viernes, 12 de septiembre de 2008
Sobre la legalización de la eutanasia en España
Se define como un "político atípico", listo para volver al laboratorio y a su cátedra en cualquier momento. Pero Soria (Carlet, Valencia, 1952) se sitúa en esta legislatura en primera línea de los asuntos más delicados: aborto y muerte digna
Pregunta. Esta legislatura va a abordar cambios en las leyes sobre aborto y muerte digna. ¿Le presiona la idea de encontrarse otra vez a los obispos encabezando manifestaciones?
Respuesta. No, en absoluto. Como ministro de un Gobierno y diputado socialista, el único mandato que tengo es el de los ciudadanos. No sé qué estrategia pueden tener la Conferencia Episcopal, el Partido Popular y otros grupos, pero no tiene nada que ver.
P. ¿Qué modificaciones prevé en relación con la muerte digna?
R. Que el derecho del paciente sea un derecho real. Ésa es la primera. Porque si uno coge las leyes tal y como están, posiblemente no hay que hacer ninguna otra para que la gente muera sin dolor. Y lo que sabemos es que la gente muere sufriendo. Eso no puede ser. La batalla contra la muerte no la vamos a ganar, pero la batalla contra el dolor, sí.
P. ¿La ley actual del PP no garantiza que se muera sin dolor?
R. Las leyes actuales, sí; las normativas actuales, posiblemente no. Por eso hemos trabajado en una Estrategia Nacional de Cuidados Paliativos, en la cual estamos de acuerdo todas las comunidades, que incluye la formación de los profesionales, facilitar la asistencia domiciliaria, regular los momentos terminales, la muerte digna y el derecho que tiene cualquier ciudadano a decir, cuando llegue ese momento: "No quiero ser sometido a una tortura". Para que todo eso sea un derecho real, el testamento vital tiene que ser accesible desde cualquier punto de España. Porque una persona puede depositar uno en Navarra, y acabar muriendo en Murcia. Eso es lo que dice la Ley de Autonomía del Paciente: que el ciudadano decide. Hay un principio básico que separa dos formas de pensar: quien piensa que el propietario del cuerpo es uno mismo, y quien piensa que es alguien, una iglesia, una institución o un partido político. El Partido Socialista dice: el propietario de tu cuerpo eres tú. Tú eres quien toma decisiones.
P. Ese principio implicaría mucho más que regular los cuidados paliativos.
R. Eso es ideología socialista. Nosotros respetamos la opción del ciudadano, que puede decir que no quiere ser sometido a la tortura que significa muchas veces el esfuerzo terapéutico, que a veces atenta contra su deseo. Traducir eso en un derecho significa hacer una serie de actuaciones.
P. ¿Hasta dónde va a llegar?
R. Es el paciente el que decide si desea o no recibir un tratamiento. Por tanto, en primer lugar, hay que asegurarle que muere -o vive- sin dolor. Muchas veces la sedación terminal significa la pérdida de la vida, pero eso lo sabe el paciente convenientemente informado. Y cuando se hace bien, permite que tome la decisión. Hay que decirle que cuando empiece el proceso puede haber un momento en que no recupere la consciencia. Y se le da la oportunidad para que se despida de su familia, para que arregle sus asuntos y para que no sufra.
P. Si el propietario del cuerpo es uno mismo, ¿tendría sentido abordar el suicidio asistido?
R. La reflexión está abierta. El suicidio asistido no es legal en este país. Pero el Código Penal se ha cambiado ya muchas veces. Es un tema que pertenece más al Ministerio de Justicia. Vamos a iniciar con Justicia una reflexión confidencial con un equipo de expertos sobre suicidio asistido. Lo que no me gustaría es que esa reflexión impida que el resto de las actuaciones las hagamos ya. La impresión que tengo es que esa reflexión va a necesitar más tiempo que las otras actuaciones en las que ya estamos.
P. Entonces ¿va a cambiar el Código Penal sobre este asunto?
R. No vamos a decir a la comisión cómo debe acabar, pero sí creo que ofrecerá elementos suficientes para una decisión política.
P. ¿En esta legislatura?
R. Por lo que es mi experiencia, la reflexión nos puede llevar un año o un año y medio. Por tanto, yo no excluyo que sea en esta legislatura. Además, eso sigue la reflexión que hizo el Congreso Federal [del PSOE], que no es un mandato, pero es el partido que soporta al Gobierno.
P. Por tanto, no es disparatado pensar que España pueda llegar a un marco como el de Suiza o de Holanda.
R. No [es disparatado] que se pueda llegar. Pero todo no se puede hacer el primer día.
P. ¿Está preparada la sociedad para hablar de esto?
R. Nuestra sociedad ha demostrado ya en varias ocasiones que es una sociedad moderna, que es madura y que está preparada para cualquier tipo de debate.
P. ¿En este tema quiere el consenso del PP?
R. El consenso existe en torno a la Estrategia Nacional de Cuidados Paliativos, que se aprueba por unanimidad en el Consejo Interterritorial. La mayor parte de las cosas que estamos discutiendo son más operativas que ideológicas. Es poner los medios para que esto realmente llegue a un ciudadano de un pueblo de Segovia. Lo que ocurre es que el término eutanasia se utiliza para nombrar cosas muy distintas, y, por tanto, el que haya un grupo de reflexión viene bien para, en primer lugar, ponerse de acuerdo en los términos y en hasta dónde se puede llegar sin cambiar la norma. Y, si hay que cambiar la norma, en cómo habría que cambiarla.
Extracto de una entrevista publicada en El País, Madrid, septiembre 2008.
martes, 5 de agosto de 2008
EL TESTAMENTO VITAL
Veinte años después de que la Asociación DMD publicara el primer Testamento Vital en castellano, por fin queda establecido el Registro de Instrucciones Previas de la Comunidad de Madrid, procedimiento que facilita que la autonomía del ciudadano sea respetada de una forma más eficaz.
Registro de Instrucciones Previas:
C/ Sagasta 6, 1ª Pl. (metro Bilbao)
Cita al teléfono 914000000
El Testamento Vital es una de las herramientas que promueve el necesario proceso previo de reflexión para un mejor afrontamiento de la muerte (todos moriremos), y también para planificar anticipadamente las decisiones sanitarias que puedan llegar a tomarse caso de no poder expresar nuestra voluntad y, sobre todo, lo que deseamos evitar al final de nuestra vida. Porque, qué significa para cualquiera de nosotros morir con dignidad, qué esperamos de los demás (profesionales y allegados), cómo y quiénes deberían decidir al final de una vida si el paciente no pudiera hacerlo. Creencias, valores, decisiones que ahora tendrán que ser compartidos con las personas que estarán a su lado, especialmente con su representante, fundamental como interlocutor con el equipo médico.
En la Comunidad de Madrid no es obligatorio registrar el Testamento Vital, pues si lo tenemos firmado ante notario o ante tres testigos tiene la misma validez legal; pero aún así, DMD recomienda registrarlo a fin de facilitar su consulta desde cualquier centro sanitario y además otorgarle la relevancia social que merece.
El registro del Testamento Vital se hace personalmente. Deberá acudir con su representante o, en su lugar, llevar firmado el documento Declaración de Aceptación de mi Representante Interlocutor con una fotocopia de su DNI.
El documento lo firmará ante funcionario público en el mismo sitio del Registro.
MODELO DE INSTRUCCIONES PREVIAS DE LA COMUNIDAD DE MADRID
DECLARO:
QUE QUIERO SE TENGAN EN CUENTA LOS SIGUIENTES CRITERIOS: (Señale los que correspondan con su proyecto vital).
1.1 La capacidad de comunicarme y de relacionarme con otras personas.
1.2 La posibilidad de mantener una independencia funcional suficiente que me permita realizar las actividades propias de la vida diaria.
1.3 Preferencia por no prolongar la vida por sí misma en situaciones clínicamente irreversibles. 1.4 Preferencia por permanecer en mi domicilio habitual durante los últimos días de mi vida La capacidad de comunicarme y de relacionarme con otras personas.
1.5 Preferencia por permanecer en mi domicilio habitual durante los últimos día de mi vida.
1.6 En caso de encontrarme transitoriamente en estado de lucidez, no deseo ser informado sobre mi diagnóstico fatal.
SITUACIONES CLÍNICAS EN QUE DESEO SE CONSIDERE ESTE DOCUMENTO. (Señale las que desea se tengan en cuenta)
2.1 Enfermedad incurable avanzada (Enfermedad de curso progresivo, gradual, con diverso grado de afectación de la autonomía y la calidad de vida, con respuesta variable al tratamiento específico, que evolucionará hacia la muerte a medio plazo)
2.2 Enfermedad terminal (Enfermedad avanzada, en fase evolutiva e irreversible, con síntomas múltiples, impacto emocional, pérdida de la autonomía, con muy escasa o nula capacidad de respuesta al tratamiento específico y con un pronóstico de vida generalmente inferior a los seis meses, en un contexto de fragilidad progresiva).
2.3 Situación de agonía (La que precede a la muerte cuando ésta se produce de forma gradual, y en la que existe deterioro físico intenso, debilidad extrema, alta frecuencia de trastornos cognitivos y de la conciencia, dificultad de la relación e ingesta y pronóstico de vida de días u horas).
INSTRUCCIONES QUE DESEO SE TENGAN EN CUENTA EN MI ATENCIÓN MÉDICA (Señale las que desea)
3.1 Deseo finalizar mi vida sin la aplicación de técnicas de soporte vital, respiración asistida o cualquier otra medida extraordinaria, desproporcionada y fútil que sólo esté dirigida a prolongar mi supervivencia artificialmente, o que estas medidas se retiren, si ya han comenzado a aplicarse.
3.2 Deseo que se me proporcionen los tratamientos necesarios para paliar el dolor físico o psíquico o cualquier síntoma que me produzca una angustia intensa.
3.3 Rechazo recibir medicamentos o tratamientos complementarios y que se me realicen pruebas o procedimientos diagnósticos, si en nada van a mejorar mi recuperación o aliviar mis síntomas.
3.4 Deseo que se facilite a mis seres queridos y familiares el acompañamiento en el trance final de mi vida, si ellos así lo manifiestan y dentro de las posibilidades del contexto asistencial.
3. 5 Deseo me sean aplicados todos los tratamientos precisos para el mantenimiento de la vida hasta donde sea posible, según el buen criterio médico.
INSTRUCCIONES SOBRE MI CUERPO (Señale las que desea)
(1) Deseo donar mis órganos para ser trasplantados a otra persona que los necesite;
(2) mis órganos a la investigación;
(3) mi cuerpo para la investigación, incluida la autopsia, cuando fuera necesaria según criterio facultativo;
(4) mis órganos para la enseñanza universitaria;
(5) mi cuerpo para la enseñanza universitaria.
CONSIDERACIONES DE DMD AL MODELO OFICIAL
Los dos primeros apartados del impreso, criterios en la toma de decisiones y situaciones clínicas previstas, son similares al Testamento Vital de DMD.
Sorprende la incorporación del punto 1.6 de no desear ser informado en un documento cuya finalidad es defender la autonomía del paciente. Por otro lado, en las circunstancias previstas (estado de lucidez transitorio), no sería adecuado informar sobre un diagnóstico fatal, pues no sería una buena práctica médica.
Respecto al tercer apartado instrucciones en la atención médica:
1. Falta concretar conceptos con diversas interpretaciones, como medida extraordinaria, desproporcionada y fútil, ya que hay profesionales que consideran que la alimentación e hidratación artificiales no son tratamientos, sino cuidados imprescindibles a los que no se puede renunciar aunque alarguen la supervivencia o la agonía.
2. Los cuidados paliativos y la sedación terminal (morir dormido) son derechos cuya finalidad es morir en paz, objetivo más ambicioso que el tratamiento del dolor físico, psíquico o la angustia intensa.
3. El punto 3.5 es contradictorio con lo expresado anteriormente.
Indicaciones útiles para los firmantes de las Voluntades Anticipadas / Testamento Vital
En un documento de Voluntades Anticipadas -conocido genéricamente como Testamento Vital- usted expresa su voluntad sobre las atenciones médicas que desea o no desea recibir caso de padecer una enfermedad irreversible o terminal que le haya llevado a un estado que le impida expresarse por sí mismo. Usted puede realizar su propio documento con las indicaciones y razonamientos que considere pertinentes. La AFDMD ha elaborado este modelo impreso para facilitar este trámite.
SITUACIÓN LEGAL
Cataluña fue la primera comunidad autónoma en regular este derecho a través de la ley 21/2.000 de 29 de diciembre. Todas las autonomías tienen regulada por ley este documento que se denomina instrucciones previas, voluntades anticipadas y manifestaciones anticipadas de voluntad. En todas las Comunidades Autónomas existe un Registro oficial de testamentos vitales.
FIRMA
El documento privado de testamento vital puede firmarse ante notario o ante tres testigos. Dos de ellos no pueden ser familiares en segundo grado ni estar vinculados por relación patrimonial con el otorgante. El modelo de DMD está ya preparado para la firma con testigos. En los modelos oficiales de las Comunidades Autónomas se firmará generalmente ante funcionario público. Aconsejamos que se añada al apartado otras instrucciones los tres puntos del testamento vital privado de la AFDMD:
1. Deseo finalizar mi vida con una limitación del esfuerzo terapéutico, evitando todos los medios artificiales, tales como técnicas de soporte vital, fluidos intravenosos, fármacos (incluidos los antibióticos), alimentación artificial (sonda nasogástrica) o cualquier otro tratamiento que pueda prolongar mi supervivencia.
2. Deseo unos cuidados paliativos adecuados al final de la vida, que se me administren los fármacos que palien mi sufrimiento y aquellos cuidados que me ayuden a morir en paz, especialmente –aún en el caso de que pueda acortar mi vida- la sedación terminal.
3. Si para entonces la legislación regula el derecho a morir con dignidad mediante eutanasia activa, es mi voluntad morir de forma rápida e indolora de acuerdo con la lex artis ad hoc .
REPRESENTANTE
En este impreso se incluye la posibilidad de que usted nombre un representante. Conviene que la persona elegida como tal sea alguien que comprenda lo mejor posible los deseos, valores y motivos que sustentan sus decisiones sobre el final de su vida para cuando el firmante no pueda expresarse por si mismo. Además, ha de ser una persona dispuesta a luchar para que se cumplan las instrucciones que usted deja en su documento en caso de incumplimiento por parte de sus médicos o allegados. Tiene también la posibilidad de nombrar un segundo representante –un sustituto-, por si el primero se encontrase ausente, hubiese fallecido o por alguna otra razón no pudiese cumplir su cometido.
PUNTOS 1,2 Y 3 DEL DOCUMENTO
Contemplan distintas opciones para paliar su sufrimiento y evitar un alargamiento indeseado de la vida. Si no está de acuerdo con lo que se solicita en alguno de estos puntos, táchelo.
ENFERMEDADES ENUMERADAS
Puede usted, asimismo, tachar las enfermedades enumeradas en el punto 4 que no desea que figuren en el documento.
DIFUSIÓN, LOCALIZACIÓN Y REGISTRO
Es conveniente que reparta copias de su documento a su representante si lo tiene y a otras personas de su confianza, incluido su médico de cabecera, si es posible. Deje usted indicaciones sobre dónde localizar el documento por si surgiera un accidente o enfermedad súbita que le impidiera expresarse. La asociación DMD tiene abierto un Registro de Testamentos Vitales para sus socios desde 1996. En la tarjeta de socio se añade el número de registro. De este modo, facilitamos su localización. Sus allegados o representante podrán contactar con la asociación y recabar asesoría sobre como actuar en casos conflictivos. Estos servicios forman parte de la atención que nuestra asociación presta a sus socios.
ANULACIÓN
Usted puede anular su documento de Voluntades Anticipadas-Testamento Vital en cualquier momento rompiéndolo. ¡No olvide las copias que haya entregado o declarar su cambio de opinión por escrito u oralmente ante testigos!
Más información en:

Asociación por el Derecho de Morir Dignamente (DMD) Pza. Tirso de Molina 12, 4 Dcha. 28012 Madrid tfno: 913691746
dmdmadrid@eutanasia.ws
www.eutanasia.ws
El final de la vida
Cuatro casos han conmocionado en los últimos años a la opinión pública, pero ninguno logró cambios legales
A finales de los noventa la larga lucha por una muerte digna del tetrapléjico Ramón Sampedro abrió con fuerza el debate sobre la eutanasia. Otros casos han conmocionado desde entonces a la opinión pública sin que ninguno de ellos haya logrado cambios legales por ahora.
- Ramón Sampedro. Uno de los casos de eutanasia más famosos del mundo. La historia de sus últimos años llevada al cine recibió un oscar. Sampedro, postrado en una cama desde su juventud, estaba inmóvil por completo. No podía suicidarse. Pidió ayuda para ello al Estado en innumerables ocasiones. Finalmente, una amiga le ayudó a morir administrándole cianuro. Su muerte, diseñada al detalle en la clandestinidad, resultó finalmente una agonía.
- Jorge León. Murió a los 53 años en 2006. Alguien desconectó el respirador que le mantenía vivo. Sólo podía mover los labios después de un accidente doméstico. Mantenía abierto un diario en Internet donde solicitaba ayuda para morir. Escribió en su blog: "Eutanasia significa buena muerte. Nada más y nada menos. Una muerte acorde a nuestra condición de seres racionales libres, dueños de decidir las condiciones en las que morir". León había manifestado en una carta a EL PAÍS la necesidad de regular "cuanto antes" el derecho a la eutanasia.
- Madeleine Z. Tenía 69 años y sufría una grave enfermedad progresivamente paralizante. Se quitó la vida en su casa de Alicante tomando un helado con el que había mezclado varios mediamentos. Quería "dejar de no vivir", como ella explicaba. La acompañaron dos voluntarios del grupo por el derecho a una muerte digna en el que militaba. Tenía la voluntad firme, inequívoca y mantenida en el tiempo de poner fin a su vida.
- Inmaculada Echeverría. En medio de las protestas de la Iglesia, la muerte de Inmaculada Echevarría, de 51 años, se convirtió en otro espectáculo mediático. Vivía atada a un respirador en un centro sanitario granadino y simplemnte pedía que se le desconectara, algo perfectamente legal: no se considera eutanasia sino la renuncia a un tratamiento. La Junta de Andalucía cumplió su voluntad, pero para ello hubo de ser trasladada a un hospital público, porque el centro regentado por religiosos donde vivió los últimos años no pudo hacerlo. La jerarquía eclesiástica lo impidió. Inmaculada tuvo que "luchar para ser libre". Deseaba morir desde hacía 27 años, cuando tuvo que entregar a su hijo en adopción. Fue sedada antes de morir.
Fuente: EL PAÍS - Madrid - 21/03/2008
Fernando Sebastián Aguilar catequiza sobre el modo en que los cristianos deben enfrentarse a la muerte
Fernando Sebastián Aguilar, ha proclamado este viernes la oposición de la Iglesia católica a la eutanasia al defender que la muerte de Jesucristo en la cruz fue "absolutamente digna" a pesar de que "no tuvo cuidados paliativos".
Sebastián, encargado de pronunciar el tradicional Sermón de las Siete Palabras de la Semana Santa de Valladolid en la Plaza Mayor de la ciudad, ha catequizado sobre el modo en el que los cristianos deben enfrentarse a la muerte: "Jesucristo miró a la muerte cara a cara, con confianza, la aceptó con amor y la vivió descansando en los brazos del Padre Celestial". "¿Alguien puede decir que la de Jesús no fue una muerte digna?", ha interpelado el arzobispo emérito, quien ha animado a los hombres a acercarse a Dios para "encontrar dignidad" con la que afrontar la muerte.
Este ha sido el principal mensaje de Sebastián durante su discurso, en el que, a lo largo de 80 minutos, ha recordado las siete "palabras vivas" que Jesús pronunció en la cruz antes de morir hace más de 2.000 años y que son, a su juicio, son las "claves" para comprender la verdad de la existencia humana, para aclarar los laberintos de la vida y para superar todas las contradicciones.
Las palabras de Sebastián sobre la eutanasia se producen después de que el pasado miércoles la mujer francesa con un tumor incurable Chantal Sébire, que había visto denegada por los tribunales su petición de que se le aplicara la eutanasia, fuera encontrada muerta en su domicilio. La autopsia al cadáver no ha podido determinar las causas exactas de su fallecimiento.
Fuente: EFE - Valladolid - 21/03/2008
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Hace unos días era encontrado el cadáver de Chantal Sébire. Esta ciudadana francesa había solicitado permiso a las autoridades de su país para que le ayudaran a morir, dado que había llegado a la conclusión de que su proyecto vital había concluido y sólo le restaba morir con "dignidad".
SebastiÁn iribarren Los gobernantes vuelven a decir que "no toca" despenalizar la eutanasia
Sin embargo, ¿qué es morir con dignidad? ¿Qué es la dignidad? El concepto de dignidad tiene demasiadas facetas y cada uno de nosotros es capaz de ver una de ellas o con suerte más de una, pero en ningún caso somos capaces de verlas todas.
El concepto kantiano de dignidad es el que más me satisface. La dignidad del ser humano consiste en ser considerado como un fin en sí mismo y no sólo como un medio. Esta idea de dignidad va íntimamente unida al deseo de libertad y autonomía del ser humano y, por lo tanto, al desarrollo de aquellos valores que pertenecen a lo más íntimo de nuestro ser.
No me cabe duda de que Chantal sopesó, a la hora de tomar esta decisión, su biografía, sus expectativas vitales, su dolor físico y emocional y el de quienes quería y le querían, así como también sus valores espirituales. Lo creo porque mi profesión de médico me muestra con más frecuencia de la deseada que el afrontar conscientemente la muerte exige un enorme coraje, que la mayoría no siempre tenemos.
Sin embargo, ante una situación como la de Chantal y tantos otros, nuestra sociedad no es capaz de afrontar el problema y darle una solución humana, compasiva y razonable. Nos limitamos a desempolvar el Código Penal y a abandonar al que solicita ayuda. Ayuda para terminar con un sufrimiento que nadie es capaz de paliar, ayuda para morir acompañado por las personas que uno quiere, ayuda para no morir como un delincuente en la clandestinidad, ayuda para que nadie persiga a aquellos que han mostrado más piedad y humanidad que algunos que se arrogan virtud moral y conocimiento.
A pesar de ello, los políticos que nos van a gobernar durante los próximos cuatro años siguen diciendo que todavía "no toca" regular legalmente la despenalización de la eutanasia. Y bien, ¿qué impide reconocer hoy este derecho? Ignorar el problema no se me antoja la solución.
Tratar a los enfermos terminales con todos los medios a nuestro alcance para prolongar su existencia con la mejor calidad de vida posible ha sido el deber de la medicina y seguirá siéndolo. Pero esta labor no tiene por qué colisionar con la regulación de la muerte médicamente asistida si se establecen las debidas salvaguardas. Nadie afirma que la eutanasia esté exenta de problemas, pero no son menos que los que ocasiona darle la espalda, porque el problema existe.
Permitir a los enfermos afrontar el final de su vida con libertad y responsabilidad es un derecho de ellos y un deber de quienes les cuidamos, y en este sentido se ha legislado últimamente. Así la Ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y las distintas normas estatales y autonómicas sobre Voluntades Anticipadas o Testamento Vital han clarificado muchos aspectos hasta entonces problemáticos. Es cierto que las leyes no solucionan por sí mismas los problemas que se plantean en la relación sanitaria, pero nos dan seguridad jurídica, suelo firme en el que pisar. Legislar sobre la eutanasia o el suicidio asistido aportaría esta misma seguridad jurídica a los pacientes y a los profesionales sanitarios. Permitiría sacar a la luz la verdadera magnitud del problema y evitar la clandestinidad y el ocultismo.
A mi juicio existen todavía demasiadas personas que creen que la perspectiva que tienen del problema es la verdadera y, por lo tanto, la única posible. Cuesta demasiado aceptar que nuestra sociedad es plural en creencias y valores y que, en principio, aquellas que afectan a nuestro ser más íntimo deberían de merecer el máximo respeto, por lo que deberíamos evitar imponer las nuestras a quienes no las comparten.
Una mayor capacidad de empatía con el que sufre y una menor carga ideológica contribuiría posiblemente a abarcar más perspectivas del mismo problema y facilitaría su solución.
El arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, ha invocado estos días la pasión de Jesucristo en la cruz para referirse a lo que él entiende por una muerte digna. Quisiera terminar yo también citando a Jesús cuando dijo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mateo 27,46; Marcos 15,34). Albergo pocas dudas de que el hijo de Dios mostró mayor humanidad que la que mostramos todos los días los que decimos ser sus seguidores. Tratar de ver el sufrimiento con los ojos del que sufre y no con los nuestros puede mover nuestros cimientos, pero en cualquier caso nos hará más humanos.
(*) Sebastián Iribarren Diarasarri es médico especialista en Medicina Intensiva y experto en Bioética Clínica.
Fuente: El País, 27/03/2008
Manifiesto Santander por una muerte digna
Todo ciudadano tiene derecho al alivio del sufrimiento al final de su vida mediante una asistencia paliativa de calidad respetuosa con sus valores y sus creencias, expresados en ese momento o de forma anticipada en el testamento vital (instrucciones previas o voluntades anticipadas).
El paciente tiene derecho a recibir información veraz sobre su proceso de enfermedad, a rechazar un tratamiento, a limitar el esfuerzo terapéutico y a elegir entre las opciones disponibles, como la sedación terminal.
Por ello, manifestamos que es responsabilidad de los políticos:
1. Conocer de manera fehaciente cómo mueren los ciudadanos.
2. Garantizar el libre ejercicio de estos derechos.
3. Promover un debate sobre la eutanasia y el suicidio médicamente asistido de personas que al final de su vida padecen, a pesar de los cuidados paliativos, un sufrimiento insoportable del que desean liberarse con todas las garantías legales.
lunes, 4 de agosto de 2008
Eutanasia, Iglesia, libertad
Por Salvador PanikerAl doctor Luis Montes
Conviene insistir en algo muy obvio: la eutanasia voluntaria es un derecho humano, un derecho humano de la primera generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Es un derecho, no un deber. Pero ya se sabe que el Gobierno socialista no quiere multiplicar sus frentes de batalla con la Iglesia católica. Y ahí es donde pueden ser útiles algunas consideraciones. En primer lugar, conviene recordar que buena parte de los católicos está a favor del derecho a la eutanasia y en contra de las consignas del Vaticano. Como en tantas otras cuestiones (piénsese en el tema del control de la natalidad, sin ir más lejos). En segundo lugar, cabe preguntar: ¿por qué la Iglesia católica -al menos la oficial- se opone tan ferozmente a la eutanasia? La respuesta parece clara: porque si se generaliza la práctica de la eutanasia voluntaria, si se desdramatiza el acto de morir, la Iglesia pierde poder. La Iglesia siempre ha fomentado una teología del terror a la muerte, reservándose para ella el control de las postrimerías. En consecuencia, la Iglesia tolera mal la secularización desdramatizada del morir que supone la eutanasia. (Probablemente, los hombres de la Iglesia "proyectan" su propio terror a la muerte y tratan de exorcizar su ansiedad -y en el fondo su increencia- aferrándose fanáticamente a la doctrina oficial. Las verdades absolutas "protegen").
Añadamos, de pasada, que la Iglesia siempre ha sido prisionera de su pretendido monopolio teológico de la verdad, lo cual la ha conducido a inmiscuirse en cuestiones que no le competen. Así, por ejemplo, ya san Ambrosio, en el siglo IV, se oponía a los preceptos de la medicina por ser contrarios a la "ciencia celestial" y al poder de la plegaria. Lo mismo pensaba, siglos más tarde, el arrebatado san Bernardo de Claraval. Y hasta el siglo XVI estuvo condenada por la autoridad eclesiástica la disección de cadáveres y el estudio de la anatomía. Y ya a finales del siglo XVIII, el magisterio de las iglesias cristianas se opuso a la vacuna antivariólica porque entendía que la viruela era un castigo divino, y el hombre no debía sustraerse a ese castigo. (Con la misma lógica se prohibió desviar el curso de los ríos porque ello significaba "corregir la obra de Dios"). Y en el XIX las mismas iglesias se opusieron a la utilización de la anestesia en los partos. Y actualmente se oponen a la investigación con células madre, a la planificación familiar, al uso del preservativo para combatir el sida, etcétera.
Y no olvidemos, claro está, que hasta hace cuatro días la Iglesia condenaba la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza, la libertad de reunión, la democracia, el socialismo, el sindicalismo, el liberalismo y los derechos humanos. Lo de la lucha contra la eutanasia no es, por tanto, más que un nuevo episodio dentro de esta costumbre milenaria que tiene la Iglesia de intentar conservar su poder inmiscuyéndose en asuntos que no le incumben.
En España, la Ley General de Sanidad de 1986 (siendo ministro Ernest Lluch) reconoce ya los "derechos del enfermo" y preconiza la práctica del "consentimiento informado". (Esta normativa fue actualizada en noviembre de 2002 con una Ley de Autonomía del Paciente). Por otra parte, desde noviembre de l995, tenemos un nuevo Código Penal en el que de hecho se despenaliza la eutanasia pasiva y se rebajan sustancialmente las penas a quienes ayuden a morir a otra persona, por la petición expresa de ésta, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que condujera necesariamente a su muerte, o que produjera "graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar" (artículo 143).
Ahora bien, una nueva ley debería contemplar no sólo la despenalización de la eutanasia pasiva sino la de la activa. Y no sólo el caso de los enfermos terminales, sino también el de los crónicos. Recordemos que el más célebre y lúcido caso de defensa del derecho a la eutanasia fue en España el de un enfermo crónico y no terminal. Me refiero al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, de cuyo suicidio (médicamente no asistido) se cumplieron hace poco 10 años.
Ello es que la Ley de Autonomía del Paciente, conducida hasta su límite, aboca al derecho de cada persona a decidir libre y racionalmente cuando quiere terminar con su vida, se encuentre o no en situación de enfermedad terminal. No es un tema nuevo. Ya el viejo emperador Marco Aurelio escribió que "una de las funciones más nobles de la razón es la de saber cuándo ha llegado el momento de abandonar este mundo". Y Montaigne: "Cuanto más voluntaria la muerte, más bella". También en la famosa Utopía de Tomás Moro -un hombre, no se olvide, canonizado por la Iglesia católica- había un lugar para la eutanasia.
El caso es que conviene entender de una vez -en contra de las voces demagógicas que plantean la cuestión en blanco y negro- que, en las situaciones de eutanasia activa, la alternativa no es entre vida y muerte, sino entre dos clases de muerte: una rápida y dulce, y otra lenta y degradante. Por otra parte, allí donde hay transparencia informativa -casos de Bélgica y Holanda- es donde menos abusos se producen. No hay ninguna evidencia de que en Holanda hayan aumentado las eutanasias involuntarias; más bien al contrario. (De hecho, en Holanda está completamente protegida la vida: hay penas de hasta 12 años de cárcel para quien practique la eutanasia sin el consentimiento del enfermo). Lo que sí existe en Holanda es una total transparencia informativa y muchísimos más controles legales que en otros países -donde sí es habitual la eutanasia clandestina-.
Por todo lo expuesto, a uno le parece laudable que en el último congreso del PSOE se haya aprobado al fin un texto titulado Derecho a una muerte digna, en el que, aparte de recomendar los cuidados paliativos (bienvenidos sean), se propugna un debate sobre la regulación legal del "derecho de los pacientes afectados por determinadas enfermedades terminales o invalidantes a obtener ayuda para poner fin a su vida". (Subrayo lo de invalidantes porque deja la puerta abierta a los casos, antes mencionados, de enfermos crónicos). En fin, está claro, a mi juicio, que la sociedad española está madura para una ley de eutanasia voluntaria, y que la propia Iglesia católica no perdería nada reconsiderando sus presupuestos teológicos. La Iglesia debería comprender que oponerse a la eutanasia voluntaria equivale a estar en contra de la libertad y en favor de la tortura.
Salvador Pániker es filósofo y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente.
