viernes, 3 de diciembre de 2010
Xenofobia cool
martes, 26 de octubre de 2010
Europa, crisol de racistas
por Víctor J. Sanz
Cuando uno pretende irse sin pagar de un sitio donde ha consumido algo, se dice en argot, hacer un "sinpa", abreviatura de "sin pagar".
El PP y los “sinpa”
Alicia Sánchez Camacho, presidenta del PP catalán quiere hacer un “sinpa”. Bueno, quiere hacer muchos “sinpa”. Concretamente quiere hacer de cada inmigrante un “sinpa-peles”. Muchos inmigrantes residentes en Cataluña están en riesgo de que les hagan un “sinpa”. Y los líderes (im)populares lo proclaman “sinpa-lidecer”, “sinpa-rarse” a pensar que son seres humanos. Y lo quieren hacer “sinpa-samontañas” ni nada, a rostro descubierto, a voz en grito.
Siguiendo la doctrina de Sarkozy de “aquí te pillo, aquí te deporto”, personas como Sánchez-Camacho representan la punta de lanza de una xenofobia selectiva, cínica e interesada que quieren convertir a Europa en un cortijo donde la inmigración solo es bienvenida en “temporada”, para que al señor de las tierras no se le eche a perder la fresa, la uva, la aceituna o el melocotón. Algunos de los interesados en esa clase de Europa, llegan a practicar incluso el “sinpa-gar los jornales a los inmigrantes”, ya que son ilegales…, "que protesten si quieren, y si no, pues que se vuelvan a su tierra".
En uno de los ataques a cara descubierta que ha realizado el PP catalán contra los inmigrantes, su dirigente Alberto Fernández Díaz, presidente del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, asegura que una parte del colectivo de inmigrantes “abusa” de la sanidad pública. Sin duda, debe pensar este hombre que los inmigrantes se autolesionan o se exponen innecesariamente a enfermedades y accidentes laborales. Esas enfermedades y accidentes laborales no tendrían lugar si en vez de tener un trabajo en la economía sumergida y con las medidas de seguridad ausentes, los inmigrantes tuvieran un cargo municipal en el Ayuntamiento de Barcelona como Dios manda. Yo estoy tan convencido como este señor de que una parte del colectivo de PPeros “abusa” de la ingenuidad del ciudadano y practica la más desvergonzada corrupción desde sus cargos políticos. Me imagino, por lo tanto que la preocupación de este señor puede pasar, más que nada, por la idea de “¿Y si no queda para cuando metamos el cazo?”. En este país, al contrario que en el juego del Monopoly, los políticos corruptos del PP van hasta la casilla de salida “sinpa-sar” por la cárcel.
Aunque Sánchez-Camacho lo niegue, el PP encabeza la ofensiva xenófoba de la extrema derecha española, con políticas y propuestas que atentan contra lo humano, contra lo digno y contra el sentido común. Tenga cuidado la señora Sánchez-Camacho y no viaje al extranjero, pues allí solo sería una extranjera más, no vaya a ser que se tuerza un tobillo y precise abusar de la sanidad publica de tan desafortunado país, pues en tal circunstancia resultaría usted tan repudiable, como repudiables le resultan a ustedes los inmigrantes que acuden a los centros de salud de España.
Europa, crisol de racistas
Esta política xenófoba de extrema derecha surge por toda Europa. Italia convierte en delincuentes a los sin papeles. Gran Bretaña cierra las fronteras a la inmigración (salvo que sean futbolistas, enfermer@s y médic@s españoles, adinerados indios o pakistaníes o empresarios chinos…)
Francia, expulsa que te expulsa gitanos; que ya se han ganado el apellido edulcorante de “rumanos” con el que Sarko intenta demostrar que la deportación tiene más que ver con la nacionalidad que con la raza. Desde luego, con lo que no tiene nada que ver es con la racionalidad. Es más, Sarko defendió su xenofobia a gritos, gritándole a un portugués como Durao Barroso. Quizás si el señor Barroso hubiera sido de pura raza aria, no le habría caído esa bronca tan encendida y racial del presidente francés de origen húngaro.
En Alemania, Merkel se queja de que el país está demasiado extranjerizado, y tiene razón la germana, empezando por su selección nacional de fútbol: Jérôme Boateng (de origen ghanés); Khedira (de padre tunecino); Podolski (de origen polaco); Özil (de origen turco); Klose (nacido en Polonia); Serdar Taşçı (de origen turco); Marko Marin (nacido en Bosnia); Piotr Trochowski (de origen polaco); Cacau (nacido en Brasil); y Mario Gómez (de origen español) [Fuente: Wikipedia]. Es decir, de los 23 jugadores que seleccionó Alemania para el último mundial de fútbol, nada menos que 10 elementos extranjerizan el equipo. Un auténtico fracaso de la multiculturalidad.
En países como Holanda, Suecia, Hungría o Austria, la extrema derecha está viviendo un momento de protagonismo que habla por sí solo de lo mal que anda la humanidad, que parece precipitarse por momentos al vacío de la inmundicia humana.
De todas estas miserias humanas se puede extraer la conclusión de que la Xenofobia, en tanto que odio a los extranjeros, no existe o es un término que no se aplica correctamente. Como tampoco existe o se aplica incorrectamente el término Racismo, en tanto que odio o desprecio por los de otra raza. El único término que describe correctamente lo que estos elementos humanos sienten y expresan es Pobrefobia, ya que, a sus ojos, el dinero que el inmigrante posea, o la riqueza que pueda generar, es la medida justa del respeto que merece, muy por encima de su nacionalidad o su raza. Solo hay que comparar la consideración que se tiene con un árabe de Marbella y la que se tiene con uno de Badalona que, de entrada, pierde el apelativo de árabe y adquiere el de moro o musulmán, en el mejor de los casos. O la que se tiene con un mantero subsahariano y la que se tiene con un subsahariano futbolista o baloncestista, en cuyo caso se suelen destacar sus esfuerzos por integrarse en nuestra sociedad.
Puede que solo sea una impresión mía, pero creo que afortunadamente nunca jamás podrá tener lugar una convención internacional de xenófobos, pues todos menos los anfitriones serían tachados (y con motivo) de extranjeros.
Nota importante: Al margen he dejado intencionadamente al ciudadano Josep Anglada, de quien creo que seguiría siendo extremadamente xenófobo aunque fuera el último habitante del planeta. Él está en otro nivel, y para lo suyo no existe tratamiento, al menos en este artículo.
Enlace al original: http://impresionesmias.com/2010/10/25/europa-crisol-de-racistas/
miércoles, 27 de agosto de 2008
Caca, culo, pedo, pis
La tesis es sencilla: la estrategia del adjetivo confunde el etiquetaje con el diagnóstico e incapacita para entender los problemas. En particular, incapacita para abordar los llamados "conflictos culturales", un territorio en donde los calificativos se espolvorean con mayor prodigalidad, hasta el punto de escamotear que, en muchos casos, tales conflictos no son sino epifenómenos de problemas más hondos de desigualdad.
Hay otra implicación, más intranquilizadora, pero la dejo para más adelante.
Que en los asuntos "culturales" las cosas no son lo que parecen lo mostró un premio Nobel de Economía de los que más ingenio ha destilado. En un clásico trabajo, Thomas Schelling nos enseñó que la segregación racial tan frecuente en las ciudades norteamericanas no hay que atribuirla necesariamente al racismo. Se puede dar, y se dará, con individuos que pueden ser la mar de felices en un barrio mixto, incluso si forman parte de la minoría.
Para que se produzca basta con que los vecinos de uno u otro color quieran evitar quedarse solos -o con muy poquitos de los "suyos"- entre los otros. Cuando cada uno, por la razón que sea, busca evitar esa situación, las desigualdades económicas empiezan a imponer su ley y se acaba recalando en barrios cromáticamente homogéneos.
Con sus matices, la dinámica del proceso no es muy diferente de lo que hemos visto en nuestras ciudades, cuando la llegada de unos cuantos vecinos, acomodados o menesterosos, con sus demandas de servicios y sus dineros, muchos o pocos, acaban por expulsar a los que están en la otra punta del escalafón. El nuevo ecosistema resulta irrespirable económicamente para sus antiguos habitantes.
The Economist, en un número reciente, mostraba lo último de esa tendencia entre los de arriba: barrios por afinidadesideológicas, en realidad, islas de identidad, en donde el dinero oficia como pasaporte, como peaje que desbarata la universalidad del ideal de ciudadanía. Dentro, servicios propios accesibles sólo a los vecinos. Cada tribu, sus leyes. Eso sí, siempre que se lo puedan pagar. Los demás, a mogollón en la periferia.
No faltan los ejemplos de "discriminaciones" que no son lo que parecen: los negros que reciben menos órganos para trasplantes; la admisión de judíos en Yale; el acceso de las mujeres a los Departamentos universitarios. Con todo, explicaciones de los conflictos culturales como la de Schelling son infrecuentes. Lo usual es tirar por lo derecho, por el adjetivo: si hay segregación racial, somos racistas; si las mujeres no tienen acceso a las posiciones de poder, somos sexistas; si los trabajadores miran con recelo a los inmigrantes, son xenófobos. Y así.
Entiéndase. Racismo, sexismo y xenofobia no faltan. Lo confirman mil experimentos. Por ejemplo, enfrentados a una serie de palabras, agrupamos más rápidamente las que se refieren a comportamientos bien vistos con aquellas que aluden a los nuestros que cuando las palabras rozan a los otros. Vamos, que juntamos "blanco" y "honestidad" en un instante, mientras que tenemos que rumiarlo cuando se trata de meter en el mismo cajón "negro" y "honestidad".
Que la cosa es seria lo muestra que no importa si uno es negro o blanco, liberal o conservador. Es tan seria que, seguramente, tiene un sustrato biológico. Dicha la bestialidad a lo bestia: para nuestros antepasados ser racista pudo resultar ventajoso adaptativamente.
Pero que las disposiciones existan no quiere decir que den cuenta de todos los comportamientos que precipitadamente calificamos como racistas. Nadie explica el exceso de población del mundo porque nos divierta el sexo o el aumento de la criminalidad porque la agresividad forme parte de nuestro repertorio de reacciones básicas.
Lo importante son las circunstancias sociales, eso que antes se llamaba "el contexto". Al fin y al cabo, quienes participan en las alegres fiestas marbellíes, tan multiculturales, no tienen una urdimbre genética diferente de la de los trabajadores que miran con recelo a los inmigrantes en las colas de los servicios sanitarios. En lo que atañe a xenofobia o machismo, unos y otros son igualmente confiables. Tanto o tan poco.
La operación simplificadora deja intacto el mundo pero maltrata a sus pobladores. Si la culpa es del racismo, el sexismo y de la xenofobia, en algún eslabón de la cadena causal la culpa es de cada uno de nosotros, racistas, sexistas y xenófobos. Y si uno levanta la mano y dice que las cosas no son tan sencillas, que lo que se archiva en el negociado de racismo, sexismo o xenofobia quizá pertenece al tradicional departamento de igualdad, no tardará en ser acallado bajo la acusación de racista, sexista o xenófobo. De antiguo. Caca, culo, pedo, pis.
Pero, qué le vamos a hacer, las cosas son complicadas. Es verdad que cuando en una sala abarrotada se produce un incendio y cada uno intenta salir el primero, sin atender a los demás, el egoísmo algo tiene que ver con la previsible catástrofe. Pero el resultado no será mejor con individuos altruistas si cada uno, cortésmente, cede el paso a los demás y nadie acaba por salir. La ignorancia de que el problema está en las reglas del juego sociales o en las instituciones, desemboca con bastante naturalidad en acusaciones de mala fe. Si se cree que los problemas se solucionan cuando somos buenos, no cabe sino buscar traidores y desleales cuando vienen mal dadas. Al final de la estrategia del adjetivo siempre asoma la estrategia de la sospecha.
La implicación política menos grave de esta forma de pensar es la propia de los curas: hay que cambiar las mentalidades, educar a las gentes. Cuando todos seamos buenos, el mundo será una maravilla. Y si no, la culpa es nuestra. La naturaleza caída del cristianismo, que al fin se impone. Otras veces las cosas son más graves. No hay que olvidar que el socialismo más siniestro, el de los campos de reeducación, iba de la mano del "hombre nuevo".
Esa vereda, si tiene algún destino, es la paralización del pensamiento, sustituido por la pirotecnia de las palabras. Los conjuros siempre han entretenido mucho a la afición. Más fascinante y menos trabajoso que reordenar el poder o el dinero, que cambiar el mundo, es juguetear con las palabras, crear ministerios del humo, aunque se llamen ministerios de cambiar el mundo.
jueves, 28 de febrero de 2008
Manifiesto contra el voto xenófobo
La población que ha inmigrado en España en las últimas décadas lo ha hecho atendiendo, entre otras razones, a la fuerte demanda de mano de obra que nuestro mercado laboral ha planteado. Su inserción laboral ha corregido determinados desajustes y carencias que se producían en este mercado, y con ello ha permitido el mantenimiento de unos índices de crecimiento económico que han sido los mayores de nuestra historia reciente. Las aportaciones de la inmigración van mucho más allá de las económicas, pero éstas han de ser hoy afirmadas con claridad a la luz del debate que se está produciendo.
Esta inmigración ha sido recibida con unas políticas restrictivas que respondían a la idea de que aquí no necesitábamos inmigrantes, las mismas que rigen en toda Europa desde hace tres décadas. El resultado ha sido que la mayor parte de las personas no comunitarias establecidas en España no han podido inmigrar por un cauce legal y han pasado por largos períodos de situación administrativa irregular, períodos en los que han carecido de derechos y han sido fácilmente explotables en el terreno laboral. Nuestra sociedad no ha dado la bienvenida a unas personas de las que tanto beneficio ha sacado, y el trato que éstas han recibido no puede ser calificado de ningún modo como integrador.
Por otra parte, la ausencia de políticas de integración, que no aparecen en el ámbito del gobierno español hasta 2004, y la falta de adaptación de los servicios públicos al crecimiento demográfico que la inmigración ha supuesto (especialmente desde mediados de los noventa), han generado déficit de los que sólo las administraciones públicas son responsables. De tales déficit, las víctimas son tanto la población autóctona como la inmigrada.
Los planteamientos realizados en la presente campaña electoral por parte del PP, tales como el contrato de integración, la obligación de los inmigrantes a adaptarse a las costumbres españolas, o la vinculación entre inmigración y delincuencia, constituyen una nueva agresión contra unas personas que no han recibido un trato integrador y a las que se ha mantenido en situación de inferioridad de derechos en muchos aspectos. Tales propuestas culpabilizan a los inmigrantes de falta de integración y acentúan los prejuicios populares que también los culpabilizan de casi todos los males que afectan a nuestra sociedad: de las carencias de los servicios públicos, de los bajos salarios, de la delincuencia, etc.
La intencionalidad de estas propuestas responde a lo experimentado en los últimos 20 años en casi todos los países europeos: el mensaje xenófobo da votos. Muchos son los partidos conservadores que han ganado elecciones recurriendo a este mensaje. No importa el daño que se le hace a la sociedad, el quiebro que se produce en la cohesión social, los conflictos sociales que se incentivan. Todo vale para ganar las elecciones.
Quienes subscribimos este manifiesto queremos afirmar que no todo vale, y que quien recurre a incentivar la xenofobia para ganar unas elecciones debe pagar un precio por ello.
Es necesario que los votantes demos una lección a los partidos políticos, demostrándoles que el discurso xenófobo también puede servir para perder elecciones. Si bien en Europa hasta ahora siempre había sucedido lo contrario, el año 2008 comenzó con un cambio de signo: fue precisamente el discurso xenófobo lo que hizo perder las elecciones en el Estado alemán de Hesse al candidato conservador. El electorado alemán mostró, en esta ocasión, una madurez que se ha convertido en una lección para todos los europeos y que nos ha de guiar en España en las elecciones del 9 de marzo.
Frente al discurso xenófobo reivindicamos unas políticas relacionadas con la inmigración cuyos ejes sean el avance en las medidas antidiscriminatorias, la inversión en servicios públicos acorde con los incrementos de población producidos y la equiparación efectiva de derechos para todas las personas que residen en nuestro país. Emplazamos a todas las fuerzas políticas a concluir, de una vez por todas en la próxima legislatura, las reformas que sean necesarias para la concesión del derecho de voto a todas las personas mayores de edad con residencia estable en España.
El 9 de marzo la xenofobia ha de sufrir una derrota y hemos de encaminarnos hacia la construcción de una sociedad más integradora. Quienes han apostado por el discurso xenófobo para ganar las elecciones deben perderlas. Es mucho lo que está en juego,
Suscrito por:
Albert Recio Andreu. Universitat Autónoma de Barcelona
Alberto Hidalgo. Universidad de Oviedo
Alessandra Olivi. Universidad de Sevilla
Alfonso Dubois. Universidad del País Vasco
Ángel G. Chueca Sancho. Universidad de Zaragoza
Antolín Granados Martínez. Universidad de Granada
Antonia Olmos Alcaraz. Universidad de Granada
Antonio Izquierdo Escribano. Universidad de Coruña
Arantzazu López de Luzuriaga. Universidad Rey Juan Carlos
Artur Aparici Castillo. Universitat Jaume I
Asunción Cifuentes. Universidad de Burgos
Asunción Colás Turégano. Universitat de València
Beatriz Macías Gómez-Stern. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Beatriz Pérez Galán. Universidad de Granada
Carlos Arrabal Miguel. Universidad Politécnica de Madrid
Carlos Mario Gómez. Universidad de Alcalá de Henares
Carlos Morla Juarista. Universidad Politécnica de Madrid
Casimir Nalda Auxina. Universitat Politècnica de València
Claudia Pedone. Universitat Autónoma de Barcelona
Concepción Carrasco Carpio. Universidad de Alcalá de Henares
Dolores Juliano. Universitat de Barcelona
Eduardo Terrén. Universidad de Salamanca
F.
Félix Etxeberria Balerdi. Universidad del País Vasco
Gemma Santa Olalla Mariscal. Universidad de Burgos
Gregorio Aragón Rubio. Universidad Rey Juan Carlos
Héctor Silveira. Universitat de Lleida
Ignacio Nadal Perdomo. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Inma Antolínez Domínguez. Universidad de Granada
Inmaculada Cebrián. Universidad de Alcalá de Henares
Jaime Cervera Bravo. Universidad Politécnica de Madrid
Jaime Ferri Durá. Universidad Complutense de Madrid
Javier de Lucas. Universitat de València
Javier Esguevillas. Universidad Rey Juan Carlos
Jesús Montoya Juárez. Universidad de Granada
Jesús Muñoz. Universidad de Burgos
Joaquim Sempere. Universitat de Barcelona
Joaquín Arango. Universidad Complutense de Madrid
Joaquín Seoane Pascual. Universidad Politécnica de Madrid
Jorgelina Barrera. Universidad de Barcelona
José A. Estévez Araújo. Universitat de Barcelona
José Alfredo Bravo Fernández. Universidad Politécnica de Madrid
José Luis Ceresuela Soria. Universidad Politécnica Madrid
José Luis Martín Sanz. Universidad Europea de Madrid
José M. Iriondo. Universidad Rey Juan Carlos
José Manuel Palacios Alberti. Universidad Politécnica de Madrid
Joseba Achotegui. Universitat de Barcelona
Josep Miquel Palaudarias. Universitat de Girona
Juan José Bueno Aguilar. Universidad de A Coruña
Laura Zúñiga Rodríguez. Universidad de Salamanca
Liliana Suárez Navaz. Universidad Autónoma de Madrid
Lorenzo Capellán de Toro. Universidad de Granada
Lourdes Gaitán Muñoz. Universidad Complutense de Madrid
Luis Giménez Benavides. Universidad Rey Juan Carlos
M. Rosa Terradellas. Universitat de Girona
Maite Alemany. Universitat de València
Marcelino de
María Antonieta Delpino. Universidad de Salamanca
María Dolores Pérez Grande. Universidad de Salamanca
María Felicidad Bógalo Román. Universidad de Burgos
María García-Cano Torrico. Universidad de Granada
Maria
María Luisa Iglesias. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Maria Vega Asensio Herrero. Universidad del País Vasco
Martín Rodríguez Rojo. Universidad de Valladolid
Mayte Bejarano. Universidad de Castilla-La Mancha
Miguel A. Bernabé. Universidad Politécnica de Madrid
Miguel Ángel Ibáñez Ruiz. Universidad Politécnica de Madrid
Miguel Pajares. Universitat de Barcelona.
Miquel Izard. Universitat de Barcelona
Mónica Ortiz Cobo. Universidad de Granada
Natalia Moraes Mena. Universidad de Granada
Natividad Fernández Sola. Universidad de Zaragoza
Olga Jubany Baucells. Universitat de Barcelona
Paola Carolina Solís Rojas. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Patricia Laurenzo Copello. Universidad de Málaga
Patricia Onieva. Universidad Complutense de Madrid
Rafael Domínguez Martín. Universidad de Cantabria
Rafael Grasa Hernández. Universitat Autónoma de Barcelona.
Rafael Muñoz de Bustillo. Universidad de Salamanca
Rafaela Díaz Villalobos. Universidad de Extremadura
Ricard Zapata-Barrero. Universitat Pompeu Fabra
Rosalinda Sánchez Hípola. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Rubén Milla. Universidad Rey Juan Carlos
Rubén Pérez Rodríguez. Universidad de Granada
Rubén Torices Blanco. Universidad Rey Juan Carlos
Ruth Ferrero. Universidad Complutense de Madrid.
Ruth M. Mestre i Mestre. Universitat de València
Sandra Gil Araujo. Universidad de Granada
Sergio Barba-Romero. Universidad de Alcalá
Silvia Carrasco Pons. Universitat Autónoma de Barcelona
Teresa Alario. Universidad de Valladolid
Ubaldo Martínez Veiga. Universidad Nacional de Educación a Distancia
Virtudes Albertos Pérez. Universitat Politècnica de València
Xavier Pedrol Rovira. Universitat de Barcelona.
Xosé Manoel Núñez Seixas. Universidad de Santiago de Compostela
Se adhieren
Del tejido asociativo:
Àgata Sol Rueda (secretaria general de
De otros ámbitos:
Adoración Camacho Blázquez. Alberto Hidalgo Hermoso. Ángeles Benito de Benito. Ángeles Leal Pardo. Ángeles Marta Vallejo Aparici. Antonio Mas Colom.

