viernes, 28 de diciembre de 2012
PERIODISMO CANALLA. Los medios contra la información.
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PERIODISMO CANALLA
Los medios contra la información
de Pascual Serrano
La información es poder. Los grandes medios son herramientas de dominación
Pascual Serrano, atento observador de la desinformación, nos presenta esta nueva crónica de las grandes mentiras con las que se gobierna el mundo.
Los medios de comunicación están teniendo una responsabilidad fundamental en que las nuevas generaciones no logren comprender nada de lo que está sucediendo en el mundo. Esta obra hace un recorrido ameno por los senderos de esa tragedia. Muestra las paradojas y disparates de algunos de los contenidos, deja en evidencia algunas técnicas con las que operan para desinformarnos, descubre lo absurdo de muchos de sus criterios de trabajo y modos de presentar las noticias y desentraña algunas características del funcionamiento de las empresas de comunicación. Por último, también aporta algunas ideas que permiten albergar esperanzas de que este modelo de desinformación pueda cambiar.
Pascual Serrano fundó en 1996, junto con un grupo de periodistas, la publicación electrónica Rebelión www.rebelion.org, que hoy funciona como diario alternativo en Internet. Fue durante dos años asesor editorial de Telesur, un canal de televisión multinacional latinoamericano que pretende ser un modelo de comunicación contrapuesto a los medios dominantes del Primer Mundo.
Colabora habitualmente en Le Monde Diplomatique, además de otras publicaciones españolas y latinoamericanas sobre temas de comunicación y política internacional.
Entre sus libros destacan Desinformación, Traficantes de información y Contra la neutralidad. En Icaria ha publicado El periodismo es noticia, ¿El mejor de los mundos? y Periodismo canalla.
martes, 15 de noviembre de 2011
Cómo cambiar el mundo con tu dinero
Del “no nos representan a la democracia de lo común”
Asaco, 8
martes, 8 de noviembre de 2011
La deuda o la vida
Europa en el ojo del huracán
Damien Millet y Éric Toussaint (dirs.)
La deuda pública es uno de los principales problemas de las economías europeas. Concretamente para países periféricos como España, Irlanda, Portugal o Grecia la deuda esta siendo devastadora. Esta obra, elaborada desde el CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), parte de la experiencia en el análisis de la deuda en los países del Sur para analizar, desde Polonia hasta Portugal pasando por España, Grecia e Islandia, la deuda que afecta ahora en la periferia del Norte.
Desde hace más de treinta años la deuda asola el Sur, ha impedido toda forma de emancipación de los pueblos, a partir de la trampa del ajuste estructural, y propagado la corrupción y la pobreza. Ahora, la cuestión de la deuda pública ha irrumpido en el Norte, tras la grave crisis que atraviesa el planeta desde los años 2007/2008. El fenómeno es nuevo y esta obra quiere mostrar otra cara de la deuda, la que afecta al Norte. ¿Qué se ha aprendido de las enseñanzas de los treinta años de ajuste estructural en el Sur? ¿Atinarán los pueblos europeos a movilizarse para que las decisiones tomadas en el Norte no sean otra cara de las funestas medidas impuestas en el Sur? Ejemplos concretos demuestran que hay una alternativa perfectamente posible. El contenido de este libro se basa en experiencias realizadas y en profundas reivindicaciones para esbozar un retrato de lo que podría ser ese otro mundo.
El CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), creado en 1990, ha desarrollado un reconocido trabajo de análisis y propuestas sobre el tema de la deuda de los países del Sur. Los autores, militantes en el CADTM y un investigador del ODG (Observatorio de la Deuda en la Globalización), exponen aquí, de una manera clara y pedagógica, con ayuda de gráficos, la realidad de la deuda y de las fuerzas que obran tanto en el Norte como en el Sur.
Damien Millet es profesor de matemáticas en Orleáns, portavoz del CADTM Francia (Comité para la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo), autor, entre otros, de África sin deuda (Icaria/Intermón Oxfam) y ATTAC (Icaria).
Éric Toussaint es doctor en Ciencias Políticas por las universidades de Lieja y París-VIII, presidente del CADTM Bélgica, miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial y de la Comisión presidencial de auditoría integral de la deuda de Ecuador, autor de, entre otros, El Banco del Sur y la nueva crisis internacional (El Viejo Topo) y Una mirada al retrovisor (Icaria).
Ambos son coautores de Los tsunamis de la deuda (Icaria/Intermón Oxfam), 50 preguntas / 50 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial (Icaria/Intermón Oxfam) y 60 preguntas / 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial (Icaria/Intermón Oxfam).
sábado, 19 de abril de 2008
El camino al que invitan las tradiciones es un camino de sutilidad, por Marià Corbí

Fragmento del libro de Marià Corbí:
"Hacia una espiritualidad laica - Sin creencias, sin religiones, sin dioses"
El camino de la espiritualidad es el camino de la sutilización porque es la vía al refinamiento del conocer y del sentir.
Los humanos somos unos seres que precisamos depredar el entorno para mantenernos vivos. Como depredadores que somos, tenemos que matar y destruir para vivir. El mundo en que vivimos y que sentimos es nuestro campo de caza. Nos vemos forzados, irremisiblemente, a concebir y sentir el mundo que nos rodea y a nosotros mismos como el campo de caza de un cazador. Nuestros procesos culturales han sofisticado mucho el campo de caza y la actuación del cazador, pero, en definitiva, no han transformado, en lo más mínimo, nuestra condición, ni pueden, ni deben hacerlo.
Esta es nuestra condición y nuestro destino: vivir depredando, subsistir matando y destruyendo. En sí no tiene nada de malo o de indigno. Somos, por añadidura, unos depredadores culturales. Utilizamos nuestras creaciones culturales para depredar con más eficacia. Esa es la base donde necesariamente hacemos pie. Negarla o revelarse contra ella sería negar nuestra condición y caer en el vacío de la irrealidad.
Sin embargo, según el testimonio de todas las tradiciones religiosas y de todos los maestros, nuestra condición de depredadores en el conocer, el percibir y el sentir no es nuestra única posibilidad. Tenemos otra, verdaderamente increíble para un depredador: la capacidad de percibir, conocer y sentir todo lo que nos rodea, y a nosotros mismos, de una forma que ya no es la propia de un grupo de cazadores en un campo de caza; contamos con la posibilidad de conocer y sentir desde la más completa gratuidad, sin buscar nada.
Aunque nos resulte increíble, los maestros lo testifican universal-mente: podemos conmovernos hasta la última fibra de nuestro ser y, conmovidos, conocer lo que nos rodea y a nosotros mismos, sin que esa conmoción y ese conocimiento nos comporten ningún beneficio ni pretendamos conseguir nada. Podemos conocer y sentir como puros testigos desinteresados.
Además de nuestra condición básica, fundamental e irrenuncia-ble, de depredadores en un campo de caza, podemos ser, también, luz vibrante frente a toda esta maravilla que nos rodea; podemos ser calor que se transforma en luz frente al esplendor que nos rodea.
Cuando un ser vivo necesitado, estructurado para vivir de matar y depredar, aprende a conocer y a sentir así, su conocer y su sentir se hacen sutiles y etéreos. Cuando así aprende a conocer y a sentir con esa gratuidad y desinterés, decimos que se ha espiritualizado, que se ha hecho tan inasible como el aire.
Para un ser necesitado, lo que no tiene una relación directa o indirecta con sus necesidades es como si no existiera. Todo lo que se sitúa más allá de los parámetros de realidad y valor que construye su necesidad es huidizo, sutil, como si no existiera.
Cuando el ser humano aprende a conocer y a sentir gratuitamente, se hace capaz de conocer y sentir lo que es «nada» para su necesidad, lo que carece de relación con su mundo de realidad.
El mundo que estructura nuestra percepción, el que articula nuestro conocimiento y nuestro sentir es como un gran círculo cuyo centro es un núcleo de necesidades, el «ego». Todo se estructura con relación a ese centro. Nuestro «yo» es como una casa en el centro del círculo.
En nuestra vida cotidiana sólo salimos de casa a cazar, y cuando salimos es para volver otra vez a casa, con una pieza al hombro. Nuestro mundo es exclusivamente un campo de caza, y toda incursión en ese mundo con la percepción, el conocimiento o el sentimiento es una caza. Éste es el sentido de nuestra vida: ir y venir de casa al campo de caza y del campo de caza a casa.
La oferta de las tradiciones religiosas y de los maestros espirituales es totalmente ajena a esta nuestra manera espontánea de proceder. Su oferta es para nosotros algo inconcebible, extremadamente desconcertante y nuevo. Proponen que aprendamos a conocer, a sentir y a percibir sin el punto de referencia de las necesidades del ego. Nos proponen la posibilidad de un conocer y de un sentir no egoísta. Eso supone que desarticulemos nuestra construcción del mundo y, por tanto, nuestra construcción del conocer y del sentir egoísta. Entonces, quien mira al mundo no es ya un centro de necesidades, sino sólo un testigo imparcial.
Eso es la sutilización; eso es la espiritualización.
Cuando se mira, se comprende y se siente lo que hay sin tener en cuenta las necesidades, en el centro del círculo no hay nadie, porque el yo sólo es un núcleo articulado de necesidades. Puesto que en el centro del círculo no hay nadie, tampoco hay círculo. Nada se estructura en torno de nada. Esa es la percepción de la dimensión absoluta de lo real. Para un pobre animal viviente y necesitado, nada hay más inasible y más sutil que eso.
Puesto que nadie es un centro de necesidad, no hay ni campo de caza ni cazador. El mundo es un enigma sin fin que se dice a sí mismo sin que ningún cazador le imponga lo que ha de decir.
El mundo no es un círculo con un centro, no tiene esa estructura egocentrada, es un océano sin fronteras y sin puntos de referencia.
Cuando alguien, no un ego necesitado, sale al mundo a percibir, a sentir y a conocer, nada es da según la medida de alguien, todo es desconcertantemente libre y sin referencia a nadie. Cuando se sale así, no se sale a cazar porque ya no existe la caza, ni nadie puede volver a casa cargado con una pieza, porque ni hay cazador, ni hay pieza, ni hay casa adonde volver.
Cuando el que mira no mira como necesitado, se quiebra la dualidad que se formaba entre el ego —núcleo de necesidades—, y el mundo —campo de caza—. Puesto que se rompe la dualidad, todo se hace no-dos.
Lo que entonces hay es conocer y sentir, pero nadie conoce y siente. Ni se conoce ni se siente nada concreto. Se trata de un auténtico conocimiento y de un auténtico sentir y amor, pero sin que sea posible decir, yo, tú, eso, mío o nuestro. En la experiencia espiritual, el animal que somos conoce, siente y percibe, realmente y sin dudar; y lo que percibe y conoce, según sus criterios de realidad, es nada.
Dicen los maestros que lo que se conoce y siente desde ahí es una «ausencia», la ausencia de todo lo que para el animal es realidad. Pero la carne conoce y siente esa ausencia realmente y no como una nada, sino como una «presencia».
Podría decirse que el misterio de lo que hay testifica y se conmueve frente al misterio de lo que hay; y se hace patente, a la vez, que el testigo es ese misterio.
La transformación a la que invitan las tradiciones espirituales es el paso del depredador al testigo desinteresado y vibrante; del depredador al amante. Quien acierta a conocer y sentir sin estar sometido a la perspectiva de la necesidad, a la estructura de los deseos del ego, adquiere un conocer y sentir libre, porque sólo la necesidad somete. Para conocer y sentir gratuitamente, el cuerpo no es un obstáculo, porque todo él es un perceptor, un sensor. Todo nuestro cuerpo es un ojo. Somos como los querubines, ojos por todas las partes de nuestro ser. También nuestro cuerpo es un sensor. Toda nuestra carne puede conmoverse, toda ella puede convertirse en corazón, en amor. Así, nuestro cuerpo ha de convertirse en luz y calor; todo él ha de ser lucidez conmovida. Eso es lo que los maestros del espíritu dicen cuando hablan de nuestro cuerpo como un cuerpo de luz y de fuego. Eso es lo que ellos llaman sutilizar nuestro ser, espiritualizarlo.
Nuestro cuerpo no es sólo la carne de un viviente necesitado sino también un puro perceptor, un fino sensor desinteresado y un testigo capaz de conmoverse hasta sus raíces con lo que hay, no sólo porque nos sirve, sino simplemente porque está ahí, porque existe, por su novedad sin fin y por la maravilla con la que nos habla.
Nuestra carne no es opaca. Somos seres luminosos porque nuestro mismo cuerpo es sutilidad. Y dicen los maestros que esa condición de testigos vibrantes y desinteresados es nuestra propia naturaleza.
Llegar a hacer de todo nuestro ser y de toda nuestra carne, ojos y corazón desinteresado, luz y fuego, sutilidad, espiritualidad, no es someternos a una sobrecarga desmesurada para nuestra humilde condición de animales, sino que, por el contrario, según los maestros ésa es nuestra condición propia.
p. 295 a 299
Fuente: Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas (CETR)
Más información sobre el libro en la web del CETR
Otros artículos de Marià Corbí en este blog:
Nuevo libro de Marià Corbí: Hacia una espiritualidad laica
Otra espiritualidad es posible y necesaria
¿Es real el crecimiento del interés por la religión?
Sin creencias y con "fe"
miércoles, 27 de febrero de 2008
Crítica ZPM
por Alfonso Colodrón (*)
¡Tú y yo somos uno!', claman las trompetas.
El Maestro llega y se inclina ante el discípulo.
Ésta es la mayor de las maravillas".
Poemas místicos de Rumi.
El nacimiento de la ciudad-Estado, 4.000 años a. De C., supuso la aparición de un megasistema que dotaba de una organización compleja a las sociedades primitivas. Para afianzarlo, tuvieron que perfeccionar los principios que rigen todos los organismos pluricelulares: la jerarquía y la especialización del trabajo. De los gobernantes hereditarios y los mercenarios a sueldo del pasado hemos llegado en el siglo XXI a los políticos elegidos y a los ejércitos profesionales, y muchos piensan que se ha llegado con ello al mejor de los mundos.
Una sociedad sana necesita individuos sanos.
Los nacionalismos radicales se revelan hoy día como síntomas de grandes crisis y no como afloramientos de destinos colectivos. Ante la indiferencia política siempre se puede aventar el peligro de un enemigo que aglutina los miedos y consolida momentáneamente la unidad de los pueblos y de los Estados. Históricamente, los bárbaros desempeñaron este papel para el Imperio romano y los mongoles para China. Mucho más recientemente, "Occidente" se definía frente a "la amenaza comunista" del Este. Una vez acabada la guerra fría, se agita el islamismo integrista, o la invasión de los emigrantes del Sur. Tal vez llegue un día, en que no haya que magnificar al enemigo externo. Entonces, éste se convertirá en un simple vecino cuyas diferencias podremos integrar para cooperar en armonía.
Si la sensación de peligro siempre ha sido un elemento federador, quizá el mito de la amenaza extraterrestre fomentada por la ciencia ficción podría tener el efecto no deliberado de colaborar al sentimiento de unidad. O tal vez bastase una toma de conciencia más realista de la inmediatez del cambio climático y de la irreversibilidad de los efectos de la destrucción masiva de los bosques tropicales. Desde la visión de una Humanidad global, esas son cuestiones que nos afectan a todos por igual, tengamos el pasaporte que tengamos, lo mismo que el rápido agotamiento de los recursos, la explosión demográfica, el empobrecimiento de grandes masas de la población mundial, el agujero de ozono, el avance de la desertización, o la peligrosidad de los residuos nucleares.
Cuando consideramos este tipo de opciones, la política deja de ser el patrimonio exclusivo de los políticos. Pasa a convertirse entonces en un conjunto de actividades éticas al servicio de
Desde esta perspectiva, me parece enormemente coherente, y muy valiente, que un maestro zen contemporáneo, no sólo pida votar en sus charlas y conferencias, sino que desvele su opción política y pida públicamente unirse a ella. La acción política puede consistir en echar a los mercaderes del templo. Lo cual nunca estuvo reñido con “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

(*) Alfonso Colodrón se licenció en Derecho en Madrid( Universidad Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo en París (Universidad de la Sorbona). Ha traducido cerca de un centenar de obras, sobretodo de filosofía perenne y psicología transpersonal. Es miembro titular de
martes, 26 de febrero de 2008
La red y el futuror de las organizaciones

La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados... ¿Más integrados?
de Andrés Ricardo Schuschny
Colección Empresa, Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina, 2007 (ISBN: 950-17-3104-0)
En el mundo efervescente de hoy, poblado por pantallas con las que interactuamos permanentemente, en el que las fronteras organizacionales se hacen porosas y son eliminados los sistemas tradicionales de mando y control, la sociedad está reinventándose a sí misma. Estamos viviendo una época histórica sin precedentes, un nuevo renacimiento. A medida que se acelera la velocidad con que todo cambia, nos vemos obligados a repensar nuestra posición en el mundo. La pulsión humana por la conectividad nos ha traído una buena nueva: la Red.
Día a día descubrimos que Internet nos conecta con algo más grande que nosotros mismos y nos permite encontrar nuestro lugar en el corazón de la realidad humana. Internet nos facilita una serie de opciones para ser quienes queremos ser y sólo puede ser vista como una extensión de nuestra mente, un lugar para estimularse y pensar desde una nueva perspectiva: desde una visión integral de
La Red no nos brinda solamente una perspectiva planetaria; nos vincula con emociones y saberes conectados; nos da la oportunidad de encontrarnos con múltiples puntos de vista; nos genera múltiples redes de relaciones y conversaciones que alteran profundamente la estructura de nuestra sociedad y de nuestra conciencia. Internet es un kaleidoscopio de sentidos, en donde la mirada de los otros nos proporciona una visión diferente del mundo que, hasta hoy yacía confinada en la matriz mental de
Índice del libro
Capítulo 1: El mundo moderno y los vestigios de un pavoroso panorama Capítulo 2 ¿Cambiar la realidad, o lo que creemos que ésta es?
Capítulo 3 La evolución de las estructuras de conciencia. Sus impactos en la cultura y la sociedad .
Estructura arcaica
Estructura mágica
Estructura mítica
Estructura mental/racional
Evolución hacia la estructura integral de conciencia
Gnoseología de la estructura integral de conciencia
De las estructuras a los Procesos
Capítulo 4 El ritmo de los cambios
Capítulo 5 De la industria a la Red; de la propiedad al acceso
¿Una “nueva era” holística?
La economía conectada
Capítulo 6 Nueva organización de las instituciones económicas
La empresa evanescente o ingrávida
¿Marketing en mercados o relaciones entre personas?
Responsabilidad social corporativa y marketing con causa
Las personas se organizan en tribus
Abriendo códigos: la cultura hacker
La redefinición de la actividad laboral
La nueva cultura del trabajo (humanizado)
El liderazgo de los tiempos por venir. El desquite de Platón
Capítulo 7 Nuevas formas de organización de la sociedad
Economía con alma humana
El Tercer Sector o el ideal de la preocupación por los demás como un fin en sí mismo
La colmena pide la palabra,... y se expresa
Por un verdadero modelo de desarrollo comunitario
La responsabilidad de los medios masivos de comunicación
Capitalismo cultural: ¿una nueva forma de alienación?
Educación
Capítulo 8 Psicología ciberespacial
El regreso a la “oralidad” en el nuevo escenario electrónico
El yo y la comunicación con el ciberespacio
Jugar a Dios: simulando la complejidad de nuestro mundo o creando otro
Epílogo Humanismo = Ciencia + Arte + Espiritualidad
Apéndice 1 Comparación entre el paradigma tecno-industrial de la modernidad y la Sociedad de la Información
Apéndice 2 Comparación entre el enfoque analítico-racional y el enfoque integrativo
Bibliografía





