación [el conflicto árabe-israelí], como si fuera nuestro destino o un decreto de las alturas. Más aún, dejamos que la televisión comercial llenara el vacío en nuestra conciencia colectiva y pasamos a definirnos en función de luchas por la supervivencia y comportamientos depredadores, a atacarnos unos a otros sin piedad y a despreciar a cualquiera que fuera más débil, o diferente, o menos bello, menos rico o menos listo. Hace años que no hablamos entre nosotros, y más tiempo aún que no escuchamos. Al fin y al cabo, en una atmósfera de codicia y egoísmo, cómo no vamos a atacar a los demás y a pulverizarlos, si eso es precisamente lo que nos enseñan en cada momento: sálvese quien pueda.
Cuanto más nos agotábamos negando sin cesar la realidad, más invitábamos a la opresión, la manipulación y el embrutecimiento de nuestros sentidos, y nos fuimos convirtiendo en víctimas de una política secreta -y eficaz- de divide y vencerás. De modo que una cosa llevó a otra, y nuestras reflexiones honradas sobre el destino y la fatalidad disminuyeron hasta quedarse en peleas por "quién ama al Estado de Israel y quién lo odia", "quién es leal y quién es traidor", "quién es un buen judío", en vez de "quién se ha olvidado de que es judío"; cualquier discusión racional está hoy cubierta de una capa de sentimentalismo, el sentimentalismo patriótico y nacionalista del fariseísmo y el victimismo, la posibilidad de hacer una crítica inteligente de la situación ha ido reduciéndose, e Israel, al final, actúa y se comporta con sus ciudadanos de manera totalmente contraria a los valores e ideales que en otro tiempo le daban su carácter extraordinario y el oxígeno que respiraba.
No obstante, de pronto, en contra de todas las predicciones, hay algo que se ha despertado. La gente se frota los ojos y empieza a abrirse a ese algo, todavía indefinible e impredecible, incluso indescriptible, pero que está adquiriendo forma a través de eslóganes rescatados del tópico, como "¡el pueblo exige justicia social!" y "¡queremos justicia, no caridad!" y otros sentimientos recuperados de épocas anteriores. Existen en el aire indicios de una posible curación, un tikkun, y, por primera vez en mucho tiempo, volvemos a respetarnos a nosotros mismos, como ciudadanos individuales y como pueblo de Israel.
Este despertar está lleno de fuerza, pero también de ingenuidad, y puede embriagarnos. Resulta tentador dejarse llevar por la euforia ante todo lo que ha inspirado este giro de los acontecimientos, hacernos la ilusión de que, una vez más, estamos derribando un viejo orden hasta sus cimientos. Pero no es exactamente eso: el viejo orden no estaba tan mal. Tuvo sus grandes logros, que, entre otras cosas, permiten que el movimiento de protesta exprese sus aspiraciones y que se hagan realidad al menos algunas de ellas. Por eso es imperativo que esta lucha utilice un lenguaje distinto al de otras luchas anteriores que ha habido en este país. Por encima de todo, la lucha debe basarse en el diálogo, para ser socios, y no agentes de unos intereses estrechos y egoístas; personas de principios, y no unos oportunistas sectarios; para no vivir según el versículo "cada uno a su tienda, Israel". Esa es la única manera de que este movimiento siga teniendo el inmenso apoyo de la población con el que ha contado hasta ahora. El carácter ligeramente confuso del movimiento es precisamente el que hace posible que los distintos grupos reunidos en él conserven sus propias opiniones políticas diferentes al mismo tiempo que comparten -por primera vez en decenios- un programa común humano y cívico, que nos hace estar orgullosos de pertenecer a esta comunidad. ¿Quién, en Israel, puede permitirse el lujo de renunciar a unos bienes tan escasos?
Este movimiento de protesta y sus ecos nos ofrecen una oportunidad de acercamiento entre distintos elementos de la sociedad que no se comunicaban desde hacía generaciones: religiosos y laicos; árabes y judíos; miembros de clases sociales distintas y distantes. En este proceso de identificar lo que tienen en común y lo que pueden conseguir, incluso la derecha y la izquierda pueden emprender un diálogo más realista y comprensivo; por ejemplo, sobre la apatía de la izquierda ante quienes tuvieron que recolocarse tras la retirada de Gaza, una herida abierta entre los colonos. Dicho diálogo quizá pueda aún salvar lo que sea posible del concepto de solidaridad, que un país en nuestra situación no puede dejar desaparecer. En otras palabras, si podemos encontrar este movimiento de protesta en las palabras del poeta Amir Gilboa -"Un día, un hombre se despierta por la mañana y siente que es una nación, y empieza a caminar"-, entonces debe continuar como el poema: "Y a todos los que se encuentra por el camino les dice: 'Que la paz sea contigo'".
Es fácil criticar la evolución de este movimiento recién nacido y arrojar dudas sobre él. Siempre es más sencillo encontrar motivos para no hacer algo audaz y definitivo. Pero quien escuche los latidos de los corazones de los manifestantes -no solo en el bulevar Rothschild de Tel Aviv, sino también en los barrios pobres del sur de la ciudad, y en los de Jerusalén, y Ashdod, y Haifa y Beit Shean- se dará cuenta de que se ha abierto una ventana a un futuro diferente. Ese es el momento propicio para que suceda algo así, y, para gran sorpresa de todo el mundo, la gente, por fin, está verdaderamente adhiriéndose a la causa. Tal vez es eso lo que quería decir la joven que se me acercó en la manifestación de Jerusalén y me dijo: "Mira. Todavía faltan líderes, pero la gente ya está aquí".

© 2011, David Grossman. Traducido del inglés por María Luisa Rodríguez Tapia.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/ventana/futuro/diferente/elpepiint/20110807elpepiint_1/Tes

miércoles, 12 de enero de 2011

Resplandores nucleares en el Atlántico Sur


por Salvador Capote

La Base Patrick de la Fuerza Aérea estadounidense en la Florida amaneció en alerta roja el 22 de septiembre de 1979. La tensión era extrema pues el personal que monitoreaba las señales satelitales detectó transmisiones del satélite VELA con el patrón característico de las explosiones nucleares: dos grandes resplandores seguidos uno del otro, el primero de corta y el segundo de mayor duración, separados por oscuridad casi total.

viernes, 24 de diciembre de 2010

En el portal de Belém hay ... controles israelíes.

La joven Mariam da a luz en un portal de Belén
al no poder atravesar los controles israelíes para llegar al hospital ...

lunes, 18 de octubre de 2010

Árabes e israelíes

por Tariq Alí · · · · ·
 






The Arabs and the Holocaust: The Arab-Israeli War of Narratives [Los árabes y el holocausto: la guerra de relatos árabe-israelí]
Gilbert Achcar (trad. de G. M. Goshgarian), 208 págs.,
Saqi Books, Londres, San Francisco, Beirut.
 

"Desde el siglo IV después de Cristo", escribió el difunto Raul Hillberg en su obra maestra The Destruction of the European Jews, [La destrucción de los judíos europeos, Akal, Madrid, 2005] "ha habido tres clases de política antijudías: conversión, expulsión y aniquilación. La segunda apareció como alternativa de la primera, y la tercera surgió como alternativa de la segunda". Lo que esto sugiere es que la  "civilización judeo-cristiana" es un constructo relativamente nuevo y esencialmente ideológico. 

 En todo caso, del siglo VIII al XIX, se puede decir que existió una civilización islamo-judaica que se extendió por la Península Ibérica, el mundo árabe propiamente dicho, Persia y las tierras otomanas. La reconquista cristiana de Portugal y España llevó a la conversión forzosa y la expulsión de judíos y musulmanes. Decenas de miles de judíos encontraron refugio en el África del Norte musulmana y el imperio otomano.

 Hasta después de la Primera Guerra Mundial no empezaron a deteriorarse gravemente las relaciones entre ambas comunidades. La causa de ello fue la declaración Balfour (a la que se opuso  Edwin Montagu, el único miembro judío del gabinete británico) que ofrecía en Palestina una patria a la Federación Sionista, sin consulta de ninguna clase con la gente que vivía en esa tierra. Hitler y el judeicidio de la II Guerra Mundial consolidaron los cimientos del Estado de los colonos y llevó a la nakba [catástrofe] a los árabes palestinos de la región. Poco ha de sorprender que eso condujera a una "guerra de relatos".

 En una refutación sistemática y académica de los mitos simplistas surgidos durante la formación de Israel, Gilbert Achcar, el historiador franco-libanés actualmente profesor de relaciones internacionales en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, la SOAS (School of Oriental and African Studies) de Londres, nos entrega el mejor libro concebido sobre el tema hasta el momento. Achcar no pierde el tiempo con veleidades árabes. Habla claramente acerca del hecho de que la negación del Holocausto no es infrecuente en Oriente Medio y que historiadores charlatanes (Roger Garaudy es uno de los muchos ejemplos citados en el libro) han sido objeto de una cálida bienvenida por parte de muchos de los poderosos de los Estados del Golfo. Podía haber añadido que el difunto rey Ibn Saud, del reino que lleva su nombre, tenía la costumbre de obsequiar a los dirigentes occidentales que le visitaban con ejemplares de los Protocolos de los sabios de Sión. No se conoce el caso de ningún presidente norteamericano o líder europeo occidental que rechazara el regalo.
 Achcar también nos informa de que es de los árabes con los que los israelíes decidieron cruzarse (el difunto Anuar El Sadat de  Egipto y Abu Mazen, el actual dirigente de la OLP) de quienes hay constancia de su burdo antisemitismo. Se dedica mucho espacio al Gran Mufti de Jerusalén y sus encuentros con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Todo esto es verdad, pero no se quedaba restringido a Palestina. Puesto que los nacionalistas luchaban contra imperios como el británico y el holandés en muchas partes del mundo, algunos de los dirigentes nacionalistas basaban su táctica en la equivocada idea de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Subhash Chandra Bose en India constituye el ejemplo más conocido. Ayudó a organizar a los prisioneros de guerra indios, hindúes, musulmanes y sijs, en campos japoneses para formar un Ejército Nacional Indio (ENI) que luchara junto a los japoneses. Después de la guerra, Nehru se pondría su toga de abogado para defender al ENI en los tribunales, que fue popular en toda India.

 Pero ¿era Gamal Abdel Nasser, el fundador del Egipto moderno un antisemita, tal como lo representan numerosas descripciones israelíes? ¿O un Hitler árabe, tal como lo retrataba Anthony Eden, el primer ministro británico, antes del ataque anglo-franco-israelí contra Egipto de 1956? Achcar demuestra todo lo contrario con todo lujo de detalles. Puede que Nasser cometiera errores, pero en esencia el tenor del nacionalismo árabe de los años 50 y 60 era "de carácter socialista, antiimperialista". La crítica principal de Nasser a Israel no era étnica sino política: consideraba al Estadio israelí un "instrumento de las potencias imperialistas". Cita ejemplos de cómo el gobierno israelí orquestó una campaña para alentar la emigración de las viejas comunidades judías de Egipto (y Bagdad) a Israel, donde sus escritores y poetas escribieron con añoranza de lo que habían dejado atrás.
  
 El libro, que también contiene numerosas referencias de bibliografía israelí en su apoyo, es un valioso correctivo, especialmente en estos tiempos en los que Tzipi Livni llegó a  declarar, en su calidad de ministra de Exteriores, que "los palestinos pueden celebrar un día de la independencia si, en una jornada como ésa, eliminan la palabra nakba de su vocabulario". El comentario de Achcar resulta admirablemente comedido: "El sionismo estatista es un Jano, una de cuyas caras mira hacia el Holocausto, la otra hacia la nakba, una hacia la persecución sufrida, la otra hacia la opresión infligida. . . pero sólo el reconocimiento de ambas puede hacer que israelíes, palestinos y demás árabes inicien un verdadero diálogo".

 Hillberg, Peter Novick, Tony Judt, Gabi Piterburg, Norman Finkelstein, Amira Hass y muchos otros de origen judío han avisado contra los usos del Holocausto en la política contemporánea, y no sólo en Israel. Es miope y contraproducente.   

 Y no ayudará a un acuerdo en la región. Tampoco lo lograrán los intentos israelíes, de los que se hacen eco sus defensores en Occidente, de declarar que todos los que se oponen a la represión de Israel en Gaza y los territorios ocupados son antisemitas. La propaganda grosera de este género, que rebaja la historia y la política, podría llevar a algunos a aceptar la etiqueta como precio a pagar por su oposición a la política israelí. El volumen de Achcar es un audaz intento de evitar el partidismo. Una edición en árabe acaba de publicarse en el Cairo. Esperemos ver su equivalente en hebreo.

 Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO. Su último libro publicado es The Protocols of the Elders of Sodom: And Other Essays, publicado por Verso de Londres.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

martes, 29 de diciembre de 2009

La destrucción de una civilización


La guerra de EEUU contra Iraq
 
por James Petras (*)

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Los siete años de guerra y ocupación estadounidenses en Iraq han estado manejados por varias fuerzas políticas importantes e impregnados de toda una variedad de intereses imperiales. Sin embargo, esos intereses no explican por sí mismos la profundidad ni el alcance de la sostenida, masiva y continuada destrucción de toda una sociedad ni su reducción a un permanente estado de guerra. El ámbito de fuerzas políticas que contribuyeron a orquestar la guerra y la subsiguiente ocupación de EEUU incluye las siguientes (por orden de importancia):

La fuerza política más importante fue también de la que menos abiertamente se habló: La Configuración del Poder Sionista (ZPC, por sus siglas en inglés), que incluye el importante papel de los partidarios, persistentes e incondicionales de línea dura, del Estado de Israel que lograron puestos importantes en el Pentágono de Bush (Douglas Feith y Paul Wolfowitz), operativos clave en la oficina del Vicepresidente (Irving –Scooter- Libby), en el Departamento del Tesoro (Stuart Levy), en el Consejo de Seguridad Nacional (Elliot Abrams) y toda una falange de asesores, escritores de los discursos presidenciales (David Frum), funcionarios secundarios y asesores políticos en el Departamento de Estado. Esos comprometidos “insiders” sionistas estaban apoyados por miles de funcionarios con dedicación exclusiva de “Ante Todo, Israel” de las 51 organizaciones judías más importantes, agrupadas bajo su Presidente (PMAJO, por sus siglas en inglés). Todos declararon abiertamente que su más alta prioridad era avanzar en la agenda de Israel, concretada, en este caso, en una guerra de EEUU contra Iraq para derrocar a Saddam Hussein, ocupar el país, dividir físicamente Iraq, destruir su ejército y su capacidad industrial e imponer un régimen-titere pro-Israel/pro-EEUU. Si Iraq era étnicamente limpiado y dividido, como defendía el ultraderechista Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu y el Presidente Emérito “Liberal” del Consejo de Relaciones Exteriores y sionista-militarista Leslie Gelb, habría entonces varios “regímenes clientelistas”.

Los altos políticos pro-Israel que promovieron la guerra no tenían directamente al principio la política de destruir sistemáticamente lo que, en efecto, constituía toda la civilización iraquí. Pero su apoyo y diseño de una política de ocupación incluía el desmembramiento total del aparato del estado iraquí y el reclutamiento de asesores israelíes que proporcionaran su “pericia” en técnicas de interrogatorio, represión de la resistencia civil y contrainsurgencia. Ciertamente, los expertos israelíes jugaron un papel importante al fomentar el enfrentamiento étnico y religioso entre los iraquíes, que Israel tanto ha puesto en práctica en Palestina. El “modelo” israelí de guerra colonial y ocupación –la invasión del Líbano de 1982- y la práctica de la “destrucción total” utilizando la división sectaria y étnico-religiosa fue ya evidente en las infamantes masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en Beirut, que tuvieron lugar bajo supervisión del ejército israelí.

La segunda fuerza poderosa en pos de la Guerra de Iraq estaba constituida por los militaristas civiles (como Donald Rumsfeld y el Vicepresidente Cheney) que buscaban extender el alcance imperial de EEUU por el Golfo Pérsico y fortalecer su posición geo-política eliminando a un nacionalista fuerte, laico y partidario de la resistencia anti-imperialista árabe en el Oriente Medio. Esos militaristas civiles buscaban ampliar las bases militares estadounidenses para envolver a Rusia y asegurarse el control de las reservas petrolíferas como elemento de presión contra China. Los militaristas civiles estaban menos movidos por los pasados lazos del Vicepresidente Cheney con la industria del petróleo y más interesados en su papel como Director Ejecutivo de la gigantesca filial de Halliburton, la contratista de bases militares Kellog-Brown and Root, que ha ido consolidando el Imperio Estadounidense a través de la expansión de bases militares por todo el mundo. Las compañías petrolíferas estadounidenses más importantes, que temían salir perdiendo frente a sus competidoras europeas y asiáticas, estaban deseando negociar con Saddam Hussein, y algunos de los partidarios de Bush dentro de la industria petrolífera estaban ya embarcados en operaciones de comercio ilegal con el embargado régimen de Iraq. La industria del petróleo no se sentía muy inclinada a promover la inestabilidad regional mediante una guerra.

La estrategia belicista de conquista y ocupación se diseñó para establecer una presencia militar colonial a largo plazo bajo la forma de bases militares estratégicas dotadas de un importante y sostenido contingente de asesores militares coloniales y unidades de combate. La brutal ocupación colonial de un estado laico independiente con fuerte historia nacionalista y avanzada infraestructura que disponía de un aparato policial y militar sofisticado, extendidos servicios públicos y mínimas tasas de analfabetismo impulsó el crecimiento de una amplia colección de movimientos militantes y armados contra la ocupación. En respuesta, los oficiales coloniales estadounidenses, la CIA y las Agencias de la Inteligencia de Defensa idearon una estrategia de “divide y vencerás” (la denominada solución “El Salvador”, asociada al ex Embajador en zonas calientes y ex Director de la Inteligencia Nacional estadounidense John Negroponte) para fomentar los conflictos armados de base sectaria y promover los asesinatos interreligiosos para así debilitar cualquier esfuerzo por lograr un movimiento unido nacional anti-imperialista. El desmantelamiento de la burocracia civil laica y del ejército fue diseñado por los sionistas de la administración Bush para incrementar el poder de Israel en la región y fomentar el surgimiento de grupos militantes islámicos, que habían sido reprimidos por el depuesto régimen baazista de Saddam Hussein. Israel había perfeccionado esta estrategia antes: Patrocinó y financió en sus orígenes a grupos militantes islámicos sectarios, como Hamas, como alternativa a la laica Organización para la Liberación de Palestina, creando un marco que favorecía las luchas sectarias entre los palestinos.

La consecuencia de las políticas coloniales estadounidenses financiando y multiplicando una amplia variedad de conflictos internos fue la proliferación de los mullah, los líderes tribales, los gángsteres políticos, los señores de la guerra, los expatriados y los escuadrones de la muerte. La “guerra de todos contra todos” servía a los intereses de las fuerzas ocupantes estadounidenses. Iraq se convirtió en un lodazal de jóvenes armados, sin empleo, entre los que era fácil reclutar un nuevo ejército de mercenarios. La “guerra civil” y el “conflicto étnico” proporcionaron un pretexto para que EEUU y sus títeres iraquíes despidieran a cientos de miles de soldados, policías y funcionarios del régimen anterior (especialmente si eran de familias sunníes, mixtas o laicas), socavando la base del empleo civil. Bajo la cobertura de una generalizada “guerra contra el terror”, las Fuerzas Especiales estadounidenses y los escuadrones de la muerte dirigidos por la CIA implantaron el terror dentro de la sociedad civil iraquí, persiguiendo a cualquier sospechoso de criticar al gobierno-títere, especialmente entre las clases educadas y profesionales, precisamente los iraquíes más capaces de reconstruir una república laica independiente.

La guerra de Iraq estuvo dirigida por un influyente grupo de ideólogos neoconservadores y neoliberales con fuertes vínculos con Israel. Valoraron el éxito de la guerra de Iraq (por éxito ellos entendían el desmembramiento total del país) como la primera ficha de “dominó” de una serie de guerras para “recolonizar” el Oriente Medio (en sus palabras: “volver a trazar el mapa”). Disfrazaron su imperial ideología con un fino barniz de retórica sobre “promover las democracias” en Oriente Medio (excluyendo, por supuesto, las antidemocráticas políticas de su “patria” Israel sobre los subyugados palestinos). Al confluir las ambiciones hegemónicas regionales de Israel con los intereses imperiales de EEUU, los neoconservadores y sus compañeros de viaje neoliberales del Partido Demócrata apoyaron en primer lugar al Presidente Bush y después al Presidente Obama en su escalada de las guerras contra Afganistán y Pakistán. Secundaron unánimemente la feroz campaña de bombardeos de Israel contra el Líbano, el ataque por tierra, mar y aire y la masacre de miles de civiles atrapados en Gaza, el bombardeo de instalaciones sirias y el gran impulso (de Israel) hacia un ataque preventivo militar y a gran escala contra Irán.

Los defensores estadounidenses de múltiples guerras secuenciales y simultáneas en Oriente Medio y en el Sur de Asia creían que no podrían desplegar todo el potencial destructivo masivo que poseen hasta no haberse asegurado el control total de su primera víctima: Iraq. Confiaban en que la resistencia iraquí se vendría rápidamente abajo tras trece años de brutales y exterminadoras sanciones impuestas contra la república por EEUU y las Naciones Unidas. Para consolidar el control imperial, los políticos estadounidenses decidieron silenciar permanentemente a todos los disidentes civiles independientes iraquíes. Se dedicaron a financiar a clérigos chiíes y asesinos tribales sunníes y a contratar decenas de miles de mercenarios privados entre los señores de la guerra pesmergas kurdos para que perpetraran los asesinatos selectivos de los dirigentes de los movimientos de la sociedad civil.
EEUU creó y entrenó un ejército-títere colonial iraquí de 200.000 miembros, compuesto casi enteramente de pistoleros chiíes, excluyendo a los experimentados militares iraquíes con antecedentes laicos, sunníes o cristianos. Un resultado poco conocido de todos esos escuadrones de la muerte financiados y entrenados por EEUU y de su ejército-títere iraquí fue la destrucción virtual de la antigua población cristiana iraquí, que fue desplazada, sus iglesias bombardeadas y sus dirigentes, obispos e intelectuales, académicos y científicos asesinados o forzados al exilio. Los asesores israelíes y estadounidenses eran bien conscientes de que los cristianos iraquíes habían jugado un papel clave en el desarrollo histórico de los movimientos laicos, nacionalistas antibritánicos y antimonárquicos y su eliminación como fuerza influyente en los primeros años de la ocupación estadounidense no fue algo accidental. El resultado de las políticas estadounidenses llevó a eliminar a los movimientos y a los dirigentes antiimperialistas más democráticos y laicos y a presentar a una red asesina de colaboradores “étnico-religiosos” como “socios” incontestables para sostener la presencia colonial estadounidense a largo plazo en Iraq. Con sus títeres en el poder, Iraq serviría como plataforma de lanzamiento para su búsqueda estratégica de otros “dominios” (Siria, Irán, las Repúblicas Centroasiáticas…).

La continuada purga sangrienta de Iraq bajo la ocupación estadounidense ha conseguido acabar con la vida de 1,3 millones de civiles iraquíes durante los primeros siete años de la invasión de Bush de 2003. Hasta mediados de 2009, la invasión y ocupación de Iraq le ha costado al tesoro estadounidense más de 666.000 millones de dólares. Este enorme gasto da fe de su carácter central en la más amplia estrategia imperial de EEUU en relación a todo el Oriente Medio y a la región del Sur y Centro de Asia. La política de Washington de politizar y militarizar las diferencias étnico-religiosas, armando y fomentando la rivalidad de los líderes étnicos, religiosos y tribales para que estén siempre enzarzados en mutuas sangrías sirvió para destruir la resistencia y la unidad nacional. Las tácticas de “divide y vencerás” y la confianza en organizaciones religiosas y sociales retrógradas es la práctica más común y mejor conocida cuando se trata de conquistar y subyugar a un estado nacionalista avanzado y unificado. Romper un estado nacional, destruir la conciencia nacionalista y promover las primitivas lealtades regionales, feudales y étnico-religiosas requería de la sistemática destrucción de los principales proveedores de la conciencia nacionalista, de la memoria histórica y del pensamiento científico y laico. Al provocar los odios étnico-religiosos se destruyeron los matrimonios, las comunidades y las instituciones mixtas con sus perdurables lazos profesionales y amistades personales de orígenes diversos. La eliminación física de académicos, escritores, profesores, intelectuales, científicos y profesionales, especialmente físicos, ingenieros, abogados, juristas y periodistas fue decisiva para imponer un gobierno étnico-religioso bajo una ocupación colonial. Para establecer el dominio a largo plazo y sostener a unos gobernantes clientelistas étnico-religiosos, todo el edificio cultural preexistente fue destruido físicamente por EEUU y sus marionetas iraquíes. Esto supuso la destrucción de las bibliotecas, las oficinas del censo y los depósitos de todas las propiedades y archivos judiciales, los departamentos sanitarios, laboratorios, colegios, centros culturales, instalaciones médicas y, por encima de todo y al completo, las clases profesionales, los científicos sociales, los humanistas, los literatos… Cientos de miles de profesionales iraquíes junto con sus familias, fueron empujados mediante el terror al exilio interno y externo. Se cortó cualquier tipo de financiación destinada a las instituciones nacionales, seculares, científicas y educativas. Los escuadrones de la muerte se emplearon a fondo en el sistemático asesinato de miles de académicos y profesionales sospechosos de la menor disidencia, del menor sentimiento nacionalista; se eliminó a todo aquel que tuviera la mínima capacidad para colaborar en la reconstrucción de la república.

La destrucción de una moderna civilización árabe

El Iraq laico e independiente tenía el más avanzado orden científico-cultural del mundo árabe, a pesar de la naturaleza represiva del estado policial de Saddam Hussein. Había un sistema nacional de atención sanitaria, educación gratuita universal y generosos servicios sociales, combinado todo ello con niveles de igualdad de género sin precedentes. Esto marcó la avanzada naturaleza de la civilización iraquí de finales del siglo XX. La separación entre iglesia y estado y la protección estricta de las minorías religiosas (cristianos, asirios y otros) contrasta agudamente con lo que ha resultado de la ocupación estadounidense y su destrucción de las estructuras gubernamentales y civiles iraquíes. El duro gobierno dictatorial de Saddam Hussein presidía una muy desarrollada moderna civilización en la que el avanzado trabajo científico iba de la mano de una fuerte identidad nacionalista y anti-imperialista. Esto se notó especialmente en el pueblo iraquí y en las expresiones de solidaridad del régimen con la causa del pueblo palestino bajo el dominio y ocupación israelí.
Un mero “cambio de régimen” no podía extirpar esta profundamente incrustada y avanzada cultura laica republicana en Iraq. Los planificadores estadounidenses de la guerra y sus asesores israelíes eran bien conscientes de que la ocupación colonial aumentaría la conciencia nacionalista iraquí a menos que la secular nación fuera destruida y de ahí el imperativo imperial para arrancar y destruir a los portadores de la conciencia nacionalista, eliminando físicamente a los talentosos, a los científicos, a los elementos más laicos de la sociedad iraquí. El énfasis en todo lo retrogrado se convirtió en el principal instrumento para que EEUU impusiera en el poder a sus títeres coloniales, con sus primitivas y “pre-nacionales” lealtades, en un Bagdad culturalmente purgado y desnudado de sus estratos sociales más sofisticados y nacionalistas.
Según el Centro de Estudios Al Ahram de El Cairo, durante los primeros dieciocho meses de la ocupación estadounidense, 310 científicos iraquíes fueron asesinados, una cifra que el ministerio de educación iraquí no discute.

Otro informe recogía un listado con más de 340 intelectuales y científicos asesinados entre 2005 y 2007. Las bombas colocadas en los institutos de educación superior habían hecho bajar la tasa de matrículas un 30% respecto a las cifras anteriores a la invasión. En una bomba colocada en enero de 2007 en la Universidad Mustansiriya de Bagdad, 70 estudiantes fueron asesinados y cientos de ellos resultaron heridos. Esas cifras obligaron a la UNESCO advertir que el sistema universitario iraquí estaba al borde del colapso. Las cifras de importantes profesionales y científicos iraquíes que habían escapado del país rondaban los 20.000. Los Angeles Times informó que en octubre de 2008, de los 6.700 profesionales universitarios iraquíes que tuvieron que huir a partir de 2003, sólo 150 habían regresado. A pesar de las proclamas de EEUU de que ha mejorado la seguridad, la situación en 2008 contempló numerosos asesinatos, incluyendo el del único neurocirujano que quedaba en la segunda mayor ciudad iraquí, Basora, cuyo cuerpo fue arrojado a las calles de la ciudad.

Los datos no procesados de los académicos, científicos y profesionales iraquíes asesinados por EEUU y las fuerzas ocupantes alidadas y las milicias, así como de las fuerzas en la sombra controladas por ellas, se reflejaron en una lista publicada por el Pakistan Daily News (www.daily.pk) el 26 de noviembre de 2008. Esta lista levanta ampollas acerca de la realidad de la sistemática eliminación de intelectuales en Iraq bajo la trituradora de la ocupación estadounidense.

Asesinatos

La eliminación física de un individuo mediante el asesinato es una forma extrema de terrorismo, que tiene un efecto dominó de largo alcance a través de la comunidad de la que procede la persona, en este caso el mundo de los líderes intelectuales, académicos, profesionales y creativos de las artes y las ciencias. Por cada intelectual iraquí asesinado, miles de educados iraquíes escapaban del país o abandonaban su trabajo en búsqueda de una actividad más segura, menos vulnerable.

Bagdad era considerada el “París” del mundo árabe en términos culturales y artísticos, científicos y educativos. En la década de los setenta y los ochenta, sus universidades eran la envidia del mundo árabe. La campaña de “conmoción y pavor” de EEUU que arrasó Bagdad, evocó emociones similares a las del bombardeo aéreo del Louvre, la Sorbona y las bibliotecas más importantes de Europa. La Universidad de Bagdad era una de las universidades más prestigiosas y productivas del mundo árabe. Incluso bajo el letal colapso producido por las sanciones económicas impuestas por EEUU y Naciones Unidas, que aniquilaron a Iraq durante los trece años anteriores a la invasión de 2003, miles de estudiantes licenciados y de jóvenes profesionales llegaban a Iraq buscando formación especializada. Jóvenes médicos de todo el mundo árabe recibían formación médica avanzada en sus instituciones. Muchos de sus académicos presentaban documentación científica en las conferencias internacionales más importantes y publicaban en revistas de prestigio. Y lo que es más importante, la Universidad de Bagdad formaba y mantenía una cultura laica científica altamente respetada y libre de discriminación sectaria, con académicos de todos los orígenes religiosos y étnicos.

Ese mundo fue para siempre destrozado: Bajo la ocupación estadounidense, hasta noviembre de 2008, han sido asesinados 83 académicos e investigadores que enseñaban en la Universidad de Bagdad, haciendo que varios miles de colegas suyos, sus familias y estudiantes se vieran obligados a huir.

La selección de académicos asesinados por disciplinas
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El artículo publicado en noviembre por el Pakistan Daily News ofrecía un listado de un total de 154 importantes académicos de Bagdad, famosos en su especialidad, que habían sido asesinados. Además, un total de 281 bien conocidos intelectuales que enseñaban en las mejores universidades de Iraq cayeron víctimas de los “escuadrones de la muerte” bajo la ocupación estadounidense.

Antes de la ocupación estadounidense, la Universidad de Bagdad poseía la facultad de medicina de enseñanza e investigación más importante de todo el Oriente Medio, que atraía a cientos de jóvenes doctores en búsqueda de formación avanzada. Ese programa ha sido devastado durante el surgimiento del régimen de los escuadrones de la muerte estadounidenses, con pocas perspectivas de recuperación. De los asesinados, el 25% (21) eran los catedráticos y profesores más importantes de la facultad de medicina de la Universidad de Bagdad, la que tiene el más alto porcentaje de asesinados entre las facultades. El segundo más alto porcentaje de las facultades masacradas fueron los profesores e investigadores de la renombrada facultad de ingeniería de la Universidad de Bagdad (12), seguidos de primerísimos académicos en humanidades (10), ciencias sociales y físicas (8 catedráticos en cada una), educación (5). Los restantes altos académicos asesinados en la Universidad de Bagdad pertenecían a las facultades de ingeniería agrícola, economicas, educación física, comunicaciones y estudios religiosos.

En las otras tres universidades de Bagdad fueron asesinados 53 importantes académicos, entre ellos, 10 que pertenecían al campo de las ciencias sociales, 7 a la facultad de derecho, 6 a medicina, 6 a humanidades, 9 a ciencias físicas y 5 a las ingenierías. El 20 de agosto de 2002, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld bromeaba antes de la invasión: “… Uno tiene que asumir que ellos (los científicos) no han estado jugando a las canicas” (justificando la sangrienta purga de científicos en ciencias físicas y químicas). Una ominosa señal de la sangría de académicos que iba a seguir a la invasión.

En todas las universidades situadas en el resto de las provincias se perpetraron purgas sangrientas similares de académicos: 127 catedráticos y científicos fueron asesinados en las diversas y bien consideradas universidades de Mosul, Kirkuk, Basora y otros lugares. Las universidades ubicadas en otras provincias con la cifra más alta de profesores y catedráticos asesinados estaban en las ciudades en que los ejércitos británico y estadounidense y sus aliados y mercenarios kurdos fueron más activos: Basora (35), Mosul (35), Diyala (15) y Al-Anbar (11).

El ejército iraquí y sus aliados de los escuadrones de la muerte perpetraron la mayoría de los asesinatos de académicos en las ciudades que estaban bajo control estadounidense o “aliado”. El asesinato sistemático de académicos se llevó a cabo por toda la nación, en todas las disciplinas a fin de destruir los cimientos educativos y culturales de una civilización árabe moderna. Los escuadrones de la muerte que cometieron la mayoría de los asesinatos eran grupos étnico-religiosos primitivos, premodernos “actuando por sí mismos” o instrumentalizados por los estrategas del ejército estadounidense para eliminar a cualquier intelectual consciente políticamente o a cualquier científico nacionalista que pudiera empeñarse en una agenda de reconstrucción de una sociedad laica moderna y una república unificada e independiente.

En su pánico para impedir la invasión estadounidense, el Directorado Nacional de Control Iraquí presentó el 7 de diciembre de 2002 ante las Naciones Unidas, una lista que identificaba a 500 científicos importantes iraquíes. No hay prácticamente duda alguna de que esa lista se convirtió para el ejército estadounidense en un elemento central a la hora de confeccionar la lista de personas a eliminar entre la elite científica iraquí. En su infame discurso anterior a la invasión ante las Naciones Unidas, el Secretario de Estado Colin Powell citó una lista de 3.500 científicos y técnicos iraquíes a quienes habría que “contener” para impedir que su sabiduría fuera utilizada por otros países. EEUU había incluso creado un “presupuesto” de cientos de millones de dólares, sacado del dinero iraquí del programa “Petróleo por Alimentos” de Naciones Unidas a fin de establecer programas de “reeducación civil” para volver a entrenar a los ingenieros y científicos iraquíes. Estos tan aireados programas nunca se llevaron a cabo. Formas más baratas de contener lo que un experto en política estadounidense denominó como el “exceso de científicos, ingenieros y técnicos” de Iraq aparecen claramente en un documento del Carnegie Endowment (actualización de la política RANSAC, abril de 2004). EEUU había decidido adoptar y ampliar, a escala industrial, la operación secreta del Mossad israelí para asesinar a los científicos iraquíes más importantes.

Las campañas estadounidenses de “Incremento” y “Asesinatos Máximos” (2006-2007):

El momento terrorista más algido contra los académicos coincide con la renovación de la ofensiva del ejército estadounidense en Bagdad y en las provincias. De la cifra total de académicos asesinados en Bagdad hay recogidas unas fechas (110 intelectuales famosos asesinados), casi el 80% (87) se produjeron en 2006 y 2007. Una pauta similar se siguió en las provincias, perpetrándose en esa época el 77% de un total de 84 académicos asesinados fuera de la capital durante el mismo período. La pauta está clara: la proporción de asesinatos de académicos crece cuando las fuerzas ocupantes estadounidenses organizan un ejército iraquí de mercenarios y fuerza policial, y proporcionan dinero para el entrenamiento y reclutamiento de miembros de tribus y milicias rivales chiíes y sunníes como medio de reducir las bajas estadounidenses y de purgar a los potenciales críticos disidentes de la ocupación.

La campaña de terror contra los académicos se intensificó a mediados de 2005 y alcanzó su pico en 2006-2007, provocando la fuga masiva de decenas de miles de profesionales, científicos, académicos iraquíes y de sus familias al extranjero. Facultades universitarias enteras se han convertido en refugiados de Siria y otros países. Aquellos que no pudieron permitirse abandonar a sus ancianos padres o parientes y permanecieron en Iraq, tuvieron que adoptar medidas extraordinarias para ocultar su identidad. Algunos eligieron colaborar con las fuerzas ocupantes o con el régimen-títere esperando que les protegieran o permitieran inmigrar con sus familias a EEUU o Europa, aunque los europeos, especialmente los británicos, no se sienten muy inclinados a aceptar a académicos iraquíes. Después de 2008, se produjo un agudo descenso en el asesinato de académicos, con sólo 4 asesinados ese año. Esto refleja la huida masiva de intelectuales iraquíes hacia el extranjero o que tuvieron que esconderse antes que confiar en ningún cambio de política por parte de EEUU y sus títeres mercenarios. Como consecuencia, las instalaciones dedicadas a la investigación en Iraq se han visto diezmadas. Las vidas de los integrantes de los equipos de apoyo que aún permanecen, incluidos técnicos, bibliotecarios y estudiantes se han visto devastadas, con muy escasas perspectivas de poder conseguir un empleo en el futuro.

La guerra y ocupación de Iraq por EEUU, como los Presidentes Bush y Obama han declarado, es un “éxito”: una nación independiente de 23 millones de ciudadanos ha sido ocupada por la fuerza, colocándose en ella un régimen-títere, con tropas mercenarias coloniales que prestan obediencia a los oficiales estadounidenses y campos petrolíferos puestos en venta. Todas las leyes nacionalistas de Iraq que protegían su patrimonio, sus tesoros culturales y sus recursos naturales han sido anuladas. Los ocupantes han impuesto una “constitución” que favorece al Imperio estadounidense. Israel y sus lacayos sionistas en las administraciones tanto de Bush como de Obama celebran la desaparición de un adversario moderno… y la conversión de Iraq en un desierto político-cultural. En línea con un supuesto contrato efectuado entre el Departamento de Estado de EEUU y los oficiales del Pentágono con coleccionistas influyentes del Consejo Americano para la Política Cultural en 2003, los saqueados tesoros de la antigua Mesopotamia han “encontrado” un camino en las colecciones de las elites de Londres, Nueva York y muchos más lugares. Los coleccionistas pueden ahora también anticiparse al pillaje en Irán.

Advirtiendo a Irán

La invasión, ocupación y destrucción por EEUU de una civilización científico-cultural moderna, como la que existía en Iraq, es un preludio de lo que el pueblo de Irán puede esperar si llega a producirse un ataque militar por parte de EEUU/Israel. La amenaza imperial a los cimientos científico-culturales de la nación iraní ha estado totalmente ausente de la narrativa de los manifestantes y estudiantes iraníes y sus ONG financiadas por EEUU durante sus protestas post-electorales de la “Revolución Pintalabios”. No deberían olvidar que en 2004, los educados y sofisticados iraquíes de Bagdad se consolaban con un fatalmente equivocado optimismo de “al menos, no estamos como en Afganistán”. Esa misma elite se encuentra ahora en miserables campos de refugiados en Siria y en Jordania y su país se parece más a Afganistán que ningún otro lugar del Oriente Medio. Se ha cumplido la escalofriante promesa de Bush de abril de 2003 de transformar Iraq en la imagen de “nuestro recién liberado Afganistán”. Y los informes de que los asesores de la administración estadounidense habrían revisado la política del Mossad israelí de asesinatos selectivos de científicos iraníes, debería hacer que los intelectuales liberales pro-Occidente de Teherán ponderen seriamente la lección de la campaña asesina que sobre todo en 2006-2007 eliminó prácticamente a todos los científicos y académicos iraquíes.

Conclusión


¿Qué es lo que ganan EEUU (y Gran Bretaña e Israel) al establecer un régimen clientelista retrogrado en Iraq basado en estructuras socio-políticas étnico-religiosas medievales? Primero y principal, Iraq se ha convertido en un puesto de avanzada para el imperio. En segundo lugar, es un régimen débil y atrasado incapaz de desafiar el dominio militar y económico israelí en la región e incapaz de cuestionar la continuada limpieza étnica de los nativos palestinos árabes de Jerusalén, Cisjordania y Gaza. En tercer lugar, la destrucción de los cimientos legales, culturales, científicos y académicos de un estado independiente supone incrementar su dependencia de las corporaciones multinacionales occidentales (y chinas) y su infraestructura técnica, facilitando así la penetración y explotación económica imperial.

A mediados del siglo XIX, tras la revolución de 1848, el conservador sociólogo francés Emil Durkheim reconoció que la burguesía europea se veía enfrentada por un creciente conflicto de clases y una clase trabajadora cada vez más anticapitalista. Durkheim señalaba que, cualquiera que fueran sus recelos filosóficos sobre religión y clericalismo, la burguesía tendría que usar los mitos de la religión tradicional para “crear” cohesión social y rebajar la polarización de clases. Hizo un llamamiento a la educada y sofisticada clase capitalista parisina para que superara su rechazo del obscurantista dogma religioso a favor de instrumentalizar la religión como herramienta para poder mantener su dominio político. De la misma forma, los estrategas estadounidenses, incluidos los sionistas en el Pentágono, han instrumentalizado a las fuerzas étnico-religiosas, tribales y mullahs para destruir el liderazgo político nacional laico y la avanzada cultura de Iraq para consolidar su dominio imperial, aunque esa estrategia exigiera la matanza de las clases científicas y profesionales. El dominio imperial contemporáneo estadounidense se basa en apoyar a los sectores más atrasados social y políticamente de una sociedad y aplicar la tecnología bélica más avanzada.

Los asesores israelíes han jugado un papel importante a la hora de instruir a las fuerzas ocupantes en Iraq en las prácticas de la contrainsurgencia urbana y represión de civiles, basándose en sus sesenta años de experiencia. La infame masacre en 1948 de cientos de familias palestinas en Deir Yasin fue emblemática de la eliminación sionista de cientos de pueblos agrícolas productivos, que habían sido poblados durante siglos por un pueblo nativo con su civilización endógena y vínculos culturales con el suelo, a fin de imponer un nuevo orden colonial. La política de aniquilación total de los palestinos es un elemento base en el asesoramiento de Israel a los políticos en Iraq. Su mensaje ha sido traslado por sus acólitos sionistas presentes en las administraciones Bush y Obama, ordenando el desmembramiento de toda la burocracia estatal y civil moderna iraquí y utilizando los premodernos escuadrones de la muerte tribales compuestos de extremistas chiíes y kurdos para purgar las modernas universidades e instituciones de investigación de esa masacrada nación.

La conquista imperial estadounidense de Iraq se construye a partir de la destrucción de una república laica moderna. El desierto cultural que queda (un “páramo” empapado de la sangre de los preciados sabios iraquíes) es controlado por mega-estafadores, chorizos y mercenarios que se hacen pasar por “autoridades iraquíes”, analfabetos culturales étnicos y tribales y personajes religiosos medievales que actúan bajo la guía y dirección de los graduados de West Point que llevan los “planos del imperio” formulados por los licenciados de Princeton, Harvard, Johns Hopkins, Yale y Chicago, ansiosos de servir a los intereses de las corporaciones multinacionales europeas y estadounidenses.

Eso se denomina “desarrollo desigual y combinado”: El matrimonio de los mullahs fundamentalistas con los sionistas de la Ivy League [*] al servicio de los Estados Unidos.

N. de la T: Ivy League: el grupo de ocho universidades más prestigiosas de EEUU.
 

(*) James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York). Intelectual emblemático de la izquierda estadounidense, es autor de numerosas obras y especialista en política sionista estadounidense, analista de la prensa judía israelí y estadounidense. Es autor de Zionism, Militarism and the Decline of US Power, Clarity Press 20 08.

Enlace con texto original en inglés: index.php?context=va&aid=14870

domingo, 12 de julio de 2009

Israel, cinco años de muro al margen de la ley

Comenzada a construir en territorio de Cisjordania en 2002, el Tribunal Internacional de Justicia dictaminó en 2004 que el Gobierno hebreo debía derribar una barrera que ya tiene 413 kilómetros de longitud

Por JUAN MIGUEL MUÑOZ

Comenzó a construirse en 2002 y dos años más tarde, hace hoy un lustro exactamente, el Tribunal Internacional de Justicia dictaminó la manifiesta ilegalidad del muro de hormigón y alambradas que Israel alza en su gran mayoría en el territorio ocupado de Cisjordania: el 85% de su trazado discurre por suelo palestino, apropiándose del 9,5% del territorio. Se erige a ritmo cansino, producto de la escasez de fondos y de los recursos interpuestos ante el Tribunal Supremo, cuyas sentencias, no obstante, se ignoran con frecuencia. No ha habido apenas presión política ni diplomática para frenar una obra que provoca un impacto demoledor en la vida cotidiana de decenas de miles de palestinos, y que conmociona a cualquiera que lo ve y lo toca. El muro ha arruinado miles de negocios e impide el acceso normal a hospitales, escuelas, universidades, fábricas y cultivos.

Alegaron las autoridades israelíes que la seguridad e impedir ataques terroristas fue el único motivo para construir esta barrera que recorrerá 709 kilómetros -413 kilómetros ya están en pie- cuando haya sido concluido. Hoy pocos expertos creen que ese fuera ni el único ni el principal argumento. Los tres grandes bloques de colonias -Ariel y Maale Adumim son auténticas ciudades. Gush Etzión es un conglomerado de asentamientos en el que residen más de 50.000 personas? serán anexionadas a territorio israelí según el trazado del muro rediseñado cuatro veces por los Gobiernos hebreos, lo que evidencia que la enorme barrera y las alambradas pretenden también dibujar la frontera que Israel desea imponer a base de hechos consumados.

Al muro de nueve metros de altura alrededor de ciudades como Belén, Tulkarem o Kalkilia y a la barrera metálica se suman los 600 obstáculos a la libre circulación que salpican Cisjordania, una región ligeramente más extensa que La Rioja. Las dificultades para acudir a hospitales, colegios y universidades separados de los pueblos o ciudades donde viven sus pacientes o estudiantes son un tormento. A los campos de cultivo enclavados entre el muro y la frontera con Israel sólo se puede acudir si se cuenta con un permiso concedido por las autoridades israelíes y que hay que renovar semestralmente. Es una empresa penosa y humillante para 35.000 personas que viven en los 34 pueblos situados en esa franja y para el cuarto de millón de vecinos de Jerusalén Este.

En el norte de este territorio, el 80% de los campesinos no cuentan con ese permiso. Sharif Omar, agricultor de Yayus, pueblo próximo a Kalkilia, relataba a la ONG Oxfam: "Hace dos años tuve que esperar siete meses antes de poder acceder a mi tierra". Y continuaba con una paradoja. "Mi hijo mayor, Azam, es un hombre de negocios que puede viajar a Tel Aviv, Netania o Haifa, pero al que no se permite venir conmigo a nuestra tierra en Yayus". Como afirma Muafak Amer, otro ciudadano afectado por el serpenteante muro en las cercanías de Jerusalén: "Se trata de hacer nuestra vida lo más difícil posible para que nos vayamos".

El Ejecutivo israelí anunció en su momento que construiría 70 puertas en el muro para que los agricultores pudieran llegar a trabajar sus tierras. A día de hoy, según informa Oxfam, 28 están cerradas y 20 abren temporalmente. Sólo 22 permanecen abiertas diariamente. Más asfixiante se augura el panorama para ocho comunidades ubicadas en dos enclaves: Bir Nabala, al norte de Jerusalén; y Az Zawiya, al sur de Kalkilia. Sus 26.000 residentes serán rodeados por el muro por los cuatro costados. Sólo podrán salir mediante túneles o una conexión por carretera con el resto de Cisjordania, aseguran funcionarios de Naciones Unidas que acaban de presentar un informe sobre los efectos de la barrera en la población palestina. Nada queda exento de sufrir las consecuencias.

El muro y los vallados determinan el acceso a gran parte de los recursos hídricos de Cisjordania, casi siempre a favor de las colonias judías. La vergonzosa pared atraviesa 171 pueblos o ciudades de Cisjordania; ha desplazado a 28.000 personas; ha supuesto la confiscación de 5.000 hectáreas, y el aislamiento de otras 27.000. La casuística de las maneras en que se ve afectada la vida de decenas de miles de palestinos es infinita, y seguramente se ampliará. Porque lo que parece harto improbable es que se cumpla el fallo del Tribunal Internacional de Justicia dictado en julio de 2004: "La construcción del muro viola las obligaciones de Israel a tenor de la ley internacional... Israel tiene la obligación de detener su construcción y derribar las partes ya levantadas en los territorios ocupados...".

Fuente: www.elpais.com