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lunes, 29 de noviembre de 2010

Elecciones catalanas: CiU, PP e Irlanda


por Vicenç Navarro 


Los partidos de sensibilidad conservadora y liberal en España, Convergència i Unió (CiU) y el Partido Popular (PP), han tomado durante muchos años a Irlanda como su modelo de desarrollo económico y fiscal. Ambos partidos consideraron ejemplares las políticas liberales llevadas a cabo por la coalición conservadora-liberal que ha estado gobernando aquel país, responsables de un elevado crecimiento económico (que fue la causa de que el semanario liberal The Economist hablara repetidamente del “milagro económico irlandés”). El periodista Jordi García Soler ha señalado (“CiU y su modelo económico irlandés”) el grado de entusiasmo que los máximos dirigentes de CiU han mostrado por el modelo irlandés. Artur Mas, presidente del CDC y candidato de CiU a la Presidencia de la Generalitat de Catalunya, ha subrayado que Irlanda era un país pequeño “que andaba por la vía de la calidad y de la excelencia, en contraste con Catalunya, mal gobernada por el tripartito”. Duran i Lleida, presidente de Unión Democrática, ha repetido también que Irlanda debiera ser el punto de referencia para el desarrollo de Catalunya. Y David Madí, uno de los dirigentes del CDC más próximos a Artur Mas, escribió en su libro sobre el futuro de Catalunya que “Catalunya debería observar el milagro económico irlandés con mucha atención, porque enseña el cambio de cómo un país puede encontrar en la adaptación a la globalización no sólo su supervivencia, sino incluso un grado de prosperidad y modernidad sorprendentes”. En España, el PP (partido en el que conviven sensibilidades liberales y conservadoras) también ha tomado Irlanda como modelo. Mariano Rajoy ha hablado repetidamente del éxito de Irlanda como consecuencia de la aplicación de políticas liberales (ver la crónica de Mª Jesús Güemes en Público “Cuando Irlanda era un ejemplo para Rajoy”, 21-11-10).
El hecho de que tales partidos (CiU y PP) tomaran el supuesto milagro irlandés como inspiración de sus propuestas económicas y fiscales hace necesario que se conozcan y analicen las políticas llevadas a cabo por el Gobierno irlandés, responsables de aquel supuesto “milagro”, pues la aplicación de tales políticas en España llevaría a los mismos resultados que los que aquellas políticas han tenido en Irlanda. Tales políticas han incluido las siguientes intervenciones.
Una reducción muy marcada de los impuestos. La carga fiscal de Irlanda (medida por el porcentaje que los impuestos representan sobre el PIB) es una de las más bajas de la Unión Europea de los Quince (UE-15). Esta baja carga impositiva es especialmente acentuada en el impuesto de sociedades (12,5%), el más bajo en la UE-15, cuyo promedio es un 24%.
Una consecuencia de la limitada carga fiscal (que representa sólo un 31% del PIB, el más bajo de la UE-15, cuyo promedio es un 42%) es el escaso desarrollo de su sector público, incluido su Estado del bienestar (es decir, las transferencias públicas, como las pensiones y los servicios públicos, como sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia y servicios domiciliarios, entre otros). Su gasto público social es el más bajo de la UE-15 (como porcentaje del PIB es un 18%, un promedio mucho más bajo que el de la UE-15, un 27%). El porcentaje de la población adulta que trabaja en el sector público es también el más bajo de la UE-15 (12%), después de España (9%) y Portugal (7%). El promedio de la UE-15 es un 15%.
Otra característica del modelo irlandés es la gran desregulación de los mercados laborales con una gran moderación de los salarios, lo que ha determinado un descenso de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional. Esto ha creado un gran endeudamiento de las familias irlandesas que ha facilitado la expansión del sector bancario que, como en España, se ha dedicado a actividades especulativas en los sectores inmobiliarios y de la construcción, causa del “boom económico”. Por otra parte, la limitada carga fiscal explica que el Estado haya tenido que endeudarse para proveer los limitados servicios y transferencias del Estado del bienestar, lo cual ha determinado un elevado déficit y una elevada deuda pública. La suma de la deuda privada y pública ha alcanzado casi el 700% del PIB, una cifra astronómica.
Un resultado de todas estas políticas ha sido un gran crecimiento de las desigualdades sociales. Tal situación se ha acentuado todavía más con la crisis iniciada en 2007. Irlanda fue el primer país donde se inició la crisis financiera y económica, antes incluso que en Grecia. El desempleo se triplicó en tres años. La respuesta del Gobierno fue reducir todavía más el gasto público, recortando un 10% las prestaciones sociales y bajando un 20% el sueldo de los empleados públicos, además de bajar el salario mínimo. Tales medidas, al disminuir la demanda, empeoraron todavía más la situación económica creando un bajón de su PIB (el cual descendió un 11%), el mayor descenso en la UE-15. Las consecuencias de este colapso económico han sido enormes. La renta per cápita de Irlanda ha disminuido un 20% durante los tres años de crisis.
El objetivo de estas políticas públicas de austeridad ha sido reducir los salarios, con la finalidad de salir de la crisis a base de aumentar la competitividad de las empresas irlandesas y aumentar las exportaciones. Esta es la receta neoliberal para todos los países (incluido España) que ha alcanzado su máxima expresión en Irlanda. Estas políticas son enormemente contraproducentes, pues, además de dañar el bienestar y calidad de vida de las clases populares irlandesas, están imposibilitando la recuperación económica, pues la recesión existente en Europa dificulta que los países puedan estimular sus economías a base de incrementar las exportaciones. Estas son, pues, las recetas que están proponiendo CiU y el PP para Catalunya y para toda España.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y ex catedrático de Economía Aplicada. de la Universidad de Barcelona

Público, 25 noviembre 2010

¡No os quedéis resignados en casa!

Llamamiento del presidente de los sindicatos irlandeses a la gran manifestación popular en Dublín del 27 de noviembre
Jack O'Connor 
 

 

“La democracia consiste en algo más que en votar en las elecciones cada cinco años. No podemos quedarnos quietos esperando a que claven el último clavo de nuestro ataúd. Todavía podemos influir en el resultado saliendo a la calle y sumándonos a la manifestación por Un camino mejor y más justo convocada en Dublín para el sábado 27 de noviembre."
Reproducimos a continuación el llamamiento del presidente de los sindiactos irlandeses a la gran manifestación popular contra la catastrófica política económica del gobierno irlandés que tuvo lugar lugar en Dublín el pasado 27 de noviembre.
El gobierno ha anunciado el presupuesto más duro desde la fundación del Estado como regalo de despedida al pueblo irlandés.
Tal es el resultado de permitir que los especuladores, los banqueros y los constructores inmobiliarios el desbaratamiento, el pillaje y la ruina de nuestra economía.
Lo encubrieron todo al incluir entidades financieras de todo punto inútiles en el esquema de garantías públicas el 19 de septiembre de 2008, hipotecando así el futuro de todos los habitantes de Irlanda.
Se nos dice que el draconiano presupuesto que se nos propone es esencial para convencer a los inversores en los mercados de bonos para que nos presten el dinero necesario para la marcha del país. Es exactamente lo mismo que nos dijeron el año pasado, cuando nos infligieron un recorte de 4 mil millones de euros. El movimiento se demuestra andando. Y la cosa no anda.
Más empresas cerradas, más gente sin trabajo y una economía sin el menor atisbo de crecimiento. Tampoco anduvo la cosa en los mercados de bonos, ni en las tasas de los préstamo, disparadas.
A los compradores de bonos les trae al pairo si en los próximos cuatro años comemos caviar o nos morimos de hambre.
Lo único que les interesa saber es si nuestra economía crecerá para que podamos devolverles su dinero.
Y eso no puede ocurrir sin un plan creíble de inversiones y sin medidas capaces de promover la demanda nacional, no de yugularla.
Lo que anda en juego es nuestra soberanía nacional, amenazada por las políticas del gobierno.
La UE insiste en la reducción del hiato entre nuestros ingresos y nuestros gastos públicos, hasta reducirlo a un 3% en 2014. Ese es un objetivo prácticamente imposible, porque reduce nuestra capacidad de crecimiento.
Sin embargo, si no hacemos caso, hay un peligro real de que el Banco Central Europeo deje de financiar nuestros bancos nacionales, lo que resultaría en un colapso total.
No dejará de presionar para fijar un calendario de ajustes.
Los ideólogos de un libre mercado sin bridas están insistiendo ya en la UE en reestructurar nuestro mercado de trabajo, es decir, en recortar los derechos laborales de la gente, los derechos a prestaciones sociales públicas, etc.
Se nos dice una y otra vez que no hay alternativa, y que por lo mismo que no lahay, no tiene caso protestar.
Eso es completamente falso. Hay un camino mejor y más justo.
El calendario para el ajuste es demasiado corto. Debería extenderse hasta el 2017.
Andan en juego asuntos de importancia crítica.
La economía está por los suelos porque la gente tiene miedo de gastar. Tienen miedo de perder sus trabajos, sus hogares y sus pensiones. La tasa de ahorro se ha más que doblado desde 2007.
La clave para la recuperación pasa por un plan creíble para la creación de puestos de trabajo que inspire esperanza y confianza. Y eso no puede conseguirse sin una estrategia de inversiones inteligente. [...]
La otra gran cuestión que queda por decidir es sobre quién recaerá el coste del ajuste.
En los dos últimos años, el gobierno ha perpetrado recortes por más de 14 mil millones de euros. La parte del león de esos recortes ha recaído sobre las espaldas del pueblo trabajador y de quienes más dependen de los servicios públicos, mientras que los ricos apenas se han visto afectados. Se habla de ampliar la “base fiscal”. En otros países eso significa normalmente un aumento de los impuestos a la riqueza y al capital, pero aquí solo parece querer decir que las familias de ingresos medios y bajos pagarán más. Tenemos que ser capaces de revertir eso.
No puede esperarse que el pueblo se pauperice, mientas quienes más han contribuido a causar el problema salgan del mismo como si nada. Ha llegado la hora de insistir en que pague la codicia y no la necesidad.
Hay más vías para la política presupuestaria que la de esperar hasta el día en que el gobierno tenga a bien comunicar sus decisiones al país. Ese día será sin duda demasiado tarde.
La democracia consiste en algo más que en votar en las elecciones cada cinco años. No podemos quedarnos quietos esperando a que claven el último clavo de nuestro ataúd. Todavía podemos influir en el resultado saliendo a la calle y sumándonos a la manifestación por Un camino mejor y más justo convocada en Dublín para el sábado 27 de noviembre.
Jack O'Connor es el presidente de la unión de todos los sindicatos obreros irlandeses, la ICTUTHE.
Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón