sábado, 6 de noviembre de 2010

Todos somos americanos




“Queremos que los extranjeros nos devuelvan América”, gritaban los seguidores del Tea Party. A pesar de los resultados de las elecciones, la deriva de Estados Unidos no podrá materializar su “anhelo” porque la historia del país norteamericano impide distinguir a qué extranjeros se refieren.
 
De los más de 300 millones de habitantes de Estados Unidos, quedan menos de 3 millones (1%) de americanos autóctonos. El resto son descendientes de ingleses, holandeses, alemanes, polacos, italianos, irlandeses, latinoamericanos, franceses, africanos, rusos, indios, chinos, etc.
 
Que no se asuste el lector. No se trata de algún mareo ni leyó mal: los únicos americanos puros que quedan en Estados Unidos viven en reservas “autónomas”, donde abundan los problemas educativos, de alcoholismo y de drogadicción. Los pueblos indígenas nativos han vivido siglos de genocidio, de explotación y de despojo de sus señas de identidad y culturales. Les dieron la Biblia, se quedaron con sus tierras y se han llevado sus riquezas naturales.
 
El hombre blanco se condujo por la creencia calvinista en la predestinación. Para saber si uno había sido elegido por Dios para ser salvado, “tenía que buscar las señales de la divina gracia: la industriosidad, el trabajo y un ascetismo mundano típico de las sectas calvinistas”, escribe el historiador y sociólogo Salvador Giner. Ese ascetismo individualista se convirtió en el único medio para alcanzar la salvación. Hicieron de la contemplación y el gozo un pecado.
 
La necesidad del capital y de la banca, la fe en el préstamo y el crédito y el máximo beneficio han formado parte de la moral calvinista que se impuso en gran parte de Europa y de Estados Unidos. La crisis económica por la que el “electorado” ha castigado al Partido Demócrata obedece más a esa concepción de la vida que a los desaciertos de Barack Obama.
 
El genocidio de pueblos enteros se apoyó en una moral calvinista llevada al extremo. Consideraban animales a los indios nativos. Tanto los primeros gobernadores holandeses como los ingleses ofrecían recompensas por sus cabelleras. En 1703, la cabellera de un hombre en Pennsylvania estaba valorada en 134 dólares por 50 de la de una mujer.
 
El presidente Andrew Jackson utilizó el Removal Act de 1830 para expulsar a los indios de la costa del Este hacia el oeste del Río Mississippi; incluso a aquéllos que hubieran sido bautizados y que hubieran abrazado la fe de los conquistadores. Todo se justificaba por la “carga del hombre blanco” ante la supuesta holgazanería de los nativos; los consideraban “sucios”, “vagos”, “ladrones”, dignes de pieté (lastimosos), impíos.
 
El culmen del genocidio llegó con la destrucción de los bisontes para quitarles sus medios de subsistencia y con la masacre de Rodilla Herida, en 1890. Los gobernantes convirtieron las reservas en la única alternativa ante semejantes incidentes de violencia que ellos mismos provocaban.
 
Los descendientes de ingleses, de holandeses, junto con los europeos que llegaban de otros países, construyeron una gran nación a partir de ese genocidio del que poco se habla y a costa de la esclavización de millones de negros traídos de África. Todavía hace cincuenta años, los autobuses y los restaurantes tenían lugares reservados para los hombres blancos. Las oportunidades que encontraron millones de extranjeros en estas tierras hicieron que se hablara de sueño americano y de tierra de libertad y de oportunidades a pesar de este racismo.
 
En las elecciones, los políticos se han servido del populismo para atribuir el desempleo y el resto de problemas de Estados Unidos a la creciente presencia de extranjeros.
 
“El país gobernado según los sueños de un miembro de la tribu Luo de la década de los '50”, dice en Forbes un profesor de nombre poco americano, Dinesh D’Souza, al referirse al padre del presidente. Según el profesor, el señor Obama despotricaba contra el mundo porque le negaba la realización de sus ambiciones anticoloniales. Como si la lucha anticolonial careciera de legitimidad.
 
Algunos partidos políticos y periodistas en otros países sostienen que quienes critican al Tea Party desconocen su ideología. Pero los slogans dejan ver que su ideario se aleja de lo que convirtió a Estados Unidos en una potencia y en un gran epicentro académico y científico: un crisol de culturas que emprendieron juntos su búsqueda de libertad y de la felicidad.

 (*) Carlos Miguélez Monroy es Coordinador del CCS y periodista

Hacer negocio con la comida

por Esther Vivas

El corazón de la especulación alimentaria se trasladó, la semana pasada, a Reus. La ciudad acogió, el 28 y 29 de octubre, la 50ª edición de la Bolsa de Comercio Europea, el evento anual que reúne miles de multinacionales de la industria agroalimentaria y brokers que se dedican a negociar transacciones millonarias de cereales. Se trata, según sus organizadores, de realizar las transacciones financieras cara a cara una vez al año.
 
Pensar que actualmente la comida sirve para alimentarnos es una ilusión. Los alimentos se han convertido en un negocio para unos cuantos, la minoría convocada hace unos días en Reus. Como afirmaba Isaac Sanromà, presidente de la Cámara de Comercio y de la Lonja de Reus: "El viernes [29 de octubre] se cerrarán muchos negocios sobre cereales en esta sala. ¿Subirá o bajará el precio internacionalmente después de estos acuerdos? Se tendrá que esperar".
 
¿Pero a quiénes afectan estas oscilaciones en el precio de los cereales? ¿Quién se beneficia? La crisis alimentaria del año 2007 y 2008, que hizo aumentar el número de hambrientos en el mundo a 925 millones, lo deja bien claro. 
 
En este periodo, el precio de los cereales básicos creció espectacularmente. El trigo aumentó un 130%, la soja un 87% y el arroz un 74%, convirtiéndolos en inaccesibles para amplias capas de la población, especialmente, en los países del Sur, donde se destina entre uno 60 y un 80% de los ingresos a comprar comida. Paradójicamente, hoy la producción de alimentos es más alta que nunca con un crecimiento del 2% anual, mientras que la población lo hace un ritmo del 1,14%. Alimentos hay para todo el mundo, el problema son los mecanismos de producción, distribución y consumo al servicio de los intereses privados.
 
Es interesante observar como en este mismo periodo, los ingresos de las principales empresas comercializadoras de cereales crecieron considerablemente: Cargill un 86%, el primer trimestre del 2008; Bunge un 77%, el último trimestre del 2007; y ADM un 67%, en el 2007. Por lo tanto, hay quien sabe beneficiarse con el hambre.
 
Una de las causas más importantes de este aumento de los precios de los alimentos fue, precisamente la inversión especulativa en materias primas. Después de la caída del mercado de créditos hipotecarios de alto riesgo en los Estados Unidos, inversores institucionales (bancos, compañías de seguros, fondo de inversión, etc.) buscaron lugares más seguros y con más rentabilidad en qué invertir, como por ejemplo los mercados de futuro alimentario, empujando, así, el precio de los cereales al alza.
 
En la actualidad, los especuladores son quienes tienen más peso en los mercados de futuros, aunque sus transacciones de compra y venta no tienen nada que ver con la oferta y la demanda real, sino con sus intereses económicos. Estas transacciones se llevan a cabo en las bolsas de valores, la más importante de las cuales, a nivel mundial, es la Bolsa de Comercio de Chicago. Cómo decía Baudouin Delforge, presidente del Sindicato General de la Bolsa de Comercio de París: "Viernes [29 de octubre] la capital mundial del comercio de cereales no será Chicago. Será Reus". Más claro imposible.
 
Hoy se calcula que una parte significativa de la inversión financiera en el sector agrícola tiene carácter especulativo. Según los datos más conservadores, esta cifra significaría un 55% del total, un volumen que aumenta en la medida en que se profundiza en la liberalización de la producción agrícola.
 
Los mercados de futuros, tal como los conocemos actualmente, fechan de mediados del siglo XIX, cuando empezaron a funcionar en los Estados Unidos. Los contratos de futuros son acuerdos legales estandarizados para hacer transacciones de mercancías físicas en un tiempo futuro establecido previamente. Éstos han sido un mecanismo para garantizar un precio mínimo al productor ante las oscilaciones del mercado, pero este mismo mecanismo es utilizado hoy en día por los especuladores para hacer negocio.
 
Lo que nos tendría que preocupar es que desde las administraciones catalanas se congratulen de que estas transacciones hayan tenido lugar en Reus. No en vano el modelo agrícola catalán apuesta por la industria agroalimentaria, transgénica, intensiva, petrodependiente, deslocalizada. ¿Adónde nos conduce todo esto? Hoy en Cataluña poco más del 2% de la población activa es campesina. Nosotros comemos cada día, pero ¿quién nos alimentará? Los señores reunidos, hace unos días, en Reus lo tienen muy claro.
 
Artículo publicado en Público (edición Catalunya), 05/11/2010.
 

jueves, 4 de noviembre de 2010

El G20 de Seúl: Sin oriente


por Oscar Ugarteche (*)


La reunión del G20 que tendrá lugar en Seúl la segunda semana de noviembre juntará a los 7 países del G7 que son los más endeudados del mundo: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Japón (y Canadá de bajo endeudamiento) con los poseedores de las más grandes reservas internacionales del mundo que son: Rusia, el Banco Central Europeo, Arabia Saudita, Indonesia, Corea del Sur, China, México, Brasil, Argentina, Sudáfrica, Turquía y Australia. Otra lectura es que se reúnen los miembros del viejo G7: Estados Unidos, Japón y Europa más Canadá, con los del nuevo G7 (Bric + Indonesia, Turquía y Corea) más el Banco Central Europeo, Australia, etc.
 
Para llegar a acuerdos deben de haber consensos y de inicio hay problemas con los tres ejes que parecen ser insolubles. El G20 tiene el mismo problema que las conferencia climáticas: hay una disonancia dentro del viejo G7 y otra entre el viejo G7 y el nuevo. Hay por supuesto además el problema del doble conteo de los países europeos más el Banco Central Europeo que está allí para evitar la pérdida de posiciones de Europa occidental en cualquier cambio de pesos de su economía en el futuro previsible. En una década, si las proyecciones se mantienen y Estados Unidos crece 2.4% al año y Europa 1.6%, mientras Asia del Este crece al 8% y América del Sur al 6%, como esta contemplado por el FMI y el Office del Presupuesto del Congreso[i] de los Estados Unidos, el peso del viejo G7 en términos de PIB mundial será similar al del nuevo G7. Europa, en ese escenario, se habrá reducido en proporción al PIB del mundo de manera sustantiva y será, por tanto, otra estructura de poder mundial.
 
Los tres ejes de discusión son: 1) el marco de crecimiento fuerte y sostenido; 2) la gobernanza de las instituciones financieras internacionales; 3) la regulación financiera y el rol de la Junta de Estabilidad Financiera. Sobre el primer eje hay desacuerdo dentro del viejo G7: Estados Unidos lleva políticas contra cíclicas mientras Europa lleva pro cíclicas con el aval del FMI. Léase: el Tesoro de los Estados Unidos apoya las políticas pro cíclicas de Europa mientras mantiene las contra cíclicas en su país. El conflicto Norte Norte sobre este punto es abierto y evidente.
 
La gobernanza de las Instituciones Financieras Internacionales sigue siendo un tema de debate. Sigue manteniéndose el poder singular de veto de los Estados Unidos y el sistema de elección del director ejecutivo nombrado por acuerdo privado dentro del viejo G7. Sigue el acuerdo que el Banco Mundial lo dirige un estadounidense y el FMI un europeo. Esto sigue siendo un tema de discordia entre el Norte y el Sur sin visos de solución. El peso de los votos aun no refleja los cambios ocurridos.
 
Finalmente sobre el tema de las regulaciones financieras, Estados Unidos y Gran Bretaña, sedes de los mayores centros financieros del mundo, objetan regulaciones. Obama ha pasado algunas que son nacionales, pero no consensan regulaciones globales. Este es un tema de conflicto entre todos y el G2. Como en Toronto, no se espera que salga nada sustantivo de Seúl.
 
La estructura del PIB medido en PPP da como las primeras siete economías del mundo a Estados Unidos, China, Japón, India, Alemania, Rusia y Brasil mientras el viejo G7 sigue comportándose como el dueño del poder. De otro lado, los nuevos cuatro, los llamados BRIC, claramente intentan ver reflejado su poder en las instituciones financieras internacionales. De qué manera afecta esto la posibilidad de acuerdo del G20 en una visión de largo aliento donde el viejo G7 deja de sumar el poder y el nuevo no llega a tomarlo, abre el escenario para discusiones que no tienen visos de solución. Ni Europa occidental sumada va a renunciar a la historia que la coloca al centro del desarrollo de occidente, ni Estados Unidos va a renunciar a su papel de hegemón con derechos de veto, ni Japón va a renunciar a su papel de número dos de la economía mundial durante décadas, ni las nuevas economías van a renunciar a su derecho de ordenar el sistema internacional como les parece mejor para su interés. Es decir que el futuro abre escenarios más de conflicto que de cooperación en las relaciones económicas internacionales, comenzando por el G20.
 
(*) Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI e integrante del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org

Hacia una nueva crisis alimentaria

por Vicent Boix



Especulando que es gerundio
 
El pasado septiembre, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), anunciaba en un comunicado de prensa que 925 millones de personas en el mundo sufrían hambre. Aunque se ha logrado descender de los 1023 millones contabilizados en 2009, la actual cifra sigue siendo “inaceptablemente alta”, según la propia organización. Entre los factores que influyeron para este significante descenso, la FAO destaca el crecimiento económico en algunos países y la reducción en los precios de los alimentos.[1]
 
Aún así y a pesar de las buenas noticias, nada está siendo como antes de la crisis alimentaria de 2008. La propia FAO advertía en diciembre de 2009 que los alimentos mantenían precios elevados. Según una escala que confecciona esta institución, en noviembre de 2009 el índice de precios de los alimentos mantuvo una media de 168 puntos. Este nivel fue un 20% inferior al máximo histórico de junio de 2008, cuando la crisis mundial en los precios estaba en pleno apogeo. Sin embargo, antes de 2007, este valor nunca superó los 120 puntos y durante la mayor parte del tiempo se mantenía por debajo de los 100. Estas cifras indican claramente que, en los últimos años, los alimentos han experimentado incrementos espectaculares en sus precios que amenazan la seguridad alimentaria de millones de personas.
 
La FAO, fiel a los intereses de quienes controlan los recursos agrícolas para enriquecerse, enumeró los factores que a su juicio ocasionaron la subida. Por ejemplo, dicha organización justificó que el aumento en 2007 y 2008 fue inducido por las malas cosechas, la reducción de las reservas mundiales de cereales, el alza en los precios del petróleo y el desvío de cultivos para alimentar depósitos de coche en detrimento de los estómagos humanos (agrocombustibles). También por las restricciones a la exportación impuesta por algunos países cuando estalló la crisis de los precios, la debilidad del dólar y la especulación en los mercados financieros.[2]
 
A finales de 2009, por el contrario, las reservas de cereales se habían recuperado, las exportaciones eran más adecuadas y el precio del petróleo había descendido, entonces ¿Por qué seguían los precios elevados?
 
Como muchas organizaciones y muchos expertos han indicado, dos de las causas señaladas por la FAO serían el detonante que ha empujado a la humanidad a una etapa de alimentos caros: los agrocombustibles y la inversión en los recursos agrícolas.
 
La organización GRAIN cita que el dinero especulativo en alimentos, creció de los 5.000 millones de dólares en 2000 a los 175.000 en 2007. Numerosas fuentes bibliográficas informan que, inversores y empresas han especulado en la compra de tierras y cosechas ya que dicha actividad genera espectaculares dividendos.[3]
 
La FAO es consciente de este fenómeno. En junio reconocía la influencia de la especulación en alimentos en la crisis de 2008, pero a la vez indicaba que “…limitar o prohibir los mercados especulativos puede traer más inconvenientes que ventajas".[4]
 
En los meses de agosto y septiembre de 2010, en la bolsa de futuros de Chicago (el principal nido de especuladores) el trigo sufría un incremento del precio de un 60-80% respecto al mes de julio. Al parecer, algunos brokers vieron una oportunidad de oro en la prohibición de las exportaciones de trigo en Rusia y la escasez en otros países como Ucrania y Canadá. Las multinacionales alimentarias también reaccionaron ante el temor de la escasez. Por eso realizaron contratos de futuros y acapararon toneladas de trigo.
 
Los precios, lógicamente subieron y los países de África exigieron a la FAO soluciones en la volatilidad de los mismos. El aumento del 30% en el precio del pan, originó en Mozambique disturbios que han dejado a varios muertos.[5] Todavía no son más noticia que los exabruptos de Mourinho y las cantinelas de Belén Esteban, pero todo es cuestión de tiempo. El maíz también se ha incrementado un 40%, el arroz un 7% y esta tendencia alcista, de seguir, podría arrastrar a otros alimentos básicos y materias primas como los piensos. Esta volatilidad obligará a los 77 países más pobres del mundo a gastarse un 8% más de dinero en comprar alimentos. Más pulgas para los perros flacos.[6]
 
Por otro lado, el café tampoco se ha escapado de esta vorágine especuladora. A finales de septiembre, la ONG española ESPANICA[7] -que importa café de comercio justo desde Nicaragua- informaba a sus socios que los precios internacionales del café estaban creciendo debido a que los grandes operadores se estaban aprovisionando de cantidades importantes de grano. Es posible que este acopio de café sea para introducirlo posteriormente al mercado, reduciendo los precios a niveles de hambre y ahogando a millones de agricultores y pequeños competidores.
 
A pesar de todo, diversos expertos de países miembros de la FAO, reunidos también a finales de septiembre, reconocieron que "las malas cosechas inesperadas en algunos de los principales países exportadores, seguidas de medidas políticas a nivel nacional y las maniobras especulativas, han sido los principales factores detrás de la escalada reciente de los precios mundiales y de la elevada volatilidad presente, más que las leyes del mercado global.” Los expertos se comprometieron a “explorar enfoques alternativos para mitigar la volatilidad”, miraron de reojo al todopoderoso “Dios Mercado”, pero ni le tosieron y es más, lo excusaron.[8]
 
En octubre de 2010, la situación de los precios provocó un ligero cambio de planteamientos. El Comité de Seguridad Alimentaria de la FAO demandó “…actuar de forma urgente en cuestiones clave relacionadas con la seguridad alimentaria y la nutrición como la tenencia de la tierra y las inversiones internacionales en agricultura, la volatilidad de los precios de los alimentos…” y pidió examinar “las causas y consecuencias de la volatilidad de los precios alimentarios, incluyendo las prácticas que distorsionan el mercado y los vínculos con los mercados financieros…”[9]
 
Desde la FAO y otros estamentos como la Comisión Europea, alegan que una crisis como la de 2008 queda lejos. Afirman que hay disponibilidad, que hay reservas suficientes e incluso la FAO señala que la previsión en la producción mundial de cereales para 2010 podría ser la tercera mayor registrada hasta hoy.[10] Pero aún así y a pesar del optimismo, los precios de los alimentos están ascendiendo por más valeriana que inyecten desde Bruselas y Roma.
 
A principios de noviembre de 2010, en el estado español, alguna marca de pasta ya comunicó aumentos del 15% para inicios de 2011, como consecuencia de la subida del precio del trigo. Los supermercados y distribuidores, dueños y señores de la cadena alimentaria, también han vaticinado incrementos en los precios de ciertos productos.[11]
 
Por eso en épocas de crisis, tocará rascarse más si cabe el maltrecho bolsillo o comer directamente piedras del río, mientras esperamos las “exploraciones de enfoques alternativos para mitigar la volatilidad”, que están realizando algunos afortunados burócratas de la FAO, que seguramente devengarán salarios astronómicos que evitarán cualquier sufrimiento a la hora de llenar sus frigoríficos.
 
Las colmadas reservas y las soberbias cosechas, ya no sirven para aplacar la voracidad y la avaricia de unos pocos a los que no les importa que la gente muera de inanición. Los estamentos públicos en todas sus dimensiones y galaxias, tampoco están dispuestos a frenar las prácticas criminales del “Dios Mercado” y mucho menos a separar la agricultura y la alimentación de toda depravación mercantilista. Multinacionales, inversores, bancos y brokers seguirán siendo los amos del cotarro, caiga quién caiga, adelgace quién adelgace.
 
Es por eso que seguirán teniendo la culpa las malas cosechas aún cuando no hay malas cosechas. También los países que limitan sus exportaciones en momentos de riesgo, aunque eso es lo que harían todos si pudieran. Porque resulta más práctico mirar a otro lado y echar balones fuera, que incentivar una soberanía alimentaria que garantice alimentos de calidad y reactive el tejido rural en cada ciudad, nación, estado o continente.
 
El control de los recursos agrícolas
 
El suculento negocio de los agrocombustibles fue señalado como otra de las causas principales del alza de precios en la comida en el año 2008. Jean Ziegler, el ex relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, llegó a afirmar que “Es un crimen de lesa humanidad quemar alimentos para generar agrocombustibles.”[12]
 
La cuestión principal es que millones de hectáreas en el mundo -especialmente en los países del sur- ya no satisfacen las necesidades alimentarias de sus pueblos, sino que se han transformado en factorías para cultivar productos destinados a los países económicamente ricos. Los agrocombustibles porque han supuesto la más reciente vuelta de tuerca, pero no hay que olvidar que existen otros productos como la soja que acaba de forraje para el ganado, el algodón, el café, el azúcar, flores y decenas más de productos agrícolas que se producen en países pobres, bien porque sólo pueden brotar en ciertos climas o bien porque es más rentable producirlos en dichos lugares.
 
El tinglado hoy en día se mantiene. Con la crisis de los precios millones de personas soportaron hambre, mientras unas pocas transnacionales de granos, productos agroquímicos, semillas, agroexportadoras, así como grandes cadenas de supermercados y especuladores, lograron en 2007 y siguen generando ahora, extraordinarios beneficios gracias a que conforman oligopolios y controlan toda la cadena productiva.[13]
 
Para visualizar de una forma más gráfica cómo estas grandes compañías siguen logrando bienes mientras la gente sufre inanición, expondré un sencillo ejemplo de una de las compañías más controvertidas que existen: Monsanto.
 
Para ello nos remontaremos al año 2008, en el que se produjo también una importante subida en los precios de los insumos químicos destinados a la agricultura. Como es lógico deducir, este hecho originó que muchos agricultores prescindieran de ellos, lo que en algunos lugares acarreó un descenso en su producción. Lógicamente, una menor oferta sumada a un incremento en los costes de producción, redundó en el aumento del precio de los cultivos. En esos días, se atribuyó esta subida de los agroquímicos al incremento del valor del petróleo, la movilidad del dólar, la crisis en USA, etc.
 
Sin embargo la realidad pudo ser otra. En febrero de 2008, Monsanto ya pronosticaba para dicho año la ampliación en el beneficio bruto por la venta de Roundup (su herbicida estrella) que oscilaría los 1300 y 1400 millones de dólares, “…respaldado por el aumento de los volúmenes y los precios a nivel mundial.”.
 
De 2007 a 2008, el galón[14] de Roundup pasó de 13 dólares a 20 y se duplicó el beneficio bruto total por la venta de este producto.[15] Paralelamente, a mediados de 2008 el precio del petróleo descendía, pero en el mismo informe, la previsión que hacía la transnacional para 2009 era seguir aumentando el precio del galón del herbicida. Tal era ese ascenso, que la perspectiva era obtener más dividendos que en 2008 aún vendiendo menos volumen de Roundup, con lo cual, mientras muchos pasaban hambre otros llenaban sus cuentas bancarias. No fueron los únicos.
 
Según un informe de GRAIN fechado en abril de 2009, “…las ganancias de Nestlé de 2008 subieron un impresionante 59 por ciento, y el incremento de Unilever se acercó al 38 por ciento (…). Los beneficios del cuarto trimestre de 2008 para el gigante minorista más grande del mundo, Wal-Mart, disminuyeron ligeramente, lo cual no sorprende dada la profunda recesión que afecta a los EE.UU. Aún así rastrilló 3 800 millones de dólares durante ese período.”
 
Beneficios para algunas de las compañías de semillas/pesticidas más grandes del mundo.
Compañía
Beneficios 2008 (millones de US$)
Aumento respecto a 2007 (%)
Monsanto
2.926
120
Syngenta
1.692
19
Bayer
1.374
40
Dow
761
63
BASF
894
37
Fuente: GRAIN[16]
 
Estos beneficios se explican en parte por el control casi monopólico que ejercen. Según el grupo ETC en su informe “¿De quién es la naturaleza?” (Publicado en noviembre de 2008), el 67% del comercio mundial de semillas era manejado en 2007 por 10 grandes multinacionales (DuPont, Syngenta, Limagrain Bayer, etc.). Sólo Monsanto detentaba casi el 25%.
 
De acuerdo con la misma fuente, 10 empresas controlan el 89% del comercio de agroquímicos (Bayer, Syngenta, Dow, Monsanto, etc.). De ellas, las seis más poderosas también participan del negocio de las semillas. Además el 26% del mercado mundial de comestibles empaquetados también es colmado por 10 transnacionales (Nestle, Pepsico, Kraft, Coca-cola, Unilever, Danone, etc.).[17]
 
Hace 30 años que Frances Moore Lappé y Joseph Collins escribieron el magistral libro “Comer es primero. Más allá del mito de la escasez.[18] Con suma destreza y desatando una impresionante tormenta de datos y bibliografía, los autores van desmontando las premisas oficiales que durante esos años intentaban explicar la creciente hambruna en muchos países del mundo.
 
Haciendo gala al propio título, el libro combate con tesón la idea de que la escasez de alimentos es el motivo del hambre y el subdesarrollo. De esa forma, Moore Lappé y Collins van argumentando poco a poco, que la causa del desasosiego en muchos estados del sur es el control por parte de unos pocos de los recursos agrícolas, entendidos éstos como la tierra, los insumos, las semillas, el comercio, la distribución y en general cada uno de los eslabones de la cadena alimentaria.
 
La conclusión más amarga tras leer esta investigación, es que hoy nada ha cambiado y se profundiza en los mismos esquemas que antaño, como bien se puede visualizar con los balances económicos que se desgranaban más arriba y que acaecieron justo en un periodo de crisis alimentaria de proporciones mundiales que dejó a millones de personas hambrientas.
 
La agricultura tradicional y el intermediario feroz
 
Se han ofrecido datos de la influencia de la especulación en los precios de los alimentos. También sobre el control que ejercen algunas transnacionales en algunos recursos agrícolas y los beneficios que acarrea dicho oligopolio. Se ha visto como algunas empresas alimentarias también ganaron sumas ingentes en periodos de hambre. Y en este punto nos centraremos un poco más en este aspecto del comercio de los alimentos.
 
Aquellos campesinos y agricultores que no cultivan para subsistir o no venden en mercados locales, tienen que luchar por su porción de pastel dentro del supermercado global. Eso conlleva acatar las condiciones de aquellos que especularán con sus cultivos y/o que comprarán sus productos (intermediarios, transnacionales agroexportadoras, ciertos minoristas, centros comerciales, supermercados, etc.).
 
El principal problema que enfrenta el campesino es que estos intermediarios, transnacionales, etc. ejercen un control sobre el comercio de los alimentos y son los que imponen los precios y las características de los cultivos. Estamos pues ante otro eslabón de la cadena alimentaria, dominado una vez más por un oligopolio que establece los parámetros sin medir las consecuencias.
 
Estos productos que son literalmente “robados” al agricultor, luego multiplican su valor en las estanterías de comercios y supermercados. En España, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y las organizaciones de consumidores, UCE y CEACCU, elaboran periódicamente el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos. En el último estudio correspondiente al año 2009, se denunciaba que los alimentos multiplicaban por cinco su valor, desde el agricultor al consumidor. Se descubrieron casos extremos como el de la zanahoria, que era pagada al campesino a 0,08 euros y se vendía luego a 0,98.[19]
 
Se ha llegado a este extremo porque la distribución ha quedado en manos de un puñado de intereses que imponen sus condiciones. En España, en el año 2005, el 90% de la venta de alimentos estaba controlada por la distribución moderna y es más, el 75% del total lo manejaban cinco supermercados y dos centrales de compra. Esta concentración de la oferta creció en la medida que cerraban sus puertas más de 70.000 tiendas tradicionales en la última década.[20] Cifras similares se repiten en otros países. En Suecia en el año 2000, tres distribuidores modernos acaparaban el 95,1% de la venta de alimentos. En Dinamarca eran seis los que controlaban el 63,8%. En Argentina tres conseguían una cuota del 45,3% y en Chile tres más obtenían un 39,6% del total.[21] 
 
Este fenómeno del intermediario es bien conocido a nivel mundial. En julio de 2004 pude asistir al IV Foro Mesoamericano por la Diversidad Biológica y Cultural, celebrado en el municipio salvadoreño de Carolina. Durante varios días pude entrevistar a agricultores y expertos de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, México, Honduras, El Salvador, etc. Todos ellos reconocieron el problema del intermediario, (conocido también como “el coyote”) y la inexistencia de financiación para sus cultivos, junto a una tercera causa: la entrada de los excedentes de los países del norte, que al estar subsidiados compiten y desplazan la producción local (dumping).
 
Luis Sabini[22] plasma perfectamente los devastadores efectos de este tipo de medidas, en su artículo “La crisis mundial de las producciones locales”.[23] Según datos de Hernán Pérez Zapata[24] (cit. p. Luis Sabini), Colombia antes podía auto abastecerse de su propio trigo hasta que el estadounidense fue invadiendo sus mercados. En 1966 el país sudamericano producía 160.000 toneladas e importaba 120.000 toneladas. En 1990 cultivaba 20.000 e importaba 1.200.000. En el 2004, la importación superó 1.800.000 toneladas.
 
En México, la Confederación Nacional Campesina, denunció que varios años después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte “…sólo quedan 5 mil 200 productores de arroz en todo el país, cuando hace una década eran casi 30 mil, y si antes se sembraban unas 250 mil hectáreas, la superficie actual apenas llega a 70 mil.” y “…el campo mexicano presenta daños más graves que los producidos por huracanes, ya que en el caso del arroz se han importado 7 mil millones de toneladas y un 80 por ciento del grano que se consume en el mercado nacional. El cultivo del cereal estuvo a punto de desaparecer y ahora, en similar riesgo están los productores de maíz, frijol y caña de azúcar, ante la apertura total en 2008…”.[25]
 
Este fenómeno de las importaciones excedentarias subsidiadas favorecidas por la rebaja en los aranceles, es catastrófico porque extermina a millones de agricultores que no pueden competir, aunque sería injusto circunscribirlo en una sola dirección norte - sur.
 
Más que nada porque muchos terratenientes, distribuidores e inversionistas han acaparado tierras en los países del sur, y han deslocalizado ciertos cultivos ya que pueden obtenerlos más baratos. Hacendados y aristócratas de naciones pobres también han entrado en esta dinámica y venden grandes cantidades de cultivos a intermediarios del norte. De esta forma, estos alimentos cultivados en el sur por grandes intereses, viajan hacia las estanterías de las naciones del norte y como son más competitivos desplazan a sus agricultores hasta llevarlos a la ruina. Campesino del norte, jaque mate.
 
Los pequeños agricultores de los países del sur antes generaban sus alimentos pero fueron abatidos por las importaciones subsidiadas entre otros motivos. Ahora las tierras de estos países cultivan para exportar productos exóticos sobre todo. Estas naciones, una vez aniquilados sus agricultores, dependen de las importaciones de alimentos, que pueden estar peligrosamente encarecidas si los brokers deciden jugar un poco. Quienes no puedan aceptar las condiciones del intermediario ni competir con las importaciones subsidiadas, deberán abandonar la tierra y buscar otra manera de subsistir. Campesino del sur, jaque mate.
 
Por eso millones de agricultores abandonan la tierra cada año y ésta acaba concentrándose cada vez en menos manos. España, con cifras del último censo agrario disponible (año 1999), había perdido en una década más del 21% de las explotaciones agrarias, mientras la superficie utilizada y labrada ascendían.[26] En la Unión Europea desaparecieron cerca de 500.000 explotaciones agrarias entre 2005 y 2007.[27] En Reino Unido, desde 1965 hasta 1995 se desvanecieron más de 200.000.[28] Argentina, en 1988 albergaba 421.221 explotaciones y pasó a 333.533 en 2002, según los Censos Nacionales Agropecuarios elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República.[29] Según el Servicio de Estadística Agrícola Nacional, entre los años 1964 y 2007, Estados Unidos dilapidó aproximadamente el 40% de sus explotaciones, incrementándose a la vez el tamaño medio de éstas.[30]
 
Entre 1994-1996, la agricultura acogía al 47% de la población económicamente activa a nivel mundial, cifra que en 2006 descendió a un 42% según la FAO. En el mismo intervalo de tiempo, la población rural disminuyó del 55% del total al 51%. Según datos de la misma organización y también en dicho periodo, el comercio internacional agrícola se incrementó considerablemente en todo el planeta. Las importaciones pasaron de 449.000 millones de dólares a 746.000 y las exportaciones de 432.000 a 721.000.[31] Estos números indican claramente que, comercio internacional y desarrollo no van precisamente cogidos de la mano, porque se repite y se profundiza en el modelo que Moore Lappé y Collins denunciaron hace tres décadas.
 
- Vicent Boix es Escritor, autor del libro “El parque de las hamacas”. http://www.elparquedelashamacas.org
 


[1] FAO: “925 millones de personas sufren hambre crónica en el mundo”, Roma, 14 de septiembre de 2010.
FAO: “1020 millones de personas pasan hambre”, Roma, 19 de junio de 2009.
[2] FAO: “Los precios de los alimentos vuelven a subir” Roma, 9 de diciembre de 2009.
[3] GRAIN: “El negocio de matar de hambre”, abril de 2008.
[4] FAO: “Los mercados de futuros necesitan algún tipo de regulación”Roma, 23 de junio de 2010.
[5] ZARAGOZA, J.L: “Cereales por las nubes”, en Levante suplemento EMV, Valencia, 12 de septiembre de 2010, pag 1 y 2.
[6] FAO: “La volatilidad de los precios amenaza a la seguridad alimentaria”, Roma, 24 de septiembre de 2010.
[8] FAO: “La volatilidad de los precios amenaza a la seguridad alimentaria”, Roma, 24 de septiembre de 2010.
[9]FAO: “El CSA pide actuar contra el hambre y el alza de precios de los alimentos” Roma, 19 de octubre de 2010.
[10] FAO: “La volatilidad de los precios amenaza a la seguridad alimentaria”, Roma, 24 de septiembre de 2010.
[11] BERENGUERAS, J.M.: “La escalada de las materias primas obligará a los súper a subir precios”, en Diario Mediterráneo, Castellón, 2 de noviembre de 2010.
[13] GRAIN, op cit.
[14] 1 galón = 3,785 litros.
[16] GRAIN: “Las corporaciones siguen especulando con el hambre”, abril de 2009.
[17] ETC: “¿De quién es la naturaleza?”, noviembre de 2008.
[18] MOORE LAPPÉ, F. y COLLINS, J.: Comer es primero. Más allá del mito de la escasez, Siglo XXI Editores, México, 1982.
[19] COAG: “A pesar de unos precios más bajos al consumidor, la diferencia origen-destino aumenta un 9% en el último año y roza el 500%”, 14 de enero de 2010.
[20] Observatorio de la Alimentación (MARN), Cit. por F. García y G. Rivera: Supermercados no gracias, Icaria Editorial, Barcelona, noviembre de 2007. 
[21] Planells, J.M., Mir J., 2000. Cit. por F. García y G. Rivera: Supermercados no gracias, Icaria Editorial, Barcelona, noviembre de 2007. 
[22] Periodista, editor de la revista Futuros, coordinador del seminario de Ecología y DD.HH. de la cátedra de DD.HH. de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
[23] SABINI, L.: “La crisis mundial de las producciones locales”, 23 de mayo de 2005, en http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/16287
[24] PEREZ, H.: “La seguridad alimentaria frente al ALCA-TLC”, presentación en el Seminario de Seguridad Alimentaria, realizado en Armenia, Colombia, 2003.
[28] GALA, R.: “Agriculture without farmers”, Institute of Science in Society, 6 de julio de 2005, en http://www.i-sis.org.uk/AWF.pHp

España no tiene buena prensa



¿Qué será de la libertad si "el mundo" y "el país" están en manos de la derecha?


por Víctor J. Sanz


España es un pequeño país del sur de Europa que no tiene buena prensa. Es un país cuya economía resulta fácil de manipular desde los mercados financieros, y la prensa no lo denuncia, antes al contrario, aviva la llama de la manipulación. España es un país cuya población resulta fácil de engañar, y la prensa no lo denuncia, antes al contrario, aviva la llama del engaño. Definitivamente España no tiene buena prensa en el extranjero.

Pero dentro de nuestras fronteras tampoco tenemos buena prensa, eso no es ningún secreto para quienes hayan tenido la mala experiencia de haber leído, escuchado o visto alguna vez a medios como La Razón, ABC, La Gaceta, Intereconomía, Libertad Digital, El Mundo, Cope, VeoTV…

La derecha intenta por todos estos medios desacreditar al país, al menos mientras haya un gobierno un poco más a la izquierda de su ideario.

Si alguien todavía tenía la esperanza puesta en medios menos sospechosos de sucumbir a la tentación de la manipulación, como puedan ser El País o RTVE, que nadie se llame a engaño. El País, por medio de una sencilla operación de marketing financiero que afecta al grupo PRISA al que pertenece el diario, ha sido adquirido por el Banco de Santander, tal y como indica Pascual Serrano en su indispensable artículo “La información circular”. Esta noticia deja al diario El País a un paso de convertirse en un medio más de agresión en manos de la derecha. En cuanto a la forma en que RTVE pierde cada día lo poco que le quedaba de su supuesta y cacareada imparcialidad, recomiendo vivamente la atenta lectura de la “Carta abierta” que José Hernández desde su blog le envía a Juan Ramón Lucas, director del programa “En días como hoy” de RNE. La tendenciosidad del medio y sus profesionales queda al descubierto.

Quizás algún sagaz observador haya reparado en que no he mencionado a la cadena televisiva Cuatro/CNN. No es casualidad. En mi opinión es una cadena que debe permanecer en una cuarentena indefinida, aislada de toda credibilidad, mientras sigan teniendo cabida en su parrilla espacios donde el “comando Sistiaga”, liderado por el elemento agitador Jon Sistiaga; perpetre impune y desvergonzadamente atentados contra la razón, la inteligencia y la decencia; como el que llevó a cabo a cara descubierta contra Venezuela y que CubaInformación destripó para mayor vergüenza de la profesión periodística.

Como muestra de la mala prensa que tiene España, un botón, en la página del elemento Sistiaga, hay una encuesta que pregunta al lector/sufridor, sobre quién cree que es el presidente legítimo de Honduras, y va ganando el golpista Micheletti respaldado por los Estados Unidos, con un asombroso 56%. No digo más del nivel de la prensa española si este es el nivel de la clientela.

De la prensa salmón, la prensa económica, solo diré que de económica no tiene nada, pues es la prensa que más caro le sale a este país, haciéndose eco diariamente de las órdenes de manipulación y tergiversación que llegan desde el Imperio al otro lado del Atlántico.

Puede que solo sea una impresión mía, pero creo que me asiste la razón si digo que España no tiene buena prensa en el mundo, ni en el país. La prensa española es el abc del descrédito periodístico.

Enlace al original: http://impresionesmias.com/2010/11/03/espana-no-tiene-buena-prensa/