miércoles, 18 de agosto de 2010

Infelicidad global.



La economía de mercado ha generado un gran bienestar material en los países en los que se haya plenamente establecida, es cierto. Pero, ¿qué precio estamos pagando por este bienestar que sólo es material? ¿Puede aportar el bienestar material por sí sólo la felicidad y el bienestar existencial al que aspiramos todos los seres humanos?


“Europa conoce una muy fuerte prevalencia de los desequilibrios mentales. De los 880 millones de habitantes que cuente la Región europea, se estima alrededor de 100 millones el número de personas afectadas por la ansiedad y la depresión; más de 21 millones de personas sufren problemas relacionados con el abuso del alcohol…


…En la Región, los trastornos neuropsiquiátricos constituyen la segunda gran causa de enfermedad después de las enfermedades cardiovasculares… La depresión sola es la tercera causa de enfermedad por importancia, es decir, un 6,2 del total de las enfermedades… Cinco de los quinces principales factores que contribuyen a las enfermedades crónicas son de origen mental. En gran número de países europeos, los problemas de salud mental son responsables del 35 al 45 % del absentismo laboral…


En cuanto al suicidio, nueve de los países que presentan las tasas más elevadas de suicidio en el mundo se encuentran de hecho en la Región europea. Según los datos disponibles más recientes, alrededor de 150.000 personas (el 80 % de ellas son varones) se suicidan cada año en Europa. El suicidio es una de las principales causas ocultas de muerte en los jóvenes, ocupando tan solo el segundo lugar en importancia después de los accidentes de circulación entre los 15 y los 35 años…” (1)


Dokushô Villalba
De "Zen en la plaza del mercado". Aguilar, 2008.


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(1) Informe de la Conferencia ministerial europea de la OMS, 2006.



domingo, 15 de agosto de 2010

Silencios ominosos, condenas inmisericordes

Por Juan José Tamayo

Silencios ominosos y condenas inmisericordes. Esa ha sido la actitud del Vaticano y de buena parte de la jerarquía católica durante los últimos 70 años. Silencios ominosos ante masacres y crímenes contra la humanidad y sus responsables. Condenas inmisericordes contra teólogos y teólogas, sacerdotes, obispos, filósofos, escritores -cristianos o no- por ejercer la libertad de expresión y atreverse a disentir; condenas todas ellas contra toda lógica jurídica, que establece que "el pensamiento no delinque". Silencios ominosos sobre personas sanguinarias, ideologías totalitarias y dictaduras militares con las manos manchadas de sangre. Condenas inmisericordes a hombres y mujeres de manos limpias, de honestidad intachable, de ejemplaridad de vida.

El más grave de esos silencios fue, sin duda, el de Pío XII ante los seis millones de judíos, gitanos, discapacitados, homosexuales, transexuales, gaseados y llevados a las piras crematorias de los campos de concentración del nazismo. Ya antes, siendo secretario de Estado del Vaticano firmó, en nombre de Pío XI, el Concordato Imperial con la Alemania nazi bajo el Gobierno de Hitler. Ahí comenzó su complicidad con el nazismo. Uno de los intelectuales más madrugadores en la denuncia de tamaño y tan ominoso silencio fue el dramaturgo alemán Hochulth en su obra de teatro El Vicario, estrenada en 1963.

En 1953 Pío XII firmó un Concordato con Franco, legitimando la dictadura, mientras guardaba silencio sobre la represión franquista después de la guerra civil, que costó decenas de miles de muertos.

Un año más tarde hacía lo mismo con el dictador Rafael Trujillo, presidente de la República Dominicana, sin condenar sus abusos de poder y sus crímenes de Estado.

En la década de los cuarenta del siglo pasado, el cardenal Emmanuel Célestin Suhard, arzobispo de París, autorizó a algunos sacerdotes y religiosos a trabajar en las fábricas. El dominico Jacques Loew lo hizo como descargador de barcos en el puerto de Marsella. Monseñor Alfred Ancel, obispo auxiliar de Lyon, fue cura-obrero durante cinco años. La experiencia fue inmortalizada por Gilbert Cesbron en la novela Los santos van al infierno. Pero pronto se frustró. Los sacerdotes obreros fueron acusados de comunistas y subversivos, cuando lo que hacían era dar testimonio del Evangelio entre la clase trabajadora alejada de la Iglesia y descreída, compartiendo su vida y sus penalidades, identificándose con sus luchas, ganando el pan con el sudor de su frente. En vez de hacer oídos sordos a las acusaciones, Pío XII las dio por ciertas y pidió a los sacerdotes que abandonaran el trabajo en las fábricas y se reintegraran en el trabajo pastoral en las parroquias y a los religiosos que se incorporaran a sus comunidades, al tiempo que ordenaba a los obispos franceses que enviaran a los sacerdotes obreros a los conventos para ser "reeducados".

Otro largo, ominoso y cómplice silencio ha sido el guardado ante los abusos sexuales de sacerdotes, religiosos y obispos con niños, adolescentes y jóvenes a lo largo de más de medio siglo en parroquias, noviciados, seminarios, casas de formación, curias religiosas y casas de familias de numerosos países, abusando de la autoridad del cargo y de la confianza depositada por los padres en ellos.

Hasta el Vaticano llegaron las denuncias contra el fundador de La Legión de Cristo, el mexicano Marcial Maciel. Pero no fueron tenidas en cuenta o fueron archivadas. Lo que le daba a Maciel patente de corso para seguir cometiendo crímenes sexuales contra personas vulnerables e indefensas abusando de su poder e influencia como fundador y del apoyo de los papas y de los obispos.

Condena inmisericorde fue la que cayó, como una losa, contra la Nouvelle Théologie en la encíclica Humani generis (1950), de Pío XII, seguida de sanciones contra los teólogos más representativos de dicha tendencia: Henry de Lubac, Karl Rahner, Yves M. Congar, Dominique Chenu... ¿Delito? Hacer teología en diálogo con la modernidad, buscar la unidad de las Iglesias a través del ecumenismo, enterrar definitivamente las guerras de religión. ¿Sanciones? Censura de publicaciones teológicas, destierros (Congar, luego cardenal, sufrió tres destierros), prohibición de escribir y de predicar, expulsión de las cátedras, colocación de algunas de sus obras en el Índice de Libros Prohibidos y retirada de las bibliotecas de los seminarios y facultades de teología, expulsión de las congregaciones religiosas, y, a veces, cárcel.

Unos meses antes de que Juan XXIII inaugurara el concilio Vaticano II, el cardenal Alfredo Ottaviani, que ejercía de Gran Inquisidor al frente de la Congregación del Santo Oficio, dirigió a los obispos de todo el mundo la carta Crimen sollicitudinis, en la que instruía sobre las medidas a tomar en determinados casos de abusos sexuales por parte de los clérigos: exigía que fueran tratados "del modo más reservado" los casos de solicitud en la confesión e imponía "la obligación del silencio perpetuo". Más aún, a todas las personas involucradas en dichos casos (incluidas las víctimas) se las amenazaba con la pena de excomunión en caso de no observar el secreto. El silencio se mantuvo durante los pontificados de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II y Benedicto XVI hasta hace unos meses.

Con el concilio Vaticano II pareciera que se iban a contener las sanciones y se iba a levantar el velo de silencio contra los crímenes de lesa humanidad. Pero no fue así. Con motivo de la publicación de la encíclica Humanae vitae (1968), de Pablo VI, que condenaba el uso de los métodos anticonceptivos, se produjeron nuevos procesos, censuras, prohibiciones y condenas contra los teólogos que disintieron. Dos ejemplos emblemáticos: Edward Schillebeeckx y Bernhard Häring, asesores del Vaticano II e inspiradores de algunos de sus textos renovadores, fueron sometidos a severos juicios por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Mientras se endurecían las condiciones de los procesos eclesiásticos en manos del Santo Oficio (aceptación de denuncias anónimas, indefensión del reo ante los tribunales eclesiásticos, las mismas personas que instruían el proceso eran las que juzgaban y condenaban, imposibilidad de apelación...), el mismo organismo vaticano imponía silencio sobre los crímenes de pederastia, protegía a los culpables, los absolvía sin ningún propósito de la enmienda y, como mucho, les daba un nuevo destino pastoral, a veces sin siquiera avisar de las verdaderas razones del traslado a los obispos y sacerdotes vecinos.

En la carta De delictis gravioribus, de 2001, el cardenal Ratzinger ratificaba el silencio impuesto por el cardenal Ottaviani 40 años atrás. Mientras tanto, en numerosos documentos condenaba la homosexualidad, considerando "objetivamente desordenada" la mera inclinación homosexual y "moralmente inaceptables" las relaciones homosexuales, y exigiendo la expulsión de los candidatos al sacerdocio homosexuales de los seminarios. Hace unos días fue expulsado de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino de Roma el teólogo alemán David Berger por hacer pública su homosexualidad. Mientras la mantuvo en secreto, no hubo problemas. ¡El cinismo vaticano no tiene límites!

Recientemente la Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho algunas modificaciones al documento de 2001 que, bajo la apariencia de endurecer las penas, empeoran las cosas al calificar como delitos graves y punibles la ordenación sagrada de las mujeres, la apostasía, la herejía y el cisma al mismo nivel que la pederastia.

Para el Vaticano, afirma la teóloga feminista Rosemary Redford Ruether, "intentar ordenar a una mujer es peor que el abuso sexual de un niño. El abuso sexual de un niño por un sacerdote es un desliz moral deplorable de un individuo débil... El intento de ordenar a una mujer es una ofensa sexual, una contradicción de la naturaleza del Orden Sacerdotal, un sacrilegio, un escándalo". Otra condena inmisericorde más contra las mujeres, mayoría silenciada en la Iglesia católica. ¿Hasta cuándo?

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant Lo Blanc, Valencia).

Fuente: Tribuna El País


lunes, 9 de agosto de 2010

Mil cuatrocientos millones de chinos





por Isabel Hilton 

Isabel Hilton reseña el libro de Jonathan Watts: When a Billion Chinese Jump: How China Will Save Mankind – Or Destroy It [Cuando saltan mil millones de chinos: Cómo salvará China a la humanidad...o la destruirá], 496 págs., Faber, Londres, 2010. 


Siempre demuestra sabiduría tener cuidado con lo que se desea. Cuando China era pobre y comunista, su gobierno desdeñaba el consumo y escarnecía los males del capitalismo, mientras en Occidente sosteníamos que la felicidad reside en el placer de lo material. La buena noticia es que hoy China concuerda en lo material, abrazando un extraño capitalismo híbrido con características netamente chinas. Pero esas son también malas noticias, tal como explica Jonathan Watts de modo memorable en When a Billion Chinese Jump. 


El título procede de una pesadilla de la niñez: los chinos, pensaba en aquel entonces Watts, eran tan numerosos que si saltaban todos juntos podían llegar a sacar a la Tierra de su eje. Ahora que la mayoría de los 1.400 millones de personas de China prefiere vivir mejor hoy que confiar en la promesa de un paraíso socialista mañana, la conmoción registrada en la economía, la atmósfera, el suelo, el agua, los bosques y los recursos naturales del mundo parece encaminada a disparar este terror de infancia: las exigencias de mil millones de chinos dispuestos a convertirse en prósperos consumidores desde luego que podrían, con la actual trayectoria de China, sacar al mundo de su eje.  


Todas las revoluciones industriales han tenido su mugre y sus daños medioambientales, y entre las consecuencias acumuladas no previstas se cuentan los cambios en el clima del que depende la civilización humana. Pero mientras la industrialización se limitaba un puñado de países relativamente pequeños, las repercusiones medioambientales, clima aparte, eran relativamente locales. En China, sin embargo, la industrialización alimentada con carbón y el desarrollo insostenible han causado una metástasis en virtud de su escala y velocidad convirtiéndose en transformadores del juego global al que alude el título de Watts. Occidente inventó el modo de vida insostenible. China lo ha adoptado entusiasmada.  


Apenas si llevamos tres décadas de revolución industrial y de consumo en China. Hay todavía cientos de millones de chinos pobres que desean prosperar y consumir en un país que despilfarra tanta energía que sus emisiones medias de carbono per cápita casi igualan ya a las de Francia. Lo más preocupante de la revolución industrial china no es ni siquiera el daño atroz cuyo crónica relata Watts meticulosamente sino la capacidad de ir más allá que existe todavía en el sistema.     


El crecimiento de China recibió un impulso inicial gracias a la exportación de artículos baratos producidos por mujeres mal pagadas del campo que trabajaban en las fábricas del este de China. Más, más barato, más rápido no se condice fácilmente con más limpio o más sostenible, pero en los primeros veinte años a poca gente le importaba. Se ennegrecieron los ríos, se contaminó elcielo, se envenenó la tierra y sus frutos; se dispararon las tasas de cáncer y de otras enfermedades causadas por la polución (las tasas de mortalidad entre los agricultores chinos cuadruplican ya la media global de cáncer de hígado y duplican la media mundial de cáncer de estómago). Kentucky Fried Chicken se ha convertido en la cadena de restaurantes más grande de China y uno de cada siete adultos de China está hoy obeso.   
Fueron pocos los que hicieran recuento de las primeras décadas mareantes, pero en los últimos diez años, han empezado a llegar las facturas: entre ellas se encuentran la aguda y crónica escasez de agua, las floraciones de algas tóxicas, la desertificación, la lluvia ácida, las praderas moribundas y la gente airada. Las nuevas clases medias de las prósperas ciudades del este de China quieren ahora que se cierren o se limpien las fábricas mugrientas, pero las provincias del interior más atrasadas en la cola de la prosperidad están dispuestas a recibirlas. En 2007, el Banco Mundial estimó de manera conservadora el coste de la contaminación  china en un 5,8% del PIB (otros lo han elevado a una cifra entre el 8 y el 12%). Si restamos estas sumas del crecimiento nominal de China, el presente aparece substancialmente menos impresionante y el futuro aun más preocupante. La deforestación ilegal en China continúa pese a su tardía prohibición; la polución que transportan los ríos envenena el mar, del golfo Bohai al Pacífico; las partículas se las lleva el viento a otros países y la aportación de China a la gran nube parda contribuye a crear una manta de "smog" gigantesca incluso por encima de otras zonas, por demás sin contaminar, de Asia.  


Se hacen esfuerzos en Beiying por seguir un rumbo menos destructivo. El desarrollo sostenible es el mantra actual de la política gubernamental y China se ha comprometido a lograr una economía baja en carbono, entre otras razones a fin de dominar las tecnologías del futuro. Pero, como descubre Watts, cumplir esta hazaña sin precedentes en esta fase de desarrollo requiere algo más que una legislación vacilante y un mandato desde lo más alto. Precisa de un profundo cambio cultural  que nos aparte de la arraigada idea de que de que la naturaleza existe para ser explotada y esquilmada y que se puede arreglar cualquier problema ambiental con ingeniería. El periplo de Watts nos conduce a las reservas naturales en la que se sirven los animales en banquetes oficiales, a la trágica provincia de Henán, antaño considerada ejemplo de desarrollo maoísta, y hoy golpeada por la pobreza, el agotamiento del suelo, la corrupción  y una epidemia de sida que puede remontarse a un programa oficial de venta de sangre. Y luego está Linfen, ciudad carbonífera de la provincia de Shanxi, de la que se dice que es la ciudad más contaminada del mundo, en la que los defectos de nacimiento multiplican por seis la media nacional que, a su vez, es de tres a cinco veces mayor que la cifra global; en la que la tasa de mortalidad de los mineros por tonelada de carbón es 30 veces la de los Estados Unidos y casi un millón de hogares está afectado por hundimientos; donde el coste del daño a la salud humana y el medio ambiente en la provincia en el año 2005 se estimó en 2.900 millones de libras esterlinas.   


El río Amarillo, lugar de nacimiento de la civilización china está prácticamente destrozado. El gobierno alentó a la gente a desplazarse al oeste, del superpoblado centro del país a las tierras áridas y montañosas de los uigures y tibetanos, lugares que pueden soportar poblaciones escasas, pero en los que los sistemas se desmoronan rápidamente bajo el peso de las cifras. Los días del último paraíso que quedaba, la provincia de Yunán, de asombrosa diversidad, a juzgar por lo que cuenta Watts, están contados.  


Si se trata de una lóbrega historia, se debe a que las perspectivas son lóbregas. Watts trata de equilibrar este viaje a través de la distopía con signos de esperanza, pero tenemos la sensación de que querría estar más convencido de lo que permiten las pruebas. Este libro no es simplemente una incriminación del camino desarrollista de China: es una lección para todos nosotros sobre los peligros de nuestro modo de vida. ¿Aprenderemos la lección y la apuesta de China por la sostenibilidad demostrará ser algo más que un ejercicio de reposicionamiento? Cualquier lector de When a Billion Chinese Jump debe tener la esperanza de que éste sea el caso.  


Isabel Hilton (1949), excepcional periodista escocesa residente en Londres, se graduó en chino por la Universidad de Edimburgo. Fue presentadora de radio de programas de la BBC como The World Tonight y Nightwaves y en prensa escrita trabajó para el Daily Express y como redactora jefe de la sección de Latinoamérica del dominical The Sunday Times, primero, y luego del diario The Independent. Desde 1997 es columnista de The Guardian. Su último libro, The Search for the Panchen Lama, ha sido publicado por Penguin.


Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

viernes, 30 de julio de 2010

Contra la dictadura del sector financiero



por Xavier Caño Tamayo (*)




Vendieron productos basura e hicieron estallar el sistema financiero internacional. Obligaron a los gobiernos a gastar billones de dólares y euros para salvarlos y ahora convierten en negocio especulativo la enorme deuda pública contraída para rescatarlos. Cortaron el crédito y paralizaron las economías. Son los bancos. Quienes provocaron la crisis quieren que la paguen trabajadores asalariados, pensionistas, trabajadores autónomos, pequeños empresarios... Y, como forzaron eliminar la banca pública, y sólo ellos prestan cuando quieren, ahora chantajean a los Estados: reformad los mercados de trabajo, privatizad las pensiones, reducid gasto social… o no compramos vuestra deuda pública. Éste es un lúcido resumen de lo que ha ocurrido y ocurre, según el economista Juan Torres.

Esta situación es pura y simplemente una dictadura. Una dictadura gangsteril perpetrada por el sector financiero. Dictadura solapada, maliciosa, disimulada, encubierta, camuflada, escondida, marrullera e hipócrita. Pero dictadura. Una dictadura que se pasa por el forro la voluntad ciudadana, extorsionando a quienes han sido elegidos por los ciudadanos y que gobiernan en beneficio del sector financiero, de la minoría privilegiada.

Esta dictadura sólo es posible con la complicidad necesaria de los políticos que elegimos y en los que delegamos el poder de la ciudadanía soberana. Por supuesto. Pero también por la deserción de los ciudadanos de su papel de ciudadanos.

La dictadura del sector financiero persiste porque los ciudadanos no les plantamos cara. Parece haber sólo quejas e ira. Y mucha confusión. Pero hay que reaccionar y practicar el consejo de Confucio: Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.

Hacer algo.

Y, como recomienda Federico Mayor Zaragoza, releer la Declaración Universal de los Derechos Humanos para convencernos de que vale la pena luchar por los grandes valores éticos que son los derechos humanos. Derechos humanos significan justicia, dignidad y libertad. Que es lo que ahora necesitamos por encima de todo.

En Amnistía Internacional dicen que ellos son como el agua sobre la piedra: referencia al antiquísimo cuento en el que un maestro muestra a su discípulo cómo la gota de agua que cae constante desde el brocal de un pozo sobre la base de piedra llega a horadarla. Cuestión de tiempo.

En 1961, Peter Benenson, sobrecogido por la noticia de que dos estudiantes portugueses fueran condenados a siete años de prisión por brindar por la libertad durante la dictadura de Salazar, escribió el artículo Los presos olvidados, en el que pedía a los lectores que escribiesen cartas a las autoridades portuguesas expresando su apoyo a esos estudiantes para conseguir su liberación. Así nació Amnistía Internacional, que, enviando cartas corteses a las autoridades, en medio siglo ha liberado a casi 60.000 presos de conciencia o encarcelados sin garantías judiciales. Y también que se conmuten muchas penas de muerte.

En Euskadi, región autónoma de España, la banda terrorista ETA asesinaba a mansalva los años 80 y había una densa complicidad colectiva por miedo. Un grupo reducido, Gesto por la Paz, decidió que cada vez que una persona fuera asesinada, ellos se concentrarían en la calle, silenciosos y sin pancartas. Este movimiento cada vez tuvo más seguidores y contribuyó a cambiar la actitud ciudadana frente a los asesinatos, enfrentándose a la violencia sin violencia, condición necesaria para empezar a abordar la falta de paz en la región. Algo así hicieron las madres y abuelas de mayo en Argentina contra la dictadura militar y hoy muchos “milicos” están en la cárcel.

Los ciudadanos debemos enfrentarnos a la dictadura financiera y a los gobiernos que la sirven. Sin ira, sin violencia; incesantemente, con inteligencia, tenacidad y, si es posible, con humor e imaginación. Llamando a las cosas por su nombre (que no es insultar). Mostrando que somos más que ellos, que la soberanía es nuestra. Y reivindicando.

¿Por qué no exigir que los bancos cumplan su función de conceder créditos? ¿Por qué no reivindicar que vuelva a haber banca pública? ¿Porque no exigir que se investigue, juzgue y castigue a los especuladores? ¿Por qué no reclamar que se recorten gastos superfluos, suntuarios o militares, pero nunca el gasto social ni el que mueve la economía real? ¿Por qué no recordar un día sí y otro también a los gobernantes que son lo que son gracias a nosotros?

Que los ciudadanos se enfrenten a la dictadura financiera no es fácil, pero es absolutamente necesario. O tenemos crisis para rato; es decir: injusticia y sufrimiento.

(*) Xavier Caño Tamayo es Periodista y escritor

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España. 

jueves, 29 de julio de 2010

El nuevo trascendente



por Frei Betto (*)


La historia de la humanidad es una historia de sujeciones. En el período premoderno, sujeción a los dioses del politeísmo, al Dios del monoteísmo, al Rey de la monarquía y al Pueblo (sujeto abstracto) de la República. Siempre había una figura del Otro al que todos debían reportarse.

Ese Gran Otro prescribía lo cierto y lo erróneo, el bien y el mal, la gracia y el pecado, la ley y el delito. El mundo se configuraba de acuerdo con los preceptos del Gran Otro. Las alternativas eran sencillas: sujetarse bajo promesa de recompensa o rebelarse bajo amenaza de castigo.

 En la modernidad, el Otro se multiplicó, adquirió varias caras, se descentralizó en diversidad de ideologías, sistemas de gobierno y creencias religiosas. Tanto la antigüedad como la modernidad nos remitían a la trascendencia, por más que basada en la razón. Si no era Dios, era el Partido, el líder supremo, las ideas incuestionables. Algo o alguien nos precedía y determinaba nuestro comportamiento, inculcándonos gratificación o culpabilidad. 

 La posmodernidad, a cuya puerta de entrada nos encontramos, promete hacer de nosotros sujetos libres de toda sujeción. Sería la vuelta al protagonismo exacerbado, en que cada individuo es la medida de todas las cosas. Ya no se vive en tiempos de cosmogonías y cosmologías, teogonías e ideologías. Ahora todos los tiempos convergen simultáneamente en el espacio reducido del aquí y ahora. Gracias a las nuevas tecnologías de comunicación, tiempo y espacio adquieren dimensión holográfica: caben en cada pequeño detalle del aquí y ahora.

¿Será que de hecho la posmodernidad nos emancipa del trascendente y de la trascendencia? ¿Nos introduce en el “desencanto del mundo” apuntado por Max Weber?

La respuesta es no.

Hay un nuevo Gran Otro que nos es impuesto como paradigma incuestionable: el Mercado. Las seductoras imágenes de este dios implacable son diseminadas por su principal oráculo: la publicidad. A semejanza de su homólogo de Delfos, nos advierte: “Di lo que consumes y te diré quién eres”.

El gran teólogo de ese nuevo dios fue Adam Smith. Inspirado en la física de Newton, en “La riqueza de las naciones” y “La teoría de los sentimientos morales”, Smith aplicó a la economía la metáfora religiosa del Gran Relojero que preside el Universo. El reloj funciona gracias a la precisión mecánica fabricada por alguien fuera de él e invisible para quien lo lleva: el relojero. Así, en opinión de Newton, sería el Universo. En la de Smith, la vida social regida por intereses económicos. La diferencia está en que el Dios Relojero de Newton es llamado Mano Invisible por Smith. Según éste, el egoísmo de cada uno, guiado por la Mano Invisible, promovería el bien de todos...

Es exactamente lo que afirma Milton Friedman, líder de la Escuela de Chicago: “Los precios que resultan de las transaciones voluntarias entre compradores y vendedores son capaces de coordinar la actividad de millones de personas, siendo que cada una sólo conoce su propio interés”.

Ése es el fundamento del pensamiento liberal y del sistema capitalista. Es el principio del laisser faire, dejar (a dios) hacer. Lo que, traducido en términos políticos, significa desreglamentar, no sólo las esferas económicas y políticas, sino también la moral. ¡Abajo la ética de principios y viva la ética de resultados! En ese protagonismo posmoderno, cada ego es la medida de todas las cosas. Lo que imprime al sujeto (en el sentido latino de sujeción, sumisión) la impresión de autonomía y libertad.

El resultado del nuevo paradigma centrado en el dios Mercado todos lo conocemos: degradación ambiental; guerras; gastos exorbitantes en armas, sistemas de defensa y seguridad; narcotráfico y dependencia química; debilitamiento de los vínculos familiares; depresión, frustración e infelicidad.

Todavía es tiempo de profesar el más radical ateísmo frente al dios Mercado e, iconoclastas, aferrarnos a la ética para introducir, como paradigma, la generosidad, el compartimiento de los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo, la felicidad centrada en las condiciones dignas de vida y en la profundización espiritual de la subjetividad.

Pero eso sólo será posible si no quedamos restringidos a la esfera de la autoayuda, de las terapias tranquilizadoras del alma para soportar el estrés de la competitividad, y nos movilizamos comunitariamente para organizar la esperanza en un nuevo proyecto político fundado en la globalización de la solidaridad.

He ahí el desafío ético que, como señaló José Martí, será capaz de articular emancipación política y emancipación espiritual.

 (*) Frei Betto es escritor, autor de  “El arte de sembrar estrellas” (Rocco), entre otros libros. 


www.freibetto.org   twitter:@freibetto


Copyright 2010 – Frei Betto -  No es permitida la reproducción de este artículo  por cualquier medio, electrónico o impreso, sin autorización. Le invitamos a que se suscriba a todos los artículos de Frei Betto; de este modo usted los recibirá directamente en su correo electrónico. Contacto – MHPAL – Agência Literária (mhpal@terra.com.br)

Traducción de J.L.Burguet

miércoles, 28 de julio de 2010

Arrasamiento de recursos naturales y exterminio de los pueblos indígenas amazónicos



por Linda Lema Tucker











El presente artículo concentra la atención a un tema de actualidad: la invasión en nuestra Amazonía de empresas multinacionales que buscan acaparar el territorio para llevarse los recursos  naturales (petróleo, gas, madera y bienes genéticos)  como si fuesen mercancías,  sin interesarles el arrasamiento ambiental y social que ocasiona, ni el exterminio de pueblos indígenas  que van dejando a su paso. 

Los pueblos amazónicos se organizan en defensa y protección de los bienes nacionales, activan un discurso que supera lo meramente ambientalista para pensar y discutir qué modelo de país quieren y articular acciones que vayan en ese sentido.  Se resisten a la homogenización cultural y rechazan el engaño y colonización de sus territorios que cuidaron y protegieron hace más de 10,000 años. Como señalara en anterior artículo: “Los pueblos indígenas son inteligentes, dignos y sensibles, reclaman que se respete el derecho a ser consultados por sus territorios, por ser diferentes y por tener un modelo de desarrollo propio que preserva la vida de todos los seres, animales y plantas” (Lema 2010). Mantener este modelo económico es agudizar las condiciones de extinción de la vida, la escasez del agua y la contaminación de la tierra y ríos. Los indígenas proponen: “La naturaleza es vida y la vida habla, pero muchos olvidaron escucharla. Si no nos oímos entre humanos, menos aún oiremos el mensaje de los árboles, los pájaros,  los animales, el agua. Quien no escucha a la vida y pisotea a la naturaleza, cultiva culturas de muerte” (Conclusiones del Encuentro de Pueblos Indígenas 2008).

En el Perú, la clase política se niega a cambiar y persiste en continuar asumiendo aquella conducta feroz con la que nos oprimió Europa. En la colonia para fortalecer la economía peninsular se llevaron barcos y barcos, atiborrados, repletos de oro y plata que extrajeron a costa del exterminio de miles y miles de hermanos indígenas. Con arcabuces, lanzas y mosquetes, los condujeron a las minas por la fuerza para estrujarles el sudor y la vida  y conquistar el oro y la plata para el Rey Católico de España. A costa del  tortuoso sistema colonial murieron millones y millones de indios por las guerras, enfermedades y brutales trabajos. De este modo, Europa se enriqueció y  nuestros pueblos y culturas fueron exterminadas. De manera bárbara nos colonizaron y así de bárbaros, la clase política peruana se ha comportado hasta el día de hoy. 

Muchas cosas han ocurrido desde el siglo XV, sin embargo, luego de dos siglos de vida Republicana, ésta conducta aún continúa vigente. Lo cierto es que a la clase política,poco o nada les importó ser socios menores del arrasamiento de los recursos naturales, del exterminio y la muerte de las poblaciones indígenas a expensas de la acumulación mundial del capital. 

El gobierno de García Pérez es intransigente y persiste en oponerse a los pueblos indígenas al  concebirlos   como ciudadanos de segunda categoría  y continuar  con la entrega y la privatización de los bienes naturales no renovales, ríos, bosques, biodiversidad, y conferir  permisos a las multinacionales para la construcción de proyectos que promueven el saqueo amazónico. Estamos ante uno de lo saqueos más grandes de nuestra historia. Lo encarna las multinacionales que cuentan con el consentimiento del gobierno que respalda su accionar. Estos empresarios se regocijan con el botín de los bienes nacionales adjudicados por el modelo extractivo-exportador que solo beneficia a unos pocos, a costa de producir el exterminio de las poblaciones indígenas o  mantener en la pobreza a millones de peruanos.  Esto es lo que hace el Estado peruano en lugar de amparar a sus poblaciones indígenas. De esta manera, elmodelo colonial del capital transnacional arroja a millones de peruanos a la miseria y amenaza a los pueblos indígenas que piensan el desarrollo del país en términos absolutamente opuestos.

¿Qué proyectos de explotación de recursos naturales en la región amazónica se vienen entregando a las multinacionales?

En el estudio “Amazonía Peruana en 2021” realizado  por un equipo de estudiosos e instituciones de la sociedad civil,  se denuncia que si en 2003 las petroleras hurgaban el 15% de la selva peruana en busca del petróleo, para el 2009 esta actividad revolvía el 70% de los territorios amazónicos. Los autores, además, dejan ver la existencia de numerosos proyectos - poco difundidos - de explotación de los más diversos recursos naturales en la región e infraestructura: 52 proyectos de centrales hidroeléctricas, 53 lotes petroleros, 24,818 derechos mineros,  4,486 km. de proyectos de carretera, 483,581 has de tierras destinadas a nuevas plantaciones de biocombustibles (Dourojeanni y Barandiarán, 2009). En tanto, el destacado estudioso, Roger Rumrilll,  demuestra que la Amazonía peruana ha sido convertida en un inmenso “mapa petrolero” y de otras concesiones (ver imagen),  donde el 68% de la extensión de bosques amazónicos “ya está lotizada” y 4 millones de has están “en proceso de venta” para la producción de biocombustible (Rumrill 2009).  




Si la Amazonía peruana se ha convertido en la gran reserva petrolera del mundo y como tal está en la mira y en la ambición de las empresas multinacionales,  es deber de los peruanos,    tomar conciencia  de ésta fragante expoliación del territorio, a fin de detenerla. No debemos aceptar éste saqueo de la Amazonía. Este reparto de lotes petroleros adjudicados a diferentes empresas debe ser detenido, porque el gobierno lo  ha hecho sin consulta y consentimiento de los pueblos indígenas,  quienes en la práctica son los dueños legítimos de estos territorios, tal como lo establece el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas.   

No  cabe duda que esta malsana política contra la humanidad y el pueblo peruano es  parte de una estrategia global de trasnacionalización de la Amazonía. Para hacerlo,  las multinacionales y sus socios locales  no esgrimen todo tipo de argumentos. El presidente se niega a firmar la Ley de Consulta Previa, se criminaliza y persiga a los dirigentes de la Asociación Interétnica de la Selva Peruana,  se decide expulsar al religioso inglés, Paul Mc Auley por su defensa a las poblaciones indígenas. Frente a estos hechos ¿Qué podemos decir? Si, todo está dicho.  Que duda cabe que hasta podrían continuar instalando bases militares- hasta ahora existen 2 usadas por  tropas estadounidenses -. De este modo, tendrían el camino  allanado para arrasar con todas  nuestras riquezas naturales,  creciendo la duda de que sean para combatir el narcotráfico y el terrorismo.

El año pasado, en París platicaba con un documentado periodista francés, quien me dijo que, en algunos círculos se decía que a finales de siglo, América Latina estará conformada por tres países: Brasil, Argentina y Chile. Todos los otros, desaparecerían.    

Luego de Bagua….   

Después de los sucesos de Bagua, los peruanos tenemos otra lectura del Perú, aunque para el gobierno nada haya cambiado. Es bueno recordar que en la paralización pacífica  que  los pueblos indígenas awajun y wampis realizaron se enfrentaron a la transnacionalización de la Amazonía,   negándose aceptar las grandes inversiones en sectores extractivos porque afecta sus  poblaciones y extensos territorios cuyos recursos serán  incorporados a los circuitos internacionales de acumulación capitalista (Romero 2009).

Lo cierto es que si esta política no es detenida, tarde o temprano seremos  cómplices de la mutación que sufra la Amazonía - antes de 10 años, muy cerca de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia- quedaremos inmóviles  al verla convertida en un desecho desértico, una zona devastada por los sucesivos impactos económicos, ambientales y sociales realizados por el capitalismo salvaje.  Capaz, en ese momento,  nos volvamos a hacer la misma pregunta que nos acecha el alma ¿Por qué permitimos el exterminio de los pueblos indígenas peruanos y nuestras riquezas naturales? ¿Por qué ocurrió y que hicimos para que esto no ocurriera?

Moraleja: Las elecciones presidenciales se acercan, se espera que los dirigentes indígenas sean concientes del rol que les toca asumir. Será importante recordar que los derechos indígenas solo podrán ser alcanzados por gobiernos estructurados con ideologías de izquierda y no de la derecha. Ni del centro derecha. Hay muchos intereses y mucho dinero que las transnacionales pondrán en juego para desvirtuar conciencias con tal de ganarlos y continuar con su feroz ambición.  He trabajado en palacio de gobierno y los líderes y apus conocen de mi convicción, trabajo y honestidad. Lo que sí debo decir es que todo el esfuerzo fue en vano. Las trasnacionales estaban en el poder y nosotros solo fuimos tan solo una ilusión. Ningún derecho fue alcanzado y el sueño indígena que compartimos fue vilmente traicionado. Que ahora no me cuenten la misma historia. Afortunadamente, volvió Alberto Pizango Chota al Perú, el verdadero líder indígena que hace poco dijera: "Los seres humanos estamos amenazados por una catástrofe que debemos evitar y unirnos para evitar que la naturaleza no llore mas". Sobre  él recae una inmensa responsabilidad política que muchos peruanos esperan.

(*) Linda Lema Tucker es socióloga y escritora, trabaja en temas relacionados al reconocimiento de los  derechos colectivos  de los pueblos indígenas, en particular  de la amazonía. Actualmente viene trabajando un libro que próximamente publicará.

Referencias

Lema Tucker, Linda (2010) “Perú: El gobierno hace imposible los derechos de los pueblos indígenas y decide expulsar el religioso Paul Mc Auley”. 7 de julio, 2010. Publicado Agencia Latinoamericana de Información, ALAI, América Latina en Movimiento http://alainet.org/active/39393&lang=es

Conclusiones del Encuentro de Pueblos Indígenas (2008). Movimiento Indígena Pachakuti y Movimiento al Socialismo (Bolivia), CONAIE (Ecuador), W’ayuu (Venezuela), CIPO (México) y organizaciones de la sociedad civil. Asturias, España. http://www.pachakuti.org/Pachakuti/Sensibilizacion/vida/vida_conclusiones.htm

Marc Dourojeanni, Alberto Barandiarán y Diego Dourojeanni (2009) “Amazonia Peruana en 2021 Explotación de recursos naturales e infraestructura: ¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que significa para el futuro?” Lima: ProNaturaleza; SPDA; DAR; ICAA. 162 p.

Rumrrill, Róger (2009). “Esta es una batalla de todos” (entrevista de Carlos Noriega). Diario La Primera, 25 de mayo, 2010.

Romero Reyes, Antonio (2009) “Estado plurinacional y desarrollo autoconcentrado”,  ALAI, América Latina en Movimiento.