Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de diciembre de 2012

PERIODISMO CANALLA. Los medios contra la información.


Investigar
Descifrar
Revelar
Filtrar
Desactivar

PERIODISMO CANALLA
Los medios contra la información
de Pascual Serrano


La información es poder. Los grandes medios son herramientas de dominación

Pascual Serrano, atento observador de la desinformación, nos presenta esta nueva crónica de las grandes mentiras con las que se gobierna el mundo.


Los medios de comunicación están teniendo una responsabilidad fundamental en que las nuevas generaciones no logren comprender nada de lo que está sucediendo en el mundo. Esta obra hace un recorrido ameno por los senderos de esa tragedia. Muestra las paradojas y disparates de algunos de los contenidos, deja en evidencia algunas técnicas con las que operan para desinformarnos, descubre lo absurdo de muchos de sus criterios de trabajo y modos de presentar las noticias y desentraña algunas características del funcionamiento de las empresas de comunicación. Por último, también aporta algunas ideas que permiten albergar esperanzas de que este modelo de desinformación pueda cambiar.

Pascual Serrano fundó en 1996, junto con un grupo de periodistas, la publicación electrónica Rebelión www.rebelion.org, que hoy funciona como diario alternativo en Internet. Fue durante dos años asesor editorial de Telesur, un canal de televisión multinacional latinoamericano que pretende ser un modelo de comunicación contrapuesto a los medios dominantes del Primer Mundo.
Colabora habitualmente en Le Monde Diplomatique, además de otras publicaciones españolas y latinoamericanas sobre temas de comunicación y política internacional.
Entre sus libros destacan Desinformación, Traficantes de información y Contra la neutralidad. En Icaria ha publicado El periodismo es noticia, ¿El mejor de los mundos?  y Periodismo canalla.


martes, 15 de noviembre de 2011

Cómo cambiar el mundo con tu dinero

¿Quién gobierna realmente nuestras vidas? 
¿Cómo podemos actuar para propiciar un cambio? 
¿Qué nuevo sistema económico y político necesitamos? 
¿Tenemos una democracia cada vez más devaluada?

En plena campaña, dos nuevos libros de la colección Asaco para reflexionar sobre nuestro futuro.


Cómo cambiar el mundo con tu dinero
Alternativas a la banca convencional. 
Prólogo de Arcadi Oliveres
Xavi TeisAsaco, 7
6 €
¿Nos gusta cómo actúan los bancos? En muchas ocasiones no es así, pero en cambio les de­positamos con toda confianza nuestro dinero y no controlamos de qué manera lo invierten y lo utilizan.
Este libro nos ofrece claridad para enten­der qué es el sistema financiero y cómo se actúa dentro de él. Nos desvela algunas de las perversiones que generan efectos ne­gativos para el conjunto de la sociedad: la especulación financiera, las agencias de calificación, los paraísos fiscales, la evasión fiscal, etc.
El libro nos presenta otra manera de in­ter­­pretar las finanzas: las finanzas éticas. Estas han demostrado que se puede ejercer la actividad bancaria con valores, poniendo a las personas en el centro de la actividad y teniendo como objetivo la transformación social hacia una realidad más justa y más humana.
En este libro descubrirás cómo con tu dinero puedes fomentar un cambio en la lógica del sistema bancario y financiero actual y ser protagonista en la transformación de nuestra sociedad.


Otra sociedad, ¿otra política?
Del “no nos representan a la democracia de lo común”
Joan Subirats
Asaco, 8
6€
¿Podemos hablar de democracia sin hablar de economía, sin hablar de internet, sin re­fe­rirnos a los impactos de la crisis en las condiciones de vida de la gente? En estas páginas se pone de relieve que te­ne­mos nueva sociedad, nueva economía y vieja política. Y ello nos obliga conec­tar los conflictos e inquietudes que el cam­bio de época genera en nuestro día a día con la transformación de las rela­cio­nes de poder político. La aparición del 15M y la movilización global del pasado 15 de octubre muestran que está sur­­gien­do un espacio de colaboración y de ac­ción que busca modificar la situación actual, yendo más allá del dilema mercado-Estado.
Los bienes comunes, las lógicas coo­pe­ra­ti­­­vas, la capacidad de compartir son ex­pre­­siones tradicionales alternativas al mer­ca­do, que han tomado nueva significa­­­­­ción en el nuevo mundo que configura inter­net. En el texto se propone reforzar lo co­mún. Se pro­pone conectar los bienes comu­­nes digi­tales, am­bientales y económicos con la re­novación política y democrática urgente y necesaria. Una democra­cia de lo común.

                                       Para más información: www.icariaeditorial.com    



martes, 8 de noviembre de 2011

La deuda o la vida

LA DEUDA O LA VIDA 
Europa en el ojo del huracán
Damien Millet y Éric Toussaint (dirs.)



La deuda pública es uno de los principales problemas de las economías europeas. Concretamente para países periféricos como España, Irlanda, Portugal o Grecia la deuda esta siendo devastadora. Esta obra, elaborada desde el CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), parte de la experiencia en el análisis de la deuda en los países del Sur para analizar, desde Polonia hasta Portugal pasando por España, Grecia e Islandia, la deuda que afecta ahora en la periferia del Norte.

 Desde hace más de treinta años la deuda asola el Sur, ha impedido toda forma de emancipación de los pueblos, a partir de la trampa del ajuste estructural, y propagado la corrupción y la pobreza. Ahora, la cuestión de la deuda pública ha irrumpido en el Norte, tras la grave crisis que atraviesa el planeta desde los años 2007/2008. El fenómeno es nuevo y esta obra quiere mostrar otra cara de la deuda, la que afecta al Norte. ¿Qué se ha aprendido de las en­señanzas de los treinta años de ajuste estructural en el Sur? ¿Atinarán los pueblos europeos a movilizarse para que las deci­sio­nes tomadas en el Norte no sean otra cara de las funestas medidas im­puestas en el Sur? Ejemplos concretos demuestran que hay una alternativa perfec­tamente posible. El contenido de este libro se ba­sa en experiencias realizadas y en profundas reivindicaciones para esbozar un retrato de lo que podría ser ese otro mundo.

El CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), creado en 1990, ha desarrollado un reconocido trabajo de análisis y propuestas sobre el tema de la deuda de los países del Sur. Los autores, militantes en el CADTM y un investigador del ODG (Observatorio de la Deuda en la Globalización), exponen aquí, de una ma­nera clara y pedagógica, con ayuda de gráficos, la realidad de la deuda y de las fuerzas que obran tanto en el Norte como en el Sur.

Damien Millet es profesor de matemáticas en Orleáns, portavoz del CADTM Francia (Comité para la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo), autor, entre otros, de África sin deuda (Icaria/Inter­món Oxfam) y ATTAC (Icaria).

Éric Toussaint  es doctor en Ciencias Políticas por las universidades de Lieja y París-VIII, presidente del CADTM Bélgica, miembro del Consejo Inter­nacional del Foro Social Mundial y de la Comisión presidencial de audi­toría integral de la deuda de Ecuador, autor de, entre otros, El Banco del Sur y la nueva crisis internacional (El Viejo Topo) y Una mirada al retrovisor (Icaria).

Ambos son coautores de Los tsunamis de la deuda (Icaria/Intermón Oxfam), 50 preguntas / 50 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial (Icaria/Inter­món Oxfam) y 60 preguntas / 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial (Icaria/Inter­món Oxfam).




sábado, 19 de abril de 2008

El camino al que invitan las tradiciones es un camino de sutilidad, por Marià Corbí


Fragmento del libro de Marià Corbí:
"Hacia una espiritualidad laica - Sin creencias, sin religiones, sin dioses"




El camino de la espiritualidad es el camino de la sutilización porque es la vía al refinamiento del conocer y del sentir.

Los humanos somos unos seres que precisamos depredar el entorno para mantenernos vivos. Como depredadores que somos, tenemos que matar y destruir para vivir. El mundo en que vivimos y que sentimos es nuestro campo de caza. Nos vemos forzados, irremisiblemente, a concebir y sentir el mundo que nos rodea y a nosotros mismos como el campo de caza de un cazador. Nuestros procesos culturales han sofisticado mucho el campo de caza y la actuación del cazador, pero, en definitiva, no han transformado, en lo más mínimo, nuestra condición, ni pueden, ni deben hacerlo.

Esta es nuestra condición y nuestro destino: vivir depredando, subsistir matando y destruyendo. En sí no tiene nada de malo o de indigno. Somos, por añadidura, unos depredadores culturales. Utilizamos nuestras creaciones culturales para depredar con más eficacia. Esa es la base donde necesariamente hacemos pie. Negarla o revelarse contra ella sería negar nuestra condición y caer en el vacío de la irrealidad.

Sin embargo, según el testimonio de todas las tradiciones religiosas y de todos los maestros, nuestra condición de depredadores en el conocer, el percibir y el sentir no es nuestra única posibilidad. Tenemos otra, verdaderamente increíble para un depredador: la capacidad de percibir, conocer y sentir todo lo que nos rodea, y a nosotros mismos, de una forma que ya no es la propia de un grupo de cazadores en un campo de caza; contamos con la posibilidad de conocer y sentir desde la más completa gratuidad, sin buscar nada.

Aunque nos resulte increíble, los maestros lo testifican universal-mente: podemos conmovernos hasta la última fibra de nuestro ser y, conmovidos, conocer lo que nos rodea y a nosotros mismos, sin que esa conmoción y ese conocimiento nos comporten ningún beneficio ni pretendamos conseguir nada. Podemos conocer y sentir como puros testigos desinteresados.

Además de nuestra condición básica, fundamental e irrenuncia-ble, de depredadores en un campo de caza, podemos ser, también, luz vibrante frente a toda esta maravilla que nos rodea; podemos ser calor que se transforma en luz frente al esplendor que nos rodea.

Cuando un ser vivo necesitado, estructurado para vivir de matar y depredar, aprende a conocer y a sentir así, su conocer y su sentir se hacen sutiles y etéreos. Cuando así aprende a conocer y a sentir con esa gratuidad y desinterés, decimos que se ha espiritualizado, que se ha hecho tan inasible como el aire.

Para un ser necesitado, lo que no tiene una relación directa o indirecta con sus necesidades es como si no existiera. Todo lo que se sitúa más allá de los parámetros de realidad y valor que construye su necesidad es huidizo, sutil, como si no existiera.

Cuando el ser humano aprende a conocer y a sentir gratuitamente, se hace capaz de conocer y sentir lo que es «nada» para su necesidad, lo que carece de relación con su mundo de realidad.

El mundo que estructura nuestra percepción, el que articula nuestro conocimiento y nuestro sentir es como un gran círculo cuyo centro es un núcleo de necesidades, el «ego». Todo se estructura con relación a ese centro. Nuestro «yo» es como una casa en el centro del círculo.

En nuestra vida cotidiana sólo salimos de casa a cazar, y cuando salimos es para volver otra vez a casa, con una pieza al hombro. Nuestro mundo es exclusivamente un campo de caza, y toda incursión en ese mundo con la percepción, el conocimiento o el sentimiento es una caza. Éste es el sentido de nuestra vida: ir y venir de casa al campo de caza y del campo de caza a casa.

La oferta de las tradiciones religiosas y de los maestros espirituales es totalmente ajena a esta nuestra manera espontánea de proceder. Su oferta es para nosotros algo inconcebible, extremadamente desconcertante y nuevo. Proponen que aprendamos a conocer, a sentir y a percibir sin el punto de referencia de las necesidades del ego. Nos proponen la posibilidad de un conocer y de un sentir no egoísta. Eso supone que desarticulemos nuestra construcción del mundo y, por tanto, nuestra construcción del conocer y del sentir egoísta. Entonces, quien mira al mundo no es ya un centro de necesidades, sino sólo un testigo imparcial.

Eso es la sutilización; eso es la espiritualización.

Cuando se mira, se comprende y se siente lo que hay sin tener en cuenta las necesidades, en el centro del círculo no hay nadie, porque el yo sólo es un núcleo articulado de necesidades. Puesto que en el centro del círculo no hay nadie, tampoco hay círculo. Nada se estructura en torno de nada. Esa es la percepción de la dimensión absoluta de lo real. Para un pobre animal viviente y necesitado, nada hay más inasible y más sutil que eso.

Puesto que nadie es un centro de necesidad, no hay ni campo de caza ni cazador. El mundo es un enigma sin fin que se dice a sí mismo sin que ningún cazador le imponga lo que ha de decir.

El mundo no es un círculo con un centro, no tiene esa estructura egocentrada, es un océano sin fronteras y sin puntos de referencia.

Cuando alguien, no un ego necesitado, sale al mundo a percibir, a sentir y a conocer, nada es da según la medida de alguien, todo es desconcertantemente libre y sin referencia a nadie. Cuando se sale así, no se sale a cazar porque ya no existe la caza, ni nadie puede volver a casa cargado con una pieza, porque ni hay cazador, ni hay pieza, ni hay casa adonde volver.

Cuando el que mira no mira como necesitado, se quiebra la dualidad que se formaba entre el ego —núcleo de necesidades—, y el mundo —campo de caza—. Puesto que se rompe la dualidad, todo se hace no-dos.

Lo que entonces hay es conocer y sentir, pero nadie conoce y siente. Ni se conoce ni se siente nada concreto. Se trata de un auténtico conocimiento y de un auténtico sentir y amor, pero sin que sea posible decir, yo, tú, eso, mío o nuestro. En la experiencia espiritual, el animal que somos conoce, siente y percibe, realmente y sin dudar; y lo que percibe y conoce, según sus criterios de realidad, es nada.

Dicen los maestros que lo que se conoce y siente desde ahí es una «ausencia», la ausencia de todo lo que para el animal es realidad. Pero la carne conoce y siente esa ausencia realmente y no como una nada, sino como una «presencia».

Podría decirse que el misterio de lo que hay testifica y se conmueve frente al misterio de lo que hay; y se hace patente, a la vez, que el testigo es ese misterio.

La transformación a la que invitan las tradiciones espirituales es el paso del depredador al testigo desinteresado y vibrante; del depredador al amante. Quien acierta a conocer y sentir sin estar sometido a la perspectiva de la necesidad, a la estructura de los deseos del ego, adquiere un conocer y sentir libre, porque sólo la necesidad somete. Para conocer y sentir gratuitamente, el cuerpo no es un obstáculo, porque todo él es un perceptor, un sensor. Todo nuestro cuerpo es un ojo. Somos como los querubines, ojos por todas las partes de nuestro ser. También nuestro cuerpo es un sensor. Toda nuestra carne puede conmoverse, toda ella puede convertirse en corazón, en amor. Así, nuestro cuerpo ha de convertirse en luz y calor; todo él ha de ser lucidez conmovida. Eso es lo que los maestros del espíritu dicen cuando hablan de nuestro cuerpo como un cuerpo de luz y de fuego. Eso es lo que ellos llaman sutilizar nuestro ser, espiritualizarlo.

Nuestro cuerpo no es sólo la carne de un viviente necesitado sino también un puro perceptor, un fino sensor desinteresado y un testigo capaz de conmoverse hasta sus raíces con lo que hay, no sólo porque nos sirve, sino simplemente porque está ahí, porque existe, por su novedad sin fin y por la maravilla con la que nos habla.

Nuestra carne no es opaca. Somos seres luminosos porque nuestro mismo cuerpo es sutilidad. Y dicen los maestros que esa condición de testigos vibrantes y desinteresados es nuestra propia naturaleza.

Llegar a hacer de todo nuestro ser y de toda nuestra carne, ojos y corazón desinteresado, luz y fuego, sutilidad, espiritualidad, no es someternos a una sobrecarga desmesurada para nuestra humilde condición de animales, sino que, por el contrario, según los maestros ésa es nuestra condición propia.

p. 295 a 299

Fuente: Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas (CETR)

Más información sobre el libro en la web del CETR

Otros artículos de Marià Corbí en este blog:

Nuevo libro de Marià Corbí: Hacia una espiritualidad laica

Otra espiritualidad es posible y necesaria
¿Es real el crecimiento del interés por la religión?
Sin creencias y con "fe"

miércoles, 27 de febrero de 2008

Crítica ZPM

Zen en la plaza del mercado
por Alfonso Colodrón (*)

"Ante lo incondicionado, lo condicionado danza.
¡Tú y yo somos uno!', claman las trompetas.
El Maestro llega y se inclina ante el discípulo.
Ésta es la mayor de las maravillas".

Poemas místicos de Rumi.

Tomo prestado el título para este artículo del libro de imprescindible lectura, del maestro zen Dokushô Villalba. La editorial Aguilar tuvo que lanzar una segunda edición a las dos semanas de editarse, ya que la primera edición de 6.000 ejemplares se agotó rápidamente.

Es éste un hecho sorprendente por tres razones: no es habitual este tipo de hechos en un país en que se lee menos que en cualquiera de los países de la Unión europea, si exceptuamos Rumanía y la Bélgica valona. En segundo lugar, se trata de un libro de espiritualidad bien anclada en la realidad del siglo XXI, y no de una novela de ficción histórica, tan de moda en los últimos años, ni de un bestseller prefabricado. Por último, y esto me parece enormemente positivo, no se trata de un maestro japonés, tibetano, indio, chino ni americano, sino bien español, y sevillano por más señas, aunque con una amplia formación en París, con el maestro Deshimaru y en diversos monasterios Zen de Japón. Parece estimulante ir rompiendo esa especie de maldición de que “nadie es profeta en su tierra”.

Pero no es necesario ser profeta para ser un buen guía espiritual. Lo que ocurre es que hoy abundan los guías y maestros autoproclamados, que siendo tuertos, y a veces ciegos, conducen a otros ciegos hacia esoterismos alejados de la realidad, ombliguismos egóicos o la simple mercadotecnia del materialismo espiritual. Ken Wilber, un raro renacentista del siglo XXI, expone en su libro Después del Edén. Una visión transpersonal del desarrollo humano, los criterios esenciales para reconocer a un buen guía. La autenticidad y la legitimidad son dos de los requisitos básicos de garantía. La coherencia entre lo que dice y lo que vive en su vida personal, por un lado, y el seguimiento de una línea de transmisión, dentro de una tradición determinada son garantías ineludibles para confiar en alguien que, por la posición que ocupa de proyección de los deseos de trascendencia, ejerce un enorme ascendente sobre discípulos y seguidores.

En 1987, Dokushô Villalba recibió la transmisión del Dharma, o reconocimiento como maestro zen, de su segundo maestro, Soden Narita Roshi, abad del monasterio Todenji y la autorización de la Escuela Soto Zen japonesa para fundar centros y dirigir una comunidad de practicantes zen. El templo Luz Serena, en medio de las montañas valencianas, acoge desde 1989 personas que se inician en la meditación zen o que practican regularmente. Y “meditación en zazen consiste en sentarse y sentirse”, “apaciguar la compulsión por la actividad, por el logro, por el éxito” y “tomar conciencia de sí mismo… para mantener la sobriedad y permanecer en contacto con el ser real que somos”.

Actualmente se está produciendo un renaci­miento de la espirituali­dad no ortodoxa y las antiguas Tradiciones. A pesar de ello, la sociedad occidental sigue mostrándose generalmente recelosa hacia todo lo relacionado con lo psíquico y lo espiritual. Tal vez, como resultado del lugar predominan­te que ha tomado la ciencia desde el siglo pasado: se desacredita todo lo que no pueda ser explicado dentro de su visión ideológica y de sus métodos "objetivos". El materialismo científico ha destruido la visión del mundo como una totalidad, produciendo lo que Morris Berman llamó el "desencantamiento" de nuestra vida en el universo, una especie de "enfermedad del alma".

Dokushô Villalba explica muy bien las causas de este “desencantamiento”, desde la óptica budista y los principios de la psicología existencial: la pura ignorancia de saber que no tenemos una identidad separada o la negación de este hecho y el aferramiento a un yo ilusorio, separado, que es la causa original de la infeliciad. Pero lo más agradablemente sorprendente de Zen en la plaza del mercado, es cómo el autor nos va llevando con un lenguaje claro y sencillo, con los datos precisos, pero evitando el exceso de información, de la historia de de Buda, del budismo zen y de su llegada a Occidente, de sus principios esenciales y del paso a paso de cómo se practica la meditación en zazen y cuáles son sus beneficios, a una crítica desnuda y contundente de las leyes que rigen el mercado y la influencia de estas leyes interiorizadas en la inmensa mayoría de la población mundial. Desvela con toda claridad cuáles son las causas y los efectos del sistema en el que nos hallamos inmersos y de su carácter insano e intrínsecamente perverso.

Aquí podrían muchos preguntarse, por qué un guía espiritual desciende al terreno de la política y de la política económica que sigue afianzándose desde hace un siglo. Pues sencillamente, porque “cualquier experiencia religiosa o espiritual individual verdadera tiene necesariamente una repercusión colectiva, por el hecho de que las experiencias espirituales internas se convierten en una nueva forma de vivir la vida cotidiana”. Y hoy día, cualquier despertar, cualquier iluminación es un hecho revolucionario, porque supone salir del ensimismamiento y de la ilusión de que la felicidad se alcanza produciendo y consumiendo lo que dicta el mercado. Con Daniel Miller, estamos de acuerdo en que “hoy día, no es la transformación de la conciencia del proletariado lo que va a liberar al mundo, sino la conciencia del consumidor”. Un consumidor masificado, pero aislado, que persigue la felicidad centrándose en su vida privada atiborrada de artilugios, y que huye de la política, porque considera que es cosa de los políticos, de los que suele desconfiar porque piensa que son todos corruptos o, cuando menos, sólo están interesados en conseguir y mantener el poder.

Esta actitud no es nueva bajo el sol. Ya en el siglo IV antes de Cristo, los taoístas consideraban que el equilibrio interior y la felicidad exigían el alejamiento de las actividades políticas. En aquella época de intrigas y corrupciones, el gran filósofo Lung-shu sostenía que padecía la "extraña enfermedad de no preocuparse por las leyes, ni interesarse por la toma del poder, la caída del gobierno ni los políticos". Actualmente, esa "extraña enfermedad" parece haberse convertido en una epidemia.

Nada es, todo cambia

El nacimiento de la ciudad-Estado, 4.000 años a. De C., supuso la aparición de un megasistema que dotaba de una organización compleja a las sociedades primitivas. Para afianzarlo, tuvieron que perfeccionar los principios que rigen todos los organismos pluricelulares: la jerarquía y la especialización del trabajo. De los gobernantes hereditarios y los mercenarios a sueldo del pasado hemos llegado en el siglo XXI a los políticos elegidos y a los ejércitos profesionales, y muchos piensan que se ha llegado con ello al mejor de los mundos.

Se trata, sin embargo, de un minúsculo salto evolutivo que afortunadamente no será el último, ya que los seres humanos somos una compleja "máquina" viva sobre la tierra, un fenómeno relativamente reciente a escala biológica, y nuestro cerebro sigue evolucionando; aún no hemos tenido tiempo de elaborar la forma superior de organización inscrita en nuestro potencial. A fin y al cabo, como afirmó Edgar Morin, la correlación cerebro-sociedad es algo continuo y fundamental, puesto que, en última instancia, la sociedad no es sino una interconexión organizadora de sistemas nerviosos centrales.

Por desgracia, esta conexión no parece hoy día ser muy fluida. Los actuales sistemas políticos están basados en principios que han quedando obsoletos: los desafíos son cada vez más planetarios y los cambios económicos y sociales de las últimas décadas se desarrollan a ritmo de liebre, mientras que las ideas y las soluciones políticas surgen a paso de tortuga. La disfunciones sociales se agrandan hasta convertirse en auténticas enfermedades sociales, que tienen una estrecha relación con los "males del alma" que muy bien diagnostica Claudio Naranjo en Males del mundo, males del alma: autoritarismo, mercantilismo, inercia, represión, violencia y explotación, dependencia, apatía social, corrupción y superficialidad..

Una sociedad sana necesita individuos sanos.

A muchos buscadores espirituales, se les tacha de mirarse el ombligo por primar lo individual sobre lo social. Pero muchos de ellos vienen de vuelta del campo de la actividad política. Sin embargo, transformación individual y transformación social van forzosamente de la mano. Si damos un pez a un hambriento y no le enseñamos a pescar ni le proporcionamos la caña, será dependiente continuamente de nuestra "limosna". Pero si únicamente le proporcionamos los aparejos y clases de pesca, tal vez no tenga la fuerza de empuñarlos ni de aprender las lecciones, simplemente porque no ha comido. Si esperamos a que todos los individuos que componen una sociedad sanen, es decir, se iluminen saliendo de la ilusión de tener una identidad separada, un yo con ansias de permanencia, serán necesarias demasiadas generaciones para ver los resultados. Si posponemos la transformación individual a que la sociedad sane, es decir, sea más libre, igualitaria y fraternal (objetivos de la Revolución francesa no cumplidos desde hace más de dos siglos)-, perderemos nuestras energías en pos de un ideal desconectado de la realidad.

Ya va siendo hora de aceptar que el núcleo del sufrimiento individual se halla la actitud de aferrarse a una identidad limitada, pues la frontera entre el "yo" y los demás está en el origen del miedo, la frontera entre el pasado y el futuro es la causa de la ansiedad y la frontera entre el sujeto y el objeto estimula los deseos, generando un ciclo inacabable de insatisfacciones renovadas.

Mientras las personas se centran en su realización personal, el Estado contemporáneo se convierte, en un super-yo colectivo que, al ocupar el vacío producido por la dimisión del poder personal, genera sus propios intereses siguiendo su propia lógica. Pero la internacionalización de la economía y la concentración de los procesos de producción y consumo revelan que tiene los pies de barro. En las últimas décadas, el afianzamiento de las empresas multinacionales, cuya actividad salta fácilmente las fronteras estatales, o la proliferación de las mafias internacionales, suponen un claro reto al monopolio del poder por parte del Estado. Las fronteras exteriores sufren asaltos, derrumbes e intentos de afianzamiento, mientras que las fronteras internas se consolidan en una sociedad consumista e insolidaria.

Paradójicamente, las mismas causas que habrían de producir ciudadanos del mundo suscitan sentimientos de angustia y soledad; ante la globalización económica y de costumbres, muchos grupos sociales se repliegan hacia la secta, la etnia o los nacionalismos radicales. Cuando lo hacen con miedo y de forma irracional, surgen como champiñones los fundamentalismos políticos y religiosos, pues parece más fácil identificarse con pequeños grupos que con grandes tragedias o proyectos; tal vez sea esto un vestigio de nuestra procedencia de la tribu prehistórica. Desgraciadamente, toda fragmentación narcisista produce fenómenos colaterales como la xenofobia, la insolidaridad y el caos.

Los nacionalismos radicales se revelan hoy día como síntomas de grandes crisis y no como afloramientos de destinos colectivos. Ante la indiferencia política siempre se puede aventar el peligro de un enemigo que aglutina los miedos y consolida momentáneamente la unidad de los pueblos y de los Estados. Históricamente, los bárbaros desempeñaron este papel para el Imperio romano y los mongoles para China. Mucho más recientemente, "Occidente" se definía frente a "la amenaza comunista" del Este. Una vez acabada la guerra fría, se agita el islamismo integrista, o la invasión de los emigrantes del Sur. Tal vez llegue un día, en que no haya que magnificar al enemigo externo. Entonces, éste se convertirá en un simple vecino cuyas diferencias podremos integrar para cooperar en armonía.

Si la sensación de peligro siempre ha sido un elemento federador, quizá el mito de la amenaza extraterrestre fomentada por la ciencia ficción podría tener el efecto no deliberado de colaborar al sentimiento de unidad. O tal vez bastase una toma de conciencia más realista de la inmediatez del cambio climático y de la irreversibilidad de los efectos de la destrucción masiva de los bosques tropicales. Desde la visión de una Humanidad global, esas son cuestiones que nos afectan a todos por igual, tengamos el pasaporte que tengamos, lo mismo que el rápido agotamiento de los recursos, la explosión demográfica, el empobrecimiento de grandes masas de la población mundial, el agujero de ozono, el avance de la desertización, o la peligrosidad de los residuos nucleares.

La política como servicio

Todo esto nos llevaría a replantear la esencia de la política desde otra perspectiva. Su línea divisoria ya no se hallaría entre los intereses públicos y los privados, sino entre lo personal y lo transpersonal, lo estatal y lo trans-estatal. Hemos llegado a tal situación de globalización de los problemas y de sus posibles soluciones que lo que interesa a Occidente es lo mismo que lo que interesa a Oriente, lo que interesa al Norte es en esencia lo mismo que lo que interesa al Sur, lo que interesa a las ballenas es lo mismo que lo que interesa al ser humano: la supervivencia, la interrelación y la sinergia.

La genuina actividad política puede ser un intento de sobrepasar las limitaciones individuales, de trascender la muerte, de dejar tras sí una pequeña huella. Pero la motivación para emprender una acción política puede ser simplemente la visión de la miseria ajena, la empatía ante la proliferación de catástrofes naturales, la indignación ante la extensión de la pobreza , o simplemente el deseo de hacer mejoras en el propio pueblo en el que se ha nacido o en el barrio en el que se vive. Para volver a ser el "animal político" del que hablaba Aristóteles, no es necesario presentarse como candidato a unas elecciones. Basta con tomar en mano las riendas de la totalidad de nuestra vida, parte de la cual se desarrolla en colectividad. Participar en la política real requiere un esfuerzo de imaginación, creer que es posible cambiar las cosas y que no estamos regidos por fuerzas ocultas e incontrolables. Los poderes políticos que tanto criticamos se alimentan sencillamente del abandono de parcelas de poder por parte de una gran masa de ciudadanos absentistas. Recientemente y presionados por condiciones extremas, la toma de calles y plazas por cientos de miles de personas -una especie de ejercicio directo de la política-, contribuyó a producir inmediatos cambios de gobiernos en Argentina, Bolivia o Ucrania, por no poner sino los casos más conocidos.

Cuando consideramos este tipo de opciones, la política deja de ser el patrimonio exclusivo de los políticos. Pasa a convertirse entonces en un conjunto de actividades éticas al servicio de la comunidad. Su objetivo: transformar el mundo en que vivimos, como coetáneos de un mismo siglo y miembros de una misma humanidad.

Desde esta perspectiva, me parece enormemente coherente, y muy valiente, que un maestro zen contemporáneo, no sólo pida votar en sus charlas y conferencias, sino que desvele su opción política y pida públicamente unirse a ella. La acción política puede consistir en echar a los mercaderes del templo. Lo cual nunca estuvo reñido con “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

(*) Alfonso Colodrón se licenció en Derecho en Madrid( Universidad Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo en París (Universidad de la Sorbona). Ha traducido cerca de un centenar de obras, sobretodo de filosofía perenne y psicología transpersonal. Es miembro titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt, terapia que ejerce profesionalmente en sesiones individuales y de grupo. Cuando no está escuchando o hablando, cuida flores, planta árboles, alimenta a los pájaros y contempla las nubes.

alfonso@interser.e.telefonica.net

martes, 26 de febrero de 2008

La red y el futuror de las organizaciones


La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados... ¿Más integrados?
de Andrés Ricardo Schuschny

Colección Empresa, Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina, 2007 (ISBN: 950-17-3104-0)

En el mundo efervescente de hoy, poblado por pantallas con las que interactuamos permanentemente, en el que las fronteras organizacionales se hacen porosas y son eliminados los sistemas tradicionales de mando y control, la sociedad está reinventándose a sí misma. Estamos viviendo una época histórica sin precedentes, un nuevo renacimiento. A medida que se acelera la velocidad con que todo cambia, nos vemos obligados a repensar nuestra posición en el mundo. La pulsión humana por la conectividad nos ha traído una buena nueva: la Red.

¿Qué pasaría si el verdadero poder de la Red, no estuviera en las tecnologías que hay detrás de ella ni en sus aplicaciones, sino en los profundos cambios que ésta nos provoca? Con un lenguaje tan ameno como convincente, este libro busca mostrarnos que la conectividad creciente, nos proporciona la plataforma para fortalecer la gestación de una nueva visión de la realidad que trasciende la racionalidad, pero no la suprime.

Día a día descubrimos que Internet nos conecta con algo más grande que nosotros mismos y nos permite encontrar nuestro lugar en el corazón de la realidad humana. Internet nos facilita una serie de opciones para ser quienes queremos ser y sólo puede ser vista como una extensión de nuestra mente, un lugar para estimularse y pensar desde una nueva perspectiva: desde una visión integral de la realidad. Cuando abrimos esta puerta, en la pantalla se proyectan todo tipo de fantasías y visiones. En el peor de los casos, podemos utilizar el espacio psicológico que la Red nos suministra, para desahogarnos o escapar de nuestras frustraciones y ansiedades. En el mejor de ellos, podemos usarlo como un espacio para explorarnos a nosotros mismos, al tiempo que nos permite relacionarnos con más gente de la que jamás habíamos estado expuestos antes.

La Red no nos brinda solamente una perspectiva planetaria; nos vincula con emociones y saberes conectados; nos da la oportunidad de encontrarnos con múltiples puntos de vista; nos genera múltiples redes de relaciones y conversaciones que alteran profundamente la estructura de nuestra sociedad y de nuestra conciencia. Internet es un kaleidoscopio de sentidos, en donde la mirada de los otros nos proporciona una visión diferente del mundo que, hasta hoy yacía confinada en la matriz mental de la racionalidad. Internet alberga la sedición en su interior y socava, como nunca antes, el respeto automático por la autoridad centralizada pero también, como no había ocurrido hace tiempo, promueve la cooperación, la reciprocidad y la participación. Por eso, la Red nos libera ya que promueve esa inclinación humana a servir a nuestros semejantes y a enfocarnos en la propia auto-expresión, en que las posturas y las apariencias artificiales ya no simbolizan nada.

Este libro anuncia y explora el cambio decisivo que conlleva para las personas y las organizaciones, en un mundo hiperconectado, en el que éstas tienen la oportunidad de saber lo que tantas otras pensaban sobre una gama tan vasta de temas. El autor nos asegura que éste es un momento existencial que se caracteriza por la incertidumbre y la disipación del recuerdo de lo que fue la certeza; y las organizaciones, en tanto actores que coordinan la actividad humana, deberán comprender las nuevas pautas de este nuevo mundo. Estamos redescubriendo una verdad elemental de nuestra especie: la gente quiere comunicarse y cooperar con otra gente. Las empresas deberán ser arte y parte de este nuevo juego en el que, lo que comienza a perfilarse es nuestra historia en el sentido más fundamental, la mitología humana entretejiendo la visión de lo que desea ser.

Índice del libro
Introducción
Capítulo 1: El mundo moderno y los vestigios de un pavoroso panorama Capítulo 2 ¿Cambiar la realidad, o lo que creemos que ésta es?
Capítulo 3 La evolución de las estructuras de conciencia. Sus impactos en la cultura y la sociedad .
Estructura arcaica
Estructura mágica
Estructura mítica
Estructura mental/racional
Evolución hacia la estructura integral de conciencia
Gnoseología de la estructura integral de conciencia
De las estructuras a los Procesos
Capítulo 4 El ritmo de los cambios
Capítulo 5 De la industria a la Red; de la propiedad al acceso
¿Una “nueva era” holística?
La economía conectada
Capítulo 6 Nueva organización de las instituciones económicas
La empresa evanescente o ingrávida
¿Marketing en mercados o relaciones entre personas?
Responsabilidad social corporativa y marketing con causa
Las personas se organizan en tribus
Abriendo códigos: la cultura hacker
La redefinición de la actividad laboral
La nueva cultura del trabajo (humanizado)
El liderazgo de los tiempos por venir. El desquite de Platón
Capítulo 7 Nuevas formas de organización de la sociedad
Economía con alma humana
El Tercer Sector o el ideal de la preocupación por los demás como un fin en sí mismo
La colmena pide la palabra,... y se expresa
Por un verdadero modelo de desarrollo comunitario
La responsabilidad de los medios masivos de comunicación
Capitalismo cultural: ¿una nueva forma de alienación?
Educación

Capítulo 8 Psicología ciberespacial
El regreso a la “oralidad” en el nuevo escenario electrónico
El yo y la comunicación con el ciberespacio
Jugar a Dios: simulando la complejidad de nuestro mundo o creando otro
Epílogo Humanismo = Ciencia + Arte + Espiritualidad
Apéndice 1 Comparación entre el paradigma tecno-industrial de la modernidad y la Sociedad de la Información
Apéndice 2 Comparación entre el enfoque analítico-racional y el enfoque integrativo
Bibliografía

DESEA COMPRAR ESTE LIBRO: A UN CLICK DE DISTANCIA