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miércoles, 27 de agosto de 2008

Caca, culo, pedo, pis

En contra de una afamada sentencia filosófica, parece que se ha extendido la máxima "cuando no se tiene nada que decir, mejor no callarse". Una de las maneras de no callarse cuando no se tiene nada que decir, la estrategia del adjetivo, chisporrotea cada mañana en tertulias y editoriales: se empaqueta la opinión criticada bajo una etiqueta y se prescinde del trámite del argumento. "Superada" y "rancia" son algunos de los adjetivos más concurridos. Hasta las opiniones contrarias a la Monarquía y a la religión se han descalificado como "antiguas" o "rancias", sin molestarse en precisar el día y la prueba de la caducidad. Así que, aviso al lector, lo que sigue es una antigualla que se ocupa precisamente de la estrategia del adjetivo. Una antigualla que intentaré arropar con otra antigualla: razones.
La tesis es sencilla: la estrategia del adjetivo confunde el etiquetaje con el diagnóstico e incapacita para entender los problemas. En particular, incapacita para abordar los llamados "conflictos culturales", un territorio en donde los calificativos se espolvorean con mayor prodigalidad, hasta el punto de escamotear que, en muchos casos, tales conflictos no son sino epifenómenos de problemas más hondos de desigualdad.
Hay otra implicación, más intranquilizadora, pero la dejo para más adelante.
Que en los asuntos "culturales" las cosas no son lo que parecen lo mostró un premio Nobel de Economía de los que más ingenio ha destilado. En un clásico trabajo, Thomas Schelling nos enseñó que la segregación racial tan frecuente en las ciudades norteamericanas no hay que atribuirla necesariamente al racismo. Se puede dar, y se dará, con individuos que pueden ser la mar de felices en un barrio mixto, incluso si forman parte de la minoría.
Para que se produzca basta con que los vecinos de uno u otro color quieran evitar quedarse solos -o con muy poquitos de los "suyos"- entre los otros. Cuando cada uno, por la razón que sea, busca evitar esa situación, las desigualdades económicas empiezan a imponer su ley y se acaba recalando en barrios cromáticamente homogéneos.
Con sus matices, la dinámica del proceso no es muy diferente de lo que hemos visto en nuestras ciudades, cuando la llegada de unos cuantos vecinos, acomodados o menesterosos, con sus demandas de servicios y sus dineros, muchos o pocos, acaban por expulsar a los que están en la otra punta del escalafón. El nuevo ecosistema resulta irrespirable económicamente para sus antiguos habitantes.
The Economist, en un número reciente, mostraba lo último de esa tendencia entre los de arriba: barrios por afinidadesideológicas, en realidad, islas de identidad, en donde el dinero oficia como pasaporte, como peaje que desbarata la universalidad del ideal de ciudadanía. Dentro, servicios propios accesibles sólo a los vecinos. Cada tribu, sus leyes. Eso sí, siempre que se lo puedan pagar. Los demás, a mogollón en la periferia.
No faltan los ejemplos de "discriminaciones" que no son lo que parecen: los negros que reciben menos órganos para trasplantes; la admisión de judíos en Yale; el acceso de las mujeres a los Departamentos universitarios. Con todo, explicaciones de los conflictos culturales como la de Schelling son infrecuentes. Lo usual es tirar por lo derecho, por el adjetivo: si hay segregación racial, somos racistas; si las mujeres no tienen acceso a las posiciones de poder, somos sexistas; si los trabajadores miran con recelo a los inmigrantes, son xenófobos. Y así.
Entiéndase. Racismo, sexismo y xenofobia no faltan. Lo confirman mil experimentos. Por ejemplo, enfrentados a una serie de palabras, agrupamos más rápidamente las que se refieren a comportamientos bien vistos con aquellas que aluden a los nuestros que cuando las palabras rozan a los otros. Vamos, que juntamos "blanco" y "honestidad" en un instante, mientras que tenemos que rumiarlo cuando se trata de meter en el mismo cajón "negro" y "honestidad".
Que la cosa es seria lo muestra que no importa si uno es negro o blanco, liberal o conservador. Es tan seria que, seguramente, tiene un sustrato biológico. Dicha la bestialidad a lo bestia: para nuestros antepasados ser racista pudo resultar ventajoso adaptativamente.
Pero que las disposiciones existan no quiere decir que den cuenta de todos los comportamientos que precipitadamente calificamos como racistas. Nadie explica el exceso de población del mundo porque nos divierta el sexo o el aumento de la criminalidad porque la agresividad forme parte de nuestro repertorio de reacciones básicas.
Lo importante son las circunstancias sociales, eso que antes se llamaba "el contexto". Al fin y al cabo, quienes participan en las alegres fiestas marbellíes, tan multiculturales, no tienen una urdimbre genética diferente de la de los trabajadores que miran con recelo a los inmigrantes en las colas de los servicios sanitarios. En lo que atañe a xenofobia o machismo, unos y otros son igualmente confiables. Tanto o tan poco.
La operación simplificadora deja intacto el mundo pero maltrata a sus pobladores. Si la culpa es del racismo, el sexismo y de la xenofobia, en algún eslabón de la cadena causal la culpa es de cada uno de nosotros, racistas, sexistas y xenófobos. Y si uno levanta la mano y dice que las cosas no son tan sencillas, que lo que se archiva en el negociado de racismo, sexismo o xenofobia quizá pertenece al tradicional departamento de igualdad, no tardará en ser acallado bajo la acusación de racista, sexista o xenófobo. De antiguo. Caca, culo, pedo, pis.
Pero, qué le vamos a hacer, las cosas son complicadas. Es verdad que cuando en una sala abarrotada se produce un incendio y cada uno intenta salir el primero, sin atender a los demás, el egoísmo algo tiene que ver con la previsible catástrofe. Pero el resultado no será mejor con individuos altruistas si cada uno, cortésmente, cede el paso a los demás y nadie acaba por salir. La ignorancia de que el problema está en las reglas del juego sociales o en las instituciones, desemboca con bastante naturalidad en acusaciones de mala fe. Si se cree que los problemas se solucionan cuando somos buenos, no cabe sino buscar traidores y desleales cuando vienen mal dadas. Al final de la estrategia del adjetivo siempre asoma la estrategia de la sospecha.
La implicación política menos grave de esta forma de pensar es la propia de los curas: hay que cambiar las mentalidades, educar a las gentes. Cuando todos seamos buenos, el mundo será una maravilla. Y si no, la culpa es nuestra. La naturaleza caída del cristianismo, que al fin se impone. Otras veces las cosas son más graves. No hay que olvidar que el socialismo más siniestro, el de los campos de reeducación, iba de la mano del "hombre nuevo".
Esa vereda, si tiene algún destino, es la paralización del pensamiento, sustituido por la pirotecnia de las palabras. Los conjuros siempre han entretenido mucho a la afición. Más fascinante y menos trabajoso que reordenar el poder o el dinero, que cambiar el mundo, es juguetear con las palabras, crear ministerios del humo, aunque se llamen ministerios de cambiar el mundo.
Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

viernes, 1 de agosto de 2008

Migraciones y progreso


Según el informe Migraciones Internacionales y Desarrollo, del Secretariado General de Naciones Unidas, mayo de 2006, la expansión de los procesos migratorios en los últimos 30 años ha sido extraordinariamente importante. El número de migrantes, que en 1965 era de 75 millones, pasa a 155 millones en 1990 y a 195 en 2005, lo que representa un aumento anual superior al 2,60%, mientras que el de la población mundial total apenas llegaba al 1,7% al año. El sectarismo de los Estados, la interesada demagogia de los políticos y la ignorancia general sobre este tema exigen una clarificación de sus supuestos básicos, comenzando por deshacer la confusión que reduce las migraciones a las solas emigraciones.

No se ha logrado que exista el derecho total de migrar, pues, aunque el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconozca el derecho de emigrar, ha sido imposible introducir en ningún marco legislativo el derecho complementario de inmigrar. Cierto que el derecho de asilo y el derecho de reagrupación familiar han sido brechas posibles, pero que han dado poco de sí, por lo que ahora se están explorando las posibilidades que ofrece el derecho a la "migración de instalación" en el marco de las integraciones regionales, como es el caso de la Unión Europea y sobre todo de la Comunidad Económica de los Estados de África Oriental (CEDEAO).

El principio de la seguridad y en general de los intereses estatales, que es el que rige absolutamente el flujo migratorio actual, ha aumentado las dificultades de las políticas de emigración a escala planetaria y ha agravado la vulnerabilidad de los migrantes, cuya precariedad se alimenta de la inestabilidad de la política migratoria de los Estados, de la brutal conveniencia de las grandes empresas y de sus importaciones masivas de mano de obra laboral, casi siempre socialmente contestable, sin olvidar la inaceptable situación de los empleados del hogar, que, en particular, en numerosos países asiáticos y del Golfo es de una abusiva, insoportable, dependencia de sus patronos, sobre todo para las mujeres.

Todo lo cual coincide con un fuerte desarrollo de los factores de movilidad y, en consecuencia, con el aumento de las migraciones. En primer lugar, la mundialización, que es un extraordinario dinamizador global, pero también los medios de comunicación, en especial, la televisión, que nos presentan una sociedad alternativa de la abundancia y el consumo, con altos salarios y libertades para todos, lo que conlleva un notable efecto de atracción. También la urbanización de las grandes metrópolis de los países en desarrollo que promueven el espíritu de cambio y de mejora de sus elementos más dinámicos, lo que les empuja a emigrar. Así como el abaratamiento del transporte y la multiplicación de las redes transnacionales que han hecho del viaje y de la movilidad casi un modo de vida cuya expresión más lograda es la migración pendular entre los países de la Europa Occidental, los antiguos países europeos comunistas y en el ámbito de los países árabes.

Hay que mencionar también la casi plena libertad de circulación de los grandes espacios integrados, como la Unión Europea, y la existencia de solidaridades transnacionales de condición familiar, económica, cultural, religiosa, asociativa, que producen consecuencias de atracción, "de llamada". Finalmente, la práctica del asilo, que había tenido un crecimiento considerable en los años noventa, se ha estabilizado, siendo sustituida por el fenómeno de las personas desplazadas, de destino mayoritariamente dramático, por la pobreza extrema de los países de acogida.

En la bibliografía sobre el tema migratorio ha habido un enconado debate sobre sus ventajas y desventajas, tanto en el análisis por países como en una consideración global, cuya dominante fue negativa hasta finales del siglo pasado, en que se invirtió la tendencia. Ello se debió a la modificación de la orientación actual de la demografía y de las consecuentes dinámicas migratorias. En efecto, según el informe de 2007 del Sistema de Observación Permanente de las Migraciones (Sopemi) de la OCDE, el mayor incremento de la inmigración legal a partir de 2005 se ha experimentado en EE UU, España, Reino Unido, Italia y Nueva Zelanda, contextos en los que, a pesar de ello, comienza a plantearse el grave problema de la penuria de inmigrantes, no sólo para los empleos altamente cualificados, sino para aquéllos de nivel tecnológico menor, pero fundamentales en el sector servicios. Por lo demás, según este informe, a partir de 2030, el factor más seguro de progreso será el aumento de la población productiva y, por tanto, la inmigración.

En cuanto a los países de origen, es ya opinión unánime que la emigración se ha convertido en un factor capital para su desarrollo. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, entre 1995 y 2006, el volumen de estos fondos ha pasado de 102 millardos de dólares a 232 millardos, y, centrándonos en Europa, los fondos remitidos por los trabajadores extranjeros hacia los países de que eran originarios han superado los 14.000 millones de euros.

La actual reputación mayoritariamente positiva entre los técnicos y los expertos del fenómeno migratorio no ha calado, sin embargo, en la opinión pública general con las consecuencias que ello tiene en los resultados electorales. La posición restrictiva del presidente del Gobierno español fue consecuencia de los resultados de los sondeos practicados sobre el tema migratorio. Tal vez por ello, desde una opción de progreso, haya que configurar la migración como un bien público mundial. Y, en ese sentido, insistir en su función como agente decisivo en la mundialización del saber, por obra de la diáspora científica procedente de los países del Sur y de las redes de contactos y proyectos que induce, determinantes para la transferencia de conocimientos; así como en su insustituible condición de estabilizador global del espacio mundial.

Recordemos que la División de la Población de Naciones Unidas evalúa en 1,6 millones los inmigrantes necesarios para que la UE mantenga su nivel actual de bienestar y que Japón tendrá que incorporar antes de 2050 una población extranjera de cerca del 30% de su población actual.

Es necesario, por lo demás, dotar al proceso migratorio de un marco jurídico común flexible y eficaz que debe ser interinstitucional y multifactores. Lo que es muy difícil, como prueba que no se haya logrado siquiera formular una carta común de derechos y obligaciones de los migrantes con efectividad real, pues el convenio internacional para la protección de los trabajadores migrantes y de sus familias, adoptado en 1990 por la Asamblea General de Naciones Unidas y ratificado, después de un laboriosísimo proceso de casi 20 años, por sólo 37 Estados, apenas funciona. Ni siquiera el Foro Mundial para la Emigración y el Desarrollo de la ONU, ambiciosa creación del entonces secretario general, Kofi Annan, animado por el esforzado Peter Sutherland, ha llegado a convertirse en el instrumento de promoción normativa y de coordinación ejecutiva que se necesita.

Calificar de progresista, como se ha hecho, la aprobación de la última directiva europea que regula, de manera injusta, la expulsión de inmigrantes y la deportación de menores es una nueva provocación del derechismo dominante. En cualquier caso, las razones para rechazarla han sido presentadas con fundamento y consistencia en la columna de Soledad Gallego-Díaz del 20 de junio en este diario y a ellas me remito. Pero no sin apostillar que en esta sociedad de penosa dominación mediática, nada hay más movilizador, a favor o en contra, que su carga simbólica. Y que en este caso, el aura negativa de la directiva lamentablemente aprobada es abrumadora. Con lo que el problema sigue en pie y la responsabilidad en este tema de quienes nos hemos apuntado al progreso no ha variado. Seguimos comprometidos en la promulgación de una carta común de referencia sobre las migraciones que, aunque no logremos que sea obligatoria, tenga al menos una fuerte capacidad indicativa y funcione como código inspirador del organismo mundial que hay que habilitar con urgencia. En él, los Estados estarán acompañados por las organizaciones regionales y las colectividades locales, así como por las empresas, los sindicatos y las ONG nacionales y transnacionales, con el fin de asociar poderes políticos y sociedad civil, única garantía de legitimidad y de eficacia.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela

miércoles, 21 de mayo de 2008

Muerte en las fronteras de la UE


A Canarias llegan más de nueve millones de turistas al año y unos miles de inmigrantes en barcas. Pero lo segundo es descrito como una invasión. Aceptamos una escandalosa deshumanización del inmigrante

Algunos datos. Las islas Canarias cuentan con aproximadamente dos millones de habitantes. De media, el archipiélago recibe entre nueve y diez millones de turistas cada año. Estas cifras evidencian la existencia de una industria turística que aporta el 32% del PIB generado en el archipiélago, y denotan, sin duda, una importante multiplicidad humana y cultural.

Las cifras que vienen a continuación son, en todos los aspectos, inferiores a las citadas anteriormente: En los últimos años, se han contabilizado en el archipiélago canario entre 20.000 y 30.000 personas llegadas en cayuco procedentes de África y, en proporción creciente, de Asia. Las últimas estimaciones de la UE hablan de 10.000 personas que perdieron la vida en los últimos años tratando de alcanzar las costas canarias. Mientras, en las costas del Mediterráneo, las autoridades italianas interceptan anualmente entre 20.000 y 30.000 personas. La mayoría llegan a Sicilia y a la isla de Lampedusa. Otros quedan atrapados en Calabria, Puglia y Cerdeña.

Ahora nos hacemos la siguiente pregunta. ¿En base a qué razones nos convertimos en un centro de visitantes para el primer grupo y un centro de retención para el último? ¿Por qué levantamos un monumento para los muertos en el primer grupo -por ejemplo, el monumento erigido en 2007 en memoria de las víctimas holandesas que perdieron la vida en el accidente aéreo de Tenerife, en 1977- y no para los viajeros africanos y asiáticos sin papeles que perdieron la vida durante sus viajes? ¿Qué legitima esta distinta valoración de vidas humanas?

Lo que está en juego aquí es el problema de clasificación y de purificación basados en un consenso sobre una diferencia no igualitaria de carácter político. El factor diferencial en este caso es el interés. El interés no tiene nada que ver con la igualdad o con la indiferencia, pero la necesidad del interés político está relacionada con una protección no igualitaria. La diferencia entre turistas buenos y malvados inmigrantes se percibe como normal e inherente. Los turistas son viajeros de estancia corta, que vienen a disfrutar del Mediterráneo y del Atlántico. Como contraste, los inmigrantes ilegales son vistos a priori como bárbaros a los que temer, un sujeto sospechoso y de no interés, supuestamente en grandes cantidades y amenazando el orden público y la seguridad.

Nada más ilustrativo que los términos abierta e imprudentemente utilizados en los medios de comunicación tales como riadas, corrientes, masas e incluso tsunamis contra los que hay que construir muros que prevengan inundaciones.

Lo realmente preocupante es que el pánico moral se basa en la representación de una sucesión de ignominias que nada tienen que ver con la realidad social o con la evaluación científica sobre la migración global contemporánea. A pesar de la implacable conceptualización utilizada de riadas y tsunamis, sólo un pequeño subconjunto de la humanidad es inmigrante. Es la mayoría de la población la que compone el subconjunto de turistas. Por tanto, la diferencia moral construida entre ambos subconjuntos está basada en esta dudosa representación secuencial. Los medios de comunicación piden ayuda para las islas del sur de Europa sin mencionar una palabra sobre los millones de turistas acogidos. Esta atención mediática no ha dejado inalterada la política europea, forzada desde entonces a reaccionar de forma anticipada por el temor a dichas masas.

Por el temor a los refugiados que huyen en barco hacia las islas se han definido y fortificado kilómetros de líneas de aguas territoriales a un nivel superior. Las fronteras externas de la UE que bordean el Mediterráneo se han convertido en auténticos escollos. Con estos hechos, la política de la diferencia demanda un peaje horroroso. Los viajeros en cayuco son héroes locales en sus países de origen mientras que se transforman en infiltrados, impuros, perturbadores en el país de destino. Ellos son de facto considerados como desechos inevitables y aceptables del sistema de producción de la prosperidad europea.

Las vidas desechadas no tienen ni cara ni nombre. Son numeradas, recibidas en centros de retención -vertederos humanos para muertos civiles- y consecuentemente deportadas. Por tanto, la representación en sí misma se ha tornado en la cruda realidad.

Con el paso de los años, la construcción de las fronteras externas de la UE ha producido un atroz coste de varios miles de vidas, especialmente en y alrededor del Mediterráneo y, desde el 2005, en el Atlántico, aunque no solamente allí. Muchos de los inmigrantes han muerto por ahogamiento, otros por asfixia durante la travesía en barcos o camiones, mientras que un significativo número de personas ha cometido suicidio asediadas en el umbral entre la deportación y la nacionalización, es decir, en los centros de retención.

Concluimos. Mantengamos la máxima de que la multiplicidad humana de cualquier tipo consiste en lo mismo en al menos tres sentidos. 1. Todas las personas son igualmente valiosas moralmente. 2. Las personas deben poder opinar sobre los principios políticos que tienen impacto sobre sus vidas. 3. Una política de admisión basada en la fe del origen de nacimiento es una discriminación inmoral en contra de la igualdad del valor moral de las personas.

Cuando abrazamos máximas y las aplicamos a las prácticas fronterizas de la UE, debemos concluir que la UE viola los tres principios igualitarios de un régimen moralmente justo. La UE hace una distinción moral entre personas, no incluye a las personas en la construcción de unas fronteras por las que se ven afectadas y politiza la fe en las personas en base al lugar de nacimiento. La UE construye una distinción entre el refugiado nombrable e innombrable, en otras palabras, entre un viajero bienvenido y un enemigo político sobre la base de su origen y de su valor económico.

Esto conlleva una carga de deshumanización y una retórica redundante que no conduce más que a un racismo populista. El resultado es una máxima absurda: si te has librado de una situación por necesidad vital o por mejorar tu estatus social o incluso has salvado la vida poniendo en peligro tu vida, eres categorizado como un bárbaro desechable. Al mismo tiempo, no lo debemos olvidar, la mayoría de los denominados inmigrantes ilegales, una vez que han alcanzado los dominios de la UE, encuentran trabajo.

Construyen carreteras, limpian, sirven y nutren las casas de trabajadores de la UE. Y, para no olvidarlos, junto a los inmigrantes ilegales se producen subconjuntos innombrables en la fábrica de progreso neoliberal: los mendigos, sin techo, personas que se encuentran bajo el imperativo moral de "víctimas" en vez de bárbaros. Ellos llegan a los bulevares y playas de las islas turísticas para sobrevivir y nada más por las mismas razones. Es la particularidad política dentro de la UE quien crea sus propios extraños y, finalmente, sus vidas desperdiciadas. Las consecuencias de la producción del siempre deseado Nosotros y del eterno indeseado Ellos es una agitación creciente del pánico moral al que la política se agarra agradecidamente en su lucha por los votos. Este temor moral injustificado a un planeta a la deriva se convierte en una situación alarmante de viajeros irregulares hacia la UE. Es la desigualdad creada por esta política de la diferencia por la que las personas con sus barcos tambaleantes, que amenazan en masa con inundar "nuestro" territorio, son víctimas. Ellos son empujados a la categoría no elegida de inmigrante sin nombre. Esta particularidad es la diferencia política dentro de la UE, que se opone a la categoría buena, la del nombre políticamente claro en la democracia liberal por la que los turistas son una categoría de interés y la innombrable categoría mala, los inmigrantes ilegales cuya pena imaginamos como resultado de su falta de desarrollo.

La frontera de la UE discrimina injusta e injustificadamente a las personas en base al país de origen y en base a los papeles. El resultado es una diferencia vergonzosa en el colorido de los mares europeos. Mientras que para algunos, los turistas, el Mediterráneo y el Atlántico tienen una imaginativa pureza y color azulado, para algunos otros el color de la línea divisoria de las aguas de Europa es rojo sangriento.

Firman este artículo Noemí Padrón-Fumero, Henk van Houtum y Freerk Boedeltje, del Departamento de Economía de las Instituciones, Estadística y Econometría de la Universidad de La Laguna y del Nijmegen Centre for Border Research, Department of Geography, Radboud University Nijmegen, respectivamente.

Fuente:El País-La cuarta página-22-05-08

domingo, 4 de mayo de 2008

Integrarse por contrato


Conseller de INMIGRACIÓN Y CIUDADANIA

  • Nacido en Alzira, el 9 de febrero de 1945.
  • Doctor en Derecho por la Universidad de Valencia con la tesis doctoral «Análisis de políticas públicas y evaluación del modelo autonómico valenciano»
  • 1983-1985 Conseller de Presidencia. Secretario Portavoz del Consell
  • 1985-1989 Conseller de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes
  • 1999-2000 Conseller de Empleo
  • 2000-2003 Conseller de Bienestar Social
  • 2003-2006 Conseller de Territorio y Vivienda
  • 2006 Conseller de Sanidad

En pleno epicentro de un severo ajuste económico que sacude con fuerza a sectores económicos clave de nuestra región, que azota con particular intensidad a los trabajadores inmigrantes, y a pocos meses de que Valencia acoja el congreso de un Partido Popular que ve cómo se erosiona la capacidad de su líder y la credibilidad de un partido que ha perdido dos elecciones generales seguidas, el Gobierno valenciano trata de rescatar una de las propuestas más polémicas y cuestionadas realizadas por el PP en la pasada campaña electoral: el contrato de integración para los inmigrantes. Y posiblemente estos dos hechos sean relevantes para comprender mejor una propuesta tan disparatada en una región como la nuestra.

Bien es cierto que lo que se ha explicado sobre este pintoresco contrato se sitúa en el surrealismo, ya que se dice que será un “compromiso de integración voluntario” por el que los inmigrantes extracomunitarios (es decir, los pobres) deberán asumir el “modelo de convivencia, la escala de valores así como las tradiciones y costumbres valencianas”, mostrando el grado de integración en la sociedad valenciana que estos están dispuestos a asumir, de forma que “el no cumplimiento del compromiso hace imposible la integración”. ¿Cabe mayor cúmulo de disparates por quien tiene la responsabilidad de favorecer la plena incorporación social y ciudadana de los inmigrantes, por quien tiene que hacer un ejercicio responsable de pedagogía política sobre un fenómeno tan complejo, y por quien tiene que desplegar los dispositivos económicos y técnicos que debieran hacer posible esa supuesta integración? La respuesta es muy sencilla, no vamos a encontrar en toda España ninguna otra comunidad en la que se esté haciendo tanta demagogia con la inmigración, alimentando de forma continua rechazos y discriminaciones injustificadas, al tiempo que las políticas, dispositivos y programas básicos de atención a los inmigrantes brillan por su ausencia.

La propuesta anunciada por el polémico consejero de Inmigración y Ciudadanía, Rafael Blasco, pretende utilizar de manera oportunista recetas predicadas por la derecha europea que tratan de convertir la inmigración en elemento de discordia y rechazo en la sociedad, alimentando el imaginario colectivo de que los inmigrantes pobres no se integran, no respetan nuestras costumbres y no cumplen nuestras leyes. Es evidente que el minucioso ordenamiento jurídico que existe en España es de aplicación a todas las personas, cualquiera que sea su origen, al tiempo que la legislación sobre extranjería, una parte de la cual fue aprobada por el propio Partido Popular, es de aplicación en el conjunto del Estado, sin que las comunidades autónomas puedan ni deban interferir su cumplimiento o legislar en sentido opuesto. Por ello, la propuesta de Blasco es un simple documento voluntario que trata de comprometer algo tan vaporoso como es el respeto de las costumbres valencianas.

De esta forma, este compromiso es ineficaz jurídicamente e inviable socialmente, arrojando sobre la sociedad valenciana la idea de que los inmigrantes extracomunitarios, procedentes fundamentalmente de países pobres, están poniendo en peligro nuestras costumbres y tradiciones. La propuesta no deja de ser paradójica, ya que si a Blasco le preocupan los espacios de segregación y autoexclusión de inmigrantes, o el mantenimiento de costumbres bárbaras, bueno sería que se diera una vuelta por numerosos municipios de Alicante. Podrá participar en las algaradas que habitualmente protagonizan ingleses o irlandeses, donde se ejercitan costumbres como arrojar enseres desde los balcones o ver quién llega al piso más alto lanzando botellas de cerveza. Encontrará urbanizaciones cerradas solo para alemanes o ingleses, donde toda la rotulación es en sus propios idiomas y no se habla una palabra de valenciano o castellano. Incluso podrá visitar pueblos pequeños y hermosos, cuidados con primor por sus vecinos desde hace generaciones, en los que inmigrantes de países comunitarios viven en casas aisladas sin querer hacer vida con sus convecinos, sin respetar los monumentos y espacios más queridos. Claro que todo ello no le preocupa al conseller Blasco porque sus protagonistas son inmigrantes con dinero, procedentes de países ricos, mientras que es mucho más rentable políticamente arremeter contra los pobres que siempre aguantan todo sin rechistar.

Parece cuanto menos irresponsable que quienes exigen a los inmigrantes el respeto y la adaptación a algo tan difuso como los rituales y costumbres de nuestro país hagan dejación de sus obligaciones más elementales en materia de integración y ciudadanía, impidiendo con ello el ejercicio de derechos básicos. Por ello, en la Comunidad Valenciana, el mayor riesgo de exclusión sobre la población inmigrante se deriva precisamente de la carencia de actuaciones e intervenciones básicas sobre este colectivo, así como de la utilización irresponsable de la inmigración. Estas deberían ser las preocupaciones reales de un Gobierno y de un conseller que quisiera trabajar realmente a favor de la cohesión social de la sociedad valenciana.

Carlos Gómez Gil es doctor en Sociología y director del Observatorio Permanente de la Inmigración de la Universidad de Alicante.

Fuente:el Pais Comunidad Valenciana -04-05-08

jueves, 28 de febrero de 2008

África


Ese negro que se te acerca para venderte algo bueno, bonito y barato cuando tú estás tomándote una cerveza y un cazón en adobo una mañana de domingo con tus amigos es, como tú, hijo de hombre y de mujer, un ser humano.

Seguramente es padre de hijos como los tuyos. En su corazón siente como sientes tú. La diferencia contigo es que, mientras tú puedes tomarte una cerveza con cazón en adobo en tu propio pueblo, cerca de los tuyos, él ha tenido que separarse de sus seres queridos, cruzar un continente y un mar para conseguir las migajas de tu plato con las que alimentar a los suyos.

En otro tiempo, la estirpe de ese negro fornido fue la cuna original de la Humanidad. Hace millones de años, los primeros seres humanos surgieron en África. No eran blancos sino negros a rabiar. Se dispersaron y se extendieron por todo el globo terráqueo y, poco a poco, siglo a siglo, sus descendientes fueron adaptando el color y la consistencia de su piel a las distintas circunstancias climáticas.

Hace sólo unos siglos, los descendientes blancos de estos negrazos primigenios, especialmente los europeos, invadieron África y dejaron la cuna de la humanidad sembrada con las semillas de su civilización: saqueos de las riquezas naturales y culturales autóctonas, esclavitud, descomposición de sus culturas indígenas, enfermedades contagiosas, disgregación territorial. El resultado de todo ello es hoy un África que se desangra y se rompe entre la inalcanzable modernidad y riqueza del mundo occidental y su pasado cultural destrozado e igualmente inalcanzable.

Cuando el próximo domingo un negrazo te mire desde el fondo de sus ojos negros, no vuelvas la cara a tu propia historia. No olvides que tu riqueza procede de su pobreza. Mira sus ojos desde el fondo de los tuyos y prométete que el lunes irás al Ayuntamiento a pedirle a la corporación que dedique el 0'7 % del presupuesto municipal a proyectos de solidaridad con África. No es mucho, pero es algo. Al menos es una buena manera de devolverle algo bueno, bonito y barato por todo lo que les hemos robado.

Dokushô Villalba

Manifiesto contra el voto xenófobo

La población que ha inmigrado en España en las últimas décadas lo ha hecho atendiendo, entre otras razones, a la fuerte demanda de mano de obra que nuestro mercado laboral ha planteado. Su inserción laboral ha corregido determinados desajustes y carencias que se producían en este mercado, y con ello ha permitido el mantenimiento de unos índices de crecimiento económico que han sido los mayores de nuestra historia reciente. Las aportaciones de la inmigración van mucho más allá de las económicas, pero éstas han de ser hoy afirmadas con claridad a la luz del debate que se está produciendo.

Esta inmigración ha sido recibida con unas políticas restrictivas que respondían a la idea de que aquí no necesitábamos inmigrantes, las mismas que rigen en toda Europa desde hace tres décadas. El resultado ha sido que la mayor parte de las personas no comunitarias establecidas en España no han podido inmigrar por un cauce legal y han pasado por largos períodos de situación administrativa irregular, períodos en los que han carecido de derechos y han sido fácilmente explotables en el terreno laboral. Nuestra sociedad no ha dado la bienvenida a unas personas de las que tanto beneficio ha sacado, y el trato que éstas han recibido no puede ser calificado de ningún modo como integrador.

Por otra parte, la ausencia de políticas de integración, que no aparecen en el ámbito del gobierno español hasta 2004, y la falta de adaptación de los servicios públicos al crecimiento demográfico que la inmigración ha supuesto (especialmente desde mediados de los noventa), han generado déficit de los que sólo las administraciones públicas son responsables. De tales déficit, las víctimas son tanto la población autóctona como la inmigrada.

Los planteamientos realizados en la presente campaña electoral por parte del PP, tales como el contrato de integración, la obligación de los inmigrantes a adaptarse a las costumbres españolas, o la vinculación entre inmigración y delincuencia, constituyen una nueva agresión contra unas personas que no han recibido un trato integrador y a las que se ha mantenido en situación de inferioridad de derechos en muchos aspectos. Tales propuestas culpabilizan a los inmigrantes de falta de integración y acentúan los prejuicios populares que también los culpabilizan de casi todos los males que afectan a nuestra sociedad: de las carencias de los servicios públicos, de los bajos salarios, de la delincuencia, etc.

La intencionalidad de estas propuestas responde a lo experimentado en los últimos 20 años en casi todos los países europeos: el mensaje xenófobo da votos. Muchos son los partidos conservadores que han ganado elecciones recurriendo a este mensaje. No importa el daño que se le hace a la sociedad, el quiebro que se produce en la cohesión social, los conflictos sociales que se incentivan. Todo vale para ganar las elecciones.

Quienes subscribimos este manifiesto queremos afirmar que no todo vale, y que quien recurre a incentivar la xenofobia para ganar unas elecciones debe pagar un precio por ello.

Es necesario que los votantes demos una lección a los partidos políticos, demostrándoles que el discurso xenófobo también puede servir para perder elecciones. Si bien en Europa hasta ahora siempre había sucedido lo contrario, el año 2008 comenzó con un cambio de signo: fue precisamente el discurso xenófobo lo que hizo perder las elecciones en el Estado alemán de Hesse al candidato conservador. El electorado alemán mostró, en esta ocasión, una madurez que se ha convertido en una lección para todos los europeos y que nos ha de guiar en España en las elecciones del 9 de marzo.

Frente al discurso xenófobo reivindicamos unas políticas relacionadas con la inmigración cuyos ejes sean el avance en las medidas antidiscriminatorias, la inversión en servicios públicos acorde con los incrementos de población producidos y la equiparación efectiva de derechos para todas las personas que residen en nuestro país. Emplazamos a todas las fuerzas políticas a concluir, de una vez por todas en la próxima legislatura, las reformas que sean necesarias para la concesión del derecho de voto a todas las personas mayores de edad con residencia estable en España.

El 9 de marzo la xenofobia ha de sufrir una derrota y hemos de encaminarnos hacia la construcción de una sociedad más integradora. Quienes han apostado por el discurso xenófobo para ganar las elecciones deben perderlas. Es mucho lo que está en juego, y es por ello por lo que convocamos, a cuantas personas se quieran sumar a esta iniciativa, a ser activas en la lucha contra el voto xenófobo.


Suscrito por:

Albert Recio Andreu. Universitat Autónoma de Barcelona
Alberto Hidalgo. Universidad de Oviedo
Alessandra Olivi. Universidad de Sevilla
Alfonso Dubois. Universidad del País Vasco
Alfredo Blanco Andray. Universidad Politécnica de Madrid
Ángel G. Chueca Sancho. Universidad de Zaragoza
Antolín Granados Martínez. Universidad de Granada
Antonia Olmos Alcaraz. Universidad de Granada
Antonio Izquierdo Escribano. Universidad de Coruña
Arantzazu López de Luzuriaga. Universidad Rey Juan Carlos
Artur Aparici Castillo. Universitat Jaume I
Asunción Cifuentes. Universidad de Burgos
Asunción Colás Turégano. Universitat de València
Beatriz Macías Gómez-Stern. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Beatriz Pérez Galán. Universidad de Granada
Carlos Arrabal Miguel. Universidad Politécnica de Madrid
Carlos Mario Gómez. Universidad de Alcalá de Henares
Carlos Morla Juarista. Universidad Politécnica de Madrid
Casimir Nalda Auxina. Universitat Politècnica de València
Claudia Pedone. Universitat Autónoma de Barcelona
Concepción Carrasco Carpio. Universidad de Alcalá de Henares
Dolores Juliano. Universitat de Barcelona
Eduardo Terrén. Universidad de Salamanca
Elena Ruiz Ruiz. Universidad de Valladolid
F. Javier García Castaño. Universidad de Granada
Félix Etxeberria Balerdi. Universidad del País Vasco
Fernando González Alonso. Universidad Pontificia de Salamanca
Francisco Fernández Buey. Universitat Pompeu Fabra
Gemma Santa Olalla Mariscal. Universidad de Burgos
Gregorio Aragón Rubio. Universidad Rey Juan Carlos
Héctor Silveira. Universitat de Lleida
Ignacio Nadal Perdomo. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Inma Antolínez Domínguez. Universidad de Granada
Inmaculada Cebrián. Universidad de Alcalá de Henares
Jaime Cervera Bravo. Universidad Politécnica de Madrid
Jaime Ferri Durá. Universidad Complutense de Madrid
Javier de Lucas. Universitat de València
Javier Esguevillas. Universidad Rey Juan Carlos
Javier Martínez Peinado. Universitat de Barcelona
Jesús Montoya Juárez. Universidad de Granada
Jesús Muñoz. Universidad de Burgos
Joaquim Sempere. Universitat de Barcelona
Joaquín Arango. Universidad Complutense de Madrid
Joaquín Seoane Pascual. Universidad Politécnica de Madrid
Jorgelina Barrera. Universidad de Barcelona
José A. Estévez Araújo. Universitat de Barcelona
José Alfredo Bravo Fernández. Universidad Politécnica de Madrid
José Antonio García Fernández. Universidad Complutense de Madrid
José Fernández Echeverría. Universidad de Granada
José Luis Ceresuela Soria. Universidad Politécnica Madrid
José Luis Martín Sanz. Universidad Europea de Madrid
José M. Iriondo. Universidad Rey Juan Carlos
José Manuel Palacios Alberti. Universidad Politécnica de Madrid
José Miguel Rodríguez. Universidad Autónoma de Madrid
Joseba Achotegui. Universitat de Barcelona
Josep Miquel Palaudarias. Universitat de Girona
Juan B. Martínez-Laborde. Universidad Politécnica de Madrid
Juan José Bueno Aguilar. Universidad de A Coruña
Laura Zúñiga Rodríguez. Universidad de Salamanca
Liliana Suárez Navaz. Universidad Autónoma de Madrid
Lorenzo Capellán de Toro. Universidad de Granada
Lourdes Gaitán Muñoz. Universidad Complutense de Madrid
Luis Giménez Benavides. Universidad Rey Juan Carlos
M. Rosa Terradellas. Universitat de Girona
Maite Alemany. Universitat de València
Marcelino de la Cruz Rot. Universidad Politécnica de Madrid
María Antonieta Delpino. Universidad de Salamanca
María Dolores Pérez Grande. Universidad de Salamanca
María Felicidad Bógalo Román. Universidad de Burgos
María García-Cano Torrico. Universidad de Granada
Maria Jesús González Fernández. Universidad Politécnica de Madrid
María Luisa Iglesias. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Maria Margarita Echeverri Buriticá. Universidad Complutense de Madrid
Maria Vega Asensio Herrero. Universidad del País Vasco
Martín Rodríguez Rojo. Universidad de Valladolid
Mayte Bejarano. Universidad de Castilla-La Mancha
Miguel A. Bernabé. Universidad Politécnica de Madrid
Miguel Ángel Ibáñez Ruiz. Universidad Politécnica de Madrid
Miguel Pajares. Universitat de Barcelona.
Miquel Izard. Universitat de Barcelona
Mónica Ortiz Cobo. Universidad de Granada
Natalia Moraes Mena. Universidad de Granada
Natividad Fernández Sola. Universidad de Zaragoza
Nieves González Delgado. Universidad de Burgos
Olga Jubany Baucells. Universitat de Barcelona
Paola Carolina Solís Rojas. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Patricia Laurenzo Copello. Universidad de Málaga
Patricia Onieva. Universidad Complutense de Madrid
Rafael Domínguez Martín. Universidad de Cantabria
Rafael Grasa Hernández. Universitat Autónoma de Barcelona.
Rafael Muñoz de Bustillo. Universidad de Salamanca
Rafaela Díaz Villalobos. Universidad de Extremadura
Ricard Zapata-Barrero. Universitat Pompeu Fabra
Rosalinda Sánchez Hípola. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Rubén Milla. Universidad Rey Juan Carlos
Rubén Pérez Rodríguez. Universidad de Granada
Rubén Torices Blanco. Universidad Rey Juan Carlos
Ruth Ferrero. Universidad Complutense de Madrid.
Ruth M. Mestre i Mestre. Universitat de València
Sandra Gil Araujo. Universidad de Granada
Sergio Barba-Romero. Universidad de Alcalá
Silvia Carrasco Pons. Universitat Autónoma de Barcelona
Teresa Alario. Universidad de Valladolid
Ubaldo Martínez Veiga. Universidad Nacional de Educación a Distancia
Virginia Martínez Lozano. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Virtudes Albertos Pérez. Universitat Politècnica de València
Xavier Pedrol Rovira. Universitat de Barcelona.
Xosé Manoel Núñez Seixas. Universidad de Santiago de Compostela

Se adhieren

Del tejido asociativo:

Àgata Sol Rueda (secretaria general de la Comissió Catalana d'Ajuda al Refugiat). Alejandro Ezaro (Associació de Suport a les Organitzaciones Populars Xilenes). Ana Bermejo Arteagabeitia (Asociación de Especialistas en Prevención y Salud Laboral). Ana Terrazas (Secretaría de inmigración de Comisiones Obreras de La Rioja). Aurora Maciá González (Asociación Elche Acoge). Azahara Leal del Pozo (Federación Andalucía Acoge). Blanca Ruiz (coordinadora de Red Acoge). Boris Hernández Malmierca (Fundación Sevilla Acoge). Carlos Sanchos (ACSUR-Las Segovias-Catalunya). Carmela Mateos (Foro Social de Cáceres). Cristina Mesa Tovar (Asociación Yirkala). Cristóbal Cervantes Flores (Espiritualidad y Política). Daniela P Slavlova (Fundación Pablo Iglesias). Diana Dinu (presidenta de Quórum, asociación de mediadores rumanos). Eduardo Hernando (Asociación Teatro Kuku Bazar Antzerkia). El Hassane Jeffali (Associació Adib Biladi). Esteban Tomás Navarro (AESCO, América-España, Solidaridad y Cooperación). Esther Alonso Marín (Geólogos del Mundo). Eva Martínez Ambite (Anzadeia). Francisco Solans Puyuelo (Sos Racismo País Valencià). Gemma Bové Pañach (Fundación Món). Gilmer Alarcón Requejo (presidente de Asociación Iberoamericana Constitucionalismo y Democracia). Guillermo Meza Luzuriaga (Tvmaslatino, canal on line Madrid). Isabel Huete García (adjunta Secretaría de Migraciones de CC.OO). J. Vidal García Alonso (director de Alides, Alianzas para el Desarrollo). Javier Aguirregabiria Povedano (Sodepaz Nafarroa). Jesús Pecharroman Hernández (Foro Social de Cáceres). Jordi Roglà (director de Cáritas Diocesana de Barcelona). José Antonio Jiménez Gálvez (adjunto Secretaría de Migraciones de CCOO). José Blanco (Revista Metamorfosis). Josep Bertomeu Curto (abogado de Comisiones Obreras de Barcelona). Julio Ruiz Ruiz (secretario de Migraciones de CCOO). Karina Pacheco Medrano (Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos). Katia Cascante Hernández (Fundación Alternativas). Marcela Ciobanu Sarbusc.( presidenta de Asocrom). Miguel Angel de Prada (Colectivo Ioe). Mohammed Anouar Haidour (Secretaría de Migraciones de Comisiones Obreras). Nuria Álvarez Agüí (Tlaxcala). Olga Recio Gil (Secretaría de Migraciones de Comisiones Obreras). Ousseynou Niang (asociación Media África). Raquel Guerola Bravo (Primera acollida Scai-Sabadell). Raúl Martínez i Ibars (Gabinet d'Estudis Socials). Rómulo Correa (presidente de la Asociación de Uruguayos en Cataluña). Salomé Acuña Benítez (USO Canarias). Salva Lacruz (CEAR País Valencià). Samia Sanan (Creativity Center). Santiago González Hernández (Adobes). Simón Rosado Sánchez (secretari d'Acció Sindical i Política Sectorial de la Comissió Obrera Nacional de Catalunya). Teresa Froilán (Comité de Solidaridad con África Negra de Talavera). Victoria Elizabeth Villagómez Morales (Almenara Estudios Económicos y Sociales). Virginia Tapia Hompanera (Cruz Roja). Xavier Vallvé i Duaigües (Gabinet d'Estudis Socials). Yolanda Juarros Barcenilla (Asociación Educarueca). Aesco Barcelona. Asociación Casal Colombiano. Asociación Socio Cultural de mujeres "Ellas cuentan". Aula de Paz y Desarrollo de la Universidad de Burgos. Comité de Solidaridad con África Negra de Talavera. Comité de Solidaridad con el África Negra de Valladolid. Comité Oscar Romero de Madrid. Comunidad de Vanguardia Obrera. Comunidades Cristianas Populares. Federación de asociaciones de SOS Racismo en el Estado español. Federación de Comités de Solidaridad con África Negra. Dokushô Villalba (Comunidad Budista Soto Zen).

De otros ámbitos:

Adoración Camacho Blázquez. Alberto Hidalgo Hermoso. Ángeles Benito de Benito. Ángeles Leal Pardo. Ángeles Marta Vallejo Aparici. Antonio Mas Colom. Antonio Ortiz López-Cámara. Bashkim Shehu. Beatriz Jiménez Hernández. Bixente Serrano Izko. Carles Jardí Pinyol. Carmen Mateos Caballero. Carmen Rodríguez Espiña. Caty R. Concha Cirujano. Consuelo Sánchez González. David Lozano. David Vidarte. Elena Sánchez Garrido. Emilia Paz Pérez Aparicio Enrique Sánchez Airas. Enrique Santiago Romero. Ernesto Carrión Sablich. José Martín. Ernesto Páramo. Estrella Nicolás. Federico Javier Duo Martín.
Ferran López i Abad. Francisco Acedo Fernández Pereira. Guillermo Escolano Felip. Isabel Mohino. Jacqueline Edwards Gutierrez. Joan Francesc Marco. Joan R. Puig Pellicer. José Carlos Illan Sailer. José Luis Gallego de Cáceres. José Luis Ramos Morcillo. José Luiss Villegas Saugar. José María García. José Redondo de Francisco. José S. Cardona Torres. Juan José García Martínez. Juan Segovia Martínez. Juana Lorenzo Montero. Loli Tobio Sueiro. Mª Victoria Díaz Palacios. Manuel Cardós Torres. Manuel Cerezo Lasne. María Enguix. María Jesús Sánchez Garrido. Martín Bolívar Belgrano. Matilde Fernández Sanz. Mercedes del Olmo García. Miguel Ángel Herrero. Mónica A. Carrión Gualdo. Montserrat Díaz Palacios. Nora Mendoza Izquierdo. Nuria Sobrino Hijosa. Oleg Bondar. Oleksander Voronyuk. Olga Serrano Arévalo. Otilio Sánchez Palomares. Paloma Pola. Paz Rodríguez Tato. Pilar Felipe Martínez. Rafael Monroy González. Ramón González Orta. Ricardo López Dusil. Roberto Labandera Ganachipi. Roxana Delpino Goicochea. Sagrario Arana Ariz. Salah Jamal. Sergio Salaverry. Sonia Alcázar Cano. Tomàs Biosca i Esteve. Vicente Marzo Galarza. Víctor Manuel Casco Ruiz. Virginia Ibáñez Rodríguez. Virginia Portal. Yolanda Villavicencio Mapy.


Fuente: http://espiritualidadypolitica.blogspot.com

miércoles, 27 de febrero de 2008

La religión cristiana pierde terreno en EEUU.

Aumenta, en cambio, el número de personas que se dicen sin filiación. Estudio del Foro Pew sobre Religión y Vida Pública detecta mucha movilidad. El catolicismo ha mantenido su parte sólo gracias al efecto de la inmigración.

El cristianismo pierde terreno en Estados Unidos, donde la competencia entre doctrinas y la creciente falta de identidad religiosa favorecen los cambios de creencia, según un informe ue dio a conocer el Foro Pew sobre Religión y Vida Pública.

Aunque el cristianismo es aún la religión de 78.4 por ciento de la población (51.3 por ciento protestantes y 23.9 por ciento católicos), esta cifra ha ido cayendo durante las últimas dos décadas.

En 1970 más del 60 por ciento de los estadunidenses se consideraba protestante, dato que ha caído hasta el 51 por ciento en 2007, mientras que el catolicismo mantiene su peso específico sólo gracias al influjo de inmigrantes que entra en el país.

Sin embargo, el catolicismo registra la mayor fuga de fieles de todas las religiones referidas en el estudio.

Uno de cada tres estadunidenses son criados como católicos, pero sólo uno de cada cuatro adultos se consideran afines a esta iglesia, un 7.5 por ciento menos.

La inmigración de hispanos a Estados Unidos ayudó a contener la reducción en las filas católicas, aunque no ha propiciado un incremento de fe en el país debido a que muchos son acogidos por otras iglesias, como las evangélicas (bautistas, pentecostales, adventistas).

“Uno de cada diez evangélicos hoy en día fue católico en el pasado”, comentó Greg Smith, investigador y uno de los autores del estudio.

La caída en el número de protestantes, de 2.6 por ciento, es menor que entre los cristianos, y este declive recoge las pérdidas de afiliados entre metodistas, luteranos, presbiterianos o episcopales, pero esconde el tirón de los evangélicos.

Más de la mitad de las iglesias protestantes son evangélicas (un 51 por ciento) y esta rama cristiana es una de las más atractivas del momento para quienes buscan una nueva doctrina en Estados Unidos, aunque “está muy diversificada”, señaló John Green, investigador jefe del estudio.

El menor porcentaje de protestantes sobre el total de la población responde principalmente a varias razones: un menor número de nacimientos en el seno de estas familias y renuncia a formar parte de una iglesia específica.

Así, una de las principales conclusiones del estudio es que cada vez más estadunidenses no responden a una doctrina en concreto: un 16 por ciento de los encuestados niega tener una afiliación religiosa.
Se trata de un grupo heterogéneo de personas entre las que se incluyen los ateos, los agnósticos y aquellos que afirman no tener una creencia en particular.

“La religión va a ser más diversa en el futuro; parece que va haber menos protestantes y menos católicos, pero no se puede decir en qué cantidad, ni predecir cuál será la situación dentro de 100 años, o si Estados Unidos va a dejar de ser un país mayoritariamente cristiano”, afirmó Green.
Estos cambios tendrán una repercusión directa en la configuración social y la cultura del país, “lo que no quiere decir que sean malos”, indicó.

El budismo, el Islam y los testigos de Jehova son tres de las religiones que están en crecimiento en Estados Unidos aunque el número de fieles es aún muy bajo (0.7, 0.6 y 0.7 por ciento, respectivamente).
Uno de los posibles factores detonantes de los cambios religiosos en la primera potencia mundial son los matrimonios entre personas con diferentes creencias.
Un 37 por ciento de los consultados estaba casado con una persona que practicaba otro culto religioso.

Los autores del estudio, primero de una serie que desarrolla el Foro Pew sobre Religión y Vida Pública, sobre una muestra de 35 mil adultos, destacaron la importancia que pueden tener los hispanos a la hora de configurar la futura sociedad estadunidense.

Para 2015, los cambios en la comunidad cristina podrían no ser sólo de iglesia, también étnicos, en la que hasta ahora era una religión de mayoría “blanca en Estados Unidos”, en palabras de Green.

Pérdida y ganancia
De los grandes grupos religiosos evaluados, el catolicismo es el que ha experimentado más pérdidas netas debido a los fieles que se van. Un 31 por ciento de los estadunidenses dijo haber crecido dentro de la fe católica, pero hoy sólo 24 por ciento se describe como católico.

Las pérdidas no se ven tan marcadas gracias a que en los inmigrantes hay una desproporción: 46 por ciento son católicos, y sólo 24 por ciento son protestantes.

Washington, 26-Febrero-08
Fernando Mexía para EFE.

Publicado en: http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota.asp?id=598630