sábado, 3 de mayo de 2008
Energías renovables y desarrollo humano, por Ingeniería sin Fronteras
En el mundo, 1.600 millones de personas no tienen acceso a la electricidad. Imprescindible para el desarrollo humano, la energía no se utiliza en el mundo con conciencia política, económica, social y medioambiental. Es un problema de todos, no sólo en los países del Sur, sino también los del Norte.
Hay suficiente para todo el mundo. El problema del uso y disfrute desigual no es sólo tecnológico ni económico, sino también político. Se cree que la tecnología resuelve los problemas del desarrollo, y se le encomienda ese cometido sin antes habernos cuestionado qué significa desarrollar y ser desarrollado.
Debemos replantearnos el bienestar de esta sociedad de consumo, entender que el bienestar de la sociedad no va asociado a la producción y consumo desmedido de energía, sino a la producción y consumo racional, suficiente y en condiciones de igualdad para quienes poblamos la Tierra.
Así, pasamos a hablar en términos de Desarrollo Humano, entendido éste como la ampliación de capacidades para que las personas puedan decidir sobre su futuro con libertad. Este concepto está estrechamente ligado al acceso a la energía por la relación existente entre el consumo de energía y la mejora de indicadores de pobreza, salud, educación, etc.
¿Cómo avanzar en este sentido? En aras de la sostenibilidad, hemos de asumir que el acceso a la energía y su consumo debe ser respetuoso con la naturaleza y con las personas que habitan cada entorno. Pero no puede ser el mercado quien dicte las reglas del “juego energético”; éstas deben ir consensuadas con las comunidades que habitan las zonas de abastecimiento y determinadas por el dialogo productivo entre las sabidurías locales y globales.
En segundo lugar, hemos de emprender acciones. Esta metodología debe verse reflejada no sólo en los discursos de Cooperación al Desarrollo sino en las políticas públicas de los Estados, con el fin de regular a las empresas transnacionales que explotan los recursos y a las entidades financieras que avalan económicamente los procesos de expansión. Reconocemos que, atendiendo a la situación global, esto requerirá un ejercicio de ingenio por quienes marcan las agendas internacionales.
Hablando de ingenio, llegamos a la Ingeniería; así, creemos que ingenieras e ingenieros debemos replantearnos nuestra labor. Entender que el ingenio por sí solo no genera soluciones; por el contrario ha llevado a la humanidad a numerosos desastres. Sin embargo, el ingenio utilizado al servicio de la vida y para la vida, ha llevado a transformar la existencia de miles de personas en todo el mundo. El ingenio ha de ser no sólo responsable, sino ético, y para ello debe comprender qué es la sociedad y cuáles son sus necesidades.
Ingenieros e ingenieras hemos de plantearnos que nuestro deber es estar al servicio de las personas, creando soluciones sencillas para resolver grandes problemas. Es posible cocinar con el sol, generar aire acondicionado aprovechando el calor, esterilizar el agua sólo con radicación solar, etc. La gran ventaja de las tecnologías apropiadas es que, por encima de cualquier aspecto científico-tecnológico, se pueden aplicar en todas las zonas del mundo, independientemente de su peso económico y político. Estas técnicas son sencillas de transferir, no generan dependencia y se apoyan en el conocimiento de las culturas locales, nos enseñan que debemos aunar las tecnologías modernas y el conocimiento ancestral, es decir, hacer un dialogo tecnológico en iguales condiciones que posibilite construir un proyecto conjunto de la humanidad.
El futuro no es desesperanzador; por el contrario, nos ha tocado vivir para decidir nuestra historia y la de las generaciones futuras. Vivir en la sociedad del riesgo implica replantear el camino andado, abandonar las inercias, desdibujar las verdades universales, crear un conocimiento compartido, tejidos de solidaridad y aprende a amarnos, porque no tenemos miedo a reconciliar los sentimientos con la ciencia, la ciencia con la ética y la ética con la vida.
Por lo tanto, dejemos que la profesión y la vida hagan un alto conjunto, que fluya la energía para conspirar un nuevo horizonte, no sólo para las voces silenciadas, sino para todas las voces; y sin renunciar a la felicidad, por el contrario, para construirla desde nuestro interior, porque no somos lo que tenemos y lo que tenemos es nuestro ser.
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias
Vídeo: La Última Hora (The 11th Hour)
Pulsa el enlace para visitar el Sitio web oficial de la película
viernes, 28 de marzo de 2008
Un colectivo artístico crea un "banco de conocimientos"

El grupo Platoniq recoge adhesiones para el ‘Mercado de Intercambio de Ideas’ que se celebrará en el CCCB ( http://www.cccb.org/es/ )
¿Quiere saber qué es el capitalismo cognitivo o cómo defenderse ante una situación de mobbing inmobiliario? O quizá le gustaría explicar cómo funciona una cooperativa de consumo biológico o cómo compartir wi-fi con sus vecinos. En ambos casos tiene que apuntarse al Banco Común de Conocimientos (BCC) (www.bancocomun.org), una plataforma concebida como un laboratorio de educación mutua, de ciudadano a ciudadano, basada en la idea de que todos los conocimientos capaces de mejorar la calidad de vida son un bien común y como tales deben ser transmitidos, compartidos, protegidos y extendidos.
“El BCC se enmarca en un movimiento global llamado Open Knowledge, que aplica la filosofía del copyleft y los métodos del software libre a dinámicas colectivas de aprendizaje”, afirman los creadores del invento, el colectivo Platoniq (www.platoniq.net), fundado por Susana Noguero (Mallorca, 1975) y Olivier Schulbaum (Francia, 1971). “La estructura de Banco es abierta y se basa en dinámicas de cooperación, documentación y responsabilidad distribuida. Cualquier persona puede participar, formando parte de la propia organización, ofreciendo y/o demandando conocimientos o produciendo contenidos para difundir a través de la web”, explican.
Tras dos acciones públicas en Cambridge y Lisboa, bajo el lema El saber ocupa lugar, el Banco Común de Conocimientos desembarca a Barcelona con un Mercado de Intercambio de Conocimientos Libres, que se celebrará del 3 al 5 de abril en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), en el marco del ciclo NOW, encuentros en el presente continuo. “Hasta entonces realizaremos sondeos a través de la web y en el espacio público, por ejemplo delante de universidades y mercados [el sábado estarán en el de Sant Antoni de Barcelona] para ir recopilando ofertas y demandas y estructurarlas en diversos apartados: educación, ecología del conocimiento, derechos ciudadanos y economía”, indican. De esta forma, y hasta el 31 de marzo, se preparará un programa de ponentes que ofrecerán sus cápsulas de conocimiento en las jornadas de intercambio en el CCCB.
“También habrá un espacio para las intervenciones imprevistas, consultorías, teoría para llevar, microtalleres y manuales audiovisuales de supervivencia urbana. Además, para abrirnos a un público de no iniciados, hemos encargado a diferentes expertos una serie de ejercicios / juegos, que simplifican conceptos y estrategias relacionados con la filosofía y los protocolos tecnológicos en los que se basa el BCC”, añaden.
Dos de estos juegos han sido concebidos por los propios miembros de Platoniq: el Social tagging, donde se aprende a detectar afinidades, intereses, carencias y habilidades con el objetivo de formar grupos de trabajo, y el Monalisa.Torrent, donde se ilustran los beneficios de las infraestructuras horizontales y distribuidas y cómo aplicarlos a otros ámbitos de la sociedad.
El investigador Ismael Peña López organizará ejercicios para enseñar sistemas de evaluación de contenidos y Juan Freire dará lecciones de software libre aplicado a modelos de sostenibilidad económica en empresas culturales. También participarán el escritor independiente y artista digital Armin Medosch; el creador del mítico banco del tiempo LET System en los años ochenta, Michael Linton; el colectivo suizo de media-activistas, Bitnik; los responsables de la comunidad online de aprendizaje por vídeo Sclipo, y la socióloga, bióloga, economista y especialista en redes de trueque en Latinoamérica, Heloísa Primavera.
“Todos los intercambios son registrados y publicados en Internet bajo una licencia copyleft que garantiza que el conocimiento siga rodando. Queremos crear herramientas para transformar múltiples aspectos de la vida en momentos de aprendizaje y compartir recursos como manera de conseguir más autonomía, individual y colectiva en la vida cotidiana”, concluyen los dos creadores del colectivo organizador.
Escrito por ROBERTA BOSCO - Barcelona - 25/03/2008 para EL PAIS
miércoles, 27 de febrero de 2008
Budismo y compromiso social
Muchos son los que en Occidente tienen una visión del budismo que no se corresponde con la realidad. Se piensa aquí que el budismo es una religión que da la espalda al mundo cotidiano para concentrarse exclusivamente en la vida contemplativa o en prácticas internas sin relación con la vida diaria y con los problemas de la gente común. Es una visión “mística”.
Es cierto que durante muchos siglos el budismo ha sido una religión eminentemente monástica. La práctica de la meditación, el estudio de los sutras, los ritos religiosos han estado reservados a los monjes en todas las tradiciones y en todos los países budistas asiáticos. La función de los laicos venía marcada por la práctica de los cinco preceptos, por las donaciones y la devoción a la sangha (orden) monástica y poco más. Aunque la tradición de las escrituras habla de cuatro tipos de practicantes budistas (monjes, monjas, laicos, laicas) el ideal de vida ha sido tradicionalmente el monástico. La vida del monje que vive en un monasterio separado del mundo, entre monjes o monjas del mismo sexo, sin la presión de la subsistencia diaria, es muy diferente de la vida de los laicos que deben luchar cada día con innumerables dificultades relativas a la familia, al trabajo, a la situación social y política, etc.
No sé cómo es la situación en los demás países budistas asiáticos, pero en Japón, la población moderna ha perdido la confianza en la clase monástica budista y se ha producido una profunda fractura entre ambas. Los monjes budistas han dejado de ser un referente moral y espiritual para la mayoría de los japoneses.
En Myanmar, por el contrario, los monjes budistas siguen siendo un referente y un apoyo inestimable para la población, no sólo a nivel espiritual, sino como estamos viendo estos días también a nivel social y político. Los monjes birmanos han salido de los monasterios y se han manchado los pies con el barro de las calles en una manifestación de compromiso social sin precedente en Occidente. A algunos les ha costado la vida y a otros muchos la libertad.
Por numerosas que sean las oscuridades, hago el voto de iluminarlas todas”.