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viernes, 22 de enero de 2010

Religión y Estado



Conferencia de Paul Cliteur 
en la presentación del Foro Humanismo Secular


Señoras y señores.
Permítanme empezar dando mis más sinceras gracias por haber sido invitado a participar en esta conferencia en torno al Humanismo Secular. Es para mí un auténtico placer tratar antes ustedes de este asunto tan importante que se encuentra en el núcleo mismo de los desafíos a los que tienen que hacer frente las sociedades multiculturales de la Europa de nuestros días.
¿Cuáles son esos desafíos?
Se diría que el desafío más importante al que se enfrentan las sociedades pluralistas multiculturales es el de cómo pueden sus ciudadanos vivir juntos y pacíficamente a pesar de que procedemos de tradiciones religiosas tan diferentes.
Parece que nos enfrentamos actualmente a lo que podríamos llamar la “paradoja de la secularización”. Por un lado, hoy en día hay más personas que nunca que no suscriben en la creencia en Dios ni en la vida después de la muerte. Por otro lado, nos enfrentamos a un fanatismo religioso de una magnitud y provisto de unos recursos muy superiores a lo que se había visto jamás.
Este nuevo problema cristaliza de forma clara en el terrorismo religioso de nuestros días. El objetivo de mi obra  Esperanto moral. Por una ética laica, publicado este año en español por Los libros del lince, trata de analizar este problema.
 
1. La influencia de la religión.
Lo que yo llamo “Esperanto moral” se basa en uno de los supuestos del Humanismo Secular que frecuentemente cae en el olvido. Me refiero al hecho de que las cosmovisiones religiosas tiene una influencia efectiva en lo que la gente piensa y hace. Tal vez parezca una obviedad, pero mi afirmación es bastante más polémica de lo que podría parecer a primera vista. Permítanme que ilustre mi afirmación  aplicándola al fenómeno contemporáneo del terrorismo religioso. Supongamos que pudiésemos preguntarle a Omar Faruk Abdulmuttalab, el joven nigeriano que intentó detonar material explosivo en el vuelo 253 de Amsterdam a Detroit, por los motivos que le condujeron a hacerlo. Su respuesta sería: “Mi religión me lo prescribe.”
Y si preguntásemos a Igal Amir, el hombre que en 1995 asesinó al presidente israelí Yitzak Rabin por qué lo hizo, nos respondería: “Yo tenía el deber religioso de matar a un presidente que quería hacer las paces con los palestinos.” Y si preguntásemos a un ciudadano de los Estados Unidos que mató a un médico de una clínica abortista acerca de por qué lo hizo, nos contestaría: “El aborto es un pecado a los ojos de Dios; tuve que matar al médico para salvar las vidas de los bebés no natos.”
Y si preguntásemos  al hombre que atacó hace unas semanas a Kurt Westergaard, uno de los caricaturistas daneses, este somalí nos contaría que tiene el deber religioso de matar a todo aquel que se burle del profeta o de su Dios.
Lo que pretendo decir con estos ejemplos es que son los propios terroristas religiosos, tanto si proceden de la tradición judía como de la cristiana o la musulmana, hablan clara y abiertamente de sus motivaciones y de cuál es la fuente de inspiración de su conducta. Y, sin embargo, casi ninguno de los analistas occidentales de esta clase de problemas lo enfoca como el choque entre el fanatismo religioso  y la cosmovisión secular. Solo lo ven desde este punto de vista los humanistas seculares, y desde mi punto de vista los humanistas seculares tienen un papel muy importante a la hora de recordarnos a todos lo que la mayoría de la gente parece olvidar: la función que desempeña la religión en los conflictos contemporáneos.
 
2. Esperanto moral.
Tan pronto como admitimos el papel que juega la religión en estos conflictos actuales, también alcanzamos a ver de forma inmediata una “solución” o, por decirlo de forma más modesta, un camino hacia la solución. Los Humanistas Seculares nos pueden enseñar que los ciudadanos pueden convivir pacíficamente y llevar vidas tan satisfactorias como plenas de sentido, sin necesidad de que sus principios morales tengan ninguna clase de fundamentos trascendentalistas. La ética autónoma, la ética no religiosa, la ética que no está basada en la palabra de Dios o en lo que Dios les reveló a sus profetas, es algo perfectamente factible, cosa que se deduce con toda claridad de la admirable obra del profesor Savater, que hoy nos acompaña.
Sería magnífico que la gente admitiera como mínimo que para justificar sus compromisos morales bastaría con una explicación no-religiosa, aunque solo fuese para colocarla al lado de la habitual explicación basada en el lenguaje de la religión. De eso trata lo que he bautizado como “esperanto moral”. En las sociedades multiculturales y profundamente  pluralistas, debemos al menos estar dispuestos a comunicarnos con nuestros vecinos en un lenguaje religiosamente neutro. Esto no equivale a prohibirle a nadie que viva de acuerdo con los principios de inspiración religiosa. Se trata de una proposición meramente práctica que pide que hablemos los unos con los otros con un lenguaje que todo el mundo (o la mayoría de la gente) pueda entender.

3. El estado y la religión.
Lo cual me conduce al tercero y último de los temas que quiero plantear: la relación entre estado y religión. El estado puede ser de gran ayuda, y también tener un papel muy negativo, en la superación de los problemas que nos impiden convivir pacíficamente.
Existen cinco modelos de relación entre los estados y las religiones. 
 
Son los siguientes:

    1.    Ateismo político
    2.    Estado religiosamente neutral, o secular
    3.    Multiculturalismo
    4.    Estado eclesiástico o Leitkultur
    5.    Teocracia

Sobre la base de cada uno de estos modelos, el estado puede: 
 
1) rechazar la religión de forma categórica; 
2) tratar de mantener la neutralidad ante la religión; 
3) tratar por igual todas las religiones; 
4) dar prioridad a una religión en particular; y 
5) obligar de forma legal a la práctica de una sola religión.

Al primero de estos modelos podríamos llamarlo “ateísmo político” o “ateísmo totalitario”: Para este modelo el ateísmo es una doctrina estatal. El ateísmo no aparece como una convicción de los individuos según los cuales Dios no existe o no encuentran razones convincentes que les hagan pensar en la existencia de Dios, de forma que lo mejor es suspender todo juicio al respecto, sino una política oficial del estado, que pretende erradicar toda simpatía hacia las ideas religiosas en general y la idea de que Dios existe en particular. Los defensores del ateísmo político pretenden que se cree un estado ateo cuya misión consiste en fomentar las convicciones ateas entre sus ciudadanos. Para lo cual, por supuesto, hace falta un estado dotado de un poder inmenso, y la vinculación de este modelo al totalitarismo es evidente (1). Un estado así necesita controlar la mente de sus ciudadanos hasta en el menor detalle, como ocurría en la ya extinta República Democrática Alemana.

El estado ateo fue implantado con la Revolución Rusa, en 1917, y terminó en 1989 con la caída del muro de Berlín y la disolución consiguiente del Imperio Soviético.  Es  decir que en la mayor parte del Siglo XX una parte considerable del mundo estuvo dominada por el ateísmo político, sobre todo si seguimos los análisis del periodista francés Jean Daniel, según el cual  el Siglo XX comenzó con la Primera Guerra Mundial y concluyó con la Caída del Muro (2). La actitud del estado en esos sistemas tuvo una influencia decisiva de los escritos de Karl Marx. La religión era, según Marx, una falsa conciencia. La crítica de las religiones formaba parte esencial de la crítica social, en su notable introducción a Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie (1843/44) (3). Es el hombre quien crea su religión, y no la religión la que crea al hombre.

La crítica de Marx es la base de la obra de Lenin y Stalin, que convirtieron esa crítica en una parte esencial de la actividad del estado. Es el estado el que debe liberar al pueblo de las perniciosas ilusiones creadas por la religión. El estado debe liberar al pueblo de la religión por los mismos motivos por los cuales el estado moderno cuida la salud de sus ciudadanos (4).
El segundo modelo es el del estado religiosamente neutro. La forma más conocida de este modelo es la laïcité francesa. La república francesa está organizada sobre la base del principio de esa laïcité, tal como afirmó la comisión creada por el presidente Chirac para reformular los ideales de la República (la comisión Stasi, así llamada por el apellido de su presidente, Bernard Stasi) (5). Todos los estados democráticos respetan la libertad de conciencia y el principio de la no discriminación.  Pero la república francesa está especialmente basada en el principio de la laïcité entendida como un principio fundamental (6). La laïcité se funda en tres valores indisolubles: libertad de conciencia (“liberté de conscience”), igualdad ante la ley (“égalité en droit”) y la neutralidad del poder político (“neutralité du pouvoir politique”) (7). No debe entenderse en absoluto la laïcité  como algo que infringe la libertad de religión, sino que es aquel valor que permite que cada ciudadano elija por sí mismo lo que quiera creer en todo lo referente a su vida espiritual y religiosa (“sa vie spirituelle ou religieuse”) (8). La igualdad ante la ley prohíbe toda discriminación o uso de la fuerza, y el estado no concede ningún privilegio a ninguno de los credos espirituales.

El tercer modelo es el del estado “multicultural” o “multireligioso” (9). Este  modelo pretende tratar por igual a todas las religiones ayudándolas a todas en el mismo grado (10). En otras palabras, el estado  no favorece al cristianismo más que al budismo, o viceversa. Sino que trata por ejemplo al cristianismo a la par que al budismo. Si el cristianismo obtiene subsidios estatales para sus curas, para el mantenimiento de sus templos o la organización de sus obispos, el Budismo puede pedir que se le dé el mismo trato. Si el cristianismo consigue que sus instituciones religiosas sean subvencionadas por el estado, todas las religiones pueden pedir eso mismo. Es lo que los defensores del estado multicultural llaman “trato igualitario”.

A veces, se llama al tercer modelo “pluralismo” o también se habla de “estado pluralista”. Pero lo importante es saber si es o no correcto usar esa denominación. ¿No pretende el segundo de los modelos estar también al servicio del pluralismo? Es como si se pudiera elegir entre dos opciones, la del “pluralismo espontáneo” o “pluralismo no apoyado por el estado” (segundo modelo) y, por otro lado, el “pluralismo organizado por el estado”, es decir el tercero de los modelos.

El cuarto modelo es el que corresponde a la iglesia establecida. En este modelo, el estado y la iglesia establecen unas conexiones muy íntimas en la tarea del mantenimiento del orden público. Lo cual no significa que se prohíban las demás religiones, pero éstas carecen de la primacía otorgada por el sistema a la religión oficial. Esta “discriminación” suele tener una justificación de tipo histórico. La primera religión que alcanzó a establecerse en el territorio del estado se ve favorecida y goza de privilegios especiales, tal como ocurre con la iglesia anglicana en el Reino Unido (11).

El quinto modelo es la teocracia. Se trata del opuesto exacto al modelo del ateísmo político.  Hay una religión que recibe un trato de favor muy por encima de todas las demás, que además son prohibidas, a menudo con el uso en contra de ellas de la ley y la fuerza. Es un modelo que radicaliza la tendencia inherente en el modelo de la religión oficial del estado. Son ejemplos de su aplicación Arabia Saudí e Irán (12).

Desde mi punto de vista, de todos los modelos revisados, el que mejor permitiría fomentar la cohesión social entre los miembros de una sociedad multicultural y pluralista es el segundo. No solo los individuos deberían aprender a hablar este “Esperanto moral”, sino que los estados deberían dar ejemplo de practicar ese idioma.


Notas.

1. Sobre marxismo-leninismo en general, ver, Acton, H.B., The Illusion of the Epoch: Marxism-Leninism as a Philosophical Creed, Routledge & Kegan Paul, London and Boston 1962 (1955); Bochenski, Joseph M., Marxismus-Lenisnismus: Wissenschaft oder Glaube, 3e Auflage, Günter Olzog Verlag, München-Wien 1975 (1973); Wetter, G.A., Sovietideologie Heute, I, Dialektischer und historischer Materialismus, Fischer Taschenbuch Verlag, Frankfurt am Main 1962.
2. Daniel, Jean, “Albert Camus”, Supplément Philosophie Magazine, Décembre 2007, Janvier 2008, p. 2: “il faut souvenir que le XXe siècle a commencé avec la guerre de 1914-1918 et s’est terminé avec la chute du Mur de Berlin en 1989.”
3. Marx, Karl, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie, 1843/44, en: Karl Marx, Friedrich Engels, Ausgewählte Werke, Dietz Verlag, Berlin 1977, pp. 9-25, p. 9.
4. Ver  Froese, Paul, The Plot to Kill God: Findings from the Soviet Experiment on Secularization, University of California Press, Berkeley, Los Angeles and London 2008.
5. Ver,  Laïcité et République, Rapport au Président de la République, Commission présidée par Bernard Stasi, La Documentation française, Paris 2004.
6. Laïcité et République, p. 21. Lo cual no es del todo cierto porque otros países también tienen una constitución religiosamente neutral de forma explícita. Un ejemplo interesante al respecto es el de la India. Ver  Luthera, V.P., The Concept of the Secular State and India, Oxford University Press, Calcutta 1964; Smith, Donald Eugene, India as a Secular State, Oxford University Press, Bombay 1963; y para una crítica de los anteriores,  Madan, T.N., “Secularism in Its Place”, en: The Journal of Asian Studies, Vol. 46, No. 4 (Nov., 1987), pp. 747-759.
7. Laïcité et République, p. 21.
8. Laïcité et République, p. 21.
9. Ver,  Parekh, Bhikhu, A New Politics of Identity: Political Principles for an Interdependent World, Palgrave MacMillan, Houndmills 2008; Parekh, Bhikhu, Rethinking Multiculturalism: Cultural Diversity and Political Theory, Macmillan Press, Houndmills / London 2000; Taylor, Charles, “The Politics of Recognition”, en: Taylor, Charles, Multiculturalism. Examining the Politics of Recognition, Edited and introduced by Amy Gutman, Princeton University Press, Princeton, New Jersey 1994, pp. 25-75; Kymlicka, Will, Multicultural Citizenship. A Liberal Theory of Minority Rights, Clarendon Press, Oxford 1995.
10. Teoría defendida por, Napel, Hans-Martien Th.D., and Theissen, Florian H. Karim, “Taking pluralism seriously: the US and the EU as multicultural democracies”, en: Bart C. Labuschagne and Reinhard W. Sonnenschmidt, eds., Religion, Politics and Law: Philosophical Reflections on the Sources of Normative Order in Society, Brill, Leiden, Boston 2009, pp. 363-392.
11. Ver, Momsma, Stephen V., and Soper, Christopher J., The Challenge of Pluralism: Church and State in Five Democracies, Second Edition, Rowman & Littlefield Publishers, Lanham, 2009.
12. Taheri, Amir, The Persian Night: Iran under the Khomeinist Revolution, Encounter Books, New York and London 2009.


Fuente: http://www.humanismosecular.com/?p=1250

viernes, 6 de noviembre de 2009

Crucifijos en la escuela

El Tribunal de Estrasburgo marca la pauta a los Gobiernos en una cuestión controvertida
 

 El revuelo causado sobre todo en Italia, el Estado directamente afectado, y en los ámbitos católicos de Alemania, en especial en la región de Baviera, por la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, que declara incompatible con la libertad religiosa la presencia del crucifijo en la escuela pública no es desconocido en España. Recuerda la reacción suscitada hace un año por la sentencia de un juzgado de Valladolid, pendiente de recurso, que estableció, a demanda de un grupo de padres, la incompatibilidad de la presencia del crucifijo en las aulas y espacios comunes de la escuela pública con los artículos 14 y 16.1 de la Constitución.
La sentencia del Tribunal de Estrasburgo adquiere, sin embargo, una relevancia especial. Marca la pauta a seguir en la interpretación de la legislación sobre derechos humanos que los Estados de la Unión Europea se han comprometido a respetar y frente a la que no caben interpretaciones jurisprudenciales internas o lecturas condicionadas a los intereses políticos o motivaciones ideológicas del Gobierno de turno. Tras la sentencia resultará difícil no abordar legislativamente la cuestión, de modo que siga siendo una batalla legal entre padres y jueces, como parece ser la intención del Gobierno español en la anunciada reforma de la Ley de Libertad Religiosa.
La reacción del Gobierno de Berlusconi a la sentencia hace temer que busque la forma de burlarla o de aplazar su cumplimiento, como sucedió en el caso de Eluana Englaro, prolongando la batalla legal librada por la demandante, una madre italiana de dos niños de 11 y 13 años, para que el Estado italiano respete, conforme a su carácter laico y aconfesional, la libertad ideológica y religiosa de sus dos hijos en la escuela pública.
Al Gobierno italiano no le ha servido de nada devaluar el significado religioso del crucifijo y resaltar, en cambio, su simbología humanista en su intento de convencer al tribunal de su compatibilidad con el Estado laico y del carácter inocuo de su exposición en la escuela pública. El tribunal ve en el crucifijo lo que todo el mundo y en especial la Iglesia: un símbolo asociado al catolicismo. Su presencia en la escuela pública mal puede servir al pluralismo educativo, además de vulnerar el principio de neutralidad confesional del Estado y de no respetar las convicciones religiosas y filosóficas de padres y alumnos.

Editorial de El País
06/11/2009

domingo, 1 de marzo de 2009

¿Es la religión enemiga de la civilización?


Por Gianni Vattimo


En el mundo actual, las Iglesias se han convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Sobreviven porque sus jerarquías quieren conservar el poder y sus privilegios.

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama "el Dios moral", es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones "morales" como garantía del orden racional del mundo.

La institucionalización de las creencias, que dio origen a las Iglesias, incluyó (no sé si sólo en la práctica o como factor necesario) una reivindicación del poder histórico, en el sentido de que era casi natural y necesario que una religión moral se convirtiera en una institución temporal poderosa. Es lo que parece haber ocurrido con el catolicismo, pero se pueden ver muchos otros fenómenos similares en la historia de otras religiones. Incluso el budismo engendró un Estado, el Tíbet de los lamas, que ahora lucha por sobrevivir frente a China. En todas partes -por ejemplo, en el hinduismo-, el mismo hecho de que exista una diferencia entre clérigos y legos hace que la religión se convierta en una institución, cuyo objetivo principal es siempre su propia supervivencia. Mencionaré de nuevo el ejemplo de la Iglesia católica: si no hubiera sobrevivido a lo largo de los tiempos, yo no habría podido recibir el Evangelio, la buena nueva de la salvación. Una vez más: como en el caso de la muerte de Dios de Nietzsche, la muerte de las religiones institucionalizadas no significa que no tengan legitimidad. Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.

La Iglesia afirma que defiende su poder (y los aspectos económicos de él) para preservar su capacidad de predicar el Evangelio. Sí; pero, como en tantas instituciones, la razón suprema de su existencia se queda muchas veces olvidada a cambio de la mera continuidad del statu quo. Lo que quiero decir es que, en el mundo actual, sobre todo en el Occidente industrial, la religión como institución se ha convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Quiero subrayar que hablo de la muerte de las religiones en el mismo sentido en el que acepto el anuncio de Nietzsche sobre la muerte de Dios. La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo.

Hablar de la muerte de las religiones en un sentido relacionado con el anuncio de la muerte de Dios de Nietzsche no significa, desde luego, que la religión nunca haya tenido sentido para la humanidad. Ni siquiera se puede decir que la frase de Nietzsche significa que Dios no existe. Ésa sería de nuevo una afirmación metafísica, que Nietzsche no quería pronunciar, por su rechazo general a cualquier metafísica "descriptiva". La lucha contra la supervivencia de las religiones de la que hablo tiene poco que ver con la negación racionalista de todo significado a los sentimientos religiosos. Incluso se toma muy en serio ese resurgimiento de la necesidad de una relación con la trascendencia que caracteriza numerosos aspectos de la cultura actual. Citaré de nuevo a Nietzsche, que dice que Dios está muerto y ahora queremos que existan muchos Dioses.

Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.

Hace poco, el Papa repitió su idea constante de que la verdad no es negociable. ¿Ese "fundamentalismo" es sólo característico del catolicismo, o de todo el cristianismo? Quienes hablan de civilizaciones tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta condición concreta. No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser "dirigentes" de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.

Fuente:Tribuna El Pais -1-03-2009

domingo, 26 de octubre de 2008

A sus órdenes, mi capellán

Sotanas en el Ejército. Obispos generales. Dios y Patria. La Iglesia mantiene su cuota de poder catrense en un Estado aconfesional

por Natalia Junquera


























Foto:Fidel Raso

Con una mano en el fusil y la otra sosteniendo una imagen religiosa, decenas de militares uniformados salen en procesión cada Semana Santa o para honrar la figura de una Virgen cuando lo dice el calendario de festividades de las Fuerzas Armadas. Cada ejército tiene una de patrona. La Virgen de Loreto es la del Aire porque según recuerdan los aviadores cada diez de diciembre, la casa donde vivió la madre de Jesucristo fue llevada por ángeles en vuelo a la aldea de Loreto, en Italia. La del Carmen (16 de julio) es la de la Armada y la de la Inmaculada (8 de diciembre), la patrona del ejército de Tierra. De hecho, así es como se repartieron tres de las seis capillas que salen de la nave principal de la basílica del Valle de los Caídos, el monumento levantado por Franco para perpetuar su victoria de la Guerra Civil y honrar a los caídos. Las otras tres pertenecen a la Virgen de África, que conmemora el comienzo de la contienda; la de la Merced, patrona de los cautivos, y la del Pilar, patrona de España.
Los militares participan en actos religiosos y tienen su propia circunscripción eclesiástica: el arzobispado castrense. Hoy hay 69 capellanes en las Fuerzas Armadas. El nuevo arzobispo castrense, Juan del Río (Ayamonte, Huelva, 1947), compaginará la tarea con la presidencia de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social. Tomó posesión el 27 de septiembre. Ya tiene categoría de general de división.

-¿Cómo prefiere que le llamen, ¿Monseñor o mi general?

- "Mi nombre es Juan. Los tratamientos son accidentales y formales en la vida de una persona, y se dan según lo requieran las circunstancias, que en mi caso, primarán siempre la cercanía humana y religiosa".

-¿Ha recibido instrucción militar?

- "Juré bandera hace ya más de tres décadas en el campamento de Cerro Muriano (Córdoba)".

En pleno debate sobre la pertinencia del crucifijo en la jura de altos cargos, los símbolos y actos religiosos gozan de una incuestionada omnipresencia en las Fuerzas Armadas. "Desde los orígenes del cristianismo la Iglesia ha tenido una especial solicitud por el cuidado espiritual de los militares, atendiendo a sus peculiares condiciones de vida, que requieren una concreta y específica presencia de la Iglesia", argumenta el arzobispo. "Es una larga y arraigada tradición institucional de más de cuatro siglos", añadió del Río. ¿Es un anacronismo? ¿Una contradicción? Si el Estado es aconfesional, ¿por qué sus fuerzas armadas no lo son?

La historia medieval recoge la presencia del sacerdote que asistía a las tropas. La jurisdicción eclesiástica específicamente castrense existe en España desde la primera mitad del siglo XVII. "Aunque sufriendo los avatares ocasionados por los cambios político- militares", explican desde el Ministerio de Defensa, "la jurisdicción castrense persiste hasta nuestros días con un único paréntesis entre 1932 y 1940". El Gobierno de la República lo suprimió en 1932. Durante la Guerra Civil, en la zona regida por el General Franco, se habilitó de nuevo. Al finalizar el conflicto, se reorganizó de forma paulatina, hasta que en 1940, se restableció por ley.

Hoy, el arzobispado castrense se rige por el concordato de España con la Santa Sede de agosto de 1953, revisado en 1979. La ley reguladora del régimen del personal militar profesional declaró a extinguir en 1989 los cuerpos eclesiásticos de los ejércitos para crear el Servicio de Asistencia Religiosa de las Fuerzas Armadas, en el que hoy hay 69 sacerdotes, 50 vinculados con carácter permanente y 19 con carácter temporal. De los antiguos Cuerpos Eclesiásticos de los Ejércitos quedan 17 sacerdotes en activo y 10 que, en situación de reserva, continúan prestando servicio en unidades. Son afiliados al Régimen General de la Seguridad Social, asimilados a trabajadores por cuenta ajena. Además hay cuatro capellanes destinados en Bosnia Herzegovina, Líbano y Afganistán.

Desde la base de Marjajoun (Líbano) el capellán José Ignacio López asegura que vive una situación de "calma tensa en la que hay que tener todos los sentidos muy atentos y vigilantes". Desde Qala-e Naw, en Afganistán, el Pater Francisco Muñoz Moreno explica su tarea: "Considero fundamental resolver las dudas que los jóvenes se plantean desde un esquema moral o ético cuando se ven enfrentados a situaciones de violencia, por ejemplo, si se ven enfrentados a la situación dramática de tener que disparar para defender su vida. También creo que realizo una importante labor pastoral porque varios civiles y militares me han solicitado recibir los sacramentos del Bautismo, la Primera Comunión e incluso la Confirmación". El capellán Muñoz Moreno es teniente coronel del Ejército de Tierra.

- Arzobispo, ¿Si la asistencia religiosa es un servicio que se presta a las Fuerzas Armadas, ¿por qué tiene usted categoría de general de división?

- "Lo de general no va a ser en mi caso de división, sino de unidad y concordia. No soy militar de carrera, sino que vengo a prestar un servicio en una institución organizada en la cual se me asigna un consideración para realizar mi trabajo pastoral".

Según la legislación que rige el Servicio de Asistencia Religiosa de las Fuerzas Armadas, sus miembros no tienen la condición de militar, aunque sí, como del Río, la categoría de General de División. Privilegios de una relación de más de 400 años.

El ejército de ahora no tiene nada que ver con el de hace cuatro siglos, ni si quiera con el de hace 20 años, cuando aún no se había incorporado la mujer, o el de hace seis, cuando, un año después de que se hiciera profesional, aceptó a extranjeros en sus filas. Aliviaron el déficit de reclutas que la profesionalización del ejército había provocado y trajeron sus propias costumbres y confesiones.

En 1992 el Estado firmó tres acuerdos de cooperación con la Federación de Entidades Evangélicas de España, la de Comunidades Israelitas y la Comisión Islámica que, entre otras cosas, recogían el derecho de los militares a recibir asistencia religiosa de cada una de estas confesiones. Las tres religiones que firmaron aquellos acuerdos mantienen hoy que nunca se han cumplido.

"No funciona. En las Fuerzas Armadas no hay asistencia religiosa protestante, a pesar de que es la religión de muchos inmigrantes latinos. Hace unos años intentamos que admitieran a un grupo de pastores evangélicos, como hay capellanes, para prestar asistencia religiosa, pero en los establecimientos militares, o entra el Pater o no entra nadie", explica Mariano Blázquez, secretario ejecutivo de la Federación de Entidades Evangélicas de España. "Debería haber una oferta equivalente, no en cantidad, sino en calidad, para otras confesiones religiosas. Si hay un servicio de asistencia religiosa, que sea igual para todos. Y si no, que cada militar disfrute de su religión en el ámbito privado". Riay Tatary, Presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España, asegura que lo único que han conseguido es que el militar musulmán pueda pedir otra comida cuando hay cerdo. "El acuerdo se estancó en cuanto lo firmamos. Pedí que pudiéramos prestar asistencia religiosa al menos en Ceuta, Melilla y Madrid, pero no nos la concedieron. Actualmente, no tenemos ningún contacto con las Fuerzas Armadas".

El principal rabino de Madrid, Moshe Bendahan, asegura que con aquel acuerdo consiguieron que los mandos respetaran su calendario de festividades religiosas, pero que ha sido imposible prestar asistencia religiosa en establecimientos militares.

El arzobispo castrense en cambio, está "seguro de que los creyentes de otras confesiones tienen la adecuada atención que exige el cumplimiento del derecho de libertad religiosa". El derecho a la Libertad Religiosa y de culto recogido en la Constitución comprende el derecho a profesar unas creencias o a no profesar ninguna. A manifestarlas o no. A practicarlas y a no ser obligado a hacerlo. Es decir, que se ejerce en positivo y en negativo, y es en ese último sentido donde la presencia de capellanes en el ejército plantea más problemas.

"La libertad religiosa cuando menos, queda en entredicho ante la realidad del nexo entre Ejército y religión. Es un marco enrarecido constitucionalmente", explica Lorenzo Cotino, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia y experto en derecho militar. "El entorno fáctico y jurídico no favorece en modo alguno el ejercicio de la libertad religiosa cuando no se trata de la católica. Y la mayoría de los actos militares tienen componentes religiosos.Si a algo lo llamas oración y lo oficia un capellán, es difícil considerarlo un acto de servicio", añade.

"La jurisprudencia del Tribunal Constitucional ha reconocido que no puede obligar a un militar a participar en un acto religioso, pero obligarle no es delito", explica. Pero decir que no en el ejército no es fácil. "El militar que se resista a asistir o a permanecer en actos de contenido religioso puede internarse en un verdadero via crucis jurídico", añade Cotino. "Y si ha de haber héroes militares, más vale que sea en el acometido de su función: la defensa militar de la España constitucional".

El arzobispo castrense asegura haber percibido en las Fuerzas Armadas "un gran respeto a la libertad de las conciencias, más allá de cualquier episodio esporádico". Sobre la dificultad del militar no católico para ausentarse de un acto militar cuando éste adquiere un significado religioso, Del Río añade: "Cualquier hombre y mujer de buena voluntad no se incomoda ante una plegaria cristiana que invoca valores que engrandece el corazón humano y expresa lo más noble de una colectividad como es la Patria común. En España tendríamos que acostumbrarnos al hecho religioso libre de cualquier ideologización. La libertad de pensamiento y creencias no está reñida con el respeto a las tradiciones castrenses".

No piensa lo mismo Ramón Jáuregui, secretario general del Grupo Socialista: "En el último congreso del PSOE planteamos una reflexión política para avanzar en lo que este país todavía no ha avanzado suficientemente, la aconfesionalidad del Estado. Sigue habiendo ámbitos e instituciones del Estado con signos ostensibles de identificación con la religión católica, y eso es aplicable a las Fuerzas Armadas. Un acto militar no puede empezar con una misa. Es una de las cosas pendientes que tiene el Estado, pero creemos que la eliminación de esos símbolos debe hacerse poco a poco, de manera natural y no mediante imposiciones legales. En los colegios se han ido eliminando los crucifijos sin que fuera objeto de una disposición legal. En el ejército tardará más porque está más incrustado".

Gaspar Llamazares, diputado de Izquierda Unida, considera el asunto más urgente por cuanto supone "una absoluta contradicción que en un Estado que se dice aconfesional, y en sus instituciones, como lo es su Ejército, haya ese grado de adoctrinamiento religioso. Si tiene que haber un servicio religioso en las Fuerzas Armadas que se haga en igualdad de condiciones y sin que formen parte de la estructura militar. Contradice el principio de separación Iglesia-Estado, el principio de laicidad y aconfesionalidad y es una herencia del nacionalcatolicismo".

El Partido Popular no ofreció su postura al respecto.

-¿Se imagina unas fuerzas armadas laicas?

El arzobispo Juan del Río escribe la respuesta desde Jerez, donde ha sido Obispo los últimos ocho años: "A tenor de la significación histórica del catolicismo en nuestro país y en el reconocimiento de que es la religión mayoritaria que profesan los ciudadanos españoles, la Constitución declara una especial colaboración del Estado con la Iglesia católica. El Ejército no es un ámbito aséptico en cuanto a convicciones y valores, entre los que están los religiosos. Un militar no ha de renunciar a ellos para realizar con la mayor profesionalidad y vocación su misión".

El presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, el hombre que confesó que la Cope, en una clara alusión a Jiménez Losantos, había hecho sufrir mucho a los obispos responde a una pregunta más antes de abandonar Jerez para volver a la llamada Catedral de las Fuerzas Armadas, en Madrid: ¿Van a seguir sufriendo?

"Siempre he defendido que la Cope es mucho más que determinados comunicadores. En cuanto al sufrimiento usted sabe que es pasajero y previo a una vida mejor...". Cristiana resignación.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ordenes/capellan/elpepusoc/20081026elpepisoc_1/Tes