martes, 28 de abril de 2009

La mafia de la agroalimentación


Entrevista a Marie-Monique Robin


Qué es Monsanto?
El gigante de la industria agroquímica que domina el mercado mundial de la alimentación.

¿Cómo logra dominar la alimentación mundial?
Domina el mercado mundial de semillas: dominar las semillas es dominar los estómagos, la población mundial.

¿Y cómo se logra dominar las semillas?
Modificándolas genéticamente y patentándolas. Antes de 1992 no podían patentarse semillas, y Monsanto logró que Estados Unidos lo permitiese. Hoy tienen mil patentes.

¿Es algo que debería preocuparme?
Si te preocupa qué comen tus hijos, sí. Preocúpate por las 80.000 hectáreas cultivadas con maíz transgénico en Catalunya y Aragón: ¿por qué España es el único país de Europa que acepta cultivos transgénicos?

¿No sucede en otros países europeos?
Está prohibido. Con razón: carecemos de estudios sobre los efectos en la salud humana y en el medio ambiente de los organismos genéticamente modificados (OGM).

¿Y por qué España no los veta?
En el Gobierno de España hay ahora cuatro personas relacionadas con Monsanto.

¿Quiénes?
Estoy contrastando los datos y pronto publicaré sus nombres.

¿Ese maíz es un OGM de Monsanto?
Sí, se le llama maíz Bt, iniciales de Bacillus thurigiensis: esa bacteria está en el suelo de forma natural y es insecticida. Si se usa en preparados pulverizados es eficaz, y el sol la degrada pronto: resulta inocua para el medio ambiente. Pero los de Monsanto tomaron de la bacteria el gen que produce la toxina, y lo insertaron en el genoma del maíz.

Brillante idea: de este modo, ese maíz queda blindado contra los insectos, ¿no?
Sí, pero a un coste peligroso: la toxina intoxica no sólo al piral –insecto perjudicial para el maíz–, sino también a los insectos predadores del piral (como la crisopa), y a mariposas, mariquitas, microorganismos del suelo,
pájaros insectívoros...

¿Y a mí?
¿Tú comerías insecticida? Pues ese maíz insecticida pasa a harinas, chips, tacos, cereales, sopas, tortas... ¿Por qué cada día hay más alergias? ¡Son sobre reacciones de nuestro organismo ante algo que no reconoce!

Con no comer ese maíz, ¡salvado!
No: ese maíz poliniza cultivos de maíz ordinario, contaminándolos, convirtiéndolos también en transgénicos. ¡Extinguirá el maíz natural! Y aunque no ingirieses ese maíz directamente..., se lo dan como forraje a animales que luego tú sí comerás.

¿Debo alarmarme, pues?
Mis padres eran campesinos, líderes sindicales agrarios en Francia: adoptar abonos, pesticidas convencidos de que hacían progresar la agricultura. Hoy están arrepentidos: la biodiversidad de variedades hortofrutícolas ha decrecido
drásticamente..., y la mayor proporción de cánceres se da entre agricultores.

Entonces sí podemos alarmarnos...
El herbicida más vendido del mundo se llama Roundup, de Monsanto. Extermina toda la maleza..., pero no es biodegradable, y es promotor de cánceres y perturbador endocrino. ¿Cómo no vamos a padecer cada día más cánceres, diabetes, parkinson y alzheimer? ¡Mis hijas y yo ya no comemos vegetales que no provengan de cultivo biológico!

¿Herbicidas y pesticidas dan cáncer?
¡Nacen bebés con residuos de dioxinas en sus células! Las dioxinas son derivados de síntesis químicas de laboratorio. Llegan a los bebés por lo que comen las madres.

Esto ya escalofría.
Estamos intoxicándonos. Mire el pan.

¿Qué le pasa?
Para que la espiga de trigo produzca más grano, ha sido genéticamente modificada y protegida con ocho pesticidas y varias hormonas... cuyos restos te comes en el pan. ¡Claro que hay cánceres de mama y próstata, y el esperma pierde fertilidad! Siete amigas de mi edad tienen cánceres. Ninguna amiga de mi madre lo tuvo a esta edad.

¿Y por qué no reaccionamos?
Porque priorizamos la cantidad, la producción, la viabilidad económica, el negocio, los precios... Pero este sistema acabará también con los pequeños agricultores.

¿Por qué?
Compran semillas genéticamente preparadas para ser fumigadas con Roundup, se obligan a comprar remesas nuevas cada año, y son caras. Perdemos miles de variedades tradicionales, y los campesinos acaban en manos de Monsanto, arruinándose muchos.

¿Qué pasará si se mantiene esta tónica?
Que Monsanto producirá todas las semillas... y todos los productos fitosanitarios sin los que esas semillas genéticamente modificadas no fructifican (como el Roundup, que le reporta el 30% de sus ingresos): ¡negocio redondo para Monsanto! Si se confirma que algún producto es peligroso, lo retirarán, dándoles tiempo para fabricar otro... hasta que vuelva a demostrarse que es cancerígeno o perturbador hormonal. Y así hasta que acabemos todos estériles y enfermos.

Esto es tan tremendo... Cuesta creerle.
Tenemos ya el precedente del agente naranja. Empleado como herbicida durante decenios, su uso en la guerra de Vietnam ratificó su toxicidad cancerígena. Así que ha sido retirado. Lo fabricaba Monsanto. ¿Y qué le ha pasado a Monsanto pese a los millones de damnificados? Nada.

Entrevista de VÍCTOR-M. AMELA
Fotografía de MARC ARIAS

Marie-Monique Robin es periodista especializada en agroalimentación. Tiene 48 años. Nació en Gourgé, pueblecito cerca de Poitiers (Francia), en una familia campesina. Está casada y tiene tres hijas (11, 14 y 17 años). En política no se casa con nadie, su compromiso es con la gente: por eso pone su pluma en la llaga.

La gripe porcina y el monstruoso poder de la gran industria pecuaria


por Mike Davis

28/04/09

Nuestro amigo y miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO Mike Davis, cuyo libro El monstruo llama a nuestra puerta (trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006) alertó lúcida y brillantemente del peligro de una gripe aviar pandémica de alcance mundial, explica ahora cómo la gran industria pecuaria globalizada ha sentado las bases para un más que preocupante brote de gripe porcina en México.

La gripe porcina mexicana, una quimera genética probablemente concebida en el cieno fecal de una gorrinera industrial, amenaza subitáneamente con una fiebre al mundo entero. Los brotes en la América del Norte revelan una infección que está viajando ya a mayor velocidad de la que viajó con la última cepa pandémica oficial, la gripe de Hong Kong en 1968.

Robándole protagonismo a nuestro último asesino oficial, el virus H5N1, este virus porcino representa una amenaza de ignota magnitud. Parece menos letal que el SARS [Síndrome Respiratorio Agudo, por sus siglas en inglés] en 2003, pero, como gripe, podría resultar más duradera que el SARS. Dado que las domesticadas gripes estacionales de tipo A matan nada menos que a un millón de personas al año, incluso un modesto incremento de virulencia, especialmente si va combinada con una elevada incidencia, podría producir una carnicería equivalente a una guerra importante.

Ello es que una de sus primeras víctimas ha sido la consoladora fe, inveteradamente predicada por la Organización Mundial de Salud (OMS), en la posibilidad de contener las pandemias con respuestas inmediatas de las burocracias sanitarias e independientemente de la calidad de la sanidad pública local. Desde las primeras muertes por H5N1 en 1997, en Hong Kong, la OMS, con el apoyo de la mayoría de administraciones nacionales de sanidad, ha promovido una estrategia centrada en la identificación y el aislamiento de una cepa pandémica en su radio local de brote, seguidos de una masiva administración de antivirales y –si disponibles— vacunas a la población.

Una legión de escépticos ha criticado ese enfoque de contrainsurgencia viral, señalando que los microbios pueden ahora volar alrededor del mundo –casi literalmente en el caso de la gripe aviar— mucho más rápidamente de lo que la OMS o los funcionarios locales puedan llegar a reaccionar al brote original. Esos expertos han observado también el carácter primitivo, y a menudo inexistente, de la vigilancia de la interfaz entre las enfermedades humanas y las animales. Pero el mito de una intervención audaz, preventiva (y barata) contra la gripe aviar ha resultado valiosísimo para la causa de los países ricos que, como los EEUU y el Reino Unido, prefieren invertir en sus propias líneas Maginot biológicas, antes que incrementar drásticamente la ayuda a los frentes epidémicos avanzados de ultramar. Tampoco ha tenido precio este mito para las grandes transnacionales farmacéuticas, enfrentadas en una guerra sin cuartel con las exigencias de los países en vía de desarrollo empeñados en exigir la producción pública de antivíricos genéricos clave como el Tamiflu patentado por Roche.

La versión de la OMS y de los centros de control de enfermedades, de acuerdo con a cual ya se está preparado para una pandemia, sin mayor necesidad de nuevas inversiones masivas en vigilancia, infraestructura científica y regulatoria, salud pública básica y acceso global a fármacos vitales, será ahora decisivamente puesta a prueba por la gripe porcina, y tal vez averigüemos que pertenece a la misma categoría de gestión "ponzificada" del riesgo que los títulos y obligaciones de Madoff. No es tan difícil que falle el sistema de alertas, habida cuenta de que, sencillamente, no existe. Ni siquiera en la América del Norte y en la Unión Europea.

Tal vez no sea sorprendente que México carezca tanto de capacidad como de voluntad política para gestionar enfermedades avícolas y ganaderas, pero ocurre que la situación apenas es mejor al norte de la frontera, en donde la vigilancia se deshace en un desdichado mosaico de jurisdicciones estatales y las grandes empresas pecuarias se enfrentan a las regulaciones sanitarias con el mismo desprecio con que suelen tratar a los trabajadores y a los animales. Análogamente, una década entera de advertencias de los científicos fracasó en punto a garantizar transferencias de sofisticada tecnología viral experimental a los países situados en las rutas pandémicas más probables. México cuenta con expertos sanitarios de reputación mundial, pero tiene que enviar las muestras a un laboratorio de Winnipeg para descifrar el genoma de la cepa. Así se ha perdido toda una semana.

Pero nadie menos alerta que las autoridades de control de enfermedades en Atlanta. De acuerdo con el Washington Post, el CDC [siglas en inglés del Centro de Control de Enfermedades, radicado en Atlanta; T.] no se percató del brote hasta seis días después de que México hubiera empezado a imponer medidas de urgencia. No hay excusa que valga. Lo paradójico de esta gripe porcina es que, aun si totalmente inesperada, había sido ya pronosticada con gran precisión. Hace seis años, la revista Science consagró un artículo importante a poner en evidencia que, "tras años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de la América del Norte ha dado un salto evolutivo vertiginoso".

Desde su identificación durante la Gran Depresión, el virus H1N1 de la gripe porcina sólo había experimentado una ligera deriva desde su genoma original. Luego, en 1998, una cepa muy patógena comenzó a diezmar puercas en una granja de Carolina del Norte, y empezaron a surgir nuevas y más virulentas versiones año tras año, incluida una variante del H1N1 que contenía los genes internos del H3N2 (causante de la otra gripe de tipo A que se contagia entre humanos).

Los investigadores entrevistados por Science se mostraban preocupados por la posibilidad de que uno de esos híbridos pudiera llegar a convertirse en un virus de gripe humana –se cree que las pandemias de 1957 y de 1968 fueron causadas por una mezcla de genes aviares y humanos fraguada en el interior de organismos porcinos—, y urgían a la creación de un sistema oficial de vigilancia para la gripe porcina: admonición, huelga decirlo, a la que prestó oídos sordos un Washington dispuesto entonces a tirar miles de millones de dólares por el sumidero de las fantasías bioterroristas.

¿Qué provocó tal aceleración en la evolución de la gripe porcina? Hace mucho que los virólogos están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de la China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la "deriva" estacional como del episódico "intercambio" genómico. Pero la industrialización granempresarial de la producción pecuaria ha roto el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. El sector pecuario se ha visto transformado en estas últimas décadas en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la feliz granja familiar que pintan los libros de texto en la escuela.

En 1965, por ejemplo, había en los EEUU 53 millones de cerdos repartidos entre más de un millón de granjas; hoy, 65 millones de cerdos se concentran en 65.000 instalaciones. Eso ha significado pasar de las anticuadas pocilgas a ciclópeos infiernos fecales en los que, entre estiércol y bajo un calor sofocante, prestos a intercambiar agentes patógenos a la velocidad del rayo, se hacinan decenas de millares de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios.

El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la "producción animal en granjas industriales", en donde se destacaba el agudo peligro de que "la continua circulación de virus (…) característica de enormes piaras, rebaños o hatos incremente las oportunidades de aparición de nuevos virus por episodios de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos". La comisión alertó también de que el promiscuo uso de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos— estaba propiciando el auge de infecciones estafílocóquicas resistentes, mientras que los vertidos residuales generaban brotes de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoo que mató a mil millones de peces en los estuarios de Carolina y contagió a docenas de pescadores).

Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patógeno tendría que enfrentarse con el monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaran con la comisión.

Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sureste asiático, es lo más probable que la epidemiología forense del brote de gripe porcina se dé de bruces contra la pétrea muralla de la industria del cerdo.

Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca una acusadora pistola humeante: ya corre el rumor en la prensa mexicana de un epicentro de la gripe situado en torno a una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante –sobre todo por la persistente amenaza del virus H5N1— es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la OMS, el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente desquiciada.

Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).

Traducción para www.sinpermiso.info: Marta Domènech y María Julia Bertomeu

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Fuente: www.sinpermiso.info

lunes, 27 de abril de 2009

Las venas abiertas de América Latina


Cuando en 1971 el periodista uruguayo Eduardo Galeano publicó Las venas abiertas de América Latina, la idea que en España teníamos de la historia de aquel continente era poco más que la de nuestro imperio que vivía del dudoso esplendor del pasado y de un incomprensible orgullo de lo que se llamaba nuestra raza.

La solidaridad con los pobres de todos los continentes se limitaba a poco más que al Domund. Es cierto que conocíamos la leyenda negra y a sus detractores, pero nos habían educado de tal modo en la lejanía del dolor ajeno y en el rechazo de toda injusticia que se refiriera a nuestra historia, que América Latina nos habría quedado muy lejos de no ser por una literatura que desde hacía algo más de una década nos iba acercando a un pueblo oprimido, empobrecido, atormentado.

Fue entonces cuando nos llegó el libro de Galeano a través de amigos que venían de América o de librerías españolas en París o Ginebra. Estábamos todavía a caballo entre la muerte del dictador y la transición. Los libreros y distribuidores afrontaban una censura que no había sido derogada.

La lectura del libro nos abrió las venas también a nosotros al desvelarnos otra Historia, la de los derrotados y perdedores, que nos mostraba hasta qué punto el expolio del imperio español había dejado en la miseria a pueblos enteros que además fueron esclavizados.

Comprendimos, comprendí, los infinitos caminos que recorren los imperios para hacer suyos los tesoros de la tierra conquistada, en aquel caso el imperio español y el portugués en los siglos XVI y XVII, y el británico y el norteamericano durante los siglos XIX y XX.

Descubrimos horrorizados las distintas formas de usurpar los recursos naturales: la fiebre del oro y de la plata que llenó los barcos españoles hacia la metrópoli; los monocultivos de azúcar en Cuba, del caucho en Brasil, de la banana en Ecuador, Colombia y los países de Centroamérica, y que una vez agotados los campos, los dejaban y todavía hoy los dejan inservibles para el cultivo. O las tropelías y atrocidades perpetradas contra el pueblo para apropiarse de las abundantes riquezas mineras.

Y nos dimos cuenta de que la Historia no es, como habíamos aprendido, un asunto del pasado, sino que el saqueo continuaba en el presente utilizando métodos más modernos y presiones más sofisticadas, como las utilizadas por los países más ricos mediante un sistema colonial actualizado, por decirlo así, en relación con el que habían puesto en práctica los primeros conquistadores.

Y así es como crearon una sociedad dividida entre unos pocos enriquecidos por los emperadores y la gran masa de los pueblos empobrecidos hasta unos extremos que era difícil imaginar. El libro provocó la indignación de las dictaduras que con la ayuda norteamericana se habían instalado en la mayoría de países, y por supuesto en nuestro país fueron muchos los que se arrogaron el derecho a conocer mejor que el autor la tragedia histórica de América Latina.
Eduardo Galeano necesitó, según sus propias palabras, "cuatro años de investigación y recolección de la información" y tuvo que exiliarse a raíz del golpe militar ocurrido en Uruguay en 1973. Pero volvió al libro "siete años después" para decirnos que el deterioro continuaba y que "lo más difícil no había hecho sino comenzar".

Para mí, la lectura de Las venas abiertas de América Latina supuso entonces una toma de conciencia viva de lo que es la obligada sumisión a los imperios y también de la pobreza provocada por su codicia, que todavía hoy me mantiene vigilante frente a la actuación de los poderosos.

Esta es la razón por la que creo que Barack Obama sabe exactamente hasta qué punto el libro de Galeano acusa al imperio que hoy dirige. Pero de lo que no estoy tan segura es de que supiera que también los latinoamericanos, por más que hayan sido sometidos al silencio durante tanto tiempo, son conscientes de ello.

La actitud del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fue un gesto de coraje y tal vez obligue al presidente del Norte a hojear el libro. Si esto ocurriera, le sería fácil comprender ciertas actitudes de sus vecinos del sur, perseguidas y destruidas por la mayoría de los líderes del pueblo norteamericano.

Rosa Regàs es escritora y fue directora de la Biblioteca Nacional.
Publicado en Público, el 22 abril 2009

miércoles, 22 de abril de 2009

22 de Abril, el Día de la Tierra.

Cumbre de Copenhague: lo que está en juego.

Los hielos del Polo Norte están desapareciendo ante nuestros ojos; las altas montañas pierden sus mantos de nieve perpetua; ciclones y huracanes son más frecuentes y su fuerza más explosiva que en el pasado; el mar eleva su nivel centímetro a centímetro; numerosas aves y mamíferos modifican sus costumbres migratorias y nupciales; las sequías se cronifican en la geografía subsahariana agravando las penurias de millones de personas que viven en el umbral de la supervivencia; en el verano de 2003 Europa sufrió una ola de calor que provocó la muerte prematura de 30.000 ancianos; el huracán Katrina y el huracán Mitz nos han enseñado que las personas humildes cuentan sus fallecidos por millares cuando se derrumban las casas por efecto del viento y las lluvias torrenciales o se ven anegadas por las aguas enfurecidas. ¿qué más necesitamos ver para despertar? 



La reunión que en diciembre de 2009 va a tener lugar en Copenhague sobre cambio climático está llamada a ser la cu mbre ambiental más importante desde que en 1992 se celebró la de Río de Janeiro. De aquel encuentro salió la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático cuyo objetivo central es evitar interferencias de origen humano en el clima que pongan en peligro el bienestar de las personas y el de las otras formas de vida. 



La comunidad científica internacional considera que un incremento de +2Cº sobre la temperatura media de la atmósfera existente en los tiempos pre-industriales es el umbral de seguridad que no se debería traspasar para evitar, precisamente, interferencias graves sobre el clima. Sin embargo, el incremento que ya se ha producido es de 0,76 Cº y la inercia calorífica asociada a los miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero emitidos en los últimos años y décadas seguirá incrementando la temperatura de la atmósfera durante al menos los próximos 50 años, incluso aunque a día de hoy se dejasen de emitir más gases.



Lo que está en juego es la posibilidad real de que la especie humana, el homo sapiens sapiens, desestabilice de manera irreversible el clima del planeta Tierra, único lugar del Cosmos en el que, que sepamos, se ha producido y desarrollado el milagro de la vida, hogar de 13 millones de especies diferentes y miles de ecosistemas que han evolucionado y se han adaptado a lo largo de miles, millones, de años en un proceso en el que la relativa estabilidad climática actuaba como elemento ambiental fundamental y los cambios se producían en escalas de tiempo muy superiores a los de la alteración provocada por el hombre. Apenas cinco grados centígrados separan la época actual de la última glaciación y la previsión de la ciencia es que de esa magnitud puede ser el incremento en la temperatura media de la atmósfera a finales del presente siglo si la tendencia en las emisiones continúa su rumbo actual. 


Somos 6.800 millones de personas y la humanidad se encamina hacia lo s 8.000 millones hacia 2030 y hacia los 9000 millones a mediados del presente siglo. Nueve de cada diez personas vivirán dentro de pocos años en los países emergentes y en desarrollo cuya prioridad absoluta será crecer económicamente. Los factores demográficos, económicos, energéticos que están actuando como fuerzas motrices tras las emisiones de gases de efecto invernadero son muy poderosos. Por ello, la inercia de las emisiones es muy fuerte y reducirla de manera significativa en el plazo de tiempo requerido es un formidable reto. 



En mi opinión, nunca antes en la historia de la humanidad nuestra especie se ha enfrentado a un reto colectivo, global, del alcance y dificultad como es la alteración del clima de la Tierra. Se requiere forjar y ejecutar en pocos años un acuerdo global entre los grandes países del mundo que pivote sobre la eliminación del carbono del sistema energético y del sistema económico. Se requiere acordar y llevar a cabo en el plazo de unas po cas décadas una revolución del sistema energético basado en combustibles fósiles y que desde la Revolución Industrial ha movido la economía del mundo - en la actualidad el 80% de la energía primaria la aportan los combustibles fósiles-.



Según datos publicados por el prestigioso World Resources Institute (WRI, 2009) de los Estados Unidos, en el año 2005 China fue ya el principal emisor de GEI con 7.250 Mt CO2 eq, 18,7% del total. India fue el quinto emisor con 1.863 Mt CO2 eq, el 4,8% del total, y Brasil el séptimo con 1.028 MT CO2 eq, el 2,7% del total. Entre esos tres grandes emergentes generan ya la cuarta parte de las emisiones globales. Estados Unidos fue el segundo emisor con el 18,3%; la Unión Europea-27 el tercero con el 13%; Rusia el cuarto con el 5,1% y Japón el sexto con el 3,6%. En apenas una década, hacia 2020, más de la mitad de las emisiones totales se emitirán en los países emergentes y en desarrollo, por lo que los países económicamente desarrollad os no pueden de ninguna manera resolver solos el problema. 



La cumbre de Copenhague es decisiva porque realmente disponemos de poco tiempo para reaccionar. No se ha de olvidar que los primeros informes científicos, James Handsen, alertando seriamente de la gravedad del problema se presentaron en Estados Unidos hace ya 30 años, y que el Panel de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) fue creado por las Naciones Unidas hace más de dos décadas, 1988. Desde entonces, se han sucedido los informes, las cumbres internacionales, los Convenios y Protocolos, pero la realidad es que las emisiones han seguido aumentando y la concentración de GEI en la atmósfera se ha acelerado. Esos hechos nos indican que la velocidad de respuesta de la comunidad internacional ha sido, está siendo, muy lenta, desprovista del sentido de urgencia que se desprende del los informes científicos del IPCC.



Evitar que se sobrepase el umbral de seguridad de los +2Cº requiere que la concentr ación de gases de efecto invernadero en la atmósfera no sobrepase las 450 partes por millón de CO2 eq. Esto requiere, a su vez, que hacia 2020 se alcance el punto de inflexión en las emisiones totales mundiales, situándose hacia 2050 en la mitad de las del año de referencia, 1990. Para que esta hoja de ruta sea posible, los países ricos han de acordar en Copenhague una reducción del entorno del 30% para el año 2020 en relación a las de 1990 y los grandes emergentes - China, India, Brasil,- una disminución de sus emisiones del orden del 15/30% respecto a la tendencia.



Los países económicamente desarrollados han generado históricamente el 80% de las emisiones totales y es a ellos a quienes corresponde llevar el peso y la iniciativa de la solución del problema. Un paso decisivo en la buena dirección será, como propone la Unión Europea, crear hacia 2015 un mercado integrado de derechos de emisión que englobe a los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y a Rusia. En la actualidad, solamente la Unión Europea dispone de ese importante mecanismo que al asignar un precio a las emisiones favorece su eliminación, pero tanto Estados Unidos como Australia están interesados en poner en marcha sistemas dichos sistemas de cap and trade. Hacia 2020, el sistema de compra venta de permisos de emisión habría de abarcar a países como China, India, Brasil, Indonesia, Sudáfrica, Arabia Saudí y otros grandes emergentes, creando un mercado global del carbono.



Es muy importante que ante la decisiva cumbre de Copenhague en diciembre de 2009 la opinión pública internacional se encuentre altamente movilizada. En los próximos meses se ha de ir generando un clamor internacional en defensa del clima, es decir en defensa de la vida sobre la Tierra. Organizaciones de defensa ambiental, grupos conservacionistas, líderes sociales, empresas y empresarios, científicos, artistas, sindicatos, organizaciones de es tudiantes, redes sociales 2.0, líderes espirituales y religiosos, grupos deportivos, colectivos culturales, organizaciones de género, ayuntamientos, alcaldes y alcaldesas, deportistas de élite, pensadores e intelectuales, amantes de la naturaleza, todos y todas hemos de poner nuestro grano de arena en la generación de ese clamor.



La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra. Somos responsables de entregar en las mejores condiciones posibles lo que se nos ha dado a quienes vengan detrás de nosotros. Ese es el contrato social no escrito que ha existido desde tiempos inmemoriales entre una generación y la siguiente. Esa es la esencia del desarrollo sostenible.



Antxon Olabe, analista ambiental y socio de naider.

martes, 21 de abril de 2009

Tabernanthe iboga por Bruce Parry.

Documental de la BBC sobre el rito de iniciación bwuiti, mediante la ingesta de la iboga.

Parte 1:



Parte 2:

EL PODER FARMACÉUTICO

“Con el paso del tiempo y el esfuerzo promocional de los laboratorios farmacéuticos los medicamentos han pasado de ser bienes esenciales a simples objetos de consumo. Hoy las reacciones adversas a los fármacos ya son la cuarta causa de muerte en países como Estados Unidos. Sepa cómo se inventan enfermedades para crear nuevos mercados y convertir en pacientes a los ciudadanos sanos, cómo se manipulan los ensayos clínicos a favor de los laboratorios, cómo se vence la voluntad de muchos médicos mediante la promoción, cómo se controla a los trabajadores rebeldes y a los medios de comunicación o cómo se espía a los ciudadanos a través de la receta médica o mediante la implantación de la tecnología de radiofrecuencia en los envases”.
MIGUEL JARA, “Traficantes de salud”, Ed. Icaria

Este documental se estructura mediante la siguiente secuencia temática:

1. SOBORNOS (los visitadores y los doctores que se saltan la ley)
2. ENGAÑOS (lo que no nos cuentan las empresas farmacéuticas sobre los antidepresivos)
3. LUCRO (estrategias corruptas aplicadas para potenciar el lucro de los laboratorios farmacéuticos)
4. MUERTE (la muerte como efecto secundario causada por algunos medicamentos y la fabricación de enfermedades)
5. CONTROL (cómo se espía al pueblo con la receta médica o con la implantación de la tecnología RFID en los envases)
6. GLOBALIZACIÓN (globalización de la vacuna contra el cáncer del papiloma humano, beneficios, efectos secundarios y muerte)
7. PROPAGANDA (cómo nos venden la vacuna contra el cáncer del papiloma humano, el poder de los anuncios)
8. PATENTES (el control de las patentes, los medicamentos de marcas y la lucha contra los genéricos)
9. SILENCIO (estado de la situación a nivel informativo)
10. ¿Y AHORA QUÉ? (nuestro futuro, si luchamos por él, declaración de crímenes contra el planeta y la humanidad).


EL FIN DEL LETARGO - EL PODER FARMACÉUTICO from EL FIN DEL LETARGO on Vimeo.

Fuente: El fin del letargo http://vimeo.com/finletargo/videos/sort:date

No arreglen Wall Street, reempláncela, por David Korten

¿Por qué no una economía de riqueza verdadera?

El actual debate económico se centra en la mejor manera de revivir nuestro sistema económico actual por medio de alguna combinación de un rescate de Wall Street y un paquete de estímulo económico para la creación de puestos de trabajo. Esto equivale a tratar de reactivar un sistema económico que ha fracasado en todas sus dimensiones: económica, social y ambiental. En lugar de apoyar un sistema fracasado, deberíamos utilizar la actual crisis financiera como la oportunidad para crear un sistema que funcione. Tratar de resolver la crisis con las mismas herramientas que la causaron es la definición de locura.

Como individuos, nosotros los humanos parecemos ser una especie inteligente. Colectivamente, sin embargo, nuestro comportamiento varía entre soberanamente sabio a suicida. Nuestra actual locura económica colectiva es el producto de una ilusión—una creencia, cultivada por la ortodoxia económica reinante, de que el dinero es riqueza y que hacer dinero es el equivalente a crear riqueza.

El dinero es simplemente una nota contable sin valor intrínseco—es inútil hasta que lo intercambiamos por algo de valor real. La especialidad de Wall Street es crear dinero para gente rica sin el esfuerzo de producir algo de valor real correspondiente. Ellos aumentan sus pretensiones contra la verdadera riqueza sin aumentar el suministro de bienes, haciendo más difícil para el resto de nosotros satisfacer nuestras necesidades.

La verdadera riqueza la conforman, en primer lugar, las cosas tangibles que sustentan a la vida—alimento, vivienda, vestimenta. Por supuesto, las más valiosas formas de riqueza son las que están más allá de cualquier precio: el amor; un niño sano y feliz; un trabajo que proporcione un sentido de autoestima y contribución; la pertenencia a una comunidad fuerte y comprensiva; un medio ambiente sano y vibrante; la paz. Nuestro sistema económico dirigido por Wall Street crea fantásticas cantidades de dinero y destruye activamente todas estas diversas formas de riqueza real.

Hemos estado esclavizados a una historia cultural dominante, continuamente reforzada por académicos, funcionarios del gobierno y medios de comunicación corporativos, que nos llevó a creer que nuestra economía estaba funcionando espléndidamente incluso cuando casi literalmente nos estaba matando. Has escuchado muchas veces esta historia:

"El crecimiento económico, medido por el Producto Bruto Interno, crea la riqueza necesaria para proporcionar abundancia material para todos, aumentando la felicidad humana, terminando con la pobreza, y sanando el medio ambiente. Cuanto más rápido consumimos, más rápido crece la economía y más ricos nos volvemos a medida que la marea creciente eleva todos los barcos".

La conclusión lógica de esta historia es que cuanto más rápido convertimos nuestros recursos útiles en basura tóxica, más ricos somos. Los únicos verdaderos beneficiarios de esta evidentemente estúpida idea, son algunas pocas personas ricas que cosechan beneficios financieros de cada transacción económica—ya sea que la transacción cure una enfermedad o destruya una selva tropical. Es un sistema que deifica al dinero y diluye a la riqueza.

En contraste, la economía de Main Street se compone de empresas locales y de trabajadores que producen bienes y servicios reales para satisfacer las necesidades de verdadera riqueza de sus comunidades. Ha sido maltratada y destrozada por las intrusiones rapaces de las corporaciones de Wall Street, pero es la base lógica sobre la cual construir una nueva economía de verdadera riqueza, de empleos verdes y fabricación verde, de empresas responsables orientadas a la comunidad, y de prácticas ambientales sanas.

Dejemos que las empresas de Wall Street y su fantasmal máquina de riqueza se deslice al abismo de su propia creación. Dediquemos nuestros recursos públicos para crear y fortalecer a las instituciones financieras y empresas de Main Street dedicadas a crear riqueza verdadera al servicio de sus comunidades locales.

Fuente: David Korten escribió este artículo como parte de Alimentos Para Todos, la edición de Primavera de 2009 de YES! Magazine. El último libro de David es Agenda for a New Economy: From Phantom Wealth to Real Wealth (Agenda para una Nueva Economía: de la Máquina de la riqueza a la Riqueza Real, publicado en inglés por Berrett-Koehler, febrero de 2009). Lea un capítulo en inglés. David es también el autor del best-seller internacional Cuando Las Empresas Gobiernan El Mundo y El Gran Cambio: del Imperio a la Comunidad de la Tierra. Es co-fundador y presidente del consejo de YES! Magazine, y miembro del consejo de la Alianza Empresarial para las Economías Locales Vivientes. www.davidkorten.org

sábado, 11 de abril de 2009

Jesús, de Nazareth


























por Rafa Redondo

Ocurrió en Kioto. Un joven escritor holandés, interesado por el budismo, visitó en uno de los magníficos templos budistas de esa ciudad japonesa a un anciano monje que, curiosamente, y pese a ser analfabeto, había alcanzado el grado de maestro Zen. Al preguntarle el monje al joven sobre la religión que profesaba y responderle el holandés que era cristiano, el anciano maestro no ocultó su ignorancia sobre la persona y la obra de Jesús. Pero como quiera mostrara un evidente interés sobre la vida del galileo, el joven corrió hacia la biblioteca de la universidad de Kioto en busca de un Nuevo Testamento. Y ya de nuevo ante el anciano, éste sugirió al joven que le leyera un texto del Evangelio, el primero que se presentara a sus ojos al abrir el libro al azar por cualquiera de sus páginas. Así se hizo, y el texto que apareció a la vista fue el famoso pasaje de las bienaventuranzas, que el joven lentamente fue leyendo.

Acabada la lectura, el monje cerró los ojos y, acompañado de otros monjes que se hallaban con él, guardó unos minutos de silencioso recogimiento. Pasados unos instantes, levantó la cabeza, y mirando de nuevo al holandés exclamó: "No conozco a quien dijo eso que tú has leído, pero está claro -añadió contundentemente- que esas palabras solo pueden ser las palabras de un buda".

La palabra Buda, o Bouddha, es preciso recodarlo, procede de la raíz sánscrita Boudh, que significa el despertar, y Bouddha significa el despierto, no solo referido al Buda histórico, que vivió hace 2.500 años, sino también a todos los que han alcanzado la más alta verdad, la verdadera libertad. Todos tenemos en el fondo de nosotros esa naturaleza, la esencia original, el ser esencial de la vida humana. Todos, sin que para ello sea preciso ser chino, hindú o japonés. Todos, sin que para ello sea necesario pertenecer a a religión alguna, porque el Espíritu es salvaje, sopla donde quiere. Y todos, sin exclusión, podemos llegar a la experiencia de lo que en el fondo siempre hemos sido. La experiencia de Dios es nuestro derecho de nacimiento.

"A esta exaltación -dice el maestro Zen Willigis Jäger- están llamadas todas y cada una de las personas. Todos llevamos dentro el mismo principio de ser. Jesús era un hombre histórico, pero Cristo es una forma de ser latente en todas las personas, una forma que deberá desarrollarse...". Caer en la cuenta de quiénes verdaderamente somos, para qué hemos venido, despertar a nuestra propia Naturaleza... Ese es el objetivo de todos los Budas, no solo de los orientales, o de los mismos sabios sioux cuyos textos ya empiezan a ser traducidos, sino de gente cercana la cultura occidental, como Juan de la Cruz, Ángelus Silesius, Maestro Eckhart, así como los modernos físicos y psicólogos transpersonales...

Resulta curioso que todos los Budas hablen igual, que todos expresen la misma experiencia, que todos inviten a seguir el mismo camino del despertar: el de caer en la cuenta. Para ellos, sean orientales u occidentales, no existe más pecado que el de la ignorancia, el pecado que aparta al ser humano de la experiencia de nuestro verdadero yo, y que nos lleva a apegamos a los bienes materiales, a las ideas e imágenes, para así pasar la vida dormidos, ignorando quiénes somos.

Algunos, como los indúes, llamarán a esa experiencia satori, otros, samadhi; otros experiencia de Dios; otros, como los sioux, el Gran Misterio... Sin embargo, todas las religiones poseen el mismo origen, el mismo Padre; todas parten de la misma Experiencia; aunque luego, al no poder expresar con palabras lo que está más allá de las palabras, es cuando, muchas gentes dormidas, movidas menos por el espíritu que por el miedo y el poder, buscan su seguridad en sectas, en teologías cartesianas, en organizaciones, en iglesias, en dogmas; llegando entonces las condenas, las hogueras y las inquisiciones. El miedo que inventó los actuales idearios, es el mismo miedo que inventó el suplicio de la cruz.

El anciano y analfabeto monje de nuestra historia, no estudió teología, pero, sin otra mediación que el conocimiento intuitivo propio de los hombres despiertos, superó en un instante las obsesivas dudas metódicas de los teólogos bíblicos, al reconocer sin mediaciones, directamente, las señas de identidad de Jesús como Buda -Hijo de Dios- Aquel que daba gracias a su Padre porque tales cosas las velaba a los grandes de este mundo y las revelaba a los sencillos.

Pero si Jesús ciertamente fuera un Buda, o Hijo de Dios, o el Hermano Mayor, "¿de qué me serviría -se pregunta Eckhart- tener un hermano sabio siendo yo ignorante?". Jesús no vino para fundar religión alguna, sino para despertar la dormidera colectiva de los que agotan el presente pensando en un cielo futuro. Jesús recordó la importancia del aquí y el ahora cuando anuncia que la Gran Experiencia -el Reino de Dios- "está en vosotros mismos", sin aplazarlo a futuros lejanos. Jesús representa lo divino de toda la creación; Jesús -siguiendo la terminología de C.G. Jung- es el Cristo cósmico, el arquetipo que representa lo divino de la creación, lo divino en nosotros. Eso nos equipara a él. Más caer en la cuenta de todo eso, despertar, oír el Gran Silencio no es posible sin atravesar el Gólgota de las diversas muertes, de mis distintos falsos yoes, hasta lograr la resurrección del Yo real, ese Sí Mismo que el perspicaz Jung atisbó desde la Psicología Profunda. La muerte como transformación. La muerte, escándalo para una civilización que, apegada al éxito, huye empavorecida de la enfermedad y del fracaso. Jesús, como todos los maestros despiertos, no vino para ser adorado en una peana sino para mostrar un camino de transformación. Imposible despertar cuando se está apegado a las ideas, a las imágenes, al dinero. Lo ricos no despertarán si no mueren a sus riquezas. No se puede servir a dos señores. Para despertar es preciso morir, morir incluso a la misma idea de despertar. Así entiendo yo la resurrección.

Jesús tampoco vino para formar castas sacerdotales, ni organizaciones jerarquizadas; menos aún para hacerse seguir por manadas de borregos, o de penitentes que imitasen su vida, sino que vino para que viviéramos profundamente la nuestra. Fue él mismo, para que también nosotros lográramos ser nosotros mismos; para que nos imitásemos a nosotros mismos en nuestro Ser esencial. El pecado -la ignorancia- consiste en aferrarse a su imagen como a un objeto de devoción y no verlo como un sujeto de transformación, empeñado en desvelar el Cristo que cada mujer y cada hombre llevamos dentro. Lo supo bien quien, libre de prejuicios, escogió a sus discípulos entre los marginados, se encontraba a gusto entre los sospechosos y se dejó acariciar por las prostitutas. Aquí el modelo no es el éxito; aquí el primero es el último y el último el primero. Aunque para ello sea preciso morir a la ilusión del respetable yo que nos hemos fabricado.

Ese es el sentido del Gólgota, que el novelista Julen Green vio tan claro en su proceso de transformación personal, cuando descubrió el amor incondicional que tan bien supo plasmar en su novela Hermano Francisco. Ese amor incomprensible e impertinente, para quienes nunca olvidan el agravio. Esa ternura radical, que sabe perdonar desde la cruz el único pecado posible -la ignorancia-- de los que le machacaban, porque "no saben lo que hacen". Un amor que es paciente y servicial, que todo lo excusa, que todo lo cree, que todo lo espera, que todo lo soporta, que no acaba nunca. Un amor que así confía en que el ser humano logrará experimentar la aurora de una nueva conciencia, oculta aún bajo el velo de la ignorancia.

La misma ignorancia que sublevaba al converso Julen Green cuando contemplaba a los católicos su forma clásica de salir de la misa dominical: "Bajan del Calvario y vienen hablando del tiempo".

Fuente: http://www.deia.com/es/impresa/2009/04/10/bizkaia/iritzia/550820.php

miércoles, 8 de abril de 2009

La propuesta ecologista ante la crisis

Uno de los focos principales de “salida” de la crisis que nos proponen el Gobierno, los organismos internacionales y los medios de comunicación masivos es que el crédito vuelva a fluir. Que los bancos empiecen a dejar (y crear) dinero a mansalva de nuevo. Para ello el Gobierno está movilizando una ingente cantidad de recursos: 100.000 millones de euros en avales a la banca para que sea una fuente creíble de crédito, hasta 50.000 en liquidez directa a los bancos, comprándoles activos, apertura de nuevas líneas de crédito a empresas a través del ICO... En la Unión Europea, la estrategia es la misma, con la bajada de los tipos de interés, amén de importantísimas “inyecciones de capital” por parte del Banco Central Europeo.

Y se busca que el crédito vuelva a fluir para reactivar el consumo y, en definitiva, el crecimiento. Pero todos y todas sabemos que el crecimiento está inevitablemente asociado a un incremento del consumo de materia y energía y, por lo tanto, a un agravamiento de la crisis social y ambiental en la que vivimos. El problema es que el crecimiento es una premisa básica del capitalismo: si la economía no crece continuamente, el sistema en su conjunto no puede devolver las deudas sobre las que se sostiene, y colapsa. Por eso en la pasada cumbre del G-20 se hacían continuas llamadas a la importancia de recuperar el crecimiento. Por eso Zapatero y Solbes nos impelen continuamente a ello.

Sabemos que es imposible mantener el crecimiento continuo en un planeta limitado y que, por lo tanto, tenemos que transitar hacia otros sistemas económicos que no se basen en esquilmar su base natural.
Para ello, es fundamental que el movimiento ecologista aporte elementos de reflexión al resto de la sociedad. Es fundamental que empuje un cambio de enfoque. Que muestre que el debate no es si se moviliza o no el crédito. Movilizar el crédito, reactivar la economía, no es un bien en sí mismo. Debemos lograr que el debate social se centre en las oportunidades que tenemos a pesar de la crisis que vivimos. En un momento de parón de la maquinaria económica, podemos dirigir mejor su nueva dirección. La movilización ingente de recursos que se está produciendo desde las instancias públicas, debe servir para reorientar la economía hacia otro paradigma que no necesite el crecimiento.

Se trata de centrar los recursos colectivos no en mantener la misma industria automovilística, sino en posibilitar un sistema de movilidad sostenible; no la creación de empleo en la construcción, sino en revitalizar un mundo rural agroecológico; no en apostar por las energías renovables para mantener el crecimiento del consumo, sino para cambiar radicalmente nuestra matriz energética, reduciendo el consumo.

En definitiva, el movimiento ecologista tiene el desafío de proponer al resto de la sociedad que se adentre en la senda del decrecimiento del consumo de materia y energía, restableciendo el equilibrio entre los seres humanos y el medio, y subrayando la equidad entre los pueblos, teniendo en cuenta una premisa esencial para salir del actual atolladero: “menos para vivir mejor”.

El Ecologista nº 60, Marzo 2009

miércoles, 18 de marzo de 2009

lunes, 16 de marzo de 2009

La arrogancia de Occidente

La crisis y la arrogancia de occidente
por Leonardo Boff

En todos los países se están buscando salidas para la crisis actual. Más que ante una crisis, estamos, a mi modo de ver, frente a un punto de mutación de paradigma, próximo a ocurrir. Pero está siendo aplazado e impedido por la arrogancia típica de Occidente. Occidente está perplejo: ¿cómo puede estar en el ojo de la crisis si posee el mejor saber, la mejor democracia, la mejor conciencia de los derechos, la mejor economía, la mejor técnica, el mejor cine, la mayor fuerza militar y la mejor religión?
Para la Biblia y para los griegos esta manera de pensar constituía el supremo pecado, pues las personas se situaban en el mismo pedestal de la divinidad. Pronto eran castigadas al destierro o condenadas a muerte. Llamaban a esta actitud hybris, que quiere decir, arrogancia y exceso. Oigamos a Paul Krugman, Nóbel de economía en 2008, en el New York Times del 3 de marzo: «Si quiere usted saber de dónde vino la crisis global, mire las cosas de esta manera: estamos viendo la venganza del exceso; así nos hemos empantanado en este caos y todavía estamos buscando una salida». ¿No se decía antes greed is good? ¿La ganancia en exceso es buena?
Presentemos otra cita del nada sospechoso Samuel P. Huntington en El choque de civilizaciones: «Es importante reconocer que la intervención en los asuntos de otras civilizaciones constituye probablemente la fuente más peligrosa de inestabilidad y de un posible conflicto global en un mundo multicivilizacional». Huntington explica que es la arrogancia la que mueve a estas intervenciones. Los occidentales pretenden saber todo mejor. Johan Galtung, noruego, uno de los más preeminentes mediadores de conflictos del mundo, trabajó durante tres años tratando de mediar en la guerra de Afganistán. Se retiró, decepcionado e irritado, denunciando: «la arrogancia occidental impide cualquier acuerdo; éste sólo es posible a condición de que los talibanes se sometan totalmente a los criterios occidentales».
Tal vez la forma más refinada de arrogancia fue y es vivida por el cristianismo, especialmente bajo el actual Pontífice. Ha rebajado a las otras Iglesias negándoles el título de Iglesias. Ha impugnado a las demás religiones como caminos hacia Dios.
Pero ha tenido antecesores más extremados: Alejandro VI (1492-1503) por la bula Inter Caetera dirigida a los reyes de España determinaba: «por la autoridad de Dios Omnipotente que nos ha sido concedida en san Pedro y como Vicario de Jesucristo os donamos, concedemos, entregamos y asignamos a perpetuidad con todos sus dominios, ciudades, fortalezas, lugares y villas, las islas y las tierras firmes halladas y por hallar». Nicolás V (1447-1455) por la bula Romanus Pontifex hacía lo mismo a los reyes de Portugal. Les concedía «plena y libre facultad para invadir, conquistar, combatir, vencer y someter a todos los sarracenos y paganos en cualquier parte que estuvieren y reducir a sus personas a servidumbre perpetua». ¿Se puede ir más lejos en exceso y en hybris? Se borró totalmente la memoria del Nazareno que predicaba el amor incondicional y que todos somos hermanos y hermanas.
La arrogancia de Occidente impide que los jefes de Estado, ante la actual crisis, se abran a la sabiduría de los pueblos y busquen una solución a partir de valores compartidos y de una visión integradora de los problemas de la Casa Común, herida ecológicamente. En los discursos de Barack Obama resuena la arrogancia típicamente estadounidense de que los EUA todavía van a liderar el mundo. Es un liderazgo montado sobre 700 bases militares repartidas por todo el planeta y provistas de armas de destrucción masiva capaces de diezmar a la especie humana y dejar tras de sí una Tierra devastada. Este liderazgo arrogante no lo queremos.

Fuente: Koinonia

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño (Genesio Darcí; Concordia, 1938). Fraile franciscano, estudió teología en el instituto de su orden en Petrópolis y en varias universidades, doctorándose en Munich (1972) bajo dirección de K. Rahner. Profesor de teología en el Instituto de Teología Franciscano de Petrópolis, dirigió la Revista eclesiástica brasileira. Boff es considerado uno de los mayores renovadores de la teología de la liberación latinoamericana, cuyo referente principal es la figura de Cristo como defensor de los pobres.
Su doctrina quedó expuesta principalmente en obras como Pasión de Cristo, pasión del mundo (1977), Las comunidades de base reinventan la Iglesia (1979) o La vida religiosa en el proceso de liberación (1979). Volvió a replantear sus tesis en 1987 con la publicación de Y la Iglesia se hizo pueblo. Sus problemas con la ortodoxia de la Iglesia católica fueron constantes y en 1991 abandonó la cátedra de teología de Petrópolis por discrepancias con el entonces cardenal Joseph Ratzinger (designado Papa en 2005 con el nombre de Benedicto XVI). También fue sustituido al frente de la revista Voces y en Roma se impuso censura previa a todos sus escritos.
En mayo de 1992 volvió a tener dificultades con la publicación de su libro América latina: de la conquista a la nueva evangelización y, finalmente, abandonó la editorial franciscana Voces. Un mes después, renunció al sacerdocio para luchar libremente por sus ideas. Con llegada del nuevo siglo, se convirtió en el máximo representante de la llamada “teología de la ecología”, una ampliación, a su juicio, de la “teología de la liberación”. En 2001 recibió el Premio Correcto Modo de Vida, galardón conocido como el Nobel Alternativo instituido en 1980 para premiar las tareas en beneficio de la humanidad que quedan fuera de los tradicionales premios de la Academia sueca.

sábado, 7 de marzo de 2009

Las élites ante la crisis

por SAMI NAÏR

el 07/03/2009

La crisis prosigue inexorable su camino, como un huracán que lo devasta todo a su paso: de las finanzas al crédito, del crédito a la economía y de la economía a lo social. Habría sido sorprendente que no afectase también a la ideología, los métodos y los conceptos forjados estos últimos treinta años para justificar el capitalismo globalizado. Esta crisis está demoliendo sin piedad los prejuicios, las normas, los valores de quienes creyeron inocentemente en la santa eternidad de ese sistema. Da la impresión de que los desconcertados responsables políticos gobiernan a ojo en todas partes. Están superados por la rapidez de la crisis, su profundidad, su complejidad, pero también están paralizados para actuar porque son prisioneros de los esquemas ideológicos dominantes, de conceptos que se han vuelto inoperantes, de los reflejos de autojustificación de la propia responsabilidad en la crisis.

Hay dos tipos de comportamientos. El de aquellos que simplemente no quieren medir las dimensiones de la crisis y prometen la felicidad para el día de mañana. Y el de aquellos otros, más conscientes, que quieren resolver los nuevos problemas con las soluciones del pasado: éstos se han quedado en 1929- 1933. Unos y otros corren el riesgo de llevarse un desengaño. Porque esta crisis es inmensa, anuncia de modo específico el fin del capitalismo, el del modelo anglosajón, o mejor aún, para ser más precisos, el modelo americano-británico. Las características principales de este sistema son conocidas: vínculo social basado en la competencia de todos contra todos, privatización de los bienes públicos, competencia comercial "libre y no falseada", mercantilización de las relaciones sociales, flexibilidad y precariedad del mercado laboral, inversiones especulativas a corto plazo con tasas de rendimiento elevadas. Trasfondo del cuadro: provecho máximo para una minoría, endeudamiento generalizado para la mayoría.

Ahora bien, durante todo el periodo en que imperó este modelo, hasta hoy, también se constituyó una vulgata conceptual que ha sido definida como "pensamiento único". Conocemos, sin embargo, sus líneas maestras: la idea, consustancial a la humanidad secularizada, de un mejor porvenir ha sido desechada por la ridícula ideología del "fin de la historia", el principio de competencia se ha convertido en el prêt-à-penser del conformismo triunfante. El hundimiento del pensamiento crítico, progresista, ante ese modelo de gestión del vínculo social, ha sido impresionante. Palabras como "nacionalización", "proteccionismo", a veces incluso "igualdad", podían convertirse en vergonzosas en boca de dirigentes de la izquierda oficial. De ahí que la derecha y una cierta izquierda se situaran en una misma línea, el blairismo, supuesta tercera vía entre capitalismo y socialismo, convirtiéndose en realidad en la síntesis entre el liberalismo ultraconservador de Margaret Thatcher y el socialismo de balneario de las nuevas élites pequeño burguesas. Es duro de admitir pero ésta es la realidad. La crisis actual implica en efecto una profunda puesta en duda de los conceptos del liberalismo anglo-sajón, hoy hegemónico en todo el mundo. No podemos decir, por ejemplo, que de ahora en adelante se tenga que "regular" y descartar que el Estado vuelva a convertirse en agente central dentro del sistema económico. Porque éste es quien debe equilibrar con su arbitrio, sus subvenciones, sus orientaciones, el juego de la competencia siempre desigual entre el capital y el trabajo. No podemos decir que se tenga que repartir dinero (no sólo a los bancos) y rechazar ideológicamente los déficit públicos que crecerán inevitablemente. No podemos pretender organizar en la OMC, en lugar de un mercado mundial incapaz de autorregularse, la competencia comercial, y no introducir mecanismos de protección en las fronteras de las grandes zonas de intercambio. Estados Unidos lo hará renegociando la NAFTA. El mercado chino está oxidado, y los de India y Japón también, pero Europa está abierta a todos los vientos. Habrá que revisar seriamente, aquí también, las relaciones entre el fundamentalismo librecambista y el proteccionismo.

Podríamos desgranar cien ejemplos más de nociones y conceptos que hay que revisar para afrontar esta crisis mundial. Pero ¿qué dicen las élites políticas? Aun cuando éstas favorecen de hecho el proteccionismo nacional y las nacionalizaciones, siguen defendiendo el librecambismo integral, el Estado débil y la disciplina abstracta de los presupuestos. Y focalizan la atención sobre medidas secundarias, como la lucha contra los "paraísos fiscales" o a favor de la "transparencia financiera", olvidando intencionadamente que éstas no son las causas sino las consecuencias de un sistema que las ha hecho posibles.

Traducción de Martí Sampons.
Fuente: El País http://www.elpais.com/articulo/internacional/elites/crisis/elpepuint/20090307elpepiint_8/Tes

jueves, 5 de marzo de 2009

Budismo y globalizacióN

En el capítulo del Sutra del Loto titulado Kanzeon Bosatsu Fumonbongé se habla de Kanzeon, el bodisatva de la Gran Compasión. El nombre Kanzeon está formado por tres sílabas:

KAN significa observar, contemplar, tomar conciencia.
ZE es el mundo y
ON el sonido.

Kanzeon es aquel que observa, el que contempla, el que toma conciencia del sonido del mundo. Por “sonido” se entiende la voz, el sentir del mundo. En el budismo, la compasión surge de la capacidad de abrirnos al sentir del mundo en el que vivimos. Esto es lo contrario a permanecer encerrado en una burbuja narcisista en la que no vemos ni oímos más allá de las paredes de nuestro egocentrismo.

El estado compasivo es aquel que nos permite reconocer y empatizar con el dolor y el sufrimiento de los seres vivos con los que compartimos la existencia.

El budismo nació precisamente de la constatación de la realidad del sufrimiento por parte del Buda Sakiamuni. Y la Rueda del Dharma se puso en movimiento cuando el Buda hizo el voto inquebrantable de desvelar y erradicar las raíces profundas del sufrimiento, no sólo del suyo propio, sino el de todos los seres vivientes.

Cuando abrimos al mundo de par en par las puertas de nuestro corazón no podemos dejar de oír el lamento clamoroso de la Humanidad actual y no podemos negar la ingente cantidad de sufrimiento, tanto individual como social, que se extiende por doquier. Son tiempos de incertidumbre.

El desarrollo de la tecnología en todos los ámbitos de la vida humana, el apabullante crecimiento económico de algunos países y de algunas capas sociales durante los últimos años, el asombroso desarrollo de las comunicaciones, especialmente en el terreno de la información, no han traído un bienestar y una felicidad reales a la inmensa mayoría de los seres humanos, sino que, por el contrario, han acrecentado las desigualdades tanto entre el llamado primer mundo y el tercer mundo, como dentro mismo del primer mundo, ha provocado una crisis ecológica sin parangón en la Historia y ha alimentado un sistema económico basado en la especulación, en el engaño, en el enriquecimiento de unos pocos a costa del sufrimiento de la mayoría.

El sufrimiento individual, el sufrimiento social y el deterioro de los ciclos de la naturaleza son síntomas del mismo y profundo malestar que aqueja a nuestras sociedades y a los seres humanos que la conforman.

Desde mi punto de vista, los grandes peligros que amenazan la armonía planetaria son:

1. La destrucción sistemática del entorno natural que sustenta la vida.
2. La proliferación de integrismos ideológicos, étnicos y religiosos y la consecuente tensión social.
3. La militarización de los conflictos.

Como personas comprometidas con un vía espiritual deberíamos hacernos las siguientes preguntas:

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de esta situación?
B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente a estos peligros?
C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para disolver estos peligros?

1. La destrucción sistemática del entorno natural que sustenta la vida.

Las causas de esta degradación medio ambiental son múltiples y complejas pero quizá las dos más importantes sean:

➢ La mundialización de un sistema económico basado en la producción y en el consumo desorbitados como principal parámetro de desarrollo humano, llamado Economía de Mercado y que desde mi punto de vista está funcionando como una Nueva Religión (1) .
➢ El crecimiento exponencial de la población.

Con respecto a la Economía de Mercado.
La economía de mercado se basa en una doble estrategia:


- Crea la ilusión de que acumulando beneficios y consumiendo desenfrenadamente vamos a alcanzar esa felicidad que anhelamos, manipulando así la tendencia natural hacia la felicidad inherente a toda vida humana. Esta ilusión actúa mediante un reduccionismo castrador: reduce el anhelo de felicidad a la producción y consumo de bienes materiales.

- Una vez generada esta ilusión, la Religión del Mercado exacerba la avaricia y la codicia de una forma también doble:


• Avaricia de beneficio (a través de la producción).
• Avaricia de objetos y experiencias (a través del consumo).

La avaricia es un "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas".

La avaricia, que casi todas las religiones tradicionales consideran una actitud perniciosa que debe ser controlada y transformada, es para la Religión del Mercado la principal virtud que sus adeptos deben desarrollar.


A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de esta situación?

Los líderes religiosos no hemos visto este peligro con la suficiente antelación. No hemos denunciado con la suficiente fuerza y claridad este error cognitivo ni este comportamiento perverso, tal vez porque la avaricia ha contaminado (y sigue contaminando) incluso a muchos de nosotros y a nuestras propias instituciones religiosas.

B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente a la destrucción del medio ambiente?
Esto debe ser motivo de reflexión de cada uno.

C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para detener la destrucción del medio ambiente?

Como líderes religiosos deberíamos predicar con el ejemplo y despertar a nuestros seguidores sobre las consecuencias desastrosas de la avaricia. Inspirada por los líderes religiosos, la sociedad civil terminaría considerando la avaricia como un crimen contra la Humanidad y contra el Planeta Tierra.
Frente a la avaricia, los líderes religiosos deberíamos fortalecer nuestra voluntad moral, tal y como enseñan las religiones semíticas, y desvelar el enorme error cognitivo (ignorancia) que la alimenta, como enseñan las religiones asiáticas.

➢ Con respecto al crecimiento exponencial de la población humana.
Aunque las causas del crecimiento actual de la población mundial son múltiples y complejas, el hecho es que, de no ralentizarse, el Planeta no podrá mantener la vida de todos los nacidos. Detener y estabilizar el crecimiento es pues una cuestión de supervivencia de la especie.
El uso extendido de métodos anticonceptivos y las campañas de planificación familiar aliviarían enormemente la presión demográfica.

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos del crecimiento exponencial de la población?

Prohibir, por ejemplo, a nuestros seguidores cualquier actividad sexual que no tenga una finalidad reproductiva y obstaculizar el uso de los métodos anticonceptivos nos convierte en co-responsables del peligro que supone un crecimiento desmedido de la población.


B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente al crecimiento exponencial de la población?
Dejo la respuesta en el aire.


C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para estabilizar y reducir el crecimiento de la población?
Desde mi punto de vista, deberíamos discernir claramente el acto sexual del acto reproductivo y dignificar no sólo el acto sexual con fines reproductivos sino también el acto sexual como forma de comunicación íntima entre seres humanos y como fuente de placer legítimo per se.


2. La proliferación de integrismos ideológicos, étnicos y religiosos.

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de la proliferación del integrismo?
Muchos son los que afirman que el integrismo, el fanatismo o el fundamentalismo son consustanciales al hecho religioso, descalificando así el hecho religioso mismo. Y es verdad que la historia de las religiones ha contribuido a ello.
También es cierto que muy a menudo se viste como "religiosas" actitudes fanáticas que son de índole distinta a la estrictamente religiosa.

B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente al integrismo?
No basta con señalar la paja en el ojo ajeno. Debemos asumir la responsabilidad de identificar la viga en el nuestro y depurar nuestra práctica e instituciones religiosas de actitudes fundamentalistas.

C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para superar el integrismo?
¿Es posible una vida religiosa no fundamentalista? Deberíamos depurar las actitudes fanáticas y excluyentes. Deberíamos reconducir el sentimiento exclusivo de pertenencia a una religión concreta hacia el sentimiento de pertenencia a la Humanidad y la Vida
Lo que está en juego no es la salvación de una comunidad religiosa particular sino la civilización humana misma.

3. La militarización de los conflictos.

Cualquier opción militar es una chispa que pueda hacer saltar el arsenal de armas que hemos acumulado. No hay conflictos de baja intensidad o inócuos. Hoy día cualquier conflicto afecta inmediatamente a todos, dada la cada vez más intrincada interdependencia de nuestras sociedades.

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de la militarización de los conflictos?
Ninguna de las grandes religiones enseña que el exterminio de seres humanos sea un camino de salvación.

B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente a la militarización de los conflictos?
Cada uno debe reflexionar sobre este tema.

C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos en pos de la paz?
Por un lado, no podemos seguir tolerando que la industria armamentista sea uno de los principales motores de la economía. Las armas se fabrican para ser usadas y es hora de abandonar el cínico lema de "si quieres la paz, prepárate para la guerra". Si queremos la paz debemos crear las condiciones apropiadas para la paz. Y el aumento del arsenal armamentístico no es precisamente un estímulo para la paz. Debemos denunciar el creciente presupuesto militar, y abogar por un desarme internacional continuado, especialmente de todas las armas nucleares y del arsenal de armas de destrucción masiva.
Por otro, debemos desmilitarizar nuestras doctrinas y creencias. Nuestros púlpitos, templos, sinagogas, mezquitas y lugares de culto deben ser centros de paz desde los que se irradie la paz.

Propuestas.

1. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores de la creciente degradación ecológica, social e individual (ausencia de verdaderos valores).


2. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores de que la avaricia y el crecimiento exponencial de la población son dos de las causas principales de esta degradación.

3. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores de que los valores de la Economía de Mercado son contrarios a los enseñados por la mayoría de las religiones tradicionales.

4. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores del enorme poder destructivo que encierra la avaricia cuando se la considera como motor de progreso y salvación.

5. Identificar, desmontar intelectualmente y desactivar emocionalmente los supuestos ideológicos sobre los que se sustenta la Religión del Mercado, y fortalecer moralmente a nuestros seguidores frente a ella.

6. Asumir un compromiso personal e institucional basado en la simplicidad voluntaria como forma de vida, en su doble vertiente:

1. Reprobar la actividad productiva que no sea ética ecológica, social e individualmente.
2. Reprobar el consumo que no sea ético ecológico, social e individuamente.

Y estimular a nuestros seguidores a adoptar un compromiso.

7. Discernir claramente el acto sexual del acto reproductivo y dignificar no sólo el acto sexual con fines reproductivos sino también el acto sexual como forma de comunicación íntima entre seres humanos y como fuente de placer legítimo per se, estimulando el uso de métodos anticonceptivos, como una de las soluciones para estabilizar el crecimiento demográfico.

8. Depurar nuestras doctrinas de fanatismos y de actitudes exclusivistas, tales como "fuera de mi religión no hay salvación", aceptando que la diversidad no es signo de confusión sino manifestación del exhuberante poder creador de la Unidad.

9. Reprobar y denunciar la militarización de los conflictos. Abogar por un desarme internacional continuado. Denunciar las estrategias encubiertas del lobby armamentista.

10. Contribuir al establecimiento y a la expansión de los principios claramente recogidos en la Carta de la Tierra promulgada por la Comisión Mundial para el Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas. A saber:

1. Respeto y cuidado de la comunidad de vida.
2. Integridad ecológica.
3. Justicia social y económica.
4. Democracia, no violencia y paz.

Me gustaría terminar con este poema de Ibn Arabi, que por tan conocido no deja de ser inspirador:

"Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo
si su religión no era como la mía.
Pero ahora mi corazón
se ha convertido en receptáculo de todas las formas religiosas:
es pradera de gacelas y claustro de monjes cristianos,
templo de ídolos y Kaaba de peregrinos,
Tablas de la Ley y Pliegos del Corán.
Porque profeso la religión del Amor
y voy allí donde vaya su cabalgadura.
Porque el Amor es mi credo y mi fe".

Ibn ‘Arabi

(1) Este tema lo desarrollo más ampliamente en "Zen en la plaza del mercado". Aguilar, 2008.

Dokushô Villalba
Marzo 2009

domingo, 1 de marzo de 2009

¿Es la religión enemiga de la civilización?


Por Gianni Vattimo


En el mundo actual, las Iglesias se han convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Sobreviven porque sus jerarquías quieren conservar el poder y sus privilegios.

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama "el Dios moral", es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones "morales" como garantía del orden racional del mundo.

La institucionalización de las creencias, que dio origen a las Iglesias, incluyó (no sé si sólo en la práctica o como factor necesario) una reivindicación del poder histórico, en el sentido de que era casi natural y necesario que una religión moral se convirtiera en una institución temporal poderosa. Es lo que parece haber ocurrido con el catolicismo, pero se pueden ver muchos otros fenómenos similares en la historia de otras religiones. Incluso el budismo engendró un Estado, el Tíbet de los lamas, que ahora lucha por sobrevivir frente a China. En todas partes -por ejemplo, en el hinduismo-, el mismo hecho de que exista una diferencia entre clérigos y legos hace que la religión se convierta en una institución, cuyo objetivo principal es siempre su propia supervivencia. Mencionaré de nuevo el ejemplo de la Iglesia católica: si no hubiera sobrevivido a lo largo de los tiempos, yo no habría podido recibir el Evangelio, la buena nueva de la salvación. Una vez más: como en el caso de la muerte de Dios de Nietzsche, la muerte de las religiones institucionalizadas no significa que no tengan legitimidad. Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.

La Iglesia afirma que defiende su poder (y los aspectos económicos de él) para preservar su capacidad de predicar el Evangelio. Sí; pero, como en tantas instituciones, la razón suprema de su existencia se queda muchas veces olvidada a cambio de la mera continuidad del statu quo. Lo que quiero decir es que, en el mundo actual, sobre todo en el Occidente industrial, la religión como institución se ha convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Quiero subrayar que hablo de la muerte de las religiones en el mismo sentido en el que acepto el anuncio de Nietzsche sobre la muerte de Dios. La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo.

Hablar de la muerte de las religiones en un sentido relacionado con el anuncio de la muerte de Dios de Nietzsche no significa, desde luego, que la religión nunca haya tenido sentido para la humanidad. Ni siquiera se puede decir que la frase de Nietzsche significa que Dios no existe. Ésa sería de nuevo una afirmación metafísica, que Nietzsche no quería pronunciar, por su rechazo general a cualquier metafísica "descriptiva". La lucha contra la supervivencia de las religiones de la que hablo tiene poco que ver con la negación racionalista de todo significado a los sentimientos religiosos. Incluso se toma muy en serio ese resurgimiento de la necesidad de una relación con la trascendencia que caracteriza numerosos aspectos de la cultura actual. Citaré de nuevo a Nietzsche, que dice que Dios está muerto y ahora queremos que existan muchos Dioses.

Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.

Hace poco, el Papa repitió su idea constante de que la verdad no es negociable. ¿Ese "fundamentalismo" es sólo característico del catolicismo, o de todo el cristianismo? Quienes hablan de civilizaciones tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta condición concreta. No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser "dirigentes" de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.

Fuente:Tribuna El Pais -1-03-2009