jueves, 4 de octubre de 2012

Panfleto para una re-evolución permanente



Panfleto para una re-evolución permanente

Mientras tú sueñas con ángeles,
un hombre de negro está
robando la pensión de tus padres;
mientras se te cae la baba contemplando a tu gurú,
un hombre de negro está
recortando el seguro de desempleo de tus amigos
o el tuyo mismo;
mientras tú gritas goooooool al borde del infarto,
un hombre de negro está
preparando tu despido sin indemnización;
mientras tú cultivas el “pensamiento positivo”,
un hombre de negro está
cavando la tumba de tu felicidad;
mientras tú pasas de lo que está pasando,
un hombre de negro está
haciéndote pasar por donde no quieres pasar;
mientras tú duermes,
un hombre de negro está
poniendo códigos de barras a tus sueños;
mientras tú estás mirando el escaparate,
un hombre de negro está
desahuciando una familia sin recursos;

¿En qué mundo vives?
¡Despierta y ponte en pie!



No dejes que los hombres de negro
te esposen y te aten al yugo de su noria.
No permitas  que tus padre no puedan envejecer y morir en paz
después de toda una vida de sacrificios y esfuerzos.
No consientas que pongan grilletes
a tus hijos no nacidos aún.

¡Levántate y dí NO!
Ahora es el momento de decirlo.
Mañana, será tarde ya.

Si no despiertas ahora de tus sueños de algodón,
mañana la pesadilla será interminable
y aunque quieras salir de ella
los hombres de negro la habrán sellado
para varias generaciones.

¡Levántate y lucha por tu derecho a ser!

Lucha
con la firmeza de la roca,
con la templanza del hielo,
con la fuerza del huracán,
con la velocidad del viento,
con el poder transformador del fuego,
con la lucidez de las estrellas,
con la perseverancia del océano,
con la gracia y la belleza de la flor,
con la sagacidad del leopardo,
con la furia de los rayos y de los truenos…

con la inocencia del niño.

Invoca el espíritu de Gandhi,
llama a Luther King a tu lado,
trae a Nelson Mandela a tu corazón,
pídele a Thich Nhat Hanh que camine contigo,
acoge a Aung San Suu Kyi en tus filas
y conviértete juntos a otros como tú
en la fuerza que mueve el tiempo
y cambia el curso de la historia.

¡En pie, pueblos y naciones!

Ocupemos el lugar que siempre nos ha pertenecido.
Expulsemos a los mercaderes del templo
con el látigo de nuestra presencia callada.
Que nuestra presencia silenciosa en las calles
sea un clamor que haga temblar
los cimientos de las fortalezas en la que se refugian
los ladrones de sueños .

Nosotros somos los pueblos de la Tierra
y como pueblo y como ciudadanos
decimos ¡YA BASTA!
¡Ha llegado nuestra hora!

No hemos venido a herir ni a destruir.
No queremos alimentar el fuego de la cólera vana.
No vamos a pelear contra los que son como nosotros,
- aunque los hombres de negro los hayan vestido
de peones anónimos y los hayan armado y aleccionado
para que nos golpeen y nos infundan miedo.
¡Ellos no son nuestros enemigos!

El poder de la convicción
manifestado con la fuerza interna del silencio
y la no violencia
una profunda marea oceánica es,
y ningún dique podrá nunca detenerla.

¡Adelante mujeres y hombres!
¡Adelante jóvenes, maduros y ancianos!
¡Adelante funcionarios y amas de casa!
¡Adelante estudiantes, parados, subempleados!
¡Adelante mileuristas!
¡Adelante desahuciados!
¡Adelante padres de familia desempleada!
¡Adelante sindicalistas y políticos honrados!

Que nuestros brazos se trencen marchando juntos
hacia el presente y el futuro que tratan de arrebatarnos.

Sin miedo.
Sin ira.
Sin retroceso.

Tenemos una cita con la Historia,
con nuestra Historia,
y nadie va a impedir
que estemos
donde tenemos que estar
en el momento justo
afirmando:
¡Aquí estamos, nosotros, los pueblos de la Tierra!

¡En pie, ciudadanos de Grecia!
¡En pie, ciudadanos de Portugal!
¡En pie, ciudadanos de España!
¡En pie, ciudadanos de Francia!
¡En pie, ciudadanos de Alemania!
¡En pie, ciudadanos de Europa entera!
¡El pie, pueblos de todas las latitudes!

Los mercaderes de vidas humanas
se refugian en sus fortalezas acristaladas
y hasta ellos han de llegar nuestras voces calladas
como un terremoto sordo generado
por nuestra presencia en las calles del mundo.

¡No somos mercancías en manos de banqueros!
¡No queremos políticos a sueldo de la avaricia!

No somos carne de yugo,
ni aceptamos ya ser mas humillados que bellos.

Por eso el poeta nos dijo:

“A la calle que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo".

¡Anunciamos algo nuevo
y aquí están ya los dolores del parto!

¡Adelante jóvenes sin futuro, sin curro, sin casa!
¡Adelante parados sin ayuda!
¡Adelante licenciados fregaplatos!
¡Adelante trabajadores despreciados!
¡Adelante agricultores minusvalorados!

¡Somos legión
y decimos NO al negocio de la codicia!
¡NO a los políticos corruptos!
¡NO a la esclavitud del Dios Mercado!
¡NO al intento de acallar nuestras voces!

Somos los pueblos de la Tierra,
los ciudadanos de un nuevo mundo.

Oíd bien, mercaderes del templo:
¡Hemos venido para quedarnos!

Los tiempos han cambiado
y nada podrá detener
los vientos de la Historia que nos empuja.