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sábado, 19 de mayo de 2012

Los veteranos de guerra contra la OTAN


por Amy Goodman (*) 

Los veteranos de guerra de las ocupaciones de Irak y Afganistán ahora luchan contra la ocupación de la ciudad de Chicago.
 
Esta semana, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) realiza la reunión más importante en sus 63 años de historia. Habrá manifestaciones y actos en contra de la cumbre, que deberán enfrentarse a una fuerte presencia policial y militar. El Departamento de Seguridad Nacional declaró a la cumbre de la OTAN, que durará dos días, un “Acontecimiento de Seguridad Nacional Especial” y le otorgó facultades al Servicio Secreto de Estados Unidos para que controle gran parte del centro de Chicago y para que emplee una autoridad sin precedentes para reprimir el derecho de la población a disentir, consagrado en la Constitución.

martes, 28 de febrero de 2012

El mercado global de armas capea con éxito la crisis


por Andrea Rizzi

El mercado mundial de la venta de armamento está capeando con éxito el temporal de la crisis financiera. Pese a las dificultades económicas de muchos países occidentales que figuran entre los mayores inversores militares del mundo, el sector prosiguió en 2010 su senda de expansión. La facturación de las 100 principales empresas productoras ascendió ese año a 305.000 millones de euros (lo que equivale aproximadamente a un tercio del PIB de España) y creció un 1% en términos reales con respecto al año anterior, según datos publicados ayer por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

En marcha la locura de una nueva guerra


por Benjamín Forcano (*)




Nuestros tiempos tienen que forzar las condiciones que hagan realidad las palabras de la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros los pueblos hemos resuelto evitar a las generaciones el horror de la guerra”. Pero no son los pueblos  sino unas élites descabelladas las que, una vez más, pretenden imponer  a la humanidad el desquiciamiento de una nueva  guerra.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

La guerra que viene, coletazo imperial


por Salvador González Briceño


“Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción”
 Isaac Asimov (1920-1992).

 
Maquiavélico el asunto, pero así es. La geopolítica es hija de la guerra; del fin que justifica los medios. Con ella se arman las peores jugadas para contener cualquier presunta amenaza; es decir, se hace uso de todas las posibles variables desde un punto de vista estratégico —la política de la ventaja, claro está—. Y cualquier país considerado “enemigo” puede ser visto como un buen objetivo para hacerle la guerra. Al fin que la movilización militar y la muerte representan un negocio.
 
Enemigo de todos porque sólo ve intereses, el imperio estadounidense se mueve con estrategias geopolíticas y geoeconómicas por el mundo, principalmente desde los tiempos de la llamada Guerra Fría para acá. Porque de la Segunda Guerra emergió como el país más poderoso, el hegemónico de la palestra mundial. Así hace diplomacia y se desplaza militarmente, a la vez que decide cuáles son sus objetivos mediatos e inmediatos.
 
Desde entonces EU ha emprendido más guerras que cualquier otro país del mundo. Y ha orquestado también golpes militares contra gobiernos “enemigos”. Por eso tiene el mayor número de bases militares repartidas en todo el planeta. Con el sofisticado armamento del Pentágono. Arremete también con órganos e instrumentos de inteligencia que sabe cómo utilizar. EU hace política exterior y aplica estrategias económicas, por las buenas o a la mala, en contra de cualquier país bajo la custodia de lo propio.
 
En estos momentos, para el imperio estadounidense la crisis económica representa un gran peligro. No lo dice pero lo es. Una terrible amenaza para su hegemonía. Y no importa que la devastadora crisis haya sido generada en su propia casa y luego propagada al resto del mundo. Eso no interesa. El problema es que la crisis desnuda su fragilidad. Exhibe su debilidad y amenaza con romper los tradicionales esquemas de dominio internacional y los mecanismos antes bajo su control.
 
Eso no le parece y por ello reacciona con virulencia tratando de que otros, todos los países ricos y pobres, hagan lo conducente con políticas económicas restrictivas para que le brinden el apoyo suficiente y así el impacto económico —los costos, mejor dicho— sea prorrateado. Tratando que el sacrificio no sea sólo de la economía estadounidense. Todo porque no puede salir de su propia crisis, y porque tampoco sabe cómo hacerlo. Por eso, EU no busca quién se la hizo sino quién se la pague. Obama es una víctima de las circunstancias, o un pelele en manos de la derecha que decide e impone hacia adentro y afuera. Lo quieran o no los demócratas, son los republicanos quienes dominan los escenarios.
 
Dicho de otra manera, como tal,la justificación de la guerra es parte de la geopolítica. Y ahora más, con la crisis y las amenazas que conlleva para la hegemonía. Porque el imperio no puede, mejor dicho no quiere, darse el lujo de una reestructuración geopolítica mundial. Eso sería como doblegarse o aceptar su inminente derrota. De ahí los coletazos de la fiera herida.
 
Peor tantito porque en el marco de cualquier posible reestructuración o redefinición del poder mundial se asoma ya la supremacía de China. El país que representa una amenaza real porque además de no estar en crisis, avanza poderosamente con los propios mecanismos delcapitalimperialismo, conquistando el mercado global y derribando cualquier tipo de barreras tan sólo con el principio de la competencia en el contexto del mercado libre.
 
Por lo tanto, si no puedes con el enemigo hazle la guerra. A pesar de la crisis o por ella. La violencia como un buen pretexto imperialista. Más ahora, insisto, que es parte de su sobrevivencia. Por ello no hay movimiento de piezas en el ajedrez mundial, sin el apoyo de las armas y de las guerras.
 
Por eso EU con su maquinaria militar-industrial anda en busca de un conflicto. Y parece que ya lo encontró. Resulta que no es en Irán, país contra el cual se había creado un clima de inestabilidad desde la movilización de tropas por mar y tierra, en alianza con la fuerza militar israelí desde los primeros días del Mundial Sudáfrica 2010, bajo el pretexto que su poderío nuclear es amenaza para la región donde Israel domina como un brazo armado gringo.
 
No. Resulta que es Corea del Norte. Uno de los países del mal llamado “eje del mal”, desde el sospechoso atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York. Resulta que su vecino, Corea del Sur, es aliado de EU. País donde recién, espaldarazo vil, se realizó la cumbre del G-20.
 
Y el principal amigo de la Corea continental es precisamente China. Y ¡cuidado con el estallido del conflicto!, porque puede derivar en un problema mayor. En otras palabras, ¡cuidado con la guerra porque puede devenir en una conflagración nuclear! Y por ello, no sobra decirlo, muy peligroso.
Así, resulta que no fue siempre Irán el enemigo a vencer sino Corea del Norte. Resulta que en la geopolítica Irán es peligroso. Y hacerle la guerra sería muy costoso y sin grandes ventajas. No así en Corea del Norte, donde entran en juego otras variables como la misma China. EU necesita saber cómo reaccionará el dragón de oriente con una guerra en sus fronteras. Eso será un factor distractor para tratar de debilitar su economía. También, poniéndola en riesgo, medir su capacidad de reacción en todo lo demás. Lo referente a la geopolítica y la economía; como medir cuántos amigos o enemigos tiene. Y eso, como los amigos en la enfermedad, sólo se ve en el peligro. Ese es el escenario más probable con atizarle al conflicto entre las dos Coreas. Como parece que sucedió y más con todo el arsenal que tiene EU en las bases militares de Corea del Sur.
 
Pero de apostarle a la guerra, como parece ser, EU jugará con fuego. Porque, insisto, una siguiente guerra no sería convencional porque las armas atómicas asoman las ojivas. Víctima de sus propias debilidades, defectos y ambiciones imperiales, Estados Unidos está conduciendo al mundo hacia la destrucción. Tenemos que parar eso con llamados de atención desde todas partes del mundo. Las amenazas de guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur debe contenerse ya. El desbordamiento de un conflicto será como el principio del fin.
 

Sobre la guerra

por Jiddu Krishnamurti

Pregunta: ¿Cómo podemos resolver, nuestro caos político actual y la crisis del mundo? ¿Hay algo que un individuo pueda hacer para atajar la guerra que se avecina?
Krishnamurti: La guerra es la proyección espectacular y sangrienta de nuestra vida diaria, ¿no es así? La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales. De suerte que vosotros y yo somos responsables de la guerra, ¿y qué podemos hacer para detenerla? Es obvio que la guerra que nos amenaza constantemente no puede ser detenida por vosotros ni por mi porque ya está en movimiento; ya está desencadenándose, aunque todavía en el nivel psicológico principalmente. Como ya está en movimiento, no puede ser detenida; los puntos en litigio son demasiados, excesivamente graves, y la suerte ya está echada. Pero vosotros y yo, viendo que la casa está ardiendo, podemos comprender las causas de ese incendio, alejamos de él y edificar en un nuevo lugar con materiales diferentes que no sean combustibles, que no produzcan otras guerras. Eso es todo lo que podemos hacer. Vosotros y yo podemos ver qué es lo que engendra las guerras, y si nos interesa detenerlas, podemos empezar a transformamos a nosotros mismos, que somos las causas de la guerra.
Una señora americana vino a verme hace un par de años, durante la guerra. Me dijo que había perdido a su hijo en Italia y que tenía otro hijo de dieciséis años al que quería salvar; de suerte que charlamos del asunto. Yo le sugerí que para salvar a su hijo debía dejar de ser americana; debía dejar de ser codiciosa, de acumular riquezas, de buscar el poder y la dominación, y ser moralmente sencilla, no sólo sencilla en cuanto a vestidos, a las cosas externas, sino sencilla en sus pensamientos y sentimientos, en su vida de relación. Ella dijo: "Eso es demasiado. Me pide usted demasiado. Yo no puedo hacer eso, porque las circunstancias son demasiado poderosas para que yo las altere". Por lo tanto, resultaba responsable de la destrucción de su hijo.
Las circunstancias pueden ser dominadas por nosotros, porque nosotros hemos creado las circunstancias. La sociedad es el producto de la relación; de vuestras relaciones y las mías, de todas ellas juntas. Si cambiamos en nuestra vida de relación, la sociedad cambia. El confiar únicamente en la legislación, en la compulsión, para la transformación externa de la sociedad mientras interiormente seguimos siendo corrompidos, mientras en nuestro fuero íntimo continuamos en busca del poder, de las posiciones, de la dominación, es destruir lo externo, por muy cuidadosa y científicamente que se lo haya construido. Lo que es del fuero íntimo se sobrepone siempre a lo externo.
¿Qué es lo que causa la guerra religiosa, política o económica? Es evidente que la creencia, ya sea en el nacionalismo, en una ideología o en un dogma determinado. Si en vez de creencias tuviéramos buena voluntad, amor y consideración entre nosotros, no habría guerras. Pero se nos alimenta con creencias, ideas y dogmas, y por lo tanto, engendramos descontento. La presente crisis, por cierto, es de naturaleza excepcional, y nosotros, como seres humanos, o tenemos que seguir el sendero de los conflictos constantes y continuas guerras, que son el resultado de nuestra acción cotidiana, o de lo contrario ver las causas de la guerra y volverles la espalda.
Lo que causa la guerra, evidentemente, es el deseo de poder, de posición, de prestigio, de dinero, como asimismo la enfermedad llamada nacionalismo ‑el culto de una bandera- y la enfermedad de la religión organizada, el culto de un dogma. Todo eso es causa de guerra; y si vosotros como individuos pertenecéis a cualquiera de las religiones organizadas, si sois codiciosos de poder, si sois envidiosos, forzosamente produciréis una sociedad que acabará en la destrucción. Nuevamente: ello depende de vosotros y no de los dirigentes, no de los llamados hombres de Estado, ni de ninguno de los otros. Depende de vosotros y de mí, pero no parecemos darnos cuenta de ello. Si por una vez sintiéramos realmente la responsabilidad de nuestros propios actos, ¡cuán pronto podríamos poner fin a todas estas guerras, a toda esta miseria aterradora! Pero, como veis, somos indiferentes. Comemos tres veces al día, tenemos nuestros empleos, nuestra cuenta bancaria, grande o pequeña, y decimos: "por el amor de Dios, no nos moleste, déjenos tranquilos". Cuanto más alta es nuestra posición, más deseamos seguridad, permanencia, tranquilidad, menos injerencia admitimos, y más deseamos mantener las cosas fijas, como están; pero ellas no pueden mantenerse como están, porque no hay nada que mantener. Todo se desintegra. No queremos hacer frente a estas cosas, no queremos encarar el hecho de que vosotros y yo somos responsables de las guerras. Vosotros y yo charlamos de paz, nos reunimos en conferencias, nos sentamos en torno a una mesa y discutimos; pero en nuestro fuero íntimo, en lo psicológico, deseamos poder y posición, y nos mueve la codicia. Intrigamos, somos nacionalistas; nos atan las creencias, los dogmas, por los cuales estamos dispuestos a morir y a destruirnos unos a otros. ¿Creéis que semejantes hombres ‑vosotros y yo- podemos tener paz en el mundo? Para que haya paz, debemos ser pacíficos; vivir en paz significa no crear antagonismos. La paz no es un ideal. Para mí un ideal es simple evasión, un modo de eludir lo que es, una contradicción con lo que es. Un ideal impide la acción directa sobre lo que es. Mas para que haya paz tendremos que amar, tendremos que empezar, no a vivir una vida ideal sino a ver las cosas como son y obrar sobre ellas, a transformarlas. Mientras cada uno de nosotros busque seguridad psicológica, la seguridad fisiológica que necesitamos ‑alimento, vestido y albergue- se ve destruida. Andamos en busca de seguridad psicológica, que no existe; y, si podemos, la buscamos por medio del poder, de la posición, de los títulos, de los nombres, todo lo cual destruye la seguridad física. Esto, cuando se lo considera, resulta un hecho evidente.
Para traer paz al mundo, por lo tanto, para detener todas las guerras, tiene que haber una revolución en el individuo, en vosotros y en mí. La revolución económica sin esta revolución interna carece de sentido, pues el hambre es el resultado del defectuoso ajuste de las condiciones económicas producido por nuestros estados psicológicos: codicia, envidia, mala voluntad y espíritu de posesión. Para poner fin al dolor, al hambre, a la guerra, es preciso que haya una revolución psicológica, y pocos de nosotros están dispuestos a enfrentar tal cosa. Discutiremos sobre la paz, proyectaremos leyes, crearemos nuevas ligas, las Naciones Unidas, y lo demás. Pero no lograremos la paz porque no queremos renunciar a nuestra posición, a nuestra autoridad, a nuestros dineros, a nuestras propiedades, a nuestra estúpida vida. Confiar en los demás es absolutamente vano; los demás no nos traerán la paz. Ningún dirigente, ni gobierno, ni ejército, ni patria, va a darnos la paz. Lo que traerá la paz es la transformación interna que conducir a la acción externa. La transformación interna no es aislamiento; no consiste en retirarse de la acción externa. Por el contrario, sólo puede haber acción verdadera cuando hay verdadero pensar; y no hay pensar verdadero cuando no hay el conocimiento propio. Si no os conocéis a vosotros mismos, no hay paz.
Para poner fin a la guerra externa, debéis empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros moverán la cabeza y dirán "estoy de acuerdo", y saldrán y harán exactamente lo mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento. Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis, entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo.

http://www.jiddu-krishnamurti.net/es/la-libertad-primera-y-ultima/la-libertad-primera-y-ultima-32

sábado, 23 de octubre de 2010

Entre la violencia y la seguridad



por Alberto Piris (*)

Son tantas las frases célebres atribuidas a Napoleón que es muy poco probable que éste hubiera tenido siquiera tiempo de llegar a pronunciarlas a lo largo de su vida. Algo parecido sucede con Winston Churchill, a quien se atribuye esta significativa expresión: “Nosotros podemos dormir tranquilamente en nuestras camas porque hay unos hombres brutales dispuestos durante la noche a ejercer violencia sobre los que podrían hacernos daño”.

El sentido de la frase no es puramente literal; no se trataba de justificar la actividad de los vigilantes nocturnos, a los que sería exagerado, en la mayoría de los casos, calificar de brutales. Ni siquiera se aplicaba a la existencia o a la actuación de los cuerpos policiales. Su alcance es mucho más amplio y abarca a todos aquellos que están investidos de la capacidad de utilizar la violencia para garantizar la seguridad de los demás.

La frase apunta a ese núcleo esencial de las relaciones humanas y sociales desde el que a lo largo de la Historia han ido surgiendo ejércitos, fuerzas de seguridad, policías, milicias, etc. Sin embargo, lo grave de esta reflexión no consiste en que algunos puedan “ejercer violencia” de forma legítima, legal y regulada por las leyes. Lo peligroso de ese pensamiento estriba en el adjetivo “brutales”, aplicado sin muchos escrúpulos a quienes están autorizados a actuar de ese modo. Es decir, la pretendida justificación de la brutalidad de unos pocos por la necesidad de garantizar la seguridad de los demás.

Así fue como, para garantizar la seguridad del pueblo alemán y evitar su contaminación por la nociva influencia de los judíos, el régimen de Hitler dio al mundo una de las mayores muestras de brutalidad que cabe concebir con la exterminación sistemática de los judíos. Está claro que Churchill no la aprobaba, pero su famosa frase permitiría justificar los excesos de los nazis, cuyos "hombres brutales" (los miembros de las SS y otros de análoga calaña) garantizaban que el pueblo alemán durmiera tranquilo.

Pero no deberíamos pensar sólo en los asesinos universalmente reconocidos, como Hitler, Stalin, Pol Pot o Suharto, por citar solo unos pocos. También ha habido “hombres brutales” que han aplicado -y siguen haciéndolo en bastantes casos- una violencia sin límite contra otros pueblos que sufren sus consecuencias, sean éstos vietnamitas, palestinos, chilenos o argentinos.

En todos esos caos se buscaba el mismo resultado: que las gentes “de orden” pudieran dormir tranquilas porque existían unas personas investidas de la capacidad de “ejercer violencia” contra los que pretendieran hacerles daño. Esto mismo, a escala internacional, está ocurriendo ahora en Afganistán y ha ocurrido antes en Irak. Para que los Estados del mundo desarrollado no volvieran a sufrir las consecuencias de los actos terroristas, la brutalidad se desencadenó en forma de guerra y ha venido recayendo indistintamente sobre las cabezas de culpables o de inocentes, porque en la guerra no se puede discriminar con precisión entre unos y otros.

En un reciente libro sobre el conflicto de Afganistán (War, de Sebastian Junger), un miembro de las fuerzas especiales británicas admitía que lo único que le había impedido en cierta ocasión matar a tres afganos desarmados con los que se encontró había sido el miedo a que los medios de comunicación llegaran a tener conocimiento del hecho. Ninguna alusión a problemas morales o éticos. Ninguna sensación de culpabilidad. En todo caso, la justificación escuchada con insistencia es la misma: “estamos en guerra y yo cumplo con mi misión”.

Ya está bien de debatir sobre tácticas y estrategias a aplicar sobre el terreno afgano, y de dar vueltas de modo incansable a la eterna cuestión de la retirada de las tropas de ocupación. Tanto los afganos que están sufriendo a diario sus efectos, como los demás ciudadanos del mundo que contemplamos lo que allí ocurre, veríamos con agrado un debate sobre la inmoralidad de esta guerra -que aunque ahora no se llame “guerra contra el terror”, como la bautizó Bush, sigue siendo su continuación- y sobre la necesidad de poner fin a las acciones de esos “hombres brutales” de los que hablaba Churchill que, para que podamos dormir tranquilos en nuestros lechos, se han habituado a desencadenar una violencia no solo aplicada a quienes “pueden hacernos daño” sino a todo lo que se les pone por delante. Esa es la dialéctica propia de la guerra, a menudo concentrada en una simple frase: “o mato o me matan”. ¿Se puede descansar tranquilo en el lecho sabiendo cómo actúan en muchas ocasiones esos "hombres brutales" que protegen nuestro sueño?

(*) Alberto Piris es General de Artillería en Reserva
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España.




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jueves, 29 de octubre de 2009

La carrera armamentista continúa



por Marco A. Gandásegui, h.

El Senado de EEUU aprobó en octubre de 2009 el presupuesto militar más elevado para un país en la historia humana: Un total de 626 mil millones de dólares. Esta suma no incluye otros 400 mil millones que EEUU está invirtiendo en sus guerras en Irak y Afganistán. La suma representa casi la mitad del presupuesto total de EEUU. Esta tendencia “suicida” no es novedosa. Muchos analistas señalan que es precisamente la economía de guerra norteamericana la que alimenta la demanda de una economía capitalista insaciable.
 
Dicen que sin guerra no hay crecimiento. Ahora el lema cambió: sin guerra no hay recuperación económica. Los ideólogos de Washington insisten en que el armamentismo, las guerras y la destrucción masiva son muy saludables para un paciente enfermo como el capitalismo norteamericano. (Cuando no había crisis decían que el armamentismo era la medicina necesaria para no enfermarse).
 
Gran Bretaña es el país que sigue en importancia en términos de gastos militares. Pareciera increíble pero es cierto: Gran Bretaña tiene un presupuesto bélico de 50 mil millones de dólares. Aproximadamente el 7 por ciento de EEUU. Sigue en tercer y cuarto lugares, Francia y Alemana, respectivamente, con presupuestos de 40 mil millones cada uno. En quinto lugar está Rusia (39 mil millones) y China en sexto lugar con 35 mil millones. Los cinco países que siguen a EEUU en importancia tienen combinados un presupuesto militar de 210 mil millones.
 
América latina no se queda atrás en los gastos militares (sin poder compararse con EEUU). En total sus gastos militares suman 34 mil millones de dólares. Casi alcanza a China pero apenas representa el 5.5 por ciento del presupuesto militar de EEUU. Chile, Colombia y Brasil se convirtieron en los países con más gastos militares de la región durante 2008. Chile lidera el gasto militar por habitante con 290 dólares “per cápita” en 2008, mientras Colombia gastó 115, Ecuador 89 y Brasil 80. En términos absolutos, medidos en miles de millones de dólares, el país que más gasta es Brasil, con el 45 por ciento del total latinoamericano, seguido por Colombia y Chile.
 
Según un estudio realizado por SIPRI (Suecia) y FLACSO (Chile), el país latinoamericano que más gasta es Brasil con casi 15 mil millones de dólares, seguido por Colombia con 5.5 mil millones de dólares. Chile casi llega a 5 mil millones de dólares y Venezuela alcanza los 2.2 mil millones en gastos militares. Argentina y Perú siguen con 1.7 y 1.1 mil millones. Estos seis países son responsables del 89 por ciento del presupuesto militar de América latina.
 
El presupuesto colombiano no se puede calcular con mucha certeza desde que EEUU decidió escalar el Plan Colombia con una intervención militar directa en este país. Los países de Sur América (el Consejo Suramericano de Defensa de la UNASUR) le han pedido a Bogotá que presente un informe con los detalles concernientes al incremento de los gastos militares. El gobierno colombiano se ha negado a cumplir con sus obligaciones echándole la culpa al secretismo de Washington.
 
EEUU es en la actualidad el proveedor más importante de equipo militar (que incluye entrenamiento de personal y otros “servicios”) a los países latinoamericanos. Además del Plan Colombia, recientemente el presidente de EEUU, Barack Obama, incrementó el presupuesto militar del Plan Mérida que incluye a México, Centroamérica y Panamá. También mantiene una relación militar privilegiada con Perú, Chile y Argentina. Desde fines del siglo XIX, EEUU ha sido el principal mercado de armas para la región, muchas veces promoviendo carreras armamentistas entre los países para venderles más y dominarlos.





Marco A. Gandásegui, hijo, Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA).
http://marcoagandasegui.blogspot.com

martes, 20 de octubre de 2009

Los héroes inútiles y las guerras hacia ningún lado


por Adolfo Pérez Esquivel

¿Cuantos soldados norteamericanos, británicos y de otros países murieron en las guerras contra Afganistán e Irak?,  ¿Cuántos más tendrán que morir antes de terminar las guerras?
 
Se cuentan los muertos de los países invasores, pero nada se dice de los muertos en los países invadidos y la resistencia de  afganos e iraquíes. Se silencian las miles de  muertes de mujeres y niños, las poblaciones devastadas por la destrucción y el saqueo de la OTAN del patrimonio de la humanidad, y de  los recursos de esos países.
 
Toda la destrucción y muerte se hace en nombre de la “libertad”, de la “democracia”, de liberar a esos países de la dictadura, cuando les conviene. La OTAN es  aliada de  EE.UU., como lo fue Sadam Hussein utilizado en la guerra contra Irán.
 
El Primer Ministro Británico, Gordon Brown, ha rendido honores póstumos a los 221 soldados muertos en la guerra contra Afganistán y se compromete a enviar más soldados. Estados Unidos rinde homenaje a sus soldados caídos en las guerras que sostiene en diversas partes del mundo. Las viudas y familiares de los soldados muertos recibirán una medalla, una pensión y el olvido de sus vidas que engrosarán las páginas de los  héroes inútiles de las guerras hacia ningún lado. Guerras que sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo industrial militar y los intereses hegemónicos del imperio.
 
Los costos en vidas y la destrucción de otros pueblos no cuentan en la agenda del “debe y haber” del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado, ni en los países de la OTAN, involucrados en el conflicto armado. La complicidad de los monopolios informativos es pavorosa e hipócrita.
 
En la mitología griega, Sísifo,  dios del Olimpo fue castigado por el Dios Supremo, Zeus, y tiene que cargar en sus hombros por toda la eternidad una gran piedra que debe colocar en la cima de la montaña. Una y otra vez  Sísifo hace el gran esfuerzo que nunca logra concretar de llegar a la cumbre, y la piedra cae y así en permanente devenir por toda la eternidad  vuelve a buscar la  piedra al pie de la montaña.
 
Albert Camus ha retomado el mito de Sísifo a quien llama “el héroe inútil”, en la incesante derrota de si mismo en su camino existencial. Es la situación del hombre moderno, de los gobernantes y del sistema dominante, que vuelven una y otra vez a repetir las mismas derrotas de la conciencia y los actos inútiles, como si fueran grandes logros de la imbecilidad humana.
 
En nombre de la libertad se impone el sometimiento contra otros pueblos, como ocurre en la franja de Gaza contra el pueblo palestino, testigo de los crímenes de guerra de Israel, condenados por  Naciones Unidas. Y también en Colombia, con la intervención de los grupos paramilitares,  EE.UU e Israel, se  cometen crímenes contra el pueblo. Las guerrillas y el narcotráfico generan la incertidumbre, la muerte y suman  héroes inútiles, a la inutilidad de la violencia social y estructural.
 
En nombre de la democracia, EE.UU invade, tortura  y realiza vuelos clandestinos en diversos países con secuestros y asesinatos contra quienes considera “terroristas”. Justifica el horror y los llamados “daños colaterales”: la muerte de miles de niños, mujeres y población civil.
 
Nada de esto figura en los medios de comunicación y los noticieros de la BBC y de la CNN,  ni en las estadísticas. Los muertos son considerados “no personas”. De eso “no se habla”.
 
Las muertes de los soldados de EE.UU, Gran Bretaña y los aliados de la OTAN,   nada tienen de gesta heroica, sino de rapiña, de destrucción y muerte. Los soldados no saben porqué van a la guerra,  simplemente van a matar o morir; les prometen la nacionalidad de  EE.UU y lo único que logran es la ciudadanía de la muerte en tierras extrañas. Los sobrevivientes y mutilados sólo tendrán  la mirada del horror y recordarán las muertes de otros jóvenes, como ellos,  héroes inútiles.
 
Vietnam vuelve a repetirse. Es hora que el pueblo de  EEUU despierte, que el presidente Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ponga la “barba en remojo”, pero como no tiene barba, debe poner “otras cosas en remojo” y sacudirse el yugo a que está sometido Si llegó al gobierno, que gobierne. Es urgente terminar con las guerras, es necesario que actúe en bien de la humanidad, que pida el apoyo de su pueblo y el mundo, para evitar mayor destrucción y muerte. Es su obligación.
 
No puede continuar enviando soldados a matar y destruir a otros pueblos;  no es justo, es inmoral y atenta contra toda la humanidad. Que no termine siendo otro Sísifo que cargue la piedra del horror, la destrucción y la derrota de  EEUU que suma guerras perdidas porque no tiene ideales. Las tropas no tienen mística ni causa justa que defender. Y una y otra vez  cargará la piedra, cada vez más pesada  que no podrá colocar  en la cumbre de la montaña, porque la derrota está en la mente y el corazón de  EEUU  transformado en Sísifo en su incesante devenir de la angustia existencial.
 
Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz 1980
 
http://alainet.org/active/33821

lunes, 28 de septiembre de 2009

Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar

por Noam Chomsky

¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar? Noam Chomsky disertó ayer por la tarde largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.
Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco. O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Washington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín. O bien, un dato puntual, asombroso: la preocupación manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual apertura democrática en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.
Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada. Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo comienza a liberarse por sí solo de este yugo, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación. Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.
Blanche Petrich, La Jornada, México D.F.


Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los principales arquitectos

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.
Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.
La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.
Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.
Una refinada versión actual de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.
Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.
Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.
Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.
Estados Unidos no es una democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.
Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.
En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.
Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.
La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen criminal. Su crimen era haber logrado desafiar políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.
Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.
Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.
Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.
Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.
Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.
Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.
Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.
La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.
Sofisticación tecnológica en el tercer mundo
La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.
Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.
Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una revolución normativa que confería a Estados Unidos el derecho a una intervención por razones humanitarias escogida por definición, por la más noble de las razones.
Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.
Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.
A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético que la organización se transformaría en un ente más político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.
Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.
Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles.
Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.
Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.
El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.
Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.
Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.
Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el control sustancial del mundo.
Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.
Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.
Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima económico y político que propicie la inversión privada, con la adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.
TLC, cura recomendada
En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas económicas.
En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.
Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.
La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.
Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como extranjeros ilegales– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.
Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los extranjeros ilegales. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.
El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.
En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.
En ese punto, el asesor definió la relación especial con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.
Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como socios y únicamente en privado continúa tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.
Tecnología de la destrucción
El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.
El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.
La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible. Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.
Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.
La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de jóvenes y populismo radical, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.
El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.
Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.
Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Washington.
También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.
Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.
Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.
Traducción para La Jornada: Ramón Vera Herrera

La Jornada, 22 septiembre 2009

miércoles, 12 de agosto de 2009

El gran rearme planetario


by Jules Dufour (*)
















Foto: http://kayleehardman.blogspot.com/


El proceso de rearme mundial sigue alegremente en 2009 mientras que los gastos militares continúan aumentando y llevándose una parte importante de los recursos que deberían servir para el desarrollo humano. Al mismo tiempo, la crisis financiera que afecta rigurosamente a todo el mundo impulsa a los gobiernos a dedicar sumas astronómicas de los presupuestos nacionales para salvar los activos de los más ricos. Estos dos fenómenos combinados ocasionan un proceso de empobrecimiento generalizado y contribuyen a la desintegración de sociedades enteras. Este artículo se propone describir brevemente las interrelaciones entre los dos procesos y presentar una alternativa justa para promover el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos para todos.


















Gastos militares en constante aumento

Según el SIPRI(1), los gastos militares mundiales han seguido un alza constante desde 1998 (cuadro 1). En 2007 sumaron un total de 1 billón 339.000 millones de dólares, de los cuales el 45% corresponden a EE.UU. con una inversión de 541.000 millones de dólares, es decir un 3,4% más que en 2006. Gran Bretaña ocupa la segunda posición con un gasto de 59.700 millones de dólares. Le sigue China con cerca de 58.300 millones y Francia con un gasto de 53.600 millones. (radio-canada.ca).

En 2008, es importante recordarlo, el gobierno Bush, para el año fiscal que va de octubre de 2008 a septiembre de 2009, asignó una cantidad de 3 billones 100.000(2) millones de dólares para defensa, comprendidos los gastos de las guerras de Afganistán e Iraq. El presupuesto nacional de defensa en Estados Unidos este año llegará a un total de 604.400 millones de dólares, lo que supone el mayor presupuesto dedicado a gastos militares desde el final de la Segunda Guerra Mundial. A título comparativo, el de Rusia es de 33.000 millones para el año fiscal de 2007, y el de China de 46.700 millones de dólares (humanite.fr).
Cuadro 1 Gastos militares mundiales, 1988-2007

Fuente: globalissues.org

Con las turbulencias y los cambios ocasionados por la crisis financiera mundial, es posible prever un aumento sustancial de los presupuestos que se van a dedicar este año y el año 2010 a la defensa y a la seguridad en el mundo, gastos que irán en detrimento del desarrollo humano. Lo que todavía está por perfilar es la modernización de los sistemas que aseguren la seguridad de las infraestructuras y de los dispositivos necesarios para el buen funcionamiento y la expansión de los complejos de la industria militar. Los programas militares se conciben cada vez más para aumentar la vigilancia sobre los ciudadanos y para abortar las insurrecciones o revueltas populares que hay peligro se multipliquen en los próximos años.

Gastos militares en EE.UU. y el resto del mundo en 2008

2. Los dólares de los planes de salvamento reciclados en el comercio mundial de armas.

Parece más que probable que las enormes sumas dedicadas a los planes de salvamento financiero de los grandes bancos, en su mayoría, se reciclarán a través del comercio mundial de armas, de la misma manera que lo hecho con los petrodólares durante las últimas décadas del siglo XX. Lo creemos porque se han tenido en cuenta los dos factores siguientes: el primero está relacionado con la elevada tasa de concentración espacial de los recursos financieros dedicados a los planes de salvamento en los principales países exportadores de armamento, y el segundo se basa en las reglas intrínsecas al funcionamiento del sistema capitalista.

Los principales países exportadores e importadores de armas

Según los datos del Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI), cinco países: Estados Unidos, Rusia, Alemania, Francia y Reino Unido, controlan el 64% del comercio de armas en el mundo. En 2007, es sabido que se llevaron a cabo transacciones de compras y ventas de equipamientos militares de todo tipo,del orden de 1 billón 130.000 millones de dólares. La participación de Estados Unidos en este comercio ha sido del 48%.

Según los datos del último informe del mismo organismo, hechos públicos la semana pasada, el comercio de armas ha experimentado un aumento del 22% entre 2002 y 2007. Los principales compradores son China, India, Oriente Próximo e Israel. En Latinoamérica, el principal comprador de armas ha sido Chile que ha adquirido bombarderos F-18 holandeses por importe de 260 millones de euros.

Los modi operandi favoritos de los bancos son la inversión en sectores fuertes de la economía, y los de la defensa siempre se han visto favorecidos en este sentido porque generan por sí mismos, al estar en constante expansión, inmensos beneficios tanto para los fabricantes cuanto para los abastecedores de los ejércitos nacionales y, por consiguiente, para los inversores y proveedores de fondos. Las diversas intervenciones de los Estados occidentales para salvar la economía capitalista se han materializado en los planes de salvamento, que según las últimas estimaciones, totalizan la cantidad de 8,5 billones de dólares. Esta enorme suma se ha detraído de los presupuestos nacionales, lo que amenaza el mantenimiento de programas sociales y debilita mucho lo establecido en los convenios colectivos de los trabajadores.

3. El marketing de las industrias de la muerte

Para fomentar el crecimiento o efervescencia continuados de los gastos militares con el fin de adquirir nuevos equipamientos y para asegurar el mantenimiento de las instalaciones y conservar el personal que precisan, es lógico que sea preciso promover el comercio internacional de armas.. Salones y Ferias, que presentan las armas más modernas en el mercado, se organizan por todo el mundo. La semana pasada, Turquía acogía en Estambul a “las grandes firmas de la industria de la defensa con motivo de la novena edición del salón internacional IDEF.”

Estas Ferias se celebran secretamente o a hurtadillas y las informaciones sobre los contratos de compra o de venta de materiales de guerra se mantienen ocultas. No se divulgan hasta que se convierten en palanca política durante las campañas electorales. Entonces es cuando se descubren poco a poco, al formar parte del programa político de los partidos que tienen posibilidad de llegar al poder.

Esta Feria, como otras docenas que tienen lugar anualmente en todos los continentes, permite a los fabricantes y exportadores de armas dar a conocer sus nuevos productos a los posibles compradores. Así, en Estambul, esta feria ha acogido durante los días 20 y 30 de abril a 462 expositores, provenientes de 45 países. Estuvieron presentes allí un total de 42 delegaciones oficiales. Se trataba, en efecto, de la feria comercial más importante de Turquía (spyworld-actu.com).

Los equipamientos para la guerra expuestos

Los sistemas y equipos expuestos estaban relacionados con dispositivos para la defensa terrestre, naval, aérea y aeroespacial; con el transporte y las actividades logísticas de apoyo y de equipamiento y de materiales para el aprovisionamiento de los ejércitos nacionales.

En la inauguración:

“El ministro de Defensa de Turquía ha recordado que antes, los suministros a las fuerzas armadas turcas se realizaban mediante compras directas o de producción común, mientras que a partir del año 2000, el objetivo de la industria de la defensa ha sido desarrollar un diseño personal en los campos prioritarios y desarrollar una estructura adaptada a la competencia internacional en la industria de defensa, orientándola a la asociación y la cooperación y, en caso de que las posibilidades de diseño no fueran posibles, y dadas las informaciones siguientes: Todos los sistemas diseñados en Turquía son sistemas operacionales y exportados a diversos países: sistemas de navegación nocturna, radio- tácticas, sistemas de radar de control de tiro, vehículos blindados, barcos patrulleros y de vigilancia marítima, sistemas de defensa aérea a baja altitud, simuladores de aviones y helicópteros, mapas electrónicos, diversos tipos de cohetes y armas... La mayoría de los proyectos son de Investigación y Desarrollo lanzados con TUBITAK(3) en 2005, además de otros proyectos de investigación y desarrollo financiados por los Fondos de apoyo a la industria de defensa y del ministerio de Defensa nacional”. (trtfrench.com).

Industrie Canada presenta el calendario de las Ferias para el período que va de marzo de 2009 a julio de 2010. (ic.gc.ca). Los 27 acontecimientos recogidos tendrán lugar principalmente en los grandes países exportadores de armas: Estados Unidos, Australia, Italia, Francia y el Reino Unido y en algunos países que se encuentran entre los mejores compradores o son potenciales intermediarios como Canadá, Chile, Dubai o Singapur. En Canadá las cuatro Ferias tendrán lugar en Vancuver, Halifax, Montreal y Ottawa. La capital del país acogerá CANSEC 2009 durante los próximos 27 y 28 de mayo (defenceandsecurity.ca). Se trata de la mayor exposición de material de defensa de Canadá. CANSEC 2009 expondrá sus productos de defensa y tecnologías avanzadas a las agencias gubernamentales y los departamentos interesados por la seguridad, la protección y los planes de emergencia.

CANSET va a ser la décima feria que tiene lugar en Ottawa, “lo que demuestra, según sus organizadores, el gran valor que se da al hecho de reunir a los agentes de la seguridad con los representantes de la industria. Al reconocer la importancia de la seguridad nacional y continental en la coyuntura actual, la exposición presentará las posibilidades industriales y los servicios propios ofrecidos para ayudar a que Canadá cumpla con sus obligaciones en materia de seguridad interior e internacional” (defenceandsecurity.ca)

Hay que destacar que la exposición está reservada exclusivamente a los funcionarios del gobierno, personal militar y de la seguridad canadiense y a los miembros de la Asociación canadiense de Industrias de Defensa y de Seguridad (CADSI, en sus siglas inglesas). No se permitirá excepción alguna.

4. De la misma manera que con los gastos militares podría darse otro destino a los planes de salvación

Las inversiones en educación, salud y en la conservación y recuperación del medioambiente serían mucho más rentables y más beneficiarias para todos. En efecto, según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), asumidas por el PNUE(4) en el GEO-4(5) “los costes y beneficios necesarios para alcanzar los objetivos del Milenio respecto al desarrollo del agua y de la sanidad, alcanzaban un importe total de unos 26.000 millones de dólares con una ratio costes-beneficios de 4 a 14. Diferentes circunstancias posibles, previstas por el Banco Mundial, aunque duplican los costes estimados por la OMS todavía mantienen una ratio de 3.2 a 1 y podría salvar, a partir de 2015-2020, la vida de más de mil millones de niños menores de cinco años”. (PNUE, 2007, p. 492). Según el PNUE, “la cantidad necesaria durante los 15 o 20 años próximos para alcanzar los objetivos del Milenio con el fin de desarrollar y garantizar la conservación del medioambiente (objetivo nº7) se sitúa probablemente entre 70.000 y 90.000 millones de dólares"(PNUE, 2007, p.492).

Algunas organizaciones que trabajan para la cooperación internacional han tratado de calcular la amplitud o el peso considerables de los recursos financieros dedicados a salvar de un naufragio inevitable la economía capitalista de los países ricos. Según Duncan Green, "la cantidad total dedicada a ello, con datos de enero de 2009, de acuerdo con las estimaciones de Oxfam, muestra que las sumas dedicadas o prometidas a los bancos y demás servicios financieros hasta entonces eran del orden de 8 billones 424.000 millones de dólares, es decir, 903.000 millones de fondos gubernamentales, 661.000 millones para la compra de activos tóxicos; 1 billón, 380.000 millones en préstamos y más de 5,48 billones para garantizar las deudas. Lo que equivale a 1.250 dólares por cada uno de los habitantes del planeta”. (whitebandaction.org).

Según el mismo autor, la suma de 173.000 millones de dólares sería el coste anual para acabar con la extrema pobreza en el mundo, es decir una cantidad que permitiría a 1.400 millones de personas, con ingresos inferiores a 1,25 dólares al día, salir de la pobreza. Y terminaba subrayando que los recursos asignados al salvar el sistema financiero mundial serían suficientes para acabar con la pobreza en el mundo durante los próximos 50 años.

Conclusión

El proceso de rearme mundial no parece, a nuestro juicio, hipotecado o al menos contenido por la crisis financiera. Muy al contrario, los planes para salvar unas economías, basadas en gran medida en la producción de armas, no pueden ser sino beneficioso como en el caso de Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea. El impacto del desastre financiero se prevé muy duro para las condiciones de vida de la población mundial. Hará más vulnerables a las poblaciones pobres o ya empobrecidas por el aumento del paro y por las dificultades de acceso a recursos vitales como el agua y la alimentación.

Con el gran rearme y la crisis financiera, el mundo ha entrado en una espiral de déficits y deuda pública gigantescos que ponen en peligro la protección de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. Más que nunca, el proceso de empobrecimiento de la mayoría parece desarrollarse a una ritmo acelerado porque las soluciones adoptadas por los gobiernos no sirven más que para acentuar la dinámica de esta espiral de la precariedad, de la esclavitud, de la enfermedad y de la muerte, y todo ello con el exclusivo fin de salvaguardar el patrimonio y aumentar el poder de los más ricos del planeta.

Traducción : http://www.iade.org.ar

Referencia

1. N.T.: International Peace Research Institute (Centro de Investigación sobre armamento y ejércitos), financiado por el gobierno sueco.

2. N.T. Sic en el original 3.100 milliards pero se contradice con datos posteriores.

3. N.T.: Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Turquía.

4. N.T.: Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente.

5. N.T. Cuarto informe sobre Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO - 4)

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(*) Jules Dufour, Doctor en Filosofía, es presidente de la Asociación Canadiense para las Naciones Unidas /Sección Saguenay-Lac-Sainte-Jean, profesor emérito de la Universidad de Québec en Chocoutimi, miembro de círculo universal de Embajadores de la Paz, Caballero de la Orden Nacional de Québec.

Fuente: Global Research