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lunes, 16 de enero de 2012

Presentación del libro ”Espiritualidad y Política”


El libro es colectivo y en él participan 20 autores de nivel internacional y líderes de opinión hispanohablantes para ofrecer propuestas locales y globales dirigidas a integrar en la política la dimensión espiritual así como a insuflar de sentido práctico los movimientos espirituales de la actualidad. Se trata de aunar "el arte de vivir" (espiritualidad) con "el arte de convivir" (política), con un claro mensaje de pacifismo y no violencia. Nuestra relación con el dinero, la integración cultural, el desarrollo sostenible, la participación en la vida pública, el servicio a la comunidad, la crisis de valores, son algunos de los temas tratados con profundidad y con un enfoque totalmente práctico. Ha sido publicado por la editorial Kairós.

Fecha: 18 de enero de 2012
Hora: 19:30 horas
Lugar: Colegio Mayor “Jaime del Amo” (Tel. 91 5540804)
Avda. Gregorio del Amo, 5 // 28040 Madrid (Paralela a Juan XXIII donde el Instituto de Pastoral-Fundación Pablo VI).
Metro: Metropolitano
Autobus: Circular

PARTICIPAN:

Federico Mayor Zaragoza, Director de la Fundación Cultura de Paz y coautor del libro
Benjamín Forcano, Sacerdote, teólogo y coautor del libro
Miguel Aguado, Diputado en el Parlamento de Madrid y coautor del libro
Cristóbal Cervantes, Escritor y conferenciante, coordinador del libro.

Otros coautores del libro: Leonardo Boff, Jordi Pigem, Marià Corbí, Antoni Gutiérrez-Rubí, Ervin Laszlo, Ken Wilber, Raquel Torrent,  Joan Melé, Pablo de la Iglesia, Koldo Aldai, Dokushô Villalba, María Elena Ferrer, Vicente Merlo, Ángeles Román, Andrés Shuschuny,  Fracisco Traver y Tariq Ramadan .

Tras la presentación del libro seguirá un coloquio.

lunes, 27 de julio de 2009

Ahora sí, otro mundo es posible


La crisis y el liderazgo de Obama son una oportunidad para cambiar el rumbo, para conseguir que primen los valores de la libertad, la igualdad y la solidaridad, pisoteados en la anterior etapa por el culto al mercado


"Tenemos la capacidad de lograr el mundo
que deseamos si tenemos el valor
de emprender un nuevo comienzo".
Barack H. Obama El Cairo, 4 de junio de 2009

Para pasar de una época de cambios a un cambio de época es imprescindible que se produzca la reacción de la sociedad, que ya no puede permanecer impasible, espectadora, testigo de lo que sucede, sino que tiene que participar, activamente, para que los gobiernos sean auténticamente democráticos, es decir, actúen en virtud de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y escuchen y respeten todas las opiniones. No me canso de repetir la importancia que tuvo, al término de la Segunda Guerra Mundial, que la Carta de las Naciones Unidas iniciara su preámbulo de este modo: "Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra". Estaba claro que eran los pueblos los que debían construir la paz a través de sus representantes genuinos. Y hacerlo en virtud del supremo compromiso contraído con las generaciones venideras.
Sin embargo, no fueron "los pueblos" sino los Estados, muchos de ellos autoritarios, los que interpretaron la Carta a su modo: la cooperación pronto se mudó en explotación, las ayudas en préstamos, los valores universales en leyes de mercado. Prevaleció el preparar la guerra para asegurar la paz, en lugar de construir la paz. Abandonadas progresivamente por las grandes potencias, las Naciones Unidas vieron cómo su sueño de democracia planetaria se convertía en agrupaciones plutocráticas (G-7, G-8, G-20...) que enarbolaban, en vez de "Nosotros, los pueblos", la enseña de "Nosotros, los poderosos".
Una economía de guerra, azuzada por los grandes productores de material bélico, se fue consolidando hasta alcanzar en el año 2000 inversiones diarias de casi 3.000 millones de dólares cuando la pobreza extrema y las muertes por hambre y enfermedades ya evitables se calculaban entre 60.000 y 70.000 personas cada día. No existió la voluntad política entre las grandes potencias de favorecer el desarrollo endógeno, de garantizar la igual dignidad de todos los seres humanos.
El panorama actual constituye una vergüenza colectiva, que exige un cambio tan radical como apremiante. Ahora sí es posible este cambio porque en los últimos años se ha producido una rápida "maduración" de las capacidades necesarias para que los súbditos se conviertan en ciudadanos del mundo y adquieran una conciencia global y, por tanto, la posibilidad de comparación, base ética fundamental; el incremento de mujeres en el escenario público y en los procesos de toma de decisión, y, por fin, la posibilidad de participación no presencial, a través de las modernas tecnologías de comunicación (Internet, SMS...).
Participación personal e institucional, anticipándonos para prevenir aquello que aparezca como más nocivo para la calidad de vida. La complejidad de los desafíos reclama una interacción permanente de los gobiernos, Parlamentos y concejos con la comunidad científica y académica con el fin de no aplazar decisiones, especialmente en procesos potencialmente irreversibles (biológicos, sociales, medioambientales...).
Ahora sí es posible: la "tensión humana" que produce la presente crisis -económica, medioambiental, alimenticia, energética, democrática, ética...- representa una extraordinaria oportunidad para convertir en acción la sorpresa e indignación sentida por quienes reclamaban inútilmente unos fondos razonables para erradicar el hambre o el sida, y han visto cómo se abrían los aliviaderos de inmensos depósitos para el "rescate" de las mismas instituciones que, con codicia e irresponsabilidad, nos llevaron a la presente situación.
Ahora sí es posible, por el "despertar" democrático de tantos países sometidos en el este de Europa, América Latina, África, Asia. Y tendrá que hacerlo la Unión Europea, que sigue siendo una Comunidad Económica, con mucha inercia de los instalados y la inexplicable tendencia a favorecer fuera de su ámbito políticas que no estima procedentes en casa. Pero, estoy convencido, si de verdad los países que la integran comparten valores esenciales, de que es cosa de poco tiempo.
Las raíces de esta crisis múltiple deben situarse, precisamente, en la inmensa equivocación de sustituir los "principios democráticos universales" de la justicia social, la solidaridad, la igualdad, por el mercado. El resultado ha sido la ampliación de las asimetrías económicas propiciando grandes desgarros sociales y poniendo en evidencia la insoportable levedad de la democracia, parafraseando a Kundera. Democracias sometidas, con ciudadanos perplejos pero obedientes y resignados, tanto por la fuerza del poder económico y militar como mediático. Es preocupante ver cómo, en una parte de la sociedad saciada, la pertenencia partidista es fanática, irreflexiva, indiscutible.
Ahora sí es posible el fortalecimiento democrático para el cambio radical que representa el presidente Obama en el liderazgo mundial: diálogo, colaboración, búsqueda de la paz a través de la justicia y de la igual dignidad de todos los seres humanos. "Juntos", ha proclamado, "podemos". Ahora sí es posible porque ha quedado claro que es indispensable el multilateralismo. Que no se trata de reforzar algunas de las instituciones del Sistema, sino de cambiarlas profundamente.
Ahora sí, en 10 ó 12 años es posible que tenga lugar el cambio de época tan anhelado, desde una cultura de fuerza e imposición a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz. Ha llegado el momento de la gran transición desde la fuerza a la palabra.
Hasta hace bien poco se han seguido invirtiendo inmensas cantidades en armamento propio de confrontaciones convencionales. La Administración de Bush ha llevado el gasto militar hasta límites inverosímiles. Pero ahora, por fortuna, el presidente Obama ha decidido liderar el desarme ofreciendo un plan concreto para reducir arsenales, cambiar de enfoque y frenar la proliferación de ojivas nucleares. "Hemos de optar", ha dicho Obama, "entre inversiones destinadas a mantener la seguridad del pueblo americano y otras elegidas para enriquecer a una compañía fabricante o a un gran contratista".
Ahora sí es posible que, junto al fortalecimiento del sistema multilateral y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, puedan sustituirse parcialmente las inversiones en armamentos por inversiones en desarrollo global sostenible: energías renovables, producción de alimentos (agricultura, acuicultura y biotecnología), obtención y conducción de agua, salud, transportes, vivienda... Sólo así aumentará el número de "clientes" en todo el mundo, y se evitarán los caldos de cultivo que crean flujos migratorios de personas desesperadas y violencia.
Ahora sí es posible. Por el sentimiento íntimo de que, de una vez, debe cambiar la mano alzada por la mano tendida. Las palabras clave son involucrarse y compartir. Tengo la seguridad de que, en los momentos actuales, una gran mayoría de ciudadanos con empleo contribuirían a un Fondo Voluntario de Solidaridad Social. Lo que no podemos hacer es pensar siempre que los problemas -que hemos consentido en buena parte con nuestro silencio y abstención- sean solucionados por quienes no supieron atajar oportunamente sistemas basados en la desregulación y la especulación.
"Todos los seres humanos iguales en dignidad": ésta es la clave -tan lúcidamente establecida en la Constitución de la UNESCO y la Declaración Universal de los Derechos Humanos- para entrar en la nueva era. Todos los seres humanos capaces de crear, de imaginar, de inventar, de emprender este nuevo comienzo siendo conscientes de que disponemos de las capacidades y voluntad requeridas. Y entonces, frente a los que sigan anclados en el pasado y en sus privilegios, frente a los escépticos y pusilánimes, se iniciará el cambio que anhelamos, este otro mundo de nuestros sueños. Con serenidad, porque sabemos que podemos. Como tan bellamente lo expresó Álvaro Cunqueiro: "El ave canta aunque la rama cruja porque conoce la fuerza de sus alas".

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.


Fuente:Opinión - El País 27-08-09


sábado, 15 de noviembre de 2008

Grandes crisis, grandes oportunidades

"La crisis puede ser la salvación".
(F. Hölderlin)

por FEDERICO MAYOR ZARAGOZA

No es sólo un inmenso andamiaje económico lo que se desmorona, sino una concepción del poder, de sus bases ideológicas. Es necesario tener en cuenta todas las dimensiones de este derrumbe para reconstruir con otros materiales. Y, sobre todo, reponer en el eje mismo de la acción pública los principios democráticos que, en un error histórico, se sustituyeron indebidamente por las leyes del mercado.

Aprovechar las crisis para el cambio de rumbo y de destino: que no desoigan ni ridiculicen las propuestas de cambio los mismos que desoyeron y ridiculizaron las recomendaciones que les hacíamos, desde principios de la década de los noventa, convencidos de que un sistema económico guiado por los intereses mercantiles en lugar de por la justicia está abocado al desastre. Ahora, que no juzguen quienes deberían ser juzgados. Han sido "rescatados" por el Estado y quedan desautorizados para opinar sobre unas propuestas que pretenden el "rescate" de la gente. Que callen ahora quienes -como el Banco Mundial, el FMI y la OMC- no levantaron la voz cuando debían.

Después de la "burbuja tecnológica" de los años noventa, la "burbuja inmobiliaria". Durante todo este tiempo en que los "fondos soberanos" estaban vedados a los países dentro del "sistema globalizante", los que se hallaban fuera del mismo han acumulado inmensos capitales, sin tener en cuenta en muchos casos las condiciones laborales ni los derechos humanos.

Es una crisis del capitalismo y no en el capitalismo, como pretenden, para continuar después su desbocada carrera, los más fervientes defensores de la economía de mercado que, por la ausencia de valores y de pautas de buen gobierno, ha fracasado estrepitosamente. Conviene, sobre todo, no volver a un "nuevo capitalismo", sino promover un nuevo sistema económico mundial basado en la justicia y regulado por instituciones integradas en unas Naciones Unidas completamente reformadas, quizás refundadas, que dispongan de los recursos personales, técnicos y económicos que les permitan actuar eficazmente y aplicar a los transgresores todo el peso de la ley.

Se ha hablado últimamente de la necesidad de reformar urgentemente el FMI, cuando lo que hay que reformar es el sistema de Naciones Unidas en su conjunto, empezando por la inclusión en el mismo del FMI y el Banco Mundial, así como de la Organización Mundial del Comercio, para que se reafirme en su misión inicial, nunca cumplida: "Evitar la guerra", es decir, construir la paz, en favor de las "generaciones venideras".

La ONU, la Unesco -para que no volvamos a la paz de la seguridad en lugar de la seguridad de la paz- todos tienen que reformarse y reforzarse teniendo en cuenta su mandato original. Lo cierto es que se ha intentado desprestigiar y desautorizar a las Naciones Unidas y a las instituciones que la integran.

Sólo con una autoridad supranacional adecuada podrá tener lugar la regulación de los mercados. Y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, con los que los tráficos de drogas, armas, patentes, capitales y personas podrán también desaparecer. Ha quedado claro que los mercados no se "autorregulan", sino que favorecen en el espacio supranacional, totalmente impunes, todo tipo de transgresiones y de mafias.

A escala nacional, es necesario que se establezcan rápidamente pactos entre los Gobiernos, los partidos, los representantes sindicales y empresariales (son un buen ejemplo los Pactos de la Moncloa) para que los beneficios de los avales financieros se hagan sentir rápidamente en la sociedad.

Algunas medidas que deberían adoptarse rápidamente:

- Realizar grandes inversiones públicas.

- Facilitar y regular la financiación de y desde la ciudad, imprescindible para la promoción del empleo, de la actividad mercantil e industrial, especialmente de las pymes.

- Igual que se han encontrado fondos cuantiosos para el rescate de las instituciones financieras, ahora deben ser "rescatados" los ciudadanos: 1) con prestaciones familiares (la "bolsa familia-escuela" de Brasi, iniciada en algunas comunidades autónomas de España, es un excelente modelo); 2) prestaciones a los desempleados (con medidas como la "renta básica de ciudadanía", principio general que se podría iniciar atendiendo de este modo en primer lugar a los desempleados); 3) prestaciones a quienes pretenden poner en marcha un negocio o actividad mercantil; 4) prestaciones asimismo a todos los que, con un poco de ayuda, pueden seguir con sus hipotecas renegociadas para financiar sus viviendas; 5) la realidad no puede transformarse en profundidad si no se la conoce en profundidad: en consecuencia, fomento decidido de la I+D+i, con decidida colaboración de las empresas y de los fondos propios de la UE.

A escala internacional, algunas iniciativas que se podrían adoptar de forma inmediata:

- Se dispondrá de los fondos necesarios para procurar la alimentación a escala mundial y la lucha contra el sida.

- Se activarán también los Objetivos del Milenio, especialmente la lucha contra la pobreza, redefiniendo plazos y cantidades y otorgando, por fin, las ayudas prometidas al desarrollo acompañadas de la cancelación de la deuda externa.

- Se convocará rápidamente una cumbre de las Naciones Unidas en las que no se escatimen, como se hizo en el año 2005, los fondos destinados a la erradicación del hambre.

- Considerar rápidamente la inmediata aplicación de fórmulas como las tasas sobre transacciones de divisas, propuesta recientemente de nuevo, bien elaboradas, a las Naciones Unidas, y contenidas en la declaración sobre fuentes innovadoras para el financiamiento de la Iniciativa contra el hambre y la pobreza, suscrita el 24 de septiembre de 2008 en Nueva York por los presidentes Michelle Bachelet, Lula y Rodríguez Zapatero y el ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner.

- Reducción del impacto de catástrofes naturales y provocadas, mediante la puesta en práctica de las Propuestas del Decenio (1989-1999) de las Naciones Unidas y de las recientes disposiciones al respecto de la Unión Europea (GAP), para evitar los efectos de episodios recurrentes (huracanes, inundaciones, incendios, etcétera) que siguen hallando, incluso en los países más desarrollados tecnológicamente, una falta total de preparación con una gran vulnerabilidad social.

- Atención prioritaria a África, eliminando con apremio la vergüenza que representa la explotación en el Congo, en territorio kivu, del coltán (mineral de columbita-tantalita empleado en ordenadores y telefonía móvil), así como de situaciones como la de Angola, con tantas riquezas explotadas, con tanto petróleo y quilates retirados de su subsuelo mientras la población malvive con menos de 2 dólares al día.

En resumen, se trata de facilitar rápidamente el tránsito de una economía de guerra a una economía de desarrollo global.

La sociedad civil tiene ahora la posibilidad -que no se presenta frecuentemente- de favorecer transformaciones radicales. Después de tantos años de desoídas recomendaciones de Casandras, la comunidad intelectual, científica y académica tiene, con tanta serenidad como rigor y firmeza, que hacerse oír. Llega el momento de la exigencia, de la participación activa -que ya puede ser no presencial, haciendo uso de la moderna tecnología de la comunicación como el SMS e Internet- para que los gobernantes sepan que los tiempos de resignación y de silencio han concluido. Que los súbditos se transforman en ciudadanos, los espectadores impasibles en actores, para que tenga lugar un cambio profundo del fondo y de la forma en el ejercicio del poder: la gran transición de una cultura de fuerza e imposición a una cultura de la palabra requiere educación en todos los grados y durante toda la vida; el fomento de la creatividad y diversidad cultural; la promoción de la investigación científica; de la sanidad para todos.

Grandes oportunidades, grandes responsabilidades que deben asumir los ciudadanos que tienen más que aportar al cambio. Ahora, poder ciudadano. Ahora, los pueblos, la gente.

Las crisis son una oportunidad de edificar un mundo nuevo, de volver a situar los principios éticos universales de la justicia, de la democracia genuina. No desperdiciemos las oportunidades. Debemos recordar, todos los días, el sabio aviso de Sófocles: "Cuando las horas decisivas han pasado es inútil correr para alcanzarlas".

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Grandes/crisis/grandes/oportunidades/elpepuopi/20081115elpepiopi_4/Tes

sábado, 17 de mayo de 2008

Ministerios de Paz, por Federico Mayor Zaragoza

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz

Desde el origen de los tiempos, en sociedades en las que el poder se hallaba normalmente en manos de los hombres, la razón de la fuerza ha prevalecido sobre la fuerza de la razón. Se ha aplicado siempre, como supuesto indiscutible, el más perverso de los proverbios: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Llega ahora el momento de sustituirlo, a escala mundial, por “Si quieres la paz, ayuda a construirla con tu comportamiento cotidiano”. Que nadie deje de hacer algo, por poco que sea, porque el gran paso que hay que dar es la suma de muchísimos pequeños pasos.

La crisis financiera, medioambiental, alimentaria y espiritual de estos albores de siglo y de milenio no puede ser, no debe ser, una crisis de ánimo sino espuela para la acción, para la aplicación del conocimiento en favor de la humanidad, para demostrar que, como dijo el presidente John F. Kennedy en junio de 1963, “ningún desafío se halla fuera del alcance de la capacidad creadora de la condición humana”.

En 1945, la clarividencia y la lucidez de momentos de gran zozobra, de confusión, de remordimiento posbélico, condujeron a la creación de las Naciones Unidas para que “los pueblos” evitaran a las generaciones venideras el horror de la guerra (Carta de las Naciones Unidas, 1945), “elevando los baluartes de la paz en la mente de los hombres” guiados por unos principios universales “democráticos” de justicia, libertad, igualdad y solidaridad, que enuncia el mismo año la Constitución de la Unesco y que desarrolla en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Según el artículo primero: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y, dotados de razón, deben comportarse entre sí fraternalmente”.

Todo estaba, pues, bien preparado para la transición desde una cultura de guerra a una cultura de paz. Pero al poco tiempo - la historia se repite- los países más poderosos de la Tierra volvieron a alzar la mano en lugar de tenderla. Y en lugar de compartir bienes materiales y conocimientos con los países menos avanzados, estos países fueron explotados. En lugar de derribar vallas, se elevaron muros - como, desgraciadamente, está sucediendo actualmente- y, desobedeciendo las recomendaciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se tomaron la justicia por su cuenta (como en la invasión de Kosovo) o, basados en supuestos falaces, se llevaron a cabo guerras “preventivas” (ejemplo reciente de Iraq) y, en una situación de guerra todo vale, alevosas incursiones militares han producido, en los denominados ahora “efectos colaterales”, numerosas víctimas, niños incluidos, entre la población civil.

Un poder inmenso concentrado en contadas manos (los “cosmócratas”) que incluye la gran industria bélica, las fuentes energéticas, medios de comunicación…, intenta afianzarse fuera del marco del sistema de las Naciones Unidas (como es el caso de la Organización Mundial del Comercio), a la que utiliza esporádicamente, cuando le conviene.

Pero con el nuevo milenio, va extendiéndose de forma que resultará imparable en los próximos años, la fuerza de la razón, la conciencia del poder ciudadano que, pacíficamente, con firmeza, ya no se resigna a vivir sometido a los más arbitrarios designios del poder. La fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza, guiada por los grandes valores universales y no por las leyes del mercado, para devolver a la humanidad las riendas de su destino.

Es esta nueva ciudadanía la que será capaz de movilizarse, con firmeza pero sin violencia, en favor de la igual dignidad humana y reducir primero y luego eliminar las asimetrías sociales, las flagrantes injusticias de un sistema de gobernación mundial que permite que mueran cada día más de 60.000 personas de hambre, de desamor y de olvido, al tiempo que se invierten más de 3.000 millones de dólares en armas. La razón de la fuerza, alentada por la colosal maquinaria bélico-industrial que, desde las lanzas hasta las ojivas nucleares, obtiene pingües beneficios de la dinámica que resulta de preparar la guerra para asegurar la paz. La paz se convierte así en pausa, en intervalo, de la guerra.

Ahora, por primera vez seguramente en la historia, la visión global del mundo nos mueve a la acción, a la participación, a no guardar silencio. Simultáneamente, el progreso de la tecnología de los medios de comunicación permite la participación no presencial, que constituye un avance que tendrá una extraordinaria repercusión, en muy pocos años, en el ejercicio de la ciudadanía plena y, por tanto, en la construcción de auténticas democracias. Pero, además, la transición desde una cultura de guerra a una cultura de paz será posible porque, en una decena de años, serán muchas las mujeres que aumentarán, por el ejercicio de sus altas funciones, el magro porcentaje de influencia femenina actual (5%, aproximadamente) en la toma de decisiones.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, ha declarado que “está empeñada en que la sociedad comprenda que el ejército español es una fuerza de paz”. Y ha añadido: “Quien conoce el horror de la guerra, conoce el valor de la paz”. Hace años, propuse que los ministerios que antes se llamaban “de la Guerra” y luego pasaron a denominarse “de la Defensa”, deberían llamarse en realidad ministerios de la Paz. Sí, ha llegado el momento de proclamar que las fuerzas armadas, además de ser garantes, cuando así se decide en un contexto democrático, de la justicia y del estado de derecho, además de participar en todas aquellas misiones o conflictos que, bajo la autoridad de las Naciones Unidas, fuera procedente, su misión esencial es la de velar por la paz, por la convivencia pacífica, lo que les confiere una función permanente y no eventual, formando parte de una gran red de hombres y mujeres que, en todos los países del mundo, representando a sus respectivos pueblos, permitan la transición desde una economía de guerra a una economía de desarrollo social a escala planetaria, eviten la vergüenza colectiva de los niños soldados y explotados, contribuyan a disminuir, con recursos humanos y tecnológicos apropiados, el impacto de las catástrofes naturales y de toda índole, de reducir las brechas y desgarros sociales que, en todo el mundo, constituyen el caldo de cultivo de la violencia y la desesperación.

Juntos, podemos. “Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respecto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”, proclama este precioso documento que es la Carta de la Tierra (2000).

Si quieres la paz, prepara la paz. “Los ejércitos, fuerzas de paz”. ¿Ministerios de Defensa? ¡Ministerios de Paz!

Fuente: Periódico La Vanguardia

sábado, 19 de abril de 2008

¿La paz sea contigo?, por Federico Mayor Zaragoza


De verdad queremos la paz que nos deseamos? Salam, shalom… (paz) y, a continuación, la intransigencia, el enfrentamiento, la confrontación. “Si quieres la paz, prepara la guerra”, ha sido el adagio perverso que, para beneficio de los productores de armamento, se ha utilizado desde el origen de los tiempos por parte del poder, que disponía, como un supuesto incuestionable, de las vidas de sus vasallos. Y así hasta estos turbulentos, pero esperanzadores albores de siglo y de milenio, porque se ha ganado en conciencia global y conocimiento profundo de la realidad; porque la moderna tecnología de la comunicación permite la participación no presencial, lo que fortalecerá la autenticidad democrática, y porque –lo que es muy relevante– la mujer amplia- rá en pocos años el magro 5% que tiene hoy en día como porcentaje de influencia en la toma de decisiones. Y la conclusión será que la humanidad tomará en sus manos las riendas de su destino y hará posible, por fin, el inicio de la Carta de la ONU: “Nosotros, los pueblos…”.

Sí, serán los pueblos, la sociedad civil, la que irá constituyendo progresivamente democracias genuinas, en las que los votantes cuenten, además de ser contados en la elecciones, en las que sean tenidos en cuenta todos los días y no solo en el momento del recuento. El gran cambio será la transición de súbditos a ciudadanos, de una cultura de imposición y violencia a otra de conversación y conciliación, de la fuerza a la palabra. De preparar la guerra a preparar la paz. “Si quieres la paz, ayuda a construirla con tu comportamiento cotidiano”, siendo actor y no espectador impasible y pusilánime. El tiempo del silencio ha terminado, tanto a escala personal como, sobre todo, institucional. Me gusta repetir que el silencio de los silenciosos es más oprobioso que el de los silenciados. Atreverse a saber… y saber atreverse para contrarrestar el omnímodo y omnipresente poder mediático que nos llena de zozobra y nos uniformiza, hasta el punto de aceptar lo inaceptable (gastar a diario 3.000 millones de dólares en armas, sin contar con el disparate de los escudos antimisiles, mientras mueren de hambre cada día 60.000 personas).

Distraídos, no vemos lo invisible, lo ordinario. Solo vemos lo visible, las informaciones que describen lo extra-ordinario, lo insólito, lo atípico. Es necesario conducirnos educadamente, es decir, en virtud de nuestra propia reflexión, “dirigiendo con sentido la propia vida”. Es preciso ir poniendo tantas cosas trastocadas en su sitio: los valores democráticos –que, según la Constitución de la Unesco de 1945, son la justicia, la libertad, la igualdad y la solidaridad– en lugar de las leyes del mercado, que, como era previsible, han ampliado las brechas y desgarros sociales en lugar de reducirlos; una ONU fuerte en la que se hallen representados “los pueblos” y que cuente con los recursos personales, financieros y tecnológicos que le permitan tener la autoridad democrática que nunca tendrá la fórmula plutocrática de los G-7/G-8; una economía de desarrollo global –con grandes inversiones en fuentes de energía renovables y de bajísimo coste que permitan un acceso generalizado a bienes materiales, la producción, transporte y reciclaje del agua para todos, la vivienda…– en lugar de la actual economía de guerra y especulación, que concentra la riqueza cada vez en menos manos.

No hay economía de guerra sin guerra, sin preparación para la guerra, sin pretextos para armarse hasta los dientes. Los únicos capaces de oponerse a esta inercia colosal son “los pueblos”, es el poder ciudadano, una sociedad civil consciente que no se deje embaucar, que no apoye más que a los gobernantes que, con valentía, estén decididos a la puesta en práctica de los principios universales tan lúcidamente expresados en la Carta de la ONU y en la Declaración de los Derechos Humanos.

La política debe basarse en unos principios éticos generalmente aceptados. Incorporar determinados valores religiosos es inadecuado y peligroso, como también lo es –y la experiencia actual lo demuestra– basar la acción política en aspectos estrictamente económicos. “Es de necio confundir valor y precio”, sentenció don Antonio Machado.

Por eso era tan necesaria y oportuna una declaración en la que la excusa del choque de civilizaciones quedara definitivamente excluida y se hiciera –desde la serenidad acreditada de Montserrat– un llamamiento firme a la implicación ciudadana, a la asunción de responsabilidades por parte de todos. Si unimos nuestras voces y manos, abiertas, tendidas, nunca más alzadas, entonces lograremos, en un gran clamor popular, reorientar los erráticos rumbos presentes.

La declaración denuncia la información engañosa que se difunde sobre las causas de los conflictos y apremia, de manera muy concreta, a la aplicación urgente de una solución política para la dramática e inacabable situación en Oriente Próximo, así como en otros lugares del mundo. Creyentes o no, los seres humanos deben ser respetados por igual e involucrarse en acciones solidarias con los más menesterosos.

La única condición para el diálogo, abierto a todas las opiniones, es la no violencia, la no imposición. “Todos en el mismo barco –Jesús, Buda, Mahoma–. Todos tenemos el mismo destino”, subrayó en la reunión de Montserrat el ex presidente de Irán, Mohamed Jatamí. En el mismo barco, con el mismo rumbo. ¿Tan difícil es provocar la “explosión espiritual” de la que hablaba Federico García Lorca, que significaría cambiar la fuerza por la palabra? Las religiones deben disponer de eficientes mecanismos de contacto e interacción –como establece la declaración, para su eficaz seguimiento– con el fin de evitar prejuicios y estereotipos y ser capaces de contribuir a la construcción de un futuro común donde el deseo de paz deje de ser un saludo para convertirse en una realidad.

Federico Mayor Zaragoza es presidente Fundación Cultura de Paz

Fuente: El Periódico (15/04/08)

Declaración de Montserrat - “Religiones y construcción de paz”


Este mediodía se ha celebrado en el Monasterio de Montserrat un acto con personalidades internacionales procedentes de diferentes tradiciones religiosas y de la sociedad civil para transmitir que las religiones no deberían ser nunca más origen de confrontación, y sí de conciliación. Los firmantes de la Declaración han reclamado la implicación de la sociedad civil, que debe exigir a las autoridades que emprendan acciones; así como la de gobiernos y las organizaciones internacionales, y la de los líderes políticos y religiosos, para que refuercen su papel como actores de la paz y la comprensión mutua.

En el encuentro participaron un grupo heterogéneo de importantes personalidades internacionales procedentes de distintas tradiciones religiosas, así como de la sociedad civil e instituciones internacionales.

Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex director general de la UNESCO; Mohammad Khatami, presidente de la Foundation for Dialogue among Civilizations y ex presidente de la República de Irán; Aram I, Catholicos de Cilicia de la Iglesia Armenia Ortodoxa y presidente del Consejo de Iglesias de Oriente Medio; Abdulaziz O. Altwaijri, director general de la ISESCO; el rabino René-Samuel Sirat; Mar O. Oraham, de la Iglesia Asiria del Este; Kjell M. Bondevik, presidente del Oslo Centre for Peace and Human Rights i ex primer ministro de Noruega; Candido Mendes, secretario general de la Acadèmia de la Latinidad y William F. Vendley, secretario general de la Conferencia Mundial de Religiones para la Paz. El Padre Abad de Montserrat, Josep M. Soler, actuó como anfitrión de la reunión.

Texto íntegro de la Declaración de Montserrat:


La información engañosa sobre el origen de los conflictos reclama un análisis inequívoco sobre la relación entre los sentimientos religiosos y la violencia, para avanzar hacia la construcción de paz mediante la prevención y la resolución pacífica. Si no analizamos y damos a conocer de un modo esmerado esta relación, algunos medios de comunicación y muchas personas de cualquier parte del mundo continuarán pensando y percibiendo que la religión es, a menudo, la que alimenta la violencia.

En 1994, en Barcelona, tuvo lugar una importante reunión entre los representantes de diferentes creencias y organizaciones religiosas, en la cual los participantes llegaron a la conclusión unánime de que las religiones, basadas en valores compartidos como la fraternidad, la solidaridad humana y el amor, no deberán ser nunca jamás origen de confrontación sino de conciliación.

Los conflictos dramáticos e inacabables de Oriente Próximo, como también los acontecimientos trágicos que han tenido lugar recientemente en otros lugares del mundo, requieren soluciones desde la toma de conciencia, del compromiso y de la implicación de la sociedad civil, que debe exigir a las autoridades que emprendan acciones y adopten medidas políticas.

Tal y como establecen el Informe de la Alianza de Civilizaciones y otros documentos, debemos intensificar nuestros esfuerzos para reducir las diferencias entre religiones y culturas mediante el diálogo y actuaciones concretas. Debemos superar las ideas falsas, los estereotipos, el lenguaje tendencioso y los conceptos que difunden los medios de comunicación y a menudo reproducen los líderes irresponsables. Debemos rebatir las actitudes que propagan la idea de un vínculo entre religión y violencia, extremismo e incluso terrorismo.

En este contexto, es urgente la necesidad de promover acciones que puedan contrarrestar la situación y las tendencias actuales, basadas en la fuerza y en la imposición. Debemos fomentar comportamientos y actitudes orientados a la acción y debemos dar a conocer el verdadero origen de los conflictos, incluyendo, si procede, las religiones y las ideologías. Hemos de ofrecer posibles soluciones para construir la paz e implantarla en la mentalidad de las personas, especialmente en los actores políticos y sociales y en los medios de comunicación.

Por lo tanto, reunidos en la edificante montaña y abadía de Montserrat, y dentro del marco del 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, reconfirmamos nuestra adhesión plena a los principios ratificados en la Declaración, como también en otros documentos[2] y acuerdos internacionales, que garantizan el derecho y el pleno respeto a la libertad de religión y otras creencias, y promueven el diálogo y la interacción con personas de otras afinidades e identidades, sean creyentes o no. En este sentido, parece esencial un encuentro y una puesta en común rápidos y eficaces entre los representantes de las religiones y las autoridades nacionales e internacionales, sobre todo para identificar los valores comunes y aprender a vivir con nuestras diferencias.

Destacamos la importancia que tienen hoy las identidades, las cuales, dejando aparte los extremismos, constituyen la base más poderosa para crear un modelo efectivo de coexistencia internacional. Estamos convencidos que es necesario construir una cultura de diálogo, alianza, no violencia y paz, y expresamos en voz alta nuestro apoyo convencido a todos los que dedican esfuerzos a este proyecto.

Invitamos a todos los líderes religiosos, a todos los niveles, desde la jerarquía más alta hasta la base popular, a reforzar y ejercer su papel crucial como actores de la paz y la comprensión mutua.

Invitamos a la sociedad civil y a los actores institucionales a trabajar en estrecha colaboración, diligente e incansablemente, con resolución e imaginación, para lograr los Objetivos del Milenio e ir más allá, y de este modo, acelerar la transición de la fuerza hacia la palabra, de la violencia hacia la armonía intercultural e interreligiosa, del enfrentamiento a la alianza, de una economía de guerra a una economía de desarrollo global, de una cultura de guerra a una cultura de paz basada en la justicia.

Realizamos un llamamiento especial a las comunidades educativa, académica, científica y artística, así como a las asociaciones intelectuales, grupos de expertos y medios de comunicación. Por su naturaleza misma, deberían convertirse en los principales paladines de la enseñanza y el aprendizaje de los derechos humanos, la tolerancia, los valores y un mejor equilibrio entre géneros.

Invitamos a los líderes políticos, a los Gobiernos y a las organizaciones internacionales –especialmente mediante una reforma exhaustiva del sistema de Naciones Unidas– a unir sus esfuerzos, guiados por “principios democráticos”, para hacer frente a las dificultades que amenazan a la Humanidad. Estamos convencidos de que, si los seres humanos lo desean, pueden transformar el mundo. Tal y como reconocen todas las religiones, no hay nada que esté fuera del alcance de la capacidad creativa del ser humano para distinguir.


Fuente: Religión Digital
. Visto en Opiniones y Redes Cristianas


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Fundación Cultura de Paz, presidida por Federico Mayor Zaragoza
Alianza de Civilizaciones
Monasterio de Montserrat