viernes, 26 de diciembre de 2008

La Sociedad de Control


Vivimos en una encrucijada imposible de resolver: a la izquierda compartir, a la derecha proteger (y al revés también sirve la frase) ¿Quién no quiere protegerse de los abusos del “sistema” cuando éste cada vez dispone de más información acerca de cada una de las personas que pisamos este planeta? Proteger, preservar, hacer lo que haga falta para que todo continúe. Al otro lado, dejar que las cosas sucedan en un inmenso océano de información ¿compartida?

La única respuesta que soy capaz de dar es la educación, la cultura, la responsabilización personal y colectiva, el “párate a pensar” y usa el sentido el común. Nada que no se pudiera haber dicho ante cualquier situación compleja. No hay recetas, no hay soluciones universales ante un problema que desborda nuestra capacidad de análisis. Sin más, no queda otra que, primero ser consciente de lo que estamos hablando, aprender de ello, y, segundo, actuar con conocimiento de causa.

Por eso hay que quitarse el sombrero ante iniciativas como la de José F. Alcantara, más conocido supongo que a través de su Versv’s blog. Y es que ha publicado La sociedad de control. Privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad. El libro ha sido cedido al dominio público y está descargable al completo en pdf, aunque también podemos comprarlo en papel, publicado por Ediciones ElCobre en la colección Planta 29 para que acompañe a esos otros libros imprescindibles en tu biblioteca. De por medio, claro está, la Sociedad de las indias electrónicas.

Leyendo aquí y allá iba a hacer un resumen del libro. Otro día me centraré en algunos aspectos concretos que me van llamando la atención. Por ahora no encuentro mejores palabras que las de su autor para presentarnos su obra:

Privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad. En los últimos años el mundo ha cambiado mucho, la tecnología digital abre nuevas posibilidades que van desde el modo en que nos organizamos socialmente hasta el modo en que nos informamos y nos comunicamos con las demás personas, pasando por las nuevas formas de ocio y de consumir nuestro tiempo libre.

Pero, aparejado a esas nuevas posibilidades, surgen nuevos peligros que amenazan nuestras libertades y derechos más básicos, uno de ellos el derecho a mantener nuestra privacidad. A menudo, desde el poder establecido se ha divulgado el mensaje de que la red es utilizada mayoritariamente para cometer actos delictivos, cuando en absoluto es así. La red no es más que el reflejo de las personas que la van construyendo, y esas personas son las mismas con quienes convivimos en otros ámbitos de nuestra vida. Así, en la red no hay más delincuentes ni personas dispuestas a delinquir que fuera de ella. No hay más daño dentro que fuera de la red. Sin embargo, los poderes políticos y economómicos temen a la red y la temen porque abre nuevas posibilidades sociales, de organización al margen de los hilos conductores de la sociedad durante los dos últimos siglos (partidos políticos y poder económico concentrado en muy pocas manos). Dicen que sus negocios sufren (y quizá sea cierto) con el advenimiento de internet. Unos y otros, políticos y oligopolistas del entretenimiento, se parapetan en la mal llamada propiedad intelectual para defender el levantamiento de muros, vallas y barricadas que nos impidan usar la red libremente.

Y lo hacen aún a sabiendas de que para conseguirlo tendrán que recortar nuestros derechos y libertades más fundamentales (la libertad de expresión e información, la libertad de comunicación con otras personas y el intercambio de información con las mismas). Es ahí donde comienza a jugarse el futuro de la libertad, nuestra libertad, asediada por grupos de poder que ven en los cambios que internet podría introducir en nuestras vidas una amenaza. Muchas de estas leyes para recortar nuestros derechos ya están en vigor (endurecimiento de las leyes de propiedad intelectual, leyes de retención de datos, nuevas leyes antiterroristas desarrolladas en el marco de la «guerra contra el terror») y otras están por venir. Unas y otras, sin duda, seguirán endureciéndose en tanto la sociedad no ofrezca desde las calles un rechazo fuerte a las mismas. La sociedad digital ha traído unas posibilidades democratizadoras como nunca antes se habían conocido, pero un mal uso de las nuevas tecnologías (que otorgue demasiado control a un reducido número de personas) desembocaría en la creación de una terrorífica distopía que, si no estamos diestros, será difícil evitar: la sociedad de control.

Recuerdo una mesa en la que participé hace un tiempo. Mi presentación llevaba por título: Los beneficios del descontrol. Pero, claro, eso no parece dejar tranquila a casi ninguna persona. ¿Cuál es la alternativa?, ¿la ilusión del control?, ¿se puede controlar?, ¿se debe controlar? Una gran confusión donde hay tantos argumentos de un lado como del otro. Lee el libro y así vas conformando mejor tu propia opinión. A fin de cuentas es la que más debería importarte, ¿no?

Fuente:Julen Iturbe-Ormaetxe-Consultoria artesana en red

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