lunes, 18 de octubre de 2010

Árabes e israelíes

por Tariq Alí · · · · ·
 






The Arabs and the Holocaust: The Arab-Israeli War of Narratives [Los árabes y el holocausto: la guerra de relatos árabe-israelí]
Gilbert Achcar (trad. de G. M. Goshgarian), 208 págs.,
Saqi Books, Londres, San Francisco, Beirut.
 

"Desde el siglo IV después de Cristo", escribió el difunto Raul Hillberg en su obra maestra The Destruction of the European Jews, [La destrucción de los judíos europeos, Akal, Madrid, 2005] "ha habido tres clases de política antijudías: conversión, expulsión y aniquilación. La segunda apareció como alternativa de la primera, y la tercera surgió como alternativa de la segunda". Lo que esto sugiere es que la  "civilización judeo-cristiana" es un constructo relativamente nuevo y esencialmente ideológico. 

 En todo caso, del siglo VIII al XIX, se puede decir que existió una civilización islamo-judaica que se extendió por la Península Ibérica, el mundo árabe propiamente dicho, Persia y las tierras otomanas. La reconquista cristiana de Portugal y España llevó a la conversión forzosa y la expulsión de judíos y musulmanes. Decenas de miles de judíos encontraron refugio en el África del Norte musulmana y el imperio otomano.

 Hasta después de la Primera Guerra Mundial no empezaron a deteriorarse gravemente las relaciones entre ambas comunidades. La causa de ello fue la declaración Balfour (a la que se opuso  Edwin Montagu, el único miembro judío del gabinete británico) que ofrecía en Palestina una patria a la Federación Sionista, sin consulta de ninguna clase con la gente que vivía en esa tierra. Hitler y el judeicidio de la II Guerra Mundial consolidaron los cimientos del Estado de los colonos y llevó a la nakba [catástrofe] a los árabes palestinos de la región. Poco ha de sorprender que eso condujera a una "guerra de relatos".

 En una refutación sistemática y académica de los mitos simplistas surgidos durante la formación de Israel, Gilbert Achcar, el historiador franco-libanés actualmente profesor de relaciones internacionales en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, la SOAS (School of Oriental and African Studies) de Londres, nos entrega el mejor libro concebido sobre el tema hasta el momento. Achcar no pierde el tiempo con veleidades árabes. Habla claramente acerca del hecho de que la negación del Holocausto no es infrecuente en Oriente Medio y que historiadores charlatanes (Roger Garaudy es uno de los muchos ejemplos citados en el libro) han sido objeto de una cálida bienvenida por parte de muchos de los poderosos de los Estados del Golfo. Podía haber añadido que el difunto rey Ibn Saud, del reino que lleva su nombre, tenía la costumbre de obsequiar a los dirigentes occidentales que le visitaban con ejemplares de los Protocolos de los sabios de Sión. No se conoce el caso de ningún presidente norteamericano o líder europeo occidental que rechazara el regalo.
 Achcar también nos informa de que es de los árabes con los que los israelíes decidieron cruzarse (el difunto Anuar El Sadat de  Egipto y Abu Mazen, el actual dirigente de la OLP) de quienes hay constancia de su burdo antisemitismo. Se dedica mucho espacio al Gran Mufti de Jerusalén y sus encuentros con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Todo esto es verdad, pero no se quedaba restringido a Palestina. Puesto que los nacionalistas luchaban contra imperios como el británico y el holandés en muchas partes del mundo, algunos de los dirigentes nacionalistas basaban su táctica en la equivocada idea de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Subhash Chandra Bose en India constituye el ejemplo más conocido. Ayudó a organizar a los prisioneros de guerra indios, hindúes, musulmanes y sijs, en campos japoneses para formar un Ejército Nacional Indio (ENI) que luchara junto a los japoneses. Después de la guerra, Nehru se pondría su toga de abogado para defender al ENI en los tribunales, que fue popular en toda India.

 Pero ¿era Gamal Abdel Nasser, el fundador del Egipto moderno un antisemita, tal como lo representan numerosas descripciones israelíes? ¿O un Hitler árabe, tal como lo retrataba Anthony Eden, el primer ministro británico, antes del ataque anglo-franco-israelí contra Egipto de 1956? Achcar demuestra todo lo contrario con todo lujo de detalles. Puede que Nasser cometiera errores, pero en esencia el tenor del nacionalismo árabe de los años 50 y 60 era "de carácter socialista, antiimperialista". La crítica principal de Nasser a Israel no era étnica sino política: consideraba al Estadio israelí un "instrumento de las potencias imperialistas". Cita ejemplos de cómo el gobierno israelí orquestó una campaña para alentar la emigración de las viejas comunidades judías de Egipto (y Bagdad) a Israel, donde sus escritores y poetas escribieron con añoranza de lo que habían dejado atrás.
  
 El libro, que también contiene numerosas referencias de bibliografía israelí en su apoyo, es un valioso correctivo, especialmente en estos tiempos en los que Tzipi Livni llegó a  declarar, en su calidad de ministra de Exteriores, que "los palestinos pueden celebrar un día de la independencia si, en una jornada como ésa, eliminan la palabra nakba de su vocabulario". El comentario de Achcar resulta admirablemente comedido: "El sionismo estatista es un Jano, una de cuyas caras mira hacia el Holocausto, la otra hacia la nakba, una hacia la persecución sufrida, la otra hacia la opresión infligida. . . pero sólo el reconocimiento de ambas puede hacer que israelíes, palestinos y demás árabes inicien un verdadero diálogo".

 Hillberg, Peter Novick, Tony Judt, Gabi Piterburg, Norman Finkelstein, Amira Hass y muchos otros de origen judío han avisado contra los usos del Holocausto en la política contemporánea, y no sólo en Israel. Es miope y contraproducente.   

 Y no ayudará a un acuerdo en la región. Tampoco lo lograrán los intentos israelíes, de los que se hacen eco sus defensores en Occidente, de declarar que todos los que se oponen a la represión de Israel en Gaza y los territorios ocupados son antisemitas. La propaganda grosera de este género, que rebaja la historia y la política, podría llevar a algunos a aceptar la etiqueta como precio a pagar por su oposición a la política israelí. El volumen de Achcar es un audaz intento de evitar el partidismo. Una edición en árabe acaba de publicarse en el Cairo. Esperemos ver su equivalente en hebreo.

 Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO. Su último libro publicado es The Protocols of the Elders of Sodom: And Other Essays, publicado por Verso de Londres.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón