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lunes, 9 de agosto de 2010

Mil cuatrocientos millones de chinos





por Isabel Hilton 

Isabel Hilton reseña el libro de Jonathan Watts: When a Billion Chinese Jump: How China Will Save Mankind – Or Destroy It [Cuando saltan mil millones de chinos: Cómo salvará China a la humanidad...o la destruirá], 496 págs., Faber, Londres, 2010. 


Siempre demuestra sabiduría tener cuidado con lo que se desea. Cuando China era pobre y comunista, su gobierno desdeñaba el consumo y escarnecía los males del capitalismo, mientras en Occidente sosteníamos que la felicidad reside en el placer de lo material. La buena noticia es que hoy China concuerda en lo material, abrazando un extraño capitalismo híbrido con características netamente chinas. Pero esas son también malas noticias, tal como explica Jonathan Watts de modo memorable en When a Billion Chinese Jump. 


El título procede de una pesadilla de la niñez: los chinos, pensaba en aquel entonces Watts, eran tan numerosos que si saltaban todos juntos podían llegar a sacar a la Tierra de su eje. Ahora que la mayoría de los 1.400 millones de personas de China prefiere vivir mejor hoy que confiar en la promesa de un paraíso socialista mañana, la conmoción registrada en la economía, la atmósfera, el suelo, el agua, los bosques y los recursos naturales del mundo parece encaminada a disparar este terror de infancia: las exigencias de mil millones de chinos dispuestos a convertirse en prósperos consumidores desde luego que podrían, con la actual trayectoria de China, sacar al mundo de su eje.  


Todas las revoluciones industriales han tenido su mugre y sus daños medioambientales, y entre las consecuencias acumuladas no previstas se cuentan los cambios en el clima del que depende la civilización humana. Pero mientras la industrialización se limitaba un puñado de países relativamente pequeños, las repercusiones medioambientales, clima aparte, eran relativamente locales. En China, sin embargo, la industrialización alimentada con carbón y el desarrollo insostenible han causado una metástasis en virtud de su escala y velocidad convirtiéndose en transformadores del juego global al que alude el título de Watts. Occidente inventó el modo de vida insostenible. China lo ha adoptado entusiasmada.  


Apenas si llevamos tres décadas de revolución industrial y de consumo en China. Hay todavía cientos de millones de chinos pobres que desean prosperar y consumir en un país que despilfarra tanta energía que sus emisiones medias de carbono per cápita casi igualan ya a las de Francia. Lo más preocupante de la revolución industrial china no es ni siquiera el daño atroz cuyo crónica relata Watts meticulosamente sino la capacidad de ir más allá que existe todavía en el sistema.     


El crecimiento de China recibió un impulso inicial gracias a la exportación de artículos baratos producidos por mujeres mal pagadas del campo que trabajaban en las fábricas del este de China. Más, más barato, más rápido no se condice fácilmente con más limpio o más sostenible, pero en los primeros veinte años a poca gente le importaba. Se ennegrecieron los ríos, se contaminó elcielo, se envenenó la tierra y sus frutos; se dispararon las tasas de cáncer y de otras enfermedades causadas por la polución (las tasas de mortalidad entre los agricultores chinos cuadruplican ya la media global de cáncer de hígado y duplican la media mundial de cáncer de estómago). Kentucky Fried Chicken se ha convertido en la cadena de restaurantes más grande de China y uno de cada siete adultos de China está hoy obeso.   
Fueron pocos los que hicieran recuento de las primeras décadas mareantes, pero en los últimos diez años, han empezado a llegar las facturas: entre ellas se encuentran la aguda y crónica escasez de agua, las floraciones de algas tóxicas, la desertificación, la lluvia ácida, las praderas moribundas y la gente airada. Las nuevas clases medias de las prósperas ciudades del este de China quieren ahora que se cierren o se limpien las fábricas mugrientas, pero las provincias del interior más atrasadas en la cola de la prosperidad están dispuestas a recibirlas. En 2007, el Banco Mundial estimó de manera conservadora el coste de la contaminación  china en un 5,8% del PIB (otros lo han elevado a una cifra entre el 8 y el 12%). Si restamos estas sumas del crecimiento nominal de China, el presente aparece substancialmente menos impresionante y el futuro aun más preocupante. La deforestación ilegal en China continúa pese a su tardía prohibición; la polución que transportan los ríos envenena el mar, del golfo Bohai al Pacífico; las partículas se las lleva el viento a otros países y la aportación de China a la gran nube parda contribuye a crear una manta de "smog" gigantesca incluso por encima de otras zonas, por demás sin contaminar, de Asia.  


Se hacen esfuerzos en Beiying por seguir un rumbo menos destructivo. El desarrollo sostenible es el mantra actual de la política gubernamental y China se ha comprometido a lograr una economía baja en carbono, entre otras razones a fin de dominar las tecnologías del futuro. Pero, como descubre Watts, cumplir esta hazaña sin precedentes en esta fase de desarrollo requiere algo más que una legislación vacilante y un mandato desde lo más alto. Precisa de un profundo cambio cultural  que nos aparte de la arraigada idea de que de que la naturaleza existe para ser explotada y esquilmada y que se puede arreglar cualquier problema ambiental con ingeniería. El periplo de Watts nos conduce a las reservas naturales en la que se sirven los animales en banquetes oficiales, a la trágica provincia de Henán, antaño considerada ejemplo de desarrollo maoísta, y hoy golpeada por la pobreza, el agotamiento del suelo, la corrupción  y una epidemia de sida que puede remontarse a un programa oficial de venta de sangre. Y luego está Linfen, ciudad carbonífera de la provincia de Shanxi, de la que se dice que es la ciudad más contaminada del mundo, en la que los defectos de nacimiento multiplican por seis la media nacional que, a su vez, es de tres a cinco veces mayor que la cifra global; en la que la tasa de mortalidad de los mineros por tonelada de carbón es 30 veces la de los Estados Unidos y casi un millón de hogares está afectado por hundimientos; donde el coste del daño a la salud humana y el medio ambiente en la provincia en el año 2005 se estimó en 2.900 millones de libras esterlinas.   


El río Amarillo, lugar de nacimiento de la civilización china está prácticamente destrozado. El gobierno alentó a la gente a desplazarse al oeste, del superpoblado centro del país a las tierras áridas y montañosas de los uigures y tibetanos, lugares que pueden soportar poblaciones escasas, pero en los que los sistemas se desmoronan rápidamente bajo el peso de las cifras. Los días del último paraíso que quedaba, la provincia de Yunán, de asombrosa diversidad, a juzgar por lo que cuenta Watts, están contados.  


Si se trata de una lóbrega historia, se debe a que las perspectivas son lóbregas. Watts trata de equilibrar este viaje a través de la distopía con signos de esperanza, pero tenemos la sensación de que querría estar más convencido de lo que permiten las pruebas. Este libro no es simplemente una incriminación del camino desarrollista de China: es una lección para todos nosotros sobre los peligros de nuestro modo de vida. ¿Aprenderemos la lección y la apuesta de China por la sostenibilidad demostrará ser algo más que un ejercicio de reposicionamiento? Cualquier lector de When a Billion Chinese Jump debe tener la esperanza de que éste sea el caso.  


Isabel Hilton (1949), excepcional periodista escocesa residente en Londres, se graduó en chino por la Universidad de Edimburgo. Fue presentadora de radio de programas de la BBC como The World Tonight y Nightwaves y en prensa escrita trabajó para el Daily Express y como redactora jefe de la sección de Latinoamérica del dominical The Sunday Times, primero, y luego del diario The Independent. Desde 1997 es columnista de The Guardian. Su último libro, The Search for the Panchen Lama, ha sido publicado por Penguin.


Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

lunes, 26 de julio de 2010

¿Es inevitable sufrir la dictadura de los mercados?



por Juan Torres López (*)


En los últimos tiempos se está haciendo cada vez más evidente que los poderes financieros imponen su voluntad sobre la de los representativos, impidiendo que éstos lleven a cabo lo que le habían ofrecido a los ciudadanos en sus programas electorales.


Comenté en esta página hace unas semanas que alguien tan moderado y poco dado a los excesos verbales como el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, había dicho que se estaba produciendo "terrorismo financiero". Y hace unos días el prestigioso periodista Iñaki Gabilondo reconocía ante su audiencia que estamos viviendo en una dictadura de los mercados.


Es normal y acertado que se digan este tipo de cosas porque a medida que ha ido desarrollándose la crisis se ha comprobado sin dificultad que ni los gobiernos socialdemócratas como el español ni los más conservadores como el francés o el alemán o ni siquiera el presidente de Estados Unidos que se considera el más poderoso del mundo pueden aplicar las medidas que inicialmente proponen. 
Los Bancos y los grandes financieros han conseguido salir a flote del desastre económico que han provocado frenando cualquier tipo de reformas por mínimas que haya sido. Basta comprobar las sucesivas declaraciones finales de las cumbres del G-20 para comprobar que no se ha llevado a cabo ni una sola de sus propias propuestas o promesas.


Los Bancos no sólo han impedido que se le pidan responsabilidades por su conducta irresponsable (y delictiva en algunos casos) que dio lugar a la crisis, salvo en algunos casos singulares y en forma de multas que no impiden que hayan vuelto a tener increíbles beneficios. Han frenado la reforma de los mercados financieros que siguen funcionando bajo normas orientadas simplemente a permitir que las actividades especulativas de los financieros proporcionen ganancias más fácilmente; han impedido que se establezca cualquier nuevo tipo de control para evitar la acumulación ingente de riesgo que sus actividades conllevan. Por supuesto, no están dispuestos a consentir que se establezcan impuestos o tasas sobre las transacciones especulativas o ni siquiera sobre sus extraordinarios beneficios. Han evitado igualmente que desaparezcan los paraísos fiscales o que se evite de una vez que los bancos sean quienes laven en sus oficinas el dinero de traficantes, proxenetas, terroristas y criminales de todo tipo. Y todo eso, a pesar de que después de haber recibido incalculables sumas de dinero en ayudas de todo tipo siguen sin proporcionar a empresarios y consumidores el crédito que necesitan para reactivar la economía.


Pero si todo ello es nefasto y está llevando a las economía a nuevas situaciones de peligro e inestabilidad, o a una larga depresión cuando imponen las políticas de austeridad actuales con la excusa de financiar la deuda que ellos han provocado, lo peor quizá sea que hayan logrado que la ciudadanía crea que todo esto es inevitable y que no se puede hacer nada para evitar la dictadura de los mercados, de modo que estamos llegando a la perfecta extorsión y a la completa rendición de los gobiernos ante los poderes financieros.


¿Qué diríamos si los líderes del mundo permanecieran callados ante ataques terroristas? ¿Aceptaríamos sin más que Rodríguez Zapatero nos dijera que no se puede hacer nada ante el terrorismo de ETA? ¿Nos parecería normal que los presidentes de los gobiernos se sentaran con los terroristas para llevar a cabo las medidas políticas que éstos les propusieran?
¿Por qué entonces se reconoce que hay terrorismo financiero o dictadura de los mercados y, sin embargo, se permanece en silencio y no se apela a la fuerza de la democracia, al poder de la ciudadanía para hacerle frente? ¿Por qué aceptan sin más las preferencias de los banqueros y no las de los ciudadanos?


Se está llamando valientes a los gobiernos que están adoptando las medidas antisociales de los últimos tiempos, a los que callan ante la extorsión de los poderes financieros, a los que en lugar de pedir responsabilidades y colaboración a los bancos causantes de la crisis cargan sus costes sobre las espaldas de los trabajadores. Es el mundo al revés, porque no puede haber una expresión más clara de cobardía.


Podemos aceptar que entre los gobiernos que las están tomando o entre los parlamentarios que las apoyan haya algunos que las compartan, que de verdad crean que son las que mejor convienen a las economías y a las personas. ¿Pero cómo vamos a creer que todos los parlamentarios españoles del partido socialista se hayan caído de pronto del caballo para llegar a pensar que ahora es mejor lo contrario de lo que proponían tan solo días o semanas antes? Basta hablar con muchos de ellos para comprobar que no comparten lo que están proponiendo los líderes mundiales o el propio gobierno al que, sin embargo, apoyan apenas sin rechistar.


¿Cómo pueden hacernos creer quienes han construido el Estado de Bienestar en España que ahora están de acuerdo con su desmantelamiento? ¿Cómo pueden convencernos los depositarios de la herencia de Largo Caballero de que de un día para otro y sin que haya de por medio debate alguno han pasado a convencerse de que lo mejor es convertir las cajas de ahorros en bancos o abrir la posibilidad de su progresiva privatización? La carencia de debate, la evidente imposición que acompaña a las medidas que se están tomando, la improvisación con que se cambia de discurso para justificar las estrategias que sabemos que los poderosos venían proponiendo desde hace tiempo pero que antes no se habían asumido porque quienes ahora las llevan a cabo, el indisimulable protagonismo de "los mercados" como fuentes de todas ellas ... me llevan a pensar que detrás del asentimiento generalizado, al menos de los dirigentes y parlamentarios que siguen suscribiendo sinceramente el ideario socialista o socialdemócrata, no es el resultado del convencimiento sino simplemente de la sumisión.


Muchos economistas científicos de gran prestigio e incluso de diversa trayectoria y posición intelectual, como Stiglitz, Galbraith o Krugman vienen señalando que las políticas de austeridad que ahora se imponen son una simple concesión a los poderes financieros que nos llevan al desastre porque van a impedir la recuperación económica. La realidad nos muestra que el actual régimen bancario basado en la iniciativa de los grandes bancos privados sigue sin garantizar la financiación de la economía que es lo primero que habría que resolver para recobrar la actividad. La persistencia de normas que permiten la ingeniería financiera prácticamente sin límite, la existencia de paraísos fiscales y la plena libertad de movimientos de capital sigue acumulando un riesgo ingente que antes o después va a provocar nuevas perturbaciones y crisis. La dejación de los Bancos Centrales con tal de que los bancos privados y los especuladores se aprovechen ahora de la deuda pública para ganar cómodamente mucho más dinero está generando un lastre que impedirá durante años relanzar el crecimiento del empleo y la actividad económica. Y los recortes sociales que los poderes financieros y las grandes patronales están imponiendo aprovechando la confusión y la posición de ventaja que han recobrado solo van a producir un incremento del peso de las rentas del capital. Y el incremento de la desigualdad que así se produce solo va a conseguir que se fomente la actividad especulativa al mismo tiempo que la escasez, el desempleo, la pobreza y la exclusión social.


Pero lo importante es saber que nada de esto es inevitable. Se puede hacer que la economía funcione mejor fortaleciendo la generación de rentas en lugar de frenándola, es decir, con políticas expansivas en lugar de las de austeridad salarial que se empeñan en imponer; disponiendo de Banca pública que garantice que las empresas y los consumidores dispongan de financiación; estableciendo normas, impuestos o tasas que desincentiven la ganancia financiera y frenen las transacciones especulativas; controlando los movimientos de capital que no estén ligados a operaciones productivas. Se pueden obtener recursos públicos recurriendo a fuentes más equitativas y eficientes y sabemos que allí donde el Estado de Bienestar está más fuerte, donde hay más igualdad y derechos sociales y donde se genera más capital social hay mejores resultados económicos, más progreso y mejor y más sostenible actividad económica. Mientras que es una evidencia clamorosa que las políticas de privatización, de desregulación y de austeridad de los últimos decenios y que ahora nos imponen aún en mayores dosis han generado menos crecimiento económico, menos empleo, más desigualdad y pobreza, menos derechos sociales, mayor número de crisis y más peligrosas, más destrucción ambiental y solo, eso sí, mucho más beneficio para los financieros y las grandes empresas.


Para seguir aplicándolas no hay otra razón que someterse a la voluntad de los poderosos a quienes les convienen. Ni se puede decir que lo que se está haciendo sea lo mejor ni lo más conveniente para todos, ni lo que va a permitir que las economías salgan antes de la crisis.



Así pues, ni es inevitable someterse a los dictados de los mercados ni se van a resolver los problemas sometiéndose a ellos. Por el contrario, es seguro que al hacerlo se agravarán en el futuro. Sólo falta decisión y valentía.

(*) Juan Torres López es catedrático de economía aplicada en la Universidad de Sevilla.

Sistema digital, 20 julio 2010


CRECIMIENTO CERO Y CAPITAL







por Alejandro Nadal (*) 


La destrucción del medio ambiente y el crecimiento parece que van de la mano. Por esa razón hoy existe un movimiento importante que propone un crecimiento cero o hasta un de-crecimiento en las economías del planeta como una forma de frenar el deterioro del medio ambiente.


El decrecimiento es definido como una reducción en términos físicos en la producción y consumo a través de una contracción en la escala de actividad y no sólo por incrementos en la eficiencia. En un trabajo reciente Kallis-Schneider-Martínez Alier (www.esee2009.si) explican que el decrecimiento puede ser visto como una reducción voluntaria, equitativa y gradual en la producción y consumo de tal modo que se garantice el bienestar humano y la sustentabilidad ambiental a nivel local y global, tanto en el corto como en el largo plazo.


Para alcanzar el decrecimiento se han propuesto muchas medidas relacionadas con tecnología, trabajo, educación y crédito. Algunas de estas medidas están relacionadas con políticas macroeconómicas. Por ejemplo, se propone una reforma monetaria en la que desaparece la moneda fiduciaria, considerando que así se corta de tajo la propensión al crecimiento desenfrenado. La moneda fiduciaria no está respaldada por reservas de oro o algún otro metal, o valores y divisas, de tal modo que su valor intrínseco es nulo. Su función de medio de pago es posible porque ha sido designada oficialmente como el instrumento monetario por excelencia. La confianza derivada de esta declaratoria permite que un simple pedazo de papel pueda desempeñarse como instrumento monetario. Parece que los seguidores del decrecimiento siempre han visto un enemigo en este mecanismo porque les parece que permite el crecimiento sin fin por carecer de referencia tangible. Esta es una visión equivocada: la prueba es que aún cuando la moneda no era fiduciaria había crecimiento.


El crecimiento tampoco encuentra sus orígenes en una patología cultural, una manía, un fetiche o una moda loca. El crecimiento es la consecuencia directa de la operación de las economías capitalistas. Y esta afirmación se aplica al capitalismo tal y como existía en Génova en el siglo XVI, o al mundo de las mega-corporaciones que imponen sus reglas en los mercados globales. También vale para describir lo que pasa en el capitalismo industrial o en el financiero.


En pocas palabras, el crecimiento está generado por factores endógenos del capitalismo porque el objetivo del capital es producir ganancias sin un fin determinado. Ese es el sentido de la particular forma de circulación monetaria que define al capital. Por la ley de la mercancía su propósito no es producir cosas más o menos útiles (o decididamente inútiles), sino producir ganancias y reproducirse a sí mismo. Por eso el capital es un motor de acumulación interminable, independientemente de si existe o no una moneda fiduciaria, o de si hay tal o cual mentalidad. La competencia intercapitalista es la manifestación de esta característica del capital.


En los Grundrisse, Marx señala que “conceptualmente, la competencia no es otra cosa que la naturaleza interna del capital, su carácter esencial, que surge y se realiza en la interacción de muchos capitales, una tendencia interna que se presenta como necesidad externa. El capital existe y sólo puede existir como muchos capitales y su determinación aparece como la interacción recíproca de unos con otros. Por las fuerzas de la competencia, el capital está siendo continuamente acosado ‘¡marcha, marcha!”


Cada componente de estos capitales es un centro privado de acumulación y sabe que de no actuar como tal, la competencia lo aniquilará. Por eso el capital siempre está estrenando espacios de rentabilidad: nuevos productos, procesos y mercados. Cada intersticio y cada oquedad es un territorio en espera de ser conquistado para la rentabilidad del capital. Para sus ojos inquietos, todo es un espacio de rentabilidad, desde los alimentos y el agua, los recursos genéticos, los yacimientos de petróleo o las píldoras tranquilizantes para olvidar el estrés cotidiano.


¿Podríamos tener un sistema tecnológico tan eficiente que redujera la huella ecológica aún con crecimiento? Eso está por verse, pero por el momento las ganancias de eficiencia han sido contrarrestadas por el efecto escala y por el efecto boomerang (al incrementar la eficiencia, los costos unitarios disminuyen, los precios bajan y aumenta el consumo).


Debe quedar claro que el crecimiento capitalista es una especie de enfermedad que todo destruye, comenzando con el ser humano. El corolario de todo esto es que la única forma de abandonar la manía del crecimiento es deshaciéndonos del capital. Por supuesto, esto abre otra discusión interesante. Mientras tanto, la teoría macroeconómica lo único que ha podido hacer es darse cuenta de las consecuencias terribles del estancamiento en las economías capitalistas: desempleo, inventarios no vendidos, crisis. ¿Capitalismo sin crecimiento? No va a ser fácil.

(*) Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO


La Jornada, 21 julio 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

Economía de la usura


por Albert Recio
 
I

Habitualmente entendemos la usura como la fijación de un tipo de interés excesivo cuando se presta dinero. Una especie de precio monopolístico. Pero si nos limitamos a esta percepción, perdemos de vista algunos de los rasgos más importantes de la cuestión. Muchos de los préstamos usurarios son en verdad impagables. Por ejemplo, esto es lo que ha ocurrido en muchas sociedades agrarias donde agricultores pobres toman préstamos de usureros locales. Basta cualquier incidente imprevisto para que el préstamo no pueda retornarse. Ahí es donde se pone en marcha el verdadero mecanismo de la usura, el que convierte un crédito temporal en una obligación vitalicia del prestatario respecto al prestamista. En la antigüedad clásica este camino podía llegar a la esclavitud. En la sociedad feudal y en otras muchas sociedades precapitalistas este ha sido uno de los mecanismos básicos en el sometimiento de los pobres a los intereses privados de una minoría. Alguien sujeto a un préstamo irretornable deberá pasar toda su vida transfiriendo una parte de su renta al prestamista y/o obligándose a otro tipo de prestación (trabajo gratuito, sometimiento político, dependencia personal...). Tan importante es el nivel del tipo de interés como la incapacidad de liberar el crédito en un plazo razonable. La usura se sostiene asimismo en un régimen institucional en el que el prestamista tiene más poder para imponer sus intereses e impedir que la deuda se salde por la vía del impago. 

El neoliberalismo ha generado un nuevo modelo de usura a una escala inimaginable. Hace muchos años que lo saben los habitantes de muchos países en desarrollo que han experimentado en sus carnes la crisis de la deuda. Una crisis que casi siempre ha tenido su origen en la llegada masiva de flujos financieros al país, flujos con los que se ha financiado gastos públicos inadecuados (especialmente armamento) e inversiones privadas insensatas o meramente especulativas. Después ha tenido lugar algún suceso catastrófico (derrumbe del precio de los productos de exportación, crisis política, etc.) que han generado una crisis de pagos. Y al final, ésta se ha saldado con la imposición de un plan de ajuste, casi siempre con un paquete de ingredientes parecidos: conversión de la deuda privada en obligación pública, recortes drásticos del gasto público y de los salarios, medidas de liberalización exterior, etc.. Es una historia harto conocida. Durante bastante tiempo se atribuían todos los males a la corrupción y mala gestión de las élites de estos países, una coartada moral que permitía a las élites bienpensantes de los países ricos desentenderse del sufrimiento y la injusticia ajena. 

II

Culpar de sus males a los países pobres impedía reconocer los mecanismos que, también en los países ricos, estaban conduciendo a la generación de una situación de usura global. A mi entender, en este proceso se han combinado diferentes factores que han generado una estructura económica peculiar. En primer lugar, cambios importantes en la distribución de la renta nacidos esencialmente de las mutaciones de la organización empresarial y de transformaciones en el mercado laboral. La fragmentación de las grandes estructuras empresariales del pasado mediante los mecanismos estudiados de deslocalizaciones, externalizaciones, subcontratación, etc., así como el debilitamiento de las organizaciones sindicales (no sólo en términos de afiliación, también en su capacidad de promover alternativas) ha jugado en ello un papel esencial. También los cambios en la organización de muchos mercados laborales específicos en los que la pérdida de mecanismos de seguridad ha estado asociada al reforzamiento de incentivos para unos pocos. Las desigualdades han crecido sustancialmente entre capital y trabajo y entre una élite de empleados de "éxito" y el conjunto de la masa laboral. En segundo lugar, la crisis fiscal del estado, especialmente ligada a la generalización de políticas orientadas a contener o reducir el peso de los impuestos y el sector público. Una situación que se ha producido en casi todos los países desarrollados con independencia de sus niveles de impuestos (la misma tendencia anti-impuestos ha tenido lugar en países como Suecia, España o Estados  Unidos, con pesos muy inferiores de la fiscalidad). Esta presión constituye un freno a la expansión del sector público, pero puede convertirse fácilmente en endeudamiento cuando las mismas demandas sociales exigen mayor gasto público, o cuando los gobiernos se embarcan en aventuras de elevado coste (como es el caso del sostenimiento de una guerra imperial en Oriente). En tercer lugar, los desequilibrios entre naciones como resultado de la globalización del comercio internacional han generado nuevas tendencias al endeudamiento perpetuo de aquellas economías caracterizadas por déficits persistentes en la balanza de pagos. Y, dominando todo ello, la desregulación e hiperdesarrollo de un sistema financiero que ha sido el gran promotor y el gran beneficiado de esta economía del endeudamiento global. En parte ha permitido el funcionamiento de una economía donde proliferaban las personas, empresas y estados endeudados. En parte han actuados como promotores del endeudamiento con ofertas de todo tipo de créditos (hipotecas, tarjetas de crédito, préstamos colectivos…). En la burbuja inmobiliaria, ésta es una de las cuestiones que más ha favorecido este nivel de endeudamiento, su papel de pirómanos parece fuera de dudas: no sólo han sido generosos en la concesión de hipotecas a los compradores privados de vivienda sino que la suculenta financiación a los promotores está en la base del desaforado precio del suelo que alimentaba todo el proceso. 

Sin duda, la bóveda de esta estructura se encuentra en el entramado de organismos internacionales y normas reguladoras que han acompañado todo el proceso. Un elemento crucial, puesto en evidencia en las primeras crisis de la deuda de los 80 era la introducción de un régimen que impedía saldar las deudas con pérdidas para los prestamistas. La conversión masiva de deuda privada en deuda pública que tuvo lugar en Latinoamérica, diseñada para evitar la quiebra de la banca prestamista, dejaba claro que, al igual que en la usura medieval, el poder estaba en manos del prestamista. Y, en consecuencia, que la crisis de la deuda tiende a perpetuar la dependencia. 

III 

Lo novedoso de la crisis actual es que su estallido ya no se ha producido en un país remoto, presumiblemente controlado por un Gobierno y unas élites corruptas, sino que ha tenido lugar en el centro mismo de las economías capitalistas. Y, aún con plazos y fórmulas específicas, la pauta de respuesta parece seguir la lógica de una economía usuraria. En la primera fase se ha tratado de evitar que la crisis de la deuda (esto y no otra cosa es la crisis de las "subprime" y de las empresas inmobiliarias incapaces de "colocar" en el mercado promociones a precios desorbitados) se ha tratado de salvar a los prestamistas mediante ayudas públicas directas y la asunción por el Estado de los "paquetes" de créditos fallidos. Y también con una política de gasto público orientada a mantener algo de la demanda evaporada con la crisis financiera. 

Con ello se ha salvado del desastre al sector financiero y se ha reducido parte del desempleo potencial que se podía crear. A cambio se ha producido un elevado déficit fiscal en muchos países. Un déficit que genera una nueva fase de endeudamiento en la que los grupos financieros que lo han provocado (y los grupos sociales enriquecidos que representan) vuelven a estar en la posición fuerte de los prestamistas con los que la colectividad está entrampada. 

Estamos entrando en la segunda fase de la crisis. Si en la primera el principal coste social ha sido el desempleo masivo, en la actual a este factor se le sumarán los intentos de recortes del gasto público justificados por el elevado endeudamiento de muchos estados. No deja de ser sorprendente que las mismas entidades de evaluación de riesgos (Standard & Poors, Fitch, Moodys) que tan laxas fueron en la evaluación de los riesgos del sector financiero, se están erigiendo en los más acerados críticos de la deuda pública. Y están consiguiendo que los Gobiernos reaccionen con propuestas de políticas de austeridad que pueden significar tanto nuevos aumentos del desempleo como graves deterioros de servicios sociales básicos. Un proceso que ya está afectando a los planes más drásticos de ajuste como el de Letonia o el que se está elaborando en Grecia, pero que pronto llegará a otras poblaciones atrapadas en el drama de la crisis fiscal y la economía de la usura. España tiene bastantes puntos acumulados para figurar en la próxima tanda de países sujetos a planes de ajuste. Si alguien dudaba de la persistencia del modelo de usura global, solo hay que prestar atención al caso islandés, donde la población va a ser sometida a indemnizaciones a los especuladores anglo-holandeses que creyeron las promesas de alta rentabilidad ofrecidas por Landsbanki. La quiebra de este banco se ha convertido en una deuda obligatoria para toda la ciudadanía de su país de origen. Y esto que se decía que en la época de la globalización el capital no tenía patria.

IV  

Están en el aire las posibles reformas del sistema financiero que cada dos por tres prometen algunos líderes mundiales. Curiosamente Rodríguez Zapatero, el paladín de la socialdemocracia europea, es de los menos activos en este terreno. Quizás porque sabe del enorme poder que tiene la banca española y la capacidad de mecanismos en los que influye. Aunque la crisis ha dejado "tocada" la imagen del sistema financiero mundial, gran parte de su poder político, económico y cultural sigue intacto y puede esperarse que desarrollen una resistencia feroz a los intentos serios de minar su poder. El endeudamiento público y el desempleo van a ser argumentos que van a utilizar como defensa frente a un sector público presentado como derrochador, incapaz o ineficiente.

El deterioro de lo público ha sido una de las grandes victorias del neoliberalismo. Que ha contado entre sus aliados a gran parte de las élites políticas e intelectuales. Casi nadie ha sido capaz, o siquiera lo ha intentado, de hacer una defensa razonada y una batalla cultural en defensa de lo público. Ni siquiera en la actual crisis mundial, donde se ha puesto de manifiesto el fallo sistémico del mercado, y especialmente del mercado financiero. Y donde lo único que ha evitado el desastre ha sido, con todas sus imprecisiones e incongruencias, la intervención pública.   

Nadie ha discutido la economía de la usura en la que estamos inmersos. Puesto que para ello hace falta replantear muchos aspectos del modelo dominante. Y nadie, incluso en el mundo del espacio alternativo que trata de defender, organizar y mejorar la condición de la mayoría de la población, ha sido capaz de articular una respuesta en defensa de la público audaz y efectiva. Pronto conoceremos los efectos de la economía de la usura cuando empiecen los recortes en serio de gastos públicos básicos. De momento ya ha empezado el goteo. Basta preguntar a cualquier gestor de entidades sociales para tener noticia de recortes de subvenciones, pagos que no llegan, servicios que se deterioran. Pero ni en los sindicatos, ni en las ONGs., ni en los partidos de izquierda nadie parece dispuesto a lanzar un movimiento social que para la gangrena. Que como menos sirva para enfrentar la predominante economía de la usura con la necesidad de una economía al servicio de la colectividad, donde lo público debe jugar necesariamente un papel destacado. 

(*) Albert Recio es profesor de Economía Aplicada en la Universitat Autònoma de Barcelona
 

fuente: mientrastanto, febrero 2010

domingo, 7 de febrero de 2010

Los Diez Mandamientos de la Ley del Dios Mercado



La religión del mercado se basa en leyes, explícitas o tácitas, cuya obediencia es impuesta a todos:

Primera Ley: El máximo beneficio económico (capital, objetos materiales, servicios, riqueza material) es el paraiso en la Tierra.

Segunda Ley: La economía de mercado es el orden natural del mundo, la verdad objetiva, la palabra de dios.

La economía de mercado es presentada como la única realidad posible, la expresión de una voluntad sobrehumana emanada de una autoridad incuestionable. Es decir, la economía de mercado es una nueva forma de monoteismo. Toda intervención humana es considerada contraproducente, inútil, una amenaza para el orden natural de las cosas y por lo tanto para el bienestar de la humanidad, ya que el dios mercado nunca se equivoca. Es omnisciente.

Por lo tanto, la economía de mercado es siempre justa y correcta y sus dictados son mandamientos que están por encima de cualquier otra  moral o valor.

Tercera Ley: La vida humana es tiempo de trabajo, capacidad productiva. 
Eres según lo que produces y según la cantidad de lo que produces.  El trabajo es valorado según la oferta y la demanda y es considerado como un coste en los intercambios económicos. No trabajas para vivir, vives para trabajar.

Cuarta Ley: La naturaleza no es más que una reserva de recursos necesarios para el proceso de producción o una masa de tierra con la que especular. 
La naturaleza no es más que un conjunto de objetos inertes cuya unica utilidad es ser explotados hasta la extinción.

Quinta Ley: El patrimonio social, cultural y espiritual es capital fungible que puede ser comprado o vendido.

Sexta Ley: El valor de las cosas sólo está representado por el precio.

Séptima Ley: El individuo, considerado sobre todo como productor-consumidor, es el objeto principal de la economía de mercado. 
El individuo tiene la libertad y el deber de consumir todo lo que produzca la Economía de Mercado.

Octava Ley: Debes tener fe en el Progreso, entendido como crecimiento económico (material) ilimitado. 
En el futuro se producirán más y mejores bienes materiales y podrás consumir más y acumular más beneficios.

Novena Ley: El deseo de consumir más y de acumular cada vez más bienes te permitirá alcanzar el paraiso terrenal (la máxima felicidad).

Décima Ley: Sólo vence el más fuerte. 
Para consumir hay que acumular. La competitividad es la regla de oro. Principios éticos tales como compasión, altruismo, solidaridad, generosidad deben ser considerados supersticiones del pasado.








ZEN EN LA PLAZA DEL MERCADO
Dokushô Villalba
Aguilar, Madrid, 2008

jueves, 21 de mayo de 2009

PISOCOLOGIA ECONÓMICA

La economía, como patrón del sistema neoliberal occidental, rige de manera directa e indirecta nuestras vidas y conductas. El consumo se ha convertido en un estilo de vida y nuestra percepción de la felicidad depende en gran medida de la obtención de nuestros objetos de deseo. Ante este panorama la psicología económica, una disciplina en auge, se convierte en clave para comprender nuestros comportamientos y definir nuestro grado de satisfacción en esta sociedad. El curso "Psicología económica: presentación y perspectivas críticas", celebrado por la UNIA en su sede de Málaga, contó entre otros con los profesores Alfredo Fierro, Ismael Quintanilla y Margarita Billón, que participan con su análisis en este reportaje.
Fué emitido por Canal Sur 2 (Andalucía).





Andrés, gracias por el enlace.

miércoles, 8 de abril de 2009

La propuesta ecologista ante la crisis

Uno de los focos principales de “salida” de la crisis que nos proponen el Gobierno, los organismos internacionales y los medios de comunicación masivos es que el crédito vuelva a fluir. Que los bancos empiecen a dejar (y crear) dinero a mansalva de nuevo. Para ello el Gobierno está movilizando una ingente cantidad de recursos: 100.000 millones de euros en avales a la banca para que sea una fuente creíble de crédito, hasta 50.000 en liquidez directa a los bancos, comprándoles activos, apertura de nuevas líneas de crédito a empresas a través del ICO... En la Unión Europea, la estrategia es la misma, con la bajada de los tipos de interés, amén de importantísimas “inyecciones de capital” por parte del Banco Central Europeo.

Y se busca que el crédito vuelva a fluir para reactivar el consumo y, en definitiva, el crecimiento. Pero todos y todas sabemos que el crecimiento está inevitablemente asociado a un incremento del consumo de materia y energía y, por lo tanto, a un agravamiento de la crisis social y ambiental en la que vivimos. El problema es que el crecimiento es una premisa básica del capitalismo: si la economía no crece continuamente, el sistema en su conjunto no puede devolver las deudas sobre las que se sostiene, y colapsa. Por eso en la pasada cumbre del G-20 se hacían continuas llamadas a la importancia de recuperar el crecimiento. Por eso Zapatero y Solbes nos impelen continuamente a ello.

Sabemos que es imposible mantener el crecimiento continuo en un planeta limitado y que, por lo tanto, tenemos que transitar hacia otros sistemas económicos que no se basen en esquilmar su base natural.
Para ello, es fundamental que el movimiento ecologista aporte elementos de reflexión al resto de la sociedad. Es fundamental que empuje un cambio de enfoque. Que muestre que el debate no es si se moviliza o no el crédito. Movilizar el crédito, reactivar la economía, no es un bien en sí mismo. Debemos lograr que el debate social se centre en las oportunidades que tenemos a pesar de la crisis que vivimos. En un momento de parón de la maquinaria económica, podemos dirigir mejor su nueva dirección. La movilización ingente de recursos que se está produciendo desde las instancias públicas, debe servir para reorientar la economía hacia otro paradigma que no necesite el crecimiento.

Se trata de centrar los recursos colectivos no en mantener la misma industria automovilística, sino en posibilitar un sistema de movilidad sostenible; no la creación de empleo en la construcción, sino en revitalizar un mundo rural agroecológico; no en apostar por las energías renovables para mantener el crecimiento del consumo, sino para cambiar radicalmente nuestra matriz energética, reduciendo el consumo.

En definitiva, el movimiento ecologista tiene el desafío de proponer al resto de la sociedad que se adentre en la senda del decrecimiento del consumo de materia y energía, restableciendo el equilibrio entre los seres humanos y el medio, y subrayando la equidad entre los pueblos, teniendo en cuenta una premisa esencial para salir del actual atolladero: “menos para vivir mejor”.

El Ecologista nº 60, Marzo 2009

domingo, 23 de noviembre de 2008

No desperdiciar las oportunidades de la crisis, por Leonardo Boff


Frente al cataclismo económico-financiero mundial se dibujan dos escenarios: uno de crisis y otro de tragedia.

Tragedia sería si toda la arquitectura económica mundial se desmoronase y nos empujase hacia un caos total con millones de víctimas, por violencia, hambre y guerra. No sería imposible, pues el capitalismo generalmente supera las situaciones caóticas mediante la guerra. Gana al destruir y gana al reconstruir. Solamente que hoy esta solución no parece viable, pues una guerra tecnológica liquidaría a la especie humana; sólo caben guerras regionales sin uso de armas de destrucción masiva.

Otro escenario sería el de crisis. Para ella, no acaba el mundo económico, sino este tipo de mundo, el neoliberal. El caos puede ser creativo, dando origen a otro orden diferente y mejor. La crisis tendría, por tanto, una función purificadora, abriendo espacio para otra oportunidad de producción y de consumo.

No necesitamos recurrir al ideograma chino de crisis para saber de su significado como peligro y oportunidad. Basta recordar el sánscrito, matriz de las lenguas occidentales.

En sánscrito, crisis viene de kir o kri que significa purificar y limpiar. De kri viene también crítica que es un proceso por medio del cual nos damos cuenta de los presupuestos, de los contextos, del alcance y de los límites sea del pensamiento, sea de cualquier fenómeno. De kri se deriva además crisol, utensilio químico con el cual se limpia el oro de las gangas y, finalmente, acrisolar que quiere decir depurar y decantar. Entonces, la crisis representa la oportunidad de un proceso crítico, de depuración de lo esencial; sólo queda lo verdadero; lo accidental, sin sustentación, cae.

Alrededor y a partir de este núcleo se construye otro orden que representa la superación de la crisis. Los ciclos de crisis del capitalismo son notorios, conocidos. Como nunca se hacen cortes estructurales que inauguren un nuevo orden económico sino que siempre se recurre a ajustes que preservan la lógica explotadora de base, nunca supera propiamente la crisis. Alivia sus efectos dañinos, revitaliza la producción para nuevamente entrar en crisis y así prolongar el ciclo de crisis recurrente.

La crisis actual podría ser una gran oportunidad para la invención de otro paradigma de producción y de consumo. Más que nuevas regulaciones son urgentes las alternativas. La solución de la crisis económico-financiera pasa por el encarrilamiento de la crisis ecológica general y del calentamiento global. Si estas variables no fuesen consideradas, las soluciones económicas dentro de poco tiempo no tendrán sosteniblidad y la crisis volverá con más virulencia.

Las empresas en las bolsas de Londres y de Wall Street tuvieron pérdidas de más de un billón y medio de dólares, pérdidas del capital humano. En cuanto a esto, según datos de Greenpeace, el capital natural tiene pérdidas anuales del orden de 2 a 4 billones de dólares, provocadas por la degradación general de los ecosistemas, desarborización, desertificación y escasez de agua. La primera produjo pánico, la segunda ni siquiera fue notada. Pero esta vez no hay posibilidad de seguir con el business as usual.

Lo peor que nos puede pasar es no aprovechar la oportunidad proveniente de la crisis generalizada del tipo de economía neoliberal para proyectar una alternativa de producción que combine la conservación del capital natural junto con el capital humano. Hay que pasar de un paradigma de producción industrial devastador a otro de sustentación de toda la vida.

Esta alternativa es imprescindible, como lo mostró valerosamente François Houtart, sociólogo belga, en una conferencia ante la Asamblea de la ONU el 30 de octubre del presente año: si no buscamos una alternativa al actual paradigma económico, del 20 al 30% de las especies vivas podrán desaparecer en quince años y a mediados de siglo habrá de 150 a 200 millones de refugiados climáticos. Ahora la crisis en vez de oportunidad se vuelve un peligro aterrador.

La crisis actual nos ofrece la oportunidad, tal vez una de las últimas, para encontrar un modo de vida sostenible para los humanos y para toda la comunidad de vida. Sin eso podremos ir al encuentro de lo peor.


Fuente: Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño

El Foro Humano Europeo refleja con éxito la gran transformación colectiva en marcha. Crónica de Koldo Aldai

Celebrado en Barcelona bajo el auspicio de la Alianza para una Nueva Humanidad

La misión de ANH es vincular a personas y colectivos imbuidos de un anhelo de transformación personal y social y que desean construir un mundo justo, pacífico y sustentable. La Alianza, que arranca con todo el impulso de Deepak Chopra, trata de encarnar el principio ghandiano de que nosotros mismos hemos de intentar ser el cambio que queremos ver en el mundo. El presupuesto que anima a la Alianza es a la vez sencillo y poderoso: “Si suficientes personas dirigen su conciencia a favor de la justicia social, los derechos humanos, y la sustentabilidad ambiental, entonces, la injusticia, la opresión y la destrucción del medio ambiente pueden ser detenidas”.


Comunicar, transformar, inspirar, mejorar, ser, apoyar, conectar… estimular nuestra imaginación colectiva de cara a permitir una transformación global de la conciencia son los grandes objetivos de esta Alianza que poco a poco va también arraigando en nuestra península. Buena prueba fue que para la primera cita europea de la Alianza se eligió Barcelona. En el privilegiado escenario del World Trade Center de la ciudad condal se celebró, con éxito de público y activa participación, este Forum los pasados 7, 8 y 9 de Noviembre.

Redes globales como la Alianza para una nueva Humanidad son indispensables para la construcción de una masa crítica suficiente para el cambio planetario, para la transformación positiva. La Alianza arrancó con su reunión fundacional en Costa Rica, tuvo su segunda cita en Puerto Rico y ahora su tercera a este lado de las aguas, en Barcelona. El Foro concitó sobre todo a gentes de Catalunya y la península, pero había también grupos venidos de los más diversos rincones europeos, así como gentes que habían saltado el océano desde diferentes países americanos. Este gran encuentro de hombres y mujeres de buena voluntad deseosos/as de construir una nueva Tierra, desde la transformación personal, ha sido posible gracias al esfuerzo de un equipo humano diverso que ha sabido conglomerar María Rosario Aoíz. Más de 15 personas han trabajado desde hace un año intensa y desinteresadamente para que este Foro fuera realidad.


Forum, amplio espejo del cambio planetario

El Forum nos ha permitido tomar una conciencia más abarcante de la gran transformación individual y colectivas que ya están en marcha. Tal como aspiraban las organizadoras (la mayoría aplastante del equipo son mujeres), han logrado concitar a líderes de grupos, organizaciones y fundaciones que están llevando a cabo proyectos para el cambio: humanistas, científicos reconocidos, empresarios, expertos en un amplio abanico de disciplinas, líderes sociales, asociaciones comunitarias, artistas, músicos, líderes religiosos y ciudadanos de Barcelona, España y la Comunidad Europea.

Los corazones unidos latieron pues a la vera del mar, en el World Trade Center, junto a los barcos dispuestos a surcar mediterráneos. El compromiso fue sellado por los más de cuatrocientos participantes en los más diversos idiomas, compromiso de servir a la humanidad primero con nuestra actitud de paz y de no violencia, compromiso de no suscitar tensión alguna pase lo que pase. Fue Deepak Chopra el que animó en la reunión a ese voto como la mejor contribución al mundo. Nos pidió a todos los presentes a que en cualquier circunstancia, por dura y difícil que se nos manifieste, mantengamos la paz, nos establezcamos en la no-violencia.

Otros compromisos se habían ido sellando a lo largo de todo el fin de semana, compromisos de un mundo mejor en el ámbito de la salud, la educación, la sostenibilidad, la empresa…, conscientes de que visualizar el nuevo paradigma es concebirlo y por lo tanto comenzar a materializarlo. En todos estos campos se establecieron metas, se visualizaron horizontes con la ayuda de especialistas de primer orden a nivel internacional como Vandana Shiva, Satish Kumar, Federico Mayor Zaragoza, Jorge Carvajal, Jaime Jaramillo, Fred Master, Concha Pinós… entre muchos/as otros/as. Esta fue la suerte del encuentro del Forum Humano Europeo: el poder contar con agentes de cambio y líderes de primer orden en el desarrollo de la conciencia a nivel planetario.

A Barcelona se acercaron a participar en esta intensa cita abierta de la Alianza gentes de los más diversos ámbitos de la actividad humana, pero sobre todo gentes con un gran anhelo de transformación personal y colectiva. La fuerza y la alegría del alma grupal congregada se pudo palpar en muchos de los actos. De nuevo un gran encuentro de genuina y amplia fraternidad; cientos de corazones latiendo al unísono, de almas deseando crecer unidas, servir unidas… A lo largo de todo el fin de semana se palpó riqueza de idiomas, de espiritualidades, de pasados.., pero unidad en metas y objetivos. La magia de lo vivido incapacita a este relator a dar fiel testimonio. De nuevo un teclado impotente, una pantalla callada ante la imposibilidad de narrar lo vivido. De nuevo las palabras cortas, que se sublevan ante la imposibilidad de describir el sagrado gozo de seres humanos de culturas diferentes unidos en torno a superiores ideales.


Gran abanico de participantes


La virtualidad de la cita del Forum es habernos posibilitado el contacto con agentes de cambio de gran arraigo internacional que nos han transmitido la fuerza de sus carismas, el calor de sus corazones, la visión de sus mentes. Todo ello inyectó buenas dosis de fe y entusiasmo entre los asistentes. ¿Quién no lloró cuando visionó el vídeo del rescate de Papa Jaime de los niños de la calle de Bogotá? ¿Quién no se emocionó al verlos ya no vestidos de andrajos, sino de uniforme escolar? ¿Quién no se sorprendió al ver que líderes de empresas están ya haciendo triunfante realidad los más ambiciosos sueños de compañías instauradas sobre la mutua confianza, la transparencia informativa, el incentivo de la creatividad, el principio de emprendimiento de todos los miembros de la misma…?

Vimos educadores volcados en aflorar la esencia y la creatividad de los niños; médicos que saben de cuerpos, pero sobre todo implicados en ayudar a sanar almas. Vimos banca sin usura, al servicio de valores, empresarios que hacen paz en ellos mismos y que irradian paz, líderes de compañías para los que la maternidad es una bendición… Vimos altos funcionarios que arrancan el día con el saludo al sol…; hombres de fortuna, grandes filántropos con genuina pasión por servir al prójimo. Vimos la compasión hecha carne en medio de situaciones límite, mujeres valientes como Concha Pinós entregándolo todo por la causa de los derechos humanos en Birmania. Vimos tanta gente hermosa, con tantos proyectos generosos, de tantos lugares del mundo…, que aquello no podía sino tocar nuestro corazón, ensanchar nuestras miras y estimular nuestra voluntad.

El formato no sólo era de simple escucha, sino que hubo oportunidades para la participación y sobre todo para plantear las iniciativas que cada quien estaba dispuesto a activar en su país. Hasta el último de los presentes llegó esa frase que se extendía de unos a otros cual lema: “Nadie cometió mayor error que el que no hizo nada, pensando que hacia poco”.

Cierto que el aforo y el marco eran elitistas, tan cierto como la voluntad que abriga el comité organizador de hacer cada vez más extensivo todo lo grande que se vivió ese fin de semana en Barcelona. Es cierto que la cuota de inscripción era privativa, que mucha gente que hubiera deseado participar no lo pudo hacer por evidentes razones económicas, tan cierto esto como que el interés de lucro brilló por su absoluta ausencia, tan cierto como que las/os organizadores se dejaron la piel en el empeño, que trabajaron dura y desinteresadamente, que dieron lo mejor de sí por el éxito del encuentro. Así fue: el éxito se consagró. Hay una nueva tierra más cercana tras la cita en el World Trade Center, hay un alma colectiva crecida, unas visiones más concretadas, hay una fe aumentada en favor del “juntos podemos”…

Desde estás líneas manifestar el apoyo a este loable iniciativa que ha logrado concitar a personas de todas las partes del mundo, con el objetivo común de fortalecer una gran alianza por el cambio y así crear una humanidad más sostenible, pacífica y compasiva.

Intenciones y valores de la ANH


Nuestra intención
Crear una alianza de personas basada en la conciencia de la interconectividad de toda la humanidad. Creemos que si suficientes personas comparten el valor de la paz, dejaría de existir la guerra. Si suficientes personas dirigen su conciencia a favor de la justicia social, los derechos humanos, y la sustentabilidad ambiental, entonces, la injusticia, la opresión y la destrucción del medio ambiente pueden ser detenidas.
Este cambio ya está sucediendo, ahora se requiere de una masa crítica, que a su vez necesita organización. La meta de la alianza es conectar a individuos, comunidades y grupos a nivel mundial.
La conciencia de unidad no se logra mediante batallas y victorias, sólo puede ser despertada de persona en persona.
Nuestros Valores
La Alianza reconoce como su visión medular, la unidad de toda la vida, y abraza las más nobles aspiraciones de la humanidad, tal y como han sido proclamadas por todas las tradiciones espirituales y humanistas, que hacen un llamado a la compasión y celebración de la vida. Los valores y principios del movimiento emergente de una nueva humanidad y de la Alianza, cuyo propósito es servirle a éste, se fundamentan en el apoyo de leyes, causas, acciones, que favorezcan el respeto por la vida, la dignidad humana, la libertad, el equilibrio ecológico y la paz.
El principio esencial de la Alianza es la conciencia basada en la inseparabilidad de la vida, en donde todo está interconectado, por lo tanto, nuestro bienestar es el bienestar de todos. Creemos que esta conciencia no puede ser pasiva, de lo contrario permanecería irrelevante, tiene que ser expresada para el beneficio de todos a través de un servicio que beneficie la vida de todo ser humano.

Más información del evento : www.anheurope.org
Más información de la Alianza para la Nueva Humanidad: ww.anhglobal.org

Jornadas para Directivos. Resumen de las intervenciones de Koldo Saratxaga y Joaquín Tamames

Una de las actividades que más público concitó en el marco del Forum Humano Europeo fueron las Jornadas para directivos, en las cuales se abordó el tema “Desarrollo social, económico y organizacional”.

Intervención de Koldo Saratxaga

En este seminario era especialmente esperada la intervención de Koldo Saratxaga. Según rezaba la información distribuida sobre el ponente, nos encontrábamos ante “El genio empresarial que sacó de la crisis a los autobuses Irízar. Su caso está en la escuela de Harvard y se basa en apostar por las personas”.

A lo largo de su vibrante exposición Saratxaga expuso su principio fundamental de que la empresa del futuro, en la que prime la innovación, la creatividad y el conocimiento, exige que los trabajadores sean partícipes reales del proyecto y se sientan motivados.

Para el emprendedor vizcaíno, empeñado en cambiar las estructuras empresariales y crear organizaciones sin jerarquías de mando, no hay trabajadores, hay personas; “hay actores que crean y emprenden pero no títeres”. Saratxaga está persuadido de que detrás del éxito hay una serie de “intangibles” como el trabajo en equipo, la satisfacción con el entorno, así como la relación cordial con el cliente.

Para implicarse en un proyecto y trabajar con él, exige transparencia y ética, además de equilibrio salarial y repartición de los beneficios. En esas empresas las “personas” (trabajadores) tienen acceso a todo, “saben de los resultados, de las dificultades, de los aspectos en los que eventualmente hacemos daño…”

El ex-directivo de autobuses Irizar y de otras muchas cooperativas, considera importante que los jóvenes se comuniquen y aprendan a compartir. “¡Que coño haces sólo!” soltó en mitad de un auditorio sorprendido con su discurso heterodoxo, rompedor, casi en un sentido literal de la palabra: “Es preciso tirar tabiques, instalar mesas redondas. Crear vida y mesa en común. La finalidad es compartir: participación, relación entre iguales, liderazgo extensible…Un mundo de relaciones en el que las jerarquías desaparecen. Hasta aquí han llegado”.

En las empresas en las que se implica Saratxaga se comparte hasta el último detalle: “No estamos acostumbrados a la transparencia absoluta”. Sin embargo él bien sabe que no es fácil: “Ni los sindicatos quieren transparencia. Esto no se hace ni en las familias. No estamos educados para la transparencia. Donde yo estoy nadie se abstiene de sus aficiones, pero el trabajo que tiene que salir, sale…”

De cualquier forma uno de los aspectos más revolucionario de este vasco innovador fue el referido a la maternidad. Afirmó, ante la pregunta que desde el público se le realizó al respecto, que la viven con alegría: “Ellas se cogen el tiempo que necesitan. Es su momento clave. No sólo hay que pensar en la cosecha. Es precisa una la visión a largo plazo. Es un proyecto de personas con visión de futuro y el futuro asusta”. Agitadoras también fueron algunas de sus últimas frases: “Si no se caen las organizaciones no habrá cambios” y “Las personas han de sacar lo que tienen y a partir de ahí soñar”.

Intervención de Joaquín Tamames

El directivo de banca y patrono de la Fundación Ananta abundó en la necesidad de reinventarnos a nosotros mismos desde la vivencia de la autenticidad. Según Tamames, los líderes han de tratar de encontrar a su ser y desde él servir. Para ello será preciso mantener una actitud de silencio interior que permita ir descubriendo quines somos en verdad. “Si entendemos que somos un alma, empezaremos a mirarnos desde el alma. Intentemos llevar nuestro interior limpio. Si llevamos el corazón limpio, veremos el mundo limpio. Es preciso buscar el tiempo para limpiar nuestro interior”, fueron algunas de las frases-llave o pensamientos simientes que dejó caer el directivo en medio del auditorio.

Tamames invitó a cuidar y atender primero la empresa más cercana de la vida, empresa de la familia, conscientes de que a partir del buen cuidado de éstas, podemos después atender a más ambiciosas empresas. Subrayó igualmente la necesidad de comprometernos en nuestra propia transformación interior, si de verdad aspiramos a cambiar las instituciones.

Alex Rovira estuvo en su boca durante la disertación. Tamames compartió esas palabras mayúsculas del best-seller internacional que rezan: “Para qué ser budistas si podemos ser Buda, para qué ser cristianos si podemos ser Cristo”.

El conferenciante compartió pautas muy prácticas para aquellos seres que desean ser “agentes de luz” y “llevar la luz más allá de nosotros mismos”. Concretamente sugirió a los hombres y mujeres de empresa congregados a que “cuando contemplemos un avión que surca los cielos, cuando nosotros mismos nos embarcamos en un avión, visualicemos que ese avión lleva la luz allá a donde se dirige”.

Tamames se despidió con otros dos pensamientos simientes muy presentes en su vida y accionar: “Para enriquecerse hay que dar” y “Quien esta limpio de corazón, ríe”


Fuente: Koldo Aldai
www.foroespiritual.org
www.fundacionananta.org
www.portaldorado.com

Información relacionada en este blog:
Clausura I Foro Humano Europeo

Vídeo: Deepak Chopra presenta en Barcelona la Alianza para la Nueva Humanidad

sábado, 18 de octubre de 2008

La crisis del siglo: El fin de una era del capitalismo financiero, por Ignacio Ramonet

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía: «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf. Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Ignacio Ramonet es director de Le Monde Diplomatique
Fuente: Le Monde Diplomatique, visto en la web de ATTAC-España

La crisis (2), por Manuel Castells

Nota: este artículo es continuación de La crisis (I), por Manuel Castells

En medio del torbellino financiero global, ¿es España diferente? Sólo en parte.

Es cierto que nuestro sistema financiero está saneado y regulado en la medida de lo posible, como se repite en medios oficiales con la intención de no sembrar incertidumbre que pudiera desestabilizar las instituciones de depósito y provocar una crisis derivada de la psicología colectiva de crisis. Por otro lado, como los mercados financieros son globales e interdependientes, no puede evitarse el contagio de un país por la presencia en sus bancos de “activos tóxicos”, es decir, títulos financieros sin respaldo real y que son pasivo más que activo en las cuentas de las entidades financieras.

Si los gobiernos han tenido que intervenir en Alemania para salvar a Hypo, el mayor banco hipotecario del país, en el Benelux para rescatar a la gigantesca Fortis, en Francia para nacionalizar Dexia mientras se preparan para reflotar la legendaria Caisse d ´ Epargne, en Inglaterra para evitar la quiebra de bancos hipotecarios como el Bradford & Bingley, en Italia para proteger a Unicredit, con la Comisión Europea presta para intervenir en el conjunto del sistema bancario de la Unión, ¿por qué no aquí? Sobre todo teniendo en cuenta que la protección de los depósitos de los ahorradores españoles es la más baja de Europa (se sitúa en el mínimo establecido por la Unión Europea, 20.000 euros por titular de cuenta y entidad, en contraste con 70.000 en Francia, 63.000 en el Reino Unido o 175.000 en Estados Unidos - en la propuesta actual, que incrementó los 60.000 euros que había anteriormente-). En realidad, los argumentos tranquilizadores son sólidos.

El fondo español de garantías de depósitos es el mejor provisto de Europa, la vigilancia del Banco de España ha obligado a los bancos a mantener una liquidez razonable desde hace tiempo y los precedentes históricos tales como Banesto o Banca Catalana muestran la capacidad de la intervención preventiva del Estado antes de que los depósitos corran peligro. Al menos en ausencia de una crisis generalizada con reacciones en cadena de quiebras no absorbidas por el Estado en Estados Unidos y en Europa. Por eso es tan importante la aprobación por el Congreso estadounidense del plan de rescate (una vez reformado para que no sea un festín de banqueros a costa del contribuyente) para calmar a los mercados y frenar la caída de los valores bursátiles. Pero si una quiebra de parte del sistema financiero semejante a la que ha ocurrido en Estados Unidos es poco probable, las consecuencias de la crisis para la economía española son graves y profundas. Porque si los bancos no tienen grandes problemas de solvencia, sí tienen problemas de liquidez. Y es que nuestro sistema financiero depende del crédito exterior para financiar a las familias y empresas, sobre todo pymes. En la medida en que en el mercado global se ha ido cerrando el grifo del crédito fácil, nuestras entidades financieras han tenido que reducir sus préstamos en el último año.

De ahí la restricción de la actividad hipotecaria (caída anual del 47%) y por consiguiente la crisis inmobiliaria que está en el origen del estancamiento económico. Un altísimo nivel de paro y los elevados tipos de interés se traducen en un aumento de la morosidad que presiona a las entidades financieras, agravando sus dificultades de tesorería.

Es decir: el sistema está saneado y regulado, pero es cada vez menos capaz de proporcionar capital a la economía. Sin capital no hay inversión, no hay empleo y no hay crecimiento de la demanda.

La recesión en que ya estamos metidos supone la quiebra de un modelo de crecimiento que hace tiempo califiqué de inestable. Un modelo caracterizado por un alto crecimiento económico con bajo o nulo crecimiento de la productividad (exceptuando algunos sectores dinámicos como las finanzas o las telecomunicaciones). La economía española de la última década ha crecido a partir de tres factores básicos interrelacionados: el crecimiento del empleo, alimentado por la inmigración; el crecimiento del sector inmobiliario y de la construcción, y el crecimiento del turismo.

La inmigración ha sido un factor clave no sólo por proporcionar mano de obra abundante y barata, sino también porque un inmigrante, al instalarse en el país, crea una importante demanda. El empleo creció sustancialmente en sectores de servicios y de construcción de baja productividad y escasa cualificación. De modo que cuando se para el financiamiento del sector inmobiliario y se reduce empleo en un contexto de estancamiento del turismo como consecuencia del bajo crecimiento del entorno europeo, apenas quedan resortes para reactivar la economía española, salvo la inversión pública.

Más aún cuando los sectores manufactureros tradicionales (sobre todo el automóvil) acentúan su crisis, tanto por caída de la demanda derivada en parte del precio de la gasolina y en parte de la restricción del crédito, como por factores estructurales que hacen cada vez más difícil el mantenimiento en España de cadenas de montaje en serie. Sin un sistema de innovación eficaz, sin una suficiente capacidad instalada de desarrollo tecnológico y de servicios avanzados de procesamiento de información y con un bajo nivel de educación en la fuerza de trabajo, el antiguo modelo de crecimiento español ha entrado en crisis probablemente irreversible al secarse las fuentes de crédito fácil con tipos de interés real negativos y por tanto la economía de la demanda en que nos habíamos montado. Así, no corre peligro nuestro sistema financiero, que se ha replegado en orden. Lo que está agotándose es la bonanza de que disfrutábamos vendiendo nuestra calidad de vida, poniéndole cemento encima, importando trabajadores y montándonos en la lógica del endéudate y vive que son dos días. La economía, aun en recesión, tal vez pueda resistir el choque. Pero la sociedad puede digerir mal el duro despertar a la regla fundamental de la economía: sin productividad y competitividad no se crea ni riqueza ni empleo. Se acabó la fiesta. Tendremos que trabajar como chinos y además para los chinos, que son los únicos que pueden invertir. Continuará.

Fuente: Periódico La Vanguardia
Manuel Castells en Wikipedia