Mostrando entradas con la etiqueta Solidaridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Solidaridad. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de noviembre de 2008

No desperdiciar las oportunidades de la crisis, por Leonardo Boff


Frente al cataclismo económico-financiero mundial se dibujan dos escenarios: uno de crisis y otro de tragedia.

Tragedia sería si toda la arquitectura económica mundial se desmoronase y nos empujase hacia un caos total con millones de víctimas, por violencia, hambre y guerra. No sería imposible, pues el capitalismo generalmente supera las situaciones caóticas mediante la guerra. Gana al destruir y gana al reconstruir. Solamente que hoy esta solución no parece viable, pues una guerra tecnológica liquidaría a la especie humana; sólo caben guerras regionales sin uso de armas de destrucción masiva.

Otro escenario sería el de crisis. Para ella, no acaba el mundo económico, sino este tipo de mundo, el neoliberal. El caos puede ser creativo, dando origen a otro orden diferente y mejor. La crisis tendría, por tanto, una función purificadora, abriendo espacio para otra oportunidad de producción y de consumo.

No necesitamos recurrir al ideograma chino de crisis para saber de su significado como peligro y oportunidad. Basta recordar el sánscrito, matriz de las lenguas occidentales.

En sánscrito, crisis viene de kir o kri que significa purificar y limpiar. De kri viene también crítica que es un proceso por medio del cual nos damos cuenta de los presupuestos, de los contextos, del alcance y de los límites sea del pensamiento, sea de cualquier fenómeno. De kri se deriva además crisol, utensilio químico con el cual se limpia el oro de las gangas y, finalmente, acrisolar que quiere decir depurar y decantar. Entonces, la crisis representa la oportunidad de un proceso crítico, de depuración de lo esencial; sólo queda lo verdadero; lo accidental, sin sustentación, cae.

Alrededor y a partir de este núcleo se construye otro orden que representa la superación de la crisis. Los ciclos de crisis del capitalismo son notorios, conocidos. Como nunca se hacen cortes estructurales que inauguren un nuevo orden económico sino que siempre se recurre a ajustes que preservan la lógica explotadora de base, nunca supera propiamente la crisis. Alivia sus efectos dañinos, revitaliza la producción para nuevamente entrar en crisis y así prolongar el ciclo de crisis recurrente.

La crisis actual podría ser una gran oportunidad para la invención de otro paradigma de producción y de consumo. Más que nuevas regulaciones son urgentes las alternativas. La solución de la crisis económico-financiera pasa por el encarrilamiento de la crisis ecológica general y del calentamiento global. Si estas variables no fuesen consideradas, las soluciones económicas dentro de poco tiempo no tendrán sosteniblidad y la crisis volverá con más virulencia.

Las empresas en las bolsas de Londres y de Wall Street tuvieron pérdidas de más de un billón y medio de dólares, pérdidas del capital humano. En cuanto a esto, según datos de Greenpeace, el capital natural tiene pérdidas anuales del orden de 2 a 4 billones de dólares, provocadas por la degradación general de los ecosistemas, desarborización, desertificación y escasez de agua. La primera produjo pánico, la segunda ni siquiera fue notada. Pero esta vez no hay posibilidad de seguir con el business as usual.

Lo peor que nos puede pasar es no aprovechar la oportunidad proveniente de la crisis generalizada del tipo de economía neoliberal para proyectar una alternativa de producción que combine la conservación del capital natural junto con el capital humano. Hay que pasar de un paradigma de producción industrial devastador a otro de sustentación de toda la vida.

Esta alternativa es imprescindible, como lo mostró valerosamente François Houtart, sociólogo belga, en una conferencia ante la Asamblea de la ONU el 30 de octubre del presente año: si no buscamos una alternativa al actual paradigma económico, del 20 al 30% de las especies vivas podrán desaparecer en quince años y a mediados de siglo habrá de 150 a 200 millones de refugiados climáticos. Ahora la crisis en vez de oportunidad se vuelve un peligro aterrador.

La crisis actual nos ofrece la oportunidad, tal vez una de las últimas, para encontrar un modo de vida sostenible para los humanos y para toda la comunidad de vida. Sin eso podremos ir al encuentro de lo peor.


Fuente: Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño

Lo hicieron, aunque no sabían que podían hacerlo, por José Carlos Gª Fajardo


“¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a entregar mi corazón”, en palabras de Fito Páez. Se extiende una especie de pesimismo, pasotismo, egoísmo individualista que más bien tiene que ver con la resignación. Y es preciso llamar a las cosas por su nombre. Al que roba hay que llamarle ladrón y llevarlo a los tribunales; al que miente, mentiroso; al que explota, explotador, y así sucesivamente. Pero protestar aportando, en lo posible, propuestas alternativas nacidas de la reflexión, del conocimiento, de la pasión por la justicia y por la solidaridad. Porque “Otro mundo, mejor y más solidario, es posible” porque es necesario. Todo lo necesario tiene que ser posible, si no se trataría de una quimera, fantasía o necedad.

Para ello tenemos que “Pasar la palabra” cuando leemos o escuchamos algo interesante, valiente y esperanzador. No podemos abortar los ideales por temor a no poder alcanzarlos. Mal punto de partida. Todo lo grande de este mundo se ha llevado a la práctica porque alguien lo imaginó primero, lo interiorizó y lo hizo suyo. No vale escudarse en que “yo no sé hablar”, “no estoy preparado”, “nadie me va a escuchar”. Tú pasa la palabra, difunde las ideas, proyectos y propuestas de quienes te conmuevan y te parezcan sensatos, creíbles, y arriesgados. Tenemos que esquivar los peligros o superarlos y asumir los riesgos como auténticos desafíos, como oportunidades. Mi experiencia me ha demostrado que nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo. Es preciso convencerse de que no hay que esperar a ser bueno, para hacer cosas buenas. Gran parte de las personas respetables y admirables que conozco nunca hubieran comenzado. Porque no se trata de lo que hagamos sino de cómo lo hagamos. Poner el corazón y hasta la vida en aquello que admiramos, amamos y anhelamos. Siempre habrá un puesto para mí, así como soy, sin cambiar sino asumiendo mi realidad. De esta forma, los marginados y los excluidos se pueden identificar con nosotros con menos dificultad.

No podemos esperar a que nos ocurra algo extraordinario si no lo “descubrimos” en todo lo ordinario que nos sucede. Al llegar a esta altura de mi vida, he comprobado que la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer. Ni se trata de empeñarse en hacer cosas buenas. Los sabios, los auténticos líderes, los santos, los maestros no hacen cosas buenas. Bueno es lo que hace el sabio, el santo, el maestro. Cuando come, come; cuando bebe, bebe; cuando duerme, duerme. Las cosas fueron primero, su para qué después. (autentikós, el que tiene autoridad y esta deriva de augere, promocionar, pues tiene autoridad sobre alguien el que lo promueve, Por tanto, auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero, con palabras de A. Quintás

Así, en cualquier estadio de nuestro vivir podemos caer en la cuenta de que, así como somos, somos necesarios. No se trata de cuanto más, mejor; sino de cuanto mejor, más. Y todo lo que se hace desde el corazón, reforzado por la mente, es bueno y se difunde por sí mismo.

Anteayer di una conferencia en la universidad de Salamanca. Quien la organizó se ocupó en convocar al mayor número de medios de comunicación, prensa, radio y televisiones. Entrevistas de 20 minutos en cuatro emisoras y en directo; dos entrevistas de quince minutos para dos televisiones; y desde días antes, entrevistas en periódicos, y, al día siguiente de la conferencia, aparecían comentarios y fotos en otros periódicos; y este domingo saldrá una entrevista a doble página en el diario más importante de la ciudad.

¿Qué importa el número de personas que hayan podido acudir a la conferencia a las 12 de la mañana y en el alejado campus universitario? Todo lo que han difundido los medios y por Internet es tan eficaz o más que la presencia personal.

Al día siguiente me escribió la persona que arregló todo en silencio: “Gracias profesor. Quién pudiera hablar como usted”. Y yo le respondí “sin ti, nada hubiera sido posible. ¿Te das cuenta de todo lo que ha ocurrido? El escrito que me has enviado, lo reenvié a mi cadena de amigos, y estos los reenviaron a los suyos, lo he colgado en mi blog y otros colgaron sus post”. Esta es la red de redes, sabernos necesarios y aceptados y acogidos y queridos y respetados. Nadie sabe de lo que es capaz, hasta que se pone a hacerlo.

Eso es auténtico periodismo: provocar, escuchar, mirar y saber contarlo.

José Carlos Garcia Fajardo. Profesor Emérito de la UCM, Director del Centro de Colaboraciones Solidarias
Fuente: Blog de José Carlos Gª Fajardo

El Foro Humano Europeo refleja con éxito la gran transformación colectiva en marcha. Crónica de Koldo Aldai

Celebrado en Barcelona bajo el auspicio de la Alianza para una Nueva Humanidad

La misión de ANH es vincular a personas y colectivos imbuidos de un anhelo de transformación personal y social y que desean construir un mundo justo, pacífico y sustentable. La Alianza, que arranca con todo el impulso de Deepak Chopra, trata de encarnar el principio ghandiano de que nosotros mismos hemos de intentar ser el cambio que queremos ver en el mundo. El presupuesto que anima a la Alianza es a la vez sencillo y poderoso: “Si suficientes personas dirigen su conciencia a favor de la justicia social, los derechos humanos, y la sustentabilidad ambiental, entonces, la injusticia, la opresión y la destrucción del medio ambiente pueden ser detenidas”.


Comunicar, transformar, inspirar, mejorar, ser, apoyar, conectar… estimular nuestra imaginación colectiva de cara a permitir una transformación global de la conciencia son los grandes objetivos de esta Alianza que poco a poco va también arraigando en nuestra península. Buena prueba fue que para la primera cita europea de la Alianza se eligió Barcelona. En el privilegiado escenario del World Trade Center de la ciudad condal se celebró, con éxito de público y activa participación, este Forum los pasados 7, 8 y 9 de Noviembre.

Redes globales como la Alianza para una nueva Humanidad son indispensables para la construcción de una masa crítica suficiente para el cambio planetario, para la transformación positiva. La Alianza arrancó con su reunión fundacional en Costa Rica, tuvo su segunda cita en Puerto Rico y ahora su tercera a este lado de las aguas, en Barcelona. El Foro concitó sobre todo a gentes de Catalunya y la península, pero había también grupos venidos de los más diversos rincones europeos, así como gentes que habían saltado el océano desde diferentes países americanos. Este gran encuentro de hombres y mujeres de buena voluntad deseosos/as de construir una nueva Tierra, desde la transformación personal, ha sido posible gracias al esfuerzo de un equipo humano diverso que ha sabido conglomerar María Rosario Aoíz. Más de 15 personas han trabajado desde hace un año intensa y desinteresadamente para que este Foro fuera realidad.


Forum, amplio espejo del cambio planetario

El Forum nos ha permitido tomar una conciencia más abarcante de la gran transformación individual y colectivas que ya están en marcha. Tal como aspiraban las organizadoras (la mayoría aplastante del equipo son mujeres), han logrado concitar a líderes de grupos, organizaciones y fundaciones que están llevando a cabo proyectos para el cambio: humanistas, científicos reconocidos, empresarios, expertos en un amplio abanico de disciplinas, líderes sociales, asociaciones comunitarias, artistas, músicos, líderes religiosos y ciudadanos de Barcelona, España y la Comunidad Europea.

Los corazones unidos latieron pues a la vera del mar, en el World Trade Center, junto a los barcos dispuestos a surcar mediterráneos. El compromiso fue sellado por los más de cuatrocientos participantes en los más diversos idiomas, compromiso de servir a la humanidad primero con nuestra actitud de paz y de no violencia, compromiso de no suscitar tensión alguna pase lo que pase. Fue Deepak Chopra el que animó en la reunión a ese voto como la mejor contribución al mundo. Nos pidió a todos los presentes a que en cualquier circunstancia, por dura y difícil que se nos manifieste, mantengamos la paz, nos establezcamos en la no-violencia.

Otros compromisos se habían ido sellando a lo largo de todo el fin de semana, compromisos de un mundo mejor en el ámbito de la salud, la educación, la sostenibilidad, la empresa…, conscientes de que visualizar el nuevo paradigma es concebirlo y por lo tanto comenzar a materializarlo. En todos estos campos se establecieron metas, se visualizaron horizontes con la ayuda de especialistas de primer orden a nivel internacional como Vandana Shiva, Satish Kumar, Federico Mayor Zaragoza, Jorge Carvajal, Jaime Jaramillo, Fred Master, Concha Pinós… entre muchos/as otros/as. Esta fue la suerte del encuentro del Forum Humano Europeo: el poder contar con agentes de cambio y líderes de primer orden en el desarrollo de la conciencia a nivel planetario.

A Barcelona se acercaron a participar en esta intensa cita abierta de la Alianza gentes de los más diversos ámbitos de la actividad humana, pero sobre todo gentes con un gran anhelo de transformación personal y colectiva. La fuerza y la alegría del alma grupal congregada se pudo palpar en muchos de los actos. De nuevo un gran encuentro de genuina y amplia fraternidad; cientos de corazones latiendo al unísono, de almas deseando crecer unidas, servir unidas… A lo largo de todo el fin de semana se palpó riqueza de idiomas, de espiritualidades, de pasados.., pero unidad en metas y objetivos. La magia de lo vivido incapacita a este relator a dar fiel testimonio. De nuevo un teclado impotente, una pantalla callada ante la imposibilidad de narrar lo vivido. De nuevo las palabras cortas, que se sublevan ante la imposibilidad de describir el sagrado gozo de seres humanos de culturas diferentes unidos en torno a superiores ideales.


Gran abanico de participantes


La virtualidad de la cita del Forum es habernos posibilitado el contacto con agentes de cambio de gran arraigo internacional que nos han transmitido la fuerza de sus carismas, el calor de sus corazones, la visión de sus mentes. Todo ello inyectó buenas dosis de fe y entusiasmo entre los asistentes. ¿Quién no lloró cuando visionó el vídeo del rescate de Papa Jaime de los niños de la calle de Bogotá? ¿Quién no se emocionó al verlos ya no vestidos de andrajos, sino de uniforme escolar? ¿Quién no se sorprendió al ver que líderes de empresas están ya haciendo triunfante realidad los más ambiciosos sueños de compañías instauradas sobre la mutua confianza, la transparencia informativa, el incentivo de la creatividad, el principio de emprendimiento de todos los miembros de la misma…?

Vimos educadores volcados en aflorar la esencia y la creatividad de los niños; médicos que saben de cuerpos, pero sobre todo implicados en ayudar a sanar almas. Vimos banca sin usura, al servicio de valores, empresarios que hacen paz en ellos mismos y que irradian paz, líderes de compañías para los que la maternidad es una bendición… Vimos altos funcionarios que arrancan el día con el saludo al sol…; hombres de fortuna, grandes filántropos con genuina pasión por servir al prójimo. Vimos la compasión hecha carne en medio de situaciones límite, mujeres valientes como Concha Pinós entregándolo todo por la causa de los derechos humanos en Birmania. Vimos tanta gente hermosa, con tantos proyectos generosos, de tantos lugares del mundo…, que aquello no podía sino tocar nuestro corazón, ensanchar nuestras miras y estimular nuestra voluntad.

El formato no sólo era de simple escucha, sino que hubo oportunidades para la participación y sobre todo para plantear las iniciativas que cada quien estaba dispuesto a activar en su país. Hasta el último de los presentes llegó esa frase que se extendía de unos a otros cual lema: “Nadie cometió mayor error que el que no hizo nada, pensando que hacia poco”.

Cierto que el aforo y el marco eran elitistas, tan cierto como la voluntad que abriga el comité organizador de hacer cada vez más extensivo todo lo grande que se vivió ese fin de semana en Barcelona. Es cierto que la cuota de inscripción era privativa, que mucha gente que hubiera deseado participar no lo pudo hacer por evidentes razones económicas, tan cierto esto como que el interés de lucro brilló por su absoluta ausencia, tan cierto como que las/os organizadores se dejaron la piel en el empeño, que trabajaron dura y desinteresadamente, que dieron lo mejor de sí por el éxito del encuentro. Así fue: el éxito se consagró. Hay una nueva tierra más cercana tras la cita en el World Trade Center, hay un alma colectiva crecida, unas visiones más concretadas, hay una fe aumentada en favor del “juntos podemos”…

Desde estás líneas manifestar el apoyo a este loable iniciativa que ha logrado concitar a personas de todas las partes del mundo, con el objetivo común de fortalecer una gran alianza por el cambio y así crear una humanidad más sostenible, pacífica y compasiva.

Intenciones y valores de la ANH


Nuestra intención
Crear una alianza de personas basada en la conciencia de la interconectividad de toda la humanidad. Creemos que si suficientes personas comparten el valor de la paz, dejaría de existir la guerra. Si suficientes personas dirigen su conciencia a favor de la justicia social, los derechos humanos, y la sustentabilidad ambiental, entonces, la injusticia, la opresión y la destrucción del medio ambiente pueden ser detenidas.
Este cambio ya está sucediendo, ahora se requiere de una masa crítica, que a su vez necesita organización. La meta de la alianza es conectar a individuos, comunidades y grupos a nivel mundial.
La conciencia de unidad no se logra mediante batallas y victorias, sólo puede ser despertada de persona en persona.
Nuestros Valores
La Alianza reconoce como su visión medular, la unidad de toda la vida, y abraza las más nobles aspiraciones de la humanidad, tal y como han sido proclamadas por todas las tradiciones espirituales y humanistas, que hacen un llamado a la compasión y celebración de la vida. Los valores y principios del movimiento emergente de una nueva humanidad y de la Alianza, cuyo propósito es servirle a éste, se fundamentan en el apoyo de leyes, causas, acciones, que favorezcan el respeto por la vida, la dignidad humana, la libertad, el equilibrio ecológico y la paz.
El principio esencial de la Alianza es la conciencia basada en la inseparabilidad de la vida, en donde todo está interconectado, por lo tanto, nuestro bienestar es el bienestar de todos. Creemos que esta conciencia no puede ser pasiva, de lo contrario permanecería irrelevante, tiene que ser expresada para el beneficio de todos a través de un servicio que beneficie la vida de todo ser humano.

Más información del evento : www.anheurope.org
Más información de la Alianza para la Nueva Humanidad: ww.anhglobal.org

Jornadas para Directivos. Resumen de las intervenciones de Koldo Saratxaga y Joaquín Tamames

Una de las actividades que más público concitó en el marco del Forum Humano Europeo fueron las Jornadas para directivos, en las cuales se abordó el tema “Desarrollo social, económico y organizacional”.

Intervención de Koldo Saratxaga

En este seminario era especialmente esperada la intervención de Koldo Saratxaga. Según rezaba la información distribuida sobre el ponente, nos encontrábamos ante “El genio empresarial que sacó de la crisis a los autobuses Irízar. Su caso está en la escuela de Harvard y se basa en apostar por las personas”.

A lo largo de su vibrante exposición Saratxaga expuso su principio fundamental de que la empresa del futuro, en la que prime la innovación, la creatividad y el conocimiento, exige que los trabajadores sean partícipes reales del proyecto y se sientan motivados.

Para el emprendedor vizcaíno, empeñado en cambiar las estructuras empresariales y crear organizaciones sin jerarquías de mando, no hay trabajadores, hay personas; “hay actores que crean y emprenden pero no títeres”. Saratxaga está persuadido de que detrás del éxito hay una serie de “intangibles” como el trabajo en equipo, la satisfacción con el entorno, así como la relación cordial con el cliente.

Para implicarse en un proyecto y trabajar con él, exige transparencia y ética, además de equilibrio salarial y repartición de los beneficios. En esas empresas las “personas” (trabajadores) tienen acceso a todo, “saben de los resultados, de las dificultades, de los aspectos en los que eventualmente hacemos daño…”

El ex-directivo de autobuses Irizar y de otras muchas cooperativas, considera importante que los jóvenes se comuniquen y aprendan a compartir. “¡Que coño haces sólo!” soltó en mitad de un auditorio sorprendido con su discurso heterodoxo, rompedor, casi en un sentido literal de la palabra: “Es preciso tirar tabiques, instalar mesas redondas. Crear vida y mesa en común. La finalidad es compartir: participación, relación entre iguales, liderazgo extensible…Un mundo de relaciones en el que las jerarquías desaparecen. Hasta aquí han llegado”.

En las empresas en las que se implica Saratxaga se comparte hasta el último detalle: “No estamos acostumbrados a la transparencia absoluta”. Sin embargo él bien sabe que no es fácil: “Ni los sindicatos quieren transparencia. Esto no se hace ni en las familias. No estamos educados para la transparencia. Donde yo estoy nadie se abstiene de sus aficiones, pero el trabajo que tiene que salir, sale…”

De cualquier forma uno de los aspectos más revolucionario de este vasco innovador fue el referido a la maternidad. Afirmó, ante la pregunta que desde el público se le realizó al respecto, que la viven con alegría: “Ellas se cogen el tiempo que necesitan. Es su momento clave. No sólo hay que pensar en la cosecha. Es precisa una la visión a largo plazo. Es un proyecto de personas con visión de futuro y el futuro asusta”. Agitadoras también fueron algunas de sus últimas frases: “Si no se caen las organizaciones no habrá cambios” y “Las personas han de sacar lo que tienen y a partir de ahí soñar”.

Intervención de Joaquín Tamames

El directivo de banca y patrono de la Fundación Ananta abundó en la necesidad de reinventarnos a nosotros mismos desde la vivencia de la autenticidad. Según Tamames, los líderes han de tratar de encontrar a su ser y desde él servir. Para ello será preciso mantener una actitud de silencio interior que permita ir descubriendo quines somos en verdad. “Si entendemos que somos un alma, empezaremos a mirarnos desde el alma. Intentemos llevar nuestro interior limpio. Si llevamos el corazón limpio, veremos el mundo limpio. Es preciso buscar el tiempo para limpiar nuestro interior”, fueron algunas de las frases-llave o pensamientos simientes que dejó caer el directivo en medio del auditorio.

Tamames invitó a cuidar y atender primero la empresa más cercana de la vida, empresa de la familia, conscientes de que a partir del buen cuidado de éstas, podemos después atender a más ambiciosas empresas. Subrayó igualmente la necesidad de comprometernos en nuestra propia transformación interior, si de verdad aspiramos a cambiar las instituciones.

Alex Rovira estuvo en su boca durante la disertación. Tamames compartió esas palabras mayúsculas del best-seller internacional que rezan: “Para qué ser budistas si podemos ser Buda, para qué ser cristianos si podemos ser Cristo”.

El conferenciante compartió pautas muy prácticas para aquellos seres que desean ser “agentes de luz” y “llevar la luz más allá de nosotros mismos”. Concretamente sugirió a los hombres y mujeres de empresa congregados a que “cuando contemplemos un avión que surca los cielos, cuando nosotros mismos nos embarcamos en un avión, visualicemos que ese avión lleva la luz allá a donde se dirige”.

Tamames se despidió con otros dos pensamientos simientes muy presentes en su vida y accionar: “Para enriquecerse hay que dar” y “Quien esta limpio de corazón, ríe”


Fuente: Koldo Aldai
www.foroespiritual.org
www.fundacionananta.org
www.portaldorado.com

Información relacionada en este blog:
Clausura I Foro Humano Europeo

Vídeo: Deepak Chopra presenta en Barcelona la Alianza para la Nueva Humanidad

sábado, 18 de octubre de 2008

La crisis del siglo: El fin de una era del capitalismo financiero, por Ignacio Ramonet

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía: «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf. Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Ignacio Ramonet es director de Le Monde Diplomatique
Fuente: Le Monde Diplomatique, visto en la web de ATTAC-España

El libre mercado no ha muerto, por Naomi Klein


Sea cual sea el significado de los acontecimientos de la semana pasada, nadie debería creer las exageradas afirmaciones de que la crisis de los mercados señala la muerte del libre mercado. La ideología del libre mercado siempre ha servido a los intereses del capital, y su presencia crece y disminuye dependiendo de la utilidad para dichos intereses.

En épocas de auge, resulta provechoso predicar el laissez faire porque un Estado poco presente permite el crecimiento de las burbujas especulativas. Cuando esas burbujas estallan, la ideología se convierte en una traba y entra en estado de hibernación mientras el “gran gobierno” corre a prestar auxilio.

Ahora bien, que nadie se llame a engaño: la ideología volverá a rugir en cuanto haya concluido el rescate. Las deudas astronómicas que están acumulando los ciudadanos para sacar de apuros a los especuladores se convertirán entonces en parte de una crisis presupuestaria global que servirá de justificación para grandes recortes de los programas sociales. Se nos dirá también que nuestras esperanzas de un futuro verde son, por desgracia, demasiado costosas.

Lo que no sabemos es cómo responderá la opinión pública. No debe olvidarse que, en Estados Unidos, todos los menores de 40 años han crecido con la cantinela de que el Gobierno no puede intervenir para mejorar nuestra vida, que el Estado es el problema, no la solución, que el laissez faire es la única opción. Ahora, vemos de repente un Gobierno extremadamente activista e intervencionista dispuesto, al parecer, a hacer cuanto haga falta para salvar a los inversores de sí mismos.

Este espectáculo plantea de forma inexorable una pregunta: si el Estado puede intervenir para salvar las corporaciones que aceptaron riesgos temerarios en los mercados inmobiliarios, ¿por qué no puede hacerlo para impedir las ejecuciones hipotecarias de millones de estadounidenses?

Y, también, si es posible que puedan aparecer como por ensalmo 85.000 millones de dólares para comprar la aseguradora gigante AIG, ¿por qué una asistencia sanitaria pública (que debería proteger a los estadounidenses de las prácticas depredadoras de las aseguradoras médicas) es al parecer un sueño inalcanzable? Y, si cada vez más corporaciones necesitan fondos de los contribuyentes para mantenerse a flote, ¿por qué los contribuyentes no pueden plantear demandas a cambio, como topes a los sueldos de los ejecutivos o una garantía contra nuevas destrucciones de empleos?

Ahora que está claro que los gobiernos pueden intervenir en tiempos de crisis, les será mucho más difícil alegar impotencia en el futuro. Otro cambio potencial tiene que ver con las esperanzas del mercado acerca de futuras privatizaciones.

Durante años, los bancos de inversión globales han estado presionando a los políticos para conseguir dos nuevos mercados: el resultante de la privatización de las pensiones públicas y el resultante de una nueva ola de privatizaciones o casi privatizaciones de carreteras, puentes y sistemas de tratamiento de agua.

Estos dos sueños se han hecho mucho más difíciles de vender: los estadounidenses ya no están en disposición de confiar sus activos individuales y colectivos a los agentes temerarios de Wall Street, sobre todo porque parece más que probable que los contribuyentes tengan que pagar para volver a comprar sus activos cuando estalle la siguiente burbuja.

Dado el descarrilamiento de las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, esta crisis también podría ser el catalizador de un enfoque radicalmente alternativo a la regulación de los mercados y los sistemas financieros mundiales. Estamos presenciando ya un movimiento hacia la “soberanía alimentaria”, en lugar de dejar el acceso a los alimentos a los caprichos de las grandes compañías. Quizá haya llegado la hora de ideas como el impuesto a los flujos de capitales, que frenaría la inversión especulativa, así como otros controles globales sobre los capitales.

Y ahora que la nacionalización ya no es una palabrota, las compañías del sector del petróleo y el gas deberían andarse con cuidado: alguien tiene que pagar el cambio a un futuro más verde, y tiene mucho más sentido que el grueso de los fondos proceda del más que rentable sector responsable de nuestra crisis climática. Mucho más sentido, desde luego, que crear otra peligrosa burbuja con el comercio de los derechos de emisión.

Con todo, la crisis que estamos presenciando pide cambios aún más profundos. La razón por la que se permitió la proliferación de los préstamos basura no es que los reguladores no comprendieran el riesgo, sino que tenemos un sistema económico que mide nuestra salud colectiva sobre la base exclusiva del crecimiento del PIB.

Mientras los préstamos basura estuvieron impulsando el crecimiento económico, nuestros gobiernos los apoyaron de modo activo. Por ello, lo que de verdad pone ahora en entredicho la crisis es el compromiso irreflexivo con el crecimiento a cualquier precio. Esta crisis debería llevarnos a que nuestras sociedades midan de un modo radicalmente diferente la salud y el progreso.

No obstante, nada de esto sucederá sin una intensa presión pública sobre los políticos en este momento decisivo. Y no una presión educada, sino una vuelta a las calles y al tipo de acción directa que desembocó en el new deal durante la década de 1930. Sin semejante presión, se producirán cambios superficiales y un regreso lo más rápido posible al aquí no ha pasado nada.

Naomi Klein es columnista de ´The Nation´ y ´The Guardian´. Su último libro es ´La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre´
Fuente: Periódico La Vanguardia

sábado, 17 de mayo de 2008

Mayo 1968, por Manuel Castells

Las efemérides suelen desprender un tufillo de tejido de vida apolillado. Aún más cuando se trata de la nostalgia de ese mayo francés que revolucionó el mundo hace exactamente cuatro décadas. Porque fue precisamente una revolución iconoclasta, opuesta a cualquier recuperación simbólica del deseo de libertad por las celebraciones oficiales. Recuperación es la palabra clave que caracteriza la cultura de mayo de 1968. Fue un movimiento social sumamente consciente de que los proyectos de reinvención de la vida suelen acabar en modas comerciales o votos para nuevas versiones de partidocracia. Por eso se negó a sí mismo como agente político, o sea afanado en la toma del poder. Y por eso hay incomprensión de su realidad y su significado. Incomprensión resumida en otra palabra clave: fracaso. Porque desde el punto de vista del orden social es esencial poder tildar de fracaso todo lo que no tiene traducción política directa. Porque en la medida en que se acepta la necesidad de pasar por formas de mediación política para cambiar la vida, se cierra la trampa gatopardiana, el que todo cambie para que todo siga igual. Poderosos son los intereses en el mantenimiento de esa percepción. Porque la estabilidad de las instituciones que rigen nuestros destinos no se basa en la adhesión de los ciudadanos al modelo de sociedad y de vida nuestra de cada día, sino a la resignación acerca de su inevitabilidad. Así, el 61% de los ciudadanos del mundo consideran deshonestos a los políticos, en Europa el 83% desconfía de los partidos y el 69% del Gobierno. Pero esta masiva deserción de la esperanza de lo político no suscita dramas, salvo situaciones excepcionales de crisis, porque se ha llegado a un acuerdo tácito. Los políticos se ocupan de lo suyo (el poder) y nosotros de lo nuestro (la vida en todas sus facetas). Y mientras no nos molesten demasiado, refrendamos a unos y castigamos a otros cada cuatro años según como nos haya ido o lo peligrosos que nos parezcan algunos.

Esa disociación entre el cambio social y el cambio político entró en la historia contemporánea con el movimiento de mayo de 1968. No porque los rebeldes de mayo no fueran políticos sino porque afirmaban otra política. No es un análisis libresco el que les cuento en estas líneas. Es mi testimonio directo, porque viví en primera persona el mayo francés, sin protagonismo, pero sí como participante de primera línea. Por los azares de la vida, mi primer trabajo académico, a los 24 años, fue de profesor ayudante de sociología de la Universidad de París en el campus de Nanterre. Y en ese departamento empezó todo un 22 de marzo de 1968, cuando los estudiantes echaron a porrazos del campus a la policía que venía a detener a algunos activistas, incluido Daniel Cohn-Bendit, anarquista que se convertiría en el símbolo del movimiento. Dany “el rojo” era estudiante mío y hacíamos sociología en serio, además de imaginar la revolución y pelearnos con la policía.

Y lo que teníamos claro, junto con miles de jóvenes, es que queríamos cambiar el mundo por nosotros mismos.

Y cambiarlo en todas las dimensiones, empezando por las más personales, por la libertad sexual (motor del movimiento), por la igualdad entre mujeres y hombres (la reivindicación que empezó la revuelta en Nanterre), por la autogestión de la producción, por la liquidación de las burocracias políticas de izquierda y derecha, por la solidaridad con los inmigrantes y con el tercer mundo, por la crítica del consumismo y por la fusión con la naturaleza. Claro está que en la brecha abierta por nuestra utopía se precipitaron todas las reivindicaciones y esperanzas de la gente; huelgas obreras por mejores salarios y condiciones de trabajo, proyectos de nueva pedagogía, libertad de información, afirmación de la creatividad cultural. Y Francia dejó de trabajar durante semanas. No porque se hubiera declarado la huelga general por algún comité central sino porque millones de personas estaban demasiado ocupadas discutiendo en sus lugares de trabajo cómo cambiar su trabajo y su vida, desde los ministerios del gobierno a las fábricas Renault, y desde las facultades a los teatros. El sistema dejó de funcionar pero la gente empezó a funcionar. Las iniciativas más ocurrentes, los proyectos más creativos alimentaron debates inacabables y por tanto poco productivos en el viejo sentido de la productividad. Nunca se llegaba a decidir nada. Y claro, así De Gaulle amenazó con sus tanques y sus elecciones y ganó arrolladoramente en las urnas. Aunque menos de un año después los votantes lo jubilaron: efectos retardados del cambio de mentalidad. Porque lo que realmente cambió fue la forma de pensar y de ser. En Francia y en el mundo a través de múltiples movimientos similares, algunos inspirados en mayo, otros precursores, como el de Berkeley en 1964. El feminismo, el ecologismo, la defensa mundial de los derechos humanos, la crítica de la política partidista, la participación ciudadana, la libertad de crear, el ser uno mismo sin pedir permiso a nadie son valores normales para los jóvenes de hoy que el movimiento de mayo afirmó en la escena mundial y grabó en las mentes de todos. Son valores de los que hoy vivimos, valores de libertad y de creatividad.Recuerdo una madrugada en un París vacío por la huelga del transporte. Nos habíamos manifestado toda la noche, enfrentándonos a una policía cada vez más desmoralizada. Estábamos cansados. Colette y yo caminábamos kilómetros escuchando el ruido de nuestros pasos en una ciudad por fin tranquila. Colette era, como yo entonces, una soñadora del 22 de marzo. Tenía cara de ángel rubio y siempre sonreía en los momentos más duros. No éramos pareja, no había parejas en ese momento, sólo grupos de gente que nos queríamos de distintas formas. Pero esa noche estábamos demasiado cansados para todo lo que no fuera sentir el momento. Y entonces le dije, todavía con mis reflejos políticos: “quedará algo de todo esto cuando seamos viejos?”. Colette sonrió de nuevo y dijo dulcemente: “quedaremos nosotros”.

Fuente: Periódico La Vanguardia

Más información sobre Manuel Castells en Wikipedia
Otros artículos de Manuel Castells en este blog

Ministerios de Paz, por Federico Mayor Zaragoza

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz

Desde el origen de los tiempos, en sociedades en las que el poder se hallaba normalmente en manos de los hombres, la razón de la fuerza ha prevalecido sobre la fuerza de la razón. Se ha aplicado siempre, como supuesto indiscutible, el más perverso de los proverbios: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Llega ahora el momento de sustituirlo, a escala mundial, por “Si quieres la paz, ayuda a construirla con tu comportamiento cotidiano”. Que nadie deje de hacer algo, por poco que sea, porque el gran paso que hay que dar es la suma de muchísimos pequeños pasos.

La crisis financiera, medioambiental, alimentaria y espiritual de estos albores de siglo y de milenio no puede ser, no debe ser, una crisis de ánimo sino espuela para la acción, para la aplicación del conocimiento en favor de la humanidad, para demostrar que, como dijo el presidente John F. Kennedy en junio de 1963, “ningún desafío se halla fuera del alcance de la capacidad creadora de la condición humana”.

En 1945, la clarividencia y la lucidez de momentos de gran zozobra, de confusión, de remordimiento posbélico, condujeron a la creación de las Naciones Unidas para que “los pueblos” evitaran a las generaciones venideras el horror de la guerra (Carta de las Naciones Unidas, 1945), “elevando los baluartes de la paz en la mente de los hombres” guiados por unos principios universales “democráticos” de justicia, libertad, igualdad y solidaridad, que enuncia el mismo año la Constitución de la Unesco y que desarrolla en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Según el artículo primero: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y, dotados de razón, deben comportarse entre sí fraternalmente”.

Todo estaba, pues, bien preparado para la transición desde una cultura de guerra a una cultura de paz. Pero al poco tiempo - la historia se repite- los países más poderosos de la Tierra volvieron a alzar la mano en lugar de tenderla. Y en lugar de compartir bienes materiales y conocimientos con los países menos avanzados, estos países fueron explotados. En lugar de derribar vallas, se elevaron muros - como, desgraciadamente, está sucediendo actualmente- y, desobedeciendo las recomendaciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se tomaron la justicia por su cuenta (como en la invasión de Kosovo) o, basados en supuestos falaces, se llevaron a cabo guerras “preventivas” (ejemplo reciente de Iraq) y, en una situación de guerra todo vale, alevosas incursiones militares han producido, en los denominados ahora “efectos colaterales”, numerosas víctimas, niños incluidos, entre la población civil.

Un poder inmenso concentrado en contadas manos (los “cosmócratas”) que incluye la gran industria bélica, las fuentes energéticas, medios de comunicación…, intenta afianzarse fuera del marco del sistema de las Naciones Unidas (como es el caso de la Organización Mundial del Comercio), a la que utiliza esporádicamente, cuando le conviene.

Pero con el nuevo milenio, va extendiéndose de forma que resultará imparable en los próximos años, la fuerza de la razón, la conciencia del poder ciudadano que, pacíficamente, con firmeza, ya no se resigna a vivir sometido a los más arbitrarios designios del poder. La fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza, guiada por los grandes valores universales y no por las leyes del mercado, para devolver a la humanidad las riendas de su destino.

Es esta nueva ciudadanía la que será capaz de movilizarse, con firmeza pero sin violencia, en favor de la igual dignidad humana y reducir primero y luego eliminar las asimetrías sociales, las flagrantes injusticias de un sistema de gobernación mundial que permite que mueran cada día más de 60.000 personas de hambre, de desamor y de olvido, al tiempo que se invierten más de 3.000 millones de dólares en armas. La razón de la fuerza, alentada por la colosal maquinaria bélico-industrial que, desde las lanzas hasta las ojivas nucleares, obtiene pingües beneficios de la dinámica que resulta de preparar la guerra para asegurar la paz. La paz se convierte así en pausa, en intervalo, de la guerra.

Ahora, por primera vez seguramente en la historia, la visión global del mundo nos mueve a la acción, a la participación, a no guardar silencio. Simultáneamente, el progreso de la tecnología de los medios de comunicación permite la participación no presencial, que constituye un avance que tendrá una extraordinaria repercusión, en muy pocos años, en el ejercicio de la ciudadanía plena y, por tanto, en la construcción de auténticas democracias. Pero, además, la transición desde una cultura de guerra a una cultura de paz será posible porque, en una decena de años, serán muchas las mujeres que aumentarán, por el ejercicio de sus altas funciones, el magro porcentaje de influencia femenina actual (5%, aproximadamente) en la toma de decisiones.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, ha declarado que “está empeñada en que la sociedad comprenda que el ejército español es una fuerza de paz”. Y ha añadido: “Quien conoce el horror de la guerra, conoce el valor de la paz”. Hace años, propuse que los ministerios que antes se llamaban “de la Guerra” y luego pasaron a denominarse “de la Defensa”, deberían llamarse en realidad ministerios de la Paz. Sí, ha llegado el momento de proclamar que las fuerzas armadas, además de ser garantes, cuando así se decide en un contexto democrático, de la justicia y del estado de derecho, además de participar en todas aquellas misiones o conflictos que, bajo la autoridad de las Naciones Unidas, fuera procedente, su misión esencial es la de velar por la paz, por la convivencia pacífica, lo que les confiere una función permanente y no eventual, formando parte de una gran red de hombres y mujeres que, en todos los países del mundo, representando a sus respectivos pueblos, permitan la transición desde una economía de guerra a una economía de desarrollo social a escala planetaria, eviten la vergüenza colectiva de los niños soldados y explotados, contribuyan a disminuir, con recursos humanos y tecnológicos apropiados, el impacto de las catástrofes naturales y de toda índole, de reducir las brechas y desgarros sociales que, en todo el mundo, constituyen el caldo de cultivo de la violencia y la desesperación.

Juntos, podemos. “Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respecto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”, proclama este precioso documento que es la Carta de la Tierra (2000).

Si quieres la paz, prepara la paz. “Los ejércitos, fuerzas de paz”. ¿Ministerios de Defensa? ¡Ministerios de Paz!

Fuente: Periódico La Vanguardia

Birmania: Intervención Humanitaria o Intervención Divina


Nueva y actualizada crónica de Concha Pinós, Directora de Birmania por la Paz, que está ahora en la frontera de Birmania. Nos plantea la cuestión de la intervención humanitaria.




INTERVENCIÓN HUMANITARIA O INTERVENCIÓN DIVINA


Este año es el 60 Aniversario de los DDHH, también es el 60 Aniversario de la independencia de Birmania. El General Than Shwe les pidió a los birmanos al empezar el año que "hicieran la firme resolución de construir un país moderno, en paz. Un país donde floreciese la disciplina nacional".

Parece todo una ironía de la vida, que desde septiembre del año pasado hasta el ciclón Nargis, el dictador no haya manifestado ni el menor signo de humanidad, permitiendo el paso de la ayuda humanitaria a la región del Irrawaddy, acción que hubiera podido salvar miles de vidas.

De todas las crisis humanitarias que yo he vivido a los largo de mi experiencia en Afganistán, Irak, Tsunami, Balcanes o Rwanda, Birmania era sin ninguna duda el mejor modelo para ejemplificar que significaba hacer una intervención humanitaria. Pero una vez más las Naciones Unidas, no han podido servir de ejemplo, dejando su labor en manos de un dictador. Parece una ironía que una organización que defiende, protege y promueve valores universales pueda ser acallada por una dictadura.

Ahora ya estamos viendo venir el segundo ciclón, cómo está fallando la distribución de la ayuda, cómo se está revendiendo en el mercado negro, o cómo está pasando a cuatro generales que las distribuirán entre aquellos que deseen. No hay compromiso por parte de la Junta de negociar nada, ni le vale el llamamiento de la comunidad internacional ni los miles de muertos birmanos.

Pero si la ONU quisiera actuar en la zona, y digo si quisiera, no si pudiera, debería de tener en cuenta que para triunfar habría que contar no solo con las víctimas del ciclón Nargis, sino con los millones de birmanos que se mueren de hambre y malnutrición dentro y fuera de Birmania. Estoy hablando de casi 5 millones de birmanos viviendo en Birmania, y de 1 millón de desplazados internos.

Después de cualquier misión de emergencia a gran escala o intervención humanitaria, se recibe normalmente un agradecimiento por parte del país que recibe, no es el caso de los generales. No es el caso, pero tampoco han pensado en devolver los regalos de boda. Avión que entra, avión que se quedan.

El sentido de una Intervención Humanitaria es el apelamiento a la Responsabilidad de Proteger, una teoría que gana peso por el terrible momentum que vivimos. La Responsabilidad de Proteger que tiene todo Estado con su pueblo y también las Naciones Unidas con todos los países: protegerles del genocidio, de los crímenes de guerra, de la limpieza étnica, de los crímenes contra la humanidad, del hambre, la pobreza o la muerte.

El caso de los generales birmanos es un clarísimo caso de "crímenes contra la humanidad" y debería aplicarse la legislación correspondiente.

La doctrina de la Responsabilidad de Proteger ha visto grandes ejemplos en Bosnia, Rwanda, y más recientemente en Darfur. La propuesta la firmaron 191 países. Esta propuesta permitiría que países como Francia, Inglaterra o USA pudieran ayudar humanitariamente, pero China y Rusia se oponen a ese movimiento.

El secretario de asuntos exteriores británico David Miliband, hablando en una magnifica entrevista a la BBC el 11 de Mayo, dijo que el régimen birmano "está perpetrando una política de maldad y negligencia" y que la posibilidad de intervención está sobre la mesa.

El día 13 oímos como Miliband, volvía sobre el asunto y sus comentarios iban más lejos "una acción militar en el ámbito humanitario es una opción", de hecho el naviero HMS Westminster ha sido enviado cerca de las aguas birmanas, así como barcos Franceses y Norteamericanos.

Mientras tanto los supervivientes birmanos, siguen mirando al cielo, esperando que un avión de ayuda humanitaria haga llover paquetes con todo lo necesario.

¿Por qué los políticos europeos no se han movilizado más para buscar soluciones que no pasen siempre por la ONU? Los esfuerzos del régimen por cuidar de su gente son miserables. Ya hay documentados casos de saqueos de los aviones, de contenedores expoliados y que ni siquiera llegan los tanques de agua salinizada al delta.

La ONU finalmente ha admitido que no pueden hacer más de lo que hacen, y que saben que un porcentaje bajísimo de las victimas está recibiendo lo necesario. Periodistas locales, extranjeros- disfrazados- han intentado reportar que pasa en el delta, filmando y fotografiando, pero los chekpoints son continuos.

Las únicas imágenes que los media birmanos pueden emitir continuamente son las que controlan los militares, donde se ve como dan paquetes de ayuda.

Ahora todos los que nos llamamos "ciudadanos libres del mundo" deberíamos estar avergonzados de nuestros gobiernos, deberíamos estar pensando que vamos a hacer con esos miles de personas. En qué tejado esta ahora la pelota. Vamos a hacer algo para salvar vidas birmanas, o vamos a limitarnos a contar cuantos murieron. El segundo ciclón ya está en marcha, es el ciclón de las epidemias, del agua contaminada por los cuerpos podridos.

No se crean los europeos o norteamericanos que si deciden hacer una intervención aérea aunque sea por razones humanitarias, no se van a encontrar un sistema de defensa aéreo. Habrá una recepción hostil.

A Naypyidaw han llegado 29 MiG de Rusia y misiles del Norte de Korea, que apuntarán a donde sea necesario. Aunque algunos observadores políticos apuntan que una intervención rápida, podría acabar con el régimen birmano en pocas horas.

En cualquier caso, una intervención humanitaria es una obligación moral para salvar vidas y proveer ayuda. Quizás tengamos que esperar, de nuevo, a la "coalición de la gracia": China, Rusia y Asean, para que coordine los esfuerzos... o quizás tengamos que esperar sólo una intervención divina, ya que no hay humana ni humanitaria.


Otras crónicas desde Birmania de Concha Pinós:


Crónica desde la frontera de Birmania de 6 días de desesperación del pueblo birmano Sábado, 10 de mayo
No nos olvidemos de Birmania Jueves, 8 de mayo
Llamamiento urgente desde Birmania
, Miércoles, 7 de mayo

Cuatro «erres» contra el consumismo, por Leonardo Boff

El hambre es una constante en todas las sociedades históricas. Hoy, sin embargo, alcanza dimensiones vergonzosas y simplemente crueles. Revela una humanidad que ha perdido la compasión y la piedad. Erradicar el hambre es un imperativo humanístico, ético, social y ambiental. La condición previa más inmediata y posible, que debe ser puesta inmediatamente en práctica es un nuevo patrón de consumo.

La sociedad dominante es evidentemente consumista. Da centralidad al consumo privado, sin auto-límite, como objetivo de la propia sociedad y de la vida de las personas. Consume no sólo lo necesario, lo que es justificable, sino lo superfluo, lo que es cuestionable. Este consumismo sólo es posible porque las políticas económicas que producen los bienes superfluos son continuamente alimentadas, apoyadas y justificadas Gran parte de la producción se destina a generar aquello que en la realidad no precisamos para vivir decentemente.

Como se trata de lo superfluo, se recurre a mecanismos de propaganda, de marketing y de persuasión para inducir a las personas a consumir y a hacerlas creer que lo superfluo es necesario y que es una fuente secreta de felicidad.

Lo fundamental para este tipo de marketing es crear hábitos en los consumidores hasta que se cree en ellos una cultura consumista y una necesidad imperiosa de consumir. Se suscitan más y más necesidades artificiales y en función de ellas se monta el engranaje de la producción y de la distribución. Las necesidades son ilimitadas, por estar ancladas en el deseo que, por naturaleza, es ilimitado. Por esta razón, la producción tiende a ser también ilimitada. Surge entonces una sociedad, ya denunciada por Marx, marcada por fetiches, abarrotada de bienes superfluos, punteada de centros comerciales, verdaderos santuarios del consumo, con altares llenos de ídolos milagreros, pero ídolos al fin y al cabo; una sociedad insatisfecha y vacía porque nada la sacia. Por eso, el consumo es creciente y nervioso, sin que sepamos hasta cuándo la Tierra finita aguantará esta explotación infinita de sus recursos.

No causa sorpresa el hecho de que el presidente Bush convoque a la población a consumir más y más y así salvar la economía en crisis, lógico, a costa de la sostenibilidad del planeta y de sus ecosistemas. Contra eso, cabe recordar las palabras de Robert Kennedy el 18 de marzo de 1968: «No encontraremos un ideal para la nación ni una satisfacción personal en la mera acumulación ni en el mero consumo de bienes materiales. El PIB no contempla la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de los valores familiares, no mide nuestro ingenio, ni nuestro valor, ni nuestra compasión, ni nuestro amor a la patria. Mide todo menos aquello que hace la vida verdaderamente digna de ser vivida». Tres meses después fue asesinado.

Para hacer frente al consumismo urge que seamos de modo consciente anticultura, en ejecicio. Hay que incorporar a la vida cotidiana las cuatro «erres» principales: reducir los objetos de consumo, reutilizar los que ya hemos usado, reciclar los productos dándoles otra finalidad, y finalmente, rechazar lo que el marketing, descarada o sutilmente, nos empuja a consumir.

Sin este espíritu de rebeldía consecuente contra todo tipo de manipulación del deseo y con la voluntad de seguir otros caminos dictados por la moderación, por la justa medida y por el consumo responsable y solidario, corremos el peligro de caer en las insidias del consumismo, aumentando el número de hambrientos y empobreciendo el planeta ya actualmente más y más devastado.


Fuente: Koinonia

¿Quién gana con la crisis alimentaria mundial?, por Esther Vivas

El precio de los alimentos y, en especial, de los cereales básicos ha aumentado espectacularmente en estos últimos meses. Los medios de comunicación nos han mostrado nuevas revueltas del hambre en los países del Sur que nos recuerdan aquellas que se llevaron a cabo a mediados y finales de los ochenta contra los planes de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En países como Haití, Pakistán, Guinea, Marruecos, México, Senegal, Uzbekistán, Bangladesh… la gente ha salido a la calle para decir: “Ya basta”. Pero, ¿qué se esconde detrás de la crisis alimentaria mundial? ¿Todo el mundo pierde? ¿Hay quien sale ganando?

El precio de sesenta productos agrícolas ha aumentado un 37% en el último año en el mercado internacional. Un aumento que ha afectado sobre todo a los cereales con una subida del 70%. Entre éstos, el trigo, la soja, los aceites vegetales y el arroz han alcanzado cifras récord. El precio del trigo, por ejemplo, suma hoy un 130% más que hace un año y el arroz un 100%. Viendo estos datos no es de extrañar las explosiones de violencia en el Sur para conseguir alimentos porque son los cereales básicos, aquellos que alimentan a los más pobres, los que han experimentado una
subida sin parangón.

Pero el problema hoy no es la falta de alimentos en el mundo, sino la imposibilidad para acceder a ellos. De hecho, la producción de cereales a nivel mundial se ha triplicado desde los años sesenta, mientras que la población a escala global tan sólo se ha duplicado.

Hay razones varias que explican este aumento espectacular de los precios: desde las sequías y otros fenómenos meteorológicos en países productores como China, Bangladesh y Australia que habrían afectado a las cosechas; el aumento del consumo de carne por parte de pujantes clases medias en América Latina y en Asia, especialmente en China; las importaciones de cereales realizadas por países hasta el momento autosuficientes como India, Vietnam o China, debido a la pérdida de tierras de cultivo; el aumento del precio del petróleo que habría repercutido directa o indirectamente, y hasta las crecientes inversiones especulativas en materias primas.

Es aquí donde creo importante centrarnos en estas dos últimas causas. El aumento del precio del petróleo ha generado el uso de combustibles alternativos como aquellos de origen vegetal. Gobiernos como el de Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y otros han hecho especial énfasis en la producción de agrocombustibles como una alternativa a la escasez de petróleo y al calentamiento global. Pero esta producción de combustible verde entra en competencia directa con la producción de alimentos. Por poner sólo un ejemplo, el año pasado en Estados Unidos el 20% del total de la cosecha de cereales fue utilizada para producir etanol y se calcula que en la próxima década esta cifra llegará al 33%. Imaginémonos esta situación en los países del Sur. La FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ya ha reconocido que “a corto plazo, es muy probable que la expansión rápida de combustibles verdes, a nivel mundial, tenga efectos importantes en la agricultura de América Latina”.

Otra causa a resaltar es la creciente inversión por parte del capital especulador en materias primas. En la medida en que la burbuja inmobiliaria estalló en los Estados Unidos y se profundizó en la crisis financiera, los especuladores empezaron a invertir en alimentos, empujando al alza sus precios.

Pero esta crisis alimentaria mundial no es coyuntural, sino que responde al impacto de las políticas neoliberales que se vienen aplicando desde hace treinta años a escala global. Liberalización comercial a ultranza a través de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio y en los acuerdo de libre comercio y las políticas de ajuste estructural, el pago de la deuda externa, la privatización de los servicios y bienes públicos son sólo algunas de las medidas que se han venido imponiendo por parte del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en las últimas décadas en los países del Sur.

Unas políticas que han permitido la invasión de estos mercados por productos del agribusiness del Norte altamente subvencionados y que han acabado con la agricultura y la ganadería autóctona; reconvirtiendo y privatizando tierras destinadas hasta el momento al abastecimiento local en tierras de producción de mercancías para la exportación. Unos territorios en manos de la agroindustria, quien ha sacado provecho de una mano de obra barata y de una laxa legislación medioambiental.

Este modelo de agricultura y alimentación no sólo tiene consecuencias en el Sur global, sino también en las comunidades del Norte: acabando, en ambos lados del planeta, con una agricultura familiar y un comercio de proximidad vital para las economías locales; promoviendo una creciente inseguridad alimentaria con una dieta que se abastece de alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, y fomentando una agricultura y ganadería intensiva, desnaturalizada, drogodependiente (por el alto uso de pesticidas) y donde el beneficio económico se antepone a los derechos sociales y medioambientales.

La crisis alimentaria global beneficia a las multinacionales que monopolizan cada uno de los eslabones de la cadena de producción, transformación y distribución de los alimentos. No en vano los beneficios económicos de las principales multinacionales de las semillas, de los fertilizantes, de la comercialización y transformación de comida y de las cadenas de la distribución al detalle no han parado de aumentar.

Los alimentos se han convertido en una mercancía en manos del mejor postor. Las tierras, las semillas, el agua… son propiedad de multinacionales que ponen un precio exorbitante a unos bienes que hasta hace muy poco eran públicos. Frente a la mercantilización de la vida, debemos de reivindicar el derecho de los pueblos a la soberanía alimentaria, a controlar su agricultura y su alimentación. No se puede especular con aquello que nos alimenta.

Esther Vivas es co-coordinadora de los libros Supermercados, no gracias y ¿Adónde va el comercio justo?.


Fuente: Público

Lecciones de una crisis, por Gonzalo Fanjul

Gonzalo Fanjul es coordinador de investigaciones de Intermón Oxfam

Desde hace semanas, los habitantes de los barrios más pobres de Puerto Príncipe y de otras poblaciones haitianas salen a la calle para protestar por el precio de los alimentos. Las protestas son de tal calibre que han conseguido lo que antes sólo habían logrado las asonadas militares: forzar la renuncia de un primer ministro. La opinión pública internacional exige medidas para proteger a Haití y a otros muchos países pobres de una crisis alimentaria inminente, y se suceden las iniciativas para acelerar la provisión de alimentos y atender la emergencia humanitaria. Son medidas urgentes e imprescindibles, pero no deben esconder el debate sobre las causas de esta situación. ¿Qué lecciones podemos aprender de esta crisis para no cometer los mismos errores en el futuro? Les propongo tres.

Lección número uno: no dejes de producir alimentos si no eres capaz de comprárselos a otros. Haití se enfrenta hoy a una carestía estructural de arroz, pero hace sólo 20 años sus campesinos eran capaces de producir todo el arroz que consumía la población nacional a un precio razonable. ¿Qué se torció? En 1995, el FMI y el Banco Mundial "sugirieron" la aplicación de un plan de liberalización comercial rápida. Y cuando dicen "rápida" se refieren exactamente a eso: en pocos meses los aranceles a la importación se desplomaron del 50% al 3%, lo que abrió la puerta a una avalancha de arroz subsidiado procedente de los Estados Unidos. Los precios locales disminuyeron levemente, pero en pocos años la producción nacional se desplomó, dejando al país en manos del mercado exterior. Hoy Haití importa un 80% del arroz que consume, y los precios internos se han multiplicado por dos.

Lo lamentable es que este caso es una plantilla del modo en que han operado los mercados agrarios internacionales durante los últimos 30 años: liberalización unilateral de los países más pobres, exportación masiva de productos subsidiados por parte de los países ricos y un sector rural abandonado por donantes internacionales y gobiernos locales. Para países que no cuentan con las divisas para comprar en los mercados internacionales, la dependencia alimentaria absoluta se ha convertido en una ruleta rusa de consecuencias imprevisibles.

Lección número dos: no dejes la resolución del problema en manos de los mismos que lo han provocado. Una de las formas más obscenas de competencia desleal consiste en utilizar los programas internacionales de ayuda alimentaria para dar salida a los excedentes agrícolas que no se han podido colocar en el mercado propio. Eso es exactamente lo que Estados Unidos ha hecho durante décadas, hundiendo los mercados internacionales y debilitando la capacidad de producción de los países más pobres. Paradójicamente, uno de los defensores más entusiastas de este modelo durante su etapa como secretario de Comercio estadounidense fue Robert Zoellik, que hoy preside el Banco Mundial. Si aceptamos que la crisis alimentaria no es el resultado de un cataclismo divino, sino la consecuencia de tomar muchas decisiones equivocadas a lo largo de muchos años, ponerle a él y a otros como él al frente de la crisis es como encargar a los directivos de Gescartera la dirección de la CNMV.

Lección número tres: si las cosas están mal, no hagas nada que las empeore. A pesar de las evidencias científicas que cuestionan los beneficios de los biocombustibles en la lucha contra el calentamiento global, la UE y Estados Unidos se han lanzado a una carrera insensata de producción de biomasa que reducirá aún más la oferta mundial de alimentos como el maíz. Para cualquiera que lo quiera ver, estas medidas están menos relacionadas con el cambio climático que con los precios del petróleo y la inercia de unas políticas agrarias basadas en intereses creados. Pero incluso el interés propio tiene un límite: España y otros países desarrollados deben replantearse con urgencia los objetivos de producción de biocombustibles, y apostar seriamente por la eficiencia energética y las energías renovables.

Las lecciones de esta crisis suponen lo más difícil para un responsable político, que es reconocer un error y dar marcha atrás. Pero eso es precisamente lo que distingue a un líder de un burócrata miope, y son verdaderos líderes lo que necesitamos en este momento. Si lo urgente ahora es garantizar el suministro de alimentos a las poblaciones pobres del planeta, lo más importante es tomar las medidas para que esta situación no se repita en el futuro.

No hace falta esperar demasiado. Siguen abiertas importantes negociaciones comerciales entre países ricos y pobres, donde están en juego algunas de las políticas públicas que reducirían la vulnerabilidad alimentaria. Es la oportunidad de consolidar mecanismos que permitan al mundo en desarrollo protegerse frente a la competencia desleal e impulsar su sector agrario.

Por otro lado, ya se han empezado a escuchar en el seno de la UE las primeras voces que cuestionan la política de biocombustibles. El Gobierno español no debería tardar más en unirse a ellas. Y no menos importante: conviene sacar de la sombra a los responsables de las políticas de desarrollo y dejar a los ministerios de Economía y a las instituciones financieras internacionales detrás de la ventanilla durante algún tiempo. Entonces toda esta situación habrá tenido incluso su lado bueno.


Fuente: El País

sábado, 3 de mayo de 2008

Energías renovables y desarrollo humano, por Ingeniería sin Fronteras

No somos lo que tenemos y lo que tenemos es nuestro ser. A esta conclusión ha llegado Ingeniería sin Fronteras en las jornadas de energías renovables y desarrollo humano que tuvo. Imprescindible para el desarrollo humano, la energía debe producirse con respeto al medioambiente y a las comunidades locales, y distribuirse de manera más justa y equitativa.

En el mundo, 1.600 millones de personas no tienen acceso a la electricidad. Imprescindible para el desarrollo humano, la energía no se utiliza en el mundo con conciencia política, económica, social y medioambiental. Es un problema de todos, no sólo en los países del Sur, sino también los del Norte.

Hay suficiente para todo el mundo. El problema del uso y disfrute desigual no es sólo tecnológico ni económico, sino también político. Se cree que la tecnología resuelve los problemas del desarrollo, y se le encomienda ese cometido sin antes habernos cuestionado qué significa desarrollar y ser desarrollado.

Debemos replantearnos el bienestar de esta sociedad de consumo, entender que el bienestar de la sociedad no va asociado a la producción y consumo desmedido de energía, sino a la producción y consumo racional, suficiente y en condiciones de igualdad para quienes poblamos la Tierra.

Así, pasamos a hablar en términos de Desarrollo Humano, entendido éste como la ampliación de capacidades para que las personas puedan decidir sobre su futuro con libertad. Este concepto está estrechamente ligado al acceso a la energía por la relación existente entre el consumo de energía y la mejora de indicadores de pobreza, salud, educación, etc.

¿Cómo avanzar en este sentido? En aras de la sostenibilidad, hemos de asumir que el acceso a la energía y su consumo debe ser respetuoso con la naturaleza y con las personas que habitan cada entorno. Pero no puede ser el mercado quien dicte las reglas del “juego energético”; éstas deben ir consensuadas con las comunidades que habitan las zonas de abastecimiento y determinadas por el dialogo productivo entre las sabidurías locales y globales.

En segundo lugar, hemos de emprender acciones. Esta metodología debe verse reflejada no sólo en los discursos de Cooperación al Desarrollo sino en las políticas públicas de los Estados, con el fin de regular a las empresas transnacionales que explotan los recursos y a las entidades financieras que avalan económicamente los procesos de expansión. Reconocemos que, atendiendo a la situación global, esto requerirá un ejercicio de ingenio por quienes marcan las agendas internacionales.

Hablando de ingenio, llegamos a la Ingeniería; así, creemos que ingenieras e ingenieros debemos replantearnos nuestra labor. Entender que el ingenio por sí solo no genera soluciones; por el contrario ha llevado a la humanidad a numerosos desastres. Sin embargo, el ingenio utilizado al servicio de la vida y para la vida, ha llevado a transformar la existencia de miles de personas en todo el mundo. El ingenio ha de ser no sólo responsable, sino ético, y para ello debe comprender qué es la sociedad y cuáles son sus necesidades.

Ingenieros e ingenieras hemos de plantearnos que nuestro deber es estar al servicio de las personas, creando soluciones sencillas para resolver grandes problemas. Es posible cocinar con el sol, generar aire acondicionado aprovechando el calor, esterilizar el agua sólo con radicación solar, etc. La gran ventaja de las tecnologías apropiadas es que, por encima de cualquier aspecto científico-tecnológico, se pueden aplicar en todas las zonas del mundo, independientemente de su peso económico y político. Estas técnicas son sencillas de transferir, no generan dependencia y se apoyan en el conocimiento de las culturas locales, nos enseñan que debemos aunar las tecnologías modernas y el conocimiento ancestral, es decir, hacer un dialogo tecnológico en iguales condiciones que posibilite construir un proyecto conjunto de la humanidad.

El futuro no es desesperanzador; por el contrario, nos ha tocado vivir para decidir nuestra historia y la de las generaciones futuras. Vivir en la sociedad del riesgo implica replantear el camino andado, abandonar las inercias, desdibujar las verdades universales, crear un conocimiento compartido, tejidos de solidaridad y aprende a amarnos, porque no tenemos miedo a reconciliar los sentimientos con la ciencia, la ciencia con la ética y la ética con la vida.

Por lo tanto, dejemos que la profesión y la vida hagan un alto conjunto, que fluya la energía para conspirar un nuevo horizonte, no sólo para las voces silenciadas, sino para todas las voces; y sin renunciar a la felicidad, por el contrario, para construirla desde nuestro interior, porque no somos lo que tenemos y lo que tenemos es nuestro ser.


Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

El hambre, arma de destrucción masiva, por José Carlos García Fajardo


Estados Unidos ha decidido racionar el arroz. El aumento del precio de este cereal, del maíz y de la soja ha puesto en jaque a las autoridades. Hoy casi 1.000 millones de personas no tienen alimentos suficientes. El hambre, se piensa, es causa de la superpoblación, la mala gestión, la falta de alimentos o infraestructuras… Sin embargo, hoy el hambre es un arma en manos de los beneficios económicos.

¿A quién beneficia esta alarma desatada por la subida de los precios de los cereales que recogieron algunas Bolsas? No se trata de un tsunami ni de una mala cosecha excepcional, ni de una imprevista sequía. Algunos poderes están agitando el fantasma del hambre para aterrorizar a las poblaciones, e intentar justificar las propuestas de seguridad que nos preparan. No está la situación alimentaria peor que en años pasados. Obsesionados por el terrorismo y por unas guerras en Iraq y en Afganistán, imposibles de ganar al modo tradicional, preparan una salida “airosa” trasladando nuestro imaginario del terrorismo al hambre como auténtica arma de destrucción masiva que afecta a miles de millones de víctimas inocentes.

Las agencias nos informan de que la purificación étnica, la erradicación o el exterminio físico de los grupos étnicos hostiles a los gobiernos autoritarios no requieren alta tecnología, nada de misiles sofisticados, de ántrax o de cabezas nucleares.

En el caso de Sudán, escribe el Director de Acción contra el Hambre, el uso de mercenarios para quemar las aldeas, destrozar las cosechas y las reservas de comida ha precipitado a más de un millón de personas al exilio. Así, una gigantesca hambruna, provocada por el gobierno de Jartum se ha cobrado miles de vidas humanas.

El hambre como arma de destrucción masiva no ha llegado a Estados Unidos o a Europa. Sin embargo, el hambre como amenaza será utilizada cada vez más. Por eso han llegado informaciones tendenciosas capaces de ocultar la realidad con el estallido del miedo.

De un mal endémico que venimos padeciendo, sosteniendo y manteniendo por no adoptar medidas enérgicas, justas y adecuadas, ante el ominoso silencio y la ineficacia culpable de la Organización Mundial del Comercio, ahora van a echarles la culpa del hambre a los hambrientos. No sería la primera vez en la historia: vagos, destruyen los bosques, incapaces de prever, se empeñan en cultivos de subsistencia, no saben planificar, ni exportar, ni industrializarse como es debido.

En esta “puesta en escena”, cadenas de alimentación que pertenecen al gigante Wal Mart y Costco decidieron restringir la venta de arroz a sus clientes sobre todo restaurantes y comercios.

Con esta absurda medida en el país más rico los precios en la Bolsa de Chicago llegaran a subir cerca del 3%, para romper la barrera psicológica de los 25 dólares cada 45 kilos. En Tailandia la subida fue del 5%, y el arroz alcanzó su precio récord: 1.000 dólares por tonelada. Brasil suspendió las exportaciones, mejor dicho, las grandes compañías que inciden en las especulaciones mediante acaparamiento, retenciones o lanzamiento masivo para desestabilizar los precios.

La directora del programa de alimentos de la ONU, J. Sheeran, ha declarado que la ayuda alimentaria que proporcionan les cuesta un 40% más que el pasado, porque casi todos los productos se han encarecido. Como causas de esta situación aludió las nuevas necesidades de alimentación en China o India, los biocombustibles y el precio del petróleo. El gran volumen de inversiones en los mercados de materias primas contribuye al alza de los precios en las bolsas.

Pero el hambre no es una fatalidad, ni un destino, ni tampoco una cuestión de azar. No es el designio de los millones de personas que pasan hambre, como tampoco es una casualidad que el 97% de ellos vivan en países empobrecidos.

Se ha reconocido por organismos independientes, como Acción contra el Hambre, que el problema tiene solución con actividades relacionadas con la nutrición, la salud, la seguridad alimentaria, el agua y saneamiento.

La violencia es el instrumento que tienen los poderes para ejercer el poder sobre la propiedad, las riquezas y el control de la población. La población civil se convierte en rehén de los intereses económicos y de poder de estos grupos armados, ya sean rebeldes, paramilitares o gubernamentales.

En ocasiones todavía se piensa que el hambre es fruto de la superpoblación, de una mala gestión política, de la escasez de alimentos, de unas infraestructuras insuficientes o de un desastre ecológico. Hoy el hambre es un arma empleada por algunos gobiernos para eliminar grupos molestos de población dentro de su propio país, escribe Mariló Hidalgo, en Fusión. Han convertido al hambre en un arma de guerra aquellos que han hecho del beneficio económico y de la prepotencia financiera el eje y objeto de sus acciones. Como si el mundo fuera un tapete en el que los seres humanos no juegan más que el papel de datos que se mueven o elimina según las sacrosantas leyes de un mercado que sólo sirve a sus intereses.


José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS). Edita el blog Jubilateria


Fuente: CCS

Desigualdades, alternativas y retos de la sociedad global, por María José Atiénzar

La crisis de las hipotecas se convirtió en una crisis financiera y ésta se extendió a todos los rincones del planeta. Las reservas federales se tientan el corazón por los especuladores convertidos en nuevos perdedores, pero cabría recordarles que 20 días de gasto militar en el mundo bastarían para cubrir las necesidades básicas de la Humanidad.

El dinero ya no es un instrumento para comerciar, sino que se ha convertido en el objeto del comercio. El “metálico” circulante es 80 veces mayor que las transacciones comerciales que realizamos. Juan Torres, catedrático de Economía de la Universidad de Málaga (España) analiza así la situación global actual. Hay una auténtica crisis, aunque ahora se le denomine “desaceleración”.

En el sismograma de alzas y bajas económicas se dibujan unos dientes de sierra que reflejan fluctuaciones al minuto, especulaciones, fortunas extraordinarias, y ruina para otros.

En la actualidad, ya no se realizan transacciones de productos, se venden los acuerdos, los contratos, el papel. Se negocia con la compra-venta, el seguro, el reaseguro. Son papeles, activos financieros, que mueven con una sola tecla el resultado de producciones agrícolas, viviendas, etc.

En esta exageración se ve la verdadera naturaleza de las cosas, como solía decir Borges. A los bancos “no nos interesa tener dinero, sino ganarlo”, afirmaba el millonario empresario español, Juan March. Pero es una dinámica que, como las bicicletas se cae cuando se detiene.

En las últimas décadas, se generó una enorme ola de construcción para darle salida a la financiación excesiva que provenía de los bancos, de donde ha surgido la nueva esclavitud del endeudamiento. Millones de personas se han hipotecado para adquirir sus viviendas.

De Estados Unidos surgieron los términos de hipotecas prime, adquiridas por personas con solvencia económica y las subprime o basura, que dieron a miles de personas insolventes, con alto riesgo de impago y quiebras. Todo esto con la complicidad de la Reserva Federal. En los mercados internacionales de transacciones financieras, se pusieron en venta “paquetes” de hipotecas seguras mezcladas con hipotecas “basura”, que provocaron pérdidas en los bancos.

A su vez, éstos han tenido que apretarse el cinturón y dejar de dar incluso los préstamos corrientes, necesarios para que funcione la economía. Ni con el rescate de las reservas federales y los bancos centrales se ha evitado que la crisis hipotecaria se convierta en una crisis económica extendida, que se deja ver también en el comercio internacional.

Cuando se renegociaron las deudas externas de los países empobrecidos, se les impuso la cláusula de ‘condicionalidad’, mediante la cual forzó en FMI a los gobiernos a aplicar medidas de ajuste estructural, entre ellos una economía de sustitución. Ya no era el país el que decidía qué iba a producir, tanto en el sector textil, como la industria cárnica, la pesca o plantar flores quitando el cereal, o plantar maíz para biocombustibles.

Se devaluaron las monedas nacionales para establecer ventajas competitivas. El comprador exterior encuentra así más barata la producción. Pero como se actúa así con todos los países productores, acaban todos en desventaja salvo el comprador del norte enriquecido. Lo que el país vendía al exterior cayó de precio mientras que lo que compra subió por las nubes. Después se ofrecen servicios de empresas que desde el Norte les venden la luz, el teléfono, o los hospitales a precios que ahogan las economías locales y familiares. Los planes de ajuste hicieron caer en picado las tasas de alfabetización, la salud, y la esperanza de futuro de muchos pueblos.

Sostiene Eduardo Galeano que el dinero tiene más libertad que los seres humanos. En este círculo infernal de transformaciones, no hay mecanismos internacionales que defiendan a los ciudadanos, no hay quien se oponga al poder económico. Medios de comunicación, rectores de universidades, muchos de ellos están comprados o manipulados. “Matar a la verdad es el crimen perfecto” según el pensador francés Baudrillard. Una de estas verdades es que las necesidades básicas del mundo se podrían cubrir con 80 mil millones de dólares. Es el equivalente a 20 días de gasto militar en el mundo, el 5% de lo que ganan las 250 personas más ricas del planeta.

Nos enfrentamos a la tarea de regenerar al ser humano y sus valores. Resulta miope y arrogante considerar que nuestro tiempo histórico es el Tiempo. Muchos de los que vinieron antes hicieron posible que se acabara con lacras como la esclavitud en muchas sociedades. Trabajemos para que los que vienen puedan pescar con las redes de solidaridad que hayamos creado. Dejemos el pesimismo para tiempos mejores.


María José Atiénzar es Periodista


Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

sábado, 19 de abril de 2008

Comensalidad: rehacer la humanidad, por Leonardo Boff

Comensalidad significa comer y beber juntos alrededor de la misma mesa. Ésta es una de las referencias más ancestrales de la familiaridad humana, pues en ella se hacen y se rehacen continuamente las relaciones que sostienen la familia.

La mesa, antes que a un mueble, remite a una experiencia existencial y a un rito. Es el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la hermandad. En ella se comparte el alimento y con él se comunica la alegría de encontrarse, el bienestar sin disimulos, la comunión directa que se traduce en los comentarios sin ceremonia de los hechos cotidianos, en las opiniones sin censura de los acontecimientos de la crónica local, nacional e internacional.

Los alimentos son algo más que cosas materiales. Son sacramentos de encuentro y de comunión. El alimento es apreciado y es objeto de comentarios. La mayor alegría de la madre o de quien cocina es notar la satisfacción de los comensales.

Pero debemos reconocer que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. La cultura contemporánea ha modificado de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y de la productividad que ha debilitado la referencia simbólica de la mesa. Ésta ha quedado reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia. La mesa familiar ha sido sustituida lamentablemente por el fast food, comida rápida que sólo hace posible la nutrición, pero no la comensalidad.

La comensalidad es tan central que está ligada a la propia esencia del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años habría comenzado la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un ancestro común. La especificidad del ser humano surgió de forma misteriosa y de difícil reconstrucción histórica. Sin embargo, etnobiólogos y arqueólogos llaman nuestra atención sobre un hecho singular: cuando nuestros antepasados antropoides salían a recolectar frutos, semillas, caza y peces no comían individualmente lo que conseguían reunir. Tomaban los alimentos y los llevaban al grupo. Y ahí practicaban la comensalidad: distribuían los alimentos entre ellos y los comían grupal y comunitariamente.

Así, la comensalidad, que supone la solidaridad y la cooperación de unos con otros, permitió el primer salto de la animalidad en dirección a la humanidad. Fue sólo un primerísimo paso, pero decisivo, porque le cupo inaugurar la característica básica de la especie humana, diferente de otras especies complejas (entre los chimpancés y nosotros hay solamente un 1,6% de diferencia genética): la comensalidad, la solidaridad y la cooperación en el acto de comer. Y esa pequeña diferencia marca toda la diferencia.

Esa comensalidad que ayer nos hizo humanos, continúa todavía hoy haciéndonos siempre de nuevo humanos. Por eso, importa reservar tiempos para la mesa en su sentido pleno de la comensalidad y de la conversación libre y desinteresada. Ella es una de las fuentes permanentes de renovación de la humanidad hoy globalmente anémica.


Fuente: Koinonia