lunes, 16 de marzo de 2009

La arrogancia de Occidente

La crisis y la arrogancia de occidente
por Leonardo Boff

En todos los países se están buscando salidas para la crisis actual. Más que ante una crisis, estamos, a mi modo de ver, frente a un punto de mutación de paradigma, próximo a ocurrir. Pero está siendo aplazado e impedido por la arrogancia típica de Occidente. Occidente está perplejo: ¿cómo puede estar en el ojo de la crisis si posee el mejor saber, la mejor democracia, la mejor conciencia de los derechos, la mejor economía, la mejor técnica, el mejor cine, la mayor fuerza militar y la mejor religión?
Para la Biblia y para los griegos esta manera de pensar constituía el supremo pecado, pues las personas se situaban en el mismo pedestal de la divinidad. Pronto eran castigadas al destierro o condenadas a muerte. Llamaban a esta actitud hybris, que quiere decir, arrogancia y exceso. Oigamos a Paul Krugman, Nóbel de economía en 2008, en el New York Times del 3 de marzo: «Si quiere usted saber de dónde vino la crisis global, mire las cosas de esta manera: estamos viendo la venganza del exceso; así nos hemos empantanado en este caos y todavía estamos buscando una salida». ¿No se decía antes greed is good? ¿La ganancia en exceso es buena?
Presentemos otra cita del nada sospechoso Samuel P. Huntington en El choque de civilizaciones: «Es importante reconocer que la intervención en los asuntos de otras civilizaciones constituye probablemente la fuente más peligrosa de inestabilidad y de un posible conflicto global en un mundo multicivilizacional». Huntington explica que es la arrogancia la que mueve a estas intervenciones. Los occidentales pretenden saber todo mejor. Johan Galtung, noruego, uno de los más preeminentes mediadores de conflictos del mundo, trabajó durante tres años tratando de mediar en la guerra de Afganistán. Se retiró, decepcionado e irritado, denunciando: «la arrogancia occidental impide cualquier acuerdo; éste sólo es posible a condición de que los talibanes se sometan totalmente a los criterios occidentales».
Tal vez la forma más refinada de arrogancia fue y es vivida por el cristianismo, especialmente bajo el actual Pontífice. Ha rebajado a las otras Iglesias negándoles el título de Iglesias. Ha impugnado a las demás religiones como caminos hacia Dios.
Pero ha tenido antecesores más extremados: Alejandro VI (1492-1503) por la bula Inter Caetera dirigida a los reyes de España determinaba: «por la autoridad de Dios Omnipotente que nos ha sido concedida en san Pedro y como Vicario de Jesucristo os donamos, concedemos, entregamos y asignamos a perpetuidad con todos sus dominios, ciudades, fortalezas, lugares y villas, las islas y las tierras firmes halladas y por hallar». Nicolás V (1447-1455) por la bula Romanus Pontifex hacía lo mismo a los reyes de Portugal. Les concedía «plena y libre facultad para invadir, conquistar, combatir, vencer y someter a todos los sarracenos y paganos en cualquier parte que estuvieren y reducir a sus personas a servidumbre perpetua». ¿Se puede ir más lejos en exceso y en hybris? Se borró totalmente la memoria del Nazareno que predicaba el amor incondicional y que todos somos hermanos y hermanas.
La arrogancia de Occidente impide que los jefes de Estado, ante la actual crisis, se abran a la sabiduría de los pueblos y busquen una solución a partir de valores compartidos y de una visión integradora de los problemas de la Casa Común, herida ecológicamente. En los discursos de Barack Obama resuena la arrogancia típicamente estadounidense de que los EUA todavía van a liderar el mundo. Es un liderazgo montado sobre 700 bases militares repartidas por todo el planeta y provistas de armas de destrucción masiva capaces de diezmar a la especie humana y dejar tras de sí una Tierra devastada. Este liderazgo arrogante no lo queremos.

Fuente: Koinonia

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño (Genesio Darcí; Concordia, 1938). Fraile franciscano, estudió teología en el instituto de su orden en Petrópolis y en varias universidades, doctorándose en Munich (1972) bajo dirección de K. Rahner. Profesor de teología en el Instituto de Teología Franciscano de Petrópolis, dirigió la Revista eclesiástica brasileira. Boff es considerado uno de los mayores renovadores de la teología de la liberación latinoamericana, cuyo referente principal es la figura de Cristo como defensor de los pobres.
Su doctrina quedó expuesta principalmente en obras como Pasión de Cristo, pasión del mundo (1977), Las comunidades de base reinventan la Iglesia (1979) o La vida religiosa en el proceso de liberación (1979). Volvió a replantear sus tesis en 1987 con la publicación de Y la Iglesia se hizo pueblo. Sus problemas con la ortodoxia de la Iglesia católica fueron constantes y en 1991 abandonó la cátedra de teología de Petrópolis por discrepancias con el entonces cardenal Joseph Ratzinger (designado Papa en 2005 con el nombre de Benedicto XVI). También fue sustituido al frente de la revista Voces y en Roma se impuso censura previa a todos sus escritos.
En mayo de 1992 volvió a tener dificultades con la publicación de su libro América latina: de la conquista a la nueva evangelización y, finalmente, abandonó la editorial franciscana Voces. Un mes después, renunció al sacerdocio para luchar libremente por sus ideas. Con llegada del nuevo siglo, se convirtió en el máximo representante de la llamada “teología de la ecología”, una ampliación, a su juicio, de la “teología de la liberación”. En 2001 recibió el Premio Correcto Modo de Vida, galardón conocido como el Nobel Alternativo instituido en 1980 para premiar las tareas en beneficio de la humanidad que quedan fuera de los tradicionales premios de la Academia sueca.

sábado, 7 de marzo de 2009

Las élites ante la crisis

por SAMI NAÏR

el 07/03/2009

La crisis prosigue inexorable su camino, como un huracán que lo devasta todo a su paso: de las finanzas al crédito, del crédito a la economía y de la economía a lo social. Habría sido sorprendente que no afectase también a la ideología, los métodos y los conceptos forjados estos últimos treinta años para justificar el capitalismo globalizado. Esta crisis está demoliendo sin piedad los prejuicios, las normas, los valores de quienes creyeron inocentemente en la santa eternidad de ese sistema. Da la impresión de que los desconcertados responsables políticos gobiernan a ojo en todas partes. Están superados por la rapidez de la crisis, su profundidad, su complejidad, pero también están paralizados para actuar porque son prisioneros de los esquemas ideológicos dominantes, de conceptos que se han vuelto inoperantes, de los reflejos de autojustificación de la propia responsabilidad en la crisis.

Hay dos tipos de comportamientos. El de aquellos que simplemente no quieren medir las dimensiones de la crisis y prometen la felicidad para el día de mañana. Y el de aquellos otros, más conscientes, que quieren resolver los nuevos problemas con las soluciones del pasado: éstos se han quedado en 1929- 1933. Unos y otros corren el riesgo de llevarse un desengaño. Porque esta crisis es inmensa, anuncia de modo específico el fin del capitalismo, el del modelo anglosajón, o mejor aún, para ser más precisos, el modelo americano-británico. Las características principales de este sistema son conocidas: vínculo social basado en la competencia de todos contra todos, privatización de los bienes públicos, competencia comercial "libre y no falseada", mercantilización de las relaciones sociales, flexibilidad y precariedad del mercado laboral, inversiones especulativas a corto plazo con tasas de rendimiento elevadas. Trasfondo del cuadro: provecho máximo para una minoría, endeudamiento generalizado para la mayoría.

Ahora bien, durante todo el periodo en que imperó este modelo, hasta hoy, también se constituyó una vulgata conceptual que ha sido definida como "pensamiento único". Conocemos, sin embargo, sus líneas maestras: la idea, consustancial a la humanidad secularizada, de un mejor porvenir ha sido desechada por la ridícula ideología del "fin de la historia", el principio de competencia se ha convertido en el prêt-à-penser del conformismo triunfante. El hundimiento del pensamiento crítico, progresista, ante ese modelo de gestión del vínculo social, ha sido impresionante. Palabras como "nacionalización", "proteccionismo", a veces incluso "igualdad", podían convertirse en vergonzosas en boca de dirigentes de la izquierda oficial. De ahí que la derecha y una cierta izquierda se situaran en una misma línea, el blairismo, supuesta tercera vía entre capitalismo y socialismo, convirtiéndose en realidad en la síntesis entre el liberalismo ultraconservador de Margaret Thatcher y el socialismo de balneario de las nuevas élites pequeño burguesas. Es duro de admitir pero ésta es la realidad. La crisis actual implica en efecto una profunda puesta en duda de los conceptos del liberalismo anglo-sajón, hoy hegemónico en todo el mundo. No podemos decir, por ejemplo, que de ahora en adelante se tenga que "regular" y descartar que el Estado vuelva a convertirse en agente central dentro del sistema económico. Porque éste es quien debe equilibrar con su arbitrio, sus subvenciones, sus orientaciones, el juego de la competencia siempre desigual entre el capital y el trabajo. No podemos decir que se tenga que repartir dinero (no sólo a los bancos) y rechazar ideológicamente los déficit públicos que crecerán inevitablemente. No podemos pretender organizar en la OMC, en lugar de un mercado mundial incapaz de autorregularse, la competencia comercial, y no introducir mecanismos de protección en las fronteras de las grandes zonas de intercambio. Estados Unidos lo hará renegociando la NAFTA. El mercado chino está oxidado, y los de India y Japón también, pero Europa está abierta a todos los vientos. Habrá que revisar seriamente, aquí también, las relaciones entre el fundamentalismo librecambista y el proteccionismo.

Podríamos desgranar cien ejemplos más de nociones y conceptos que hay que revisar para afrontar esta crisis mundial. Pero ¿qué dicen las élites políticas? Aun cuando éstas favorecen de hecho el proteccionismo nacional y las nacionalizaciones, siguen defendiendo el librecambismo integral, el Estado débil y la disciplina abstracta de los presupuestos. Y focalizan la atención sobre medidas secundarias, como la lucha contra los "paraísos fiscales" o a favor de la "transparencia financiera", olvidando intencionadamente que éstas no son las causas sino las consecuencias de un sistema que las ha hecho posibles.

Traducción de Martí Sampons.
Fuente: El País http://www.elpais.com/articulo/internacional/elites/crisis/elpepuint/20090307elpepiint_8/Tes

jueves, 5 de marzo de 2009

Budismo y globalizacióN

En el capítulo del Sutra del Loto titulado Kanzeon Bosatsu Fumonbongé se habla de Kanzeon, el bodisatva de la Gran Compasión. El nombre Kanzeon está formado por tres sílabas:

KAN significa observar, contemplar, tomar conciencia.
ZE es el mundo y
ON el sonido.

Kanzeon es aquel que observa, el que contempla, el que toma conciencia del sonido del mundo. Por “sonido” se entiende la voz, el sentir del mundo. En el budismo, la compasión surge de la capacidad de abrirnos al sentir del mundo en el que vivimos. Esto es lo contrario a permanecer encerrado en una burbuja narcisista en la que no vemos ni oímos más allá de las paredes de nuestro egocentrismo.

El estado compasivo es aquel que nos permite reconocer y empatizar con el dolor y el sufrimiento de los seres vivos con los que compartimos la existencia.

El budismo nació precisamente de la constatación de la realidad del sufrimiento por parte del Buda Sakiamuni. Y la Rueda del Dharma se puso en movimiento cuando el Buda hizo el voto inquebrantable de desvelar y erradicar las raíces profundas del sufrimiento, no sólo del suyo propio, sino el de todos los seres vivientes.

Cuando abrimos al mundo de par en par las puertas de nuestro corazón no podemos dejar de oír el lamento clamoroso de la Humanidad actual y no podemos negar la ingente cantidad de sufrimiento, tanto individual como social, que se extiende por doquier. Son tiempos de incertidumbre.

El desarrollo de la tecnología en todos los ámbitos de la vida humana, el apabullante crecimiento económico de algunos países y de algunas capas sociales durante los últimos años, el asombroso desarrollo de las comunicaciones, especialmente en el terreno de la información, no han traído un bienestar y una felicidad reales a la inmensa mayoría de los seres humanos, sino que, por el contrario, han acrecentado las desigualdades tanto entre el llamado primer mundo y el tercer mundo, como dentro mismo del primer mundo, ha provocado una crisis ecológica sin parangón en la Historia y ha alimentado un sistema económico basado en la especulación, en el engaño, en el enriquecimiento de unos pocos a costa del sufrimiento de la mayoría.

El sufrimiento individual, el sufrimiento social y el deterioro de los ciclos de la naturaleza son síntomas del mismo y profundo malestar que aqueja a nuestras sociedades y a los seres humanos que la conforman.

Desde mi punto de vista, los grandes peligros que amenazan la armonía planetaria son:

1. La destrucción sistemática del entorno natural que sustenta la vida.
2. La proliferación de integrismos ideológicos, étnicos y religiosos y la consecuente tensión social.
3. La militarización de los conflictos.

Como personas comprometidas con un vía espiritual deberíamos hacernos las siguientes preguntas:

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de esta situación?
B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente a estos peligros?
C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para disolver estos peligros?

1. La destrucción sistemática del entorno natural que sustenta la vida.

Las causas de esta degradación medio ambiental son múltiples y complejas pero quizá las dos más importantes sean:

➢ La mundialización de un sistema económico basado en la producción y en el consumo desorbitados como principal parámetro de desarrollo humano, llamado Economía de Mercado y que desde mi punto de vista está funcionando como una Nueva Religión (1) .
➢ El crecimiento exponencial de la población.

Con respecto a la Economía de Mercado.
La economía de mercado se basa en una doble estrategia:


- Crea la ilusión de que acumulando beneficios y consumiendo desenfrenadamente vamos a alcanzar esa felicidad que anhelamos, manipulando así la tendencia natural hacia la felicidad inherente a toda vida humana. Esta ilusión actúa mediante un reduccionismo castrador: reduce el anhelo de felicidad a la producción y consumo de bienes materiales.

- Una vez generada esta ilusión, la Religión del Mercado exacerba la avaricia y la codicia de una forma también doble:


• Avaricia de beneficio (a través de la producción).
• Avaricia de objetos y experiencias (a través del consumo).

La avaricia es un "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas".

La avaricia, que casi todas las religiones tradicionales consideran una actitud perniciosa que debe ser controlada y transformada, es para la Religión del Mercado la principal virtud que sus adeptos deben desarrollar.


A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de esta situación?

Los líderes religiosos no hemos visto este peligro con la suficiente antelación. No hemos denunciado con la suficiente fuerza y claridad este error cognitivo ni este comportamiento perverso, tal vez porque la avaricia ha contaminado (y sigue contaminando) incluso a muchos de nosotros y a nuestras propias instituciones religiosas.

B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente a la destrucción del medio ambiente?
Esto debe ser motivo de reflexión de cada uno.

C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para detener la destrucción del medio ambiente?

Como líderes religiosos deberíamos predicar con el ejemplo y despertar a nuestros seguidores sobre las consecuencias desastrosas de la avaricia. Inspirada por los líderes religiosos, la sociedad civil terminaría considerando la avaricia como un crimen contra la Humanidad y contra el Planeta Tierra.
Frente a la avaricia, los líderes religiosos deberíamos fortalecer nuestra voluntad moral, tal y como enseñan las religiones semíticas, y desvelar el enorme error cognitivo (ignorancia) que la alimenta, como enseñan las religiones asiáticas.

➢ Con respecto al crecimiento exponencial de la población humana.
Aunque las causas del crecimiento actual de la población mundial son múltiples y complejas, el hecho es que, de no ralentizarse, el Planeta no podrá mantener la vida de todos los nacidos. Detener y estabilizar el crecimiento es pues una cuestión de supervivencia de la especie.
El uso extendido de métodos anticonceptivos y las campañas de planificación familiar aliviarían enormemente la presión demográfica.

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos del crecimiento exponencial de la población?

Prohibir, por ejemplo, a nuestros seguidores cualquier actividad sexual que no tenga una finalidad reproductiva y obstaculizar el uso de los métodos anticonceptivos nos convierte en co-responsables del peligro que supone un crecimiento desmedido de la población.


B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente al crecimiento exponencial de la población?
Dejo la respuesta en el aire.


C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para estabilizar y reducir el crecimiento de la población?
Desde mi punto de vista, deberíamos discernir claramente el acto sexual del acto reproductivo y dignificar no sólo el acto sexual con fines reproductivos sino también el acto sexual como forma de comunicación íntima entre seres humanos y como fuente de placer legítimo per se.


2. La proliferación de integrismos ideológicos, étnicos y religiosos.

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de la proliferación del integrismo?
Muchos son los que afirman que el integrismo, el fanatismo o el fundamentalismo son consustanciales al hecho religioso, descalificando así el hecho religioso mismo. Y es verdad que la historia de las religiones ha contribuido a ello.
También es cierto que muy a menudo se viste como "religiosas" actitudes fanáticas que son de índole distinta a la estrictamente religiosa.

B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente al integrismo?
No basta con señalar la paja en el ojo ajeno. Debemos asumir la responsabilidad de identificar la viga en el nuestro y depurar nuestra práctica e instituciones religiosas de actitudes fundamentalistas.

C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos para superar el integrismo?
¿Es posible una vida religiosa no fundamentalista? Deberíamos depurar las actitudes fanáticas y excluyentes. Deberíamos reconducir el sentimiento exclusivo de pertenencia a una religión concreta hacia el sentimiento de pertenencia a la Humanidad y la Vida
Lo que está en juego no es la salvación de una comunidad religiosa particular sino la civilización humana misma.

3. La militarización de los conflictos.

Cualquier opción militar es una chispa que pueda hacer saltar el arsenal de armas que hemos acumulado. No hay conflictos de baja intensidad o inócuos. Hoy día cualquier conflicto afecta inmediatamente a todos, dada la cada vez más intrincada interdependencia de nuestras sociedades.

A. ¿En qué medida somos responsables los líderes religiosos de la militarización de los conflictos?
Ninguna de las grandes religiones enseña que el exterminio de seres humanos sea un camino de salvación.

B. ¿Cuál es nuestra actitud, como líderes religiosos, frente a la militarización de los conflictos?
Cada uno debe reflexionar sobre este tema.

C. ¿Qué podemos hacer y qué estamos haciendo los líderes religiosos en pos de la paz?
Por un lado, no podemos seguir tolerando que la industria armamentista sea uno de los principales motores de la economía. Las armas se fabrican para ser usadas y es hora de abandonar el cínico lema de "si quieres la paz, prepárate para la guerra". Si queremos la paz debemos crear las condiciones apropiadas para la paz. Y el aumento del arsenal armamentístico no es precisamente un estímulo para la paz. Debemos denunciar el creciente presupuesto militar, y abogar por un desarme internacional continuado, especialmente de todas las armas nucleares y del arsenal de armas de destrucción masiva.
Por otro, debemos desmilitarizar nuestras doctrinas y creencias. Nuestros púlpitos, templos, sinagogas, mezquitas y lugares de culto deben ser centros de paz desde los que se irradie la paz.

Propuestas.

1. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores de la creciente degradación ecológica, social e individual (ausencia de verdaderos valores).


2. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores de que la avaricia y el crecimiento exponencial de la población son dos de las causas principales de esta degradación.

3. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores de que los valores de la Economía de Mercado son contrarios a los enseñados por la mayoría de las religiones tradicionales.

4. Tomar conciencia y hacer tomar conciencia a nuestros seguidores del enorme poder destructivo que encierra la avaricia cuando se la considera como motor de progreso y salvación.

5. Identificar, desmontar intelectualmente y desactivar emocionalmente los supuestos ideológicos sobre los que se sustenta la Religión del Mercado, y fortalecer moralmente a nuestros seguidores frente a ella.

6. Asumir un compromiso personal e institucional basado en la simplicidad voluntaria como forma de vida, en su doble vertiente:

1. Reprobar la actividad productiva que no sea ética ecológica, social e individualmente.
2. Reprobar el consumo que no sea ético ecológico, social e individuamente.

Y estimular a nuestros seguidores a adoptar un compromiso.

7. Discernir claramente el acto sexual del acto reproductivo y dignificar no sólo el acto sexual con fines reproductivos sino también el acto sexual como forma de comunicación íntima entre seres humanos y como fuente de placer legítimo per se, estimulando el uso de métodos anticonceptivos, como una de las soluciones para estabilizar el crecimiento demográfico.

8. Depurar nuestras doctrinas de fanatismos y de actitudes exclusivistas, tales como "fuera de mi religión no hay salvación", aceptando que la diversidad no es signo de confusión sino manifestación del exhuberante poder creador de la Unidad.

9. Reprobar y denunciar la militarización de los conflictos. Abogar por un desarme internacional continuado. Denunciar las estrategias encubiertas del lobby armamentista.

10. Contribuir al establecimiento y a la expansión de los principios claramente recogidos en la Carta de la Tierra promulgada por la Comisión Mundial para el Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas. A saber:

1. Respeto y cuidado de la comunidad de vida.
2. Integridad ecológica.
3. Justicia social y económica.
4. Democracia, no violencia y paz.

Me gustaría terminar con este poema de Ibn Arabi, que por tan conocido no deja de ser inspirador:

"Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo
si su religión no era como la mía.
Pero ahora mi corazón
se ha convertido en receptáculo de todas las formas religiosas:
es pradera de gacelas y claustro de monjes cristianos,
templo de ídolos y Kaaba de peregrinos,
Tablas de la Ley y Pliegos del Corán.
Porque profeso la religión del Amor
y voy allí donde vaya su cabalgadura.
Porque el Amor es mi credo y mi fe".

Ibn ‘Arabi

(1) Este tema lo desarrollo más ampliamente en "Zen en la plaza del mercado". Aguilar, 2008.

Dokushô Villalba
Marzo 2009

domingo, 1 de marzo de 2009

¿Es la religión enemiga de la civilización?


Por Gianni Vattimo


En el mundo actual, las Iglesias se han convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Sobreviven porque sus jerarquías quieren conservar el poder y sus privilegios.

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama "el Dios moral", es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones "morales" como garantía del orden racional del mundo.

La institucionalización de las creencias, que dio origen a las Iglesias, incluyó (no sé si sólo en la práctica o como factor necesario) una reivindicación del poder histórico, en el sentido de que era casi natural y necesario que una religión moral se convirtiera en una institución temporal poderosa. Es lo que parece haber ocurrido con el catolicismo, pero se pueden ver muchos otros fenómenos similares en la historia de otras religiones. Incluso el budismo engendró un Estado, el Tíbet de los lamas, que ahora lucha por sobrevivir frente a China. En todas partes -por ejemplo, en el hinduismo-, el mismo hecho de que exista una diferencia entre clérigos y legos hace que la religión se convierta en una institución, cuyo objetivo principal es siempre su propia supervivencia. Mencionaré de nuevo el ejemplo de la Iglesia católica: si no hubiera sobrevivido a lo largo de los tiempos, yo no habría podido recibir el Evangelio, la buena nueva de la salvación. Una vez más: como en el caso de la muerte de Dios de Nietzsche, la muerte de las religiones institucionalizadas no significa que no tengan legitimidad. Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.

La Iglesia afirma que defiende su poder (y los aspectos económicos de él) para preservar su capacidad de predicar el Evangelio. Sí; pero, como en tantas instituciones, la razón suprema de su existencia se queda muchas veces olvidada a cambio de la mera continuidad del statu quo. Lo que quiero decir es que, en el mundo actual, sobre todo en el Occidente industrial, la religión como institución se ha convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Quiero subrayar que hablo de la muerte de las religiones en el mismo sentido en el que acepto el anuncio de Nietzsche sobre la muerte de Dios. La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo.

Hablar de la muerte de las religiones en un sentido relacionado con el anuncio de la muerte de Dios de Nietzsche no significa, desde luego, que la religión nunca haya tenido sentido para la humanidad. Ni siquiera se puede decir que la frase de Nietzsche significa que Dios no existe. Ésa sería de nuevo una afirmación metafísica, que Nietzsche no quería pronunciar, por su rechazo general a cualquier metafísica "descriptiva". La lucha contra la supervivencia de las religiones de la que hablo tiene poco que ver con la negación racionalista de todo significado a los sentimientos religiosos. Incluso se toma muy en serio ese resurgimiento de la necesidad de una relación con la trascendencia que caracteriza numerosos aspectos de la cultura actual. Citaré de nuevo a Nietzsche, que dice que Dios está muerto y ahora queremos que existan muchos Dioses.

Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.

Hace poco, el Papa repitió su idea constante de que la verdad no es negociable. ¿Ese "fundamentalismo" es sólo característico del catolicismo, o de todo el cristianismo? Quienes hablan de civilizaciones tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta condición concreta. No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser "dirigentes" de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.

Fuente:Tribuna El Pais -1-03-2009

martes, 24 de febrero de 2009

"Tratamos a los palestinos como animales".

Confesiones de un soldado israelí: "Tratamos a los palestinos como animales".

Comienzan a surgir en la sociedad israelí las primeras voces contra la guerra. El domingo, una marcha en Tel Aviv para pedir el final de los bombardeos en Gaza y el Líbano. Hoy, una noticia que conmocionó a la opinión pública: el sargento Itzik Shabbat anunció que se negaba a participar en la ofensiva contra Beirut, "Lo hago para oponerme a esta locura y para romper con la ilusión de que todos estamos a favor de esta guerra innecesaria basada en mentiras", afirmó este joven reservista de 28 años que vive en Sderot, ciudad próxima a Gaza en la que suelen caer los misiles Qassam de Hamás. Se acerca la hora del regreso a Gaza. Apuro las últimas entrevistas en Jerusalén.

En un café de Jaffa Road, me encuentro con Yehuda Shaul, fundador de la ONG Breaking the Silence (Rompiendo el silencio). "Todo es una locura: la ocupación, la forma inhumana en que tratamos a los palestinos", me dice. "En Israel entras al ejército con 18 años porque quieres luchar contra el enemigo de tu país, porque quieres dejar tu marca en la historia, y haces lo que te dicen, sin pensar. Y allí todo te ayuda para que no pienses. Misiones que cumplir, órdenes que seguir". "Y no ves a los palestinos como seres humanos, los ves como animales. Entras a su casa durante la noche, los despiertas, les gritas, las mujeres allí, los hombres allí, y rompes todo. Son cosas que no harías aquí en Israel, pero las haces allí. Y, para poder hacerlo, niegas la realidad. Es la única forma. Creas entre tú y la realidad un muro de silencio".

"Te pongo otro ejemplo: si encuentras en la noche un paquete sospechoso que puede ser una bomba, llamas al primer mohamed que encuentras en la calle y le dices que lo abra. Podrías llamar a un experto que lo desactivase, tardaría diez minutos en venir, pero mejor hacer que un palestino se juegue la vida, ya que para ti es lo mismo, no lo ves como un ser humano. Yo hacía eso con mis soldados en Hebrón". "Y también en Nablus, cuando quería entrar a una casa, si pensaba que podía haber una bomba trampa, cogía al mohamed de turno y lo obligaba a que abriera la puerta. Es parte de la rutina del ejército: usar a los palestinos como escudos humanos".


"Lo mismo cuando estás en un check point, los obligas esperar mucho más de los necesario, a veces durante horas, y coges a un palestino al azar y le das una paliza, de cada quince o veinte que pasan, para que el resto tenga miedo y esté tranquilo. Sólo así, tú que estás con cuatro soldados más los dominas a ellos que son miles". "Y cuando entras a Gaza con el carro de combate y ves un coche nuevo, aunque tengas espacio en la carretera, pasas por encima. Y también disparas a los tanques de agua. Para meterles miedo, para que te respeten, porque esa es la lógica de lo que nos enseñan a los soldados israelíes".



"Además, eres joven y empiezas a disfrutar de ese poder, de que la gente haga todo lo que les digas. Es como un video juego. Estás en un check point en medio de la ruta, tienes a veinte coches esperando, y con sólo mover el dedo hacen lo que tú quieras. Juegas con ellos. Los haces avanzar, retroceder. Los vuelves locos. Tienes 18 años y te sientes poderoso". "Tres meses antes de abandonar el ejército, dirigía una unidad en Hebrón, había hecho una buena carrera, así que tenía tiempo libre.




Una mañana me miré ante el espejo y comprendí que todo aquello era un error y supe que no podría seguir adelante con mi vida si no hacía algo. Por eso, apenas salí, junto a los soldados de mi unidad, montamos una exposición con nuestras fotos, se llamaba Traer Hebrón a Tel Aviv". "Cayó como una bomba en la sociedad. Vinieron parlamentarios, periodistas. Pasaron siete mil personas.





Entonces creamos Breaking the silence, donde damos espacio para que los soldados cuenten los abusos que cometen sistemáticamente. Más de 350 lo han hecho. Ahora tenemos exposiciones y vídeos en Europa, en Israel". "Alguna gente dice que son casos aislados. Las madres dicen: mi hijo, que está ahora en el ejército es bueno, no hace estas cosas, esto sólo lo hacen los soldados beduinos o los etíopes. Pero no es cierto. Todos las hacemos, porque es la lógica de la ocupación israelí: aterrorizar a los palestinos".




"Los check points no sirven para detener a los palestinos de entrar a Israel, es para que la realidad no entre a Israel. Porque esta es una sociedad de soldados, todos pasamos por el ejército tres años cuando somos jóvenes y luego un mes al año. Y todos hacemos eso. Por eso existe el muro de silencio, de negación, porque todos somos responsables y no lo queremos admitir". "Ellos son las víctimas, nosotros los victimarios. Pero como victimarios, también pagamos un precio. Esta es una sociedad que no se anima a mirar a los ojos a la verdad, a sus propios actos. Es una sociedad, como consecuencia, moralmente enferma".

lunes, 23 de febrero de 2009

Europa del Este, a punto de estallar

por Mike Whitney (*)

22/02/09


La Europa del Este está a punto de estallar. Si lo hiciera, se llevaría por delante a buena parte de la UE. Es una situación de emergencia, pero no tiene fácil remedio. El FMI no tiene recursos bastantes para un rescate de esas dimensiones, y la recesión se propaga harto más rápidamente de lo que logran organizarse los esfuerzos de rescate. Los ministros de finanzas y los jefes de los bancos centrales van de aquí para alá, tratando de extinguir un fuego tras otro. Sólo es cuestión de tiempo el que se vean completamente rebasados por los acontecimientos. Si se consiente la quiebra de un país, el efecto dominó podría terminar tumbando a la región entera y dar pie a espectaculares alteraciones del paisaje político. El auge del fascismo ya no es descartable.

El responsable de la sección de economía del diario británico The Telegraph, Edmund Conway, lo resume así:

“Una ‘segunda oleada’ de países caerán víctimas de la crisis económica y están ya abocados a un rescate por parte del FMI, según advirtió el presidente de esta institución en la pasada cumbre romana del G-7 (…) Pero, habida cuenta de que las economías de algunos países son enanas en relación con las dimensiones cobradas por su sector bancario y por sus obligaciones financieras, se teme que podrían desplomarse, víctimas de las crisis de balanza de pagos y monetaria, como le pasó a Islandia antes de recibir el auxilio de emergencia del FMI.”

El capital extranjero huye a velocidades alarmantes; cerca de dos tercios se han ido ya en cosa de meses. La deflación se ceba en los precios de los activos, bajándolos, lo que incrementa el desempleo y agrava la carga deudora de las instituciones financieras. Ocurre por doquiera. Las economías se han vaciado, el capital, evaporado. Ucrania bordea la bancarrota. Polonia, Letonia, Lituania y Hungría han ido deslizándose, grado a grado, hasta el sumidero de la depresión. Los países que siguieron a pies juntillas la dieta económica prescrita por Washington son los que más han sufrido. Apostaron a una prosperidad fundada en un crecimiento estimulado por la deuda y las exportaciones. El sueño ha quedado estrozado. No han desarrollado sus mercados de consumo interno, y la demanda es débil. El capital es escaso, y las empresas se ven forzadas a desapalancarse para evitar la quiebra deudora. Toda la Europa del Este emite de consuno un grito de socorro. Necesitan un salvavidas del FMI; de lo contrario, sus economías se van al garete.

El periodista económico del Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard, ha escrito una serie de artículos sobre la Europa del Este. En uno de ellos –“El fracaso en el rescate de la Europa del Este llevará a un desplome mundial”—, dice lo que sigue:

“El ministro de finanzas austriaco, Josef Pröll, hizo esfuerzos titánicos la semana pasada lograr un rescate de 150 mil millones de euros para el bloque ex-soviético. Y lo consiguió. Sus bancos prestaron 230 mil millones de euros a la región, el 70% del PIB austriaco.”

“Una tasa de morosidad del 10% significaría el colapso del sector financiero austriaco”, informaba el diario vienés Der Standard. Desgraciadamente, eso es lo que parece que va a ocurrir.

El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) dice que las deudas malas pasarán del 10% y aun podrían llegar al 20%.

Stephen Jen, jefe de la división de divisas de Morgan Stanley, dijo que la Europa del Este tomó prestados del resto del mundo 1,7 billones de dólares, el grueso de ellos en vencimientos a corto plazo. Tiene que devolver –o aplazar su vencimiento— 400 mil millones de dólares este año, lo que equivale a un tercio del PBI de la región. ¡Buena suerte! La ventana crediticia se cerró de golpe.

Casi todas las deudas del bloque del Este europeo tienen como acreedora a la Europa occidental, sobre todo a bancos austriacos, suecos, griegos, italianos y belgas. Además, los europeos cargan un asombroso 74% de la cartera de 4,9 billones de dólares de préstamos a los mercados emergentes. Están cinco veces más expuestos a estos últimos que los bancos norteamericanos o japoneses, y están un 50% más apalancados (según datos del FMI). [Ambrose Evand Pritchard, The Telegraph.]

Una crisis económica que está degenerando a toda velocidad en una crisis política. Ya han estallado revueltas y desórdenes en capitales de toda la Europa del Este. Haría bien el señor Geithner en prestar atención a eso. Crecen las perspectivas de subversión política. El malestar público podría bajar a las calles en cualquier momento. Los gobiernos deberían actuar rápida y resueltamente. Esos gobiernos necesitan divisas fuertes y garantías de sostén. Si no reciben ayuda, la hasta ahora contenida furia pública estallará en algo más letal.

Dice Ambrose Evans-Pritchard:

"Los bancos globales han registrado hasta ahora 2,2 billones de dólares de pérdidas, en estimaciones del FMI. Encima, los bancos de la UE están expuestos a la Europa del Este por un monto de 1,6 billones de dólares, lo que se ve cada vez más como la debacle subprime propiamente europea, y la deuda empresarial de la UE significa el 95% del PIB (sólo es del 50% en EEUU), una fuente de preocupaciones crecientes a medida que suben las tasas de morosidad.

“Es esencial que el apoyo público a través de un alivio de activos no se dé a una escala tal, que genere inquietudes de sobreendeudamiento o de problemas financieros. Lo que resulta particularmente importante en el actual contexto de crecientes déficit presupuestarios, aumentos de los niveles de la deuda pública y desafíos derivados de la emisión de obligaciones por fondos soberanos. “ (The Telegraph.)

Lo mismo ocurre, doquiera los bancos fusionaron sus ramas comercial y de inversión. La deuda se ha disparado hasta niveles insostenibles, desestabilizando al conjunto de la economía. Los bancos han estado operando como fondos hedge, ocultando sus actividades en contabilidades fuera de balance y maximizando su apalancamiento a través de instrumentos de deuda opacos. Ahora, la economía global se halla atrapada en el despeñadero de una burbuja especulativa colapsada. La Europa del Este ha sido duramente golpeada, pero no es sino el primero de los condenados a caer. Toda Europa ha sido infectada por el mismo virus originado en los EEUU. El New York Times del pasado lunes resumía de esta guisa la evolución de los acontecimientos en la Unión Europea:

“En los últimos meses del pasado año, Europa cayó más profundamente en recesión que los EEUU, de acuerdo con los datos publicados el viernes (…) La economía de los 16 países que comparten la moneda del euro cayó un 1,5% en el cuarto trimestre (lo que significa un desplome anual del 6%), de acuerdo con la oficina estadística de la UE. Eso es peor todavía que la caía del 1% en la economía de los EEUU en ese mismo período, comparado con el trimestre anterior. Los datos de hoy destruyen cualquier ilusión de que a la zona euro le vaya ligeramente mejor en este declive global”, dijo Jörg Radeke, un economista del londinense Center for Economics and Business Research. ["Europe Slump Deeper than Expected" ,New York Times.]

Los “liquidacionistas” querrían que los gobiernos se abstuvieran de inyectar fondos a las instituciones financieras y abandonar a éstas a su suerte. Es una locura darwiniana, equivalente a aguardar en la cocina de la casa la llegada de un infarto de miocardio en vez de correr al hospital para un tratamiento de urgencia. La economía global se está desacelerando al ritmo más rápido jamás registrado. Se ha evaporado ya el 40% de la riqueza global. El sistema bancario es insolvente, el desempleo se dispara, los ingresos fiscales caen, los mercados están en estado de shock, la vivienda se desploma, los déficits se disparan también y el índice de la confianza de los consumidores está en el punto más bajo de la historia. No es tiempo de ideologías a medio cocinar. La economía global está experimentando una masiva contracción sistémica que podría terminar fuera de todo control y hundirnos en otra guerra mundial. Es necesario que los dirigentes políticos entiendan la urgencia del momento y eviten la derrapada y consiguiente caída en la zanja.

(*) Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

Decrecimiento sostenibl


Decrecimiento sostenible

Joan Martínez Alier

La crisis económica actual ha puesto a John Maynard Keynes de moda porque existe capacidad industrial en las economías occidentales que no se aprovecha. Ante el aumento del desempleo, la receta adecuada es un mayor gasto público. Así habrá dinero para cambiar de automóvil y comprar el exceso de viviendas que deprime la industria de la construcción en Estados Unidos, en Reino Unido y en España. Keynes quería que la economía saliera de la crisis de 1929. Dijo explícitamente que lo que ocurriera a largo plazo, una vez la economía se recuperara de las dificultades, no le importaba. Fueron economistas posteriores como Harrod y Domar los que convirtieron el keynesianismo en una doctrina de crecimiento económico a largo plazo. Más tarde llegaron o resucitaron los neoliberales como Hayek, quienes aseguraron que el mercado sabía mucho más que el Estado. Ahora estamos escuchando a banqueros que piden que nacionalicen sus bancos, por favor. Estamos viendo la resurrección de Keynes (o su reencarnación en Krugman y Stiglitz). Pero podemos preguntarnos, ¿un Keynes de corto plazo, para salir de la crisis, o un Keynes también de largo plazo para seguir una senda virtuosa de crecimiento económico?

Es ahí donde entra la actual crítica de la Economía Ecológica. El crecimiento económico se ha basado en la energía del carbón, el petróleo y el gas natural. Parece aconsejable un keynesianismo verde que aumente la inversión pública en conservación de energía, en instalaciones fotovoltaicas, en transporte público urbano y rehabilitación de viviendas, en agricultura orgánica. Pero no lo parece continuar en la fe del crecimiento económico. En los países ricos debe darse un ligero decrecimiento económico que sea socialmente sostenible. Debemos entrar en una transición socio-ecológica. La economía ha de decrecer en términos de materiales y de consumo energético. Existe ya un acuerdo social en Europa para que las emisiones de dióxido de carbono se recorten un 20% con respecto a las de 1990, pero lo que no se había previsto es que, de hecho, al decrecer el PIB esas emisiones ya están disminuyendo.
Pero no sólo hay razones ecológicas para el decrecimiento. Hay psicólogos que han averiguado que la felicidad no aumenta con el aumento del PIB per cápita. Mejor dicho, sí que aumenta a niveles muy bajos, pero no después.

Ahora bien, el decrecimiento económico provoca dificultades sociales que hemos de afrontar para que la propuesta antes citada pueda ser socialmente aceptada. Si la productividad del trabajo (por ejemplo, el número de automóviles que un trabajador produce al año) crece el 2% anualmente pero la economía no hace lo propio, eso llevará a un aumento del desempleo. La respuesta ha de ser doble. Los aumentos de productividad no están bien medidos. Si hay sustitución de energía humana por energía de máquinas, ¿los precios de esta energía tienen en cuenta el agotamiento de recursos, las externalidades negativas? Sabemos que no es así. Además, hay que separar el derecho a recibir una remuneración del hecho de tener empleo asalariado. Esa separación ya existe en muchos casos (niños y jóvenes, pensionistas, personas que perciben el seguro de desempleo), pero debe ampliarse más. Hay que redefinir el significado de 'empleo' -teniendo en cuenta los servicios domésticos no remunerados y el sector del voluntariado- y hay que introducir o ampliar la cobertura de la Renta de Ciudadano o Renta Básica.

Cabe plantear otra objeción. ¿Quién pagará la montaña de créditos, las hipotecas y la deuda pública si la economía no crece? La respuesta debe ser que nadie. No podemos forzar a la economía a crecer al ritmo del interés compuesto con que se acumulan las deudas. El sistema financiero debe tener reglas distintas de las actuales. En Europa y Estados Unidos lo que es nuevo no es, pues, el keynesianismo, ni tan sólo el keynesianismo verde. Lo nuevo es el movimiento social por el decrecimiento sostenible. La crisis abre expectativas para nuevas instituciones y hábitos sociales. El objetivo en los países ricos debe ser vivir de forma óptima dejando de lado el imperativo del crecimiento económico.

Joan Martínez Alier es catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona

Las provincias, 21 febrero 2009

domingo, 22 de febrero de 2009

Gaza. Después de la masacre.

























Gaza. Después de la masacre.

Por JUAN MIGUEL MUÑOZ

Durante 23 días, Israel convirtió Gaza en una trampa mortal para un millón y medio de palestinos. El Ejército israelí sometió a la población a un duro castigo colectivo. Murieron casi 1.400 personas. Pocos días después de terminar el asedio, vetado para los periodistas, dos reporteros captaron la destrucción, el dolor y también el orgullo de un pueblo.

Ataviado con salacot y uniforme, la antigua fotografía en blanco y negro muestra a un guardia que posa sonriente delante del cartel de Imperial Airways. Aterrizaba en aquellos tiempos del mandato británico el aeroplano Hanno en el aeropuerto de Gaza y las vías del ferrocarril cruzaban la plácida franja mediterránea. Trenes procedentes de Arabia atravesaban el territorio palestino y enlazaban, vía Damasco, con el Orient Express rumbo a Estambul y París. Corría 1935 en este pedazo de tierra codiciado durante milenios por faraones, reyes nabateos, monarcas fenicios, asirios, militares griegos, emperadores romanos y bizantinos, visires persas, cruzados, emperadores franceses, sultanes otomanos, reyes británicos, primeros ministros israelíes, presidentes egipcios… Ahora es un lugar desolador, salpicado de parajes lunares, de enormes cráteres cavados por las bombas, de cientos de edificios públicos derruidos. Y de gente deprimida –casi todos pobres, pocos ricos– que, sin embargo, se proclama dispuesta a resistir. Son orgullosos. No agacharán la cabeza, a pesar de que el territorio palestino es una ruina sometida por Israel a un asedio económico, militar y político que perdura ya tres años. Gaza regresa tras la guerra de 23 días, la más devastadora sufrida en décadas, al pasado. Pero no para que vuelvan a despegar aviones, ni zarpen barcos, ni los ferrocarriles emprendan la marcha hacia Occidente. Los adultos saben que eso difícilmente lo verán.

En Gaza se respira destrucción y se reciben lecciones de una historia reciente moteada de acontecimientos apenas conocidos fuera de sus 367 kilómetros cuadrados. Para los dirigentes israelíes, esta guerra –desatada el 27 de diciembre con un bombardeo de cuarteles en cuyas paredes aún está incrustada la carne carbonizada de los agentes, y que causó casi 1.400 muertos, la gran mayoría civiles– tuvo su origen en el lanzamiento del primer cohete Kassam en 2001. Y siguió con la evacuación de los colonos judíos y militares de Gaza, en septiembre de 2005. No existe la historia. Los gazauis, sin embargo, rememoran otro relato que arranca en 1948, año de la fundación del Estado sionista. Cuentan, porque lo vivieron, matanzas en Gaza y Cisjordania en 1953, en 1955, en 1956, en 1967, en 1982, en 2002, en 2008… La narración que se repite machacona.

Sí se acordará Mohamed Sultana, de 57 años, quien yacía a finales de enero en el hospital Shifa minutos antes de ser enviado a su casa de Beit Lahia por falta de camas en la saturada planta del centro médico. Se escuchan gemidos de pacientes. Extraño era entrar en el Shifa y no oír el grito de un niño quemado. La pierna izquierda de Mohamed termina en un muñón cicatrizado. Perdió la extremidad durante la primera Intifada, hace más de dos décadas. “Acudí durante esta guerra al hospital Al Quds y lo bombardearon. Tras la explosión me encontré en la calle. Se me infectó una herida en la pierna derecha y me amputaron a la altura de la rodilla”. Fue cojo a que le trataran. Salió sin piernas.

Estos días en Gaza se ve más gente con muletas, más mutilados de lo habitual. “Verá usted”, tercia el familiar de un paciente, “cuando no existía la OLP nos mataban; después de su fundación, también; tras los acuerdos de Oslo en 1993, lo mismo. Ahora gobierna Hamás, y siguen matándonos. Y podría desaparecer Hamás, e Israel seguiría matándonos”.

Sobre los escombros en Yabalia de una de las 4.000 viviendas demolidas por la aviación y la artillería israelíes, el propietario sesentón, Anuar Abdalá, refugiado desde 1948, afirma: “Volvemos a las tiendas de campaña. No vivíamos en ellas desde 1953, cuando la Agencia de Naciones para los Refugiados (UNRWA) empezó a construir casas. Hay ahora 10 campos como éste en Gaza. Yo he vivido 30 años en Arabia Saudí, y regresé. Vamos a reconstruir todo lo que ve. Somos como la vegetación. Creceremos de nuevo. La época de la emigración se acabó. Aprendimos bien la lección”. Testimonios como el de Ahmed Jader se prodigan en cualquier rincón de la zona oriental limítrofe con Israel. “A mí me han tirado dos veces la casa. Y en esta guerra han derribado la de mis 12 hermanos y sobrinos. Alguno de ellos ha muerto. Pero pienso seguir aquí, aunque la destruyan diez veces más”, asegura, haciendo honor a la testarudez que distingue a los vecinos de Gaza. Juran, junto a las tiendas que florecen ahora en su tierra, que no claudicarán.

El jefe de UNRWA en Gaza, el irlandés John Ging, advertía a comienzos de febrero que decenas de miles de personas del millón y medio de habitantes de la franja han quedado a la intemperie. En varias zonas del noreste de Gaza, desde las que casi se podría saludar a los granjeros de los kibutzim israelíes, apenas quedan edificios en pie. Sobre los montículos de cemento y hierro pasan las jornadas los lugareños. Tratan de recuperar la antena parabólica, ropas, enseres o documentos en medio de una polvareda insalubre… La destrucción fue sistemática. Deliberada. “Haremos que retrocedan veinte años”, amenazaron algunos ministros del Gobierno de Ehud Olmert. Cumplieron.

La virulencia de los ataques masivos ha expandido la destrucción hasta límites desconocidos en Gaza. Treinta y cinco escuelas, 16 ministerios, hospitales, cientos de cuarteles y puestos policiales, 4.000 casas o edificios de viviendas, un millar de fábricas, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Islámica… El Parlamento es, sin duda, el más transparente del mundo. Sólo queda el esqueleto del edificio, que habrá que derribar. Un montón de mezquitas han sido arrasadas. “Mira, mira”, señala un mocoso a un alminar desmochado en el campo de refugiados de Yabalia. Es uno de los pasatiempos de los niños cuando se topan con un extranjero. Una señal para el futuro: con sus amiguitos, bien pequeños, se van deprisa para no perderse el rezo del mediodía. ¿Y por qué esa destrucción si los combatientes palestinos esperaron a los soldados enemigos en el interior de las ciudades? Eyad Abu Hujeir, director de una ONG que promueve los derechos humanos, alberga pocas dudas: “El mensaje es muy claro. Quieren que la zona entre la frontera y las primeras viviendas de palestinos sea lo más extensa posible”. El Gobierno israelí exige para la tregua con Hamás un espacio libre en las inmediaciones de la frontera. No será sencillo.

Rohme Rohme es un fornido campesino que sabe leer y escribir. Poco más. “Ésta es una zona abierta donde no lucharon los milicianos. Es sencillo: Israel no quiere que vivamos aquí. Por eso querían aniquilarnos o expulsarnos hacia el oeste. De mi casa y la de mis seis hermanos, nada queda. En febrero del año pasado ya fue derribada una parte, pero ahora la han tirado abajo por completo. Los tanques también han arrasado mi campo de olivos y naranjos. Mire las huellas. Mi familia no es de Al Fatah ni de Hamás. Pero eso da igual. No nos iremos. ¿Adónde? Nos costará 60.000 euros levantar otra casa, es probable que la destrocen de nuevo, y la volveremos a reconstruir”, explica Rohme, que apunta con el dedo cada edificio aplanado a su alrededor: una fábrica de hormigón y de ladrillos, la de mármol, naves industriales, un almacén de chatarra –donde aún reposa el puente de mando del Chindallae, el pequeño barco que utilizaba Yasir Arafat, también bombardeado hace años–, la mezquita… En el hospital Al Wafa, también geriátrico, hubo suerte: sólo tiene un boquete de dos metros y docenas de impactos de proyectiles de menor calibre.

Al sur de Gaza, en Juzaa, al este de Jan Yunis, también a pocos cientos de metros de la frontera israelí, montones de viviendas fueron arrasadas. Los plásticos de los invernaderos, desplomados, y sobre la tierra no se deja de pisar tomates aún verdes. Las tuberías subterráneas para el riego emergen y se funden con las torretas eléctricas derribadas. En la vecina Beni Suahila, la clínica de fisioterapia es un amasijo de hierros y cemento. El recuento de destrozos llenaría páginas. A evaluar los daños se dedican los cientos de cooperantes que conducen sus vehículos hacia los barrios del este de la ciudad de Gaza (Zeitun y Sheyaieh), hacia Atrata (al norte de la franja), a Juzaa, a Mughraga (en el centro)… En la sureña Rafah, los túneles que conectan Gaza con Egipto, cordón umbilical para el contrabando de alimentos, ordenadores, vacas, queso, armamento y todo lo imaginable, fueron martilleados sin pausa. Los hombres que trabajan en los túneles enseñan los restos de misiles, algunos sin explotar. Ni uno disiente: “Pueden bombardearlos una y otra vez, y los volveremos a excavar. Es nuestro único medio de vida”, dice Abu Antar, que busca la boca de uno de los túneles en un enorme socavón. El jefe de la aviación israelí, Ido Nehustan, coincidió con el pronóstico: “Podemos bombardear hoy y los reconstruirán mañana”.

Reconstruir es ahora la palabra clave. Una tarea cifrada en 1.600 millones de euros que no está exenta de turbios manejos políticos. La aversión a la Autoridad Palestina y a su presidente, Mahmud Abbas, se torna desprecio en Gaza. Nidal es el nombre ficticio de un acaudalado empresario. “Nunca seré de Hamás. Es más, pertenecía a Al Fatah, pero abandoné”, explica como presentación. “No van a permitir a Hamás que lleve a cabo la reconstrucción. Eso está pactado entre Israel, Abbas y Egipto”. Emad al Baz, director del Registro de Empresas del Ministerio de Economía, esboza el panorama. “Hay 3.000 empresas en Gaza, y todas se paralizaron durante la guerra”, comenta en su despacho. “Tenemos unas 1.200 fábricas, la gran mayoría cerca de la frontera. El 80% han sido destruidas. Israel quería acabar con nuestra economía, y de paso que la gente se rebelara para derrocar al Gobierno. Nos amenazan con más bombardeos, pero nada peor nos pueden hacer ya. Aquí no hay temor a la muerte, y eso también tiene su valor”, dice el alto funcionario.

Si el odio a Israel se palpa, la indignación respecto a los países occidentales y varios de sus aliados árabes –Egipto y Jordania se llevan la palma– brota sin preguntar. Tres semanas después del alto el fuego –aunque los ataques aéreos a Gaza continuaron y el lanzamiento de algunos cohetes, también–, ni siquiera la ayuda humanitaria llegaba en la cantidad necesaria para aliviar el desastre. UNRWA, cuyos almacenes en su sede central de Gaza fueron totalmente calcinados, asegura que sólo recibe la mitad de lo necesario; el enviado de la Unión Europea, Marc Otte, apremia a Israel para que permita un flujo cuantioso a un territorio que calificó como “el infierno”. Los palestinos están hastiados de escuchar esta cantinela que tildan de hipócrita. “Necesitaremos al menos dos o tres años para reconstruir lo devastado, y eso suponiendo que las fronteras permanezcan abiertas. Todo son promesas de países extranjeros. Pero sabemos por experiencia que luego se incumplen. Los fondos que sí llegan son los que recaudamos de empresarios y asociaciones del mundo árabe y musulmán”, explica Al Baz, que se ufana de la resistencia ofrecida por las milicias y de que el Gobierno siga en pie.

Podrá Hamás negociar, practicar concesiones, pero no renunciará a la victoria que le otorgaron las urnas en 2006 y que le aupó al Gobierno tras una participación electoral a la que Israel dio el visto bueno. Pocos aventuraron el triunfo islamista, que propició el bloqueo que nunca dejó de agravarse. Durante la guerra, el Ejecutivo israelí prohibió incluso la entrada de periodistas extranjeros y diplomáticos en Gaza. Egipto se sumó a la censura. Sólo una vez concluida, pudo cruzarse por el paso egipcio de Rafah. Ya en el lado palestino, el pasaporte es estampado, por primera vez en varios años, con el sello palestino. Tramitaron el documento funcionarios del Gobierno islamista. No harán dejación de funciones. Nunca en los tres últimos años se han visto tantas banderas verdes ondeando. “Vamos a salir de la profundidad del bloqueo”, reza una pancarta firmada por Hamás colocada en una de las principales avenidas de la capital. Las enseñas del movimiento islamista cuelgan de miles de farolas. Porque para eso sirven las farolas, siempre apagadas. Hamás dice así a los ciudadanos de Gaza, partidarios y detractores: “Aquí estamos”. En las carreteras próximas a la frontera, ahora sin asfalto, también penden de los postes: un mensaje para Israel.

La desesperación se mezcla con un orgullo y una dignidad nunca ajenos a las arraigadas creencias religiosas. No se verán en medio de semejante miseria manos extendidas pidiendo limosna, un fenómeno impropio de Gaza, donde las redes eléctricas, de desagües y los sistemas de suministro de agua no son dignos de tal nombre. A lo sumo, los chavales, con frecuencia descalzos, casi siempre sucios, venden paquetes de chicles por un par de shekels (40 céntimos de euro). Una estampa habitual: hombres sentados en sillas de plástico a las puertas de sus casas o talleres. Carece de sentido contabilizar a los desempleados. Sería más sencillo contar las personas que trabajan. Hay gazauis que emigrarían, aunque sólo fuera hasta que capeara un temporal que amenaza siempre con nuevas réplicas. Aunque también, en plena contienda, cientos de personas cruzaron el paso de Rafah, entre Gaza y Egipto, para vivir la tragedia con sus familiares.

Hajed Abu Awad, de 24 años, vive en Bait Lahia, en una casa muy amplia y luminosa. “Iba a estudiar un máster en sanidad pública en la Universidad de Estocolmo. Tenía una beca para comenzar a mediados del año pasado y me dieron un visado para hacer una entrevista. Pero el Gobierno israelí me prohibió la salida”. Todo joven es sospechoso. “Podría haber cruzado por los túneles de Rafah, pero me habrían detenido en el aeropuerto de El Cairo. ¿Sabe? En los túneles no estampan los pasaportes”, sonríe. El visado expiró y el semestre de estudios ha terminado. Trabaja por unos 400 euros al mes en un hospital. “Estoy deprimido”, asegura Hajed. “La gente ha perdido la ambición por conseguir la paz y no piensa en el mañana. No hay esperanza en el futuro, no se puede ser optimista porque la situación no va a mejorar pronto. Vivimos al día. Pero nunca abandonaría Gaza. Sólo marcharía para estudiar, porque aquí, sin guerras, se podría vivir muy bien”.

En Gaza a menudo se adivina la filiación política de los hombres –entre las mujeres, de atuendo uniforme, es imposible– nada más ver su vestimenta, su peinado, su presencia, sus modos o su barba. Hajed no se amolda al patrón del fiel seguidor de Hamás. No lo es. “Creo”, asegura, “que si Hamás hubiera podido romper el bloqueo sin cohetes, lo habría intentado. Pero no se lo permitieron. El asedio comenzó inmediatamente después de vencer en las elecciones. ¿Qué podían hacer? Nos cercan, nos matan y nos exigen que nos quedemos quietos. No tenían alternativa”.

Ni había escapatoria de la ratonera durante una guerra de la que los civiles no pudieron huir. Los pobres, naturalmente, se llevaron el palo más duro. Pero nadie ha estado libre del cerco que ha convertido a Gaza en un gueto donde las colas para comprar gas o recibir alimentos de UNRWA son a menudo muy largas. Rashad Abed Rabbo es una de las víctimas del castigo colectivo israelí. A la luz de las velas tras el consabido apagón, o, mejor dicho, tras disfrutar de un par de horas de corriente, explica los avatares de un empresario próspero –sus dos hijos estudian en un colegio privado que cuesta 2.000 euros al año, una fortuna en la franja– que observa impotente el hundimiento irremisible de su negocio. “Me iba muy bien. Importaba productos desde Rusia y Turquía y los vendía también en Israel. Desde que Hamás ganó las elecciones no puedo importar casi nada. Tenemos prohibido comprar 270 artículos: herramientas de construcción, productos de limpieza, coches, recambios de automóviles, hierro, aluminio, cables, componentes eléctricos… Hasta vasos. Tengo contenedores de vasos en el puerto israelí de Ashdod bloqueados desde hace tres años. Los consideran artículos de lujo. Es ridículo. Ahora compro a empresas israelíes que antes eran mis clientes”.

Rashad disponía de cinco furgonetas y 21 empleados. Hoy, cinco trabajadores y un vehículo. Sus ventas se han desplomado el 80%. Puede adquirir (a empresas israelíes, claro está) 22 productos que no pueden ir empaquetados. Sólo un par de veces al mes y un máximo de 30 toneladas, como el resto de los 400 comerciantes registrados. “El material debe verse a simple vista para su inspección: latas de conserva, papel higiénico, azúcar, leche, harina…”. No es este comerciante uno de esos milicianos imbuidos en el deber de una misión sagrada y prestos a afrontar la muerte. Nada de convertirse en un shahid (mártir). Admite ser un privilegiado en su entorno calamitoso. Y echa pestes de Israel, de la Autoridad Palestina y de Hamás. “Es un triángulo perverso. Israel, Hamás y la Autoridad Palestina manejan tres raquetas. Y nosotros, la gente, somos la pelota. En Gaza hay gran capacidad para soportar estas situaciones, y sabemos que habrá otro partido de tenis. No sé cuándo, pero lo jugarán”.

La guerra dejará una profunda marca en los gazauis. El psicólogo Fadel Abu Hein explica unas estadísticas reveladoras: el 62% de la población estuvo expuesta a las bombas de la aviación israelí y el 74% aguardaba la muerte en cualquier momento. Dormir era una odisea; los niños pequeños, que se negaban a acostarse separados de sus padres, se orinaban en la cama; la carencia de alimentos, agua y medicinas afectó a porcentajes enormes de los gazauis; la ansiedad se disparó; el 90% de los niños la padece… Pero lo más grave son los efectos venideros. “Las heridas físicas”, explica Abu Hein, “pueden curarse, pero los daños psicológicos duran para siempre. Muchos niños vieron cómo sus casas eran demolidas con sus familiares dentro”.

“En la primera Intifada, en 1987, el ministro de Defensa, Isaac Rabin, dijo que había que romper los brazos y piernas de los jóvenes manifestantes. Esa generación es la que ahora lanza cohetes y la que se convirtió en suicidas. Esta guerra ha forjado un ejército que tratará de destruir a Israel. No habrá espacio para la paz en sus mentes. Verá, los judíos sufrieron enormemente durante el Holocausto, y por ello todavía se sienten inseguros y son así de agresivos. Lo mismo sucederá con nuestros niños. Han visto cómo sacaban a sus padres de los escombros. ¿Qué futuro van a tener?”.

Almaza Samuni es una niña de 13 años con un porvenir más que sombrío. Es superviviente de una familia diezmada. Veintinueve muertos. En el barrio de Zeitun, en el este de la ciudad de Gaza, Almaza se sentaba al sol de finales de enero con su padre, Ibrahim, y alguno de sus hermanos heridos leves. Gallinas y pollos despanzurrados se mezclan entre los escombros, los parapetos de arena, y en los surcos dibujados por los tanques y blindados. Ibrahim –45 años, aunque aparenta muchos más– vio fallecer a su esposa y a cuatro de sus 10 hijos. Almaza dice: “He visto morir a mis hermanos. Uno salió a recoger leña y lo mataron. Nadie hace nada por nosotros. Así es nuestra vida”. Los cultivos de verduras de Ibrahim son un revoltijo. “No somos de Hamás. Aquí no había combatientes. No encontraron a nadie y mataron por venganza”.

Sólo en 2008, antes de la guerra, murieron 455 personas en Cisjordania y Gaza. Y recuerdan a los 10.000 encarcelados en Israel. Hablan del Guantánamo israelí. Porque el Ejército mantenía recluidas a finales del año pasado a 548 personas sin cargos. Lo llaman detención administrativa. Algunos han permanecido más de cuatro años entre rejas. Sin juicio. Dos adolescentes de Belén llevan ya varios meses presas. La expansión de las colonias judías, el expolio de tierras de propiedad privada y las detenciones de jóvenes en Cisjordania son parte de la vida cotidiana. “Para un occidental que no ha padecido la ocupación”, lamenta Hajed, el aspirante a becario en una Suecia que no le acogerá, “es muy difícil entender todo esto”.

Fuente: El País, 22, febrero 2009.
http://www.elpais.com/articulo/portada/Gaza/Despues/masacre/elpepusoceps/20090222elpepspor_7/Tes

viernes, 20 de febrero de 2009

Entrevista a Claudio Naranjo

EL HOMBRE DE HOY SIGUE SIENDO UN ESCLAVO

A sus 76 años, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo es considerado como uno de los maestros contemporáneos en vida. Profesor de una docena de prestigiosas universidades de todo el mundo y doctor honoris causa por la italiana de Udine, es autor entre otros ensayos, de Carácter y neurosis y Cambiar la educación para cambiar el mundo. También es el fundador del programa (SAT), orientado a promover el autoconocimiento y el desarrollo personal, integrando herramientas y disciplinas occidentales y orientales. Naranjo ha sido invitado recientemente por Esade para reflexionar sobre cómo impulsar una formación más humanista como respuesta a la deshumanización de las empresas y de la sociedad.

Pregunta. ¿Cómo es posible que se deshumanicen los seres humanos?
Respuesta. Cada ser humano cuenta con dos fuerzas antagónicas en su interior. Uno es el falso yo, más conocido como ego o personalidad, relacionado con la ignorancia, la inconsciencia, el egocentrismo, la insatisfacción y el miedo. El otro es el verdadero yo, nuestra verdadera esencia y que está conectado con la sabiduría, la consciencia, el bienestar y el amor incondicional. Cualquier persona que no esté en contacto con su esencia está en vías de deshumanizarse, pues poco a poco va olvidando y marginando sus verdaderos valores, lo que repercute en su forma de pensar, vivir y relacionarse con los demás.

Pregunta. ¿Cómo se sabe que una persona vive identificada con su ego?
Respuesta. Es fácil: en primer lugar porque a pesar de hacer y tener de todo siente un vacío en su interior, como si le faltara algo esencial para vivir en paz. De tanto dolor acumulado, finalmente de desconecta de su verdadera humanidad. Desde el ego, las personas actúan movidas por el miedo y la necesidad de supervivencia física y emocional. Su objetivo es conseguir que la realidad se adapte a sus deseos ,necesidades y expectativas egoístas, lo que les lleva a vivir una vida marcada por el sinsentido, el malestar y la necesidad constante de evasión y narcotización de sí mismos.

Pregunta. ¿Por qué prevalece la deshumanización de las empresas y de la sociedad?
Respuesta. Porque llevamos muchas décadas condicionando a los seres humanos con falsas creencias sobre quiénes son y cuál es su relación con el mundo. Debido a la ignorancia ha prevalecido el ego, desde el que se ha construido una sociedad, competitiva, agresiva, avariciosa, superficial, insatisfecha, vacía y ambiciosa, que a su vez sigue condicionando a las nuevas generaciones para preservar el establishment.

Pregunta. ¿A qué se refiere?
Respuesta. El mundo se ha convertido en un negocio en manos de las grandes corporaciones. Debido al sistema monetario, todas las instituciones funcionan bajo un mismo principio creador "Su propia supervivencia". Tanto los gobiernos como las entidades financieras, las empresas y las instituciones religiosas que tanto influencia tienen en la sociedad, están orientadas a optimizar sus recursos para tener el mayor lucro posible. El bienestar de la humanidad y del medio ambiente les trae sin cuidado porque no es rentable.

Pregunta ¿De ahí la dificultad de tener verdaderos lideres humanistas….
Respuesta. Exacto, a la maquinaria del sistema monetario sólo le interesa que las cosas sigan como están, incluyendo los 40 conflictos armados existentes hoy y que tanto dinero generan a la industria armamentística mundial, Por eso, líderes como los hermanos Kennedy, Gandhi, Luther King y tantos otros fueron asesinados, Los que tienen el poder tan sólo están interesados en continuar teniéndolo, y para eso necesitan seguir esclavizando a los pueblos por medio de la deuda y los intereses bancarios que impiden que la humanidad salga de este círculo vicioso.

Pregunta. ¿ y cuál es su propuesta ?
Respuesta. Un cambio radical en le proceso de formación humano. Ahora prevalece el condicionamiento egoico, que provoca que el hombre siga siendo un esclavo. En cambio, una educación basada en nuestra verdadera naturaleza potencia el desarrollo de nuestra conciencia, lo que nos libera de las falsas creencias acumuladas por el ego y que tanto limitan nuestra existencia. La crisis económica tan sólo pone de manifiesto nuestra crisis de conciencia. Es un indicador de que algo está funcionando muy mal.

Pregunta ¿Usted suele hablar de "la búsqueda de la verdad"…
Respuesta. Todos los grandes sabios de la humanidad, como Buda, Lao Tse, Jesucristo o Sócrates, han dicho lo mismo: el sentido de la vida es aprender a trascender nuestro egoísmo y egocentrismo para que podamos ver a los demás y al medio ambiente que nos rodea como parte de nosotros mismos. No existe la fragmentación, sólo la unidad: todos somos uno. Buscar la verdad implica cuestionar el condicionamiento sociocultural recibido para recuperar el contacto con nuestra verdadera naturaleza. No es ningún síntoma de inteligencia adaptarse a una sociedad como la actual, profundamente enferma. El líder que las empresas necesitan para mejorar la realidad debe ser, ante todo, un hombre consciente, libre y sabio.

Publicado en el diario el País, sección de Economía, el domingo 15 de febrero del 2009.

domingo, 1 de febrero de 2009

Planeta Tierra, nuestro hogar común

LAS SECUELAS DE LA GUERRA




















Psiquiatría del horror


El doctor Sehwail ayuda desde hace veinte años a palestinos torturados en prisiones israelíes.

Los ojos vendados. Una oscura celda que parece una tumba. La palestina Sawson Dawod permaneció dos años encerrada en una cárcel israelí cuando tenía 14. Sus recuerdos están hechos de golpes, grilletes y botas de soldados.

Su historia no es única. El doctor Mahmud Sehwail, fundador y director del Centro de Tratamiento y Rehabilitación para Víctimas de la Tortura (TRC) de Ramallah, se enfrenta cada año a miles de casos como el de Sawson. "Más del 40% de los hombres palestinos ha sido detenido al menos una vez, y el 70% de los niños presencia violencia o la padece. El daño psicológico sufrido por la población palestina es muy grande. Es una población traumatizada en masa", explica Sehwail, que mantiene en pie el centro desde 1997 a pesar de las dificultades económicas a las que se enfrenta.

Sawson, la chica palestina, continúa con su relato: "Me insultaron y golpearon. Tras una huelga de hambre, un enfermero que tenía que atenderme también me golpeó. Me interrogaron esposada, con grilletes en los pies y los ojos vendados. Había varios interrogadores, y el interrogatorio se alargó durante horas. Permanecí 20 días incomunicada, sin abogado, sin derecho a llamadas y sin atención médica, en una húmeda y oscura celda. Nadie podía oír mis gritos". Todavía no sabe cuáles eran los cargos que había contra ella. Lo único que había hecho, según cuenta, es echar a correr al oír disparos en un control militar en Hebrón. "En la cárcel conocí a personas que habían sufrido abusos sexuales y veía cómo mujeres embarazadas daban a luz esposadas. Algunas murieron en el parto".

"Las auténticas armas de destrucción masiva son las que avivan los conflictos, la pobreza y los abusos contra los derechos humanos en todo el mundo", ha escrito Irene Khan, secretaria general de Amnistía Internacional. Torturar a una persona es infligirle un sufrimiento físico y/o psicológico -intenso y continuado- para castigarla, obtener información o intimidarla. Cuando quienes torturan son personas al servicio de un Estado, la tortura toma carácter político.

Estamos en Ramallah, donde el doctor Sehwail creó el TRC tras haber estudiado psiquiatría en la Universidad de Zaragoza y hacer el posgrado. Ahora cuenta con sucursales en Gaza, Nablus y Jenin. Sehwail dirige, desde hace más de 20 años, un equipo formado por psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales y voluntarios que intentan enfrentarse a los problemas mentales originados por la ocupación, la violencia, los bombardeos y las torturas en las cárceles. "Quienes torturan en las comisarías y cárceles palestinas -torturadores palestinos- son personas que fueron torturadas. El torturado se puede convertir en torturador", comenta el creador del TRC.

Según explica un profesor de historia de la Universidad de Belén, "hay unos 11.000 palestinos en cárceles israelíes; no se conocen los nombres de muchos ni sus causas, pero sabemos que no pocos han sufrido el sabaj (colgar al interrogado, desnudo, con los brazos a la espalda o sobre la cabeza)".

El doctor Sehwail suele tener muchas dificultades para entrar en las prisiones, pero continúa intentándolo y, a veces, lo consigue. Aunque su trabajo no sólo está dirigido a las personas torturadas en cárceles. "Hay un programa continuo para niños. Millares de menores palestinos han visto morir a sus amigos, presencian los bombardeos". Los niños palestinos tienen armas de juguete; basta dirigirse con una cámara de fotos a un grupo de críos para que posen con sus pistolas. Imagino que los niños -que juegan en calles empapeladas con las fotos de mártires- crecen rodeados de odio, en un ambiente propicio para que se conviertan en personas muy agresivas, tal vez en hombres y mujeres dispuestos a inmolarse. "Yo he conocido a las familias de suicidas", dice Mahmud Sehwail, "y en muchos casos no hay motivo religioso ni político. La frustración y la desesperación son las verdaderas causas del suicidio. Hace unos años me invitaron a un programa de radio. Un hombre llamó diciendo que sus hijos presenciaron cómo un soldado israelí mató a su madre. El hombre pidió ayuda psicológica. Un mes más tarde supimos que aquel hombre se había volado a sí mismo en Israel, matando a varias personas. No pudo manejar sus problemas".

Sehwail no es optimista; reclama ayuda internacional. "La ocupación, el empobrecimiento de los palestinos, las humillaciones y la violencia deben terminar, y hay que derribar el muro que nos ha encerrado en una cárcel. Sin esto no habrá paz jamás. Y creo que conseguir la paz no es una responsabilidad local, es una responsabilidad internacional". Hace suyas las palabras de Gandhi: "Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien se trata sólo de algo temporal, el mal que causa es permanente". -

PALOMA AZNAR
Publicado en el suplemento Domingo de EL PAÍS del 1 de febrero de 2009