por Frei Betto (*)
Sin llamar la atención, Jesús volvió a la Tierra en diciembre del 2010. Vino en la persona de un buscador de material reciclable, que vivía en la calle. Comía de lo que preparaban vendedores ambulantes o sobras que le daban los restaurantes por la puerta de servicio.
Andaba siempre con una paloma posada en el hombro derecho. A la puerta de un teatro se extrañó del modo como le miraban las personas bien vestidas. Recordó que, en la Palestina del siglo 1º,su presencia suscitaba curiosidad en algunos y aversión en otros, como los fariseos y saduceos.
Ahora predominaba la indiferencia. En la gran ciudad se sentía un don nadie. Un ser invisible.
