Mostrando entradas con la etiqueta Premios Nóbel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Premios Nóbel. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de enero de 2010

Pacificación presidencial en América Latina



por Noam Chomsky

Barack Obama es el cuarto presidente estadunidense en ganar el Premio Nobel de la Paz y se une a otros dentro de una larga tradición de pacificación que desde siempre ha servido a los intereses estadunidenses.

Los cuatro presidentes dejaron su huella en nuestra pequeña región de allá, que nunca ha molestado a nadie como caracterizó al hemisferio el secretario de Guerra, Henry L. Stimson, en 1945.

Dada la postura del gobierno de Obama hacia las elecciones en Honduras de noviembre último, vale la pena examinar el historial.

Theodore Roosevelt

En su segundo mandato como presidente, Theodore Roosevelt dijo que la expansión de pueblos de sangre blanca o europea durante los pasados cuatro siglos se ha visto amenazada por beneficios duraderos para los pueblos que ya existían en las tierras en que ocurrió dicha expansión (pese a lo que puedan pensar los africanos nativos americanos, filipinos y otros beneficiados puedan creer).

Por lo tanto, era inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadunidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos al conquistar la mitad de México”, además de que estaba fuera de toda discusión esperar que los (texanos) se sometieran a la supremacía de una raza inferior.

Utilizar la diplomacia de los barcos artillados para robarle Panamá a Colombia y construir un canal también fue un regalo para la humanidad.

Woodrow Wilson

Woodrow Wilson es el más honrado de los presidentes galardonados con el Nobel y posiblemente, el peor para América Latina. Su invasión a Haití en 1915 mató a miles, prácticamente reinstauró la esclavitud y dejó a gran parte del país en ruinas.

Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación progresista que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría benéfico para Haití, aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos.

Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del idealismo wilsoniano, que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense.

Jimmy Carter

Para el presidente Jimmy Carter, los derechos humanos eran el alma de nuestra política exterior. Robert Pastor, asesor de seguridad nacional para temas de América Latina, explicó que había importantes distinciones entre derechos y política: lamentablemente la administración tuvo que respaldar el régimen del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, y cuando esto resultó imposible, se mantuvo en el país a una Guardia Nacional entrenada en Estados Unidos, aun después de que se habían perpetrado matanzas contra la población de una brutalidad que las naciones reservan para sus enemigos, según señaló el mismo funcionario, y en que murieron unas 40 mil personas.

Para Pastor, la razón es elemental: Estados Unidos no quería controlar Nicaragua ni ningún otro país de la región, pero tampoco que los acontecimientos se salieran de control. Quería que los nicaragüenses actuaran de forma independiente, excepto cuando esto podía afectar los intereses de Estados Unidos.

Barack Obama

El presidente Barack Obama distanció a Estados Unidos de casi toda América Latina y Europa al aceptar el golpe militar que derrocó a la democracia hondureña en junio pasado.

La asonada reflejó abismales y crecientes divisiones políticas y socioeconómicas, según el New York Times. Para la reducida clase social alta, el presidente hondureño Manuel Zelaya se había convertido en una amenaza para lo que esa clase llama democracia, pero que en realidad es el gobierno de las fuerzas empresariales y políticas más fuertes del país.

Zelaya adoptó medidas tan peligrosas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza. Tenía que irse.

Prácticamente solo, Estados Unidos reconoció las elecciones de noviembre (en las que resultó victorioso Pepe Lobo); las que se celebraron bajo un gobierno militar y que fueron una gran celebración de la democracia, según el embajador de Obama en Honduras, Hugo Llorens.

El apoyo a los comicios también garantiza para Estados Unidos el uso de la base aérea de Palmerola, en territorio hondureño, cuyo valor para el ejército estadunidense se incrementa medida de que está siendo expulsado de la mayor parte de América Latina.

Después de las elecciones, Lewis Anselem, representante de Obama ante la Organización de Estados Americanos, aconsejó a los atrasados latinoamericanos que aceptaran el golpe militar y secundaran a Estados Unidos en el mundo real, no el el mundo del realismo mágico.

Obama abrió brecha al apoyar un golpe militar. El gobierno estadunidense financia al Instituto Internacional Republicano (IRI, por sus siglas en inglés) y al Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés) que, se supone, promueven la democracia.

El IRI regularmente apoya golpes militares para derrocar a gobiernos electos como ocurrió en Venezuela, en 2002, y en Haití, en 2004. El NDI se ha contenido. En Honduras, por primera vez, éste instituto acordó observar las elecciones celebradas bajo un gobierno militar de facto, a diferencia de la OEA y la ONU, que seguían paseándose por el mundo del realismo mágico.

Debido a la estrecha relación entre el Pentágono y el ejército de Honduras, así como la enorme influencia económica estadunidense en el país centroamericano, hubiera sido muy sencillo para Obama unirse a los esfuerzos de latinoamericanos y europeos para defender la democracia en Honduras.

Pero Barack Obama optó por la política tradicional.

En su historia de las relaciones hemisféricas, el académico británico Gordon Connell-Smith escribe: "Mientras se habla de dientes para afuera en favor de una democracia representativa para América Latina, Estados Unidos tiene importantes intereses que van justo en la dirección contraria, y que requieren de la democracia como un mero procedimiento, especialmente cuando se celebran elecciones que, con mucha frecuencia, han resultado una farsa".

Una democracia funcional puede responder a las preocupaciones del pueblo, mientras Estados Unidos está más preocupado en coadyuvar las condiciones más favorables para sus inversiones privadas en el extranjero.

Se requiere una gran dosis de lo que a veces se conoce como ignorancia intencional para no ver estos hechos.

Una ceguera así debe ser celosamente guardada si es que se desea que la violencia de Estado siga su curso y cumpla su función. Siempre en favor de la humanidad, como nos recordó Obama otra vez en su discurso al recibir el Premio Nobel.

Traducción para La Jornada: Gabriela Fonseca
La Jornada, 3 enero 2009

lunes, 13 de octubre de 2008

Krugman gana el Nobel de Economía

La academia sueca premia al estadounidense por su análisis de los patrones de comercio y la localización de la actividad económica

Agencias- Estocolmo - 13/10/2008

El estadounidense Paul Krugman ha ganado hoy el Premio Nobel de Economía por su análisis de los patrones de comercio y la localización de la actividad económica, según ha informado la Real Academia Sueca de las Ciencias. Krugman, de 55 años, es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton (EE UU) y ha destacado por ser crítico con las políticas económicas neoliberales del presidente George W. Bush.

La Academia le ha reconocido sus trabajos sobre comercio internacional que le han llevado a diseñar una "nueva geografía económica" y una "nueva teoría del comercio". Krugman fue premiado en 2004 con el Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Además, en 1991, la Asociación Económica Americana le galardonó con la medalla John Bates Clark.

Crítico con el sistema

Autor de más de 200 artículos y una veintena de libros, Krugman es también columnista habitual de The New York Times . Su obra Economía Internacional: La teoría y política es un libro de referencia en esta disciplina. En El Gran Engaño (2003), una recopilación de sus artículos periodísticos, denuncia la sumisión del sistema político, judicial y económico estadounidense a la extrema derecha.

"Voy a darme una ducha para después ofrecer una rueda de prensa; he llamado a mis padres y a mi esposa, pero aún no he tenido tiempo de tomar una taza de café", ha afirmado por teléfono el economista neoyorquino tras conocer la noticia.

El anuncio del Nobel de Economía cierra el ciclo de estos premios, que se abrió el lunes de la semana pasada con el de Medicina. El galardón está dotado con diez millones de coronas suecas (un millón de euros) y se entregará el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel.

sábado, 2 de agosto de 2008

La otra cara de los Premios Nobel

La fabricación, la venta de armas y la especulación bursátil siguen financiando los galardones.

por RICARDO MORENO

Cuando Alfred Nobel creó los premios que llevan su nombre ya había conquistado la inmortalidad con el invento de la dinamita, que revolucionó la explotación de minas y la construcción de túneles, pero que también acrecentó el carácter mortífero de las armas. Quizás por ello nunca logró este premio el escritor August Strindberg, que se refirió al dinero de su compatriota como "el dinero de la dinamita". Hoy las cosas no son muy diferentes. Las inversiones que se realizan con su legado para financiar los galardones incluyen la especulación pura y dura en Bolsa y negocios de armas.

Las inversiones realizadas han permitido a la Fundación, entre enero y agosto del 2003, aumentar su capital de 2.800 a 3.000 millones de coronas.

La Fundación Nobel responde a sus críticos afirmando que no hay contradicción en invertir en fábricas de armas y la defensa de la paz.

Nobel hizo constar en el testamento su voluntad expresa de que los premios que creó debían destinarse siempre a quienes, "con independencia de su nacionalidad", hubieran aportado los mayores beneficios a la humanidad. Una premisa que testimonia su visión universalista, que también dejó patente en sus negocios, como lo prueba el hecho de que, al morir, su fortuna estaba distribuida en ocho países de Europa.

La británica Imperial Chemical Industries, la francesa Société Centrale de Dynamite, Dynamit Nobel AG, en Alemania, y Nobel Industrier AB, en Suecia, todas ellas líderes en el campo de la industria química, son algunas de las empresas fundadas por el inventor sueco, que testimonian también en este campo su vocación globalizadora. Por último, como rasgo complementario de ese aspecto de su personalidad, Nobel dominaba, además de su idioma materno, el ruso, el francés, el inglés y el alemán.

Deducidos los gastos de herencia y administrativos, el capital dejado por Nobel a su muerte ascendía 31 millones de coronas (1 .500 millones de coronas en valores actuales, o unos 30.000 millones de las antiguas pesetas), cantidad que para la época constituía una suma respetable. Dicho capital, "invertido en valores seguros por mis albaceas", decía el testamento, "constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios a las personas que, durante el año anterior, hayan aportado los mayores beneficios a la humanidad". Y a continuación detallaba las actividades que serían premiadas, que, como es sabido, comprenden disciplinas científicas, medicina, química, física, humanistas, literatura y un premio de la Paz, al tiempo que determinaba las instituciones que tendrían la responsabilidad de discernirlos. El premio de Economía, creado en 1968 por el Banco Nacional de Suecia, en homenaje a la memoria de Nobel, no estuvo incluido en el testamento.

La primera adjudicación tuvo lugar en 1901 y, salvo algunos escasos periodos, en los que se han dado grandes conflictos y guerras mundiales, los premios han sido otorgados con puntualidad sueca cada año. Polémicos, admirados y denigrados, los premios siguen siendo un acontecimiento universal. La ceremonia de su entrega, el 10 de diciembre, el miércoles pasado, que recuerda el día de su muerte en San Remo, Italia, en 1896, es seguida a través de la televisión por millones de personas.

Para administrar la compleja y gigantesca estructura encargada de hacer realidad los deseos del donante fue creada, en 1900, la Fundación Nobel como una organización independiente, no gubernamental, que además de propietaria del capital, es responsable de su administración y del órgano central que coordina las distintas Instituciones Nobel.

Cuando los premios se adjudicaron por primera vez su dotación fue de 150.782 coronas, una suma extraordinaria entonces que, según cálculos de algunos estudiosos, equivalía a 20 años del sueldo de un profesor de la época. De acuerdo a las reglas del juego de las inversiones capitalistas a comienzos de siglo, la expresión "valores seguros" equivalía a adquisiciones, préstamos e hipotecas sobre bienes inmuebles. La renta obtenida de tales inversiones no garantizaba la posibilidad de un ajuste anual de los premios de acuerdo al índice inflacionario, sino al contrario, en los años siguientes la dotación se redujo. Hubo, pues, que "renovarse" para vivir y crecer al compás de los cambios operados en el mundo de las finanzas tras la Primera Guerra Mundial.

El Gobierno sueco autorizó a la Fundación Nobel, en 1950, la adquisición de acciones en Bolsa, al tiempo que la exoneraba del pago de impuestos. En ello, y en los resultados de algunas empresas industriales de la fundación, reside el secreto de que los premios hayan seguido año a año el ritmo de la inflación y alcancen en el presente las 10 millones de coronas (unos 185 millones de pesetas).

Hay que tener en cuenta que además del pago a los galardonados hay grandes partidas en concepto de remuneraciones para los integrantes de los distintos comités Nobel encargados de discernir los premios, a los expertos que deben utilizar en cada especialidad, y para la celebración de la tradicional fiesta del Nobel -banquete y baile-, a la que asisten 1.500 invitados y con la que culmina cada año la edición de los premios.

No hubiera sido posible atender esas obligaciones financieras con los criterios aplicados en la época de Alfred Nobel. "Para mantener el monto de los premios", confesó hace un tiempo un director de la fundación, "tenemos que proveernos de instrumentos modernos de gestión financiera, que nuestros viejos estatutos nos impiden utilizar". Necesidad que fue satisfecha por el Gobierno sueco.

Esta inmersión de la Fundación Nobel en el mundo incierto y no siempre transparente de la especulación no ha estado libre de riesgo y críticas. A comienzos de 2003, coincidiendo con la invasión a Irak, la fundación decidió disminuir su paquete de acciones y optar por valores más seguros. Vendió acciones, en particular de Ericsson, por valor de 400 millones de coronas. Poco después, las acciones de Ericsson subieron casi un 80%. Pese a este mal paso, la evolución de los valores le ha permitido resarcirse y aumentar el valor de su capital desde los 2.800 millones a 3.000 millones de coronas en agosto pasado.

Las críticas aluden a la "ética" de la obtención de ganancias por la venta de armas, caso de la fábrica Bofors y, peor aún, de violaciones a la prohibición de venderlas a países con regímenes que violan los derechos humanos o que estén comprometidos en algún conflicto bélico. Y, al mismo tiempo, otorgar un Premio Nobel de la Paz. A lo que la Fundación responde que no hay contradicción en invertir en industrias armamentistas y la defensa de la paz.