jueves, 18 de marzo de 2010

¿Hacia dónde va la xenofobia en España?



Jubenal Quispe


Según el último informe titulado “Evolución del Racismo y la Xenofobia en España, 2009” del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), adscrito a la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración, 3 de cada 4 españoles encuestados piden leyes más drásticas contra la inmigración. La muestra fue de 3000 encuestados.

Si para el año 2000, el 36% de españoles y españolas pedía el endurecimiento de las leyes inmigratorias, para el 2004, este porcentaje subió a 56%. Pero ahora, sólo cinco años después, el 75% exige mayor rigidez legal con la inmigración. ¿Qué ocurre con esta España cuya historia está hilvanada de idas y vueltas migratorias en diferentes direcciones y épocas? ¿No es España el Estado democrático moderno, ilustrado y asentado en los derechos fundamentales del ser humano? ¿Cómo explicar esta pre modernidad en una sociedad “posmoderna”? En sus más de 350 páginas, el informe indica que el racismo contra las y los inmigrantes crece de manera alarmante.

Evidencia, por ejemplo, la animadversión generalizada contra africanos del norte por el color de la piel, el idioma y la religión. Los latinoamericanos, en su mayoría, son rechazados, aunque en menor medida, pero los argentinos, por sus rasgos físicos y culturales, son aceptados. Las rumanas, aceptadas por el color de la piel, sólo hasta cuando el acento idiomático los traiciona. Y así. El informe arroja la triste realidad de: si en España eres blanco, tienes plata y hablas inglés o alemán, no importa que seas extranjero. ¡No eres inmigrante! Si eres de otro color, tienes que jugar fútbol o ir a la ajena guerra en Afganistán para ser aceptado.

Veamos quiénes son este 75% del cual habla el informe. El documento señala que las personas de más edad, de bajo nivel de estudios, de ocupaciones laborales de escasa cualificación, ideológicamente posicionadas hacia la derecha, y que se declaran creyentes muy practicantes, son las más reacias a la inmigración (p.43). Pero también están los ambivalentes, personas más jóvenes, que han experimentado desempleo, de situación socio laboral más precaria, de nivel de estudios medio, ideológicamente de izquierda y con creencia y práctica religiosa.

Quienes toleran la inmigración, son personas de un nivel elevado de estudios, al igual que su posición económica y profesional, de alta especialización y nivel de renta. Lo que les sitúa en una posición “más privilegiada” ante la inmigración, y les distancia de la competencia con inmigrantes (acceso a puestos de trabajo, a ayudas y prestaciones sociales). De ideología de centro izquierda y religiosamente poco practicantes (p. 361). Éste colectivo es una minoría frente a los dos anteriores que representan el 75% de las y los encuestados.

Los resultados del informe indican varias verdades de fondo. Primero, España continúa siendo una sociedad aprisionada por estereotipos y barnizada por la modernidad. La democracia y la ilustración europea no sólo llegaron tardías al país, sino que en grandes nichos sociales son aún desconocidas. La España moderna, integrada a la Europa culta, sólo fue un barniz que ahora se diluye al ritmo de la crisis financiera y el paro galopante. El país continúa siendo el reino de los estereotipos, supersticiones y casería de brujas.

Podríamos definir estereotipo como una “imagen convencional y sin reflexión que se ha acuñado para un grupo de gente” (Quin y McMahon, 1997: 137). Se trata por lo tanto de una forma simple de pensar sobre un conjunto de personas que facilita el comunicar nuestras ideas, y nuestra mente los utiliza con frecuencia y de forma inconsciente. Los estereotipos son recursos que evitan el esfuerzo mental para analizar, comprender y explicar cada realidad. Es un mecanismo para desviar la responsabilidad moral. Y ante todo es la manifestación de un auto odio. En este sentido, los estereotipos son patologías excluyentes con la racionalidad ilustrada (Roca, 2006). Se odia al inmigrante porque éste es la reminiscencia de la nefasta historia nómada de España que las y los españoles no termina de digerir.

Los datos indican que la xenofobia contra las y los inmigrantes comenzó a tomar fuerza atizados por discursos políticos conservadores. Slogans como: “no cabemos todos en el barco”, “avalancha de africanos”, “migrante es más propenso a delinquir”, “las leyes son permisivas”, “inmigrantes al asecho”, etc., emitidos por políticos y difundidos por los medios de información masiva, fueron ganando adeptos en una sociedad nerviosa, sacudida por la crisis financiera y sumida en uno de los paros laborales más altos del mundo (cerca al 20%).

Se toma a inmigrantes como chivos expiatorios para todos los problemas irresueltos del país. Por qué hay desempleo, por inmigrantes. Por qué hay delincuencia, por inmigrantes. Por qué el malestar del Estado de bienestar, por inmigrantes. Por qué hay xenofobia y racismo, por inmigrantes. Hasta incluso el cambio climático es por inmigrantes. ¡Si tan sólo hiciésemos el mínimo esfuerzo de pensar! ¡Si tan sólo intentáramos imaginar una España sin inmigrantes, tan solo por un día!

Con políticos incapaces de aceptar sus limitaciones en condicionar las instituciones del Estado a las nuevas realidades sociales y con una sociedad ahoga en el espejismo de la modernidad y pertenencia a la Unión Europea, es explicable la arremetida de la xenofobia, pero jamás justificable.

La sociedad española tiene que entender que los más de 5.2 millones de nuevos vecinos residentes no se irán de España. Todas las políticas de retorno voluntario han fracasado en el intento. ¿Qué queda? ¡Aprender a convivir juntos! ¡Soñar juntos y juntas para idear la nueva España que queremos después de esta debacle!

 Las y los nuevos vecinos tienen mucho que aportar para salir de la situación financiera y laboral del país porque en sus países de origen vivieron en una permanente crisis. No es con más policías en los metros que se garantiza la convivencia pacífica. No es con animadversión que se expulsa a los que ya están aquí. No es con miradas, muecas y comentarios arcaicos que se construyen relaciones básicas hacia una sociedad intercultural. Todo pasa por aceptar que las y los nuevos vecinos ya están aquí. Reconocer sus derechos a existir como ciudadanos es una tarea ineludible. Tratarlos como semejantes/prójimos es el único sendero. La vía de la xenofobia y el racismo es la autopista al despeñadero, y el informe de OBERAXE es sólo una señal de alerta.