viernes, 7 de mayo de 2010

LO QUE EL CORAZON QUIERE, LA MENTE SE LO MUESTRA




ENTREVISTA A MARIO ALONSO PUIG 
por Ima Sanchís

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. 
Hay que entrenar esa mente.

MARIO ALONSO PUIG: Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas. Soy católico. Acabo de publicar Madera líder (Empresa Activa).

- Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?

- Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.

- ¿Psiconeuroinmunobiología?

 - Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.

- ¿De qué se trata?

- Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.

- ¿Qué tipo de cambios?

- Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

- ¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?

- Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.

- ¿Cambiar la mente a través del cuerpo?

- Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.

-¿Dice que no hay que ser razonable?

- Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

- Exagera.

- Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretació n de la realidad.

- Más recursos…

- La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

- ¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?

- Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

- ¿Seguro que no exagera?

- No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

- ¿Hablamos de filosofía o de ciencia?

- Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

- ¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?

- Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.

- ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

- El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.

- La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

- Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad
 primero ha de haber preparación, si no sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.

- Deme alguna pista.

- Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos, alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.

- Ver lo que hay y aceptarlo.

- Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

Fuente desconocida

viernes, 30 de abril de 2010

Los alucinógenos vuelven a la psiquiatría




Hongos que contienen la sustancia alucinógena psilocibina



 






Varios universidades norteamericanas retoman su estudio para el tratamiento de afecciones mentales

Noticias de Ciencia/Salud:
Sábado 17 de abril de 2010 | Publicado en edición impresa
John Tierney

The New York Times

 
NUEVA YORK.- Como psicólogo jubilado, Clark Martin tenía una buena relación con los tratamientos tradicionales para la depresión, pero su propio caso parecía intratable cuando le tocó luchar contra el cáncer de riñón y utilizar quimioterapia y otros tratamientos penosos.

Nada de eso tuvo efecto durable, hasta que a la edad de 65 años tuvo su primera experiencia psicodélica. Dejó su casa, en Vancouver, para tomar parte en un experimento de la universidad médica Johns Hopkins en el que se utilizaba psilocibina, sustancia psicoactiva hallada en ciertos hongos.

Hoy en día, los científicos están adoptando una nueva postura ante los alucinógenos, que se habían convertido en tema tabú entre los reguladores luego de que entusiastas como Timothy Leary los promovieran en los años 60 con el eslogan de "encienda, sintonice y abandone". Ahora, al utilizar rigurosos protocolos y salvaguardas, los científicos lograron el permiso para estudiar una vez más el potencial de estas drogas para tratar problemas mentales y aportar luz sobre la naturaleza de la conciencia.

En primera persona
Luego de tomar el alucinógeno, el doctor Martin se puso una máscara en los ojos y auriculares, y se tiró en un sillón para escuchar música clásica mientras contemplaba el universo.

"De pronto, todo lo que me era familiar comenzó a evaporarse -recordó-. Imagine que se cae de un bote en medio del océano, se da vuelta y el bote se ha ido. Luego, también el agua desaparece, y luego es uno el que se va."

Hoy, un año más tarde, Martin asegura que una experiencia de seis horas para ayudarlo a sobreponerse a su depresión transformó profundamente sus relaciones con su hija y amigos. Considera que ha sido el hecho más significativo de su vida, lo que hace de él un miembro típico del creciente club de pacientes que experimentaron este tratamiento.

Investigadores de todo el mundo se reúnen esta semana en California, en el más importante congreso de ciencias psicodélicas llevado a cabo en Estados Unidos en cuatro décadas. Planean intercambiar ideas sobre estudios realizados con psilocibina y otras drogas psicodélicas para el tratamiento de la depresión en pacientes con cáncer, en el trastorno obsesivo-compulsivo, en la ansiedad del fin de la vida, en el estrés postraumático y en la adicción a las drogas.

Hasta ahora, los resultados son alentadores, aunque preliminares, y los investigadores aconsejan no sacar demasiadas conclusiones de estos estudios en pequeña escala. No quieren repetir los errores de los años 60, cuando algunos científicos se convirtieron en predicadores y exageraron su comprensión de los riesgos y beneficios de las drogas.

Como las reacciones ante los alucinógenos pueden variar, han desarrollado guías para establecer un entorno confortable con monitores en la habitación para tratar las reacciones adversas. Se han establecido protocolos estándar de manera que los efectos de las drogas puedan ser evaluados con mayor precisión, y también han observado de forma directa las reacciones ante ellas, escaneando el cerebro de las personas que se hallan bajo la influencia de los alucinógenos.

Los científicos están especialmente intrigados por la similitud entre las experiencias alucinógenas y el cambio de vida del que hablan los místicos y los que meditan. Estas similitudes fueron identificadas en estudios de imágenes neurales dirigidos por investigadores suizos y en experimentos liderados por Roland Griffiths, de Johns Hopkins.

En uno de los primeros estudios del doctor Griffiths que abarcaba a 36 personas sin problemas físicos o emocionales, él y sus colegas encontraron que la psilocibina podía inducir a lo que los sujetos participantes del experimento describían como una profunda experiencia espiritual con efectos positivos duraderos para la mayoría de ellos. Ninguno había tenido experiencia previa con alucinógenos y tampoco estaba seguro de qué droga se le estaba administrando.

Para realizar el experimento doble ciego, ni los pacientes ni los dos expertos que lo monitoreaban sabían si estaban recibiendo un placebo, psilocibina u otra droga, como metilfenidato, nicotina, cafeína o alguna anfetamina. A pesar de que los veteranos de la cultura psicodélica de los 60 pueden haber tardado en creerlo, Griffiths aseguró que ni siquiera los que monitoreaban podían afirmar, por las reacciones, si las personas habían recibido psilocibina o metaflenidato.

Quienes monitoreaban a veces debían calmar a los pacientes durante períodos de ansiedad, pero estos generalmente eran cortos y nadie informó sobre efectos negativos. En un estudio llevado a cabo dos meses más tarde, quienes habían recibido psilocibina informaron de más mejorías significativas en su estado general y en su conducta que los miembros del grupo de control.

Los datos se repitieron en otro seguimiento realizado 14 meses después del experimento. En ese punto, la mayoría de los pacientes con psilocibina manifestó, una vez más, mayor satisfacción en su vida y consideró la experiencia una de las cinco más significativas de su existencia.

Desde ese estudio, publicado en 2008, Griffiths y sus colegas han continuado dando psilocibina a la gente con cáncer y depresión, como el doctor Martin. Su experiencia es bastante típica, según afirmó Griffiths: una visión mejorada de la vida luego de una experiencia en la que los límites entre uno mismo y los otros desaparece.

En entrevistas, Martin y otros pacientes describieron su ego y su cuerpo cuando desaparecían: sentían que formaban parte de un estado de conciencia más amplio, en el cual sus preocupaciones personales e inseguridades desaparecían. Se encontraron a sí mismos revisando relaciones pasadas con amantes y familiares con un nuevo sentido de empatía.

"Para mí, fue un completo cambio de personalidad -dijo Martin-. Ya no estaba ligado con el rendimiento ni el control de las cosas. Pude ver que las cosas realmente buenas de la vida suceden y que uno sólo tiene que considerarlas y compartir su entusiasmo natural con los otros. Uno siente que sintoniza con la gente."

Los informes de los pacientes se asemejan tanto a las experiencias místicas, según dijo Griffiths, que parece posible que el cerebro humano esté preparado para percibir estas experiencias "unitivas", quizá debido a alguna ventaja evolutiva. "Este sentimiento de que estamos todos juntos puede haber beneficiado a las comunidades y alentado la generosidad recíproca."

A pesar de que la agencia reguladora de medicamentos ha reanudado la aprobación para experimentos controlados con psicodélicos, ha habido poco dinero destinado a la investigación que es llevada a cabo en universidades como la Johns Hopkins o Harvard, Nueva York. El trabajo ha sido subvencionado por grupos sin fines de lucro, como el Heffter Research Institute y la Asociación para Estudios Psicodélicos (MPAS).

"Esto es una unión de ciencia y espiritualidad -dijo Rick Doblin, director ejecutivo de MAPS-. Gracias a los cambios de estos últimos cuarenta años en que la sociedad aceptó los programas médicos para enfermos terminales y el yoga y la meditación, nuestra cultura es mucho más receptiva ahora y estamos demostrando que estas drogas pueden aportar beneficios que los tratamientos habituales no pueden."

Los investigadores han comenzado a informar el éxito preliminar en el uso de psilocibina para aliviar la ansiedad de pacientes con enfermedades terminales. El doctor Charles S. Grob, psiquiatra que está involucrado en un experimento en la Universidad de California en Los Angeles, lo describe como "medicina existencial" que ayuda a la las personas que están por morir a sobrellevar el miedo, el pánico y la depresión.

"Bajo el efecto de los alucinógenos -escribe Grob-, los individuos trascienden su identificación primaria con el cuerpo y experimentan estados libres de ego antes de su fallecimiento físico real y logran una nueva perspectiva y una profunda aceptación del cambio constante de la vida."
 
Traducción de María Elena Rey

martes, 13 de abril de 2010

Sobre política internacional actual









Entrevista a Noam Chomsky

David Goeßmann y Fabian Scheidler entrevistaron la pasada semana a Noam Chomsky para la revista alemana Freitag.

Freitag: Barak Obama obtuvo en el 2009 el Premio Nobel de la paz mientras destinaba a Afganistán más tropas. ¿Qué ha sido del “cambio” prometido?

Noam Chomsky: Soy de los pocos que no está desilusionado con Obama porque no había depositado expectativas en él. Ya he escrito sobre las posiciones de Obama y sus perspectivas de éxito antes de que comenzase su campaña electoral. Vi su página web y para mí estaba claro que se trataba de un demócrata moderado al estilo de Bill Clinton. Hay, claro, mucha retórica sobre la esperanza y el cambio. Pero eso es como una hoja en blanco. Se puede escribir en ella lo que uno quiera. Quienes se desesperaron con los últimos coletazos de la era Busch buscaron esperanzas. Pero no existe ninguna base para expectativa ninguna una vez se ha analizado correctamente la sustancia de lo que dijo Obama.     

Su gobierno trató  a Irán como una amenaza debido a su programa de enriquecimiento de uranio, mientras países que poseen armas nucleares como India, Pakistán e Israel escapan a la presión. ¿Cómo juzga esta manera de proceder?
 
Irán es sentido como una amenaza porque no obedeció a las órdenes de los Estados Unidos. Militarmente, esta amenaza es irrelevante. Este país no se ha comportado agresivamente fuera de sus fronteras durante siglos. El único acto agresivo se dio en los años setenta bajo el sah de Persia, cuando, con el apoyo de los EE.UU., se invadieron dos islas árabes. Naturalmente, nadie quiere que Irán o cualquier otro país disponga de armas nucleares. Desde luego, se sabe que este estado está indudablemente gobernado por un régimen abominable. Pero aplíquense los estándares reclamados a Irán a socios de los americanos como Arabia Saudí o Egipto y entonces apenas puede criticar uno a Irán en materia de derechos humanos. Israel ha invadido con el beneplácito y ayuda de los EE.UU. Líbano en 30 años hasta cinco veces. Irán no ha hecho nada que se asemeje. 

Con todo, se considera al país como una amenaza.

Porque Irán ha seguido un camino independiente y no se subordina a ninguna orden de las autoridades internacionales. No se comportó de otro modo con Chile en los años setenta. Cuando este país pasó a estar gobernado por el socialista Salvador Allende, fue desestabilizado por los EE.UU. para para producir “estabilidad”. No se trataba de ninguna contradicción. Se había de derrocar al gobierno de Allende –la fuerza “desestabilizadora”– para mantener la “estabilidad” y poder restaurar la autoridad de los EE.UU. El mismo fenómeno lo tenemos ahora en la región del Golfo. Teherán se opone a esa autoridad.
 
¿Cómo valora el objetivo de la comunidad internacional de imponer pronto graves sanciones a Teherán?   

La comunidad internacional: curiosa expresión. La mayoría de los países del mundo pertenece al grupo del bloque no alineado y apoyan enérgicamente el derecho de Irán a poder enriquecer uranio con fines pacíficos. Han repetido con frecuencia y abiertamente que no se consideran parte de la así denominada comunidad internacional. Obviamente pertenecen a ella sólo quienes siguen las órdenes de los EE.UU. Son los EE.UU. e Israel quienes amenazan a Irán. Y esta amenaza ha de tomarse seriamente.

¿Por qué razones?

Israel dispone en este momento de cientos de armas atómicas y sistemas de lanzamiento. De éstos últimos, los más peligrosos provienen de Alemania. Este país proporciona submarinos nucleares   Dolphin, que son prácticamente indetectables. Pueden equiparse con misiles de cabeza nuclear. Israel está preparado para desplegar estos submarinos en el Golfo. Gracias a la dictadura egipcia pueden los submarinos israelís pasar por el canal de Suez.  
No sé si se ha informado de ello en Alemania, pero hace un par de semanas la marina estadounidense informó de que ha construido una base para armas nucleares en la isla Diego García, en el océano Índico. Allí se dispondrían los submarinos equipados con misiles nucleares, incluido el llamado “destructor de búnkers”. Se trata de unos cohetes que pueden atravesar muros de cemento de varios metros de grosor. Han sido pensados exclusivamente para una intervencón en Irán. El destacado historiador militar israelí Martin Levi van Creveld, un hombre claramente conservador, escribió en el 2003, inmediatamente después de la invasión estadounidense de Irak, que “tras esta invasión los iraníes se volverán locos por no haber desarrollado aún ninguna arma atómica.” En la práctica, ¿cómo se puede evitar de otro modo una invasión? ¿Por qué los EE.UU. no están ya ocupando Corea del Norte? Porque allí hay un instrumento de disuasión. Una vez más: nadie quiere que Irán tenga armas nucleares, pero la probabilidad de que Irán emplee armas nucleares es más bien mínima. Se puede comprobar en los análisis de los servicios secretos estadounidenses. Si Teherán quisiese equiparse con una sola cabeza nuclear, el país sería posiblemente arrasado. Una fatalidad de ese tipo no es del gusto de los clérigos islamistas en el gobierno: no han mostrado hasta la fecha ningún impulso suicida.  

¿Qué puede hacer la Unión Europea para disipar la tensión de esta situación tan explosiva?
 
Podría reducir el peligro de guerra. La Unión Europea podría ejercer presión sobre India, Pakistán e Israel, los más prominentes no firmantes del tratado de no proliferación de armas nucleares, para que finalmente lo suscriban. En octubre de 2009, cuando se protestó contra el programa atómico iraní, la AIEA (Agencia Internacional de la Energía Atómica) aprobó una resolución, que Israel desafió, para que este país suscribiese el tratado de no proliferación de armas nucleares y permitiese el acceso a sus sistemas nucleares a inspectores internacionales. Europa trató de bloquearlo. Los EE.UU. también: Obama permitió a Israel saber de inmediato que no debía prestar ninguna atención a esta resolución.
Es interesante lo que sucede en Europa desde que se terminó la Guerra Fría. Quien se hubiera creído la propaganda de todas las décadas anteriores debió esperar que la OTAN se disolviese en 1990. La organización se había creado para proteger a Europa de las “hordas rusas”. Ahora ya no existen las “hordas rusas”, pero la organización se expande y viola todas las promesas que había hecho a Gorbachov, quien fue lo suficientemente ingenuo como para creerse lo que le dijeron el presidente Bush y el canciller Kohl, a saber: que la OTAN no se desplazaría ni un milímetro hacia el Este. Gorbachov se creyó, según opinan los analistas de estado, todo lo que dijeron. No fue muy sabio. Hoy la OTAN se ha expandido a grandes zancadas hacia el Este y sigue su estrategia de controlar el sistema mundial de energía, los oleoductos y gasoductos y las rutas de comercio. Hoy es una muestra del poder de intervención estadounidense en el mundo. ¿Por qué Europa acepta esto? ¿Por qué no se planta y mira frente a frente a los EE.UU.?

Aunque los EE.UU. quieren seguir siendo una superpotencia militar, la economía estadounidense prácticamente de desplomó en el 2008. Hicieron falta miles de millones para apuntalar Wall Street. Sin el dinero procedente de China, los EE.UU. quizá hubiesen entrado en bancarrota.

Mucho se habla del dinero chino y mucho se especula a partir de este hecho sobre un desplazamiento de poder en el mundo. ¿Podría China relevar a los EE.UU.? Tengo a esta pregunta por una muestra de extremismo ideológico. Los estados no son los únicos actores en el escenario mundial. Hasta cierto punto son importantes, pero no del todo. Los actores, que dominan sus estados respectivos, son sobre todo económicos: los bancos y las corporaciones. Si se examina quien controla el mundo y determina la política, uno se abstiene de afirmar un desplazamiento del poder mundial y no digamos ya de la fuerza de trabajo mundial. China es el ejemplo extremo. Allí se dan interacciones entre empresas transnacionales, instituciones financieras y el estado en la medida en que eso sirve a sus intereses. Ése es el único desplazamiento de poder, pero no proporciona ningún titular.
 
Noam Chomsky, que acaba de cumplir 81 años, es el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial. Es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

EL AMOR CONSCIENTE



por John Welwood

Generalmente, solemos considerar que las relaciones íntimas son adecuadas cuando satisfacen nuestras necesidades de amistad, seguridad, sexo y autoestima. Sin embargo, si aspiramos a convertir nuestras relaciones en un sendero —en un sendero sagrado— nos veremos obligados a ampliar nuestra perspectiva y a asumir una visión más comprehensiva que, incluyendo todas esas necesidades, no se halle, sin embargo, circunscrito a ellas. Nuestro tema tiene que ver con el cultivo del amor consciente, de ese amor que puede inspirar el desarrollo de una conciencia más expandida y la evolución de las personas implicadas.
Sin embargo, no debemos mostramos demasiado idealistas porque las relaciones íntimas nunca funcionan a un solo nivel. Vivimos simultáneamente en diferentes niveles y cada uno de ellos tiene sus propias necesidades concretas.

Niveles de conexión

El vínculo más primario que podemos encontrar en la parejar es la necesidad de una fusión simbiótica originada en el deseo de alcanzar el alimento emocional del que carecimos en nuestra infancia. Obviamente, esto es algo por lo que atraviesan muchas parejas que, cuando acaban de conocerse, atraviesan una fase simbiótica que les lleva a cortar temporalmente otras actividades o amistades y a pasar la mayor parte del tiempo juntos. El estadio simbiótico de una relación puede así contribuir a que ambas personas lleguen a establecer un profundo vínculo emocional. No obstante, si la simbiosis se convierte en la principal motivación de la relación o si perdura demasiado tiempo, termina convirtiéndose en un factor limitador que establece una dinámica paterno-filial que limita el rango de expresión e interacción de ambas personas, destruye los roles masculino y femenino de la relación y termina creando pautas de comportamiento adictivas.

Más allá de la necesidad primitiva de fusión simbiótica, el deseo fundamental que aparece en una relación es el del compañerismo, un deseo que puede asumir formas más o menos sofisticadas. El compañerismo constituye un ingrediente esencial de toda relación pero ciertas personas, sin embargo, parecen no desear nada más de su pareja.

Otro nivel posterior de relación es el que se establece en el caso de que los amantes no sólo compartan las actividades y la compañía del otro sino que también tengan intereses, objetivos y valores parecidos. Así pues, cuando una pareja comienza a crear un mundo común podemos afirmar que ambos se adentran en el nivel de la comunidad, un tipo de relación que, al igual que el compañerismo, constituye una forma terrenal y concreta de relación.

Sin embargo, más allá del hecho de participar de los mismos valores e intereses del otro, se encuentra el nivel de la comunicación, un nivel en el que somos capaces de compartir todo aquello que ocurre en nuestro interior, es decir, todos nuestros pensamientos, expectativas, experiencias y sentimientos. Establecer una buena comunicación es una tarea mucho más difícil que tratar simplemente de crear una situación de compañerismo o de comunidad. Este nivel requiere que cada miembro de la pareja sea totalmente sincero al expresar lo que ocurre en su interior y tenga el valor suficiente como para superar los inevitables obstáculos que aparecen ante cualquier intento de compartir dos verdades diferentes. La buena comunicación es, con toda certeza, el elemento más importante de cualquier relación cotidiana sana.

Un nivel todavía más desarrollado de la comunicación es la comunión. Más allá del hecho de compartir los pensamientos y los sentimientos existe el reconocimiento profundo del ser de otra persona, un reconocimiento que suele descubrirse en el silencio, tal vez mientras miramos a los ojos de nuestra pareja, estamos haciendo el amor, paseando por el bosque o escuchando música. Es como si, de pronto, nos sintiéramos percibidos y conmovidos en aquel núcleo profundo del ser que trasciende a la personalidad. Seguimos siendo plenamente nosotros mismos pero, al mismo tiempo, estamos completamente en contacto con nuestra pareja. Este tipo de relación es tan extraño y sorprendente que no suele pasar desapercibido. Por otra parte, aunque la comunicación pueda ser fruto de un trabajo deliberado, la comunión, por su parte, es completamente espontánea y se encuentra más allá de nuestra voluntad. La comunicación y la comunión son formas de intimidad más profundas y sutiles que la compañía y la comunidad y tienen lugar, respectivamente, en el nivel de la razón y en el del corazón.

Más allá de la dualidad

La profunda intimidad de la comunión puede alimentar el anhelo a superar completamente la dualidad, una aspiración, en definitiva, por lograr la unión completa con la persona amada. No obstante, aunque este anhelo expresa una necesidad auténticamente humana, se dirige, en realidad, hacia lo infinito, lo absoluto y lo divino. Pero cuando este deseo de unión definitiva permanece ligado a una relación concreta suele terminar creando problemas y reduciendo nuestra aspiración por la realización espiritual a la idealización, la inflación, la adicción y la muerte. La forma más adecuada de orientar nuestra aspiración hacia la unión consiste en una práctica espiritual auténtica —como la meditación, por ejemplo- que nos enseñe a ir más allá de la mente dicotómica en todas las áreas de nuestra existencia. Así pues, aunque apunten en esa dirección, las relaciones intimas pueden alentar este tipo de práctica pero jamás pueden llegar a sustituirla.

Toda relación tiene áreas, más o menos intensas, a lo largo de este continuo de conexión. Las parejas que comparten una relación profunda de ser a ser, que mantienen un buen nivel de comunicación, que tienen intereses y valores comunes y que disfrutan naturalmente de la compañía del otro, logran establecer un equilibrio ideal entre el cielo y la tierra, por así decirlo. (La sexualidad, por su parte, puede operar en cualquiera de estos niveles: como una forma de unión simbiótica, como compañía corporal, como un ejercicio compartido, como una forma de comunicación o como una comunión profunda.)

El amor consciente sólo aparece cuando ambas personas logran establecer una comunión esencial que trasciende a la personalidad. En esos momentos de comunión, estamos simultáneamente en contacto con nuestra propia esencia y con la esencia de nuestra pareja y, sin embargo, seguimos siendo individualidades separadas. Por más próximos que nos hallemos nunca podremos llegar a compartir plenamente nuestros mundos ni a saber del todo cómo son las cosas para la otra persona. Así pues, aunque podamos compartir ciertos momentos fugaces de unidad en los que nuestra esencia permanece en contacto, la unión completa siempre estará fuera de nuestro alcance.

Ahora bien, no existe modo alguno de retener a otra persona ni de poder utilizar la relación como una forma de escapar de la soledad. Nuestra pareja es sólo un préstamo temporal que nos concede el universo, un préstamo que ignoramos cuándo se nos reclamará. En el fondo de la devoción a otra persona anida la dulce y melancólica plenitud de un corazón que sólo anhela desbordarse.

La soledad
 
La soledad es, a fin de cuentas, lo que nos impulsa a salir de nosotros mismos. Por consiguiente, no es necesario que nos aislemos porque la soledad, como simple presencia, es lo que compartimos con todas las criaturas de la tierra, es el trasfondo del que brotan todos los tesoros: un anhelo desbordante que nos hace salir de nosotros mismos, escribir un poema, componer una canción o crear algo hermoso.

Cuando valoramos nuestra soledad podemos ser nosotros mismos y entregarnos más plenamente. Entonces ya no necesitaremos que los demás nos protejan o nos hagan sentir bien sino que, en lugar de eso, estaremos en condiciones de ayudarles para que sean ellos mismos. El amor consciente sólo puede brotar como el fruto maduro de un corazón herido.

Todas las tradiciones espirituales coinciden en afirmar que la persecución exclusiva de nuestra propia felicidad no conduce a la verdadera satisfacción porque los deseos personales se multiplican de continuo generando nuevas frustraciones. La verdadera felicidad —la que nadie puede arrebatamos— emana de la apertura de nuestro corazón, de su proyección hacia el mundo que nos rodea y se complace con el bienestar de nuestros semejantes. Si queremos preocupamos por el desarrollo y la evolución de las personas a las que amamos es necesario poner en funcionamiento las capacidades más profundas de nuestro ser y evolucionar nosotros mismos. La evolución exige la puesta en marcha de todas nuestras cualidades.

Así pues, todas las dificultades propias de las relaciones constituyen, en realidad, una oportunidad excepcional: descubrir el camino sagrado del amor cuya llamada nos alienta a cultivar la plenitud y la profundidad de nuestro ser.
 

La otra orilla del amor
 
El logro más elevado del amor, el amor consciente, encamina a los amantes más allá de si mismos y les lleva a conectar plenamente con la totalidad de la vida. En realidad, el verdadero amor carecerá de espacio para desarrollarse hasta el momento en que se proyecte hacia el exterior. El punto más elevado de la relación amorosa apunta al logro de un sentimiento de hermandad con toda forma de vida, lo que Teilhard de Chardin denominaba «amor por el universo». Sólo de este modo podrá el amor -como afirmaba Teilhard— «convertirse en luz y poder ilimitados».

El sendero del amor se propaga en círculos. Comienza en el hogar —encontrando nuestro sitio, haciéndonos amigos de nosotros mismos y descubriendo que, bajo la confusión y el engaño de nuestro propio egoísmo, se esconde la riqueza intrínseca de nuestro ser—. Cuando llegamos a establecer contacto con esta plenitud fundamental que anida en nuestro interior descubrimos que tenemos mucho más que ofrecer a nuestra pareja de lo que anteriormente imaginábamos.

Cuando dos personas se preocupan por el desarrollo de la conciencia y el espíritu de su pareja tienden naturalmente a compartir su amor con los demás. Y, de este modo, las nuevas cualidades emergentes —la generosidad, el coraje, la compasión y la sabiduría, por ejemplo- se extienden más allá del círculo de su propia relación. Estas relaciones son el «hijo espiritual» de la pareja, lo que su unión puede ofrecer al mundo. Una pareja florecerá, pues, cuando su visión y su actividad no se centren exclusivamente en ellos mismos sino, por el contrario, cuando sean capaces también de incluir a la comunidad de la que participan.

Pero, como señala Teilhard de Chardin, el amor entre dos personas puede expandirse todavía más. Cuanto más profunda y apasionadamente se ame una pareja mayor será su preocupación por el estado del mundo en el que viven, más conectados estarán con el planeta y, en consecuencia, se ocuparán de cuidar del mundo y de todos los seres que necesiten su ayuda. El logro máximo y la más plena expresión del amor se alcanza cuando éste llega a abarcar a toda la creación enriqueciendo y fortaleciendo entonces, a su vez, la vida de la pareja. Este es el gran amor y el gran camino que nos conduce hasta el mismo corazón del universo.

miércoles, 7 de abril de 2010

La Sociedad Mundial de la Ceguera

Por Leonardo Boff
El poeta Alfonso Romano de Sant’ana y el premio Nobel de literatura el portugués José Saramago, hicieron, en base a la ceguera, severas críticas a la sociedad actual construida sobre una visión reduccionista de la realidad. Demostraron así que hay muchos presuntos videntes que son ciegos y algunos ciegos que son videntes.
Hoy se pregona pomposamente que vivimos en la sociedad del conocimiento, una especie de nueva era de las luces. Y efectivamente así es. Cada vez conocemos más sobre cada vez menos. El saber de un año es mayor que todo el saber acumulado en los últimos 40 mil años, Si eso, por una parte, nos aporta innegables beneficios, por otra nos vuelve ignorantes en muchas dimensiones colocándonos escamas en los ojos que nos impiden ver la totalidad.

Lo que hoy está en juego es la totalidad del destino humano y el futuro de la biósfera. Estamos pavimentando, objetivamente un camino que nos puede conducir al abismo. ¿Por qué ni la mayoría de los especialistas ni los jefes de Estado, ni los grandes medios que pretenden proyectar los posibles escenarios futuros no ven esta brutal situación? Simplemente porque la mayoría de ellos se hallan enclaustrados en sus saberes específicos en los cuales son muy competentes pero que por eso mismo, se vuelven ciegos ante los acuciantes problemas globales.

¿Cuál de los grandes centros de análisis mundial previó en los 60 el cambio climático de los 90? ¿Qué analista económico premio Nobel previó la crisis económica financiera que devastó a los países centrales en 2008? Todos eran especialistas en su campo limitado, pero como idiotas en temas fundamentales. En general sucede así solo vemos lo que comprendemos. Como los especialistas comprenden solo una mínima parte de lo que estudian, terminan viendo apenas esa mínima parte, pero permanecen ciegos para el todo. Cambiar esta forma cartesiana de saber desmantelaría habitos científicos consagrados y toda una visión del mundo.

La independencia en los terrenos de la física, de la química, de la biología, de la mecánica cuántica y de otros sectores es ilusoria. Todos los sectores y sus saberes son interdependientes, una función del todo. De este concepto derivó la teoría de Gaia que no es un tema del New Age sino el resultado de una minuciosa observación científica. Su formulación ofrece bases políticas globales para el control del calentamiento de la Tierra que para sobrevivir, tiende a reducir la biósfera y hasta el número de organismos vivos, sin excluir los humanos.

La reunión de la COP.15 en Copenhage sobre los cambios climáticos fue emblemática. Como en la mayor parte de nuestra cultura rehén de la atomización de los saberes, lo que predominó en los discursos de los jefes de Estado fueron intereses parciales : tasas de carbono, niveles de calentamiento, cuotas de inversión y otros datos fragmentarios. La cuestión central era otra: ¿qué destino queremos para toda nuestra Casa Común? ¿ Qué podemos hacer colectivamente para garantizarle a Gaia las condiciones necesarias para que pueda seguir siendo habitable para nosotros y para los demás seres vivos?

Esos son los problemas globales que trascienden nuestro paradigma del conocimiento especializado. La vida no cabe en una fórmula, ni puede quedar al cuidado de una ecuación matemática. Para captar el todo es necesario realizar una lectura sistémica, acompañada por una razón cordial y compasiva, será luego esa razón las que nos moverá a la acción.

Tenemos que desarrollar urgentemente diferentes capacidades, sumar, interactuar, unir, repensar, rehacer lo que fue deshecho e innovar. Es un desafío dirigido a todos los especialistas que deben convencerse de que una parte sin un todo no es una parte. Articulando todos esos fragmentos de saber rediseñaremos el conjunto de una realidad que debemos comprender, amar y cuidar. Su totalidad es el principal contenido de la conciencia planetaria, esa sí es la era de luz superior que nos liberará de la ceguera que nos aflije.

Leonardo Boff es teólogo y autor de “La nueva era: la conciencia planetaria” Record (2007) http://alainet.org/active/36381
Traducción Susana Merino

domingo, 28 de marzo de 2010

El Zen mejorará la seguridad vial




 
Se trata de medir el impacto de las emociones sobre la conducción.

por Miguel Ángel Valero

Hay ideas que valen un premio. Prevensis, que actúa bajo el lema "Conducir y Vivir", ha puesto en marcha Zen Driving para el control del estrés y las emociones en la conducción. Se trata de aplicar la filosofía Zen, basada en el equilibrio, la mesura y en el desapego a lo caduco (sobre todo, al propio yo), al volante, de forma que se cree un estilo de conducción que ayude a manejar las emociones, dentro de una forma de vivir que facilite ser más felices.
Puede parecer una utopía. Pero, como destacó la presidenta de Unespa, Pilar González de Frutos, en la entrega de los Premios Seguridad Vial que impulsa la patronal del seguro, "pese a que ha habido numerosos estudios que relacionan los efectos de las emociones con la conducción y el riesgo de sufrir un accidente, es la primera vez que esto se va a poder medir y tabular en modelos de conducción práctica".
El Zen Driving parte de que las emociones "nos pueden jugar una mala pasada". Implicadas en un elevado porcentaje de los accidentes, "son la llave de tu vida", según la presentación que hace Prevensis. Para ello, este nuevo estilo de conducción tiene que demostrar al conductor la influencia de sus emociones, y además aplicar técnicas prácticas para controlarlas al volante.
¿Cómo? Mediante el Zen Car, un vehículo en el que el conductor circula con una cinta de sensores que registran en todo momento tanto los eventos de la conducción como los parámetros de respuesta a éstos. El Zen Car mide las emociones de la persona cuando conduce, el impacto de los eventos en la conducción en parámetros fisiológicos y en indicadores emocionales, teniendo en cuenta que "cada persona es diferente, cada día es diferente". El acompañante va analizando esos indicadores emocionales para realizar una definición de perfiles de estas características en la conducción. El objetivo de este análisis es detectar las conductas negativas motivadas por la conducción y contribuir a prevenirlas, lo que se traducirá en conductores más seguros.
Esta iniciativa ha sido galardonada con el Premio Seguridad Vial 2010-2011, dotado con 180.000 euros. Lo mismo que la Asociación para el Estudio de la Lesión Medular Espinal (Aesleme), que ya recibió el Premio 2009 por su campaña "Te puede pasar a ti" de concienciación de los jóvenes antes de que comiencen a conducir mediante testimonios de lesionados medulares por accidentes de tráfico. Esa campaña, que lleva funcionando desde 1993 con el apoyo de Unespa, ha llegado ya a más de 2,2 millones de personas.
Otra buena idea fue Premio Seguridad Vial 2009: Cibersomosaguas-Farapi ha desarrollado una plataforma (www.quetemueve.org) en el que los propios jóvenes interactúan para identificar su perfil de riesgo como conductor. Esta original propuesta ha permitido definir seis perfiles: ascendentes, curritos, acoplados, precarios, cualificados y nuevos ricos. Y, sobre todo, demuestra que existe relación entre la juventud, la siniestralidad al volante, la precariedad laboral y la experiencia social.

fuente: http://www.capitalmadrid.info/2010/3/25/0000015261/el_zen_mejorara_la_seguridad_vial.html

viernes, 26 de marzo de 2010

Mentiras, ocultaciones y manipulaciones

por Xavier Caño Tamayo


 


Diariamente aparecen en medios informativos miles de mentiras que adulteran, corrompen hechos y pensamientos. Mentir se utiliza para dominar, obtener beneficio, conseguir poder o conservarlo. El historiador Preston desmontó mentiras que dignificaban al dictador Franco: Fue el general más joven de Europa, se opuso a Hitler para que España no entrara en la Guerra Mundial... Así se elaboró una imagen del dictador español más positiva que la de Pinochet, aún siendo Franco responsable de la muerte de 130.000 españoles (Pinochet asesinó a 3.000 chilenos).

 
Más mentiras. Bush padre filtró un falso informe sobre divisiones iraquíes (que nunca hubo) amenazando la frontera de Arabia Saudí para iniciar la primera guerra del Golfo. Y ¿cómo olvidar las inexistentes armas de destrucción masiva que justificaban la invasión de Irak por Bush hijo?
 
Los medios no sólo propagan mentiras; manipulan el lenguaje, ocultan y engañan en titulares. Otros modos de atacar la verdad. Un ingeniero informático en febrero de 2010 estrelló su avioneta contra un edificio estatal estadounidense donde trabajaban doscientas personas. Protestaba contra los impuestos. El País tituló: “Activista anti gobierno se estrella contra edificio federal en Texas”. Y el diario 20 minutos, “Una avioneta se estrella contra un edificio de oficinas en Texas”, como si fuera un accidente. En The Independent un comentarista aseguraba que “no era un terrorista sino un ciudadano común con resentimiento y una avioneta”. De ser árabe y musulmán, los titulares lo hubieran calificado de 'terrorista'. Y hubiera sido cierto. ¿Por qué no ese ingeniero informático? Pura manipulación.
 
Los sinvergüenzas afirman que todos mentimos. Torpe modo de intentar tapar vergüenzas y miseria ética de los mentirosos. Mentiras y manipulaciones informativas son ataques contra la justicia, igualdad, derechos humanos e intereses de la mayoría ciudadana. Como lo son la ocultación y la corrupción del lenguaje.
 
Los ciudadanos españoles tienen una imagen de Colombia pacificada. Pero hace unas semanas hubo una matanza: doce indígenas awa fueron asesinados por paramilitares; esos que el gobierno colombiano afirma haber desmovilizado. Y de cada cuatro sindicalistas asesinados en el mundo, tres son colombianos. Pero de eso no se informa. Y tampoco de muertes de campesinos, amenazas a defensores de derecho humanos, torturas, fosas comunes, robo de tierras... Una desinformación no casual ni inocente: el gobierno de Uribe (responsable siquiera por omisión de tan grave y permanente violación de derechos humanos) es de la misma cuerda político-económica que los amos de los grupos de comunicación españoles. Todos creen en este sistema neoliberal. Y no le pueden dejar mal.
 
Ocultar hechos y corromper el lenguaje son armas eficaces para impedir conocer y poder cambiar la realidad injusta y desigual. Antonio Galeote lo describe lúcidamente: “La contaminación y la corrupción mental empiezan en las palabras. Los terroristas ganan cuando consiguen que les llamen soldados y se llame terroristas a sus víctimas. Los terroristas ganan cuando se llama defensa a la agresión. Las palabras son importantes. Son el primer paso para comprender. Porque si no se llama a las cosas por su nombre, se acaba justificando que terroristas con uniforme de Israel practiquen un genocidio en Oriente Medio.”
 
Dice Paolo Flores D'Arcais: “La aniquilación de la verdad y la de la democracia caminan al mismo ritmo, son dos indicadores recíprocos y convergentes: las libertades públicas y las mentiras políticas circulan de forma inversamente proporcional. La tolerancia con la mentira política es indicador de calidad de la democracia. La democracia necesita que sus decisiones sean informadas. Por eso los representantes de los ciudadanos han de ser veraces. Sin esa veracidad pública, el ciudadano no puede decidir con acierto sobre qué candidato representa mejor sus intereses. Y en la medida en que no pueden tomarse esas decisiones, el proceso democrático resulta ilusorio y el poder del pueblo, reducido a mero eslogan". Y añade Joaquín Estefanía, “el control democrático depende de que los ciudadanos dispongan de información verdadera a tiempo. En ocasiones la estrategia de políticos profesionales consiste en manipular para mantenerse en el poder. Este principio de siglo es testigo de la emergencia de la mentira y la manipulación informativa como armas políticas. La democracia es incompatible con la mentira. El político que miente es enemigo de la democracia, aunque haya sido elegido”.
 
Decir las cosas por su nombre en voz alta es la primera respuesta de resistencia.
 
- Xavier Caño Tamayo es Periodista y escritor

martes, 23 de marzo de 2010

Einstein y la religión del futuro.

La religión del futuro será una religión cósmica.
Deberá trascender al Dios personal y evitar el dogma y la teología. Tendrá que abarcar tanto lo natural como lo espiritual, y deberá estar basada en un sentido religioso que surja a partir de la experiencia de todas las cosas, naturales y espirituales, como una unidad significativa.
El budismo responde a esta descripción.
Si existe alguna religión que pueda satisfacer las necesidades científicas modernas, ésa es el budismo.

Albert Einstein

sábado, 20 de marzo de 2010

Psicología y religión en la película “Avatar”


Lo que los ojos no ven
 
por Salvador Harguindey


Indudables son los méritos estéticos, los valores éticos de una visión naturista-ecológica y los efectos emocionales y sociológicos que está produciendo el fenómeno cinematográfico “Avatar” a lo largo y ancho de este planeta. Sin embargo, la profunda simbología, el trasfondo psicológico y las connotaciones religioso-espirituales de la película merecen consideración aparte. Por lo tanto, tratemos ahora de ver en Avatar “lo que no se puede ver con los ojos”. En otras palabras, ese “Yo te veo” interiorizado y espiritualizado de la película de James Cameron.

El concepto original de la palabra “Avatar”, proveniente de la literatura mitológica hindú, se refiere a la reencarnación de Dios en una divinidad que posee el poder de la luz, la iluminación espiritual. Así, cada Avatar es una manifestación de la Divinidad, un elegido, una reencarnación y descenso de una deidad sobre la tierra. En esta película, uno que sobre la tierra de los místicos bosques del planeta Pandora corre descalzo hacia lo desconocido. La palabra o concepto de “Avatar” también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios en maestros muy influyentes de otras religiones aparte del hinduismo, como cuando se trata de explicar personajes como Cristo.

“Avatar” representa principalmente un “viaje iniciático”, es decir, la historia de una experiencia profunda en la que un individuo se encuentra en situaciones hostiles que harán que su personalidad cambie después de que toma conciencia de sí mismo, de la realidad externa o de poseer una importante misión en la vida. A lo largo de dicho viaje su carácter y espíritu se van modificando logrando una mejora en su persona después de lograr superar una serie de situaciones casi imposibles de superar humanamente. Este tipo de experiencias, físicas pero sobre todo psíquicas y anímicas, una vez superadas, harán que el personaje logre concluir su misión a la vez que completa un proceso de transformación de su conciencia. El término hace asimismo referencia a aquel viaje que conduce al individuo a la iniciación espiritual, lo que hace que estos viajes siempre tengan un horizonte, una meta, estando sus etapas bien delimitadas a través de diversos ritos de pasaje de creciente dificultad. Una tercera acepción de este concepto lo define como un viaje de conocimiento, en el que una persona desconoce, ya sea bien algún lugar hasta entonces inexplorado a una más amplia perspectiva o significado de la vida, y a través de un viaje iniciático lo descubre. Es un viaje sólo para héroes, sean reales o ficticios.

La crisis de la transformación de la conciencia del soldado Jake Sully en “Avatar”, evolucionando desde la de un marine parapléjico hasta convertirse en el Avatar de una nueva era para el pueblo Na’vi, constituye el proceso seguido por todo viaje iniciático. Sin embargo, este sistemáticamente conlleva y exige una necesaria y dolorosa caída en una profunda crisis, hasta cierto punto chamánica, con sus conocidos estadios de ruptura, caída, separación, soledad, lucha, regreso, superación y ascenso hasta llegar al éxtasis, triunfo y trascendencia final. Lo que a pesar de todo en ocasiones acaba en la muerte del héroe o personaje en cuestión. Casi lo primero que hay que hacer es acopio de valor para adentrarse, físicamente y sobre todo a nivel de la conciencia en la peligrosa selva de lo desconocido. Por eso una de las primeras cosas que la princesa Neytiri le dice al clon avatar de Jake es:“Tú no tienes miedo. Sígueme.” Palabras con las que da a entender que Jake ha superado esa segunda prueba, la superación del miedo, y está en condiciones de proseguir adentrándose en la jungla de su propio viaje iniciático, que es, físicamente, lo que hace: jugarse la vida siguiendo a Neytiri y sus peligrosas correrías en la selva y precipicios que la rodean.

Dicho proceso iniciático recuerda la estructura de otros grandes episodios épicos de la literatura universal que siguen esa misma dinámica psicológica, tales como el Ulises de Homero, el Paraíso Perdido de Milton, el Fausto de Goethe, el Hamlet de Shakespeare, la Divina Comedia de Dante, etc. Y como sabemos que “ninguna crisis se supera al mismo nivel que se originó”, según dijo Einstein, una vez que el clon Jake es expulsado del pueblo Na’vi, ello le obligará a presentarse de nuevo ante él y ante su amada Neytiri desde una posición espiritual más elevada que la anterior que le permita recuperar la antigua credibilidad ahora perdida. Para ello ha de domeñar al “Gran Dragón escarlata”, otro sinónimo bíblico del Diablo, del que, por si fuera poco, se nos dice que representa “la última sombra”. Después de someterlo/la, Jake retorna, sin sombra alguna ya, como espíritu iluminado y alma pura, ante el clan de los Omitacaya, que inmediatamente le reconocen y veneran como su Avatar y redentor.

Mientras, la confrontación, lucha y guerra en “Avatar” surge inevitablemente del cortacircuito que estalla entre dos estadios de la conciencia cuya interacción ha teñido de sangre la faz de la tierra al menos desde hace veinte siglos. El primero es el estadio III, o llamado del “ego”, con sus valores autoritarios y patriarcales: ego-céntricos, egó-latras, ego-ístas, megalómanos y narcisistas. Este estadio es el que conforma el nivel evolutivo de la conciencia de las violentas religiones dualistas y oficiales de Occidente que han originad tanta crueldad humana (cristianismo /catolicismo medieval, judaísmo e Islam), siendo el nivel de conciencia, individual y global, que caracteriza a la inmensa mayoría de una civilización (?) cada vez más incivilizada. Desde una perspectiva religiosa, este nivel de la conciencia humana, “meme”, estadio III, o personal, egoico, dualista y convencional, exige la existencia de un concepto de Dios asimismo personal y antropomórfico, un ente separado y trascendente que premia a los buenos y castiga a los malos, poseedor además de una voluntad paralela a la de los hombres. Concepto éste que el mismo Einstein denostó como infantil, incomprensible e inaceptable, y cuya creación en la mente humana a consecuencia del miedo probablemente, al menos si analizamos las consecuencias, ha constituido el mayor dislate de toda la historia de la humanidad, originando y siendo la causa primordial de la mayoría, si no todas, sus guerras a lo largo y ancho de la historia de este sangriento planeta.

En “Avatar” este estadio de conciencia lo representan, en terminología Na’vi, unos invasores llamados “demonios venidos del cielo”, que ahora campan y acampan a sus anchas en una base militar norteamericana situada en un satélite del planeta Polifemo llamado Pandora. La razón: un material precioso (valorado en 20 millones de dólares el kilo, casi nada), conocido como el “unobtanium” (del inglés “unobtainable”, o sea, algo difícil o imposible de conseguir), cual paralelismo del tristemente famoso “coltán”. De este tesoro escondido debajo del Árbol Madre, hogar del clan Omitacaya de la raza Na’vi, se ha dicho que representa una clara referencia a la ambición norteamericana por el petróleo ajeno que motivó la guerra de Irak. Para apropiarse del precioso mineral, el rudo e insensible jefe se seguridad de la base, el coronel Quaritch, cual nuevo bárbaro y primitivo salvaje siempre dispuesto y deseoso de poder llevar a cabo las actuaciones más crueles y violentas posibles, justifica una guerra que sucede cuando alguien tiene algo que tú quieres y se niega a dártelo y que “al terror se le responde con el terror”. Como evidente alter-ego o reencarnación psicológica del infame teócrata George Bush, el personaje de Quaritch nos recuerda demasiado, lamentablemente, a su patético antecesor en la vida real.

Muy al contrario, la civilización de humanoides Na’vi del planeta Pandora, nos confunde, afortunadamente, ya que siéndonos inicialmente presentados como una tribu de salvajes primitivos e indiferenciados, nos muestran por el contrario una actitud vital y religiosa mucho más espiritual, ecológica, elevada, compasiva e integrada en la vida y en la naturaleza (estadio IV, adualista, transpersonal, supraegoico y postconvencional), propia de una conciencia individual y global más evolucionada y ascendida, a la vez que portadora de claras reminiscencias jainistas, pero sobre todo budistas, donde incluso a los animales se le otorga un espíritu cuando, refiriéndose a un animal cazado y muerto por necesidad, el clon Na’vi de Jake dice: “Ahora su espíritu está con Aiwa. Su cuerpo formará parte del pueblo”. Para añadir Neytiri:“Una muerte limpia. Ahora estás preparado”. Palabras con las que da a entender que Jake ha superado la prueba de pureza y está en condiciones de acceder al inicio de un viaje iniciático.

A este estadio superior de la religiosidad se le conoce como “panenteísmo místico”, término que expresa que “toda la Naturaleza está viva e integrada en Dios, o en la Diosa”, sin dualismo alguno ni separación en el tiempo ni en el espacio. Hay que aclarar que “pan-en-teísmo” (significa: toda la naturaleza-en-Dios) es un concepto muy diferente de un “pan-teísmo” ateo puro y duro, que defiende que “la totalidad de la naturaleza es Dios”. El Dios del panenteísmo es el creador y la energía vital del universo, así como la fuente de la ley natural. La religiosidad Na’vi se mueve a ese nivel, lo que Goethe denominó “La Religión de la Naturaleza”, siguiendo a su vez la terminología del filósofo Espinoza para definir el estado más elevado posible de sentimiento religioso. Un estadio que se halla un escalón, ¡y vaya escalón!, por encima del de toda religión monoteísta y oficial de cualquier Iglesia ortodoxa, todas presas y estancadas hasta el día de hoy en el dualismo más feroz (ver: Goethe, en: “Conversaciones con Eckermann”, 11 de marzo de 1832). Incluso Einstein dijo que esta integración entre cuerpo-mente-espíritu constituye la única religión posible, el estadio más elevado y evolucionado del espíritu, así como la única esperanza racional a tanto desvarío evolutivo. Más recientemente, un concepto paralelo denominado “espiritualidad integral” ha sido acuñado por el filósofo norteamericano Ken Wilber, quien a su vez coincide en que si hay una razón para la existencia de la religión, o de las religiones, es la de ayudar a los seres humanos a evolucionar a través de sus conciencias en orden a conseguir ascender en espíritu a los niveles más elevados posibles hasta llegar a la unidad indivisible con una Divinidad inmanente-trascendente (como enseñan las cosmovisiones espirituales más pacíficas y pacificadoras de las religiones no-dualistas, tales como el Hinduismo, Budismo, Taoísmo, Advaita Vedanta, aparte de Plotino, Espinoza, Schopenhauer, Panikkar, San Juan de la Cruz, e incluso ese “Dios y yo somos uno” de Jesús de Nazaret, etc.). Y es que “nuestro enemigo es el dualismo”, ha aseverado certeramente Raimon Panikkar.

Ciertos conceptos de la Psicología Transpersonal ayudan a una interpretación simbólica más profunda desde la escena inicial entre el clon de Jake y el caballo pandoriano, que al principio derriba a su montura, o mejor sería decir, a su “montura y a su ego”, tal como a un nuevo Pablo de Tarso camino de Damasco. Algo similar sucede en la doma de ese gran pajarraco que lo elegirá a él para que sólo Jake pueda montarlo el resto de su vida. Pero Neytiri le avisa que antes de permitir montarle y domarlo “tratará de matarte”. ¿Y que es eso que llevamos encima los seres humanos durante toda la vida y que intenta matarnos, esa fiera que debemos primero domar y luego superar y trascender? …El maldito ego. Una vez superada esa nueva prueba iniciática y rito de paso, la unión final de caballo y hombre, en cuerpo y mente, conformará el “Centauro”, o lo que es lo mismo dos seres en uno ya para siempre, sin separación alguna ni restos de dualismo. Precisamente, dicho nivel de la conciencia no-dual, o adual, ha sido denominado “centáurico” por Ken Wilber, ya que existe “más allá del ego” propio, y definido por el mismo Wilber como “el gran nivel de la integración de la mente, el cuerpo y las emociones en una unidad del más elevado orden, una ‘totalidad profunda’”. Es ese momento crucial de salto psíquico y superación de la crisis personal/transpersonal lo que lleva a Pablo de Tarso, ahora más comprensiblemente, a decir: “Ya no soy yo sino Cristo que vive en mí”. Paralelamente, Jake Sully ya no es el Jake anterior sino que desde ese momento ha comenzado la transferencia de su ser y personalidad al Avatar Na’vi que vive en él y en el que él vive, y al que por su pureza “eligen” los espíritus más puros del Árbol sagrado en forma de blancas, semitransparentes e innocuas medusillas volantes.

El gran problema en muchos seres humanos surge cuando para ascender del violento y competitivo estadio dominante de la egocéntrica conciencia III al más benévolo, integral, compasivo y post-convencional estadio IV, se nos exige atravesar una gran crisis personal, tanto a nivel físico como de conciencia, incluso experimentar una “muerte psicológica” como gran exigencia y crucial rito de paso. En este sentido, la psicología moderna nos ha enseñado que antes de renacer es necesario morir; pero de forma similar también sabemos, gracias a la psicología y filosofía iniciática, así como propuesta simbólica, mística y parabólica del Nuevo Testamento, que “el que quiera salvar la vida la perderá y el que la pierda la ganará”. Esa es la demanda, insoslayable, pero ahora también más comprensible, de la ceremonia de paso y gran prueba crítica, tal como le ocurre al héroe Jake Sully en la película. Todo ello refleja lo que es conocido como “la crisis del ego narcisista”, en la terminología de la Psicología Transpersonal.

Al ascenso hacia el despertar de una nueva conciencia, al que Jake Sully se refiere literalmente al principio de la película con un subliminal “en algún momento hay que despertar”, el malvado jefe de seguridad de la estación espacial “Puerta del Infierno” lo llama “traición a tu raza”. Desde ahora la inevitable guerra entre dos estadios de conciencia evolutivamente diferentes, y por ello psicológicamente confrontados, está servida. A partir de ese instante no hay vuelta atrás, se ha llegado a un punto de no-retorno. Desde ese momento, para volar en las naves espaciales sólo podremos utilizar VFR, por “visual flying rules”, o reglas de vuelo visual, o como nos lo traduce informalmente la piloto Trudi Chacón, vete por donde veas. El brusco cambio evolutivo que sufre desde ese momento la perspectiva vital de la conciencia del parapléjico Jake - junto con los bemoles que ha de tener todo aspirante a héroe para ascender de un estadio al otro -, hace que el soldado Sully nos imbuya, mientras se va imbuyendo a sí mismo sin darse cuenta, de algunos de los conceptos claves del Budismo, tales como la reencarnación, cuando dice: “Una vida acaba y otra comienza”, o, en el momento que su mente y espíritu van a trasferirse a los de su clon: “Será como volver a nacer”. Esto coincide a la perfección con la aseveración de Wilber para definir el concepto de “héroe”, de “sanador herido”, como “aquel que intenta saltar al próximo estadio de la conciencia”. Y es que todo viaje iniciático, por muy héroe que uno sea o se crea, es un ascenso muy difícil, peligroso y solitario hacia su cumbre. Por fin, en la escena final de “Avatar” se llega a una transmigración completa del espíritu o alma de Jake al de su Avatar. Jake, el ser humano, muere, dando su vida cual salvador de “la humanoidad Na’vi”, pero resucita, a modo del símbolo de la resurrección de Cristo o de una reencarnación búdica al lograr trasmigrar totalmente - ahora ya no depende de la máquina transportadora de su mente humana a la del Avatar Na’vi -, reviviendo autónomamente en su cuerpo clonado al abrir los ojos en el instante final, mientras su cuerpo humano yace inerte a su lado, muerto.

Desafortunadamente, la botánica Grace Augustine, interpretada por Sigourney Weaver, no consigue sobrevivir a sus heridas, pero su alma es integrada en el Árbol de los Antepasados-Árbol de las Almas, que está en íntimo contacto con la Diosa Madre Aiwa, y a través del que se manifiesta la trascendencia del espíritu. Y es que la sabiduría divina verdadera (mágica) siempre se nos ha mostrado escondida en un espléndido Árbol con un gran contenido simbólico colocado por la Divinidad en cualquier maravilloso Paraíso. En Pandora es el Árbol de las Almas de la Diosa matriarcal y en el mito de Edén es el Árbol de Dios Padre patriarcal (un Dios personal que los hombres interpretarán y al que darán vida como “un alguien” cada vez más sojuzgador, autoritario y hasta vengativo). Finalmente, al menos desde el punto de vista estético, los polvorientos escombros de la destrucción del matriarcal Árbol Madre en “Avatar” a algunos espectadores les han recordado a los del World Trade Center durante aquel maldito 11 de Septiembre de aquellas fálicas Torres Gemelas, hasta entonces símbolos del imperialismo, la fuerza, el poder y el dinero patriarcal. ¿Casualidad o guiño intencionado? Habrá que preguntárselo al director de la película.

Posteriormente, Jake se vinculará al Árbol sagrado para tratar de trasmitir sus oraciones y rogar por la protección del pueblo Na’vi a través de la intersección del alma o espíritu trascendido de la fallecida Grace con la deidad de la Madre Naturaleza Eywa. Jake pide ayuda al mimso tiempo que se reconoce como “el elegido de la Divinidad”. La conexión no es una falacia o invención, ni un primitivo vudú, se nos dice en el film mientras segumos luchando con las incómodas gafas de 3D. “¡Funciona!”. ¡Y vaya que si funciona!, añaden/añadimos algunos gnósticos. Un hecho que se demuestra o comprueba en el film cuando la princesa Neytiri grita exaltada y exultantemente a Jake: ¡Eywa te ha oído”!”, al tiempo que todos los animales salvajes de Pandora se ponen de parte del pueblo en su batalla de Harmagedón contra “los demonios venidos del cielo”. Ahí, en las triunfantes y flotantes “Montañas Aleluya”, en cuyos parajes y cumbres tendrá lugar “la salvación” en una apocalíptica y milagrosa victoria final contra el Mal. Eywa, la deidad de la que Neytiri nos había dicho que “no toma partido, sino que sólo mantiene el equilibrio de la Naturaleza” (una Naturaleza deificada a lo Rousseau, aunque mejor a lo Goethe o a lo Lao Tse, por aquello de no caer en la famosa “Falacia Pre-Trans”), por fin se ha puesto del lado del Bien. El cuento de Hadas en el que el príncipe azul vence al Dragón y lo mata para liberar a la princesa de sus garras y luego casarse con ella, está llegando al final. Y colorín, colorado…

Aparte de la influencia que sobre el director de “Avatar” parece que hayan podido tener la sabiduría de los escritos antropológicos de un Mircea Eliade, en una reciente entrevista Cameron ha manifestado: “He procurado seguir la Biblia al pie de la letra”. ¡Evidentemente es así! Sólo hay que darse cuenta, ¡qué casualidad!, que en su revolucionaria, o mejor dicho, “evolucionaria” película, la estación espacial de los militares americanos se llame “La puerta del Infierno” (“Hell´s Gate”). ¿Y qué es lo único que se supone que puede salir de la puerta del infierno? Pues el Diablo, claro; en este caso con la forma de una aterradora nave nodriza comandada por el coronel Quaritch, junto con sus naves escoltas de ángeles caídos, una lanzadera curiosamente llamada “Dragón”. Otra “casualidad” ésta, si se tiene en cuenta que “dragón” es la palabra repetidamente empleada en la Biblia para definir al Diablo (“Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás, y fue precipitado a la tierra y sus ángeles fueron con él precipitados” (Apocalipsis 12:9). La Biblia también denomina al Diablo: “el Dragón escarlata venido del cielo” (Apocalipsis 12:3). Coinciden hasta los colores con el Gran Dragón que doma el clon Jake para dejar atrás y debajo suyo, o sea, superada, “la última sombra” que pudiera oscurecer su espíritu. La metáfora es que al montarlo y domeñarlo, Jake ha vencido, aunque todavía sólo interior y espiritualmente, al Diablo, al Maligno. Ahora es el Avatar elegido por la Providencia, y así se lo reconoce el clan Na´vi al retornar Jake con ellos.

Por fin el Bien ha vencido al Mal, al menos en el ficticio planeta Pandora. Pero por algo se empieza, no desesperemos. En un momento del film el Na’vi Jake había dicho a la diosa Ewya: “Yo soy el elegido”, otra conocida denominación de Cristo como elegido de Dios (o hijo simbólico). Así se constituirá, merced a la actividad mística de la Ley Natural (llámese el wu-wei taoísta o el èlan vital de Henri Bergson) en el redentor y salvador de la “humanoidad” Na’vi.

Es de esperar que el Avatar Jake y la conciencia Na’vi también contribuyan a corto-medio plazo a que esa humanidad en la que el hombre moderno del Mundo Feliz de Huxley ha perdido el alma, la compasión, la unidad, el respeto por el planeta, y en su ansia fáustica por dominar la siempre invencible naturaleza aun al precio de destruirla y destruirse a sí mismo, casi ha acabado con toda la vida en general, humana, animal y vegetal. “En la tierra han acabado con todo lo verde”, dirige un último mensaje “Avatar” a lo que queda de esa civilización occidental que se ha transformado en poco más que una “incivilización accidental”. “La humanidad tendrá lo que la humanidad merezca”, comenta al respecto el eco de las palabras de Albert Einstein desde el más allá, aunque él no creyera en eso, al menos en el plano personal. Al final, a los vencidos, humillados e inhumanos seres humanos de Pandora se les obliga a retornar, merecidamente vencidos a “su planeta moribundo”. Y es que ha sido la humanidad “civilizada”, en Oriente y Occidente, la que hace tiempo que ha abierto la mítica Caja de Pandora liberando todos los males y desgracias humanas: la avaricia, el crecimiento insostenible, el egoísmo y materialismo desenfrenados, la explotación, la pobreza, la polución, la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, las tragedias ecológicas, la crueldad con los animales, la violencia política e interétnica, el crimen, etc. Todo, menos la esperanza. Aunque, tal vez, todavía no esté todo perdido. Tal vez aún tengamos una segunda oportunidad. Tal vez encontremos algún resquicio para salir de este creciente infierno. Tal vez...


Salvador Harguindey es Director del Instituto de Biología Clínica. Oncología Médica y Endocrinología. Miembro, Sociedades Norteamericana y Española de Psicología Transpersonal.
http://salvadorharguindey.blogspot.com