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sábado, 19 de abril de 2008

Comensalidad: rehacer la humanidad, por Leonardo Boff

Comensalidad significa comer y beber juntos alrededor de la misma mesa. Ésta es una de las referencias más ancestrales de la familiaridad humana, pues en ella se hacen y se rehacen continuamente las relaciones que sostienen la familia.

La mesa, antes que a un mueble, remite a una experiencia existencial y a un rito. Es el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la hermandad. En ella se comparte el alimento y con él se comunica la alegría de encontrarse, el bienestar sin disimulos, la comunión directa que se traduce en los comentarios sin ceremonia de los hechos cotidianos, en las opiniones sin censura de los acontecimientos de la crónica local, nacional e internacional.

Los alimentos son algo más que cosas materiales. Son sacramentos de encuentro y de comunión. El alimento es apreciado y es objeto de comentarios. La mayor alegría de la madre o de quien cocina es notar la satisfacción de los comensales.

Pero debemos reconocer que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. La cultura contemporánea ha modificado de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y de la productividad que ha debilitado la referencia simbólica de la mesa. Ésta ha quedado reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia. La mesa familiar ha sido sustituida lamentablemente por el fast food, comida rápida que sólo hace posible la nutrición, pero no la comensalidad.

La comensalidad es tan central que está ligada a la propia esencia del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años habría comenzado la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un ancestro común. La especificidad del ser humano surgió de forma misteriosa y de difícil reconstrucción histórica. Sin embargo, etnobiólogos y arqueólogos llaman nuestra atención sobre un hecho singular: cuando nuestros antepasados antropoides salían a recolectar frutos, semillas, caza y peces no comían individualmente lo que conseguían reunir. Tomaban los alimentos y los llevaban al grupo. Y ahí practicaban la comensalidad: distribuían los alimentos entre ellos y los comían grupal y comunitariamente.

Así, la comensalidad, que supone la solidaridad y la cooperación de unos con otros, permitió el primer salto de la animalidad en dirección a la humanidad. Fue sólo un primerísimo paso, pero decisivo, porque le cupo inaugurar la característica básica de la especie humana, diferente de otras especies complejas (entre los chimpancés y nosotros hay solamente un 1,6% de diferencia genética): la comensalidad, la solidaridad y la cooperación en el acto de comer. Y esa pequeña diferencia marca toda la diferencia.

Esa comensalidad que ayer nos hizo humanos, continúa todavía hoy haciéndonos siempre de nuevo humanos. Por eso, importa reservar tiempos para la mesa en su sentido pleno de la comensalidad y de la conversación libre y desinteresada. Ella es una de las fuentes permanentes de renovación de la humanidad hoy globalmente anémica.


Fuente: Koinonia

Vídeo: El Poder del Ahora, de Eckart Tolle

Fragmento de la película documental Mentes Brillantes en el que Tolle expone en pocas palabras la visión que transmite su maravilloso libro El Poder del Ahora.





"Uno de los mejores libros publicados en muchos años. Cada frase resuena a verdad y poder."


Deepak Chopra


"El Ser es la Vida Una, eterna y siempre presente, que está más allá de las miles de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo está más allá sino que también está profundamente dentro de cada forma de vida, constituyendo su esencia más invisible e indestructible.

Esto significa que puedes acceder al Ser ahora mismo, porque es tu yo profundo, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de asirlo con la mente, no intentes entenderlo. Sólo puedes conocerlo cuando la mente se aquieta, cuando estás plena e intensamente presente en el Ahora.

Recuperar la conciencia de Ser y permanecer en ese estado de "sensación-realización" es lo que es la Iluminación."

Eckhart Tolle

El Yo evolutivo. Una psicología para un mundo globalizado, de Mihaly Csikszentmihalyi


Su éxito Fluir nos presentó una nueva teoría sobre la felicidad que cambió radicalmente nuestra visión de la vida y de nosotros mismos. En El Yo evolutivo. Una psicología para un mundo globalizado, su nueva obra editada por Kairós, Mihaly Csikszentmihalyi nos enseña cómo llegar a comprender y superar nuestra herencia evolutiva para poder re-crearnos a nosotros mismos y al mundo de cara a los nuevos tiempos que vivimos.

Mihaly Csikszentmihalyi sostiene que los mismos comportamientos, genéticamente programados, que hasta hace poco ayudaron a los seres humanos a adaptarse y multiplicarse, ahora amenazan su supervivencia. Las obsesiones con la comida y el sexo, las diferentes formas de adicción al placer, una excesiva racionalidad y la tendencia a centrarnos en los aspectos negativos de la existencia son algunos de los factores que ponen en riesgo el futuro de la humanidad.

Para revertir esta tendencia, el autor plantea que debemos liberar nuestra mente de ilusiones culturales tales como la superioridad etnocéntrica o la identificación con las posesiones individuales, y nos anima a encontrar modos de reducir la opresión, explotación e injusticia que se han ido arraigando en la estructura de la sociedad. Y, fundamentalmente, Csikszentmihalyi nos insta a asumir el control de la evolución humana, para lo cual sólo necesitamos concentrarnos en aquellas actividades que nos resulten estimulantes, que nos hagan sentir en equilibrio con el exterior y superar el conformismo y el caos.

Mihaly Csikszentmihalyi es profesor de Psicología en la Universidad de Chicago, miembro de la National Academy of Education y de la National Academy of Leisures Sciences.

Entrevista de Eduardo Punset a Mihaly Csikszentmihalyi
Vídeo de la entrevista en YouTube

Fuente: Editorial Kairós

Enlace a un excelente artículo de nuestro amigo Andrés en su blog Humanismo y Conectividad sobre Mihaly Csikszentmihalyi y el fluir de la felicidad

sábado, 29 de marzo de 2008

¿Cuál será el próximo paso?, por Leonardo Boff

La situación actual de la Tierra y de la Humanidad nos hace pensar. La aldea global se ha consolidado. Ocupamos prácticamente todo el espacio terrestre y explotamos el capital natural hasta los confines de la materia y de la vida, a través de la razón instrumental-analítica.

La pregunta que se plantea ahora es: ¿cuál será el próximo paso?, ¿más de lo mismo? Pero eso es muy arriesgado porque el paradigma actual está asentado sobre el poder como dominación de la naturaleza y de los seres humanos. No debemos olvidar que el ser humano ha creado la máquina de muerte que puede destruirnos a todos y destruir la vida de Gaia. Ese camino parece haberse agotado. Del capital material tenemos que pasar al capital espiritual. El capital material tiene límites y se agota. El espiritual es ilimitado, inagotable. No hay límites para el amor, la compasión, el cuidado, la creatividad, realidades intangibles que configuran el capital espiritual.

Éste ha sido bastante poco explorado por nosotros, pero puede representar la gran alternativa. La centralidad del capital espiritual reside en la vida, la alegría, en la relación inclusiva, en el amor incondicional y en la capacidad de trascendencia. No significa que tengamos que prescindir de la tecnociencia. Sin ella no atenderíamos las necesidades humanas, pero ella ya no destruiría la vida. Si en el capital material la razón instrumental era su motor, en el capital espiritual es la razón cordial y sensible la que organizará la vida social y la producción. En la razón cordial están radicados los valores; de ella se alimenta la vida espiritual pues produce las obras del espíritu que mencionamos antes: el amor, la solidaridad y la trascendencia.

Si en el tiempo de los dinosaurios hubiera habido un observador hipotético que se hubiera preguntado por el próximo paso de la evolución probablemente habría dicho: la aparición de especies de dinos todavía mayores y más voraces. Pero se habría engañado. Nunca habría podido imaginar que de un pequeño mamífero que vivía en la copa de los árboles más altos, alimentándose de flores y de brotes y temblando de miedo de ser devorado por los dinosaurios irrumpiría, millones de años más tarde, algo absolutamente impensado: un ser de conciencia y de inteligencia −el ser humano− con una cualidad de vida totalmente distinta a la de los dinosaurios. Fue un paso diferente.

Creemos que ahora, de otro paso, podrá surgir un ser humano marcado por el inagotable capital espiritual inagotable. Ahora será el mundo del ser más que el mundo del tener.

El próximo paso, entonces, sería exactamente éste: descubrir este capital espiritual inagotable y empezar a organizar la vida, la producción, la sociedad y la cotidianidad a partir de él. Entonces la economía estará al servicio de la vida y la vida se empapará de los valores de la alegría y la autorrealización, una verdadera alternativa al paradigma vigente.

Pero este paso no es mecánico. Es voluntario, es decir, es algo que se ofrece a nuestra libertad. Podemos acogerlo o podemos rechazarlo. No se identifica con ninguna religión Es algo anterior, que emerge de las virtualidades de la evolución consciente. Quien lo acoge vivirá otro sentido de vida, vivenciará también un nuevo futuro. Los otros seguirán sufriendo los impases del actual modo de ser y se preguntarán angustiados por su futuro y hasta por la eventual desaparición de la especie humana.

Estimo que la actual crisis mundial nos abre la posibilidad de un paso nuevo rumbo a este modo de ser más alto. Se dice que Jesús, Francisco de Asís, Gandhi y tantos otros maestros del pasado y del presente habrían dado ya anticipadamente este paso.


Fuente: Koinonia

Una sabiduría para todos los tiempos, por Salvador Harguindey


Nuestro amigo Salvador Harguindey acaba de publicar un libro de aforismos y pensamientos titulado "Una sabiduría para todos los tiempos", en Ediciones La Llave. A continuación reproducimos el prólogo del autor:

El hombre moderno ya no tiene tiempo para leer. Por ello, un libro en forma de aforismos y pensamientos tiene la ventaja de que se puede coger y dejar en cualquier momento, a pesar de lo cual se puede obtener un fruto muy apetecible con leer una única frase. Estas páginas se convierten también en la forma más sencilla de conocer la mente de un Einstein o comprender a Dostoyevski, Lao Tse o Goethe, sin verse obligado a saber de física de la relatividad, leer esas interminables y abigarradas novelas rusas, penetrar en una concienciación oriental distinta a la nuestra o sufrir los desencantos del gran poeta alemán.

La sabiduría, y con ellas, la cultura y el espíritu humano, individual y colectivo, se hunden vertiginosamente en un mundo cada vez más agresivo, violento y deshumanizado. Si, según dijo Buda, la estupidez es la causa de todos los males así como de la infelicidad de los hombres, nuestras sociedades, dominadas por la estupidez y la superficialidad, no tienen la mínima posibilidad de salvación. Pero si es cierto que al cielo no se llega sino a través del infierno y que antes de ver la luz hay que sobreponerse al caos, tal vez las páginas de este libro ayuden a resucitar una esperanza que aún mora escondida en algún recóndito lugar del ser humano. Con esos ingredientes es aún posible salir al encuentro de una nueva conciencia que permita superar, e incluso cambiar, un mundo cada vez más violento, conflictivo e insatisfactorio.

¿Por qué se habla aquí de “una” sola sabiduría para todos los tiempos? La sabiduría es una montaña que en su pico más alto, al nivel de la realización, su iluminada clarividencia no permite más dualismos confrontadores, ignorancia, conflicto o sufrimiento. Y es que en esa cima se trascienden todos los contrarios, allí todo se hace “Uno”. Por eso decimos que la sabiduría humana es únicamente “una”. No es de extrañar por lo tanto que un pequeño racimo de algunos de los sabios y seres más elevados - desde Buda y Lao Tse a Jesucristo, Plotino, Hermes Trimegisto, Spinoza, Goethe, Dosoyevski, Tolstoi, Carl Jung, Hermann Hesse, Raimon Panikkar, Aldous Huxley, Krishnamurti, Einstein, Evelyn Underhill, Abraham Maslow, el Dalai Lama, Ken Wilber, etc. -, lleguen a conclusiones muy parecidas. Y cada uno de estos seres nos indica un camino de ascenso que, en líneas generales, es común a todos ellos.

Este libro de pensamientos y aforismos pretende poner un peldaño más que lleve a una transformación de la conciencia, esa metanoia tan necesitada hoy en día, un cambio drástico que desde Jesús de Nazaret a Einstein y al Dalai Lama actual se ha considerado imprescindible para alcanzar la salvación. Pero no una salvación en una vida futura, a la manera de las merecidamente desprestigiadas, dogmáticas y trasnochadas religiones dualistas, sino en esta vida, en el Aquí y en el Ahora. Si el infierno está en esta vida, el Cielo también puede estarlo. No es necesario esperar.
Estas páginas pueden servir asimismo como libro de meditación en estos tiempos de crisis, cambio y confusión, indicando cual es el mejor y más sabio sendero a seguir para lograr la elevación y evolución ascendente de las conciencias, tanto en la existencia personal como en la vida social, política, espiritual y universal.



Fuente: Blog de Salvador Harguindey

La urgencia de la transformación, por Eckhart Tolle

La vida, ya sea de una especie o de una forma individual, muere, o se extingue, o se impone por encima de las limitaciones de su condición por medio de un salto evolutivo siempre que se ve enfrentada a una crisis radical, cuando ya no funciona la forma anterior de ser en el mundo o de relacionarse con otras formas de vida y con la naturaleza, o cuando la supervivencia se ve amenazada por problemas aparentemente insuperables.

Se cree que las formas de vida que habitan este planeta evolucionaron primero en el mar. Cuando todavía no había animales en la superficie de la tierra, el mar estaba lleno de vida. Entonces, en algún momento, alguna de las criaturas se aventuró a salir a la tierra seca. Quizás se arrastró primero unos cuantos centímetros hasta que, agobiada por la enorme atracción de la gravedad, regresó al agua donde esta fuerza prácticamente no existe y donde podía vivir con mayor facilidad. Después intentó una y otra vez hasta que, mucho después, pudo adaptarse a vivir en la tierra, desarrolló patas en lugar de aletas y pulmones en lugar de agallas. Parece poco probable que una especie se hubiera aventurado en semejante ambiente desconocido y se hubiera sometido a una transformación evolutiva a menos que alguna crisis la hubiera obligado a hacerlo. Quizás pudo suceder que una gran zona del mar hubiera quedado separada del océano principal y que el agua se hubiera secado gradualmente con el paso de miles de años, obligando a los peces a salir de su medioambiente y a evolucionar.

El desafío de la humanidad en este momento es el de reaccionar ante una crisis radical que amenaza nuestra propia supervivencia. La disfunción de la mente humana egotista, reconocida desde hace más de 2.500 años por los maestros sabios de la antigüedad y amplificada en la actualidad a través de la ciencia y la tecnología, amenaza por primera vez la supervivencia del planeta. Hasta hace muy poco, la transformación de la conciencia humana (señalada también por los antiguos sabios) era tan sólo una posibilidad a la cual tenían acceso apenas unos cuantos individuos aquí y allá, independientemente de su trasfondo cultural o religioso. No hubo un florecimiento generalizado de la conciencia humana porque sencillamente no era todavía una necesidad apremiante.

Una proporción significativa de la población del planeta no tardará en reconocer, si es que no lo ha hecho ya, que la humanidad está ante una encrucijada desgarradora: evolucionar o morir. Un porcentaje todavía relativamente pequeño pero cada vez más grande de personas ya está experimentando en su interior el colapso de los viejos patrones egotistas de la mente y el despertar de una nueva dimensión de la conciencia.

Lo que comienza a aflorar no es un nuevo sistema de creencias ni una religión, ideología espiritual o mitología. Estamos llegando al final no solamente de las mitologías sino también de las ideologías y de los credos. El cambio viene de un nivel más profundo que el de la mente, más profundo que el de los pensamientos. En efecto, en el corazón mismo de la nueva conciencia está la trascendencia del pensamiento, la habilidad recién descubierta de elevarse por encima de los pensamientos, de reconocer al interior del ser una dimensión infinitamente más vasta que el pensamiento. Por consiguiente, ya no derivamos nuestra identidad, nuestro sentido de lo que somos de ese torrente incesante de pensamientos que confundimos con nuestro verdadero ser de acuerdo con la vieja conciencia. Es inmensa la sensación de liberación al saber que no somos esa "voz que llevamos en la cabeza". ¿Quién soy entonces? Aquel que observa esa realidad. La conciencia que precede al pensamiento, el espacio en el cual sucede el pensamiento, o la emoción o la percepción.

El ego no es más que eso: la identificación con la forma, es decir, con las formas de pensamiento principalmente. Si es que hay algo de realidad en el concepto del mal (realidad que es relativa y no absoluta), su definición sería la misma: identificación total con la forma: las formas físicas, las formas de pensamiento, las formas emocionales. El resultado es un desconocimiento total de nuestra conexión con el todo, de nuestra unicidad intrínseca con "todo lo demás" y también con la Fuente. Este estado de olvido es el pecado original, el sufrimiento, el engaño. ¿Qué clase de mundo creamos cuando esta falsa idea de separación total es la base que gobierna todo lo que pensamos, decimos y hacemos? Para hallar la respuesta basta con observar la forma como los seres humanos se relacionan entre sí, leen un libro de historia o ven las noticias de la noche.

Si no cambian las estructuras de la mente humana, terminaremos siempre por crear una y otra vez el mismo mundo con sus mismos males y la misma disfunción.


Fuente: Extracto del libro Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle