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miércoles, 14 de enero de 2009

Mentiras en tiempos de guerra

Un Ejército poderoso dispara sin piedad, destroza sin piedad, hiere sin piedad, mata sin piedad. Un Estado poderoso justifica los crímenes, permite las violaciones de las leyes de guerra, prohíbe la atención y evacuación de los heridos y miente en tiempos de guerra a su población. Sin piedad. Sin vergüenza. Sin derechos. Sin testigos.


Llevan años justificando las matanzas de civiles con excusas repugnantes que sus propias comisiones de investigación acaban rechazando años después. Más de 17.000 libaneses, en su mayoría civiles, murieron en la invasión del Líbano de 1982. Permitieron la masacre de casi dos millares de mujeres, niños y ancianos en Sabra y Chatila. Bombardearon una base de la ONU en 1996 en el sur de Líbano, matando a un centenar de civiles, la mitad niños. Mataron a 1.200 civiles en el verano de hace dos años y destrozaron las infraestructuras del país vecino para vengar la captura de dos soldados israelíes por milicianos de Hizbulá.

Sus dirigentes políticos y militares han institucionalizado la mentira. Han acusado a los combatientes enemigos de utilizar a la población civil como escudos humanos y de hacer montajes con las víctimas civiles. Como si fuese necesario escenificar el dolor y la muerte.

Si existiese un Tribunal Internacional Penal sobre crímenes de guerra en Oriente Medio, varios líderes políticos y militares israelíes estarían cumpliendo largas condenas en celdas cercanas a las de algunos líderes enemigos, como ocurre en La Haya con los criminales de la antigua Yugoslavia.

En los cuatro meses que transcurrieron entre julio y octubre de 2008, el alto el fuego pactado entre israelíes y palestinos sólo fue violado en contadas ocasiones. Apenas una docena de cohetes artesanales perturbó la tranquilidad en los pueblos israelíes vecinos a Gaza. Un enfrentamiento entre soldados israelíes y miembros de Hamás provocó esta nueva fase de tensión que ha desembocado en la masacre actual. Una acción de guerra perpetrada por Israel con el resultado de seis palestinos muertos volvió a abrir la caja de Pandora.

Las cifras de muertos son demoledoras



Desde el inicio de la Segunda Intifada en septiembre de 2000, casi 5.000 palestinos han muerto frente a 1.100 israelíes. En el año 2008, 650 palestinos murieron frente a 25 israelíes. Desde el inicio de los actuales ataques contra Gaza, casi un millar de palestinos han muerto frente a una quincena de israelíes —varias víctimas por fuego amigo—. En la llamada Primera Intifada, que se inicio el 9 de diciembre de 1987 y que concluyó el 13 de septiembre de 1993, 1.162 palestinos y 160 israelíes perecieron en los enfrentamientos.

La repulsa contra el uso indiscriminado de la fuerza por parte de Israel es generalizada en el mundo entero. Incluso personas simpatizantes de este Estado son muy críticas con este nuevo capítulo de violencia descarnada.

Xavier Rubert de Ventós, en La Vanguardia, admite su empatía con el pueblo judío pero "me duelen sus errores". El filósofo es muy claro: "El bombardeo de un sitio cerrado como Gaza es comparable al gueto de Varsovia, pero ahora con aviación". También en La Vanguardia Fernando Savater afirma que el Estado de Israel tiene el derecho y el deber de defender a la población de los ataques terroristas. Pero agrega sin cortapisas que "nada justifica la aniquilación de la población civil de Gaza".

Joan B. Culla i Clara, conocido por sus simpatías proisraelíes, admite en El País que aun siendo parciales, "las imágenes de Gaza reflejan una situación cada día más insoportable para la conciencia universal". En este mismo diario, Mario Vargas Llosa afirma que "los cadáveres y ríos de sangre de estos días sólo servirán para levantar nuevos obstáculos y sembrar más resentimiento y rabia en el camino de la negociación".

La respuesta equivocada

Pero las críticas más contundentes son realizadas por la minoría judía asqueada de la utilización permanente de la violencia para diezmar a la población civil. El enviado especial de la ONU para los derechos humanos en Palestina, el académico judío estadounidense Richard Folk ha acusado a Israel de cometer "un crimen contra la humanidad" y ha pedido que se cree un Tribunal Internacional Penal para determinar las responsabilidades de los dirigentes israelíes.

El columnista Roger Cohen escribe en The New York Times que "nunca me he sentido tan descorazonado respecto a Israel, tan avergonzado por sus acciones, tan pesimista respecto de algún tipo de paz que pueda acabar con el dominio de los muertos y dar una oportunidad a los vivos". Y continua: "Sí, es necesario darle una respuesta a Hamás, pero hacer volar en pedazos Gaza es la repuesta equivocada".

El periodista israelí Gideon Levy ha escrito en Haaretz: "Cualquiera que justifique esta guerra justifica todos sus crímenes y quien la vea como una guerra defensiva debe cargar con la responsabilidad moral de sus consecuencias". David Hammerstein, eurodiputado español de origen judío, ha explicado después de visitar la Franja de Gaza: "Decir que no hay crisis humanitaria es de un cinismo increíble. Y decir que la población está siendo utilizada como escudos humanos es hipócrita". Además, ha criticado la cerrazón a la prensa internacional porque "una guerra sin testigos es la llave de la impunidad".

"Cuantos más civiles matemos, más extremistas habrán"

En un debate radiofónico entre dos ex pilotos de guerra israelíes, Jonathan Sapira le dice a su interlocutor partidario de la mano dura: "Hablas de arrasar. Ten en cuenta que muchos de los 1,5 millones de habitantes viven en míseros campos de refugiados que tu no desearías ni para el peor de tus enemigos. Cada vez que matemos a más civiles, habrán más extremistas y la solución a la paz será más difícil. Hay dos opciones: o hablar con ellos o, como tú dices, arrasar y destruirlos. El pueblo judío no puede elegir la destrucción de Gaza. Es un crimen de guerra que, además, no sería efectivo".

Un correo electrónico enviado por un judío ("joven piadoso de Ashdod", tal como el mismo se describe) al parlamentario árabe israelí Ahmed Tibi (recogido en La Vanguardia del domingo) refiere la historia del rabino Yehuda Amital, superviviente del holocausto, quien, prisionero de un campo de exterminio, le preguntó a otro rabino qué le parecía lo que estaban viviendo. "Gracias a Dios, no somos los asesinos sino las víctimas", le contestó. Y el joven judío añade en referencia a la tragedia actual: "Ahora somos nosotros los asesinos". En su hermoso alegato contra el olvido titulado 'El canto del pueblo judío asesinado', Itsjok Katzenelson empieza su noveno canto de la siguiente manera:
Así empezó todo, desde el comienzo mismo...
¡Cielos, digan por qué, oh, digan por qué!
¿Por qué nos merecimos ser tan humillados
en esta ancha tierra?
La sordomuda tierra se hace la ciega...
pero ustedes, cielos, lo vieron;
¡ustedes lo observaron todo desde las alturas,
y no se trastornaron!
Y más adelante sigue:
¡No hay un Dios en ustedes! Abran sus portones, cielos,
ábranlos de par en par
y dejen entrar a todos los niños de mi pueblo
asesinado, martirizado;
abran para ellos el gran portón del cielo; un pueblo entero
cruelmente crucificado, dolorido,
tiene que entrar en ustedes... ¡Oh, cada uno de mis niños masacrados
puede ser un Dios!
Katzenelson se enfrentó al mal durante el gueto de Varsovia y alabó a la resistencia frente a la exterminación de su pueblo. Sus poemas también sirven hoy en el gueto de Gaza.

Fuente: Escrito por Gervasio Sánchez para Soitu

jueves, 8 de enero de 2009

¿Qué diferencia hay entre la Franja de Gaza y el Gueto de Varsovia?

Imágen del Gueto de Varsovia

La proporcionalidad es un principio capital del derecho internacional, y está basado en que cualquier acto de agresión debe tener una respuesta proporcional a éste. Como vemos no es el caso de la matanza que se está viviendo en un lugar del mundo ya de por sí trágico: la franja de Gaza. Un inefectivo ataque con cohetes caseros por parte de Hamas ha sido respondido con un bombardeo y una ofensiva terrestra contra la población al más puro estilo de la II Guerra Mundial, pero con armas del siglo XXI.

Gaza está ubicada en la Autonomía Palestina, que no es un estado independiente ni una provincia de Israel, simplemente un lugar donde se aglomeran los palestinos en condiciones miserables para que los israelíes puedan arrojarles fuego de vez en cuando, y así mantener un estado de odio, furia y hostilidad entendible por parte de los palestinos. ¿Quién puede hablar de resistencia pacífica en esas condiciones? Si quedaba algún Gandhi en la Gaza acosada por Israel, hace tiempo voló por los aires en algún ataque israelí.

Contrariamente a los objetivos señalados públicamente por Israel, este ataque no hace más que fortalecer a la facción extremista palestina de Hamas y debilitar a la ya endeble Fatah, la alternativa laica con la que se puede negociar una salida integral al problema.

La política de Israel con respecto a los territorios palestinos que ellos ocupan tiende, especialmente desde la trágica muerte del gran Isaac Rabin por un extremista judío, a dinamitar cualquier acto de negociación y cualquier perspectiva de salida pacífica con la política del “ garrote y más garrote sin zanahoria “. Más allá de un par de gestos simbólicos (algunos enclaves ultraortodoxos desarmados en el corazón de Cisjordania, o soltar presos políticos) se alimenta sentimientos cada vez más sostenidos y ardientes de odio por parte de una población a lo menos humillada, víctima de un verdadero apartheid religioso, ocupada por una fuerza militar ajena a sus deseos, desarraigada y que ve morir a sus niños y mujeres en plena acera por aviones que no alcanzan a detener las piedras o los cohetes caseros.

Veo las escenas de ayer y de hoy en Gaza y este territorio adquiere una enorme semejanza con el Gueto de Varsovia: ocupados por un ejército invasor, sin fuerzas armadas propias ni la posibilidad de ayuda militar de cualquier país para responder una agresión, cercados, con el agua cortada desde el exterior, hacinados y juntos en un lugar concreto donde el enemigo puede disparar impunemente y asegurarse que siempre habrá un sustancioso “ daño colateral ” en sus ataques.

Gueto de Varsovia

Recuerdo que el fin del gueto de Varsovia se debió a una última rebelión contra los nazis en una lucha suicida y sin posibilidad de victoria, alimentada por la desesperación y la negación a la vida inhumana llevada en sus confines. Los nazis encontraron la excusa perfecta, bombardearon y masacraron a todos en otro ejemplo perfecto de respuesta desproporcionada. Ayer publiqué una serie de fotos recientemente tomadas en las zonas afectadas por los bombardeos israelíes. Resulta notable la semejanza con aquellas de antaño . . . cuanto horror. Como judio y pacifista que soy, no puedo más que sentir angustia e indignación frente al sufrimiento provocado con ferocidad por quienes no hacen más que minar el contenido de milenarias y pacíficas enseñanzas y ver que hoy, pero desde el otro lado de la tribuna, se comentan similares atrocidades que las sufridas en el pasado.

Algún día haremos monumentos, memoriales, museos y días de luto mundiales por los palestinos caídos en décadas de ocupación extranjera y martirio. Pero ahora no. Como los años ‘40 para los judíos europeos, ésta época se ve oscura y solo llena de malos presagios para un pueblo que hace décadas viene sufriendo. Me refiero al pueblo palestino.

Memorial a los héroes del Gueto

Fuente: Humanismo y conectividad
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