martes, 28 de febrero de 2012

El mercado global de armas capea con éxito la crisis


por Andrea Rizzi

El mercado mundial de la venta de armamento está capeando con éxito el temporal de la crisis financiera. Pese a las dificultades económicas de muchos países occidentales que figuran entre los mayores inversores militares del mundo, el sector prosiguió en 2010 su senda de expansión. La facturación de las 100 principales empresas productoras ascendió ese año a 305.000 millones de euros (lo que equivale aproximadamente a un tercio del PIB de España) y creció un 1% en términos reales con respecto al año anterior, según datos publicados ayer por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo.

Varias razones explican ese resultado, que no incluye los datos de las muy activas empresas chinas y de las de otros países en los que la falta de transparencia impide el acceso a los datos. La primera está vinculada con las características propias del sector: sus tiempos de producción.

“Hacen falta años para producir armas sofisticadas. Los procesos de producción son lentos y muchos contratos suelen ser a largo plazo”, explica en conversación telefónica Susan Jackson, la investigadora autora del informe. La compra de aviones, buques de guerra o misiles —que constituyen una cuota muy relevante del mercado— se planifica con años de antelación. El sector, por tanto, no reacciona inmediatamente a los cambios de ciclo.

En cualquier caso, Jackson considera que incluso en los próximos años es improbable que el sector sufra marcados retrocesos. “No creo que haya grandes fluctuaciones. Algunas empresas podrán sufrir más que otras por recorte en programas de compra, pero en todo caso no será un fenómeno generalizado”, señala la analista.

Una de las explicaciones es la sostenida demanda procedente de países emergentes, que ha contribuido a mantener a flote la facturación en los últimos años y sin duda lo hará cada vez más en los próximos.

El ascenso de China, por ejemplo, ha impulsado una reacción en cadena en el sur y en el este asiático, y países como India o Corea del Sur están comprando una ingente cantidad de material bélico. En el último quinquenio, los dos países han sido el primer y tercer importador del mundo. Aunque el gasto militar chino es muy superior al indio y al surcoreano, Pekín es solo el segundo importado mundial, debido a que tiene una mayor capacidad de producción interna. La bonanza económica latinoamericana también ha propiciado un incremento del gasto.

Jackson señala que las compañías del sector tienen definidas sus estrategias para aprovechar el tirón de los países emergentes. La francesa Dassault, por ejemplo, acaba de ser seleccionada por Nueva Delhi para la compra de 126 aviones de combate Rafale, un contrato que se estima rondará los 15.000 millones de euros.


Pero, incluso en Occidente, el recorte podría no ser tan acentuado como la crisis deja imaginar. Algunos países han anunciado marchas atrás en compras de armamento ya planificadas. Italia quiere reducir de 131 a 90 el número de cazas F-35 que comprará en los próximos años. Estados Unidos también está revisando importantes programas de adquisiciones. “Pero, en general, los recortes en el gasto militar no significan necesariamente recortes en la compras de armas”, señala Jackson. Este es un tipo de recortes que se enfrenta a grandes resistencias. No solo por la voluntad de equipar a las fuerzas armadas con nuevo armamento, sino también por la voluntad de mantener vivos y en la vanguardia los ciclos de producción de empresas consideradas estratégicas.

Así, la crisis ha ralentizado el crecimiento del sector, pero no debería hacerlo retroceder. Entre las principales 100 empresas del sector, 44 son de EE UU y 30 de Europa occidental. Las españolas Navantia e Indra figuran, respectivamente, en el puesto 45 y 84. Lockheed Martin, BAE Systems y Boeing son las primeras tres de la lista. Desde 2002, la facturación de las principales 100 compañías —que juntas representan la abrumadora mayoría del negocio del sector— ha aumentado un 60%, según datos del instituto de Estocolmo.

Fuente del texto: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/27/actualidad/1330363153_398857.html