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martes, 29 de diciembre de 2009

La destrucción de una civilización


La guerra de EEUU contra Iraq
 
por James Petras (*)

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Los siete años de guerra y ocupación estadounidenses en Iraq han estado manejados por varias fuerzas políticas importantes e impregnados de toda una variedad de intereses imperiales. Sin embargo, esos intereses no explican por sí mismos la profundidad ni el alcance de la sostenida, masiva y continuada destrucción de toda una sociedad ni su reducción a un permanente estado de guerra. El ámbito de fuerzas políticas que contribuyeron a orquestar la guerra y la subsiguiente ocupación de EEUU incluye las siguientes (por orden de importancia):

La fuerza política más importante fue también de la que menos abiertamente se habló: La Configuración del Poder Sionista (ZPC, por sus siglas en inglés), que incluye el importante papel de los partidarios, persistentes e incondicionales de línea dura, del Estado de Israel que lograron puestos importantes en el Pentágono de Bush (Douglas Feith y Paul Wolfowitz), operativos clave en la oficina del Vicepresidente (Irving –Scooter- Libby), en el Departamento del Tesoro (Stuart Levy), en el Consejo de Seguridad Nacional (Elliot Abrams) y toda una falange de asesores, escritores de los discursos presidenciales (David Frum), funcionarios secundarios y asesores políticos en el Departamento de Estado. Esos comprometidos “insiders” sionistas estaban apoyados por miles de funcionarios con dedicación exclusiva de “Ante Todo, Israel” de las 51 organizaciones judías más importantes, agrupadas bajo su Presidente (PMAJO, por sus siglas en inglés). Todos declararon abiertamente que su más alta prioridad era avanzar en la agenda de Israel, concretada, en este caso, en una guerra de EEUU contra Iraq para derrocar a Saddam Hussein, ocupar el país, dividir físicamente Iraq, destruir su ejército y su capacidad industrial e imponer un régimen-titere pro-Israel/pro-EEUU. Si Iraq era étnicamente limpiado y dividido, como defendía el ultraderechista Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu y el Presidente Emérito “Liberal” del Consejo de Relaciones Exteriores y sionista-militarista Leslie Gelb, habría entonces varios “regímenes clientelistas”.

Los altos políticos pro-Israel que promovieron la guerra no tenían directamente al principio la política de destruir sistemáticamente lo que, en efecto, constituía toda la civilización iraquí. Pero su apoyo y diseño de una política de ocupación incluía el desmembramiento total del aparato del estado iraquí y el reclutamiento de asesores israelíes que proporcionaran su “pericia” en técnicas de interrogatorio, represión de la resistencia civil y contrainsurgencia. Ciertamente, los expertos israelíes jugaron un papel importante al fomentar el enfrentamiento étnico y religioso entre los iraquíes, que Israel tanto ha puesto en práctica en Palestina. El “modelo” israelí de guerra colonial y ocupación –la invasión del Líbano de 1982- y la práctica de la “destrucción total” utilizando la división sectaria y étnico-religiosa fue ya evidente en las infamantes masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en Beirut, que tuvieron lugar bajo supervisión del ejército israelí.

La segunda fuerza poderosa en pos de la Guerra de Iraq estaba constituida por los militaristas civiles (como Donald Rumsfeld y el Vicepresidente Cheney) que buscaban extender el alcance imperial de EEUU por el Golfo Pérsico y fortalecer su posición geo-política eliminando a un nacionalista fuerte, laico y partidario de la resistencia anti-imperialista árabe en el Oriente Medio. Esos militaristas civiles buscaban ampliar las bases militares estadounidenses para envolver a Rusia y asegurarse el control de las reservas petrolíferas como elemento de presión contra China. Los militaristas civiles estaban menos movidos por los pasados lazos del Vicepresidente Cheney con la industria del petróleo y más interesados en su papel como Director Ejecutivo de la gigantesca filial de Halliburton, la contratista de bases militares Kellog-Brown and Root, que ha ido consolidando el Imperio Estadounidense a través de la expansión de bases militares por todo el mundo. Las compañías petrolíferas estadounidenses más importantes, que temían salir perdiendo frente a sus competidoras europeas y asiáticas, estaban deseando negociar con Saddam Hussein, y algunos de los partidarios de Bush dentro de la industria petrolífera estaban ya embarcados en operaciones de comercio ilegal con el embargado régimen de Iraq. La industria del petróleo no se sentía muy inclinada a promover la inestabilidad regional mediante una guerra.

La estrategia belicista de conquista y ocupación se diseñó para establecer una presencia militar colonial a largo plazo bajo la forma de bases militares estratégicas dotadas de un importante y sostenido contingente de asesores militares coloniales y unidades de combate. La brutal ocupación colonial de un estado laico independiente con fuerte historia nacionalista y avanzada infraestructura que disponía de un aparato policial y militar sofisticado, extendidos servicios públicos y mínimas tasas de analfabetismo impulsó el crecimiento de una amplia colección de movimientos militantes y armados contra la ocupación. En respuesta, los oficiales coloniales estadounidenses, la CIA y las Agencias de la Inteligencia de Defensa idearon una estrategia de “divide y vencerás” (la denominada solución “El Salvador”, asociada al ex Embajador en zonas calientes y ex Director de la Inteligencia Nacional estadounidense John Negroponte) para fomentar los conflictos armados de base sectaria y promover los asesinatos interreligiosos para así debilitar cualquier esfuerzo por lograr un movimiento unido nacional anti-imperialista. El desmantelamiento de la burocracia civil laica y del ejército fue diseñado por los sionistas de la administración Bush para incrementar el poder de Israel en la región y fomentar el surgimiento de grupos militantes islámicos, que habían sido reprimidos por el depuesto régimen baazista de Saddam Hussein. Israel había perfeccionado esta estrategia antes: Patrocinó y financió en sus orígenes a grupos militantes islámicos sectarios, como Hamas, como alternativa a la laica Organización para la Liberación de Palestina, creando un marco que favorecía las luchas sectarias entre los palestinos.

La consecuencia de las políticas coloniales estadounidenses financiando y multiplicando una amplia variedad de conflictos internos fue la proliferación de los mullah, los líderes tribales, los gángsteres políticos, los señores de la guerra, los expatriados y los escuadrones de la muerte. La “guerra de todos contra todos” servía a los intereses de las fuerzas ocupantes estadounidenses. Iraq se convirtió en un lodazal de jóvenes armados, sin empleo, entre los que era fácil reclutar un nuevo ejército de mercenarios. La “guerra civil” y el “conflicto étnico” proporcionaron un pretexto para que EEUU y sus títeres iraquíes despidieran a cientos de miles de soldados, policías y funcionarios del régimen anterior (especialmente si eran de familias sunníes, mixtas o laicas), socavando la base del empleo civil. Bajo la cobertura de una generalizada “guerra contra el terror”, las Fuerzas Especiales estadounidenses y los escuadrones de la muerte dirigidos por la CIA implantaron el terror dentro de la sociedad civil iraquí, persiguiendo a cualquier sospechoso de criticar al gobierno-títere, especialmente entre las clases educadas y profesionales, precisamente los iraquíes más capaces de reconstruir una república laica independiente.

La guerra de Iraq estuvo dirigida por un influyente grupo de ideólogos neoconservadores y neoliberales con fuertes vínculos con Israel. Valoraron el éxito de la guerra de Iraq (por éxito ellos entendían el desmembramiento total del país) como la primera ficha de “dominó” de una serie de guerras para “recolonizar” el Oriente Medio (en sus palabras: “volver a trazar el mapa”). Disfrazaron su imperial ideología con un fino barniz de retórica sobre “promover las democracias” en Oriente Medio (excluyendo, por supuesto, las antidemocráticas políticas de su “patria” Israel sobre los subyugados palestinos). Al confluir las ambiciones hegemónicas regionales de Israel con los intereses imperiales de EEUU, los neoconservadores y sus compañeros de viaje neoliberales del Partido Demócrata apoyaron en primer lugar al Presidente Bush y después al Presidente Obama en su escalada de las guerras contra Afganistán y Pakistán. Secundaron unánimemente la feroz campaña de bombardeos de Israel contra el Líbano, el ataque por tierra, mar y aire y la masacre de miles de civiles atrapados en Gaza, el bombardeo de instalaciones sirias y el gran impulso (de Israel) hacia un ataque preventivo militar y a gran escala contra Irán.

Los defensores estadounidenses de múltiples guerras secuenciales y simultáneas en Oriente Medio y en el Sur de Asia creían que no podrían desplegar todo el potencial destructivo masivo que poseen hasta no haberse asegurado el control total de su primera víctima: Iraq. Confiaban en que la resistencia iraquí se vendría rápidamente abajo tras trece años de brutales y exterminadoras sanciones impuestas contra la república por EEUU y las Naciones Unidas. Para consolidar el control imperial, los políticos estadounidenses decidieron silenciar permanentemente a todos los disidentes civiles independientes iraquíes. Se dedicaron a financiar a clérigos chiíes y asesinos tribales sunníes y a contratar decenas de miles de mercenarios privados entre los señores de la guerra pesmergas kurdos para que perpetraran los asesinatos selectivos de los dirigentes de los movimientos de la sociedad civil.
EEUU creó y entrenó un ejército-títere colonial iraquí de 200.000 miembros, compuesto casi enteramente de pistoleros chiíes, excluyendo a los experimentados militares iraquíes con antecedentes laicos, sunníes o cristianos. Un resultado poco conocido de todos esos escuadrones de la muerte financiados y entrenados por EEUU y de su ejército-títere iraquí fue la destrucción virtual de la antigua población cristiana iraquí, que fue desplazada, sus iglesias bombardeadas y sus dirigentes, obispos e intelectuales, académicos y científicos asesinados o forzados al exilio. Los asesores israelíes y estadounidenses eran bien conscientes de que los cristianos iraquíes habían jugado un papel clave en el desarrollo histórico de los movimientos laicos, nacionalistas antibritánicos y antimonárquicos y su eliminación como fuerza influyente en los primeros años de la ocupación estadounidense no fue algo accidental. El resultado de las políticas estadounidenses llevó a eliminar a los movimientos y a los dirigentes antiimperialistas más democráticos y laicos y a presentar a una red asesina de colaboradores “étnico-religiosos” como “socios” incontestables para sostener la presencia colonial estadounidense a largo plazo en Iraq. Con sus títeres en el poder, Iraq serviría como plataforma de lanzamiento para su búsqueda estratégica de otros “dominios” (Siria, Irán, las Repúblicas Centroasiáticas…).

La continuada purga sangrienta de Iraq bajo la ocupación estadounidense ha conseguido acabar con la vida de 1,3 millones de civiles iraquíes durante los primeros siete años de la invasión de Bush de 2003. Hasta mediados de 2009, la invasión y ocupación de Iraq le ha costado al tesoro estadounidense más de 666.000 millones de dólares. Este enorme gasto da fe de su carácter central en la más amplia estrategia imperial de EEUU en relación a todo el Oriente Medio y a la región del Sur y Centro de Asia. La política de Washington de politizar y militarizar las diferencias étnico-religiosas, armando y fomentando la rivalidad de los líderes étnicos, religiosos y tribales para que estén siempre enzarzados en mutuas sangrías sirvió para destruir la resistencia y la unidad nacional. Las tácticas de “divide y vencerás” y la confianza en organizaciones religiosas y sociales retrógradas es la práctica más común y mejor conocida cuando se trata de conquistar y subyugar a un estado nacionalista avanzado y unificado. Romper un estado nacional, destruir la conciencia nacionalista y promover las primitivas lealtades regionales, feudales y étnico-religiosas requería de la sistemática destrucción de los principales proveedores de la conciencia nacionalista, de la memoria histórica y del pensamiento científico y laico. Al provocar los odios étnico-religiosos se destruyeron los matrimonios, las comunidades y las instituciones mixtas con sus perdurables lazos profesionales y amistades personales de orígenes diversos. La eliminación física de académicos, escritores, profesores, intelectuales, científicos y profesionales, especialmente físicos, ingenieros, abogados, juristas y periodistas fue decisiva para imponer un gobierno étnico-religioso bajo una ocupación colonial. Para establecer el dominio a largo plazo y sostener a unos gobernantes clientelistas étnico-religiosos, todo el edificio cultural preexistente fue destruido físicamente por EEUU y sus marionetas iraquíes. Esto supuso la destrucción de las bibliotecas, las oficinas del censo y los depósitos de todas las propiedades y archivos judiciales, los departamentos sanitarios, laboratorios, colegios, centros culturales, instalaciones médicas y, por encima de todo y al completo, las clases profesionales, los científicos sociales, los humanistas, los literatos… Cientos de miles de profesionales iraquíes junto con sus familias, fueron empujados mediante el terror al exilio interno y externo. Se cortó cualquier tipo de financiación destinada a las instituciones nacionales, seculares, científicas y educativas. Los escuadrones de la muerte se emplearon a fondo en el sistemático asesinato de miles de académicos y profesionales sospechosos de la menor disidencia, del menor sentimiento nacionalista; se eliminó a todo aquel que tuviera la mínima capacidad para colaborar en la reconstrucción de la república.

La destrucción de una moderna civilización árabe

El Iraq laico e independiente tenía el más avanzado orden científico-cultural del mundo árabe, a pesar de la naturaleza represiva del estado policial de Saddam Hussein. Había un sistema nacional de atención sanitaria, educación gratuita universal y generosos servicios sociales, combinado todo ello con niveles de igualdad de género sin precedentes. Esto marcó la avanzada naturaleza de la civilización iraquí de finales del siglo XX. La separación entre iglesia y estado y la protección estricta de las minorías religiosas (cristianos, asirios y otros) contrasta agudamente con lo que ha resultado de la ocupación estadounidense y su destrucción de las estructuras gubernamentales y civiles iraquíes. El duro gobierno dictatorial de Saddam Hussein presidía una muy desarrollada moderna civilización en la que el avanzado trabajo científico iba de la mano de una fuerte identidad nacionalista y anti-imperialista. Esto se notó especialmente en el pueblo iraquí y en las expresiones de solidaridad del régimen con la causa del pueblo palestino bajo el dominio y ocupación israelí.
Un mero “cambio de régimen” no podía extirpar esta profundamente incrustada y avanzada cultura laica republicana en Iraq. Los planificadores estadounidenses de la guerra y sus asesores israelíes eran bien conscientes de que la ocupación colonial aumentaría la conciencia nacionalista iraquí a menos que la secular nación fuera destruida y de ahí el imperativo imperial para arrancar y destruir a los portadores de la conciencia nacionalista, eliminando físicamente a los talentosos, a los científicos, a los elementos más laicos de la sociedad iraquí. El énfasis en todo lo retrogrado se convirtió en el principal instrumento para que EEUU impusiera en el poder a sus títeres coloniales, con sus primitivas y “pre-nacionales” lealtades, en un Bagdad culturalmente purgado y desnudado de sus estratos sociales más sofisticados y nacionalistas.
Según el Centro de Estudios Al Ahram de El Cairo, durante los primeros dieciocho meses de la ocupación estadounidense, 310 científicos iraquíes fueron asesinados, una cifra que el ministerio de educación iraquí no discute.

Otro informe recogía un listado con más de 340 intelectuales y científicos asesinados entre 2005 y 2007. Las bombas colocadas en los institutos de educación superior habían hecho bajar la tasa de matrículas un 30% respecto a las cifras anteriores a la invasión. En una bomba colocada en enero de 2007 en la Universidad Mustansiriya de Bagdad, 70 estudiantes fueron asesinados y cientos de ellos resultaron heridos. Esas cifras obligaron a la UNESCO advertir que el sistema universitario iraquí estaba al borde del colapso. Las cifras de importantes profesionales y científicos iraquíes que habían escapado del país rondaban los 20.000. Los Angeles Times informó que en octubre de 2008, de los 6.700 profesionales universitarios iraquíes que tuvieron que huir a partir de 2003, sólo 150 habían regresado. A pesar de las proclamas de EEUU de que ha mejorado la seguridad, la situación en 2008 contempló numerosos asesinatos, incluyendo el del único neurocirujano que quedaba en la segunda mayor ciudad iraquí, Basora, cuyo cuerpo fue arrojado a las calles de la ciudad.

Los datos no procesados de los académicos, científicos y profesionales iraquíes asesinados por EEUU y las fuerzas ocupantes alidadas y las milicias, así como de las fuerzas en la sombra controladas por ellas, se reflejaron en una lista publicada por el Pakistan Daily News (www.daily.pk) el 26 de noviembre de 2008. Esta lista levanta ampollas acerca de la realidad de la sistemática eliminación de intelectuales en Iraq bajo la trituradora de la ocupación estadounidense.

Asesinatos

La eliminación física de un individuo mediante el asesinato es una forma extrema de terrorismo, que tiene un efecto dominó de largo alcance a través de la comunidad de la que procede la persona, en este caso el mundo de los líderes intelectuales, académicos, profesionales y creativos de las artes y las ciencias. Por cada intelectual iraquí asesinado, miles de educados iraquíes escapaban del país o abandonaban su trabajo en búsqueda de una actividad más segura, menos vulnerable.

Bagdad era considerada el “París” del mundo árabe en términos culturales y artísticos, científicos y educativos. En la década de los setenta y los ochenta, sus universidades eran la envidia del mundo árabe. La campaña de “conmoción y pavor” de EEUU que arrasó Bagdad, evocó emociones similares a las del bombardeo aéreo del Louvre, la Sorbona y las bibliotecas más importantes de Europa. La Universidad de Bagdad era una de las universidades más prestigiosas y productivas del mundo árabe. Incluso bajo el letal colapso producido por las sanciones económicas impuestas por EEUU y Naciones Unidas, que aniquilaron a Iraq durante los trece años anteriores a la invasión de 2003, miles de estudiantes licenciados y de jóvenes profesionales llegaban a Iraq buscando formación especializada. Jóvenes médicos de todo el mundo árabe recibían formación médica avanzada en sus instituciones. Muchos de sus académicos presentaban documentación científica en las conferencias internacionales más importantes y publicaban en revistas de prestigio. Y lo que es más importante, la Universidad de Bagdad formaba y mantenía una cultura laica científica altamente respetada y libre de discriminación sectaria, con académicos de todos los orígenes religiosos y étnicos.

Ese mundo fue para siempre destrozado: Bajo la ocupación estadounidense, hasta noviembre de 2008, han sido asesinados 83 académicos e investigadores que enseñaban en la Universidad de Bagdad, haciendo que varios miles de colegas suyos, sus familias y estudiantes se vieran obligados a huir.

La selección de académicos asesinados por disciplinas
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El artículo publicado en noviembre por el Pakistan Daily News ofrecía un listado de un total de 154 importantes académicos de Bagdad, famosos en su especialidad, que habían sido asesinados. Además, un total de 281 bien conocidos intelectuales que enseñaban en las mejores universidades de Iraq cayeron víctimas de los “escuadrones de la muerte” bajo la ocupación estadounidense.

Antes de la ocupación estadounidense, la Universidad de Bagdad poseía la facultad de medicina de enseñanza e investigación más importante de todo el Oriente Medio, que atraía a cientos de jóvenes doctores en búsqueda de formación avanzada. Ese programa ha sido devastado durante el surgimiento del régimen de los escuadrones de la muerte estadounidenses, con pocas perspectivas de recuperación. De los asesinados, el 25% (21) eran los catedráticos y profesores más importantes de la facultad de medicina de la Universidad de Bagdad, la que tiene el más alto porcentaje de asesinados entre las facultades. El segundo más alto porcentaje de las facultades masacradas fueron los profesores e investigadores de la renombrada facultad de ingeniería de la Universidad de Bagdad (12), seguidos de primerísimos académicos en humanidades (10), ciencias sociales y físicas (8 catedráticos en cada una), educación (5). Los restantes altos académicos asesinados en la Universidad de Bagdad pertenecían a las facultades de ingeniería agrícola, economicas, educación física, comunicaciones y estudios religiosos.

En las otras tres universidades de Bagdad fueron asesinados 53 importantes académicos, entre ellos, 10 que pertenecían al campo de las ciencias sociales, 7 a la facultad de derecho, 6 a medicina, 6 a humanidades, 9 a ciencias físicas y 5 a las ingenierías. El 20 de agosto de 2002, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld bromeaba antes de la invasión: “… Uno tiene que asumir que ellos (los científicos) no han estado jugando a las canicas” (justificando la sangrienta purga de científicos en ciencias físicas y químicas). Una ominosa señal de la sangría de académicos que iba a seguir a la invasión.

En todas las universidades situadas en el resto de las provincias se perpetraron purgas sangrientas similares de académicos: 127 catedráticos y científicos fueron asesinados en las diversas y bien consideradas universidades de Mosul, Kirkuk, Basora y otros lugares. Las universidades ubicadas en otras provincias con la cifra más alta de profesores y catedráticos asesinados estaban en las ciudades en que los ejércitos británico y estadounidense y sus aliados y mercenarios kurdos fueron más activos: Basora (35), Mosul (35), Diyala (15) y Al-Anbar (11).

El ejército iraquí y sus aliados de los escuadrones de la muerte perpetraron la mayoría de los asesinatos de académicos en las ciudades que estaban bajo control estadounidense o “aliado”. El asesinato sistemático de académicos se llevó a cabo por toda la nación, en todas las disciplinas a fin de destruir los cimientos educativos y culturales de una civilización árabe moderna. Los escuadrones de la muerte que cometieron la mayoría de los asesinatos eran grupos étnico-religiosos primitivos, premodernos “actuando por sí mismos” o instrumentalizados por los estrategas del ejército estadounidense para eliminar a cualquier intelectual consciente políticamente o a cualquier científico nacionalista que pudiera empeñarse en una agenda de reconstrucción de una sociedad laica moderna y una república unificada e independiente.

En su pánico para impedir la invasión estadounidense, el Directorado Nacional de Control Iraquí presentó el 7 de diciembre de 2002 ante las Naciones Unidas, una lista que identificaba a 500 científicos importantes iraquíes. No hay prácticamente duda alguna de que esa lista se convirtió para el ejército estadounidense en un elemento central a la hora de confeccionar la lista de personas a eliminar entre la elite científica iraquí. En su infame discurso anterior a la invasión ante las Naciones Unidas, el Secretario de Estado Colin Powell citó una lista de 3.500 científicos y técnicos iraquíes a quienes habría que “contener” para impedir que su sabiduría fuera utilizada por otros países. EEUU había incluso creado un “presupuesto” de cientos de millones de dólares, sacado del dinero iraquí del programa “Petróleo por Alimentos” de Naciones Unidas a fin de establecer programas de “reeducación civil” para volver a entrenar a los ingenieros y científicos iraquíes. Estos tan aireados programas nunca se llevaron a cabo. Formas más baratas de contener lo que un experto en política estadounidense denominó como el “exceso de científicos, ingenieros y técnicos” de Iraq aparecen claramente en un documento del Carnegie Endowment (actualización de la política RANSAC, abril de 2004). EEUU había decidido adoptar y ampliar, a escala industrial, la operación secreta del Mossad israelí para asesinar a los científicos iraquíes más importantes.

Las campañas estadounidenses de “Incremento” y “Asesinatos Máximos” (2006-2007):

El momento terrorista más algido contra los académicos coincide con la renovación de la ofensiva del ejército estadounidense en Bagdad y en las provincias. De la cifra total de académicos asesinados en Bagdad hay recogidas unas fechas (110 intelectuales famosos asesinados), casi el 80% (87) se produjeron en 2006 y 2007. Una pauta similar se siguió en las provincias, perpetrándose en esa época el 77% de un total de 84 académicos asesinados fuera de la capital durante el mismo período. La pauta está clara: la proporción de asesinatos de académicos crece cuando las fuerzas ocupantes estadounidenses organizan un ejército iraquí de mercenarios y fuerza policial, y proporcionan dinero para el entrenamiento y reclutamiento de miembros de tribus y milicias rivales chiíes y sunníes como medio de reducir las bajas estadounidenses y de purgar a los potenciales críticos disidentes de la ocupación.

La campaña de terror contra los académicos se intensificó a mediados de 2005 y alcanzó su pico en 2006-2007, provocando la fuga masiva de decenas de miles de profesionales, científicos, académicos iraquíes y de sus familias al extranjero. Facultades universitarias enteras se han convertido en refugiados de Siria y otros países. Aquellos que no pudieron permitirse abandonar a sus ancianos padres o parientes y permanecieron en Iraq, tuvieron que adoptar medidas extraordinarias para ocultar su identidad. Algunos eligieron colaborar con las fuerzas ocupantes o con el régimen-títere esperando que les protegieran o permitieran inmigrar con sus familias a EEUU o Europa, aunque los europeos, especialmente los británicos, no se sienten muy inclinados a aceptar a académicos iraquíes. Después de 2008, se produjo un agudo descenso en el asesinato de académicos, con sólo 4 asesinados ese año. Esto refleja la huida masiva de intelectuales iraquíes hacia el extranjero o que tuvieron que esconderse antes que confiar en ningún cambio de política por parte de EEUU y sus títeres mercenarios. Como consecuencia, las instalaciones dedicadas a la investigación en Iraq se han visto diezmadas. Las vidas de los integrantes de los equipos de apoyo que aún permanecen, incluidos técnicos, bibliotecarios y estudiantes se han visto devastadas, con muy escasas perspectivas de poder conseguir un empleo en el futuro.

La guerra y ocupación de Iraq por EEUU, como los Presidentes Bush y Obama han declarado, es un “éxito”: una nación independiente de 23 millones de ciudadanos ha sido ocupada por la fuerza, colocándose en ella un régimen-títere, con tropas mercenarias coloniales que prestan obediencia a los oficiales estadounidenses y campos petrolíferos puestos en venta. Todas las leyes nacionalistas de Iraq que protegían su patrimonio, sus tesoros culturales y sus recursos naturales han sido anuladas. Los ocupantes han impuesto una “constitución” que favorece al Imperio estadounidense. Israel y sus lacayos sionistas en las administraciones tanto de Bush como de Obama celebran la desaparición de un adversario moderno… y la conversión de Iraq en un desierto político-cultural. En línea con un supuesto contrato efectuado entre el Departamento de Estado de EEUU y los oficiales del Pentágono con coleccionistas influyentes del Consejo Americano para la Política Cultural en 2003, los saqueados tesoros de la antigua Mesopotamia han “encontrado” un camino en las colecciones de las elites de Londres, Nueva York y muchos más lugares. Los coleccionistas pueden ahora también anticiparse al pillaje en Irán.

Advirtiendo a Irán

La invasión, ocupación y destrucción por EEUU de una civilización científico-cultural moderna, como la que existía en Iraq, es un preludio de lo que el pueblo de Irán puede esperar si llega a producirse un ataque militar por parte de EEUU/Israel. La amenaza imperial a los cimientos científico-culturales de la nación iraní ha estado totalmente ausente de la narrativa de los manifestantes y estudiantes iraníes y sus ONG financiadas por EEUU durante sus protestas post-electorales de la “Revolución Pintalabios”. No deberían olvidar que en 2004, los educados y sofisticados iraquíes de Bagdad se consolaban con un fatalmente equivocado optimismo de “al menos, no estamos como en Afganistán”. Esa misma elite se encuentra ahora en miserables campos de refugiados en Siria y en Jordania y su país se parece más a Afganistán que ningún otro lugar del Oriente Medio. Se ha cumplido la escalofriante promesa de Bush de abril de 2003 de transformar Iraq en la imagen de “nuestro recién liberado Afganistán”. Y los informes de que los asesores de la administración estadounidense habrían revisado la política del Mossad israelí de asesinatos selectivos de científicos iraníes, debería hacer que los intelectuales liberales pro-Occidente de Teherán ponderen seriamente la lección de la campaña asesina que sobre todo en 2006-2007 eliminó prácticamente a todos los científicos y académicos iraquíes.

Conclusión


¿Qué es lo que ganan EEUU (y Gran Bretaña e Israel) al establecer un régimen clientelista retrogrado en Iraq basado en estructuras socio-políticas étnico-religiosas medievales? Primero y principal, Iraq se ha convertido en un puesto de avanzada para el imperio. En segundo lugar, es un régimen débil y atrasado incapaz de desafiar el dominio militar y económico israelí en la región e incapaz de cuestionar la continuada limpieza étnica de los nativos palestinos árabes de Jerusalén, Cisjordania y Gaza. En tercer lugar, la destrucción de los cimientos legales, culturales, científicos y académicos de un estado independiente supone incrementar su dependencia de las corporaciones multinacionales occidentales (y chinas) y su infraestructura técnica, facilitando así la penetración y explotación económica imperial.

A mediados del siglo XIX, tras la revolución de 1848, el conservador sociólogo francés Emil Durkheim reconoció que la burguesía europea se veía enfrentada por un creciente conflicto de clases y una clase trabajadora cada vez más anticapitalista. Durkheim señalaba que, cualquiera que fueran sus recelos filosóficos sobre religión y clericalismo, la burguesía tendría que usar los mitos de la religión tradicional para “crear” cohesión social y rebajar la polarización de clases. Hizo un llamamiento a la educada y sofisticada clase capitalista parisina para que superara su rechazo del obscurantista dogma religioso a favor de instrumentalizar la religión como herramienta para poder mantener su dominio político. De la misma forma, los estrategas estadounidenses, incluidos los sionistas en el Pentágono, han instrumentalizado a las fuerzas étnico-religiosas, tribales y mullahs para destruir el liderazgo político nacional laico y la avanzada cultura de Iraq para consolidar su dominio imperial, aunque esa estrategia exigiera la matanza de las clases científicas y profesionales. El dominio imperial contemporáneo estadounidense se basa en apoyar a los sectores más atrasados social y políticamente de una sociedad y aplicar la tecnología bélica más avanzada.

Los asesores israelíes han jugado un papel importante a la hora de instruir a las fuerzas ocupantes en Iraq en las prácticas de la contrainsurgencia urbana y represión de civiles, basándose en sus sesenta años de experiencia. La infame masacre en 1948 de cientos de familias palestinas en Deir Yasin fue emblemática de la eliminación sionista de cientos de pueblos agrícolas productivos, que habían sido poblados durante siglos por un pueblo nativo con su civilización endógena y vínculos culturales con el suelo, a fin de imponer un nuevo orden colonial. La política de aniquilación total de los palestinos es un elemento base en el asesoramiento de Israel a los políticos en Iraq. Su mensaje ha sido traslado por sus acólitos sionistas presentes en las administraciones Bush y Obama, ordenando el desmembramiento de toda la burocracia estatal y civil moderna iraquí y utilizando los premodernos escuadrones de la muerte tribales compuestos de extremistas chiíes y kurdos para purgar las modernas universidades e instituciones de investigación de esa masacrada nación.

La conquista imperial estadounidense de Iraq se construye a partir de la destrucción de una república laica moderna. El desierto cultural que queda (un “páramo” empapado de la sangre de los preciados sabios iraquíes) es controlado por mega-estafadores, chorizos y mercenarios que se hacen pasar por “autoridades iraquíes”, analfabetos culturales étnicos y tribales y personajes religiosos medievales que actúan bajo la guía y dirección de los graduados de West Point que llevan los “planos del imperio” formulados por los licenciados de Princeton, Harvard, Johns Hopkins, Yale y Chicago, ansiosos de servir a los intereses de las corporaciones multinacionales europeas y estadounidenses.

Eso se denomina “desarrollo desigual y combinado”: El matrimonio de los mullahs fundamentalistas con los sionistas de la Ivy League [*] al servicio de los Estados Unidos.

N. de la T: Ivy League: el grupo de ocho universidades más prestigiosas de EEUU.
 

(*) James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York). Intelectual emblemático de la izquierda estadounidense, es autor de numerosas obras y especialista en política sionista estadounidense, analista de la prensa judía israelí y estadounidense. Es autor de Zionism, Militarism and the Decline of US Power, Clarity Press 20 08.

Enlace con texto original en inglés: index.php?context=va&aid=14870

lunes, 15 de septiembre de 2008

«Guerra y Mentira», tercera y última parte.

El sistema de información y la guerra contra Irak

por Giulietto Chiesa*

¿Cómo se podía justificar un ataque contra Irak? Había que proporcionar previamente a la opinión pública internacional la prueba de que Saddam Hussein estaba en posesión de armas nucleares y biológicas. Con este fin se fundó en Estados Unidos los que algunos llaman el «gabinete para la información y la desinformación», en inglés el Department of Strategic Influence.




Tropas de EEUU en Irak. Ver fotos de Rick Loomis.

Foto cortesía: Rick Loomis/The Los Angeles Times.


9. El sistema de información y la guerra contra Irak

Por primera vez en la historia de los Estados Unidos es el Pentágono el que se ocupa de esos asuntos. Antes sí que existía una cosa del mismo tipo, pero dependía del Departamento de Estado. Ahora el Department of Strategic Influence está en manos de Donald Rumsfeld [el autor escribió este texto cuando Donald Rumsfeld era todavía Secretario de Defensa de los EEUU, hoy en día ya no lo es más. Ha sido remplazado por Robert Gates].

El Pentágono emite una serie de documentos que el sistema mediático mundial se encarga de difundir inmediatamente. Preparan a sus amigos, como ellos dicen. Les preparan (y nos preparan) diciéndoles muchas cosas de entre las cuales algunas son ciertas, otras son medio ciertas, y otras son completamente falsas.

Así resulta muy difícil discernir entre la información y la desinformación. Y además lo sabemos; la guerra de Vietnam comenzó con una gran invención, la acusación hecha contra los pérfidos vietnamitas de haber atacado navíos estadounidenses en el golfo de Tonkín. Sólo bastantes años después, cuando la guerra ya había acabado, se descubrió que no había existido tal ataque.

Hacer la lista de este tipo de manejos exigiría redactar libros enteros. Lo que nos deja estupefactos es el hecho de que los periodistas (los italianos los primeros) caigan siempre en la trampa y no aprendan la lección.

10. La sociedad civil estadounidense

En lo que respecta a los Estados Unidos, es difícil esperar que los que se oponen a esta guerra se vuelven los suficientemente numerosos como para obligar a la administración a que cambie el rumbo. Las razones son múltiples y profundas, y debemos reflexionar sobre ellas a fondo. Durante décadas nos han presentado a los Estados Unidos como modelo de la democracia occidental. ¿Son así las cosas? ¡No! Estados Unidos ya no es el modelo de la democracia occidental. Hace bastante que dejó de serlo.

Respecto al desarrollo de la sociedad civil Europa está mucho más avanzada que los Estados Unidos. Mirando las cosas detenidamente, incluso el sistema electoral estadounidense (que hemos intentado copiar sin comprender que cada democracia tenía su propia historia) se muestra mucho menos democrática que nuestros escrutinios proporcionales obsoletos. Incluso en los países europeos donde se practica el escrutinio mayoritario, se trata de sistemas electorales mucho mejor articulados y menos embalsamados que el bipartidismo absoluto de los estadounidenses, donde las diferencias entre los dos partidos son ahora tan imperceptibles que elegir entre ellos parece desprovisto de todo sentido.

Es por ello que, con toda lógica, la mayoría ni siquiera va a votar. Por otra parte, el nivel de formación democrática (y de información política) del ciudadano estadounidense es muy bajo.

No se trata de estar en contra o a favor de los Estados Unidos. En cuanto a mí, yo he vivido y he trabajado allí. Conocí una sociedad dinámica y muy diversificada, pero también replegada sobre ella misma, reducida a la adoración del rendimiento y de la carrera profesional y, en la mayoría de los casos, incapaz de defender sus propios derechos. En todo caso, desprovista de organizaciones que le den la posibilidad de defenderse. No es una casualidad que entre todos los países del Occidente avanzado Estados Unidos sea el único que mantenga la pena de muerte.

El hecho es que vivimos en un mundo donde un porcentaje importante de los artículos publicados en las páginas de nuestros periódicos está consagrado a la exaltación de la democracia estadounidense. Reflexiones como las que estoy exponiendo no tendrían lugar en las páginas de un periódico de gran tirada en Italia.

Unos diez días después del 11 de septiembre, cuando el presidente ha transmitido su mensaje al pueblo, en todas las cadenas de televisión, no encontró nada mejor que decir que la siguiente frase: “volved a ir de compras”. Al oírlo sentí un escalofrío. ¿No tenía nada mejor que hacer que una llamada a llenar los centros comerciales, los templos del consumismo? Algunos días después vimos las colas de miles de consumidores estadounidenses que se habían levantado a las seis de la mañana para ir a las rebajas de fin de temporada. Anticipadas para la ocasión. Así que, si lo que nos dicen es verdad, que Estados Unidos nos lleva siempre veinte años de adelanto, lo que nos arriesgamos a ver en ese espejo es a nosotros mismos. Horror.

Tal vez también los chinos se reflejan ahí, unidos por la idea de que hay que consumir siempre más, derrochar siempre más, divertirse siempre más y así del mismo modo en una especie de compulsión repetitiva. Y la compulsión es el síntoma de una grave enfermedad mental, por lo que me resulta difícil no tener la impresión de que millones de estadounidenses han llegado a un alto nivel de lobotomización. Mirad sus ciudades, construidas a la medida y en función de los centros comerciales, de los “malls”. Yo no se va de paseo, se va a comprar algo en los centros comerciales, se va a visitar los centros comerciales, como antiguamente se iba a visitar un museo.

Por eso me parece improbable esperar de parte del pueblo estadounidense una respuesta masiva y hostil en contra de la guerra. Quien ha sido tocado por el virus del hiperconsumismo, quien ha recorrido hasta el final el camino para convertirse en un consumidor impenitente, difícilmente concibe ni siquiera la existencia de los problemas que tratamos aquí. Nos lo ve, así de simple. Se ha vuelto ciego. Si bien es verdad (como lo hemos resumido eficazmente) que durante la última década los estadounidenses se han enriquecido mientras dormían, ¿cómo hacerles entender que tienen que despertar? Para ellos es difícil. Para nosotros también, dentro de poco, será difícil.

También se ha dicho precisamente que Estados Unidos era el único país del mundo donde la idea de ahorro ya no existía y donde la gente gasta más de lo que gana. Es una situación completamente anormal. La deuda de los Estados Unidos con el resto del mundo se eleva a unos doce billones de dólares y continúa creciendo a razón de unos mil doscientos o mil quinientos millones de dólares por mes. ¿Cómo se puede imaginar vivir en paz en un mundo donde un país de 250 millones de habitantes consume él solo un tercio de los recursos mundiales, y es el origen de casi un cuarto de la polución del medioambiente, nuestra casa común?

11. La supersociedad global

La verdad es que nos dirigimos hacia una supersociedad global dirigida por una superclase global de súper ricos de todas las partes del mundo, que vivirán en ciudades reservadas, vigiladas por sus policías privados, porque los policías nacionales estarán destinados exclusivamente a controlar a los pobres. Ya asistimos a ese tipo de organización urbanística. En Johannesburgo, Sudáfrica, las ciudades de ricos separadas ya existen. En Moscú hay barrios enteros concebidos expresamente para los ricos, con grandes edificios donde se encuentra de todo (campo de golf, gimnasios, tiendas, paseos, jardines de infancia, colegios) con una entrada única vigilada por agentes privados y muros altísimos. Esa es la imagen del futuro.

Las élites ya no necesitarán vivir en un solo país, vivirán en el mundo entero, en los lugares que les estarán reservados. Ya no será posible mezclar las clases porque será demasiado peligroso para ellas. Así es la idea que se impone en el mundo hoy día. La idea de los que podrán consumir, y consumir en abundancia, mientras que el resto, la aplastante mayoría, permanecerá fuera.

Una parte relacionada con los servicios indispensable tendrá acceso al interior y podrá beneficiarse de los restos de ese bienestar. Los otros podrán palmarla, porque son inútiles. Y la prueba del hecho de que serán inútiles es una tautología: serán inútiles porque habrán perdido el tren que lleva al éxito.

Ahora bien, los que pierdan en esta supersociedad de poderosos ávidos estarán de todo modos equivocados y ningún capitalismo compasivo vendrá a ayudarles. Así que, ¿por qué seguir dejándoles impunemente consumir aire, agua y alimentos?

12. Tras la guerra de Irak

Sabíamos que la sangre iba a correr, mucha sangre: nos la han enseñado, mezclada con el polvo del desierto.
Esta vez han decidido que las cosas funcionarían mejor así. Ya no se trataba de una misión humanitaria, que hubiera exigido mayor delicadeza. Iban a Irak para darles miedo a los réprobos que continúan poblando el mundo. Era necesario, pues, que la sangre se viera y que estuviera seguida de un castigo ejemplar, duro, implacable. Una guerra emblemática, una guerra ejemplar, un aviso.

La segunda guerra de Irak de los Estados Unidos ha tenido su necesaria coreografía imperial, previamente reglada, ejecutada con la mayor precisión.

En realidad ha habido algún que otro error. Las cadenas imperiales debían contentarse con instilar el miedo. No se había previsto ningún otro mensaje. Pero las televisiones árabes han venido a arruinar las fiesta de esta cuarta guerra del Imperio. Por primera vez en la historia de los medio de comunicación globales (Kabul no fue más que un modesto preestreno) han comenzado a contarnos la dolorosa historia de los vencidos.

Peor todavía: no la de los perdedores ingenuos que entretienen en secreto la esperanza de David, poder derrumbar a Goliat de una sola pedrada entre los ojos. No, la televisión árabe nos ha contado la guerra a través de los ojos de los perdedores que saben que no pueden ganar, que no se hacen ilusiones; que son conscientes de que en el peor de los casos morirán como perros, y en el mejor, salvarán sus vidas y las de sus hijos para vivir esclavizados.

Y como las televisiones occidentales no podían mostrar gran cosa, encerrados como estaban en grandes hoteles cuidadosamente alejados del blanco (aunque, como ya se sabe, hubo algún que otro fallo en el punto de mira), el mundo entero ha visto durante las dos primeras semanas la imagen de los perdedores más que la de los vencedores. Eso produjo en efecto fantástico. Era como asistir a Hiroshima del lado de los japoneses. Una primicia absoluta, incluso si bajo este punto de vista el heroísmo de los pilotos de Enola Gay, los que lanzaron la Bomba, resultaba menos evidente.

Sea como fuere, resultaba difícil interpretar aquello que teníamos frente a los ojos como heroísmo. Porque todas aquellas tropas de ataque tan bien equipadas, con todas aquellas máquinas suspendidas alrededor, con todos esos aviones arriba y helicópteros a los lados, tenían el especto de robots programados para llevar una libertad sin manual de instrucciones.

Como personas que hubieran aterrizado en la Luna completamente equipados para la plantación de manzanos y perales. Y lo más extraño era descubrir que, entre las cavidades de la Luna, había gente que permanecía allí y combatían sin ninguna esperanza de vencer. No querían aquellos manzanos ni aquellos perales.

¿Podían haberlo previsto? Ciertamente, George Bush y Tony Blair no lo habían previsto. Mientras redacto estas líneas finales, el escándalo de las falsas armas de destrucción masiva, las mentiras proferidas al mundo entero para declarar la guerra contra Irak, ya han explotado. Ganada en mayo, la guerra iraquí se transforma en derrota en el mes de agosto. La guerra en Afganistán continúa. La idea de una paz palestina concebida como una capitulación de los palestinos ante Sharon se ha desvanecido. Ya pueden tirar el plan trazado a la basura.

En fin, ninguno de los objetivos declarados por George Bush se ha cumplido.
La única, la verdadera, la gran guerra emprendida por Bush ha sido la dirigida contra Europa, dividiéndola (por el rasero de la guerra de Irak) y preparando los diez caballos que se dispone a hacer entrar en sus muros. Europa, Troya mal guardada e ignorante del peligro, albergará muy pronto a diez aqueos más estadounidenses que los Estados Unidos.

En dicho contexto, el papel que podría haber representado para frenar la estrategia imperial estadounidense se vuelve extremadamente problemático. Francia y Alemania aguantan, pero Bush tiene de su lado a Blair, a Berlusconi y a Aznar, quienes en la “vieja Europa” representan el papel de aliados de los “diez aqueos de la nueva Europa”. París y Berlín están aplastados.

Respecto a la Rusia de Putin, ha perdido antes de empezar. Ejemplo sin precedentes en la historia de un país que se suicida, ha contemplado su propia caída sin hacer un gesto. Aceptó la anulación del tratado ABM en 1972 aportando su firma bajo la declaración formal del fin de su poder, incluso parcial. La ampliación de la OTAN hacia el Este tan sólo le ha hecho hacer una mueca. Finalmente, ha perdido Asia Central sin rechistar.

Dentro de quince años Rusia se verá reducida a menos de cien millones de habitantes y flotará sobre sus fronteras actuales como las ropas de un gigante sobre las espaldas de un enano. Quizá tenga todavía misiles, pero ya no le servirán (como sucede actualmente) para ejercer una presión política sobre el Emperador, utensilios herrumbrosos e inútiles.

De China todavía tendremos que hablar durante un largo tiempo. El destino y la historia le han dado un papel preponderante en el siglo que acaba de comenzar. China es el verdadero problema de Washington. A China se consagró el PNAC, el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”. Los dirigentes chinos lo saben a ciencia cierta. Y ninguna recuperación, o recuperación parcial, de Wall Street permitirá desembarazarse del problema, que se opondrá al axioma de Bush, que también fue el de Reagan: el nivel de vida estadounidense no es negociable.

Muy pronto ya no habrá sitio en el planeta para dos Américas, una blanca y otra amarilla. Incluso la hipótesis de englobar a China (como subalterna de los Estados Unidos, claro está) en el mercado occidental no resolvería el problema.

Este es el verdadero perfil de la situación a la que deberán enfrentarse nuestra generación y la siguiente: hemos llegado al término. El desarrollo que el mundo ha conocido no se puede prolongar indefinidamente. Hay que elegir (si se acepta el cuadro que acabo de trazar) quién puede sobrevivir en un mundo que ya está bastante «en apuros».

Los que piensan, incluso en el seno de la izquierda, en términos de «recuperación» del viejo desarrollo (en el terreno económico) y que creen poder moderar las pretensiones del Imperio (en el terreno político) están condenados al estupor y la impotencia ante los trágicos acontecimientos que se anuncian.
















Giulietto Chiesa, periodista italiano y eurodiputado en Bruselas, autor de esta investigación. Encargado de una comisión de defensa de la Unión Europea.
Foto Humberto Salgado / para la agencia peruana IPI.



Fuente: http://www.voltairenet.org/article154347.html

sábado, 9 de agosto de 2008

Divide y vencerás

Divide y vencerás:
el proyecto imperialista anglo-estadounidense


by Andrew G. Marshall (*)

Global Research, 23 Julio 2008



Establecer un “arco de crisis”
Muchas personas tendrían dudas de que británicos y estadounidenses estén detrás de actos terroristas en Iraq, como los británicos en Basora cuando dos soldados británicos del regimiento especializado en operaciones clandestinas fueron capturados disfrazados de árabes, con explosivos y un abundante arsenal [1]. ¿Por qué serían cómplices los británicos en orquestar el terrorismo en la misma ciudad en la que están para proporcionar seguridad? ¿Qué propósito habría detrás de ello? Esta pregunta nos lleva a otra incluso más importante, la de por qué se ocupó Iraq, de cuál fue el objetivo de la guerra contra Iraq. Si, como nos suele decir nuestra dosis diaria de CNN, SkyNews y las declaraciones de los altos cargos públicos, la respuesta es propagar la democracia y la libertad, y librar al mundo de la tiranía y del terrorismo, entonces no tiene sentido que británicos y estadounidenses estén orquestando el terrorismo.

Sin embargo, si la respuesta a la pregunta de por qué ocurrió la invasión anglo-estadounidense no era propagar la democracia y la libertad, sino propagar el miedo y el caos, sumir al país en una guerra civil, balcanizarlo y crear un “arco de crisis” por todo Oriente Próximo que implique a los países vecinos, en especial a Irán, entonces el terrorismo es un medio muy eficaz y eficiente para tal fin.


Un estrategia imperialista


En 1982 Oded Yinon, un periodista israelí vinculado al ministerio de Asuntos Exteriores israelí, escribió un artículo para una publicación de la Organización Sionista Mundial en el que ponía de relieve una “estrategia para Israel en los ochenta”. En este artículo afirmaba:

“ La desintegración de Siria e Iraq en zonas étnica o religiosamente únicas como en Líbano es el objetivo fundamental de Israel en el frente oriental. Iraq, rico en petróleo por una parte e internamente dividido por otra tiene todas las garantías de ser un candidato a los objetivos de Israel. Su desintegración es incluso más importante para nosotros que la de Siria. Iraq es más fuerte que Siria. A corto plazo, lo que constituye la mayor amenaza para Israel es el poder iraquí”.

Continúa:

“Una guerra irano-iraquí desgarrará Iraq y causará su desmoronamiento en el interior incluso antes de que sea capaz de organizar una lucha en un frente más amplio contra nosotros. Todo tipo de confrontación inter-árabe nos ayudará a corto plazo y acortará el camino para el más importante objetivo de dividir Iraq en confesiones religiosas como en Siria y Líbano”.


Y añade:

“En Iraq es posible una división en provincias según unas líneas étnicas/religiosas, como en Siria durante [el Imperio] Otomano. Así pues, existirán tres (o más) Estados en torno a las tres ciudades más importantes: Basora, Bagdad y Mosul, y las zonas chiíes en el sur estarán separadas del norte sunní y kurdo” [2].


El resultado de la guerra irano-iraquí, que duró hasta 1988, no fue el deseada por Oded Yinon, la ruptura de Iraq en provincias según criterios étnicos. Ni tampoco el de la posterior guerra del Golfo de 1991 en la que Estados Unidos destruyó las infraestructuras de Iraq ni el de la década larga posterior de devastadoras sanciones y bombardeos aéreos de la administración Clinton. Lo que, sin embargo, sí sucedió durante estas décadas fue la muerte de millones de iraquíes e iraníes.


Un fractura limpia para un Nuevo Siglo Estadounidense

En 1996 un think tank israelí, el Instituto para Estudios Estratégicos y Políticos Avanzados, publicó un informe del think tank Study Group sobre una nueva estrategia israelí con vistas al año 2000 titulado “Una fractura limpia: una nueva estrategia para asegurar el territorio”. En este artículo, en el que se hacían recomendaciones al entonces primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se afirmaba que Israel puede “trabajar estrechamente con Turquía y Jordania para contener, desestabilizar y reducir algunas de sus más peligrosas amenazas”, así como “cambiar la naturaleza de sus relaciones con los palestinos, incluyendo mantener el derecho de persecución en todas las zonas palestinas por motivos de autodefensa” y “forjar unas nuevas bases para las relaciones con Estados Unidos (haciendo hincapié en la independencia, la madurez, la cooperación estratégica en areas de interés mutuo y fomentando los valores inherentes a occidente)”.

El informe recomendaba a Israel “tomar la iniciativa en su frontera norte atrayendo a Hizbola, Siria, e Irán como principales agentes de agresión en Líbano” y utilizar “a la oposición libanesa para desestabilizar el control sirio de Líbano”. También afirma que “en cooperación con Turquía y Jordania, Israel puede dar forma a su entorno estratégico debilitando, conteniendo e incluso haciendo retroceder a Siria. Este esfuerzo puede centrarse en derrocar a Sadam Husein en Iraq (también un importante objetivo estratégico israelí) como un medio de frustrar las ambiciones regionales de Siria” [3].

Entre los autores del informe se incluyen Douglas Feith, un ardiente neoconservador que llegó a ser sub-secretario de Defensa para la Política de George W. Bush desde 2001 a 2005; David Wurmser, que tras el 11 de septiembre fue nombrado por Douglas Feith para formar parte de una unidad secreta de inteligencia del Pentágono y fue asesor de Oriente Próximo de Dick Cheney desde 2003 a 2007; y Meyrav Wurmser, la mujer de David, que es ahora un alto cargo del think tank estadounidense Hudson Institute.


Richard Perle dirigía el estudio. Trabajó en el Comité del Consejo Asesor de Política de Defensa del Pentágono desde 1987 a 2004 y fue su presidente desde 2001 a 2004 donde desempeñó un papel clave a medida que se acercaba la guerra de Iraq. También fue miembro de varios think tanks estadounidenses, incluyendo el Instituto de Iniciativa Estadounidense y el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense.


El Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, o PNAC por sus siglas en inglés, es un think tank neoconservador estadounidense, entre cuyos miembros y afiliados se incluyen muchas personas que estuvieron asociadas con la actual administración Bush, como Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, John Bolton, Richard Armitage, Jeb Bush, Elliott Abrams, Eliot A. Cohen, Paula Dobriansky, Francis Fukuyama, Zalmay Khalilzad, I. Lewis "Scooter" Libby, Peter Rodman, Dov Zakheim y Robert B. Zoellick.


En septiembre de 2000 el PNAC elaboró un informe titulado “Reconstruir las Defensas de Estados Unidos: estrategias, fuerzas y recursos para un nuevo siglo” en el que se trazaba un programa para una Pax Americana o Imperio Estadounidense. El informe se centra especialmente en Iraq e Irán y afirma:

“A largo plazo Irán puede resultar ser una amenaza tan grande para los intereses estadounidenses en el Golfo como lo es Iraq” [4].

Afirmando que “durante décadas Estados Unidos ha buscado desempañar un papel más permanente en la seguridad regional del Golfo” el informe sugiere que “el conflicto no resuelto con Iraq proporciona la justificación inmediata”, sin embargo, “la necesidad de la presencia de una importante fuerza estadounidense en el Golfo trasciende el problema del cambio de régimen de Sadam Husein” [5]


Provocar una guerra civil para la “Solución de los tres Estados”


Poco después de la invasión y ocupación de Iraq en 2003 el New York Times publicaba un artículo de opinión de Leslie Gelb, presidente emérito y miembro de la junta directiva del Consejo de Relaciones Exteriores, el más poderoso e influyente think tank de Estados Unidos. El artículo, titulado “La solución de los tres Estados” y publicado en noviembre de 2003, afirmaba que la “única estrategia viable” para Iraq “puede ser corregir el error histórico y avanzar en etapas hacia una solución de tres Estados: kurdos en el norte, sunníes en el centro y chiíes en el sur”. Citando el ejemplo de la desintegración de Yugoslavia, Gelb afirmaba que estadounidenses y europeos “dieron a los bosnios musulmanes y a los croatas los medios de luchar, y los serbios aceptaron la separación”. Al explicar la estrategia Gelb afirma que el “primer paso debería ser convertir el norte y el sur en regiones con auto-gobierno con unos límites trazados lo más cerca posible de las líneas étnicas” y “exigir elecciones democráticas en cada región”. Además, “bajar al mismo tiempo tropas estadounidenses al Triángulo Sunní y pedir a Naciones Unidas que supervise la transición al auto-gobierno allí”. Gelb afirma entonces que esta política “sería tanto difícil como peligrosa. Washington tendría que ser muy testarudo y muy despiadado para lograr esta desintegración” [6].


Seguir el ejemplo de Yugoslavia, como cita Gelb, requeriría lograr una guerra civil entre los diferentes grupos étnicos. A principios de los noventa Estados Unidos apoyó y financió a las fuerzas musulmanas en Bosnia bajo el liderazgo de los muyaidines afganos adiestrados por la CIA, de triste fama por su guerra contra la Unión Soviética dirigida por la CIA entre 1979 y 1989. En Bosnia los muyaidines estuvieron “acompañados de las fuerzas especiales estadounidenses” y Bill Clinton aprobó personalmente la colaboración con “varias organizaciones fundamentalistas islámicas, incluyendo la al-Qaeda de Ben Laden”. Años después en Kosovo “en 1998-99 muyaidines mercenarios de Oriente Próximo y Asia Central fueron reclutados para luchar en las filas del Ejército de Liberación de Kosovo (KLA, por sus siglas en inglés) que apoyó ampliamente el esfuerzo de guerra de la OTAN”. La Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense (DIA, por sus siglas en inglés), los servicios de inteligencia británicos (MI6), soldados británicos del regimiento especializado en operaciones clandestinas y compañías privadas de seguridad británicas y estadounidenses tenían la tarea de armar y adiestrar al KLA. Posteriomente, “el departamento de Estado estadounidense incluyó al KLA en la lista de organizaciones terroristas indicando que financiaba sus operaciones con dinero procedente del tráfico de heroína y con préstamos procedentes de países e individuos islámicos, entre los que supuestamente se encontraba Osama Ben Laden” así como “el hermano de un líder de una organización de la Jihad egipcia e indicando también que un comandante militar de Osama Ben Laden estaba dirigiendo una unidad de elite del KLA durante el conflicto de Kosovo” [7].


¿Podría ser esta la misma estrategia que se está desplegando en Iraq para desintegrar el país por similares razones estratégicas?
El Asia Times Online informaba en 2005 que el plan para “balcanizar” Iraq en varios Estados más pequeños “es una réplica exacta de un plan de la extrema derecha israelí para balcanizar Iraq (una parte esencial de la balcanización de todo Oriente Próximo). Curiosamente Henry Kissinger estaba vendiendo la misma idea incluso antes de la invasión de Iraq en 2003”. El artículo continuaba: “esto es la clásica divisa del divide y vencerás: el objetivo es perpetuar la falta de unidad árabe. Llámese Iraquificación; lo que realmente significa es fiebre sectaria traducida en guerra civil” [8].

En 2006 una “comisión independiente establecida por el Congreso con la aprobación del presidente George W Bush” llamada “la Comisión Baker” por el nombre del ex-secretario de Estado James Baker, “está cada vez más interesada en la idea de separar las regiones chiíes, sunníes y kurdas como la única alternativa a lo que Baker llama 'dejarlo todo y huir’ or 'aguantar hasta el final’"[9].


En 2006 se informó así mismo de que “el futuro federal de Iraq también está consagrado en su constitución, que permite formar las regiones, si bien no afirma cómo” y que “el Parlamento iraquí (dominado por chiíes y kurdos) aprobó una ley a principios de este mes [octubre de 2006] que permite a las regiones federales formase (por mayoría de votos en las regiones que buscan la unión)”. Además, “la ley que, como era de esperar, no obtuvo el apoyo sunní, será revisada dentro de 18 meses en un intento de convencer a sus oponentes”. Sin embargo, el artículo afirmaba que en vez de una solución de tres Estados “un sistema basado en cinco regiones parece que podría tener más posibilidades de tener éxito. Un modelo de cinco regiones tendría dos regiones en el sur, una con base en torno a Basora y otra en torno a los santos lugares. Se mantendrían Kurdistán y la región sunní, pero Bagdad y sus alrededores formarían la quinta región, metropolitana, urbana” [10]. El autor del artículo era Gareth Stansfield, un socio del think tank Chatham House de Londres, que precedió al Consejo de Relaciones Exteriores, trabaja con él y con su equivalente británico.


“La limpieza étnica funciona”

En 2006 el Diario de las Fuerzas Armadas publicaba un artículo del teniente coronel retirado Ralph Peters titulado “Fronteras de sangre: qué aspecto podría tener un Oriente Próximo mejor”. En su artículo Peters explica que el mejor plan para Oriente Próximo serían “reajustar” las fronteras de los países.


“Aceptando que el arte de gobernar internacional nunca ha desarrollado herramientas eficaces (salvo la guerra) para reajustar fronteras fallidas, un esfuerzo mental para captar las fronteras “orgánicas” de Oriente Próximo nos ayuda, sin embargo, a comprender el alcance de las dificultades a las que nos enfrentamos y a las que seguiremos enfrentándonos. Estamos lidiando con deformaciones colosales creadas por el hombre que no dejarán de generar odio y violencia hasta que sean corregidas”.

Afirma que tras la invasión de 2003 “se debería haber dividido inmediatamente Iraq en tres Estados más pequeños”. Sin embargo, Iraq no es el único país que a ojos de Peter es víctima de la “balcanización” ya que “Arabia Saudi sufriría un desmantelamiento tan grande como el de Pakistán” e “Irán, un Estado con unas fronteras dementes, perdería gran cantidad de territorio en favor del Azerbayán unificado, el Kurdistán libre, el Estado Árabe Chií y el Baluchistán Libre, pero ganaría las provincias en torno a Herat en el Afganistán actual”.

Además, “lo que Afganistán perdiera en favor de Persia en el oeste lo ganaría al este, ya que las tribus de la frontera noreste de Pakistán se reunirían con sus hermanos afganos”. Peters afirma que “corregir las fronteras” puede ser imposible “por ahora. Pero con tiempo (y con el inevitable baño de sangre que va unido a ello) emergerán fronteras nuevas y naturales. Babilonia ha caído más de una vez”. Más adelante hace esta sorprendente afirmación: “¡Ah!, y un secretillo vergonzante que tiene 5.000 años de historia: la limpieza étnica funciona” [11]


El mapa de un nuevo diseño de Oriente Próximo, inicialmente publicado junto con el artículo de Peters pero que ya no aparece “se ha utilizado en el programa de adiestramiento de la Escuela de Defensa de la OTAN para oficiales militares de alto rango. Este mapa, como otros mapas similares, probablemente se ha utilizado tanto en la Academia Nacional de Guerra como en los círculos de planificación militar” [12]. Acerca de la propuesta de Peters Nafeez Mossadeq Ahmed escribió que “la reconfiguración radical de fronteras que él propone implicaría necesariamente una limpieza étnica generalizada y con ella un baño de sangre quizá a escala genocida” [13].


¿Federalismo o balcanización gradual?


Un mes antes de que se publicara el artículo de Peters, Leslie Gelb del Consejo de Relaciones Exteriores y Joseph Biden, un demócrata miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado [estadounidense] escribieron un artículo de opinión para el New York Times en el que afirmaban que “Estados Unidos debe ir más allá de la falsa opción actual entre “aguantar hasta el final” y “traer las tropas a casa ahora”, y elegir una tercera vía que de forma responsable reduciría nuestra presencia militar al tiempo que evitaría el caos y preservaría nuestro objetivos de seguridad claves”.


¿Cuál es esta tercera opción? “La idea, como en Bosnia, es mantener un Iraq unido descentralizándolo, dando a cada grupo étnico-religioso (kurdos, árabes sunníes y árabes chiíes) espacio para dirigir sus propios asuntos al tiempo que se deja al gobierno central a cargo de los intereses comunes”.


Los autores describen unos cuantos aspectos de este plan.


“El primero es establecer tres regiones con una amplia autonomía y con un gobierno central viable en Bagdad. Las regiones kurda, chií y sunní serían cada una responsables de sus propias leyes internas, de la administración y de la seguridad interna. El gobierno central controlaría la defensa de las fronteras, los asuntos exteriores y los ingresos del petróleo”.

Entonces,

“el segundo elemento sería engatusar a los sunníes para que se unan al sistema federal con una oferta que no podrán rechazar. Para empezar, controlar su propia región sería mucho más preferible a las demás alternativas: ser dominados por kurdos y chiíes en un gobierno central o ser las principales víctimas de una guerra civil” [14].


En una comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en 2007 Leslie Gelb afirmó que su plan para “federalizar” Iraq “se parecería a lo siguiente:


“el gobierno central estaría basado en las zonas en las que hay genuinos intereses comunes entre los diferentes partidos iraquíes, esto es, los asuntos exteriores, la defensa de las fronteras, la moneda y, por encima de todo, la producción e ingresos del petróleo y gas”.
Y, “por lo que se refiere a las regiones, ya sean tres o cinco, sean las que sean (a los iraquíes les corresponde decidirlo), serían responsables de la legislación, la administración y seguridad internas” [15].

Posteriormente el Senado aprobó una resolución no vinculante que apoyaba un sistema federal para Iraq y que todavía tiene que ser promulgado puesto que se estipula que esta resolución tiene que ser promulgada por los iraquíes para que no se considere “algo a lo que les obliga Estados Unidos”. Además, “cuando el embajador Ryan Crocker compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado afirmó apoyar el federalismo”. En una conversación privada con los senadores también apoyó la idea, “sin embargo, cuando estaba en Bagdad se expresó en contra de la resolución” [16]. ¿Podría ser esto una forma de manipulación? Si el embajador estadounidense en Bagdad promueve una solución particular para Iraq, probablemente los iraquíes lo consideren una mala opción, que favorece los intereses de los estadounidenses. Así pues, si el embajador despotrica públicamente contra la resolución, cosa lo que hizo, esto transmite la idea de que la actual administración [estadounidense] no está detrás de ella, lo que podría hacer que los iraquíes lo vean como una alternativa y que, quizá, favorece sus intereses. Aceptar el punto de vista estadounidense sobre cuestiones fundamentales significa un suicidio político (y con frecuencia, real) para los políticos iraquíes. El hecho de que el embajador estadounidense en Bagdad denuncie públicamente una estrategia particular da a los políticos iraquíes la legitimidad pública para reivindicarla.

Esta resolución todavía no ha pasado por todos los procedimientos del Congreso [estadounidense] y, de hecho, puede haber sido incluida en otro proyecto de ley, como una Ley de Autorización de Defensa. Sin embargo, los esfuerzos que están detrás de esta ley son mayores que el cada vez más irrelevante Congreso estadounidense.


También en 2007 otro think tank hizo un llamamiento a lograr “dividir Iraq en tres Estados separados con sus propios gobiernos y representantes en Naciones Unidas, pero con una cooperación económica constante basada en el modelo de la Unión Europea” [17]. Sorprendentemente el ex-embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas , John Bolton, reconoció en 2000 que “Estados Unidos no tiene “intereses estratégicos” en un Iraq unido” y también sugirió que “Estados Unidos no debería necesariamente impedir que Iraq se divida” [18].


Conclusión


Claramente, sea cual sea la excusa o signifique lo que signifique dividir Iraq, no cabe la menor duda de que existe una estrategia ango-estadounidense de balcanizar Iraq. Decir que lo que se está proponiendo no es la balcanización sino el federalismo es discutible. Esto se debe a que volver a un sistema más federal en el que las provincias tengan mayor autonomía separaría naturalmente el país según las fronteras étnico-religiosas. Los kurdos estarían en el norte, los sunníes en el centro y los chiíes en el sur, con todo el petróleo. La desproporción de los recursos de cada provincial creará enemistad entre las provincias y las diferencias étnicas manipuladas durante mucho tiempo se transmitirán de las calles a la esfera política. A medida que aumenten las tensiones ente provincias, como sin lugar a dudas ocurrirá, habrá una inclinación natural hacia una posible separación. Los desacuerdos acerca del reparto de poder en el gobierno federal podrían llevar a su posible colapso, con lo que se habría logrado la estrategia de balcanización bajo la apariencia de que se habría producido sin una implicación exterior.


NOTAS


[1] Global Research, Iraqi MP accuses British Forces in Basra of "Terrorism". Al Jazeera, 20 de septiembre de 2005: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=20050920&articleId=983
[2] Linda S. Heard, The Prophecy of Oded Yinon. Counter Punch, 25 de abril de 2006:
http://www.counterpunch.org/heard04252006.html
[3] Richard Perle, et. al., A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm. The Institute for Advanced Strategic and Political Studies, junio de 1996:
http://www.iasps.org/strat1.htm
[4] PNAC, Rebuilding America’s Defenses. Project for the New American Century, septiembre de 2000, p. 17
[5] PNAC, Rebuilding America’s Defenses. Project for the New American Century, septiembre de 2000, p. 14

[6] Leslie Gelb, The Three State Solution. The New York Times, 25 de noviembre de 2003: http://www.cfr.org/publication/6559/threestate_solution.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb%3Fpage%3D3 [7] Michel Chossudovsky, "Osamagate." Global Research, 9 de octubre de 2001: http://www.globalresearch.ca/articles/CHO110A.html
[8] Pepe Escobar, Exit strategy: Civil war. Asia Times Online, 10 de junio de 2005:
http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/GF10Ak03.html
[9] Sarah Baxter, America ponders cutting Iraq in three. The Times, 8 de octubre de 2006:
http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/article664974.ece
[10] Gareth Stansfield, The only solution left for Iraq: a five-way split. The Telegraph, 20 de octubre de 2006:
http://www.telegraph.co.uk/opinion/main.jhtml?xml=/opinion/2006/10/29/do2904.xml&sSheet=/opinion/2006/10/29/ixopinion.html [11] Ralph Peters, Blood Borders: How a better Middle East would look. Armed Forces Journal, junio de 2006: http://www.armedforcesjournal.com/2006/06/1833899
[12] Mahdi Darius Nazemroaya, Plans for Redrawing the Middle East: The Project for a "New Middle East". Global Research, 18 de noviembre de 2006: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=3882
[13] Nafeez Mossadeq Ahmed, US Army Contemplates Redrawing Middle East Map to Stave Off Looming Global Meltdown. Dissident Voice, 1 de septiembre de 2006:
http://www.dissidentvoice.org/Sept06/Ahmed01.htm
[14] Leslie Gelb and Joseph Biden, Jr., Unity Through Autonomy in Iraq. The New York Times, 1 de mayo de 2006: http://www.cfr.org/publication/10569/unity_through_autonomy_in_iraq.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb%3Fpage%3D2 [15] Leslie Gelb, Leslie Gelb before the Senate Foreign Relations Committee. The CFR, 23 de enero de 2007: http://www.cfr.org/publication/12489/leslie_gelb_before_the_senate_foreign_relations_committee.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb [16] Bernard Gwertzman, Gelb: Federalism Is Most Promising Way to End Civil War in Iraq. CFR, 16 de octubre de 2007: http://www.cfr.org/publication/14531/gelb.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb [17] Robin Wright, Nonpartisan Group Calls for Three-State Split in Iraq. The Washington Post, 17 de agosto de 2007: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/08/17/AR2007081700918.html
[18] AP, French report: Former U.N. envoy Bolton says U.S. has 'no strategic interest' in united Iraq. International Herald Tribune, 29 de enero de 2007: http://www.iht.com/articles/ap/2007/01/29/europe/EU-GEN-France-US-Iraq.php

Enlace con el original: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=9451

Traducido del inglés por Rebelión


(*) Andrew G. Marshall ha escrito sobre la militarización de África Central, temas de seguridad nacional y el proceso de integración de Norteamérica. También colabora con GeopoliticalMonitor.com Actualmente es investigador en el Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG) en Montreal, colaborador frecuente de Global Research, y estudia ciencias políticas e historia en la Universidad Simon Fraser, British Columbia.

viernes, 21 de marzo de 2008

La guerra de la que no se habla en la campaña electoral de EEUU

No hace mucho tiempo se daba por descontado que la guerra de Irak serí el tema central en la campaña presidencial, como lo fue en las elecciones de mitad de período de 2006. Pero prácticamente ha desaparecido, lo que ha generado cierta perplejidad.

No debería haberla. "The Wall Street Journal" estuvo cerca de acertar en un artículo de portada sobre el supermartes, aquel día de múltiples primarias: "Los temas pasan a segundo plano en la campaña 2008 a medida que los electores se enfocan en la personalidad".


Para ponerlo en forma más precisa, los temas dejan de figurar en primer plano, mientras los candidatos y sus agencias de relaciones públicas se centran en la personalidad. Como de costumbre, los temas pueden ser peligrosos. La teoría demócrata progresista sostiene que la población ("marginales ignorantes y entrometidos") debe ser "espectadora" y no "partícipe" de la acción, como escribió Walter Lippmann.

Los partícipes son conscientes de que ambos partidos políticos están bien a la derecha de la población y que la opinión pública es consistente a través del tiempo, asunto analizado en el útil estudio "La desconexión de la política exterior", de Benjamin Page y Marshall Bouton. Es importante entonces que la atención sea desviada hacia otra parte.

El trabajo concreto del mundo es asunto de un liderazgo iluminado. Y ello se revela más en la práctica que en las palabras. El presidente Wilson, por ejemplo, sostuvo que se debería dar poder a una elite de caballeros de "altos ideales" para preservar la "estabilidad y la corrección", esencialmente en la perspectiva de los Padres Fundadores (de Estados Unidos). En años más recientes, esos caballeros se han transmutado en la "elite tecnocrática", "intelectuales de acción", los neocons "straussianos" de Bush II y otras configuraciones. Para esta vanguardia, las razones por las que Irak debe ser sacado de la pantalla de radar no debieran ser oscuras.

Fueron convincentemente explicadas por el distinguido historiador Arthur M. Schlensinger, articulando la posición de los "palomas" hace 40 años, cuando la invasión de Estados Unidos a Vietnam estaba en su cuarto año y Washington se preparaba para sumar otros 100 mil efectivos militares a los 175 mil que ya estaban haciendo añicos Vietnam del Sur. Por entonces, la invasión suponía arduos costos, por lo que Schlesinger y otros liberales de la línea Kennedy eran reacios a pasar de halcones a palomas.

En 1966, Schlesinger escribió que "todos rezamos" para que los halcones tengan la razón al pensar que el incremento militar va a "eliminar la resistencia" y, si lo hace, "todos saludaríamos la sabiduría y la capacidad estadista del Gobierno" al obtener la victoria, dejando al mismo tiempo al "trágico país hecho polvo y devastado por los bombardeos, arrasado por el napalm, convertido en una tierra baldía por la defoliación química, una tierra en ruinas", con su "tejido político e institucional" pulverizado. Pero la escalada probablemente no tendrá éxito y resultará demasiado costosa para nosotros, por lo que tal vez habría que repensar la estrategia. A medida que los costos comenzaron a elevarse severamente, todos habían sido "fuertes opositores a la guerra".

El razonamiento de la elite y las actitudes que lo acompañan conllevan hoy pocos cambios. Y a pesar de que las críticas a la guerra de Irak son mucho mayores y extendidas que en el caso de Vietnam en cualquier etapa comparable, los principios que articuló Schlesinger siguen vigentes. Y él mismo ha tomado una posición muy diferente ante la invasión de Irak. Cuando las bombas comenzaron a caer sobre Bagdad escribió que las políticas de Bush son "alarmantemente similares a la política que aplicó el Japón imperial en Pearl Harbor, en un fecha que, como dijo un anterior Presidente estadounidense, perdurará en la infamia. Franklin D. Roosevelt tenía razón, pero hoy somos nosotros los que vivimos en la infamia". Que Irak es "una tierra en ruinas" es algo que no se cuestiona. Recientemente la agencia británica Oxford Research Business actualizó su estimación de muertes adicionales causadas por la guerra en 1,03 millones, excluyendo a Karbala y Anbar, dos de las peores regiones. Sea correcta esa estimación, o exagerada, según algunos, no hay duda de que el balance es horrendo. Varios millones de personas se encuentran internamente desplazadas.

Gracias a la generosidad de Jordania y Siria, los millones de refugiados que huyen del colapso de Irak, incluyendo a la mayoría profesional, no han sido simplemente exterminados. Pero esa acogida se debilita porque Jordania y Siria no reciben ningún apoyo significativo por parte de los autores de los crímenes en Washington y Londres; la idea de que ellos puedan admitir esas víctimas, más allá de casos puntuales, es demasiado estrafalaria para ser considerada. La guerra sectaria ha devastado a Irak. Bagdad y otras áreas han sido sometidas a una limpieza étnica brutal y dejadas en manos de señores de la guerra y milicias, el primer punto de la actual estrategia de contrainsurgencia desarrollada por el general Petraeus.

Uno de los más informados periodistas que se han adentrado en la chocante tragedia, Nir Rosen, publicó recientemente un epitafio, "La muerte de Irak", en "Current History". Escribe Rosen: "Irak ha sido asesinado, para no levantarse nunca más. La ocupación estadounidense ha sido más desastrosa que la de los mongoles, que saquearon Bagdad en el siglo XIII", percepción común de los iraquíes. "Sólo los tontos hablan ahora de ‘soluciones’. No hay solución. La única esperanza es que tal vez el daño pueda limitarse".

Independiente de la catástrofe, Irak sigue siendo un tema marginal en la campaña presidencial. Eso es natural, dado el espectro halcón-paloma de la opinión elitista. Las palomas liberales se adhieren a su razonamiento y actitudes tradicionales, rezando para que los halcones tengan la razón, EEUU obtenga una victoria e imponga "estabilidad", palabra código para la subordinación a la voluntad de Washington.

Los halcones son alentados y las palomas silenciadas con entusiastas informes sobre menores bajas tras el incremento de tropas. En diciembre, el Pentágono difundió "buenas noticias" sobre Irak: un estudio mostraba que los iraquíes tienen "opiniones mezcladas", por lo que la reconciliación debería ser posible. Las opiniones eran dos. Primero, que la invasión de EEUU es la causa de la violencia sectaria que ha hecho trizas a Irak. Segundo, que los invasores deben retirarse.

Unas pocas semanas después del informe del Pentágono, el experto militar en Irak de "The New York Times", Michael R. Gordon, escribió un análisis razonado sobre las opciones respecto a Irak que enfrentan los candidatos presidenciales. Hay una voz que falta en el debate: la de los iraquíes. Más bien, no es digna de mencionar.

Y parece que a nadie le importa. Eso tiene sentido en la habitual presunción tácita de casi todos los discursos sobre política internacional: somos dueños del mundo, ¿qué importa entonces lo que otros piensen? Son "no-personas", por tomar prestado el término usado por el historiador británico Mark Curtis en su trabajo sobre los crímenes imperiales de Gran Bretaña. Por rutina, los estadounidenses se unen a los iraquíes en ser no-personas. Tampoco sus preferencias brindan opciones.




Noam Chomsky

IAR Noticias/The New York Times Syndicate
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64455