martes, 26 de octubre de 2010

Europa, crisol de racistas




por Víctor J. Sanz


Cuando uno pretende irse sin pagar de un sitio donde ha consumido algo, se dice en argot, hacer un "sinpa", abreviatura de "sin pagar".


El PP y los “sinpa”


Alicia Sánchez Camacho, presidenta del PP catalán quiere hacer un “sinpa”. Bueno, quiere hacer muchos “sinpa”. Concretamente quiere hacer de cada inmigrante un “sinpa-peles”. Muchos inmigrantes residentes en Cataluña están en riesgo de que les hagan un “sinpa”. Y los líderes (im)populares lo proclaman “sinpa-lidecer”, “sinpa-rarse” a pensar que son seres humanos. Y lo quieren hacer “sinpa-samontañas” ni nada, a rostro descubierto, a voz en grito.


Siguiendo la doctrina de Sarkozy de “aquí te pillo, aquí te deporto”, personas como Sánchez-Camacho representan la punta de lanza de una xenofobia selectiva, cínica e interesada que quieren convertir a Europa en un cortijo donde la inmigración solo es bienvenida en “temporada”, para que al señor de las tierras no se le eche a perder la fresa, la uva, la aceituna o el melocotón. Algunos de los interesados en esa clase de Europa, llegan a practicar incluso el “sinpa-gar los jornales a los inmigrantes”, ya que son ilegales…, "que protesten si quieren, y si no, pues que se vuelvan a su tierra".


En uno de los ataques a cara descubierta que ha realizado el PP catalán contra los inmigrantes, su dirigente Alberto Fernández Díaz, presidente del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, asegura que una parte del colectivo de inmigrantes “abusa” de la sanidad pública. Sin duda, debe pensar este hombre que los inmigrantes se autolesionan o se exponen innecesariamente a enfermedades y accidentes laborales. Esas enfermedades y accidentes laborales no tendrían lugar si en vez de tener un trabajo en la economía sumergida y con las medidas de seguridad ausentes, los inmigrantes tuvieran un cargo municipal en el Ayuntamiento de Barcelona como Dios manda. Yo estoy tan convencido como este señor de que una parte del colectivo de PPeros “abusa” de la ingenuidad del ciudadano y practica la más desvergonzada corrupción desde sus cargos políticos. Me imagino, por lo tanto que la preocupación de este señor puede pasar, más que nada, por la idea de “¿Y si no queda para cuando metamos el cazo?”. En este país, al contrario que en el juego del Monopoly, los políticos corruptos del PP van hasta la casilla de salida “sinpa-sar” por la cárcel.


Aunque Sánchez-Camacho lo niegue, el PP encabeza la ofensiva xenófoba de la extrema derecha española, con políticas y propuestas que atentan contra lo humano, contra lo digno y contra el sentido común. Tenga cuidado la señora Sánchez-Camacho y no viaje al extranjero, pues allí solo sería una extranjera más, no vaya a ser que se tuerza un tobillo y precise abusar de la sanidad publica de tan desafortunado país, pues en tal circunstancia resultaría usted tan repudiable, como repudiables le resultan a ustedes los inmigrantes que acuden a los centros de salud de España.


Europa, crisol de racistas


Esta política xenófoba de extrema derecha surge por toda Europa. Italia convierte en delincuentes a los sin papeles. Gran Bretaña cierra las fronteras a la inmigración (salvo que sean futbolistas, enfermer@s y médic@s españoles, adinerados indios o pakistaníes o empresarios chinos…)


Francia, expulsa que te expulsa gitanos; que ya se han ganado el apellido edulcorante de “rumanos” con el que Sarko intenta demostrar que la deportación tiene más que ver con la nacionalidad que con la raza. Desde luego, con lo que no tiene nada que ver es con la racionalidad. Es más, Sarko defendió su xenofobia a gritos, gritándole a un portugués como Durao Barroso. Quizás si el señor Barroso hubiera sido de pura raza aria, no le habría caído esa bronca tan encendida y racial del presidente francés de origen húngaro.


En Alemania, Merkel se queja de que el país está demasiado extranjerizado, y tiene razón la germana, empezando por su selección nacional de fútbol: Jérôme Boateng (de origen ghanés); Khedira (de padre tunecino); Podolski (de origen polaco); Özil (de origen turco); Klose (nacido en Polonia); Serdar Taşçı (de origen turco); Marko Marin (nacido en Bosnia); Piotr Trochowski (de origen polaco); Cacau (nacido en Brasil); y Mario Gómez (de origen español) [Fuente: Wikipedia]. Es decir, de los 23 jugadores que seleccionó Alemania para el último mundial de fútbol, nada menos que 10 elementos extranjerizan el equipo. Un auténtico fracaso de la multiculturalidad.


En países como Holanda, Suecia, Hungría o Austria, la extrema derecha está viviendo un momento de protagonismo que habla por sí solo de lo mal que anda la humanidad, que parece precipitarse por momentos al vacío de la inmundicia humana.


De todas estas miserias humanas se puede extraer la conclusión de que la Xenofobia, en tanto que odio a los extranjeros, no existe o es un término que no se aplica correctamente. Como tampoco existe o se aplica incorrectamente el término Racismo, en tanto que odio o desprecio por los de otra raza. El único término que describe correctamente lo que estos elementos humanos sienten y expresan es Pobrefobia, ya que, a sus ojos, el dinero que el inmigrante posea, o la riqueza que pueda generar, es la medida justa del respeto que merece, muy por encima de su nacionalidad o su raza. Solo hay que comparar la consideración que se tiene con un árabe de Marbella y la que se tiene con uno de Badalona que, de entrada, pierde el apelativo de árabe y adquiere el de moro o musulmán, en el mejor de los casos. O la que se tiene con un mantero subsahariano y la que se tiene con un subsahariano futbolista o baloncestista, en cuyo caso se suelen destacar sus esfuerzos por integrarse en nuestra sociedad.


Puede que solo sea una impresión mía, pero creo que afortunadamente nunca jamás podrá tener lugar una convención internacional de xenófobos, pues todos menos los anfitriones serían tachados (y con motivo) de extranjeros.


Nota importante: Al margen he dejado intencionadamente al ciudadano Josep Anglada, de quien creo que seguiría siendo extremadamente xenófobo aunque fuera el último habitante del planeta. Él está en otro nivel, y para lo suyo no existe tratamiento, al menos en este artículo.






Enlace al original: http://impresionesmias.com/2010/10/25/europa-crisol-de-racistas/