jueves, 10 de febrero de 2011

Sexo, política y poder


por Rosa Montalvo Reinoso

Lisístrata (1) cuyo nombre puede traducirse como “la que disuelve el ejército” fue una mujer ateniense que, cansada de que su marido permanezca lejos de su hogar debido a la guerra que enfrentaban Atenas y Esparta, decidió convocar a otras mujeres también hartas de que sus hombres estuvieran más preocupados por la guerra que por su casa y hacerles una propuesta para acabar la guerra del Peloponeso. Todas ellas deberían abstenerse de tener relaciones sexuales con sus maridos o los amantes, mientras estos no decidan terminar de una vez por todas con la guerra. Luego de las dudas iniciales, las mujeres aceptaron y lo juramentaron:
 
Lisístrata: Lampito, todas las mujeres toquen esta copa, y repitan después de mí: no tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Cleónica: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Lisístrata: Aunque venga a mí en condiciones lamentables.
Cleónica: Aunque venga a mí en condiciones lamentables. (¡Oh Lisístrata, esto me está matando!)
Lisístrata: Permaneceré intocable en mi casa.
Cleónica: Permaneceré intocable en mi casa.
 
Las mujeres mayores tomaron la Acrópolis donde se guardaba el dinero de la ciudad, impidiendo que sea utilizado con fines militares. Nadie pudo echarlas del lugar pese a los intentos, logrando ellas finalmente que se firme la paz y los hombres vuelvan a sus casas. Esta historia viene al caso en estos días en que en Bélgica, la senadora socialdemócrata flamenca Marleen Temmerman, harta también ella - como Lisístrata - de que no se resuelva el bloqueo político que existe en el país y que está a punto de llevar a Bélgica a tener el record de días sin gobierno que hasta este momento ostenta Irak con 289 días, ha hecho un llamado similar a las esposas de los políticos señalando que “si todas nos ponemos de acuerdo en la abstinencia sexual, estoy convencida de que podremos lograr que las negociaciones (para formar gobierno) avancen más rápido.” (2) No es la primera vez que surgen seguidoras de Lisístrata en pleno siglo XXI haciendo un llamado a la huelga de sexo para dirimir asuntos políticos, o buscar la paz o reconciliación entre dos bandos.
 
En el 2009 en Kenia también un grupo de mujeres autodenominadas como las G10 convocaron a las mujeres a que se abstuvieran de tener relaciones sexuales durante siete días, para ver si así lograban que se resolviera la disputa entre el presidente Mwai Kibaki y el primer ministro Raila Odinga, bajo la premisa de que una huelga de esta naturaleza tendría un importante impacto en los políticos. Mujeres de Kirca, un pueblo de Turquía, hartas de que el agua escaseara y tuvieran que aumentar sus horas de trabajo para ir a buscarla, se propusieron también una huelga similar, en vista de que los hombres no hacían nada por solucionar el problema de abastecimiento de agua. Asimismo, hace unos años en Pereira, Colombia, una de las más violentas ciudades del país, un grupo de jóvenes mujeres tomaron la misma acción con la intención de reducir la violencia de sus novios pandilleros.
 
Estas acciones podrían pasar como anecdóticas si no pusieran sobre la mesa la reflexión sobre el poder y la sexualidad, territorios en los cuales hasta ahora las mujeres hemos tenido la desventaja, en la medida en que nuestra sexualidad es sujeta del control de numerosos mecanismos sociales y culturales, discursos y normas destinados a disciplinarnos. El campo de la sexualidad de las mujeres no es por tanto un territorio autónomo sobre el que podemos transitar con libertad y decidir sin ninguna restricción lo que deseamos o no. Veamos nomás la oposición que existe cuando se trata de decidir sobre nuestros cuerpos, decidir si terminamos con un embarazo no deseado, o de vivir libre y abiertamente nuestra sexualidad, con quien deseemos independientemente de su sexo, asuntos últimamente tan politizados y banalizados al mismo tiempo en el debate electoral.
 
Entonces la rebelión de las mujeres que plantean un No rotundo a las solicitudes maritales, politizando un espacio que se considera el non plus ultra de la intimidad y de lo privado, constituye una pequeña revolución en una sociedad que ha confinado la sexualidad a la función reproductora expropiada del deseo. Y es que la resistencia de las mujeres pretende actuar sobre el deseo de los hombres, manipularlo y exigirle una determinada línea de acción, un comportamiento esperado, el fin de la ingobernabilidad, el agua o la paz en el caso de las tres experiencias citadas.
 
Es una expresión evidente de poder, dirigida a controlar la conducta de los otros, los esposos ― más ya no los amantes como la antigua Lisístrata, pues eso no sería bien visto en la sociedad actual ―, apuntando a limitar su deseo, sus placeres, evidenciando las debilidades de quienes tienen en sus manos el futuro del país, de las comunidades. La utilización del deseo sexual al entrar en el campo de lo privado y muchas veces prohibido es sobre todo una expresión del contrapoder, entendido éste, como lo define Manuel Castells, como “la capacidad de los actores sociales para desafiar y finalmente cambiar las relaciones de poder institucionalizadas en la sociedad.” (3) Terminar con la inercia en que el conflicto mantiene el país es la pretensión de esas modernas Lisístratas. Lo que es lamentable es que en pleno siglo XXI cuando se supone que ya las mujeres tenemos derecho a la ciudadanía a diferencia de la Grecia Antigua, todavía tengamos que recurrir a lo privado, personal y sexual para movilizar conductas políticas, cuando la disputa debería darse en la esfera pública y no como esposas sino como ciudadanas.
 
Por otro lado, es interesante visualizar en estos casos como el sexo que suele ser colocado como un tributo del poder de los políticos se constituye en su No poder, un camino que puede significar su derrota política. Es la necesidad de validarse de Berlusconi como macho alfa y poderoso sexualmente lo que está a punto de hacer caer su gobierno, que parecía infalible frente a todo y que ha logrado que miles de italianas tomen distancia del “bunga bunga”, que según dicen son los momentos claves de la fiestas que ofrece el presidente, y que reclamen por la dignidad de las mujeres.
 
Y para recordar un ejemplo local, un asunto que constituyó una piedra en el zapato para el ex presidente Toledo fue lo sucedido en el hostal Melody en donde según los testimonios se habría encontrado con varias chicas. Otra vez el sexo y el deseo metiendo sus narices en la política al vincularse tan fuertemente a los políticos y que en el caso del ex presidente ahora candidato aún constituye una sombra que surge de vez en cuando y que ya está dando vueltas en esta campaña, pese a que haya pasado más de una década..
 
Cuando el sexo o las preferencias o experiencias sexuales de los políticos salen al espacio público puede significar el fin de sus carreras políticas, como ha sucedido en tantos casos y no sólo masculinos. Sólo recordemos lo que sucedió con Iris Robinson, parlamentaria de Irlanda del Norte y esposa del Primer Ministro, quien tuvo que dejar sus escaños al descubrirse su relación con un joven 39 años menor.
 
¿Para qué tanta exigencia de debate político, de presentación de propuestas claras, de actuar responsablemente y transparentemente en la esfera pública, si sólo convenciendo a las esposas podría lograrse tanto? podría ser el mensaje de estas experiencias. Sin embargo, lo que estos hechos dejan en evidencia es que la sexualidad femenina, por el poder que detentaría y las posibilidades de constituirse en un mecanismo de resistencia como en los casos citados, tendría que seguir siendo disciplinada, no vaya a salirse demasiado de los canales instituidos para su control.
 
Una huelga de sexo es “mejor que el cinismo”, ha declarado la senadora belga Temmerman y quizá tenga toda la razón.
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Notas:
 
(1) Obra teatral más popular del dramaturgo de la Grecia clásica Aristófanes
(2) “Bélgica: huelga de sexo por desgobierno”, Perú21, 7 de febrero del 2011. http://peru21.pe/noticia/710069/belgica-huelga-sexo-desgobierno
(3) Manuel Castells, “Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red (II). Los nuevos espacios de la comunicación”, Telos No 75, abril-junio 2008.