Mostrando entradas con la etiqueta Imperialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imperialismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de noviembre de 2009

¿Para qué 20 bases militares de EE.UU. en Hispanoamerica?



por Frida Modak
 


Desde que trascendió que Colombia tenía un convenio con Estados Unidos para facilitarle siete bases militares en su territorio, el tema ha sido objeto de mucha discusión. Sin embargo el convenio ya es un hecho y a eso hay que agregar que se abrirán 4 nuevas bases en territorio panameño, lo que representa un gigantesco paso atrás en la nación istmeña que luchó durante tantos años por recuperar la soberanía sobre su territorio, asta expulsar de allí a las anteriores bases estadounidenses.

 
Pero el asunto tiene consecuencias para todos los países del área, así como también para el Caribe y para todos aquellos hasta donde alcancen los equipos de espionaje, porque eso son, instalados en las bases. Los gobiernos de la región no llegaron a un acuerdo sobre el tema en la reunión de UNASUR, lo obviaron, optando por considerarlo un asunto interno de Colombia para no entrar en la discusión de hasta donde llega el concepto de soberanía nacional.
 
Estados Unidos, por su parte, intenta presentar esta expansión de sus bases militares como una forma de combatir el narcotráfico y el terrorismo. Antes de los nuevos convenios los estadounidenses tenían 12 bases reconocidas y otras poco claras, pero pese al despliegue de recursos y efectivos militares el narcotráfico seguía viento en popa y el país del norte continuó siendo el primer consumidor mundial de drogas. El terrorismo no está ni en América Latina ni en el Caribe, sino en los países a los que Washington lleva sus guerras y el dinero del narcotráfico, según los estudiosos del tema, se lava mayoritariamente en los bancos estadounidenses, lo que hasta antes del estallido de la crisis económica actual habría contribuido a paliar los déficit fiscales.
 
Así se distribuyen
 
Hasta el año 2000, Estados Unidos tuvo a Panamá como sede de su enorme aparato de vigilancia y espionaje dirigido fundamentalmente a América Latina y el Caribe, pero que le permitía controlar también las relaciones de la región con los demás países del mundo. El 2000,en cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter se tuvieron que ir de Panamá, su base principal, Howard, se la llevaron a Miami y la Escuela de las Américas la instalaron en Fort Benning con el nombre de Instituto de Cooperación Hemisférica, ahí se siguen dando a los uniformados latinoamericanos cursos de inteligencia militar y de técnicas de tortura.
 
El cambio determinó que el Pentágono tuviera que reprogramar sus planes de control sobre la región y creó los llamados puntos de avanzada de operación, FOL por sus siglas en inglés, estructurados como centros de “movilidad estratégica” y “uso de fuerza decisiva” en guerras relámpago y con bases y tropas de despliegue rápido. En la localidad ecuatoriana de Manta, el presidente de la época les permitió instalar una base que fue la sustituta de la de Howard, y que se convirtió en el mayor punto de espionaje, con equipos satelitales, hacia América del Sur. De ahí despegaban los aviones espías Orion C-130 y los Awac, que interceptan las conversaciones de radio y señales de radar en un radio de 321.8 kilómetros.
 
Las bases actuales son: en El Salvador está la base militar de Comalapa, que hace monitoreo vía satélite y apoya a las bases grandes. En Honduras, la base Soto-Cano, que originalmente se llamó Palmerola y sirvió para entrenar a los “contra” en el intento de derrocar al primer gobierno sandinista, es una estación de radar que da apoyo para entrenamiento y misiones en helicóptero, vigilando cielos y aguas y se la considera clave para operaciones militares. Es la base a la que llevaron al Presidente Zelaya cuando lo secuestraron para sacarlo del país.
 
En Costa Rica, el país sin ejército, la base de Liberia que se usó como centro de negociaciones y en la que funcionó hasta 1995 un sistema de radar, entra en funciones otra vez, ahora con un nuevo radar, según anunció hace un mes Paul Trivelli, subcomandante del Comando Sur, quien dijo también que en la localidad de Caldera se invertirán 15 millones de dólares en una base naval que ya se está construyendo.  En Colombia operaban tres bases y ahora serán siete, de las cuales la más importante por el equipamiento que se le está brindando es la de Palanqueros, que remplazará a la de Manta. Los militares estadounidenses podrán usar también todos los aeropuertos del país, como anunció hace pocos días el gobierno de Uribe.
 
Perú, según lo afirma el gobierno del presidente Alan García, no tiene bases estadounidenses, sin embargo se señala que ha permitido el ingreso de militares de Estados Unidos y la construcción de algunas instalaciones en Iquitos y Nanay, zona fluvial de la Amazonia peruana. En Paraguay se encuentra la base militar Mariscal Estigarribia, que simboliza exactamente la finalidad de este tipo de instalaciones militares.
 
La base se encuentra en la región del Chaco, tiene capacidad para alojar a 20 mil soldados estadounidenses, una enorme pista de aterrizaje y se encuentra a 200 kilómetros de Argentina y Bolivia y a 300 kilómetros de Brasil. Su aeropuerto es más grande que el de Asunción, la capital paraguaya. La base está estratégicamente ubicada, cerca de la triple frontera Paraguay, Brasil, Argentina, y próxima al Acuífero Guaraní, que es la mayor reserva de agua dulce del mundo. Desde allí se vigila también el Altiplano boliviano y Venezuela.
 
Los problemas que está teniendo el Presidente Lugo, quien en un año de gobierno ha cambiado ya tres veces a la cúpula militar del país, están relacionados con sus posiciones a favor de una América Latina independiente, habrá que seguir el desarrollo de la situación.
 
Y nos quedan las bases del Caribe, la más conocida es la de Guantánamo, que la administración Bush usó como cárcel y lugar de tortura para presuntos terroristas cuya condición de tales no se ha podido probar, cárcel que Obama no ha podido cerrar como anunció. En las Antillas Holandesas están la base militar Reina Beatriz en Aruba y Hatos en Curazao. La de Vieques en Puerto Rico debió ser desalojada en 2004 a raíz de un fuerte movimiento popular en demanda de su cierre.
 
A este listado se suman las cuatro bases que se instalarán en Panamá, en medio de una gran polémica, porque se echa por tierra la lucha de décadas por recuperar la plena soberanía del país.
 
El Pentágono se anticipó, Samper
 
En este debate en el que tantas cosas se dicen a medias, el ex presidente colombiano Ernesto Samper fue muy claro al ser entrevistado por Telesur. A una pregunta sobre las reales intenciones del Pentágono en relación a las bases en su país respondió:
 
“Las bases estaban anunciadas en las bases del Pentágono desde el mes de enero. Ahí aparecían las bases señaladas en el mapa de Colombia, antes de que se entrara a negociar con Colombia, estas bases no son para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo en Colombia. El tipo de equipos que van a llegar a Colombia, equipos militares, no van a fortalecer la lucha contra el terrorismo o el narcotráfico. Aviones C17 que transportan hasta 70 toneladas de material bélico, aviones P Orion 3 que van a llegar a Barranquilla, que son aviones de espionaje ligero, aviones como el Awac que es un avión que va con una plataforma de vigilancia electrónica arriba, Boeings 707, ¿los van a traer para fumigar los cultivos ilícitos? ¿Van a traer los C17 para llevar masivamente a los narcotraficantes? ¡Por Dios! Esto es un portaaviones para vigilancia electrónica para el hemisferio y eso es lo que temen con razón, no solamente Venezuela, que tiene todo el derecho a tener su miedo sobre estos dispositivos disuasivos, sino lo tienen también Brasil y los países de Unasur”.
 
 Mensaje de Lula
 
En este contexto, el presidente brasileño le envió el siguiente mensaje verbal a su colega estadounidense: “Querido compañero Obama: no necesitamos las bases Americanas en Colombia para combatir el narcotráfico en América del Sur”.
 
(*) Frida Modak, periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.

http://alainet.org/active/34512?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+ALEMtitulares+%28Titulares+de+America+Latina+en+Movimiento%29

miércoles, 12 de agosto de 2009

Las bases yankis y la soberanía Latinoamericana

por Fidel Castro Ruz*











Nicaragua 1932, soldados «marines» estadounidenses muestran la bandera capturada a Augusto César Sandino. La injerencia yanki no ha parado hasta hoy día en Latinoamérica.



Frente a las crecientes y populosas fuerzas sociales latinoamericanas que exigen a sus gobernantes en este nuevo milenio una mayor soberanía política para una mejor defensa de sus intereses económicos frente a un intercambio comercial internacional que sigue siendo injusto para los países en desarrollo, el imperialismo norteamericano de la administración Obama responde con nuevas amenazas de golpes de Estado como el recientemente ocurrido en Honduras y nuevas bases militares en Colombia. Fidel Castro analiza la situación.

El concepto de nación surgió de la suma de elementos comunes como la historia, lenguaje, cultura, costumbres, leyes, instituciones y otros factores relacionados con la vida material y espiritual de las comunidades humanas.

Los pueblos de la América, por cuya libertad Bolívar realizó las grandes hazañas que lo convirtieron en El Libertador, fueron llamados por él a crear, como dijo: “la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

Antonio José de Sucre libró en Ayacucho la última batalla contra el imperio que había convertido gran parte de este continente en propiedad real de la corona de España durante más de 300 años.

Es la misma América que decenas de años más tarde, y cuando ya había sido cercenada en parte por el naciente imperio yanki, Martí llamó Nuestra América.

Hay que recordar una vez más que, antes de caer en combate por la independencia de Cuba, último bastión de la colonia española en América, el 19 de mayo de 1895, horas antes de su muerte, José Martí escribió proféticamente que todo lo que había hecho y haría era para “…impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

En Estados Unidos, las 13 colonias recién liberadas no tardaron en extenderse desordenadamente hacia el Oeste en busca de tierra y oro, exterminando indígenas hasta que arribaron a las costas del Pacífico, competían los Estados agrícolas esclavistas del Sur con los Estados industriales del Norte que explotaban el trabajo asalariado, tratando de crear otros Estados para defender sus intereses económicos.

En 1848 arrebataron a México más del 50 por ciento de su territorio, en una guerra de conquista contra el país, militarmente débil, que los llevó a ocupar la capital e imponerle humillantes condiciones de paz. En el territorio arrebatado estaban las grandes reservas de petróleo y gas que más tarde suministrarían a Estados Unidos durante más de un siglo y lo siguen en parte suministrando.

El filibustero yanki William Walker, estimulado por “el destino manifiesto” que proclamó su país, desembarcó en Nicaragua en el año 1855 y se autoproclamó Presidente, hasta que fue expulsado por los nicaragüenses y otros patriotas centroamericanos en 1856.

Nuestro Héroe Nacional vio cómo el destino de los países latinoamericanos era destrozado por el naciente imperio de Estados Unidos.
Después de la muerte en combate de Martí se produjo la intervención militar en Cuba, cuando ya el ejército español estaba derrotado. La Enmienda Platt, que concedía al poderoso país derecho a intervenir en la Isla, fue impuesta a Cuba.

La ocupación de Puerto Rico, que ha durado ya 111 años y hoy constituye el llamado “Estado Libre Asociado”, que no es Estado ni es libre, fue otra de las consecuencias de aquella intervención.
Las peores cosas para América Latina estaban por venir, confirmando las geniales premoniciones de Martí. Ya el creciente imperio había decidido que el canal que uniría los dos océanos sería por Panamá y no por Nicaragua. El istmo de Panamá, la Corinto soñada por Bolívar como capital de la más grande República del mundo concebida por él, sería propiedad yanki.

Aun así, hubo peores consecuencias a lo largo del Siglo XX. Con el apoyo de las oligarquías políticas nacionales, los Estados Unidos se adueñaron después de los recursos y de la economía de los países latinoamericanos; las intervenciones se multiplicaron; las fuerzas militares y policiales cayeron bajo su égida. Las empresas transnacionales yankis se apoderaron de las producciones y servicios fundamentales, los bancos, las compañías de seguros, el comercio exterior, los ferrocarriles, barcos, almacenes, los servicios eléctricos, los telefónicos y otros, en mayor o menor grado pasaron a sus manos.

Es cierto que la profundidad de la desigualdad social hizo estallar la Revolución Mexicana en la segunda década del Siglo XX, que se convirtió en fuente de inspiración para otros países. La revolución hizo avanzar a México en muchas áreas. Pero el mismo imperio que ayer devoró gran parte de su territorio, hoy devora importantes recursos naturales que le restan, la fuerza de trabajo barata y hasta lo hace derramar su propia sangre.

El TLCAN es el más brutal acuerdo económico impuesto a un país en desarrollo. En aras de la brevedad, baste señalar que el Gobierno de Estados Unidos acaba de afirmar textualmente: “En momentos en que México ha sufrido un doble golpe, no solo por la caída de su economía sino también por los efectos del virus A H1N1, probablemente queremos tener la economía más estabilizada antes de tener una larga discusión sobre nuevas negociaciones comerciales.” Por supuesto que no se dice una sola palabra de que, como consecuencia de la guerra desatada por el tráfico de drogas, en la que México emplea 36 mil soldados, casi cuatro mil mexicanos han muerto en el 2009.

El fenómeno se repite en mayor o menor grado en el resto de América Latina. La droga no solo engendra problemas graves de salud, engendra la violencia que desgarra a México y a la América Latina como consecuencia del mercado insaciable de Estados Unidos, fuente inagotable de las divisas con que se fomenta la producción de cocaína y heroína, y es el país de donde se abastecen las armas que se emplean en esa feroz y no publicitada guerra.

Los que mueren desde el Río Grande hasta los confines de Suramérica son latinoamericanos. De este modo, la violencia general bate récord de muertes y las víctimas sobrepasan la cifra de 100 mil por año en América Latina, engendradas fundamentalmente por las drogas y la pobreza. El imperio no libra la lucha contra las drogas dentro de sus fronteras; la libra en los territorios latinoamericanos.

En nuestro país no se cultivan la coca ni la amapola. Luchamos con eficiencia contra los que intentan introducir drogas en nuestro país o utilizar a Cuba como tránsito, y los índices de personas que mueren a causa de la violencia se reducen cada año. No necesitamos para ello soldados yankis. La lucha contra las drogas es un pretexto para establecer bases militares en todo el hemisferio. ¿Desde cuándo los buques de la IV Flota y los aviones modernos de combate sirven para combatir las drogas?

El verdadero objetivo es el control de los recursos económicos, el dominio de los mercados y la lucha contra los cambios sociales. ¿Qué necesidad había de restablecer esa flota, desmovilizada al final de la Segunda Guerra Mundial, hace más de 60 años, cuando ya no existe la URSS ni la guerra fría? Los argumentos utilizados para el establecimiento de siete bases aeronavales en Colombia son un insulto a la inteligencia.

La historia no perdonará a los que cometen esa deslealtad contra sus pueblos, ni tampoco a los que utilizan como pretexto el ejercicio de la soberanía para cohonestar la presencia de tropas yankis. ¿A qué soberanía se refieren? ¿La conquistada por Bolívar, Sucre, San Martín, O´Higgins, Morelos, Juárez, Tiradentes, Martí? Ninguno de ellos habría aceptado jamás tan repudiable argumento para justificar la concesión de bases militares a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, un imperio más dominante, más poderoso y más universal que las coronas de la península ibérica.

Si como consecuencia de tales acuerdos promovidos de forma ilegal e inconstitucional por Estados Unidos cualquier gobierno de ese país utilizara esas bases, como hicieron Reagan con la guerra sucia y Bush con la de Iraq, para provocar un conflicto armado entre dos pueblos hermanos, sería una gran tragedia. Venezuela y Colombia nacieron juntos en la historia de América tras las batallas de Boyacá y Carabobo, bajo la dirección de Simón Bolívar. Las fuerzas yankis podrían promover una guerra sucia como hicieron en Nicaragua, incluso emplear soldados de otras nacionalidades entrenados por ellos y podrían atacar algún país, pero difícilmente el pueblo combativo, valiente y patriótico de Colombia se deje arrastrar a la guerra contra un pueblo hermano como el de Venezuela.

Se equivocan los imperialistas si subestiman igualmente a los demás pueblos de América Latina. Ninguno estará de acuerdo con las bases militares yankis, ninguno dejará de ser solidario con cualquier pueblo latinoamericano agredido por el imperialismo.

Martí admiraba extraordinariamente a Bolívar y no se equivocó cuando dijo: “…así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo… calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía.”

Agosto 9 de 2009

* Fidel Castro Ruz, ex presidente de Cuba. Comandante en jefe de la Revolución Cubana.

domingo, 19 de octubre de 2008

Cuando los derechos humanos son un pretexto para las intervenciones militares imperialistas

por Daniel Raventós

19 Octubre 2008

El físico de la Universidad de Lovaina y activista belga Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso (1), ha escrito un libro que hace pocas semanas se ha editado en castellano: Imperialismo humanitario. El uso de los Derechos Humanos para vender la guerra (2). Se trata de un libro que, por lo pronto, tiene dos virtudes: aporta una información muy pormenorizada y polemiza de forma convincente con algunas posiciones mantenidas por algunos sectores de los movimientos pacifistas.

Con este libro, Bricmont pretende aportar “una modesta contribución a la reconstrucción de la izquierda”. Por izquierda, dice el autor, debe entenderse un triple combate que se ha dado históricamente: a) por el control social de la producción, b) por la paz y contra el imperialismo, y finalmente c) por la defensa de la democracia, de los derechos del individuo, de la igualdad de género, de las minorías y del medio ambiente. Añade una precisión importante. La “vieja izquierda” (que llega, según el autor, hasta mediados de los 60 del siglo XX) estaba muy centrada en los dos primeros aspectos, despreciando al tercero, mientras que la “nueva izquierda” se centra en el tercero olvidando buena parte de los dos primeros.

Ante el gran intervencionismo militar de EEUU y sus aliados, lo que Bricmont llama “nueva izquierda” ha oscilado entre el “imperialismo humanitario” y el “relativismo cultural”. La primera posición defendería que nuestros valores universales “nos dan el derecho y hasta nos obligan a intervenir en cualquier lugar y que cuestiona poco o nada las guerras imperialistas”. Gran parte del libro está dedicada a combatir esta primera posición. De ahí el título. La segunda posición, en cambio, si bien en general es contraria a la guerra, considera que “no hay tal cosa como una postura moral con valor universal, en cuyo nombre se pueda juzgar objetivamente a otras sociedades y culturas (o la nuestra)”. Pues bien, lo que pretende con este libro Bricmont es la defensa de una tercera posición: el rechazo al intervencionismo “al mismo tiempo que acepta como deseables los objetivos que éste procura alcanzar.” De forma explícita el autor afirma: “[L]as críticas aquí contenidas a la utilización ideológica de los derechos humanos de ningún modo cuestionan la legitimidad de las aspiraciones contenidas en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.” Dicho con otras palabras, el rechazo de determinadas prácticas en algunos países, no debe conllevar la defensa de las intervenciones militares porque la suma de daños es mucho mayor que los beneficios que se consiguen.

La edición castellana de este libro incluye un largo, más de 40 páginas, y jugoso prólogo de Noam Chomsky, por quien Jean Bricmont siente una confesada consideración. En un artículo muy reciente (3) en el Irish Times del lingüista del MIT podemos leer: “Por espectacular contraste, en la fase neoliberal que siguió al desplome del sistema de Bretton Woods en los años 70, el Tesoro estadounidense contempla ahora la libre movilidad de los capitales como un ‘derecho fundamental’, a diferencia, ni que decir tiene, de los pretendidos ‘derechos’ garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos: derecho a la salud, a la educación, al empleo decente, a la seguridad, y otros derechos que las administraciones de Reagan y Bush han displicentemente considerado como ‘cartas a Santa Claus’, ‘ridículos’ o meros ‘mitos’.” Esta alusión que hace Chomsky a la carta a Santa Claus se refiere exactamente a las palabras empleadas por Jeane Kirkpatrick, cuando era embajadora de la administración Reagan en la ONU, en una conferencia sobre derechos humanos realizada en el Kenyon College, la más vieja institución universitaria privada de Ohio, el 4 de abril de 1981. Bricmont dedica un buen número de páginas a esta cuestión, es decir, a las distintas prioridades que EEUU y sus aliados conceden según qué tipo de derechos se trate. Los derechos individuales y políticos están en la Declaración de 1948. Pero también están los derechos económicos y sociales. A Kirkpatrick estos últimos le merecieron aquel despreciativo comentario. Bricmont plantea al respecto la siguiente pregunta: “qué dirían nuestra prensa y nuestros intelectuales si algún dirigente del Tercer Mundo describiese los derechos individuales y políticos como ‘una carta a Santa Claus’.”

Un capítulo entero de Imperialismo humanitario lleva por título “Los argumentos débiles y fuertes en la oposición a la guerra”. El autor pone como argumentos fuertes: la defensa del derecho internacional y la perspectiva antiimperialista. Este segundo argumento es ejemplificado por un supuesto: “¿qué sucedería si un país pusiera en práctica las ideas de los movimientos ‘altermundialistas’ o ‘por la justicia global’?” (es decir, el repudio a la deuda externa, la reapropiación de los recursos naturales, impuestos fuertes a los beneficios empresariales, construcción de servicios públicos, o incluso la moderadísima Tasa Tobin…). La reacción de EEUU, según Bricmont, no sería muy diferente a la que se tuvo contra Allende, Lumumba, Arbenz y tantos otros. Reacción que incluiría: sabotaje económico, escalada de la subversión interna (y la represión de este hipotético gobierno sobre los grupos sociales, políticos y religiosos que a esta tarea se prestaran, sería inmediatamente denunciada como una violación de los derechos humanos), la posibilidad de un golpe militar y, si todo eso aún no fuera suficiente, la intervención armada directa de los EEUU. Es decir, “una nueva Bahía de los Cochinos, un nuevo Vietnam o nuevas Contras.” Algún país latinoamericano, Venezuela destacadamente nos recuerda el autor, está pasando actualmente por alguna de estas fases. Hace algunos años, en 1984, la CIA publicó un manual (llamado curiosamente “Operaciones Psicológicas”) que estaba destinado a los “luchadores por la libertad”, pues así era como el presidente de EEUU Ronald Reagan consideraba a la Contra. Las instrucciones que se recomendaban en este manual eran del siguiente tenor: “secuestrar a todos los funcionarios o agentes del gobierno sandinista”, “denunciar a la policía a un sujeto que se resiste a unirse a la guerrilla… mediante una carta que contenga falsas acusaciones de ciudadanos no implicados en el movimiento”, “se contratará a criminales profesionales para llevar a cabo ‘tareas’ específicamente seleccionadas”… Concluye Bricmont este apartado del antiimperialismo como argumento fuerte de oposición a la guerra: “[E]l movimiento altermundista no puede renunciar a adoptar una firme postura antiintervencionista y antiimperialista”.

El próximo 10 de diciembre se cumplirá el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. Centenares y miles de actos de todo tipo se están haciendo y se harán para conmemorar este aniversario. Si bien hay (y habrá) honrosísimas excepciones, muchos de los actos que se han hecho (y que se harán) son poco más que un festival, en la forma, y un bla bla, en el contenido. Este libro de Jean Bricmont es un buen ejercicio de reflexión que poco tiene que ver con gran parte de este festival conmemorativo.

NOTAS:
(1) Coautor con el físico estadounidense Alan Sokal de Imposturas intelectuales (Paidós, 1999), un demoledor alegato contra el postmodernismo y la izquierda académica relativista. Puede leerse una larga entrevista con Bricmont en el número 3 de Sin Permiso.
(2) Ed. El Viejo Topo, 2008.
(3) Traducido al castellano y publicado por Sin Permiso con el título de “La cara antidemocrática del capitalismo, al descubierto”.

Daniel Raventós es miembro del Comité de Redacción de SINPERMISO. Su último libro es Las condiciones materiales de la libertad (Ed. El Viejo Topo, 2007).


Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2122

sábado, 9 de agosto de 2008

Divide y vencerás

Divide y vencerás:
el proyecto imperialista anglo-estadounidense


by Andrew G. Marshall (*)

Global Research, 23 Julio 2008



Establecer un “arco de crisis”
Muchas personas tendrían dudas de que británicos y estadounidenses estén detrás de actos terroristas en Iraq, como los británicos en Basora cuando dos soldados británicos del regimiento especializado en operaciones clandestinas fueron capturados disfrazados de árabes, con explosivos y un abundante arsenal [1]. ¿Por qué serían cómplices los británicos en orquestar el terrorismo en la misma ciudad en la que están para proporcionar seguridad? ¿Qué propósito habría detrás de ello? Esta pregunta nos lleva a otra incluso más importante, la de por qué se ocupó Iraq, de cuál fue el objetivo de la guerra contra Iraq. Si, como nos suele decir nuestra dosis diaria de CNN, SkyNews y las declaraciones de los altos cargos públicos, la respuesta es propagar la democracia y la libertad, y librar al mundo de la tiranía y del terrorismo, entonces no tiene sentido que británicos y estadounidenses estén orquestando el terrorismo.

Sin embargo, si la respuesta a la pregunta de por qué ocurrió la invasión anglo-estadounidense no era propagar la democracia y la libertad, sino propagar el miedo y el caos, sumir al país en una guerra civil, balcanizarlo y crear un “arco de crisis” por todo Oriente Próximo que implique a los países vecinos, en especial a Irán, entonces el terrorismo es un medio muy eficaz y eficiente para tal fin.


Un estrategia imperialista


En 1982 Oded Yinon, un periodista israelí vinculado al ministerio de Asuntos Exteriores israelí, escribió un artículo para una publicación de la Organización Sionista Mundial en el que ponía de relieve una “estrategia para Israel en los ochenta”. En este artículo afirmaba:

“ La desintegración de Siria e Iraq en zonas étnica o religiosamente únicas como en Líbano es el objetivo fundamental de Israel en el frente oriental. Iraq, rico en petróleo por una parte e internamente dividido por otra tiene todas las garantías de ser un candidato a los objetivos de Israel. Su desintegración es incluso más importante para nosotros que la de Siria. Iraq es más fuerte que Siria. A corto plazo, lo que constituye la mayor amenaza para Israel es el poder iraquí”.

Continúa:

“Una guerra irano-iraquí desgarrará Iraq y causará su desmoronamiento en el interior incluso antes de que sea capaz de organizar una lucha en un frente más amplio contra nosotros. Todo tipo de confrontación inter-árabe nos ayudará a corto plazo y acortará el camino para el más importante objetivo de dividir Iraq en confesiones religiosas como en Siria y Líbano”.


Y añade:

“En Iraq es posible una división en provincias según unas líneas étnicas/religiosas, como en Siria durante [el Imperio] Otomano. Así pues, existirán tres (o más) Estados en torno a las tres ciudades más importantes: Basora, Bagdad y Mosul, y las zonas chiíes en el sur estarán separadas del norte sunní y kurdo” [2].


El resultado de la guerra irano-iraquí, que duró hasta 1988, no fue el deseada por Oded Yinon, la ruptura de Iraq en provincias según criterios étnicos. Ni tampoco el de la posterior guerra del Golfo de 1991 en la que Estados Unidos destruyó las infraestructuras de Iraq ni el de la década larga posterior de devastadoras sanciones y bombardeos aéreos de la administración Clinton. Lo que, sin embargo, sí sucedió durante estas décadas fue la muerte de millones de iraquíes e iraníes.


Un fractura limpia para un Nuevo Siglo Estadounidense

En 1996 un think tank israelí, el Instituto para Estudios Estratégicos y Políticos Avanzados, publicó un informe del think tank Study Group sobre una nueva estrategia israelí con vistas al año 2000 titulado “Una fractura limpia: una nueva estrategia para asegurar el territorio”. En este artículo, en el que se hacían recomendaciones al entonces primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se afirmaba que Israel puede “trabajar estrechamente con Turquía y Jordania para contener, desestabilizar y reducir algunas de sus más peligrosas amenazas”, así como “cambiar la naturaleza de sus relaciones con los palestinos, incluyendo mantener el derecho de persecución en todas las zonas palestinas por motivos de autodefensa” y “forjar unas nuevas bases para las relaciones con Estados Unidos (haciendo hincapié en la independencia, la madurez, la cooperación estratégica en areas de interés mutuo y fomentando los valores inherentes a occidente)”.

El informe recomendaba a Israel “tomar la iniciativa en su frontera norte atrayendo a Hizbola, Siria, e Irán como principales agentes de agresión en Líbano” y utilizar “a la oposición libanesa para desestabilizar el control sirio de Líbano”. También afirma que “en cooperación con Turquía y Jordania, Israel puede dar forma a su entorno estratégico debilitando, conteniendo e incluso haciendo retroceder a Siria. Este esfuerzo puede centrarse en derrocar a Sadam Husein en Iraq (también un importante objetivo estratégico israelí) como un medio de frustrar las ambiciones regionales de Siria” [3].

Entre los autores del informe se incluyen Douglas Feith, un ardiente neoconservador que llegó a ser sub-secretario de Defensa para la Política de George W. Bush desde 2001 a 2005; David Wurmser, que tras el 11 de septiembre fue nombrado por Douglas Feith para formar parte de una unidad secreta de inteligencia del Pentágono y fue asesor de Oriente Próximo de Dick Cheney desde 2003 a 2007; y Meyrav Wurmser, la mujer de David, que es ahora un alto cargo del think tank estadounidense Hudson Institute.


Richard Perle dirigía el estudio. Trabajó en el Comité del Consejo Asesor de Política de Defensa del Pentágono desde 1987 a 2004 y fue su presidente desde 2001 a 2004 donde desempeñó un papel clave a medida que se acercaba la guerra de Iraq. También fue miembro de varios think tanks estadounidenses, incluyendo el Instituto de Iniciativa Estadounidense y el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense.


El Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, o PNAC por sus siglas en inglés, es un think tank neoconservador estadounidense, entre cuyos miembros y afiliados se incluyen muchas personas que estuvieron asociadas con la actual administración Bush, como Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, John Bolton, Richard Armitage, Jeb Bush, Elliott Abrams, Eliot A. Cohen, Paula Dobriansky, Francis Fukuyama, Zalmay Khalilzad, I. Lewis "Scooter" Libby, Peter Rodman, Dov Zakheim y Robert B. Zoellick.


En septiembre de 2000 el PNAC elaboró un informe titulado “Reconstruir las Defensas de Estados Unidos: estrategias, fuerzas y recursos para un nuevo siglo” en el que se trazaba un programa para una Pax Americana o Imperio Estadounidense. El informe se centra especialmente en Iraq e Irán y afirma:

“A largo plazo Irán puede resultar ser una amenaza tan grande para los intereses estadounidenses en el Golfo como lo es Iraq” [4].

Afirmando que “durante décadas Estados Unidos ha buscado desempañar un papel más permanente en la seguridad regional del Golfo” el informe sugiere que “el conflicto no resuelto con Iraq proporciona la justificación inmediata”, sin embargo, “la necesidad de la presencia de una importante fuerza estadounidense en el Golfo trasciende el problema del cambio de régimen de Sadam Husein” [5]


Provocar una guerra civil para la “Solución de los tres Estados”


Poco después de la invasión y ocupación de Iraq en 2003 el New York Times publicaba un artículo de opinión de Leslie Gelb, presidente emérito y miembro de la junta directiva del Consejo de Relaciones Exteriores, el más poderoso e influyente think tank de Estados Unidos. El artículo, titulado “La solución de los tres Estados” y publicado en noviembre de 2003, afirmaba que la “única estrategia viable” para Iraq “puede ser corregir el error histórico y avanzar en etapas hacia una solución de tres Estados: kurdos en el norte, sunníes en el centro y chiíes en el sur”. Citando el ejemplo de la desintegración de Yugoslavia, Gelb afirmaba que estadounidenses y europeos “dieron a los bosnios musulmanes y a los croatas los medios de luchar, y los serbios aceptaron la separación”. Al explicar la estrategia Gelb afirma que el “primer paso debería ser convertir el norte y el sur en regiones con auto-gobierno con unos límites trazados lo más cerca posible de las líneas étnicas” y “exigir elecciones democráticas en cada región”. Además, “bajar al mismo tiempo tropas estadounidenses al Triángulo Sunní y pedir a Naciones Unidas que supervise la transición al auto-gobierno allí”. Gelb afirma entonces que esta política “sería tanto difícil como peligrosa. Washington tendría que ser muy testarudo y muy despiadado para lograr esta desintegración” [6].


Seguir el ejemplo de Yugoslavia, como cita Gelb, requeriría lograr una guerra civil entre los diferentes grupos étnicos. A principios de los noventa Estados Unidos apoyó y financió a las fuerzas musulmanas en Bosnia bajo el liderazgo de los muyaidines afganos adiestrados por la CIA, de triste fama por su guerra contra la Unión Soviética dirigida por la CIA entre 1979 y 1989. En Bosnia los muyaidines estuvieron “acompañados de las fuerzas especiales estadounidenses” y Bill Clinton aprobó personalmente la colaboración con “varias organizaciones fundamentalistas islámicas, incluyendo la al-Qaeda de Ben Laden”. Años después en Kosovo “en 1998-99 muyaidines mercenarios de Oriente Próximo y Asia Central fueron reclutados para luchar en las filas del Ejército de Liberación de Kosovo (KLA, por sus siglas en inglés) que apoyó ampliamente el esfuerzo de guerra de la OTAN”. La Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense (DIA, por sus siglas en inglés), los servicios de inteligencia británicos (MI6), soldados británicos del regimiento especializado en operaciones clandestinas y compañías privadas de seguridad británicas y estadounidenses tenían la tarea de armar y adiestrar al KLA. Posteriomente, “el departamento de Estado estadounidense incluyó al KLA en la lista de organizaciones terroristas indicando que financiaba sus operaciones con dinero procedente del tráfico de heroína y con préstamos procedentes de países e individuos islámicos, entre los que supuestamente se encontraba Osama Ben Laden” así como “el hermano de un líder de una organización de la Jihad egipcia e indicando también que un comandante militar de Osama Ben Laden estaba dirigiendo una unidad de elite del KLA durante el conflicto de Kosovo” [7].


¿Podría ser esta la misma estrategia que se está desplegando en Iraq para desintegrar el país por similares razones estratégicas?
El Asia Times Online informaba en 2005 que el plan para “balcanizar” Iraq en varios Estados más pequeños “es una réplica exacta de un plan de la extrema derecha israelí para balcanizar Iraq (una parte esencial de la balcanización de todo Oriente Próximo). Curiosamente Henry Kissinger estaba vendiendo la misma idea incluso antes de la invasión de Iraq en 2003”. El artículo continuaba: “esto es la clásica divisa del divide y vencerás: el objetivo es perpetuar la falta de unidad árabe. Llámese Iraquificación; lo que realmente significa es fiebre sectaria traducida en guerra civil” [8].

En 2006 una “comisión independiente establecida por el Congreso con la aprobación del presidente George W Bush” llamada “la Comisión Baker” por el nombre del ex-secretario de Estado James Baker, “está cada vez más interesada en la idea de separar las regiones chiíes, sunníes y kurdas como la única alternativa a lo que Baker llama 'dejarlo todo y huir’ or 'aguantar hasta el final’"[9].


En 2006 se informó así mismo de que “el futuro federal de Iraq también está consagrado en su constitución, que permite formar las regiones, si bien no afirma cómo” y que “el Parlamento iraquí (dominado por chiíes y kurdos) aprobó una ley a principios de este mes [octubre de 2006] que permite a las regiones federales formase (por mayoría de votos en las regiones que buscan la unión)”. Además, “la ley que, como era de esperar, no obtuvo el apoyo sunní, será revisada dentro de 18 meses en un intento de convencer a sus oponentes”. Sin embargo, el artículo afirmaba que en vez de una solución de tres Estados “un sistema basado en cinco regiones parece que podría tener más posibilidades de tener éxito. Un modelo de cinco regiones tendría dos regiones en el sur, una con base en torno a Basora y otra en torno a los santos lugares. Se mantendrían Kurdistán y la región sunní, pero Bagdad y sus alrededores formarían la quinta región, metropolitana, urbana” [10]. El autor del artículo era Gareth Stansfield, un socio del think tank Chatham House de Londres, que precedió al Consejo de Relaciones Exteriores, trabaja con él y con su equivalente británico.


“La limpieza étnica funciona”

En 2006 el Diario de las Fuerzas Armadas publicaba un artículo del teniente coronel retirado Ralph Peters titulado “Fronteras de sangre: qué aspecto podría tener un Oriente Próximo mejor”. En su artículo Peters explica que el mejor plan para Oriente Próximo serían “reajustar” las fronteras de los países.


“Aceptando que el arte de gobernar internacional nunca ha desarrollado herramientas eficaces (salvo la guerra) para reajustar fronteras fallidas, un esfuerzo mental para captar las fronteras “orgánicas” de Oriente Próximo nos ayuda, sin embargo, a comprender el alcance de las dificultades a las que nos enfrentamos y a las que seguiremos enfrentándonos. Estamos lidiando con deformaciones colosales creadas por el hombre que no dejarán de generar odio y violencia hasta que sean corregidas”.

Afirma que tras la invasión de 2003 “se debería haber dividido inmediatamente Iraq en tres Estados más pequeños”. Sin embargo, Iraq no es el único país que a ojos de Peter es víctima de la “balcanización” ya que “Arabia Saudi sufriría un desmantelamiento tan grande como el de Pakistán” e “Irán, un Estado con unas fronteras dementes, perdería gran cantidad de territorio en favor del Azerbayán unificado, el Kurdistán libre, el Estado Árabe Chií y el Baluchistán Libre, pero ganaría las provincias en torno a Herat en el Afganistán actual”.

Además, “lo que Afganistán perdiera en favor de Persia en el oeste lo ganaría al este, ya que las tribus de la frontera noreste de Pakistán se reunirían con sus hermanos afganos”. Peters afirma que “corregir las fronteras” puede ser imposible “por ahora. Pero con tiempo (y con el inevitable baño de sangre que va unido a ello) emergerán fronteras nuevas y naturales. Babilonia ha caído más de una vez”. Más adelante hace esta sorprendente afirmación: “¡Ah!, y un secretillo vergonzante que tiene 5.000 años de historia: la limpieza étnica funciona” [11]


El mapa de un nuevo diseño de Oriente Próximo, inicialmente publicado junto con el artículo de Peters pero que ya no aparece “se ha utilizado en el programa de adiestramiento de la Escuela de Defensa de la OTAN para oficiales militares de alto rango. Este mapa, como otros mapas similares, probablemente se ha utilizado tanto en la Academia Nacional de Guerra como en los círculos de planificación militar” [12]. Acerca de la propuesta de Peters Nafeez Mossadeq Ahmed escribió que “la reconfiguración radical de fronteras que él propone implicaría necesariamente una limpieza étnica generalizada y con ella un baño de sangre quizá a escala genocida” [13].


¿Federalismo o balcanización gradual?


Un mes antes de que se publicara el artículo de Peters, Leslie Gelb del Consejo de Relaciones Exteriores y Joseph Biden, un demócrata miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado [estadounidense] escribieron un artículo de opinión para el New York Times en el que afirmaban que “Estados Unidos debe ir más allá de la falsa opción actual entre “aguantar hasta el final” y “traer las tropas a casa ahora”, y elegir una tercera vía que de forma responsable reduciría nuestra presencia militar al tiempo que evitaría el caos y preservaría nuestro objetivos de seguridad claves”.


¿Cuál es esta tercera opción? “La idea, como en Bosnia, es mantener un Iraq unido descentralizándolo, dando a cada grupo étnico-religioso (kurdos, árabes sunníes y árabes chiíes) espacio para dirigir sus propios asuntos al tiempo que se deja al gobierno central a cargo de los intereses comunes”.


Los autores describen unos cuantos aspectos de este plan.


“El primero es establecer tres regiones con una amplia autonomía y con un gobierno central viable en Bagdad. Las regiones kurda, chií y sunní serían cada una responsables de sus propias leyes internas, de la administración y de la seguridad interna. El gobierno central controlaría la defensa de las fronteras, los asuntos exteriores y los ingresos del petróleo”.

Entonces,

“el segundo elemento sería engatusar a los sunníes para que se unan al sistema federal con una oferta que no podrán rechazar. Para empezar, controlar su propia región sería mucho más preferible a las demás alternativas: ser dominados por kurdos y chiíes en un gobierno central o ser las principales víctimas de una guerra civil” [14].


En una comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en 2007 Leslie Gelb afirmó que su plan para “federalizar” Iraq “se parecería a lo siguiente:


“el gobierno central estaría basado en las zonas en las que hay genuinos intereses comunes entre los diferentes partidos iraquíes, esto es, los asuntos exteriores, la defensa de las fronteras, la moneda y, por encima de todo, la producción e ingresos del petróleo y gas”.
Y, “por lo que se refiere a las regiones, ya sean tres o cinco, sean las que sean (a los iraquíes les corresponde decidirlo), serían responsables de la legislación, la administración y seguridad internas” [15].

Posteriormente el Senado aprobó una resolución no vinculante que apoyaba un sistema federal para Iraq y que todavía tiene que ser promulgado puesto que se estipula que esta resolución tiene que ser promulgada por los iraquíes para que no se considere “algo a lo que les obliga Estados Unidos”. Además, “cuando el embajador Ryan Crocker compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado afirmó apoyar el federalismo”. En una conversación privada con los senadores también apoyó la idea, “sin embargo, cuando estaba en Bagdad se expresó en contra de la resolución” [16]. ¿Podría ser esto una forma de manipulación? Si el embajador estadounidense en Bagdad promueve una solución particular para Iraq, probablemente los iraquíes lo consideren una mala opción, que favorece los intereses de los estadounidenses. Así pues, si el embajador despotrica públicamente contra la resolución, cosa lo que hizo, esto transmite la idea de que la actual administración [estadounidense] no está detrás de ella, lo que podría hacer que los iraquíes lo vean como una alternativa y que, quizá, favorece sus intereses. Aceptar el punto de vista estadounidense sobre cuestiones fundamentales significa un suicidio político (y con frecuencia, real) para los políticos iraquíes. El hecho de que el embajador estadounidense en Bagdad denuncie públicamente una estrategia particular da a los políticos iraquíes la legitimidad pública para reivindicarla.

Esta resolución todavía no ha pasado por todos los procedimientos del Congreso [estadounidense] y, de hecho, puede haber sido incluida en otro proyecto de ley, como una Ley de Autorización de Defensa. Sin embargo, los esfuerzos que están detrás de esta ley son mayores que el cada vez más irrelevante Congreso estadounidense.


También en 2007 otro think tank hizo un llamamiento a lograr “dividir Iraq en tres Estados separados con sus propios gobiernos y representantes en Naciones Unidas, pero con una cooperación económica constante basada en el modelo de la Unión Europea” [17]. Sorprendentemente el ex-embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas , John Bolton, reconoció en 2000 que “Estados Unidos no tiene “intereses estratégicos” en un Iraq unido” y también sugirió que “Estados Unidos no debería necesariamente impedir que Iraq se divida” [18].


Conclusión


Claramente, sea cual sea la excusa o signifique lo que signifique dividir Iraq, no cabe la menor duda de que existe una estrategia ango-estadounidense de balcanizar Iraq. Decir que lo que se está proponiendo no es la balcanización sino el federalismo es discutible. Esto se debe a que volver a un sistema más federal en el que las provincias tengan mayor autonomía separaría naturalmente el país según las fronteras étnico-religiosas. Los kurdos estarían en el norte, los sunníes en el centro y los chiíes en el sur, con todo el petróleo. La desproporción de los recursos de cada provincial creará enemistad entre las provincias y las diferencias étnicas manipuladas durante mucho tiempo se transmitirán de las calles a la esfera política. A medida que aumenten las tensiones ente provincias, como sin lugar a dudas ocurrirá, habrá una inclinación natural hacia una posible separación. Los desacuerdos acerca del reparto de poder en el gobierno federal podrían llevar a su posible colapso, con lo que se habría logrado la estrategia de balcanización bajo la apariencia de que se habría producido sin una implicación exterior.


NOTAS


[1] Global Research, Iraqi MP accuses British Forces in Basra of "Terrorism". Al Jazeera, 20 de septiembre de 2005: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=20050920&articleId=983
[2] Linda S. Heard, The Prophecy of Oded Yinon. Counter Punch, 25 de abril de 2006:
http://www.counterpunch.org/heard04252006.html
[3] Richard Perle, et. al., A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm. The Institute for Advanced Strategic and Political Studies, junio de 1996:
http://www.iasps.org/strat1.htm
[4] PNAC, Rebuilding America’s Defenses. Project for the New American Century, septiembre de 2000, p. 17
[5] PNAC, Rebuilding America’s Defenses. Project for the New American Century, septiembre de 2000, p. 14

[6] Leslie Gelb, The Three State Solution. The New York Times, 25 de noviembre de 2003: http://www.cfr.org/publication/6559/threestate_solution.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb%3Fpage%3D3 [7] Michel Chossudovsky, "Osamagate." Global Research, 9 de octubre de 2001: http://www.globalresearch.ca/articles/CHO110A.html
[8] Pepe Escobar, Exit strategy: Civil war. Asia Times Online, 10 de junio de 2005:
http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/GF10Ak03.html
[9] Sarah Baxter, America ponders cutting Iraq in three. The Times, 8 de octubre de 2006:
http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/article664974.ece
[10] Gareth Stansfield, The only solution left for Iraq: a five-way split. The Telegraph, 20 de octubre de 2006:
http://www.telegraph.co.uk/opinion/main.jhtml?xml=/opinion/2006/10/29/do2904.xml&sSheet=/opinion/2006/10/29/ixopinion.html [11] Ralph Peters, Blood Borders: How a better Middle East would look. Armed Forces Journal, junio de 2006: http://www.armedforcesjournal.com/2006/06/1833899
[12] Mahdi Darius Nazemroaya, Plans for Redrawing the Middle East: The Project for a "New Middle East". Global Research, 18 de noviembre de 2006: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=3882
[13] Nafeez Mossadeq Ahmed, US Army Contemplates Redrawing Middle East Map to Stave Off Looming Global Meltdown. Dissident Voice, 1 de septiembre de 2006:
http://www.dissidentvoice.org/Sept06/Ahmed01.htm
[14] Leslie Gelb and Joseph Biden, Jr., Unity Through Autonomy in Iraq. The New York Times, 1 de mayo de 2006: http://www.cfr.org/publication/10569/unity_through_autonomy_in_iraq.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb%3Fpage%3D2 [15] Leslie Gelb, Leslie Gelb before the Senate Foreign Relations Committee. The CFR, 23 de enero de 2007: http://www.cfr.org/publication/12489/leslie_gelb_before_the_senate_foreign_relations_committee.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb [16] Bernard Gwertzman, Gelb: Federalism Is Most Promising Way to End Civil War in Iraq. CFR, 16 de octubre de 2007: http://www.cfr.org/publication/14531/gelb.html?breadcrumb=%2Fbios%2F3325%2Fleslie_h_gelb [17] Robin Wright, Nonpartisan Group Calls for Three-State Split in Iraq. The Washington Post, 17 de agosto de 2007: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/08/17/AR2007081700918.html
[18] AP, French report: Former U.N. envoy Bolton says U.S. has 'no strategic interest' in united Iraq. International Herald Tribune, 29 de enero de 2007: http://www.iht.com/articles/ap/2007/01/29/europe/EU-GEN-France-US-Iraq.php

Enlace con el original: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=9451

Traducido del inglés por Rebelión


(*) Andrew G. Marshall ha escrito sobre la militarización de África Central, temas de seguridad nacional y el proceso de integración de Norteamérica. También colabora con GeopoliticalMonitor.com Actualmente es investigador en el Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG) en Montreal, colaborador frecuente de Global Research, y estudia ciencias políticas e historia en la Universidad Simon Fraser, British Columbia.